El ser amado.
-...Kurama... Kurama... Kurama, levántate-
Abrió sus ojos rojos de golpe.
Estaba en un enorme bosque, con árboles bastante grandes, incluso para el zorro, que, aunque tuviera un gran tamaño, seguía siendo un cachorro con solo unas semanas de vida.
El pequeño Kurama estaba boca abajo, porque acababa de caerse de uno de los árboles en un intento fallido de escalarlo. Pero no cayó contra el piso, ya que su padre, al verlo caer, levantó su mano hacia él, deteniendo la caída.
Kurama parpadeo, recuperando el sentido por el susto de hacía unos momentos, y miró para atrás, para ver al Sabio de los Seis Caminos, que, apoyado en su bastón, sonrió cansadamente, mientras que, detrás suyo, los otro Biju cachorros miraban curiosos al zorro.
-¡Viejo!- sonrió el zorro, sumamente contento.
El cachorro se levantó y se acercó a su padre y a sus hermanos.
-Kurama, de nuevo preocupaste al Sabio- le señalo el joven Son Goku- Eres un estorbo-
-¿De qué hablas?- el zorro miró para otro lado- No necesito ayuda-
-¿En serio?- Shukaku lo miró divertido- ¿Qué puedes hacer tu solo con esas garritas?-
-¡Cállate!- se amuro Kurama- ¡No me critiques! ¡Eres el más débil, y yo el más fuerte!-
-¡¿Cómo?!- y ambos pequeños empezaron a chocar cabeza.
-Ya empezaron- suspiró Chomei.
-Denos un respiro… Recién es medio día- pidió Gyuki.
Hagoromo sonrió al darse cuenta que Kurama no se había lastimado, mientras este discutía infantilmente con su hermano de arena.
Hacia unas semanas que los nueve Biju habían nacido, y él, a pesar de sentirse aun cansado después de la separación y división tan abrupta del Jubi, se había planteado en enseñarles a los nueve hermanos todo lo que tuvieran que saber sobre ellos mismos y sus habilidades, para que pudieran lograr sobrevivir en el mundo ninja después de que se fuera.
Si… Sabía que le quedaba poco tiempo en el mundo, pero tenía que aprovecharlo para que aquellos cachorros aprendieran lo necesario. Después, cuando lo considerara, les comunicaría a sus otros dos hijos quien heredaría el Nishu…
-¡Repítelo!-exigió molesto Shukaku, echando humo de la cabeza.
-Eres un mapache de una cola que solo sabe chillar- sonrió con suficiencia el pequeño Kurama.
-¡No te metas con mi cola!-pataleo el mapache.
-Sabio, ¿está bien que discutan tanto?- preguntó Matatabi, señalando a sus dos hermanos.
-El intercambio de palabras es un medio en el que las personas relacionadas expresan sus sentimientos- le recordó el anciano- Es por eso que lo mejor, en estas situaciones, es dejar que digan lo que piensen del otro-
-Sí, pero…- Isobu se rascó la cabeza-… ¿Por qué lo hacen todos los días?-
-Porque ninguno admite lo que dice el otro- le sonrió Hagoromo.
-¡Apestoso!-lo señalo Kurama- ¡Hueles horrible!-
-¡Cállate, zorro llorón!-lo señalo Shukaku.
-¡Y-Yo no soy llorón!-aseguró molesto Kurama.
-¡Si, si lo eres!-se rió el mapache- ¡Siempre te pones a llorar! ¡Y es porque nunca puedes seguirnos el paso en el entrenamiento!-
-¡No es verdad!- pataleo Kurama- ¡Soy el más fuerte!-
-¡Eres el más débil!-
-¡Ese eres tú, mapache tonto!-
Son, con un tic en el ojo, no aguanto más.
-¡Cállense de una vez!- rugió enojado, y se les abalanzó, dándoles un susto de muerte a los dos cachorros y, de un momento a otro, empezó a tirarles de las mechas.
-Creo que el intercambio de palabras terminó- suspiró Kokuo.
-No los entiendo- admitió Saiken.
-Tranquila, eso es porque son hombres- le sonrió Matatabi.
Gyuki, Chomei e Isobu se quedaron mirando a sus tres hermanas, algo dolidos por el comentario. Hagoromo sonrió algo incómodo, pero era algo cierto lo que dijo la gatita de fuego: Normalmente, las mujeres no entendían el comportamiento de los hombres, y viceversa.
Después de unos tirones de pelo, más unos cuantos coscorrones, Kurama termino rodando y chocando contra uno de los enormes árboles, quedando tirado en el piso, con los ojos dándole vueltas.
-¡JUA, JUA!- se rió triunfal Son, encima de un mareado Shukaku- ¡GANE!-
-¿No los querías detener?- pregunto Chomei.
-¿Qué?- el mono lo miró extrañado- ¡Ambos se decían los mejores, pero el mejor soy yo!- se señaló jactanciosamente- ¡Porque soy Son Goku, el Rey Sabio de los Monos!- y se rió satisfecho.
Sus seis hermanos suspiraron, armándose de paciencia.
-Son Goku, me alegra ver que te guste sentirte seguro de ti mismo, pero eso puede ser usado en tu contra- le señalo Hagoromo, sonriendo- Y recuerda: podrás utilizar ese título cuando conozcas y aprendas todo tu potencial- .
