Capítulo 1.
El salón estaba lleno de invitados, hombres envueltos en elegantes fracs negros y moños vistosos, mostachos bien cepillados y mancuernas lustrosas, damas finas de vestidos ostentosos, escotes pronunciados, largos cabellos, peinados bellos llenos de joyería brillante, quizá la mayoría de ellos había acudido a la invitación solo por el morbo de ver convertida a una ramera en duquesa, me daba igual lo que aquella pensara, se paseaba con el entallado vestido color esmeralda entre la multitud presumiendo el costoso anillo que ella misma se mandó hacer de parte mía, un hermoso diamante postrado en un delicado aro dorado que destellaba con la luz al caminar.
Por la escalinata entonces apareció ella, dueña de mis fantasías, sueños y anhelos, bella con el vestido floreado, violetas y nácar, su presencia siempre llamaba la atención, llevaba un sencillo peinado con sus bellos rizos cayendo sobre sus hombros descubiertos, su piel amarfilada lucia suave y firme, exquisita, podía recordarla tan bien entre mis dedos, el sabor de cada poro de su piel.
Sonrío, ligera, con los pasos firmes bajaba uno a uno los peldaños que la acercaban más al hombre que la esperaba sosteniendo el brazo en alto, su abuelo orgulloso de mostrar tal belleza se paseaba con ella del brazo por el salón saludando a los presentes, alejándola más y más de mi.
Me sorprendió cuando la llevo a la pista de baile y con gracia la hizo girar, comenzaron a bailar risueños, ella lo quería, aún no conocía la historia pero sabía que ella lo amaba, tampoco lo dejaría a él. Dumbledore la hizo girar de nuevo, las ondas de su vestido se elevaron con sutileza cuando el giro termino, era la mano de Draco quien la sujetaba ahora, el rubio aquel bien engomado del cabello lucia mejor que en otras ocaciones y la hacia lucir a ella también, Hermione disfrutaba del baile, sabia bien como hacerlo suyo cada movimiento, cada nota, como cuando tocaba el piano. Moría de celos pero era fascinante verla entregarse al baile.
A su lado Ginny intentaba seguir el ritmo cadente de la melodía de mano de Lupin quien no conseguía guiarla de manera adecuada y terminaba pisando el pliegue de su vestido, hasta verla agotada.
— Mis queridos amigos es un placer tenerlos aquí — Ginny logró captar la atención de los invitados golpeando una copa de cristal con el anillo. — soy tan feliz ahora y solo quiero compartirles mi dicha, y mi gozo — extendió la mano hasta mi — mi querido Conde Potter ahora mi marido al cual amo con todo mi corazón.
La multitud rompió en palmas, lentamente con la cabeza agachada me acerqué a ella, tome su mano, estaba fría.
— No te alegras cariño — me dijo haciendo cómplices a los presentes, entre ellos mi princesa — di mi amor si no te alegras de estar ahora conmigo, unidos bajo el manto misterioso del señor. — sonreía, sonreía casi de forma diabólica.
Asentía con la cabeza y de inmediato se lanzó a mis labios, cubriéndome con un beso intenso lleno de pasión, me observaban, podía sentir las miradas en mi.
— Por favor querida princesa — se dirigía ahora a Hermione — complácenos con una canción, que sea tu regalo de bodas.
Hermione nos miró con rabia, sus ojos dos bolas de fuego que parecían querer asesinarme, los labios le temblaron antes de responder.
— Será todo un honor, condesa Potter.
Subió al banquillo y sus delicados dedos empezaron a tocar.
Cuando ella tocaba, parecía que el mundo se arrodillaba ante su magnificencia, las manos volaban cual alas de gaviota atravesándome el pecho con la melodía que interpretaba, parecía que recorría con cada nota algún extremo de mi ser y lo elevaba hasta el cielo y ahí estando tan arriba en el aire, ella lo dejaba caer cuando volvía el rostro hacia nosotros y las bellas avellanas que le iluminaban el rostro me mataban cual dagas con su indiferencia, con su rencor.
Un rencor merecido, fundamentado, mientras a mi lado mi mujer pasaba la mano bajo mi brazo aferrándome a ella, quería salir dejar de fingirle un cariño inexistente, pero Hermione me envolvía, me seducía con las manos sobre las teclas monocromáticas, frías.
