¡Disculpen esta horrible demora! De verdad, estos dos meses de mi vida han estado demasiado ajetreados: volví a mis dos empleos, y mi vida ha dado algunos giros inesperados. Solo espero que me disculpen y puedan seguir leyendo y opinando sobre este fic.

Como breve comentario, les aviso que en capítulos posteriores, este y mi otro fic, "Venganza y pasión" cambiaran de clasificación a M por los próximos contenidos, les avisaré con exactitud cuando serán estos cambios, por ahora, los invito a leer.

Sin más, agradezco a quienes leen y dejan sus reviews, en especial a:

Leiram, iare, Queka-chan, BlueBird07, Nekito-chan, AniHaruno, abril-chan, genesis-ahome, HiKaRi-09 y Lifheith

Una gran disculpa a quien no le haya contestado su review del capitulo anterior. Prometo contestarlos todos esta vez.

¡Gracias y hasta la próxima!

Capítulo 7.- Revelaciones

Dante bajaba por las grandes escaleras de la mansión. Aun era temprano, por lo cual todavía estaba ataviada con uno de sus camisones de dormir, mismo que cubría con una ligera bata.

Se dirigió directamente hasta el comedor, donde tomó asiento para, segundos después, ordenar que sirvieran el desayuno.

Luego de unos instantes, la joven comenzó a revisar la correspondencia de esa mañana. Leyó varios de los sobres, dejando de lado todos los que no fueran de su incumbencia, hasta que encontró uno que extrañamente había llamado su atención.

La misiva estaba dirigida al menor de sus hijastros, y aunque el origen era algo común para el, había algo que le intrigaba de aquella carta, por lo que la guardo de inmediato entre sus ropas al escuchar los pasos de alguien que se acercaba.

Justo después, Alphonse y Hohenheim se encontraban en el comedor, tomando cada quien sus respectivos lugares.

El menor de los Elric esbozó una leve sonrisa al ver a la esposa de su padre.

-¿Ha llegado algo en la correspondencia para mí?- inquirió el muchacho al ver las cartas que se hallaban sobre la mesa.

-No, esta vez no hay nada para ti, Al- respondió Dante tranquilamente, provocando que el rostro del rubio denotara cierta preocupación, lo cual despertó más la curiosidad de la mujer hacia aquella carta.

Luego de unos instantes, Hohenheim tomó asiento en la mesa, a lado de su esposa, a quien miraba mientras esbozaba una misteriosa sonrisa.

Hubo algunos segundos de silencio, los cuales parecían ser un poco incómodos para Alphonse, quien sentía que interrumpía algún momento íntimo de su padre y su esposa.

-Padre, hay algo de lo que me gustaría hablarles.- dijo el joven, rompiendo la tensión del momento.

-Me parece bien. Dante y yo también debemos comunicarles un asunto importante. Solo debemos esperar a que hermano también este presente.-

El menor frunció levemente el ceño. Sabía de antemano que Edward nunca los acompañaría en la mesa. No necesitaba ser un genio para darse cuenta de que trataba de alejarse lo más posible de Dante y su padre, quien también estaba al tanto de esa situación, y aun sabiendo eso era extraño que solicitara su presencia. Entonces, lo que Hohenheim debía comunicarles era realmente importante, y de solo pensarlo, Al comenzó a tener un incomodo presentimiento.

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Ed suspiró profundamente entre sueños, sin poder precisar si se trataba de alivio o por el hecho de estar enamorado.

Hacía apenas pocas horas que había logrado conciliar el sueño, ya que el resto de la noche solo se mantuvo pensativo.

No podía alejar a la chica de su mente, pero a su vez, esos pensamientos solo podían hacerlo sentir culpable, puesto que no pasaba por alto el hecho de que ella era la prometida de su hermano.

Aun dormido, Edward se aferró con fuerza a su almohada, como un acto reflejo, para mantenerse así durante varios minutos.