-¡Sí!- asintió contento el cachorro.
-Shukaku, perdiste, pero me alegro al saber que no te sientes inferior por solo tener una cola. No olvides que el poder no viene de la cantidad de colas, sino de tu propia convicción-
El mapache sonrió, contento, mientras su hermano mono lo ayudaba a levantarse, y los demás lo rodeaban, elogiándolo por no rendirse.
-Ahora, Kurama…- Hagoromo miró al pequeño zorro, que se sentaba limpiándose el mentón, amurado por haber sido derrotado de una- De entre todos los Biju, eres el más sensible. Te enojas con facilidad, y más cuando te sientes ofendido. Aprende a calmarte y a no seguir esos instintos, ya que pueden llevarte por un mal camino…-
-¡No soy sensible, viejo!- aseguró molesto Kurama- ¡Soy el Biju más fuerte! ¡Tengo nueve poderosas colas! ¡Ser sensible es para los débiles!-
-Ya estás de nuevo con eso- Gyuki lo miró algo molesto-Deja de ponernos en jerarquía por número de colas-
-¡Cállate! Te molesta ser el segundo mejor- aseguró obstinadamente el pequeño zorro.
-A ver, Kurama- Kokuo lo miró seria- Si consideras que eres el más fuerte, ¿Por qué, de entre todos nosotros, eres el único que no puede subir hasta la copa de los arboles?-
El pequeño zorro se quedó sin palabras.
Uno de los entrenamientos que les impartía el Sabio era movilizarse en terrenos complejos, como el enorme bosque en el que se encontraban.
Todos ya eran capaces de subir hasta la copa de un árbol usando sus propios medios, pero Kurama era el único que siempre se caía a la mitad de camino.
-¡N-No puedo demostrar mi poder con algo tan insignificante!- aseguró avergonzado el pequeño zorro.
-Eso no tiene sentido- se confundió Saiken.
-Explícate mejor- pidió Chomei.
-¡N-No tengo nada que explicarles!- los señalo molesto Kurama.
-Cierto, lo vemos bastante bien-opino Matatabi, fastidiando al zorro- Kurama-kun, simplemente eres un niño que no admite sus errores. El Sabio tiene razón. Eres el más sensible de todos-
-¡Te equivocas, gata!-
-Creo que Matatabi tiene razón- admitió el pequeño Gyuki.
-Naciste último, así que eres el menor- señalo Ichibi.
-El más pequeño-opino Kokuo.
-El más testarudo-agregó Saiken.
-El más inmaduro-apoyo Chomei.
-El bebé-asintió Isobu.
-El llorón-sonrió burlón Son.
-¡No lo soy!-
Y los nueve empezaron a discutir.
Hagoromo suspiró profundamente, y golpeo levemente la tierra con su bastón, creando una leve onda de viento que llamó la atención de los nueve cachorros, deteniendo la discusión.
-Hijos, entre ustedes, no hay un más o un menos. Todos son iguales. Todos fueron uno alguna vez- les recordó, tomando la atención de los nueve hermanos- Como entidades con su propia personalidad y pensamiento, es normal que sientan entre ustedes diferencias, pero son solo ilusiones. Cada uno es especial. Cada uno tiene su papel en este mundo. Es por eso que este anciano les pide que, si tienen algún problema entre ustedes, no sea lo suficientemente grave como para romper los lazos que los une-
-¿Lazos…?- se extrañó Son.
-¿Es por el Jubi?- preguntó curiosa Matatabi.
-No, no es la similitud que hay entre ustedes a causa del Jubi. Son sus lazos fraternales. Un lazo fuerte que, algún día, cuando tomen caminos separados, espero no se rompa-
Los nueve hermanos se miraron nerviosos.
Kurama frunció el ceño, preocupado y triste por las palabras del anciano. Él no quería separarse de sus hermanos. Discutía todo el tiempo con los ochos, pero no le agradaba la idea de que ya no estuvieran con él.
-Pero, aun falta para ese momento- les sonrió Hagoromo, aunque los pequeños aún se veían preocupados- Bien, hijos. El ejercicio de hoy fue completado. Vayan a descansar, necesitaran energías para mañana-
-¡Sí~!- sonrieron ocho Biju. Kurama miró para otro lado, aun desanimado por lo dicho por el viejo.
-Todos, menos Kurama-
-¡¿AH?!- eso no se lo esperaba, y miró molesto al mono y al mapache que se rieron por lo bajo- Viejo, ¿por qué yo?- quiso saber.
-Debes terminar el entrenamiento. No sería conveniente que te quedes retrasado, a diferencia de tus hermanos-
Kurama infló los cachetes, molesto, mientras que los ocho cachorros se rieron por lo bajo del menor.
-¡Quiero dormir!- se quejó Kurama.
-Lo harás, pero cuando termines- sonrió Hagoromo.
Kurama empezó a hacer puchero, y miró celoso a sus hermanos retirarse. Claro está, que Son y Shukaku empezaron a decir en voz alta cosas como "Es un alivio relajar el cuerpo", "Tal vez tome un poco de refrescante y relajante agua", y "Voy a dormir hasta que me canse"
"Mono y mapache malos" se amuro Kurama.
-Vamos, Kurama- lo llamó Hagoromo, sentándose en unas rocas. A veces se le olvidaba que debía guardar fuerzas, ya que aún no era su momento- Vuelve a intentarlo-
-No quiero- murmuró el zorro.