La noche fue cayendo rápidamente, en el salón el calor de los cuerpos al bailar llenaban de vapor el ambiente y el olor a licor y frutas secas también estaba presente, personas sonriendo, cantando alegremente, pasando una y otra vez la copa para ser llenada, entre la multitud la buscaba, mi mirada siempre puesta en su bello rostro, charlaba alegremente, pasaba de una mano a la otra en la pista de baile, no había duda de que la mujer más hermosa era ella, solo Hermione era capaz de despertar tanta dulzura en quien la mirara, solo ella podía despertar pasiones, fantasías de vida.
De pronto no la vi más...de pronto todo en mi vida pareció apagarse...
Se escucharon los gritos de las mujeres, los gestos de sorpresa de los caballeros no tardaron en esperar, llanto, el salón se lleno de llanto, de horror, Albus se llevó la mano izquierda al pecho y cayó sobre su silla, la frente le sudaba, los ojos le brillaban por el llanto, algo estaba ocurriendo, algo que no me gustaba, la busque entre la gente, no estaba, había desaparecido, salí corriendo por la puerta principal, un coche blanco del hospital se encontraba cubriendo lo que parecía la brutal escena, personas formaban un círculo sin dejar pasar a nadie, pero me abrí camino a empujones, tenía que estar seguro de que no era ella, tenía que ver, saber qué sucedía.
Draco lloraba amargamente, su semblante palideció más, ahora se le veía desaliñado, lleno de polvo y de...sangre, era sangre lo que había manchado su fino frac, sangre en sus manos, sangre por donde quiera que miraba, el rojo brillante de sus labios, el rojo que tantas veces contemple, seguí con la mirada el hilo rojo, ahí estaba ella, ahí ya no estaba más.
Me falto el aire, eran dos cuerpos, dos mujeres, los susurros de lo sucedido llegaba a mis oídos, ambas seguían luciendo sus bellos vestidos ahora teñidos de aquel horrible color rojo, el aroma confirmaba todo, ninguna se movía.
Me tire entre ambas, sus extremidades estaban cálidas pero sin fuerza. Grite a los presentes, grite que se alejaran que la dejaran en paz, que estaba bien, que se despertaría en cualquier instante.
Las flores del vestido ya no brillaban, sus labios entre abiertos no reaccionaban a mi roce, su rostro ya no sonreía como apenas unos minutos antes lo había hecho, por qué, me preguntaba, por qué, que fue lo que hice.
El llanto se desbordaba de mis ojos, una mano tiraba con fuerza de mis hombros, me negaba a dejarla, me negaba a dejar aquel cuerpo que tanto ame, dos veces la alcance antes de que por fin me alejaran para siempre de ella.
Los ojos me ardían, todo me daba vueltas cuando desperté en mi cama, solo, asustado, llevaba aún el traje puesto, tenía que levantarme y volver a la realidad.
Los pasillos del castillo estaban vacíos, camine despacio recorriendo con la mano el tapiz de las paredes, me detuve fríamente cuando escuche la voz de James a lo lejos, casi como un susurro lejano, corrí a su encuentro y lo vi, no me llamaba a mi, mantenía en sus pequeñas manos el caballito de juguete que hacía días le había comprado, y jugaba, a su lado su hermana le sonreía y palmeaba cada que este lanzaba a el equino lejos, estaban juntos, estaban jugando sin más supervisión que la de Albus quien solo los contemplaba con la mirada perdida en ambos.
Me acerqué y el hombre ni siquiera volteo a verme, James se lanzó a mis brazos con una sonrisa que me pareció recordar a la de Hermione, veía a mi princesa en aquel par de niños. Lily me miró, esbozó una sonrisa y la tome en mis brazos, era la primera vez que la abrazaba de aquella forma, cuanto la amaba también.
— Jamás debí separarlos — escuche la voz de Albus — no debí...y tú no debiste volver...nunca, todo esto a sido tu culpa solamente.
Se levanto de la silla y camino hasta mi, deje a los niños para que volvieran a su juego y lo enfrente.
— Tiene razón, jamás debió separarlos y jamás debió de alejarlos de mi, ni a ella, por qué fue usted quien nos orilló a esto, a vernos a escondidas, usted que presumía de amarla jamás la dejo ser feliz con quién ella quería, usted siempre a sido egoísta, lo sé por qué viví con su hermano, se lo que le hizo a su familia, a su propia hermana, sé que Hermione era la nieta de Aberforth y no suya, por qué la alejo de él, por qué le era tan sencillo arruinar la vida de los demás.
— Yo le di todo a Hermione, si se la arrebate a Aberforth fue para que no padeciera nada y fue él quien me la entregó, repitió lo mismo que nuestros padres, los Dumbledore eran así, tenía que sacarla adelante y lo hice...