No pasó mucho tiempo después para que el rubio despertara debido a la molesta e intensa luz que llego de golpe a sus ojos, provocando que se irritara.

-¿Qué demonios esta pasando?- cuestionó el muchacho a una mujer de edad avanzada, miembro de la servidumbre, que se encontraba frente a su ventana, recorriendo las cortinas que la cubrían.

-Le pido mis más sinceras disculpas, joven Edward. Es solo… que su padre quiere verlo en el comedor en este momento.-

Dicho lo anterior, la anciana salió de la habitación para permitir que el muchacho se alistara.

En tanto, el rubio hizo una mueca de enfado y desconcierto. Le era desagradable compartir la mesa con su padre y su esposa, quienes lo sabían de antemano, y si era así, entonces significaba que Hohenheim tenía algo importante de que hablarle.

Trató inútilmente de encontrar algún motivo, y la sola idea de una nueva discusión le hizo sentir un hueco en el estomago.

Ya habiendo terminado de vestirse, el joven salió de su recamara, dando un profundo respiro al momento de cerrar la puerta y comenzar a caminar hacia las escaleras.

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La mirada de Hohenheim se endureció al ver al mayor de sus hijos entrar hacia el comedor principal con evidente desgano.

-¿Acaso representa una gran molestia para ti acompañar a tu familia a desayunar de vez en cuando?- cuestionó el hombre al tiempo que el muchacho tomaba asiento a lado de su hermano.

-Estoy cansado¿quisieras dejar de gritarme un momento y decirme para que demonios me has llamado?-

-Ya te lo he dicho. Por lo menos de vez en cuando podrías sentarte a la mesa con nosotros. Además, tal parece que todos tenemos cosas importantes que decir el día de hoy. ¿No es así, Alphonse?-

El aludido sonrío con amabilidad, aunque detrás de ese gesto se escondía una profunda amargura.

-¿Hay algo que debas decirnos, Al?- preguntó Edward con seriedad, aunque también reflejaba interés hacia el menor.

-Yo quería… avisarles que me iré dentro de tres días… a un hospital fuera del país.-

-¿A otro hospital¿Por qué?- expresó Hohenheim con un poco de alteración.

-El Doctor Marco me ha recomendado a un hospital de América donde se lleva a cabo un proyecto experimental en el cual desea que participe.-

-¿De cuanto tiempo estas hablando?- interrumpió Ed escondiendo su preocupación en su semblante sereno.

-Un mes, aproximadamente. Tengo pensado volver un par de semanas antes de la boda.-

-¿Se lo has dicho a Winry?- inquirió de nuevo el mayor de los hermanos.

-Si, ella ya lo sabe, pero creo… que no esta muy satisfecha con eso. Winry debe entender que esto es importante para mi profesión. Si viajo a otros sitios podré adquirir más experiencia y conocer otras cosas.-

Edward guardo silencio. Estaba preocupado por la chica, y más aun, el hecho de que su hermano se alejara le provocaba un extraño sentimiento.

Después de lo que había estado a punto de suceder la noche anterior, no estaba seguro de cómo reaccionaria ante ella, además de que ya ambos sabían que la presencia de Alphonse ya no les perturbaría.

¿Podría todo eso afectar la relación que habían logrado forjar hasta ese momento?

El rubio tuvo que dejar de lado sus pensamientos al ser llamado por Al.

-Hermano¿me estas escuchando?-

-Lo lamento. Me distraje un momento.-

-Entonces¿crees que puedas hacerme el favor de estar al pendiente de Winry mientras estoy fuera?-

-¿Por qué me estas pidiendo eso a mi?- cuestionó Ed sorprendido, luchando por ocultar el hecho de que su corazón comenzaba a latir con más fuerza.

