Capítulo 7
Al otro lado de la bahía
Cuando recuperó el conocimiento, se dio cuenta al instante, de que se encontraba en un hospital. No cabía duda debido al penetrante olor a desinfectante, las paredes, piso y techos blancos, así como aquellas frías y duras camas con fundas blancas y cobijas azules.
Touya se apuró a sentarse y mirar a su alrededor. La habitación donde se encontraba, estaba completamente vacía. Apenas y se encontraba él postrado en una cama, acompañado de aquel aparato que le medía el pulso, y una silla, para las visitas. Sin perder el tiempo, se arrancó el pulsioxímetro del dedo, brincó fuera de la cama, y se puso los zapatos. Su primer pensamiento fue que tendría que llamar a Nakuru para disculparse por haberla dejado plantada en su cita, la noche anterior, por lo que de la silla tomó su saco negro. Se lo colocó prontamente, y se apuró a registrarse sus propios bolsillos. No tardó en encontrar su celular, sin embargo, al desbloquearlo, y ver su lista de números frecuentes, otro nombre se cruzó ante sus ojos.
Se preguntó si Syaoran había tenido noticias de Sakura. No estaba seguro de porqué se habían llevado a la muchacha de cabellos castaños de aquella manera, y conociendo a Syaoran, seguramente se dedicaría a buscarla, igorando sus responsabilidades con la disquera. No pudo evitar morderse el labio. Supuso que lo mejor que podía hacer era llamar para preguntar qué era lo que sabía. Así que sin darle más vueltas, marcó al número de su mejor amigo, y esperó a que la llamada se conectara.
-¿Syaoran? –preguntó cuándo contestaron al otro lado de la línea-. Sé que es algo tarde, pero algo me dice que no estabas dormido.
-A veces sabes tantas cosas que me das miedo –respondió su amigo intentando sonar animado-. Aunque me alegro que hayas llamado. No sé a quién más recurrir... Necesito tu ayuda -Touya no pudo evitar volver a morderse la comisura de la boca. Le tomó un par de segundos antes de atreverse a responder.
-¿Qué ha pasado?
-Es Sakura. Se suponía que nos reuniríamos para cenar, pero nunca se presentó. Así que regresé a la casa, pero tampoco está aquí. Todas sus cosas están, solo ella no. Tengo el presentimiento de que le ha pasado algo malo en el camino hacia el restaurante...
-Ella está bien -respondió Touya, aunque no estaba seguro de porqué decía aquello, y se sorprendió al escucharse a sí mismo decir-. La vi anoche.
-¿La vi... no estás con tus malditas bromas de nuevo, o sí? -Syaoran sonaba un poco molesto y frustrado-. Sinceramente, Touya, si te vas a poner así, mejor le pido ayuda a Yamazaki y...
-Lo digo en serio -otra vez se preguntó porqué seguía diciendo aquellas cosas-. La vi anoche, en el Hotel Mikuni. Aunque apenas y hablé con ella. Tuvo que marcharse de improviso.
-¿Y no tienes idea de a donde tenía que ir con tanta prisa? –Syaoran comenzaba a sonar frustado. Touya se apuró a salir de la habitación donde se encontraba. Tenía que salir de ese hospital lo más rápido posible.
-Te contaré toda la historia una vez que la sepa yo mismo.
Y con esto, el muchacho de cabello castaño oscuro cortó la llamada.
-¿Señor, se encuentra usted bien? –una enfermera se había acercado finalmente a Touya. El muchacho ni siquiera la volteó a ver-. Debe regresar a su habitación, sufrió un fuerte golpe en la cabeza y estómago, y…
-Me encuentro bien –espetó, sin dejar de caminar, mientras se guardaba el celular en el bolsillo-. Deme la maldita hoja de alta voluntaria para que me pueda largar.
La enfermera lo miró sorprendida. Pero como ocurría cada vez que Touya fruncía el entrecejo, la mujer decidió que era mejor no discutir. Un par de minutos después, el muchacho finalmente firmó para poder salir sin problema alguno, y con esto, se apuró a regresar a su casa.