— Y dónde está ella ahora, de que le sirvieron todos sus cuidados...
— Todo fue tu culpa, tú fuiste quien la orilló a todo eso, yo solo la protegí, aunque no lo suficiente. No lo suficiente. — echo a llorar de nuevo — ahora solo están ellos — miraba a mis hijos — ellos son sus hijos, son los herederos, no me los quitaras.
— No dejaré que les haga lo que a ella, son mis hijos y estarán en donde yo lo decida.
En el jardín del Este, bajo la torre, mármol color perla adornaba la lustrosa placa de oro, el nombre parecía cobrar vida con cada rayo del sol que la golpeaba, James dejaba flores a su madre, la conoció cuando descansaba sobre una mesa de madera, con el rostro limpio y el vestido perfectamente bien alisado, sus rizos castaños le caían en ondas perfectas, como el par de manos que se encontraban una sobre la otra encima de su pecho, como si abrazara a sus hijos, que la miraban con dulzura uno de cada lado, le besaron las mejillas y la dejaron ir.
Draco se perdió un par de días, después de enterarse de que su hija no lo era realmente, le conté la verdad después de salir del despacho de Albus, le reclame por mi hija, la quería de vuelta. Le costó dejarla, supe entonces cuanto la había amado, Lily también derramó llanto al despedirse de él, me partió el corazón en pedazos, pero poco a poco supero aquello y me llamó tal como James lo hacía.
Estábamos por volver al campo cuando encontré la nota de Hermione la que me citaba la noche de la fiesta, estaba escondida dentro del cuadernillo que Ginny solía llevar con ella, la última página estaba estrujada, casi escrita con odio.
No tolero más esta situación, debo tomar medidas más drásticas, ya no encuentro la manera de hacer que me ame, cuando queme su casa creí que volvería a ser el mismo, creí que iría a mi buscando consuelo, culpar a Malfoy y olvidar a esa tonta princesa, pero no lo hizo, no dejará de amar a la madre de sus hijos, y yo que sacrifique al mío por él, porque se entregará a mi, no debí quitarle la vida a mi pequeño por un padre desgraciado, pero esta noche lo vengare, he encontrado su nota, esta noche cuando la princesa busque el calor de Harry solo se encontrará conmigo, y entonces la haré desaparecer para siempre, no lo verá nunca más, será solo mío, esta noche mataré a esa mujer por venganza, por quitarme lo que siempre me perteneció...
Así terminaba aquel escrito, matarla, todo por mi culpa, había sido ella la que comenzara el incendio, había sido ella siempre, fingiendo ser tan noble y buena, solo era una ramera cruel, que no paro de hacerme daño hasta su último día.
No había a quien reclamar, la carta de la muerta se la entregué al ministro, ahora la muerte de Hermione tenía un autor, y ella también estaba muerta; llegue a un acuerdo con Albus, cuidaría mi parte del castillo, los niños lo visitarían cada verano. Tomamos el carruaje al campo, Lily, James y yo, para empezar una nueva vida, para alejarnos de todo lo sucedido. La tierra estaba lista para sembrarse de nuevo.
No me quieran matar por favor, por favor, aquí está el final alternativo.*
Capítulo 1. (Alternativo).
Desperté antes de que el sol apareciera, mi ahora esposa recostada a mi lado permanecía con los ojos cerrados, decidí tomar un baño antes de salir, al otro lado de la puerta se escuchaban los murmullos, llevaba tiempo observándola a escondidas, su comportamiento en los últimos días parecía más extraño que de costumbre, hablaba sola, se tiraba de los cabellos, caminaba de un lado a otro casi como leon de circo desesperado por escapar del dolor.
Entre abrí la puerta y la mire, escribía en su diario rápidamente, cuando termino note que escondía aquel librillo bajo la cama y salió gritándole a su ayudante. Busque bajo el colchón y lo encontré, la nota de Hermione cayó de las páginas, la había leído, note que había marcado la última hoja, lo que leía era un mal presagio, Ginny buscaría matar a Hermione esa misma noche, había enloquecido, sus celos, la rabia y el deseo la llevarían a cometer una gran locura, tenía que advertirle. Salí a buscarla.
Sin pedir permiso entre a su alcoba, por fortuna su marido no se encontraba, aún con la ropa de noche lucía encantadora, como deseaba que fuera ella a quien viera antes que a nadie cada amanecer, pero no había tiempo para arrumacos tenía que ponerle al tanto. Le mostré el diario, las intensiones de Ginny, pero guardó silencio.