-Es porque Winry y su madre no se frecuentan mucho, y después de mi, tu eres la persona a la que ella le tiene más confianza… y yo también.- dijo el menor con una pequeña sonrisa. -Me preocupa que este sola.-

-De acuerdo, haré lo que pueda. Recuerda que no suelo ser niñera de nadie.- contestó el mayor con resignación.

-Gracias hermano.-

Edward solo asintió con la cabeza. Se sentía miserable por el hecho de que aun era objeto de la confianza de su joven hermano, cuando el no sentía merecerla. Se consideraba a sí mismo un traidor desde el momento en el que había puesto sus ojos en ella, pero eso era algo que no podía evitar.

El sabía mejor que nadie que no se podía mandar sobre los sentimientos, y esa fue la lección que su relación con Dante le había dejado.

Luego de unos instantes, Hohenheim carraspeó, ganando así la atención de sus hijos.

-Aun hay algo que nosotros deseamos decirles.- dijo el padre levantándose de su asiento junto con su esposa. -Dante y yo hemos recibido una maravillosa noticia, que sin duda va a cambiar las vidas de todos nosotros.-

De nuevo, una sonrisa de complicidad adorno el rostro del jefe de la familia y de su compañera, intrigando a los jóvenes presentes.

-Estoy embarazada.- dijo Dante al fin. -Hohenheim y yo vamos a ser padres.-

Lo siguiente fue un incomodo silencio. El anuncio tomó por sorpresa a los hermanos, de quienes no salía ninguna palabra.

La sonrisa de Alphonse se congelo, mientras que el semblante de Edward se ensombrecía.

-¡Vaya! Yo… de verdad no se que decir. ¡Los felicito!- articuló Al aun en medio de su propia confusión.

-¿Tu no vas a decir nada Edward?- preguntó el padre, sin notar que el aludido hacia hasta lo imposible por controlar su ira.

-¿Acaso… de verdad te interesa lo que pueda opinar?-

-¡Vamos Ed! No comiences un drama. Por supuesto que me interesa lo que opines. Eres mi hijo.-

-En ese caso…- comenzó el rubio levantándose de su silla y alzando una copa de vino tinto. -Espero que tu nuevo hijo no resulte una desilusión como yo lo fui, y que logre ser el heredero que siempre esperaste tener.-

Dicho aquello, el muchacho bebió con rapidez el contenido de la copa, para luego arrojarla al suelo. Después, sin decir más, abandonó el lugar dejando a un furioso Hohenheim y a un confundido Alphonse, quien opto por retirarse también, casi al momento en que su hermano lo hizo.

A los pocos minutos, el sonido de una puerta siendo azotada resonó por toda la mansión.

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Riza suspiro con cansancio, mirando el florero sobre su escritorio, que desde hacía varias semanas no resguardaba ninguna flor.

Roy había estado ignorándola desde aquel día en que rechazo su cita por última vez. Ya no insistía con eso, ni le hacia llegar regalos costosos, ni siquiera esas rosas que a ella tanto le agradaban, aunque deseara ocultarlo.

Nada de eso era lo que la chica deseaba. Lo único que ella quería era no ser vista por ese hombre como una mujer más, y aunque su acoso tampoco le agradaba, el hecho de que el la ignorara no le hacia nada bien.

La joven Hawkeye decidió salir de su distracción y comenzó a ocuparse de su trabajo.

En tanto, Roy miraba satisfecho desde la puerta de su oficina, desde donde discretamente la observaba. Luego se adentro a su despacho, sonriendo con descaro.

-Deseo ver cuanto tiempo más logra resistir. Estoy seguro de que no le soy indiferente como ella asegura.-

-Parece que la situación te divierte.- aseguro con seriedad Jean Havoc, socio y viejo amigo de Mustang.

