N. de A: Creo que no ah pasado una semana ñ.ñ

Toulouse

Llegaron al departamento del mayor con relativa facilidad. La falta de circulación de vehículos y lo tarde de la hora ocasionaban que fuera mucho menos pesado el transito por la ciudad. Ni siquiera eran la una de la mañana cuando ya se encontraban atravesando el umbral del domicilio del abogado.

-Ve allí-le señalo al otro el sofá en medio de la sala. Eren obedeció acomodándose tímidamente entre las suaves almohadas.

-"· Como entrenar un perro. ·"

En cuanto el pensamiento asomo en su interior soltó un ligero bufido, lo mas cercano a una risa que podía emitir y se encamino hacia la cocina. Preparo café para si mismo y entibio un poco de leche en el microondas para el mocoso.

El primer sorbo de café le supo a gloria, sintió como automáticamente su cerebro se relajaba y los músculos de su cuerpo se adormecían (hasta ese momento no noto lo tenso que estaba) y mientras esperaba el sonido del microondas que le indicaría que podía tomar la leche se recargo sobre la barra, observando desde allí al mocoso.

Un trago largo de café.

Al parecer su plan de abandonarlo no había llegado a concretarse. Pero quizás era lo mejor. Eren aun no podía hablar apropiadamente y era ignorante de las cuestiones humanas mas básicas. El arrojarlo solo a la calle, a merced de cualquier loco habria desencadenado que Rivaille no pudiera perdonarse por el resto de su vida el abandonarlo.

Y la culpa era un sentimiento demasiado doloroso para soportar. Mas si se trataba de aquel mocoso, que todo lo que hacia y decía parecía tener un efecto potente en su persona, logrando doblegar su voluntad como si esta no fuera mas que un simple chiste. Pero el momento para enfurecerse sobre ello ya había pasado, ahora era el momento de hacer mas cosas por el mocoso que probablemente resentiría en el futuro.

Con ese pensamiento en mente y descansando los labios sobre el borde de la humeante taza tomo el papel que tenia en sus bolsillos. No se preocupo mucho por la hora mientras marcaba el número y aguardaba tras el tono de marcado. Apenas si pasaron unos segundos cuando una voz femenina le contesto:

-Doctora Lagner al habla.

-Un colega suyo me dio su número-como era natural en Rivaille, obviando las cortesías y yendo directo al punto-Tengo conmigo un mocoso que se golpeo la cabeza muy fuerte, olvido todo.

-¿A que se refiere con todo?-murmuro la mujer, tomando una voz fríamente analítica, el hombre podía estar seguro que toda su atención estaba centrada a sus próximas palabras.

-Al principio no hablaba, no supo decir quien era ni lo que hacia aquí. Aunque…

-¿Aunque?

-Hasta hace unas horas recordó su nombre.

-¿Solo ello?

-Si.

-Muy bien-en ese momento el sonido de varios "clic" llego a sus oídos, como si estuviera trabajando frente a una computadora-¿Presento indicios de deficiencia mental?

-Creo que no-dudo por un momento mientras observaba como Eren se retorcía en el sofá, mientras sus piernas temblaban notoriamente. Quizás si había algo malo en su cabeza.-Pero no sabe hablar.

-Probablemente sea mudo.

-Los doctores que lo revisaron dijeron que sus cuerdas vocales están bien.

-De acuerdo.

Lo que prosiguió fue una mecánica indicación de la condición de su mocoso, Rivaille explico los exámenes hechos en Eren y los resultados que estos habían arrojado. Luego la doctora compartió su veredicto, él hombre creía reconocer palabras tales como inflamación de la corteza craneal, deterioro irreversible del lóbulo temporal y un largo tratamiento de re-educación para que Eren recuperara las habilidades humanas mas básicas. Pero en todo momento recordándole que era muy probable, debido al tipo de herida que presentaba, que nunca recuperaría la memoria.

-¿Esta segura de que quedara así de por vida?

-Mire, es solo una opinión en base a lo que usted me dijo. Necesitaría tener los exámenes y hacer un análisis general del paciente para poder tener una mejor idea de su condición.

-Déme la dirección y mañana a primera hora tendrá al mocoso en su consultorio.

-Mi identificador dice que usted es de Paris, yo vivo y trabajo en Toulouse.

Y fue casi automático el modo en que la mente de Rivaille viajo hasta el tiempo de su juventud temprana, varios años luego de conocer a Irvin.

Estaba en sus dieciocho, prácticamente recién graduado de la secundaria, cuando había decidido que quería estudiar en su ciudad natal. El lugar en el que nació, en el que se crió, donde paso los peores momentos inimaginables. Pero también los más emotivos, donde forjara sus primeros lazos con las personas a las cuales les prometió que volvería y los encontraría.