-Escucha, hijo- le sonrió el anciano, algo divertido por ver como aquel pequeño "gran" zorro era bastante inmaduro- Si no fuera necesario que aprendieras a valerte en este tipo de ambientes, no te pediría que lo hicieras. Pero es necesario. Debes aprender a cuidarte. Debes aprender a subir por cualquier obstáculo-
-¿Para qué? Si siempre estas para evitar que me caiga, viejo- Kurama lo miró con los cachetes inflados, causándole una risa al anciano.
-Pero no siempre-le sonrió, y se sorprendió de que el zorro lo mirara con las orejas gachas.
-No digas eso… No me gusta- murmuró el pequeño.
Hagoromo sonrió, agradecido con aquel zorrito al que no le agradaba la idea de separarse de él. No se lo iba a decir, pero sus otro ocho hijos tenían razón: Kurama era el más pequeño y sensible de todos.
Aunque los Biju nacieron el mismo día, el último en nacer fue aquel zorrito, heredando nueve colas, y la capacidad de sentir las emociones negativas. Ese poder era la razón de que fuera tan sensible, y temía que fuera el causante de que su pequeño hijo pudiera ir por el mal camino en el futuro.
Temía que aquel sensible ser, que también era orgulloso, y un poco cabeza hueca, se convirtiera en algo parecido al Jubi.
Un ser de destrucción.
Miró al pequeño zorro, que estaba cabizbajo, con sus ojos rojos brillosos. Sonrió agradecido por su preocupación.
-Kurama- lo llamó, levantando su mano hacia él.
El zorro se fijó en eso, y lo miró sonriendo, moviendo alegre sus nueve colitas, ya que sabía lo que significaba ese gesto. Se acercó contento al anciano, y se recostó a su alrededor, permitiendo que él le acariciara la cabeza.
A Kurama le gustaba que su padre le diera esos mimos, que solo se los daba cuando estaban solos, ya que todos los Biju eran celosos con referente al anciano. Todos querían recibir cariños del Sabio. Todos querían ser sus regalones.
Pero, lo que ninguno de los nueve sabía, que el regalón de Hagoromo era el pequeño zorro al que le acariciaba paternalmente la cabeza.
-Disculpa, Kurama. No quería preocuparte- sonrió Hagoromo.
-Yo no me preocupo- aseguró Kurama, contento- Los fuertes no se preocupan-
-Te equivocas, Kurama. Los que se preocupan son las personas que tienen algo preciado que temen perder-
-¿Algo preciado?- el pequeño lo miró curioso, moviendo sus orejitas.
-Sí. Puede ser un objeto material, un territorio, un estatus social o un ser querido- explico Hagoromo- Las personas que se preocupan por este algo suelen protegerlo, dependiendo del grado de importancia que le tengan-
-¿Importancia? ¿Cómo algo o alguien puede ser importante?-se extrañó más Kurama.
-Depende del tipo de importancia- señalo Hagoromo, mientras su hijo lo miraba sumamente curioso, sin saber que se veía bastante tierno-Puede ser simple importancia material, por beneficio propio, ya sea egoísta o por el bien de otros, o por ser algo que amas-
-¿Qué se ama?-
-Sí- asintió el anciano, y le acaricio la frente, haciendo que Kurama cerrara los ojos, contento- Ese es el grado de importancia más alto. Las personas suelen proteger a ese ser amado con todas sus fuerzas-
-Viejo, ¿tú tienes un ser amado?- pregunto curioso Kurama, sonrojándose.
-Tengo muchos- sonrió Hagoromo, y le acaricio el pelaje- Mis hijos Indra y Asura, mi pueblo, tus hermanos, y tú, Kurama-
El pequeño zorro se sonrojo de la emoción.
-Espero que, algún día, encuentres a ese ser amado al que defenderás con todas tus fuerzas-
-Ya lo tengo- Kurama sonrió, cerrando los ojos, para disfrutar más de la caricia de su padre.
Hagoromo sonrió agradecido, pero sabía que el pequeño se equivocaba. Sabía que Kurama encontraría por sus propios medios a ese ser amado, y lo protegería con todo su poder.
-Vamos, Kurama-dejó de acariciarle el pelaje- Debes continuar tu entrenamiento-
-No quiero, me caigo todo el tiempo- se amuró Kurama, triste porque se terminaron los mimos.
-Si te esfuerzas, serás capaz de subir a la cima-
-Pero si subo, estarás lejos-lo miró triste el zorrito. Hagoromo sonrió.
-No estaré lejos. Estaré contento de que puedes lograr grandes cosas tu solo- le aseguró.
-Pero… Si solo tengo garras- admitió, avergonzado. El anciano lo miró extrañado- Todos tienen algo más… El mapache puede usar la arena, la gata y la pony son ágiles, el mono y el pulpo tienen más fuerza… Hasta la babosa, la larva y la tortuga lo lograron…-
No le gustaba darse cuenta, pero Kurama sabía que, en ese sentido, sus ocho hermanos eran mejores. Él solo era un zorro con apariencia delgada, pelaje bastante esponjoso, y garras afiladas, pero no lo suficiente para escalar el árbol. En cambio, el resto de sus hermanos ya tenían atributos físicos mejores que él… Hasta la babosa.
Se deprimió, bajando sus orejas.