-Si te soy sincero, así es.-

-De sobra sabes que no estoy conforme con eso. De saber que Riza tendría que pasar por esto, jamás la habría traído a trabajar como tu subordinada, pero ella tiene bastantes necesidades. Su madre esta enferma y necesita atenciones que ella se esfuerza por pagar.-

-Ya había escuchado de eso. ¡Pero vamos! Dices todo esto como si trabajar conmigo fuera un infierno.-

-¿Sabes? Nunca he estado en desacuerdo con tu promiscua vida amorosa. Jamás te he juzgado por eso, pero no estoy de acuerdo en que quieras integrar a Riza a tu "colección". Sabes que ella es diferente a cualquiera de las mujerzuelas con las que has estado.-

-Y eso es lo que más me atrae de ella.-

-¡Demonios Roy¡Si tan solo la dejaras tranquila!-

-¿Para que? Creí que ella ya te había rechazado hace tiempo. ¿Acaso piensas que te aceptará solo porque me aleje de ella?-

-Es verdad que me rechazo, pero ahora solo procuro su bienestar, y no quiero que la hagas sufrir.-

-No haré nada que ella no deseé. Puedo asegurarte que tarde o temprano ella me aceptara por voluntad propia, y eso ni tú podrás evitarlo.-

Havoc apretó los dientes en señal de impotencia. Estaba enterado del gran amor que la rubia le profesaba a Roy, y eso le hacia morirse de indignación y de celos, puesto que el no era el dueño de ese afecto. Más, por el bien de ella aceptaba la situación, y el se conformaba con protegerla a distancia.

-Roy¿tienes idea de cuantos años llevamos siendo amigos?- cuestionó Jean provocando que Mustang arqueara una ceja.

-Poco más de quince años, desde que comencé a trabajar para tu padre, siendo apenas un adolescente.-

-Sabes que te aprecio; has sido como un hermano para mí. Pero ahora solo quiero advertirte… que no te atrevas a dañar a Riza.-

-¿O que harías?- pregunto el joven de cabello negro en tono desafiante.

-No lo sé, pero puedo asegurarte que el hecho de que nuestra amistad terminara sería lo de menos.-

Sin más, el rubio salió del despacho, mientras su amigo lo miraba alejarse, con un extraño gesto que denotaba diversión, pero a la vez reflejaba provocación.

-Veamos… quien es el que logra llegar más lejos, Havoc.-

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Winry bajó con tristeza la mirada al encontrarse con el gran edificio perteneciente al hospital. Su mirada se notaba apagada, mientras ella se hundía en su frustración.

Después de lo sucedido el día anterior, había logrado armarse de valor para ver a Edward, pero al acudir a la mansión esa mañana, el no había querido recibirla.

Insistió tanto en verlo, pero su voluntad de verlo se esfumó cuando escuchó al joven gritar molesto a la empleada que fue a llamarlo. Supo que el estaba inquieto e irritado, y le intrigaba la razón de su recaída.

Por eso optó por el único recurso que le quedaba: hablar con Alphonse para saber lo ocurrido.

Ahora caminaba por los pasillos del hospital, esperando encontrar a su prometido rápidamente.

Luego de cruzar uno de los corredores, la chica se encontró con Clara, quien le miraba de una manera algo hostil.

-¡Hola, Clara! Me alegra verte.- saludó Winry con un poco de timidez.

-Lo mismo digo.- respondió la aludida con tono seco.

-¿Sabes… si es posible que hable con Al?-

-Puedes esperarlo fuera de su consultorio. En estos momentos se encuentra atendiendo algunas llamadas.-

-Gracias.- expresó la más joven, poniéndole fin a la incomoda charla.

Después, Winry se disponía a seguir su camino, cuando fue detenida por la voz de Clara.

-¿Trataste de verlo?- cuestionó la amiga de los Elric al notar la angustia de la chica.

-¿A que te refieres?-

-No finjas no saber de que estoy hablando. Sabes que me refiero a Edward.-

La muchacha no contesto, solo se limitó a bajar la mirada, provocando que Clara se exasperara un poco.