Sabía dónde encontrar a Sakura. Conocía a las personas que manejaban aquella limusina, y sabía dónde encontrarlas en cualquier momento. Sin embargo, eran ya casi la una de la mañana, y estaba seguro que sería muy precipitado aparecerse en tal lugar, a esas horas. Además, el mismo necesitaba descansar.
Así que se dirigió a su casa, donde se dejó caer en su mullida cama, intentando conciliar el sueño. No lo consiguió del todo. Cuando lograba dormir, soñaba en aquel momento en que Sakura había sido dormida con cloroformo, y subida a aquella limusina. Se sentía en cierto modo culpable. La muchacha no le caía del todo bien, pero el desear que fuera secuestrada, no era para nada lo que esperaba que ocurriera con ella. ¿Syaoran le creería si confesaba que había intentado ayudarla, y no había podido? Este pensamiento lo hizo odiarse un poco a sí mismo. ¿Qué clase de persona era, si dejaba que una mocosa tambalease de aquella manera, años de amistad?
De tal modo, que para las seis de la mañana se encontraba ya en pie. Se había dado una ducha, puesto otro elegante traje de vestir, tomado un desayuno ligero, y una hora después, se encontraba ya al volante de su deportivo rojo.
La casa de Touya se encontraba en el distrito de Shibuya, por lo que el muchacho dirigió su auto hacia el puerto de Tokio, en la costa norte de la bahía de la capital del país. Pasó frente al aeropuerto internacional, y enfiló por la Aqualine Bahía de Tokio, un túnel submarino, y puente, que unía ambos extremos de la bahía, para poder cruzar rápidamente desde Tokio hasta Chiba. Una vez que estuvo del otro lado, siguió conduciendo al sur, hasta llegar a Futtsu, y tomar aquel camino empedrado que salía de la carretera. Rápidamente encontró su destino.
Se detuvo frente a la barda de piedra sólida, color arena, de poco más de 3 metros de alto, que bordeaba y protegía aquella antigua mansión, y sus elegantes jardínes. Manejó despacio, algo nervioso, hasta que se detuvo frente al enorme portón color gris plata, también con una altura considerable. Empotrado en la pared, había una placa color cobre, de tamaño considerable, que rezaba: "La honorable y ancestral casa de los Li."
-Cosa de Ierán –se dijo mientras chasqueaba la lengua-. Ka-Shing nunca lo hubiera permitido.
Bajó su ventanilla, y se acercó al intercomunicador. De inmediato, lo saludó una voz femenina.
-Bienvenido a casa de la familia Li –dijo la voz-. Lamentamos informarle que no aceptamos visitas a no ser que cuenten con invitación o cita previa.
-Vengo a hablar con la señora Ierán Li –dijo Touya con voz fuerte y clara-. Soy Touya Kinomoto, y nunca he necesitado cita.
-Espere un momento, señor… -respondió la mujer. Touya escuchó como la llamada se cortaba. Un par de segundos después, volvió a encenderse el intercomunicador-. Siento mucho hacerlo esperar, señor Kinomoto. La señora Li lo está esperando.
Y con esto, el enorme portón gris se abrió de par en par, con lo que Touya volvió a subir su ventanilla, y condujo dentro de la propiedad.
Lo recibió un enorme jardín con varias fuentes, pequeñas lagunas, pinos, olmos, cerezos y sauces plantados por todos lados. También había flores de todos colores, y pudo hasta notar varios conejos y pavos reales, que corrían libremente por el enorme jardín.
Detuvo el auto en la entrada de la mansión, que era también de un bonito color arena. Tenía varias torres, e inumerables balcones que permitían a los habitantes apreciar la majestuosidad de los jardínes. Al instante, una serie de mayordomos lo recibieron. Uno de ellos le tomó las llaves del auto, para estacionarlo lejos de la entrada, mientras que otro, se apuró a dirigirlo al interior de la enorme casa.
-La señora Li lo recibirá dentro de poco –dijo el mayordomo, con lo que dejó a Touya por su cuenta, en el enorme recibidor de tan elegante lugar. Una habitación circular con paredes de piedra, adornadas con pinturas exquisitas; un hermoso candelabro con miles de cristales colgaba del alto techo, y una muy trabajada alfombra cubría todo el suelo. El muchacho no pudo evitar meterse las manos en los bolsillos. Se encontraba algo nervioso. Siempre le pasaba cuando se encontraba en aquel lugar.