-Kurama, es verdad que tus hermanos tienen otras cualidades, pero tú también tienes unas muy buenas-aseguró Hagoromo.
-¿Cuáles?- pregunto curioso el zorrito.
-Sientes las emociones negativas- sonrió el anciano, y, para sorpresa suya, el pequeño bufó, mirando para otro lado- ¿Qué pasa? ¿No te gusta tu poder?-
-Es que es un poder inútil. A nadie le sirve sentir lo malo de otros. Solo necesito ver si alguien me ataca para saber que es malo- murmuró amurado Kurama.
Hagoromo se rió por lo bajo a causa de la inocencia del pequeño.
-Con el tiempo verás que es un poder útil- le aseguró.
Kurama rodó los ojos, sin creerle.
-Vamos, Kurama. Sé que puedes- le sonrió su padre.
El pequeño lo miró, y, dándose cuenta que no podía ya evitarlo, se levantó, y se dirigió al enorme árbol del que se había caído todo el día.
Se aferró a él con sus garras, y empezó a escalar de apoco, temiendo el momento en que se cayera. No, no iba a caerse. No ahora, que su padre lo miraba, esperando a que lograra sobrepasar ese obstáculo.
Sus patas traseras resbalaron, haciendo que se quedara colgando, sujeto a la madera por sus dos manos, que ya empezaban a resbalar para abajo, dejando marcas en la superficie.
"No otra vez" cerro los ojos, asustado.
Se prometió no caer de nuevo, no quería volver a caer.
En el momento en que sus manos no resistieron más, y empezaba a caer, el pequeño sacudió sus nueve colas, y, por pura suerte, unas cuantas se sujetaron a una de las ramas del árbol, dejándolo boca abajo.
-¡Kurama!- Hagoromo se levantó, preocupado por el zorro, pero se sorprendió al verlo reírse.
-¡¿Viste, viejo?! ¡No me caí~!- sonrió, emocionado por su logro- ¡Voy a subir a la cima!-le aseguró al anciano, subiendo a la rama, y empezando a escalar, con un valor recuperado.
Hagoromo sonrió orgulloso, y se sentó, suspirando. Estaba ya muy anciano para ese tipo de emociones fuertes. Miró como el pequeño zorro, con esfuerzo, y quedando muchas veces boca abajo al caer y sujetarse rápidamente con sus colas a una rama, logró subir a la cima del enorme árbol.
Ese era su hijo.
Kurama, desde la copa del árbol, miró asombrado el paisaje que tenía a su alrededor. Se podía ver todo el bosque. Hasta veía el campamento donde sus hermanos estaban descansando. ¡Era una vista increíble!
-¡Viejo, lo hice…!- miró para abajo, pero su sonrisa se borró al darse cuenta de la altura en la que estaba.
Hagoromo, sentado en las rocas, lo miró extrañado.
Kurama se quedó quieto, empezando a ponerse azul y a sudar a mares al sentir vértigo por la altura…
-¡KYA!-se aferró con fuerza a la copa, con el pelaje erizado y sus nueve colas estáticas- ¡ESTA MUY ALTO, NO ME GUSTA!-gimió de miedo.
Hagoromo lo quedó mirando, y se tapó la boca, para no reírse de la situación de su hijo.
-¡VIEJO, SÁCAME! ¡NO ME GUSTA LA ALTURA!- lloriqueo Kurama, aferrándose con fuerza a la madera, temblando.
Se quedó quieto al sentir como se inclinaba para un lado, quedando colgando, ya que la copa del árbol, al ser tan delgada, ya no aguantaba su peso.
-¡Kurama!- Hagoromo se levantó, sujetándose del bastón.
El zorrito, con lágrimas de miedo en sus ojos rojos, tragó saliva, mirando asustado hacia abajo. Sus orejitas escucharon un grujir, por lo que levanto la mirada.
La rama a la que se sujetaba se estaba partiendo.
-¡VIEJO!- llamó asustado, aferrándose a la rama, que estaba a punto de partirse- ¡PAPÁ!-
La rama se partió, haciendo que Kurama empezara a caer.
-¡PAPÁ!-
-¡Kurama!-
-¡KU-RA-MA!-
El zorro abrió sus ojos rojos de golpe.
Era ya de día, y él seguía acostado con Gyuki y Shukaku, cada uno con Himawari, Bolt y Sarada, que seguían durmiendo.
"Viejo…" entrecerró los ojos, sin poder creer que se había acordado de aquel incidente.
El Sabio, al verlo caer a tan alta altura, lo detuvo a tiempo usando sus poderes, pero, por el susto, se había desmayado, despertando más tarde en el campamento, donde sus hermanos le preguntaban que le había pasado.
Demonios… ¿Por qué se acordó de semejante cosa?
-Ku-ra-ma~-
-¿Eh?-el zorro miró hacia atrás, para encontrarse con la mirada molesta de Sakura.
Parpadeo sorprendido.
-¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTE DESORDEN?!- resonó su voz en toda la casa.
Hinata, que estaba fuera de la habitación, escuchó claramente los puñetazos de la pelirosa, mientras salían volando por la puerta abierta varios de los cojines rotos por la pelea de almohada que tuvieron los Biju y niños la noche anterior.
-¡AY!-Shukaku se sobó adolorido la cabeza, al igual que Gyuki y Kurama, mientras los tres pequeños bostezaban adormilados.