— La madre de sus hijos...que hijos Harry...dímelo, acaso James es...
Asentí con la cabeza el momento que tanto había esperado había llegado, era mi oportunidad de decirle todo de una vez — cuando nacieron Albus me lo entregó y me pidió que no te dijera nada, debí hacerlo antes Hermione, debí decirte tantas cosas.
— James es mi hijo...y Lily tú sabes de Lily...
—Los vi nacer, estuve aquí contigo...
— Sabía que no había sido solo un sueño — me tomo de la mano —estuviste aquí y fueron dos — sonreía de oreja a oreja — siempre lo supe Harry solo que me hicieron creer tantas cosas que dudaba de que fuera verdad.
— Pues lo es, somos una familia y no permitiré que te dañen. — me acerqué a su boca y la bese con ternura. — haré lo que sea por ti, no importa que.
Perdió la mirada por unos segundos.
— Tengo un plan Harry — me devolvió el diario de Ginny — es arriesgado pero es lo único que ahora se me ocurre.
El plan era hacerse pasar por muerta, hacerles creer que Ginny realmente la había matado, y entonces cuando llegara la hora de enterrarla, iría por ella, y después cuando todo acabara, tomaría a ambos niños y nos iríamos al campo.
Claro que era arriesgado, demasiado.
Luna conocía a un buen boticario, Horace Slughorn, conocía de pociones y medicamentos, consiguió un líquido que la pondría a dormir tan profundamente que parecería muerta, su pulso bajaría tanto que sería difícil percatarse de que aún tenía, no me gustaba del todo pero era lo que teníamos y si así podíamos terminar con todo, así se haría.
Me alisté para la fiesta, y la vi bajar por la escalera, disfrutaba del baile, su último baile con Albus, con Draco, pero no conmigo, estaba listo para todo.
Mi esposa nos presentó ante su comitiva y pretendió enfurecer a Hermione pidiéndole que tocara para nosotros, el rostro de mi princesa parecía lleno de coraje, pero sabía tan bien a qué se debía, ella también estaba furiosa, por todo lo que nos habían hecho, pero ya pronto todo se acabaría, la escuche tocar su melodía, cada nota me enamoraba más, solo pensaba en terminar mi vida a su lado, solo ella, sería siempre ella.
Después de aquel acto Ginny desapareció fue cuando lo supe, mire a Hermione con complicidad, la hora llegaba, subió a la torre yo esperaba afuera cuando las escuche.
— No volverás a perderte entre sus brazos princesa, Harry es sólo mío.
— Harry...— Hermione me gritaba supe que algo andaba mal.
Entre corriendo y las vi, forcejeaban, Ginny sostenía una daga cerca del cuello de Hermione, le había cortado un poco, una gota de sangre le escurría dejando un ligero hilo al caer por su piel, en un impulso por salvarla, corrí hasta Hermione y lance a Ginny por los aires, pero el impulso fue tal que dio un traspié y cayó por la ventana, intente alcanzarla pero fue tarde, su rostro se desfiguraba al caer, el viento enrollaba su vestido hasta que el suelo la recibió, supe que estaba muerta.
— Tenemos que hacerlo o será peor... — dijo Hermione ansiosa tomándome de la mano, yo aún seguía en el impacto por ver caer a Ginny de aquella altura.
Bajamos corriendo las escaleras, bebió el líquido rápidamente y se tendió a lado de Ginny, el charco de sangre era tan grande que parecía ser de ambas, Hermione cerró los ojos y perdió la conciencia en segundos, de forma sigilosa, tratando de esconder mis emociones, volví al salón justo unos minutos antes de que la multitud enloqueciera en gritos y llantos.
Tuve que fingir que aquello era horrible, al acercarme a Hermione me cercioré de que efectivamente nada se sintiera, era así, parecía realmente muerta. Pedí que nadie nos descubriera.
Su cuerpo descansaba en la mesa de madera unas horas después, estaban por llevarla a su féretro, la caja dorada la esperaba, cuando la dejaron preparada para ser enterrada llegó la hora de poner a prueba mis dotes astutos, antes del amanecer abrí la caja, Hermione ya había despertado, la ayude a salir y entre los dos llenamos de piedras el ataúd vacío, nadie volvería abrirlo, lo atornille con fuerza y salí con Hermione de la mano, en la puerta trasera Luna la esperaba en un carruaje de cortinas negras, nadie la vio salir, estaba hecho. Lo habíamos logrado.