-Han pasado muchos años desde la última vez que te vi –saludó Ierán Li, desde lo alto de la amplia y muy bien trabajada escalinata de mármol, semi-circular-. Que sorpresa que decidas visitarme para desayunar antes de salir a la oficina.
Touya alzó la cabeza para verla bien. Usaba ella también un traje de vestir, y su largo cabello negro se encontraba recogido en una coleta alta. Tenía una sonrisa en los labios, aunque no en los ojos, los cuales se sentían fríos y vacíos.
-Once para ser exactos –respondió el muchacho, mientras la elegante señora baja la escalinata-. Aunque debo reconocer que ya traigo el estómago lleno.
Cuando llegó al último escalón, Touya extendió su mano, para ayudarla a bajar. Le dio un beso en la mano, que fue más bien un simple roce de sus labios contra su pálida piel, y se limitó a esperar a que ella le dijera algo.
La señora Li lo miró de pies a cabeza, como si lo evaluara.
-Has crecido bastante –le dijo sonriente, mientras le indicaba que la siguiera, y de este modo, ambos caminaron rumbo al ala oeste de la casa, donde se detuvieron frente a una enorme puerta doble de caoba-. La última vez que te vi, no eras tan alto. Ni te veías tan fuerte.
La señora Li abrió la puerta y ambos entraron a la habitación, que resultó ser una grande pero acogedora estancia.
La habitación estaba adornada en un tono verde, que asemejaba al jade. Había un par de sillones frente a una enorme chimenea de piedra, y varias mesitas con diferentes fuentes de postres franceses, y otras más con fruta fresca. Había flores por todas partes, estatuas de mármol y armaduras de plata, y a Touya no le pasó por alto el enorme escudo de armas que se mostraba sobre la chimenea.
Ierán le indicó por señas que se sentara en uno de los sillones, mientras ella se sentó en el otro. Detrás de ellos entraron dos mayordomos, que llevaron una bandeja con una tetera, azúcar y hierbas aromáticas, y una bandeja con galletas, futa picada, queso y jamón. Salieron de la habitación con paso veloz, después de ofrecerles una breve reverencia, y cerraron las puertas tras de sí. Una vez estuvieron de nueva cuenta solos, Ierán se apuró a servir té, una taza para ella y otra para Touya. No habló hasta que terminó de preparar las bebidas calientes, y hubo tomado un sorbo de su taza de porcelana con pequeñas flores de cerezo adornando tanto su interior como el exterior. Fue ahí cuando finalmente volvió a mirar al muchacho.
-Once años –dijo en un susurro perfectamente audible-. Después de once años vuelves a aparecerte ante mis ojos. ¿Eso significa que tienes ya 29? –el muchacho asintió, mientras bebía de su té. Ierán sonrió débilmente.
-Tenía entendido que mi familia no volvería a contar con su apoyo una vez yo hubiera cumplido los dieciocho –contestó el muchacho, aun sujetando la pequeña taza entre sus manos-. Es por ello que nunca pude agradecerle por aquellos años en que nos ayudó cuando más lo necesitábamos.
-No es como si lo ocuparan ahora, ¿no es así? –dijo Ierán con un tono algo burlón-. Después de todo, ahora eres famoso. Pero, volver después de once años a agradecer por algo que era un simple gesto de apoyo… Algo me dice que vienes a tratar un asunto diferente.
Touya no pudo evitar moverse en su asiento, nervioso. Tomó un sorbo de su té antes de responder.
-Anoche hubo algo que me trajo su rostro a la memoria –dijo finalmente, intentando no sonar acusador-. Un… altercado, por llamarlo de algún modo –Ierán se mostraba visiblemente interesada, a tal grado que se había olvidado de llevarse la taza a los labios, y la había dejado a medio camino-. Entre sus guardaespaldas y una muchacha de ojos verdes.
-¡Ah! –Ierán intentó sonar sorprendida. Emitió una débil risita, y bebió de su taza-. Parece ser que Tokio no es tan grande después de todo. ¿Cuáles serían las posibilidades de que encontraras a mi hija en un restaurante en una noche en que se supone los jóvenes como tú deberían estar de fiesta y no en cenas de negocios?