Si mal no recordaba era Invierno, traía un pesado abrigo polar pardo y una bufanda que se mecía con el viento helado. Ni siquiera termino de instalarse en su nuevo departamento cuando ya se encontraba en el Pont Neuf, descansando los brazos despreocupadamente en el borde con la vista fija en el suave fluir del rio Garona.

En aquella época del año los turistas agolpaban las calles y puentes de la ciudad, dándole una ligera sensación de invasión. Lo único que Rivaille deseaba era estar solo con sus pensamientos, que iban dirigidos regularmente al muchacho rubio y a la niña pelirroja. Suspiro pensando en el tiempo que había transcurrido, logrando que su aliento formara un nubarrón blanco que se arrebolo a su alrededor.

Cinco años. Cinco largos años que no sabía nada de ninguno de ellos.

¿Habrían logrado regresar con sus familias?

¿Corrieron con su suerte de ser adoptados?

¿O aun permanecían en ese horrible lugar que se hacia llamar correccional de menores del estado?

La culpa lo apuñalo horriblemente. De haber tenido opción no habria dejado a Farlan e Isabel solos en aquel lugar que era más un infierno que otra cosa. Pero no podía negarse a si mismo el echo de que cuando supo que se iría de allí lo invadió una sensación de profundo gozo y calma. No más camas duras ni comida insípida, no más peleas diarias con otros mocosos teniendo que soportar también las agresiones del personal que supuestamente los cuidaba.

Se iría del infierno, pero dejaría una parte de si mismo en el.

-¿Disculpa?

Sintió a alguien tirar de su chaqueta, una voz aguda velada con lo que estaba seguro era alguna prenda de ropa cubriendo los labios. Muy probablemente era alguna turista que quería pedirle indicaciones, pero el no estaba ni de humor ni con la predisposición de ayudar a alguien, por mucho que fuera la recompensa por ello.

-¿Hermano?

Aquella simple palabra basto para llamar su atención y obligar a su cuerpo levemente entumido de frió por la falta de movimiento a girarse al encuentro de la desconocida. En cuanto la tuvo de frente pudo apreciar completamente a una mujer vestida en un abrigo de piel blanco, un gorro y bufanda veteados en tonos grises que cubrían casi parcialmente el rostro femenino. Pero los claros ojos esmeraldas eran inconfundibles para el, incluso con el pasar de los años.

-Isabel…

Habria dicho más, pero la adolescente ahogada en lagrimas se arrojo a abrazarlo como si su cuerpo estuviera imantado hacia el. En ese momento frunció el seño con confusión mientras descansaba tímidamente una mano sobre los hombros de la pelirroja, tratando de calmar el ligero temblor de su cuerpo. Apenas hacia unos minutos había pensado en ella y Farlan. Teniéndola ahora llenando su chaqueta de lagrimas y mocos.

-Isabel.

Volvió a llamarla después de unos incómodos segundos, la vio negar con la cabeza y realizar un pequeño movimiento de manos sobre su rostro. Para cuando se digno a mirarlo, fue para estampar sus labios calientes contra los suyos propios helados por el viento invernal recibido directamente. La sensación fue extraña, el frió contrastando con el calor, la calidez del femenino cuerpo contra su dura masculinidad. Desde ese momento Rivaille no fue capaz de negarse a muchos de los impulsos de Isabel. Podría decirse que su permisividad y el amor que Isabel tenía por el (confesado un par de semanas después) los habían llevado hasta el matrimonio.

-¿Podrá venir a Toulouse, señor Ackerman?

-¿Que?-fue lo primero que salio de su mente luego de reencontrarse en su cocina. Escuchando como desde el living Eren lo llamaba ansiosamente en voz baja.

-Supongo que mi colega le abra dicho que soy la mejor en mi campo. Le aseguro que no encontrara mejor tratamiento para… Mmm…

-Eren-otra cosa que el moreno noto tarde, nunca había mencionado el nombre del mocoso a la doctora.

-Eren. Si su prioridad es la más alta tasa de recuperación para el, le aseguro que solo yo puedo atenderlo adecuadamente.

Quiso debatirse a si mismo. No quería regresar a Toulouse, había demasiados malos recuerdos allí, un pasado agrio y lacerante que se esforzó por sepultar. Pero inconsciente a su negativa, sus labios fueron más rápidos que el, contradiciéndolo y desconcertándolo completamente.

-Si. Llevare a Eren a Toulouse.

-De acuerdo. Su numero quedo registrado en mi teléfono. Mi secretaria lo llamara en la mañana y concertara un turno para cuando estén en la ciudad. Que pase buenas noches, señor Ackerman.