-No me interesa si vienes a averiguar lo que ha pasado, pero si voy a exigirte que te alejes de Ed. Ahora lo que menos le podría beneficiar sería verte.-

-¿Acaso tú ya sabes lo que le ocurre?-

-Eso no es algo que me corresponda informarte. Habla con Alphonse.-

Luego de esas palabras, la mayor dio media vuelta para retirarse, por lo que la rubia optó por continuar.

No tuvo que esperar mucho tiempo fuera de la oficina de su novio para que este se diera cuenta de su presencia.

-¿Qué haces aquí Winry¿Estuviste esperando mucho tiempo?-

-No te preocupes. He venido a hablar contigo. Es sobre tu hermano.-

Al escucharla, el joven solo bajo un poco la mirada, suspirando con tristeza. Sin esperar más, hizo un ademán para hacer pasar a la chica a su consultorio, tomando asiento detrás del escritorio.

-En realidad… yo también estoy un poco desconcertado.- dijo Al de repente, confundiendo a Winry, quien no comprendía el significado de aquellas palabras. -Esta mañana, mi padre y Dante nos informaron que tendrán un bebe.-

La muchacha miró perpleja a su prometido, esperando que continuara.

-Es la primera vez… que veo a mi hermano enfurecido de esa manera… y no lo entiendo. Admito que yo tampoco me sentí feliz al enterarme, pero… tampoco encuentro una explicación para la reacción de Ed. Creo que no deberíamos ser egoístas con papá, pero algo dentro de mi no puede aceptar esto. Quizás sea el recuerdo que aun tenemos de nuestra madre. Con ese nuevo embarazo, creo que papá ha desplazado a mamá completamente de sus recuerdos… y eso es algo que me duele admitir. Puede ser que mi hermano sienta lo mismo.-

Alphonse bajó la vista. Sus ojos se nublaban a causa de la tristeza, por lo que la rubia tomó una de sus manos entre las suyas, infundiéndole apoyo, lo cual el chico agradeció con una leve sonrisa.

-Me siento muy afortunado… por que estas a mi lado. Ojala mi hermano no tuviera que pasar por esto solo.-

-Intente hablar con el hace un par de horas. No quiso recibirme.-

-El no quiere ver a nadie ahora, pero tal vez, en un par de días más. ¿Sabes? A mi padre se le ocurrió la idea de hacer una fiesta este fin de semana. Quiere darme la despedida, y de paso anunciar lo de su nuevo hijo.-

Winry asintió lentamente, esperando ansiosa el momento de ver a Edward una vez más.

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Ed escuchaba con fastidio todo el alboroto que se había formado en la mansión. La gran fiesta iba a realizarse esa misma noche.

Llevaba tres días sin salir de su habitación, bebiendo grandes cantidades de alcohol.

Todo le resultaba irritante, y no permitía que nadie entrara a lo que ahora era su refugio.

Se encontraba cansado. Durante todo ese tiempo recluido, eran pocos los momentos en los que había logrado conciliar el sueño.

En un breve instante, el rubio deslizó inconscientemente una de sus manos por su cabello, para luego quejarse por un agudo dolor. Entonces, colocó su mano derecha frente a su rostro para mirarla, percatándose de una herida algo profunda en ella, de la cual comenzaba a salir nuevamente un poco de sangre.

En ese momento, no pudo evitar recordar como fue que la había adquirido.

Flash back

Luego de aquel mal rato en el comedor, el joven se retiró furioso a su habitación. Ahí, comenzó a caminar con desesperación, para después, tomar una botella de vino de una de las repisas, disponiéndose a beber todo su contenido.

Solo era capaz de sentir rabia y frustración, no solo por lo sucedido, sino también por el hecho de haberse vuelto dependiente del alcohol, lo cual comenzó desde el abandono de aquella mujer, que una vez más le hacía sufrir.