-¿La muchacha de los ojos verdes es hija suya? –preguntó Touya, algo confundido. Si era hija de los Li, ¿por qué drogarla con cloroformo para llevarla a donde sea que ella no quisiera? Prefirió ahorrarse aquella pregunta.
Aunque más importante aún, si era hija de una familia tan rica y poderosa, ¿por qué la habían encontrado él y Yamazaki, con Syaoran, en una casucha de playa, en un pueblito olvidado por el resto del mundo?
Había algo ahí que no le cuadraba.
-Es mi primogénita –respondió Ierán, interrumpiendo todos los pensamientos que se habían formado en la cabeza del muchacho castaño-. Un verdadero dolor de cabeza, aunque no tanto como su hermana… -la señora suspiró, pero prontamente se recompuso, y tomó un poco más de té-. Cuando cumplió los dieciocho años, su padre murió, y dejó escrito en su testamento, que a mi muerte, será ella quien herede todo el conglomerado familiar.
-Eso la volvería en la mujer más rica de toda Asia. Puesto que en estos momentos está ocupado por usted –aventuró Touya. Ierán sonrió orgullosa.
-Exactamente. Sakura y su hermana, Mei-Lin, siempre se han instruido en casa. Fue hasta el momento en que Sakura cumplió los dieciocho, le permitimos ingresar a la Universidad de Tokio. Por el bien de la compañía familiar, estudiaría Economía Internacional… Pero como te comenté, la muchacha es una malcriada egoísta. Se escapó del campus apenas puso un pie en él, y no supimos donde se había metido… Duró dos años huyendo de mí. Y yo que la amo tanto… Hasta que finalmente pudimos localizarla gracias a aquel muchacho de cabello castaño, que siempre la acompañaba…
-¿Syaoran? –preguntó Touya. No le pasó desapercibido como Ierán casi se atraganta con el té.
-¿Ese es su nombre? –dijo ella, dejando su taza de porcelana en la mesilla, y se apuraba a tomar un cubito de queso-. Por lo que pude ver, también es bastante famoso en estos tiempos que corren.
-Es uno de mis mejores amigos –se apuró a aclarar Touya-. Syaoran Sumeragi. Y es novio de su hija, Sakura. El hecho de que se haya llevado usted a su hija con tanta prisa, lo ha preocupado. Está preguntando por el paradero de Sakura.
-Lamento mucho las molestias que les he ocasionado –se disculpó la señora Li, mientras se limpiaba la comisura de la boca, con una servilleta de tela-. De ser posible, me gustaría invitar al joven Syaoran, a cenar en la casa. Para que pueda ofrecerle personalmente mis disculpas. Estoy segura que no será mucho atrevimiento pedirte que puedas concretarme una cita con él.
Touya terminó de beber su té, y colocó su taza vacía en la mesilla. No estaba seguro de porqué Syaoran debería presentarse ante Ierán Li. Pensaba que con comunicarle que Sakura se encontraba bien, sería más que suficiente. Y ahora tenía aquella invitación que extenderle a su mejor amigo. Se preugntó si sería lo correcto, y no encontró ningún motivo para suponer que no lo fuera.
-Le haré llegar su mensaje –dijo finalmente el muchacho-. Si está en posibilidad de ver a Sakura y asegurarse de que se encuentra perfectamente bien, no creo que se niegue.
-Pero por supuesto que Sakura está invitada a la cena –dijo la señora Li, sonriente-. Será bueno que mi hija me presentase a su novio, y quizá hasta él podría ayudarme a convencer a mi niña de que heredar la compañía familiar es lo mejor para todos.
-En ese caso, debo retirarme –Touya se apuró a ponerse de pie. Ierán lo imitó-. Mientras antes le avise a Syaoran sobre esa cita, antes podrá venir a visitarla.
-Por favor –sonrió la señora, mientras se sacaba del saco una tarjeta de presentación, y se la daba a Touya-. Hazle llegar este número. Tanto si acepta mi invitación a cenar, como si no, estaré esperando escuchar noticias suyas –y en un tono de voz un poco alegre, añadió-. Después de todo, si las cosas marchan bien, me convertiré en su suegra, ¿no es así?