-Oye, Sakura, ¿por qué los golpes?- pregunto adormilado Gyuki.
-¡Los niños pueden enfermarse por dormir con todas estas plumas cerca!- les grito enojada Sakura, haciendo que los tres se taparan los oídos.
-Deja de ser escandalosa, mocosa- murmuró molesto Kurama- Míralos, están bien-señalo con el pulgar a los pequeños, que lo miraban somnolientos.
-Mami, ¿qué pasa?-pregunto Sarada, colocándose sus lentes.
-Nada mi niña~- le sonrió la pelirosa.
"Oye…" Kurama la miró, fastidiado.
-¡Kurama-chan~!- Himawari lo abrazó contenta, fastidiándolo más.
-¡Buenos días-dattebasa~!- Bolt se pegó a Gyuki.
-¿Qué tienen de buenos?- exigió saber Shukaku, dándose cuenta que, últimamente, recibía golpes injustificadamente. Sarada, a su lado, sonrió.
Hinata se asomó a la habitación al darse cuenta que ya pasó el peligro.
-¡Mami~!- sus dos pequeños se le acercaron, contentos.
-Buenos días- Hinata se agachó, abrazándolos.
-¡Buenos días~!- cada uno le dio un besito en la mejilla.
-¡Vamos a jugar-dattebasa!- sonrió Bolt.
-Primero tienen que bañarse, después toman su desayuno, y de ahí van a jugar- le sonrió su madre, acariciándole la cabeza.
-¡Kurama-chan, vamos a bañarnos!- le pidió contenta Himawari, haciendo que el zorro se sobresaltara.
Shukaku y Gyuki se rieron por lo bajo.
-¡Vamos~!- se le acerco contenta.
-¡NO!- el zorro huyo saltando por la ventana.
-¡Ah!- Sakura se asomó a la ventana, pero el zorro ya había aterrizado fuera de la casa- Pero que cobarde-suspiró.
-Ah…- se amuro Himawari- ¡Kurama-chan, malo!- pataleo.
Shukaku no aguanto más, y empezó a reírse a carcajada limpia, al ver como ese nueve colas era tan cobarde…
Dejo de reírse al notar la mirada de Himawari posada en él.
La pequeña girasol sonrió divertida, asustándolo.
-¡Gordo-baka se bañara con nosotros~!- le aviso Himawari a su mamá, arrastrando al mapache de la cola, que se sujetaba al piso con sus manos.
-¡NO!-
-Vamos, Ichibi- Gyuki lo miró sintiendo un poco de pena- Déjala, es solo una niña- le recordó.
-¡NO QUIERO!- negó, pero ya la pequeña lo había arrastrado fuera de la habitación.
Gyuki sonrió algo incómodo, y palideció al notar la mirada de Bolt encima suyo.
-¡Pulpo-chan también-dattebasa~!- sonrió contento el rubio, arrastrando al pulpo por una de sus colas.
-¡No, gracias!- negó Gyuki, pero no se atrevía a ser violento con el niño para que lo soltara- ¡CONDENADO KYUBI! ¡SABIAS QUE ESTO PASARÍA!-
Hinata sonrió apenada, mientras que Sakura bastante contenta. Sarada los miró acomodándose los lentes, pensando que todos los Biju exageraban con cualquier cosa.
Kurama, que se había acomodado en una de las ramas de un árbol cercano a la casa del pulpo, viendo a Naruto y a Bee entrenar, estornudo con fuerza, distrayendo a ambos ninjas.
Gaara, que observaba todo sentado, leyendo un pergamino con información de su aldea, levanto la mirada. El pelirojo estaba con ellos, ya que su hermano, Kankuro, estaba vigilando los alrededores de la isla junto a los ninjas de Kumo. Además de que el pobre ya no quería ser estrangulado por Gyuki.
-¿Kurama?- el rubio lo miró extrañado.
-Oh, vamos. El lanudo ha soltado un estornudo- rapeo Bee, para recibir, de regalo, una gran cantidad de nueces lanzadas con fuerza, por parte del nueve colas.
-Estoy bien- el zorro se acomodó en la rama- Deben ser el Hachibi y el Ichibi-
-¿Shukaku?- se extrañó el pelirrojo, dejando su pergamino y acercándose.
-¿Eh? ¿Por qué? ¿Qué hiciste ahora?- pregunto Naruto, señalándolo.
-Algo que ellos no hicieron: Escape de tus mocosos-
-¿Mis niños? Ah- chocó su puño con su palma, entendiendo- Es la hora del baño-
-Yho, primero mi Hach-chan cambia de tamaño y ahora toma un baño. Solo espero que este año no se ponga huraño- rapeo Bee, divertido-
-¿Shukaku bañándose?- Gaara se quedó pensativo- No lo creo…-
Y, cuando lo dijo, se escuchó cierto grito de ira de cierto mapache, proveniente de la casa, diciendo claramente: ¡YO NO USO SHAMPO!
Naruto y Bee empezaron a reírse, mientras que Gaara parpadeaba sorprendido. Kurama simplemente se rió por lo bajo, feliz de haberse librado de esa.
-Venga, que ambos hermanos se quejan con el lavamanos. Pero vamos, que sus colas quedarán más molas. Te lo digo, que cuando se vislumbren te deslumbran-aseguró Bee.