La mañana del entierro me levante aún enojado pero con el corazón lleno de esperanza Hermione estaba lejos y a salvo, nosotros pronto la encontraríamos.
Volví para enfrentar a Albus, reclamar a mi hija a Draco y volver al campo, donde Hermione nos esperaba ya.
Los pasillos del castillo estaban vacíos, camine despacio recorriendo con la mano el tapiz de las paredes, me detuve fríamente cuando escuche la voz de James a lo lejos, casi como un susurro lejano, corrí a su encuentro y lo vi, no me llamaba a mi, mantenía en sus pequeñas manos el caballito de juguete que hacía días le había comprado, y jugaba, a su lado su hermana le sonreía y palmeaba cada que este lanzaba a el equino lejos, estaban juntos, estaban jugando sin más supervisión que la de Albus quien solo los contemplaba con la mirada perdida en ambos.
Me acerqué y el hombre ni siquiera volteo a verme, James se lanzó a mis brazos, le sonreí y lo estreche con fuerza, Lily nos observaba, sin decirle nada la levante también en mis brazos y la abrace con cariño, era la primera vez que la abrazaba de aquella forma, cuanto la amaba a ella también.
— Jamás debí separarlos — escuche la voz de Albus — no debí...y tú no debiste volver...nunca, todo esto a sido tu culpa solamente.
Se levanto de la silla y camino hasta mi, deje a los niños para que volvieran a su juego y lo enfrente.
— Tiene razón, jamás debió separarlos y jamás debió de alejarlos de mi, ni a ella, por qué fue usted quien nos orilló a esto, a vernos a escondidas, usted que presumía de amarla jamás la dejo ser feliz con quién ella quería, usted siempre a sido egoísta, lo sé por qué viví con su hermano, se lo que le hizo a su familia, a su propia hermana, sé que Hermione era la nieta de Aberforth y no suya, por qué la alejo de él, por qué le era tan sencillo arruinar la vida de los demás.
— Yo le di todo a Hermione, si se la arrebate a Aberforth fue para que no padeciera nada y fue él quien me la entregó, repitió lo mismo que nuestros padres, los Dumbledore eran así, tenía que sacarla adelante y lo hice...
— Y dónde está ella ahora, de que le sirvieron todos sus cuidados...
— Todo fue tu culpa, tú fuiste quien la orilló a todo eso, yo solo la protegí, aunque no lo suficiente. No lo suficiente. — echo a llorar de nuevo — ahora solo están ellos — miraba a mis hijos — ellos son sus hijos, son los herederos, no me los quitaras.
— No dejaré que les haga lo que a ella, son mis hijos y estarán en donde yo lo decida.
Draco se perdió un par de días, después de enterarse de que su hija no lo era realmente, le conté la verdad después de salir del despacho de Albus, le reclame por mi hija, la quería de vuelta. Le costó dejarla, supe entonces cuanto la había amado, Lily también derramó llanto al despedirse de él, me partió el corazón en pedazos, pero pronto estaría con su madre y todo sería mucho más fácil para ella.
El diario de Ginny donde confesaba todo lo que había hecho fue a dar a manos del ministro, ahora la muerte de Hermione tenía un autor quien también estaba muerta. Terminado el trámite necesario para llevarme a Lily partimos en seguida al campo, las ansias por besar a Hermione me consumían.
Nos esperaba ya con una enorme sonrisa, sus hijos se abalanzaron sobre ella y yo la poseí toda la noche, sería mía para siempre, lo tenía todo.
Éramos libres al fin, tenía mi familia, el negocio y parte de Hogwarts, después de un par de años Albus falleció, vendí el castillo y nos quedamos para siempre en el campo.
Felices, como siempre debió ser.
Hermione siempre sería mi princesa.
Espero que ahora ya no quieran matarme y que les haya gustado esta pequeña historia hecha con cariño. Gracias por el apoyo, los comentarios y sus estrellas me han hecho muy feliz. :)
Les dejo una pequeña muestra de lo que será mi siguiente novela, esta será de Daniel y Emma espero también la puedan seguir y de nuevo mil gracias.
"Can't help falling in love with you "
Prólogo
"El viento le surcaba el rostro, el crujido de las hojas secas era inevitable al pasar por sobre de ellas, no estaba escapando de nadie, esta vez no corrían detrás de él con las espadas desenvainadas, esta vez solo buscaba un escape, la salida a su maldicion, aquella que lo llevaba a vivir la misma historia una y otra vez siempre con el mismo final, siempre con el mismo destino, enamorarse de ella".
