Capítulo VI

Haciendo trampa

Bien sabía yo que era lo que mejor se me daba. Explotaba mi mejor habilidad hasta por diversión. Nada se me escapaba. O porque podía conocer los pensamientos de los demás o porque habían pocos que corrían tan rápido como yo. Pero mi presa de hoy no era precisamente un desafío. Estaba, de hecho, de lo más aburrido. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que me había alimentado. No quería alejarme de Forks, por Bella, mas era necesario y no tomaría más que un día. Había pedido a Jasper que me acompañara. Emmet ya había ido con Rosalie antes de entrar a clases.

Jasper estaba perdido en la espesura del bosque pero lo escuché y no lo iba a interrumpir mientras comía.

Estábamos a jueves. Durante la semana había sido atraído por esta nueva oportunidad que me daba la existencia. Al escucharla, la sentía a mi lado. Ella, su forma de ser, las cosas que decía y sus pensamientos eran una sola persona. Jamás había encontrado tanta naturalidad y falta de afectación en una personita. Oírla era como revivir los momentos que pasé con ella. La satisfacción de poder acompañarla de esta manera era más grande que el dolor que me causaba su ausencia. La soledad no me abrumaba tanto ahora que podía sentirla de esta manera. Y eso que me sentía en un pozo profundo y acaramelado, pero desolado y doloroso.

Me había quedado quieto, despertando aún más, mis despiertos sentidos. El venado que se convertiría en mi cena estaba nutriéndose sólo para mi. Dejaría que terminara. Busqué a Bella en los pensamientos de los alumnos de Forks, todavía me costaba trabajo escuchar su voz sin estar cerca de ella. Me salté a Rosalie y a Emmet porque ninguno de los dos podía ofrecerme lo que yo quería. Ángela leía un libro y Alice…

-¡Alice!-bramé enfadado.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Jasper aterrado, llegando al punto a mi lado.

-No le ha pasado nada por el momento, relájate.-Mi tono sonó iracundo. Intenté controlarme mientras veía a Bella, con los ojos cerrados, al frente mío.

-Bella-susurré.

Jasper comenzó a reírse. Abrí los ojos, levanté una ceja interrogante. No hizo falta que lo dijera en voz alta. Alice le había pedido a Jasper que fuéramos de caza específicamente este día. El día de en que Bella tendría que ir a enfermería. Sería un encuentro casual. No se precisaban las presentaciones ni los silencios incómodos.

-¡Muy divertido!-exclamé.

-Desquítate con él-me dijo aludiendo al venado.- ¡Nos vemos!

La vi nuevamente. Alice la estaba acompañando. Bella estaba recostada. Alice intentaba desviar a Bella de sus pensamientos, por si, como había en efecto hecho, espiaba sus pensamientos. No era muy hábil, pero si muy creativa. Dejé de buscarlas porque ya era hora. El venado corría por el bosque sin un rumbo fijo. Le daría ventaja porque sino qué perdida de tiempo.

Un suave susurro llamó mi atención. Intenté hallar su procedencia pero no la ubiqué. Volví a escucharla, ahora más como una melodía formada en una voz aguda y femenina. El canto eran sólo sonidos entonados. El viento empezó a correr débil, primero, hasta desordenar mi desordenado cabello y mover con ímpetu las hojas de los árboles en derredor. La escuché en mi cabeza con total claridad, sentía que a mi lado alguien cantaba. Era una dulce melodía, que relajó todo mi cuerpo, de por si duro y alteró mis sentidos. Si no fuera porque lo añoraba cada cierto tiempo no hubiera reconocido, por el paso de los años, la sensación de letargo.

En un instante, se hizo el silencio. Levanté la mirada. Jasper estaba a mi lado.

-¿Has terminado ya?

-No, le estoy dando ventaja.

-¿Has estado cuatro horas dándole ventaja? Mira, yo se que es aburrido, pero termina luego. Quiero volver a casa.

-¿Cuatro horas? No, sólo han pasado un par de minutos-Jasper negó con la cabeza. ¿En qué me había perdido?

-¿No escuchaste una melodía?- se la describí, tal y como la había escuchado. Jasper volvió a negar con la cabeza.

-Era una voz femenina-insistí.

-No. ¿No habrá sido Alice intentando distraerte?

Negué con la cabeza.

-Ya no seguía el hilo de sus pensamientos.

Me miró extrañado.