Había pasado un par de horas encerrado, tratando de tranquilizarse un poco, cuando de repente, vio la puerta de la habitación abrirse.

Sus ojos se ensombrecieron al ver a Dante, quien entraba a la recamara, con una sonrisa serena adornando su rostro.

-Me sorprende que te hayas vuelto tan débil como para refugiarte en esa basura.- expresó la mujer mirando la copa de vino que Ed sostenía en su mano

-¿A que demonios has venido?-preguntó el rubio molesto, aunque sin levantar la voz.

-A hablar contigo¿a que más?-

Ahórrate tus palabras! Me di cuenta de que este era tu maldito plan que ideaste junto con Hohenheim para desheredarme. Después de todo, fue lo que siempre quisiste. Tener a ese niño te dará más derechos y privilegios que siendo solo la esposa del viejo.-

-No puedes culparme por velar por mis intereses.- dijo ella con una sonrisa maliciosa.

-Sabes que a mí jamás me ha importado la herencia, aun así ¿Cómo fuiste capaz de traicionarme de esa manera?-

-No te he traicionado cariño.-respondió Dante en medio de otra burla. -Sabes que eres el único hombre al que sigo deseando.-

Edward endureció la mirada y apretó la mandíbula debido a la ira. Estaba completamente seguro de que ya no amaba a esa mujer, pero le dolía el hecho de que ella insistía demasiado a la antigua relación que habían tenido, y lo atormentaba con los recuerdos que solo podían llenarlo de tristeza, y ahora, ella le había dado una puñalada por la espalda, al engendrar un hijo con otro hombre.

Eso no le hubiera dolido si por lo menos, ella guardara respeto por el amor que le profesaba antes, pero lo único que hacia era abrumarlo, lo cual ella parecía disfrutar.

-¿Por qué… no puedes dejarme tranquilo¿Por qué quieres seguir interponiéndote en mi vida?- cuestionó el muchacho casi murmurando.

-Porque para mi tu no eres indiferente, y quiero seguir siendo parte de tu existencia. Sabes que no amo a tu padre, pero tampoco estoy dispuesta a separarme de el, y mucho menos ahoraTú eres el único hombre que me interesa.-

-¡Jamás volveré contigo!-

La joven frunció el ceño ante la negativa, despertando en ella de lastimar nuevamente al rubio.

-Edward… dime¿Qué es lo que más te duele¿El hecho de que Hohenheim vaya a desplazarte por un nuevo heredero, o… el que el ser que llevo en mi vientre… no tiene tu sangre?-

Aquel cuestionamiento fue la gota que derramó el vaso. La furia de Ed se desbordó, haciendo que apretara la copa de vino con demasiada fuerza, rompiéndola en su mano, abriendo una herida que comenzó a sangrar inmediatamente.

Era tanto su enojo, que apenas logró sentir el ardor que provocaba el vino sobre su lesión.

-¡Me importa poco lo que haga ese anciano que se hace llamar mi padre¡Tampoco me importa lo que suceda contigo o con tu bastardo! ¡Lárgate.-

La chica acató de inmediato, temiendo lo que Ed pudiera hacer en el estado en que se encontraba.

Después de que Dante cerrara la puerta tras de sí, el rubio se dejó caer sobre el suelo, abatido, golpeándolo en repetidas ocasiones para desahogar su sufrimiento.

Fin del flash back

No pudo dejar de pensar en aquello desde entonces. Su mente lo agobiaba, y no solo por el asunto de su antigua amante, sino también… por Winry.

Aquella chica había logrado ganarse su amor n poco tiempo, el cual ni siquiera sabía si era correspondido, pero le había permitido crear una nueva ilusión.

Ahora eso ya no importaba. Dante se encargo aquel día de pisotear sus sentimientos y destruir su nueva confianza en el amor. Le hizo recordar lo que era ser despreciado por la persona que amabas y creías que te amaba; ser traicionado, herido.