Touya se limitó a guardarse la tarjeta en el bolsillo interior de su saco, y sonreír de igual manera.
Recorrió el mismo camino de regreso, cruzando la Aqualine Bahía de Tokio, y tomando el periférico que corría por toda la costa, en dirección oeste, aproximadamente unos veinte minutos. Cuando llegó a la zona residencial, tomó el camino que serpenteaba por el pequeño bosque, hasta detenerse frente a los escalones de piedra blanca, que indicaban el acceso a la casa de Syaoran. Detuvo el carro al momento, y se apeó.
Subió los escalones no muy rápido, no muy lento. Cuando llegó frente a la puerta, se detuvo a alisarse el saco del traje, suspirar, y finalmente, presionar el timbre.
La puerta se abrió casi al instante. Syaoran lo miraba asustado. Tenía el cabello completamente despeinado, la camisa desfajada, ojeras muy marcadas en los ojos y no traía zapatos. Parecía completamente loco.
-¿Y bien? –preguntó el muchacho, mientras se retorcía las manos y se hacía a un lado para que Touya pasara. EL muchacho de cabello castaño oscuro así lo hizo.
-No te voy a decir nada hasta que no te metas a bañar –respondió él-. Puedo ver que no has pegado ojo en toda la noche.
-¡Obviamente! –se defendió Syaoran, mientras veía como Touya caminaba hacia la sala, y se sentaba con calma en un sillón-. Suelta ya la sopa. Dime que sabes.
-Oh, se muchas cosas. Pero no te diré nada hasta que no te bañes y te calmes un poco –Syaoran emitió un gruñido perfectamente audible-. Tranquilo lobo, son noticias buenas y no tienen fecha de caducidad. Pueden esperarte 20 minutos en lo que mueves el trasero y lo metes a la regadera.
La expresión de Touya indicaba que no pensaba cambiar de idea en lo más mínimo, por lo que Syaoran volvió a gruñirle, y se perdió por el pasillo que llevaba a las habitaciones. Un par de minutos después, Touya escuchó como caía el agua de la regadera. Sonrió, no muy contento.
Se quedó en la sala, tamborileando los dedos en el descansabrazos del sillón. Miraba al patio por las enormes ventanas, aunque en realidad no veía nada en absoluto. Volvió a preguntarse si estaba haciendo lo correcto. Por una parte, podía ser que Syaoran se diera cuenta de que ambos tenían mejores probabilidades de permanecer juntos, si él seguía viviendo en Tokio, formando parte de The Card Captors. Por el otro, podía ser que Syaoran le temiera al poder que la Familia Li poseía, y al no poder huir con Sakura, prefiriera quedarse en Tokio, como vocalista de su banda. Intentó tranquilizarse, pensando que no importara que ocurriera, no tenía probabilidades de perder.
Cuando Syaoran regresó, llevaba puesto un pantalón de mezclilla, aunque seguía sin zapatos, y esta vez no traía tampoco camisa. El mojado cabello castaño se lo estaba secando en ese momento, con una toalla blanca.
-Listo –dijo Syaoran, mientras se restregaba el cabello contra la toalla-. ¿Ya puedes hablar? –Touya no pudo evitar reírse por lo bajo.
Se puso de pie, y volvió a alisarse el saco. Entonces, del bolsillo interior de éste, se extrajo una pequeña tarjeta de presentación, color plata, que le extendió a Syaoran, sin decir nada.
El muchacho miró a su amigo, un poco confundido, y titubeando un poco, tomó la tarjeta. La miró detenidamente.
"Ierán Li. CEO Cheung Kong Holdings. Hutchison Whampoa. Tokio - Hong Kong - New York - París." Y debajo de todo ello, había un número de teléfono.
-¿Qué es esto? –preguntó Syaoran, confundido. Touya se metió las manos en los bolsillos del pantalón.
-Es tu suegra –fue su simple respuesta.
-¿La madre de Sakura?
-Y la novena persona más rica del mundo.
-Estás de broma.