-Deberías averiguarlo, pero ahora, por favor, acabemos con esto.-Me vi en sus pensamientos. Tenía por ojos dos pozos profundos.

Volvimos a casa al crepúsculo. Busqué a Alice, ella ya sabía que la había visto.

-No te voy a pedir perdón-empezó airosa-Fue sólo tu decisión y yo la extraño.

Sabía que lo hacía. Levanté una mano, indicándole que no me importaba, que no estaba enfadado. Me miró extrañada.

-No fue así como lo vi-agregó.

-¿Cómo esta?

-Hoy tuvo de nuevo una de sus jaquecas.

-Ya.

-Dice que escucha voces.

-¿Ah?

-¿No escuchaste toda nuestra conversación? Te perdiste la mejor parte.-Me lo enseñó. Paseé por todas las imágenes que me presentaba.

-¿La llevaste donde Carlisle?-volvía a estar molesto.

-Bella escucha voces, yo no puedo leer sus pensamientos-se defendió-y quería saber si había una pizca de recuerdos en aquellas voces. Si así era, yo le diría la verdad.

-Alice, por favor.

-No es fácil verla tan perdida cada día, ajena de todo, de todos. La he visto se siente como pez fuera del agua. Sabe que algo no está bien.

-¿Cómo crees que me siento yo? Tu la quieres, pero yo la amo. Tengo que estar cerca de ella cada día, sabiendo que no puedo acercarme. La veo buscando a sus amigos. Tengo presente a cada instante que cuando mira en mi dirección no me busca a mi, y no siente nada. Si sus ojos caen en los míos me obligo a retirar la mirada para no despertar en ella algún recuerdo y para no abrir más la herida que arde más y más, a cada segundo, como un maldito recordatorio de que el tiempo sigue pasando, indiferente de mi existencia pero no de la de ella. Me repito una y otra vez que es por su bien. Han pasado casi cinco meses y no le ha pasado nada malo. Conmigo a su lado es cuestión de segundos para que esté en peligro, conmigo a su lado la pierdo y la hiero a cada momento.

-La estás perdiendo de todas maneras. El tiempo pasa y pasará. No deberías ser tan egoísta.

-¿Egoísta?-pregunté escéptico.- ¿crees que soy egoísta por no desear nada más que su bien? Qué alegrías puede tener conmigo a sabiendas que no sólo ella está en peligro estando a mi lado, sino también toda su familia.

-¿Es que no entiendes? Eres egoísta contigo mismo. Ella va a seguir su camino y será feliz. Pero con otro. No feliz como cuando estaba a tu lado porque siempre va a sentir que le falta algo, pero lo suficiente como para ver pasar su vida satisfecha. ¿Por qué no te permites ser feliz? ¡Ella ha nacido para amarte! Con nosotros sólo hay uno. Una oportunidad.

-Lo sé.

Como cada noche estaba viendo a Bella dormir. Sus ropas subían y bajaban al ritmo de su respiración. Me senté a su lado. Acaricié, con cuidado, cada línea de su rostro. El tiempo vuela cuando uno se divierte… Ya había amanecido, despertaría en cualquier instante. Tomé su mano derecha, que colgaba fuera de la cama y besé su palma.

-Lo siento-por mí.

Cuando volví a casa para recoger el auto Jasper me detuvo con cara de querer iniciar una conversación. Al parecer, Alice le estaba enseñando a eludir sus pensamientos frente a mi, porque ahora su mayor preocupación era en qué silla sentarse.

Bufé, incrédulo.

-Alice es lo más importante que me ha pasado en la vida-comenzó.

-¿Te arrepientes de algo?

Se detuvo un instante y luego con una sonrisa añadió:

-De no haberla encontrado antes.

-Tienes cuan larga sea la eternidad para estar con ella.

-Lo se, lo se. Es que a veces siento que no es suficiente.

Asentí con la cabeza. Lo entendía bien. Se quedó en silencio un par de segundos pero parecía que no había terminado con lo que quería decir. La próxima vez que habló dijo lo siguiente:

-El esfuerzo, o cualquier sufrimiento que haya tenido que pasar y que a veces, aún debo enfrentar, para estar con ella y verla sonreír, vale la pena. El tiempo para nosotros es distinto que para el resto del mundo. Los años los sentimos como semanas, a veces días, pero a nuestro alrededor toda ha cambiado. Y a veces darse cuenta de cuánto ha pasado es como una herida mortal-ahora ya no hablaba de Alice.