No quería volver a pasar por esa experiencia.

Luego de aquellas duras reflexiones, Edward caminó con pesadez y dificultad hacía su cama, donde se recostó, para después, abrazarse a sí mismo y comenzar a llorar amargamente.

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Los días siguientes habían sido difíciles para Al, y más aun por la situación de su hermano, a quien no vio salir de su habitación después de haber recibido la noticia.

No podía evitar estar preocupado, lo cual lo expresaba en su rostro serio, el cual tuvo que ablandar al sentir un leve codazo de su padre en sus costillas.

-Al menos deberías de tratar de aparentar un poco de alegría. Recuerda que esta fiesta esta hecha para ti.-

-Lo sé, y lo agradezco padre, pero mi hermano…-

-¡Ese idiota! En cuanto tenga la oportunidad hablare seriamente con el. Los últimos tres días solo ha estado bebiendo como un enfermo.-

-¿Por qué no tratas de entenderlo un poco, papá?-

-Edward es del tipo de personas con las que no puedes razonar.-

-Eso… no es verdad. Tu también has sido duro con el.-

-Solo hago lo que cualquier padre haría por el bienestar de sus hijos. Ahora, si me disculpas, iré con Dante, ya han llegado casi todos los invitados.-

Hohenheim se alejó del menor de sus hijos sin dar tiempo de que este dijera algo más, por lo que Al solo bajó la mirada, comenzando a caminar hacía la recepción.

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Mientras tanto, Winry arribaba a la mansión de los Elric.

Comenzó a avanzar con cierta inseguridad hacía el interior, donde segundos después se encontró con su suegro, quien la saludo con la amabilidad que siempre le mostraba, para luego, indicarle la ubicación de Alphonse, e indicándole que fuera hasta con el.

La chica agradeció las atenciones, y de inmediato se adentro al salón de fiestas, donde procuro no ser vista por su prometido. ¿La razón? Deseaba hablar a solas con Edward.

La rubia triunfo en su plan, debido a que toda la servidumbre se encontraba en la fiesta, y ella podía pasar desapercibida.

Subió las escaleras rumbo a las habitaciones, sin tener dificultades para ubicar la del mayor de los hermanos.

Algo temerosa, Winry abrió la puerta de la recamara, encontrándola en penumbras. De inmediato buscó el interruptor de la lámpara, encendiendo la luz, y para su sorpresa, encontrándose con Ed despierto, recostado sobre un sofá, con un libro sobre su regazo.

La mirada del joven se notaba fría, totalmente diferente a la que ella había logrado conocer en los últimos días de convivencia con el.

-Discúlpame, creí que dormías.- dijo nerviosa la chica.

-Es lo que he tratado de hacer desde esta mañana, pero con todo el alboroto es prácticamente imposible. Pero ahora explícame¿Qué haces aquí?-

-Yo… he tratado de hablar contigo desde hace un par de días. Estaba preocupada.-

-No necesito la lástima de nadie.- respondió el con frialdad en su voz.

-Me sorprende que después de la amistad que hemos logrado puedas pensar que te tengo lástima.-

-Ya no importa. Solo vete.-

-¿Por qué no quieres hablar conmigo?-

-¡Vamos! No quieras sentirte especial. Sabes que esto no es personal. No deseo hablar con nadie.-

-De vez en cuando… es bueno que dejes de hacerte el fuerte.-

-¡He dicho que te vayas!-

-¿Por qué¿Por qué te empeñas en guardar tu sufrimiento¿Acaso no te das cuenta de que yo...?- la rubia guardo silencio de repente, reprimiendo las palabras que amenazaban con salir.