Y colgó sin más, dejando a Rivaille levemente intrigado por que no recordaba haberle dado su nombre. Cayendo en cuenta algo tarde que la mujer mencionaba tener un identificador de llamadas y que la leche ya se hallaba fría dentro del microondas. Definitivamente estaba demasiado distraído esa noche.

-Rivaille. Rivaille.

La voz del mocoso temblaba mientras lo llamaba. El aludido supuso que seria algún nuevo ataque sicótico que le había dado como el de atacar a las personas en el hospital. Bueno… quizás darle un par de golpes regresarían el orden y la lógica a su cabeza.

-¿Qué te sucede ahora?

En cuanto llego al living, observo al mocoso con ambas maños sosteniéndose la entrepierna mientras sus ojos contenían un par de lágrimas. Todo el tembloroso y sudoroso.

-No… No me digas que…

-Rivaille…

¿Acaso el había…?

-"· ¡NO SOBRE MI MALDITO SOFA! ·"

Prácticamente se arrojo contra el mocoso, dispuesto a sacarle la mierda a golpes cuando noto que en realidad no había ensuciado su sofá de cuero negro, pero parecía estar muy cercano a ello.

Sin contemplaciones lo tomo del brazo y lo arrastro por el departamento hasta el cuarto de baño, soltando a Eren solo cuando estuvo de frente al inodoro.

-Ya, termina y lava tus manos.

-Mmm… Rivaille.

-¿Qué? ¿Ahora que?

Error. Muy grande y maldito error el haberse quedado parado en el marco de la puerta, Eren lo miraba y miraba sus pantalones con nerviosismo y un claro sonrojo adornando sus mejillas. Solo le tomo a Rivaille que un par de sus neuronas hicieran sinapsis para recordar que en el hospital Eren prácticamente no se levantaba de la cama. Por ende para sus necesidades fisiológicas era siempre asistido por un enfermero.

-No-el seño se le arrugo profundamente mientras clavaba una dura mirada en el adolescente-Yo no voy a…

-Ug… Rivaille…

Eren termino por apoyar una mano contra la pared, sintiendo su vejiga aguijonearle la hombría en un intento de liberación. No podía aguantarse más, estaba en su límite.

A su espalda, Rivaille emitió un gruñido para nada simpático mientras se acercaba a el, con intenciones desconocidas para el castaño. Estuvo a punto de mojarse a si mismo hasta que sintió como las manos rudas y hábiles del mayor le habrían el cierre del pantalón y hurgaban en la hendidura frontal de su bóxer, hallando aquel pene semi duro por la necesidad de liberarse y la reticencia del adolescente a permitirlo.

Eren estaba pasmado, incapaz de hacer algo mas que mirar como su miembro era expuesto con una mano y la otra se ceñía de su cintura para evitar un futuro escape. Desde que despertara en aquel extraño lugar lleno de personas que lo miraban de forma hostil jamás había sido tocado de esa forma, y no pudo evitar que el calor se extendiera a través de el ante lo erótico del momento. Rivaille estaba tocándolo, después de todo. Su miembro se tenso un poco mas, hinchándose unas cuantas pulgadas.

-Suéltalo, solo suéltalo.

El aliento expulsado en aquellas palabras erizo la piel aceitunada de su cuello y sacudió sus cortos cabellos, logrando que la temperatura corporal se elevara y el sofoco se hiciera presente en la respiración. La sensación de tener al mayor en su espalda era incitadora. Pues si bien el no estaba recargado contra su cuerpo el toque de sus manos, la respiración en su cuello y el calor corporal que irradiaba abombaban su cabeza de sensaciones tanto confusas como placenteras. El aguantarse la necesidad de descargar la vejiga comenzó a llenarlo de un extraño placer de desconocido origen sexual hasta ese entonces. La urgencia se vio mermada por el cosquilleante placer, y en lugar de obedecer a Rivaille, Eren comenzaba a encenderse como una fogata.

El mayor al notar que Eren no hacia nada más que respirar ruidosamente, deslizo sus dedos suavemente por aquel trozo de carne, intentando obligar al órgano a liberarse. Fue una corta caricia que para el no tuvo regusto sexual pues le incomodaba tener que ayudar a alguien a orinar, pero por lo menos logro su cometido. El cuerpo contrario relajo la tensión y el a través de sus dedos pudo sentir como el liquido atravesaba el pene de Eren y era expulsado fuera con urgencia, con el sonido del agua chocando con agua como fondo.