-Tal vez… Debería hacer que todos los Biju se tomen un baño con mis niños-dattebayo- medito contento Naruto- ¡Eso ayudaría en su relación, y les pondría bonita la piel-dattebayo!-
-¡Idiota!- recibió una nuez en la cabeza por parte de Kurama- ¡Te van a matar si les dices eso!-
-Ya… Era una idea. ¿Qué me sugieres hacer para divertirlos cuando lleguen-dattebayo?- pregunto Naruto, sobándose la cabeza, mientras que, desde la casa, se escuchaban más gritos por parte de los otros dos Biju.
-¿Quieres divertir a los Biju?- Kurama lo miró alzando las cejas.
-Necesitaran tramitar un entretenimiento tras el viento. Cuéntales un cuento, te reto-rapeo Bee.
-¡Eso menos!-Kurama los miró fastidiado- Escucha, Naruto. Nosotros solo vamos a hablar… de lo que sea, y regresaremos- le recordó, molesto.
-¿Tampoco sabes de que quieren hablar?- le pregunto Gaara, mientras el rubio estaba cabizbajo por la poca cooperación de su compañero.
-Sí…- admitió de mala gana Kurama, acomodándose- Solo sabemos que debemos juntarnos-
-¿No creen que puede ser dañoso y peligroso? Idiota, toma nota. Los Biju van con ese espíritu, pero solo consiguen un shampo- señalo su casa.
Kurama, intentando dormitar, frunció el ceño.
-Ninguno sabe de qué quieren hablar, pero saben que deben juntarse- medito Gaara, recordando que Shukaku tampoco sabía el por qué de la reunión-… ¿Podría ser el Jubi?-
Kurama levantó sus orejas, y miró de reojo al Kazekage.
-Oye, me cohibí al escuchar al Jubi. Sus colas golpean con golpe de onda. Aun me duelen y me muelen. No seas pesimista ni alarmista. Yeah-
-Mm… ¿Podría ser? Kurama- Naruto miró serio al zorro, que se sentaba.
-No lo creo. Me daría cuenta- aseguró Kurama, rascándose el cuello.
-Pero si ni siquiera sabes el origen del llamado-dattebayo- le recordó el rubio, recibiendo una nuez en plena cara- ¡DUELE! ¡Kurama, deja de usarme de tiro al blanco-dattebayo!- exigió.
Entonces, una gran cantidad de nueces cayeron encima suyo, haciendo que Bee retrocediera y Gaara fuera cubierto de arena, protegiéndose de la lluvia.
-Mm…- Bee empezó a anotar algo en su libro- Hoy las nueces como peces vienen en la lluvia, que me diluvian. Ni que fuera su temporada, la muy malcriada, que me despeja, diciéndome: Bee, tú eres la abeja, la que aconseja de manera compleja. Oh, Yeah- leyó, satisfecho.
Gaara lo quedó mirando.
-¡¿Qué te pasa hoy?!- exigió saber Naruto, mientras Kurama se limpiaba la oreja- ¡Solo era un comentario-dattebayo!-
-Me aburres- Kurama sopló el cerumen de su dedo.
-Bien… Si tanto te aburro. ¿Por qué no jugamos?- sonrió burlón Naruto, extrañando al zorro- Vamos, sé que te gusta jugar al tira y afloja el chakra…- no terminó, porque esta vez una nuez le llegó en plena boca, ahogándolo.
-¡No me menciones ese jueguito!- amenazo Kurama.
-Vamos, al zorro no le gusta que le recuerden con pelos y señales…- empezó Bee, pero recibió tal nuez en la cabeza, que cayó nockaut al suelo.
Gaara, simplemente, respiro hondo.
-Que asco...- Naruto escupió la nuez- ¡Kurama! ¡¿Qué mosco te pico para ponerte así hoy-dattebayo?!-exigió saber.
El zorro miró para otro lado, sin querer admitir que el recuerdo del viejo le había puesto de malas. No recordaba haber sido tan hijo de papi de pequeño, y eso le molestaba bastante.
Entonces, mientras ignoraba a su Jinchūriki reclamando por su actitud, sintió de golpe que el llamado se intensificó. Se apoyó en la rama, sintiendo como le retumbaba en la cabeza, empezando a jadear, extrañando al rubio.
Kurama empezó a temblar, sintiendo como si le fuera a explotarle la cabeza.
Rugió adolorido, agarrando su cabeza.
-¡Oye, Kurama!-
Pero no le prestó atención al rubio. No podía entender nada de lo que estaba a su alrededor. Solo ese incesante llamado, que resonaba con fuerza en su cabeza.
Abrió los ojos rojos, sorprendido, al darse cuenta que le decía que pronto se juntaría con los demás Biju, y debía… Debía ir con ellos al centro de la isla…
Ya no pudo más… Era demasiado…
Cerró los ojos, y sintió el vértigo de caer. El mismo vértigo que sintió de cachorro cuando cayó de la copa de aquel enorme árbol, pero esta vez no estaba el viejo para detener su caída con sus poderes.
El sabio ya no estaba a su lado. Se había alejado mientras él subía por su vida, y, a pesar de que, después de la Guerra, él se viera satisfecho por su vida, nunca le dijo algo sobre su pasado. Kurama no sabía si el anciano estaba avergonzado por el camino de odio por el que estuvo durante tanto tiempo…
"-Espero que, algún día, encuentres a ese ser amado al que defenderás con todas tus fuerzas-"
-¡Kurama!-
El zorro frunció levemente el ceño… No podía ser el viejo el que lo llamaba… Él ya se había ido.