-¿Qué tu que?-

-Qué yo… te aprecio mucho. Eres importante para mí.-

-¡No digas estupideces, niña! No hay razón para que puedas sentir algo así por mí. Un sentimiento tan sencillo como ese no puede atar a dos personas.-

-¡Te equivocas! Lo que yo siento por ti no es algo vacio. Yo de verdad… ¡te quiero!-

-¡Deja de decir cosas estúpidas solo por lástima! Lo que menos necesito de ti es tu cariño fraterno.-

La chica lo miró, entre asustada y confundida, mientras el se desesperaba cada vez más.

-¡No tienes idea… de cuanto te odio!- dijo inesperadamente el muchacho, en tanto que los ojos de las chica comenzaban a nublarse por el llanto, lo cual en apariencia no despertó en el ni una pizca de piedad. -Así es, te odio- continuo diciendo, mientras se levantaba con dificultad de su asiento y comenzaba a acercarse a Winry.

La rubia empezaba a intimidarse por el hecho de que la distancia entre ambos se acortaba cada vez más.

Pronto, Ed tenia a la joven acorralada contra la pared, acto con el cual, ella pudo darse cuenta de su estado de ebriedad.

La penetrante mirada del mayor de los hermanos se fijó en la asustada chica, quien trataba de evitar el intimidante contacto visual, haciendo que Edward recuperara un poco de cordura, al notar el temor de ella.

-Te odio- volvió a repetir en un susurro cerca del oído de la mujer. -¿Y sabes por que?-

Las lágrimas de Winry comenzaron a descender por sus mejillas, en un llanto silencioso, sin tener el valor de encarar al hombre que la mantenía atrapada entre sus brazos.

-Te odio porque… te has adueñado de mi corazón y mi mente. Porque me has hecho volver a tener un sentimiento que yo deseaba aniquilar para siempre de mi alma. Porque eres la mujer a la que más deseo, y sin embargo no puedo tenerte. Porque… te amo, por eso te odio.-

Inmediatamente después de terminar aquella extraña confesión, Edward posicionó sus labios sobre los de la muchacha, dando lugar a un apasionado beso.

Ed se adentro en la boca de la rubia con maestría, haciéndola disfrutar de ese roce, al cual ahora ella también estaba correspondiente.

Miles y ninguna ideas cruzaron su mente. Estaba aturdida, confusa. Todo parecía un sueño.

La caricia de sus bocas se intensificaba, dando lugar a sensaciones nuevas para Winry. Era como estar en el paraíso.

Para el rubio, aquel momento también era bastante significativo. Sentía como de pronto de había liberado de una pesada carga. Al fin se había armado de valor para confesar esos sentimientos que lo carcomían por dentro.

En lo más profundo de su ser, agradecía el hecho de estar ebrio, de no haber sido así, jamás se hubiera atrevido.

Ahora todo prejuicio estaba fuera de su entendimiento. Estaba disfrutando de esa mujer, sin importarle si ella estaba comprometida, y que su futuro esposo era su hermano menor.

En ese momento, Edward estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.

Ambos jóvenes se separaron luego de varios minutos, puesto que el aire comenzaba a faltarles, más el muchacho no le dio tiempo a la chica de nada, ya que inmediatamente se dedico a besarle el cuello con desesperación, arrancándole gemidos.

La rubia se aferró a los hombros de Ed, extraviada en el enorme placer que el le hacía sentir.

Ninguno parecía dispuesto a detenerse, y no lo hubieran hecho de no haber sido por unos audibles pasos que recorrían el pasillo cercano a la habitación.

Winry palideció un poco ante la idea de ser vistos por Alphonse, por lo que rápidamente arreglo su vestuario, el cual el mayor de los hermanos se encargaba de desprender, sin mucho éxito.

El muchacho miró a la joven con frustración, la cual ella también compartía.

-Lo siento. Yo… debo regresar a la fiesta.- excusó la chica bastante apenada, saliendo al instante de la recamara.

Edward solo la vio marcharse, y una vez que ella estuvo fuera de su vista, golpeó fuertemente la pared, temiendo que a partir de ese momento, Winry se apartara para siempre de su lado.

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