-Fui a su casa esta mañana. Una agradable visita con una encantadora mujer –mintió-. Anoche me topé a Sakura en el restaurante del Hotel Mikuni. Me dijo que había ido por asuntos de negocios. Iba ya de salida, y subió a una limusina con una placa que reconocí al instante –más mentiras, a medias, pero mentiras a fin de cuentas.
-Cheung Holdings… -repitió Syaoran, mientras miraba la tarjeta-. ¿Y qué asuntos tienes tú con esta compañía? ¿De dónde la conoces?
-Ierán Li es mi benefactora –respondió el muchacho tranquilamente-. Sin ella, mis padres y yo nunca hubiéramos salido de la pobreza en la que vivíamos.
-Me habías contado algo al respecto –Syaoran aventó la toalla a uno de los sillones; seguía embobado con la tarjeta color plata-. Pero nunca me habías dicho el nombre… Qué curioso que sea la madre de Sakura…
Y entonces, abrió los ojos, desmesuradamente.
-¿Espera, me estás diciendo que Sakura es hija de un multimillonario?
-De Li Ka Shing: La novena persona más rica de todo el planeta –se repitió Touya-. El más rico de toda Asia. Pero tengo entendido que su padre murió hace un par de años. Ahora la que dirige y controla todo, es su madre.
Ambos muchachos se quedaron en silencio un par de segundos, que parecieron horas. Hasta que Syaoran finalmente volvió a formular una nueva pregunta.
-¿Entonces, Sakura simplemente salió a cenar con su madre y no me dijo a dónde iba? ¿El mismo día y a la misma hora en que tenía una cita conmigo? Ya me había comentado que su familia vivía en Tokio, pero nunca le vi interés en comunicarse con ellos. Si en realidad extrañaba a su madre, con gusto la hubiera acompañado a visitarla…
-Yo tampoco lo entiendo –no era una mentira, pero tampoco era la verdad completa-. Pero Ierán me ha pedido que te informe… Quiere explicarte ella misma la situación. Me ha dicho que le gustaría invitarte a cenar a su casa, Sakura también estará allí. Lo único que tienes que hacer es llamar.
Syaoran miró a su amigo directamente a los ojos. Touya se veía relajado. Syaoran pensó que si se trataba de una broma, era una muy elaborada. No es que Touya no se esforzara para molestarlo, pero aquello sobrepasaba las bromas habituales. Así que simplemente se encogió de hombros. Hasta el momento, era la única pista que tenía para conocer el paradero de Sakura. No perdería nada con realizar aquella llamada telefónica.
Se acercó a la mesilla de la sala, y tomó el teléfono inalámbrico que había sobre de ella. Mientras marcaba el número que venía en la tarjeta, no pudo evitar pensar que era visiblemente extraño haber conocido a Sakura en un pueblito olvidado por el mundo, mientras que era en realidad la hija de un multimillonario. Si no tenía hermanos, seguramente hasta sería la heredera.
-Es probable que sus padres quisieron darle una lección de humildad –se dijo mentalmente-. Las personas con demasiado dinero y todo a su disposición suelen ser pedante, orgullosas y prepotentes. Y Sakura no lo es.
Con la idea de que era una lección de vida que él mismo aplicaría a sus hijos, finalmente presionó el botón de llamada y se llevó el teléfono al oído. Escuchó los tonos de marcación, y finalmente, como alguien contestaba el aparato.
-Cheung Kong Holdings. Habla a la oficina de la Directora Ierán Li. ¿En qué puedo ayudarle? –lo saludó una fresca voz femenina.
Syaoran miró a Touya antes de atreverse a decir nada.
-Habla Syaoran Sumeragi –se presentó, nervioso-. La señora Ierán Li me pidió que me comunicara a este número, y…
-Esperábamos su llamada, señor Sumeragi –Syaoran volvió a mirar a Touya, sorprendido. Parecía que después de todo, no era una broma-. Lo comunicaré directamente con la señora Li.
La noche había caído ya. Sakura se encontraba acostada en aquella enorme cama color rosa, con las cortinas del dosel abiertas, para poder ver el techo que se alzaba sobre ella. Tenía el derecho de salir y recorrer la casa, pero para como estaban las cosas, se sentía más segura (sí es que eso era posible) dentro de su habitación. Aunque tuviera ese color rosa que tanto odiaba.