Eren dio una corta mirada a las pálidas manos sosteniendo su miembro y cadera mientras terminaba, a continuación Rivaille lo sacudió un par de veces para luego ordenarle la ropa interior seguido de los pantalones y se apoyo contra el para tirar de la cadena. Inevitablemente sus cuerpos se tocaron mas, el adolescente recibió incómodamente la sensación de la pelvis chocando contra sus nalgas, y por un fugaz momento deseo poder tocar al otro tan íntimamente como el había sido tocado.

-Ven-lo llamo el mayor tomándole de la mano, guiándolo hacia la reluciente loza blanca donde dos pequeñas mangueras de metal sobresalían.

El adulto ahogo su mano en jabón anti bacterial líquido mientras abría la llave con la extremidad libre y empujaba las manos contrarias debajo del chorro de agua. Sus manos frotaron las del más joven diligentemente, limpiándolas y las suyas propias de una forma que para ojos ajenos seria un acto de empalagoso romanticismo de pareja. Si bien Eren era mas alto que el podía perfectamente ver por arriba de su hombro y controlar sus movimientos, ignorando el rostro compungido y rojizo del muchacho virgen que no tenia noción ni conciencia de porque su cuerpo repentinamente se sentía pesado a la vez que frágil y ligero. Definitivamente contradictorio.

Una vez terminada la tarea Rivaille abandono la estilizada espalda contraria, dejando a Eren caer preso del repentino frió del pulcro cuarto de baño. Tomo una toalla blanca secando sus manos meticulosamente y luego arrojo la tela al adolescente que la atrapo justo a la altura de su pecho.

-Ahora ya sabes como hacerlo. Más te vale recordarlo porque no volveré a ayudarte.

Y sin ningún beso o palabra coqueta de por medio, se encamino fuera del lugar siendo fielmente seguido por su nueva mascota.

Un par de horas después, faltando muy poco para el amanecer Rivaille terminaba de vestirse, la vieja fotografía devuelta en su mesa de luz y los primeros rayos matinales dibujando sombras borrosas en las paredes. Luego de ayudar al prójimo (o generarse a si mismo y a Eren un trauma, pensó) le dio al mocoso la taza de leche fría que no se le ocurrió volver a entibiar y unas cuantas galletas sin sal. Una vez alimentado y satisfecho de sus necesidades lo dejo durmiendo en el sofá con una almohada y una frazada para mejor comodidad.

De Paris a Toulouse serian al menos unas doce horas de viaje en auto, así que se disponía a salir apenas fueran las siete de la mañana. Lo cierto era que hubiera sido más conveniente partir en la madrugada, pero el rostro somnoliento y los continuos bostezos del vagabundo lograron aplacar un poco su bestia interna de racionalización para permitirle que durmiera cómodamente al menos un par de horas. El mismo lo hizo también después de preparar unas maletas, tomar todo el dinero disponible y asegurarse de que sus tarjetas aun tuvieran fondos luego de la nada agradable cuenta del hospital. Si bien estaba cansado su cerebro no lo dejo dormir más de tres horas, despertándolo a las cinco treinta de la madrugada exactamente dándole al menos tiempo de asearse y prepararse el desayuno. Internamente agradecía la calma y el silencio al que estaba acostumbrado y que volvía a reinar su departamento luego de la desmemoriada presencia ajena.

Pero si la suerte o los dioses le abrían una ventana, usualmente le cerraban una puerta. O al menos eso pensó mientras el mocoso se hacia presente en la cocina, frotándose un ojo y observándole con el otro ligeramente entreabierto.

-Oh, así que ya estas despierto.

Le hizo señas que el pareció comprender y se adentro a la cocina tomando lugar frente a el, al otro lado de la mesa de vidrio. Rivaille le extendió la taza de café que se hallaba a medio camino de sus labios y empujo el plato con una tostada de queso hacia su dirección.

-Desayuna, saldremos pronto.

Sin mas que decir se puso en pie para buscar una nueva taza y mas café, ignorando que los ojos esmeralda lo seguían con cada movimiento que hacia. Eran esas pequeñas atenciones entre su carácter hosco y taciturno las que más llegaban a Eren, Logrando que el corazón del menor se agrandara de una sensación desconocida, incluso antes de perder la memoria.

N. de A: El Pont Neuf es el puente mas icónico de Toulouse, que conecta la zona céntrica con la residencial, pueden buscarla en Google, es hermoso ^-^

El Pont Neuf :3 . .Toulouse.640.

Como se vería el puente en la escena de Levi e Isabel ?v=1&c=IWSAsset&k=2&d=llt6cpG%2fZ1DNhRyNgHqIjtxjHBBCE0zeZKsOWvkN4B5Fvw5l8IDpdH3aoSzrOtG7

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