-¡Kurama! ¡Abre los ojos-dattebayo!-
"Da… ¿Dattebayo…?"
El llamado dejó de resonar con tanta fuerza, volviendo a ser la misma sensación de siempre.
-¡Deja de preocuparme, zorro idiota-dattebayo!-
Kurama frunció el ceño, y se extrañó al no sentir el duro piso. Sentía como si alguien lo estuviera sujetando. Abrió, de a poco, sus ojos rojos.
Su vista, al principio borrosa, se acostumbró de a poco, ya que, al estar boca arriba, podía mirar el cielo del día. Notó el rostro preocupado de Naruto frente a él, y, de lejos, a los mocosos del rap y la arena.
-¡Ah! ¡Ya estas despertando-dattebayo!-sonrió el rubio.
Kurama lo miró más extrañado. Claro, se había caído del árbol después de perder el equilibrio. Pero no sintió el dolor de la caída. Se quedó sorprendido al darse cuenta que Naruto lo había agarrado a tiempo.
-Oye, estúpido, deja tu descuido que casi es dañino. Ponte a expulsar tu idea de asustar. Idiota, que se te nota tu mala onda- rapeo Bee.
-Fue un accidente- le recordó serio Gaara.
-Kurama, ¿cómo te encuentras-dattebayo? ¿Fue de nuevo el llamado?- Naruto ayudo al zorro a sentarse.
-S-Sí…- murmuró, rascándose la cabeza, aun sorprendido de lo que notó entre todo ese dolor de cabeza.
Debía ir con los Biju al centro de la isla cuando estos llegaran. ¿Lo habrá sentido el resto?
-¿Kurama?- Naruto lo miró preocupado.
-Estoy bien- le aseguró, mirando para otro lado.
Rayos, primero el viejo y ahora Naruto…
Se quedó sorprendido por lo que pensó, y miró a su amigo. No pudo evitar recordar la charla con el Sabio, sobre la persona a la que se le protege con todas sus fuerzas…
-¡Bien!- Naruto sonrió y le chasconeo la cabeza, dejandole mal puesta la banda- ¡Si estás gruñón, es porque estas bien-dattebayo!-rió divertido- Pero debes tener más cuidado. Eso fue peligroso-
El cariño que le estaba tomando al rubio se fue de golpe.
-¡NO SOY UN NIÑO, MOCOSO IDIOTA!- le rugió en plena cara, dándole un susto de muerte.
-¡Oh! ¡El zorro ladró, así que ya es un gruñón! Lo pasado, pasado está. Miren quien ha vuelto. ¡Oh, Wiii~!-rapeo entusiasmado Bee.
-¡Cierra la boca!- exigió Kurama.
-¿Por qué…? Estaba siendo amable con él-dattebayo- se lamentó Naruto, acurrucado en el piso- ¿Por qué ese zorro me detesta tanto-dattebayo?-
Gaara lo quedó mirando, y suspiró. No era capaz de seguirle el ritmo a los presentes.
Kurama miró al rubio, y bufó molesto. Idiota, ¿cómo pensaba que él lo detestaba?
-¡KYUBI!-
Todos miraron al frente, donde salían de la casa, bastante enojados, Gyuki y Shukaku, quienes, para sorpresa de los tres ninjas y el Biju, llevaban… en la cabeza…
Moños… rosas…
-¡DEBISTE AVISARNOS DE QUE ALGO ASÍ PASARÍA!- le gritaron en la cara al nueve colas, que los miraba sin procesar lo que tenían en la cabeza.
-¡¿Q-Quién les-les puso eso-dattebayo?!- preguntó Naruto, aguantando las risas, mientras Bee se tapaba la boca para no reírse de su compañero, y Gaara se había quedado mirando en blanco al mapache.
-¡TU PULGA!- gruñó Shukaku.
-¿Eh…?- Kurama parpadeo, volviendo a la realidad. El zorro los quedó mirando, y, para sorpresa de ellos, infló los cachetes aguantando una risa.
Kurama no pudo más, y se tiró al piso, riendo a carcajada limpia.
-¡ESTO ES CULPA TUYA!- le aseguraron ambos Biju, enojados, mientras se quitaban los listones.
-¡Vamos, chico, cierra ese hocico! ¡No hagas tanto lío! ¡El rosón viene con el jabón incluido! ¡Mm, que buen olor!-rapeo Bee, recibiendo un combo en pleno estomago por parte del pulpo.
-¡Te estás pasando, Bee!- le aseguró molesto Gyuki, con su puño echando vapor, mirando al moreno tirado en el piso.
-Hach-chan… Tu puño viene a demoler, como mi Brother a atender…Me vienen a repeler sin saber que voy a fallecer-jadeo el moreno, adolorido.
-¡Nunca he sido humillado de esta manera!- reclamo molesto Shukaku, y se fijó que Gaara aun lo miraba- ¡¿Qué?! ¡¿También te vas a burlar?!-exigió saber.
-…- el pelirrojo tomo la cinta que el mapache se había quitado-…- miró al Biju- No es tu color-
-¡GAARA!- le rugió en la cara Shukaku.