Seguía teniendo las ventanas abiertas, de modo que la brisa nocturna empujaba las enormes cortinas de seda rosa, que susurraban al rozar contra el suelo laminado. Aburrida como estaba, rodó un poco por la cama, pensando que seguramente Mei-Lin se había olvidado ya de ella, y se había marchado sin avisar, como siempre hacía. Estaba por ponerse de pie, para ir a curiosear a la habitación de su hermana, cuando escuchó un golpe proveniente de su ventana. Se incorporó al instante, algo asustada. ¿Era un ladrón?
Por una de las largas cortinas rosas, pudo ver la sombra de alguien que se encontraba escalando su balcón. Tragó saliva, nerviosa.
-¿Quién anda ahí? –pregunto con la voz temblándole del miedo. Se sentía desprotegida porque no tenía nada en las manos para defenderse.
Entonces, la persona que se encontraba fuera, finalmente subió el barandal de piedra, y se apuró a bajar al suelo firme del balcón.
-Cállate, tonta –le dijo una voz femenina-. O madre sabrá que vine a verte.
-¡Mei-Lin! –susurró Sakura, tapándose la boca con ambas manos, mientras su hermana menor aparecía por entre las cortinas.
La muchacha de alargado cabello negro utilizaba un pantalón de mezclilla negro, igual que su camiseta y las botas. Llevaba la larga cabellera recogida en un enorme chongo, en la parte superior de su cabeza. Sakura pudo ver como llevaba también una enorme mochila a la espalda.
-¡Pensé que no vendrías! –le recriminó en un susurro nervioso. Mei-Lin se limitó a sentarse en uno de los sillones, mientras le hacía señas a su hermana de que se acercara. Sakura así lo hizo. Cuando las dos estuvieron lo más juntas posibles, como si tuvieran miedo de que las paredes pudieran escucharlas, Mei-Lin se sacó un pequeño papel, doblado en cuatro, de uno de sus bolsillos.
Se lo extendió a Sakura, quien lo tomó lentamente, confundida.
-¿Qué es esto? –preguntó al abrirlo, y vio una serie de doce números que a ella le parecieron escritos al azar.
-¿Cómo que qué es? –Mei-Lin volvía a utilizar ese tono de impaciencia-. Es la combinación de la caja fuerte de madre. La que se encuentra en el estudio.
-¿Y para qué la quiero yo?
-A veces me pregunto si te le caíste a madre de la cuna cuando eras un bebé. Dentro de esa caja fuerte está la respuesta a tu salida de esta casa, y de esta vida. Para siempre.
-¿Tan grande así es? –a Sakura le temblaba la voz. No podía ser tan sencillo.
-Bueno, es un fajo de papeles considerablemente grande –respondió Mei-Lin-, pero he visto peores.
-¡No bromees conmigo! –se quejó su hermana mayor. La muchacha de cabello negro no pudo contener una risita.
-Cuando lo encuentres, sabrás de lo que estoy hablando –se levantó del sillón, y se enfundó una considerable cantidad de pastelillos que Sakura tenía en la mesa de la salita, en un espacio vacío de su enorme mochila-. Bueno, debo irme.
-¿Por qué entraste por la ventana? –Sakura se había levantado también. Sujetaba el papelito con firmeza, algo preocupada de perderlo.
-Las sirvientas y mayordomos siguen despiertos –respondió su hermana, mientras ambas caminaban hacia el balcón-. Están ocupados limpiando la cristalería para la cena que tienes mañana.
-No me lo recuerdes –se quejó Sakura-. Parece ser que madre finalmente me presentará al muchacho con el que quiere que me case.
-¿Habló de fusionar empresas?
-¿Fusionar? La absorberá como si se tratase de una línea de coca… -Sakura se tapó la boca con las manos, asustada. No podía creer que hubiera dicho eso.
Mei-Lin se tapó también, pero para contener la risa.
-Bueno, si te das prisa, no tendrás por qué hacer nada con ese muchacho. Por muy guapo y mucho dinero que tenga –sin avisar, Mei-Lin se inclinó para abrazar a su hermana. Sakura le respondió el gesto.
Se quedaron así, un par de segundos, hasta que Mei-Lin se separó.