Me levanté.

-Entiendo perfectamente lo que dices. Gracias.

Se levantó también. No le iba a dar la razón, dolía demasiado.

Cabezota!-se alejó bufando entre dientes.

Cuando iba al instituto supongo que me iluminé. Siempre- me dije- se puede hacer trampa. Alice lo había hecho. Y si era lo suficientemente cauteloso, no habría peligro. Leía su rostro y ahora también sus pensamientos, sabría cuando detenerme. Prolongaría el engaño un poco más. Estaba claro ahora, muy irresponsablemente alegre, decidí hacer trampa.

Las clases se hicieron interminables mientras pensaba en la mejor manera para acercarme a Bella. El momento perfecto. Podía pedirle a Alice que me avisara cuando ella debiera ir a la enfermería. Pero deseché la idea en cuanto me la propuse. Era tortura que me hiciera ver, aún sin intención, la razón que tenía. El timbre sonó, despertándome de mi ensueño. Salí al pasillo para verla pasar. Y la escuché debatiéndose con preguntarle a Ángela por un chico. El chico no tenía nombre ni rostro en sus pensamientos, pero, ¡era un chico! Mordí mis dientes, con enfado.

-¿Sabes si salía yo con alguien el año pasado?

El corazón me dio un vuelco. Mierda. Pude escuchar a Ángela en su fuero interno preguntarse qué debía responder. Pensaba en decirle la verdad, de una vez y luego se le aparecían las consecuencias de ello. Me acerqué un poco más a ellas y vi que Bella estaba con los ojos cerrados. Estaba avergonzada. Me paré frente a Ángela y negué con la cabeza con elocuencia, ordenándole que dijera que no. Ángela me miró con odio y dijo, en su cabeza, palabras que no tenía idea pudiera conocer. Me alejé nuevamente. Escuché cómo le respondía con una negativa a Bella y dentro de esta vi cómo la imagen de mi sonrisa llamándola, se desvanecía en su interior. Quise dar media vuelta y mirarla, pero me contuve.

A la hora de química busqué la oportunidad que se negaba a aparecer. Tuve la secreta esperanza de que ella pudiera sentarse en mi grupo. Yo ya estaba allí cuando apareció. Venía riendo a carcajadas, sola. Entró y me miró, ruborizándose ligeramente. Se sentó en la mesa de al lado. Formaría grupo con otras personas. Se puso a garabatear en su cuaderno y en su mente tarareaba una canción. Era el momento, pero ¿qué podía decirle? ¿Te gusta la química? ¿Has leído a Chang? Bien sabía yo las respuestas a todas esas preguntas. Comencé a tararear la misma canción, pero en voz alta, esperando que con esto ella se acercara a mi y iniciara la conversación. Cuando miré en su dirección Bella estaba con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Y no pude saber qué era lo que estaba pensando. Tarareé más fuerte por si no me había escuchado, pero siguió en la misma posición. Su olor colmó mis sentidos, apaciguándome. Yo también cerré los ojos.

Poco a poco fueron llegando los demás alumnos. Finalmente llegó el profesor y empezó la clase. Ácido-Base. Un tema interesantísimo.

-Los indicadores, como el tornasol, cambian a los ácidos y las bases en distintos colores. Por esto, son una buena herramienta para identificar líquidos de los que nada sabemos. Si probáramos el tornasol en un ácido, ¿de qué color se pondría?

Nadie levantó la mano y parecía que muy pocos prestaban atención.

-Sr. Cullen-era conmigo.

-No tengo idea-respondí, aunque rojo era la respuesta. El profesor se extrañó de mi aparente ignorancia. Le preguntó entonces a Emmet, que era mi compañero, el único, de grupo. Negó con la cabeza, con la mente en blanco.

- A ver, aquí en el grupo del Sr. Newton-se dirigió a la mesa vecina. Newton desvió la mirada para que no le preguntaran a él. El, al igual que yo, había cambiado sus electivos cuando había conocido las elecciones de Bella, pero al parecer, no tenía idea en lo que se había metido.

-¿Srta. Swan?-Bella levantó la mirada, tímidamente. Pero con seguridad respondió:

-Rojo.-El profesor suspiró aliviado.

-¿Y con una base?

-Azul

-¿Y con el agua?-preguntó divertido.

-Supongo que nada.

-Me ha alegrado el día, Srta. Swan, se lo agradezco.