-Debo irme –susurró-. Me están esperando ya. Cuídate mucho, tonta –le dijo con cariño a su hermana, y con esto, la muchacha de cabello negro salió por el balcón, se sujetó al barandal, y se dejó caer al vació.
Sakura, con el pequeño papelito aún en sus manos, salió corriendo para ver a su hermana.
Mei-Lin había hecho un limpio aterrizaje en una manta sujetada por cuatro hombres uniformados. Sakura no tardó en darse cuenta de que eran los jardineros. Se rio en voz baja. Mei-Lin tenía siempre una forma de escapar, porque se llevaba bien con todo mundo. Estaba segura de que no había tenido que sobornar a aquellos hombres humildes. Ellos lo habían hecho por voluntad propia, debido al aire de amabilidad y confianza y seguridad que despedía la muchacha.
Y con este pensamiento en la cabeza, pudo ver a su hermana y a los jardineros dirigirse a la camioneta de éstos, donde los cinco subieron. El vehículo arrancó, y se dirigió a la entrada de servicio de la casa: un portón también color plata, pero más pequeño, y con una caseta de seguridad. El portón se abrió y la camioneta salió sin problema alguno.
Sakura miró a la camioneta perderse en la oscuridad, y cuando sintió que la brisa nocturna estaba empezando a ser cada vez más fría, entró a su habitación y cerró las puertas de cristal que llevaban al balcón. Se guardó el papelito en un pequeño alhajero que se encontraba sobre su chimenea, y un poco más tranquila, y con la confianza de que la ayuda de Mei-Lin sería la solución a todos sus problemas, se acostó en la cama, y prontamente se quedó dormida.
Hola a todos de nueva cuenta. Espero que hayan tenido un buen fin de semana, tanto si les dieron puente de jueves y viernes (como a mí) o si los dejaron descanzar jueves y lunes. Espero que el capi de hoy haya sido de su agrado. Pudimos ver un lado de Touya en el que ni el mismo sabe qué es lo que le conviene, pero como no quiere traicionar la confianza de Syaoran, pues está dispuesto a ayudarlo a reencontrarse con Sakura. Como ya vieron allá arriba, dentro de poco se encontrarán.
Por otra parte, está Sakura, y el secreto que guarda Ierán, que Mei-Lin dice la librará de heredar la compañía familiar, y casarse con alguien que ni conoce (y nosotros tampoco, ehehehe).
Si alguna vez han jugado The World Ends With You (o les atrae la moda japonesa), seguramente conocerán ya Shibuya. Si no, la pueden ubicar en el mapa, un poco al noroeste de Tokio. Sobre el sitio donde se encuentra la casa de la Familia Li, hay un punto en la prefectura de Futtsu (del lado sureste de la bahía) donde se ubica el Kenritsu Futtsu Park. No estoy segura de cuantas hectáreas tenga el parque, pero considero que una mansión cabe bien ahí, y hasta le sobra para todos los jardínes y demás cosas que seguro Ierán tiene.
Conectando los dos puntos de la bahía, tenemos la Aqualine Bahía de Tokio. Este es (como explico arriba) un puente, en parte un túnel, que conecta ambos extremos de la bahía. Ahorra mucho tiempo, y además es muy bonito (?). Esta será nuestra vía de acceso cada que visitemos la casa de los Li.
Y hablando de los Li. El padre de Sakura, Li Ka Shing, es una persona real, así como la compañía Cheung Kong Holdings. También es cierto que sea la 9° persona más rica del mundo, y la número 1 de Asia, esto según wikipedia, por lo que depende de cuando lo lean, quizá sea el número 9, el 10... uno nunca sabe. ¿El verdadero Li Ka Shing está muerto? No, pero para fines de esta historia sí. ¿Por qué lo escogí? Bueno, el apellido Li lo llevaba ya, así que se apegaba a lo que necesitaba para este fic. Perfectirijillo, ¿no es así?
Si se me ha olvidado aclarar algún otro punto, espero que me lo recuerden en los reviews, para explicarlo en el siguente capi. De este modo, les agradezco seguirme leyendo, los reviews, que siempre les contesto, y los espero de vuelta el viernes, para continuar con esta historia. Saludos, tengan bonita semana, y sigan bellos!