Naruto no aguanto más, y se tiró al piso riendo, junto a Kurama, que se retorcía de la risa.
El zorro se juró nunca decirle a esos dos Biju que a él nunca le pusieron un rosón. Eso era nuevo.
En eso, Hinata salió de la casa, buscando a los dos seres con cola que se escaparon cuando Himawari, después de ponerles una cinta a cada uno, planeaba ponerles maquillaje.
-¡Ah!- los vio reclamándole a Kurama que era un traidor por no avisarles de los riesgos que tenía tomar un baño con los niños- ¡Gyuki-san, Shukaku-san!- la mujer se les acercó.
-¡H-Hola, Hi-Hinata!- saludó su marido, sin parar de reír.
-¡NO NOS METEREMOS A ESA TINA INFERNAL DE NUEVO!- aseguraron de inmediato los dos Biju.
-N-No es eso- negó avergonzada Hinata- ¡Y-Yo realmente lamento que mis hijos los obligaran a tomar el baño, intentaran hacer que comieran el jabón, tragarse el shampo, y lo de los rosones!- se inclinó la mujer, sorprendiéndolos- ¡Realmente lo lamento, Gyuki-san, Shukaku-san!-
Ambos la miraron, se miraron, y suspiraron.
-Está bien- murmuró Gyuki, notando la sonrisa de Bee.
-¡Pero no nos meteremos de nuevo!- aseguró Shukaku. Gaara sonrió levemente.
-Sí, gracias- sonrió agradecida Hinata.
Naruto miró a su esposa, que, en esos momentos, le demostraba que hasta los Biju la trataban como la delicada mujer que era.
-¡Hinata~!- empezó a abrazarla, sonrojándola bastante- ¡Eres muy linda-dattebayo~!-
-Na-Naruto-kun- Hinata se puso completamente colorada.
-Ya están de nuevo- suspiró Kurama, ya recuperado del ataque de risa que le había dado. Notó las miraditas de sus dos hermanos.
-No nos olvidaremos de esta- le aseguraron.
-Sí, claro- el zorro se rascó la oreja- Por cierto- se sentó, mirándolos serio- ¿Sintieron algún llamado?-
-¿Un llamado?- se extrañó Gyuki.
-Estábamos más ocupados en sobrevivir, que en sentir cosas sin sentido, estúpido zorro- lo señalo molesto Shukaku.
-¿Por qué?- el pulpo lo miró preocupado.
-… Nada- Kurama miró para otro lado. No era necesario preocupar a nadie, no por ahora.
-¡Papi~!-
El rubio dejo de abrazar a su sonrojada esposa, para ver a sus hijos, acompañados de Sarada, Sakura y Lee, saliendo de la casa, corriendo hacia ellos.
Kurama y el resto se quedaron en blanco al ver que, Bolt, Sarada, y Himawari, llevaban, cada uno, un traje elástico verde, idénticos al del ninja del Taijutsu.
El zorro se quedó completamente de piedra.
-¡Mis niños se ven tan tiernos-dattebayo~!- Naruto ahora apapacho a sus hijos, que estaban muy emocionados con los nuevos trajes, en cambio, su madre los miraba totalmente avergonzada.
En eso, Gyuki y Shukaku se dieron cuenta que Kurama seguía sin moverse, con la boca abierta. El mapache lo zarandeo brevemente, pero no hubo caso. El zorro estaba completamente shockeado.
-Creo que perdimos al zorro- suspiró divertido Shukaku- No me extraña. Las pulgas se ven bien raras con esas pintas-
-No me lo recuerdes- pidió fastidiado el pulpo, empezando a darle palmaditas a Kurama en el rostro.
-Lee- llamó Gaara- ¿Por qué los trajes?- pregunto, sin entender.
-Porque es un shannaro- aseguró molesta Sarada, mientras que Shukaku y Gyuki empezaron a darle toquecitos al zorro shockeado con unas ramas, para ver si reaccionaba.
-Vamos. Te ves bien tierna- le aseguró Sakura. La niña de lentes se sonrojo molesta.
-Te equivocas, Sarada-chan- aseguró Lee- Estos trajes son excelentes para moverse con mayor facilidad, y como estamos en un terreno de este tipo, la capacidad es algo primordial.
-¡Sí~!- sonrieron entusiasmados los dos hermanos.
-¡Woa! ¡Tu estilo asimilo, pero te digo que me deja intranquilo! Imposible estar tranquilo con este tipo- aseguro Bee, y Gaara asintió de acuerdo.
-Al fin le atinas a algo, Bee- le comentó Gyuki- ¡Vamos, Kyubi!- empezó a zarandear al zorro con fuerza- ¡Regresa en ti!-
Kurama parpadeo, recuperando el sentido. Miró mecánicamente a sus dos mocosos en brazos de Naruto, con ese horripilante traje. Volteo la mirada a Sarada, que también lo llevaba, pero bastante molesta.
-¡ESTÚPIDO MOCOSO!- el zorro se abalanzó a un sobresaltado Lee, y empezó a morderle la pierna.
-¡DUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEELEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!-
-¡Ah! ¡Kurama!- se sobresaltó Naruto, dejando a sus hijos en el suelo.
-Aquí vamos- Gyuki se tapó la cara, fastidiado, mientras Hinata, Sakura y Naruto agarraban al zorro, en un intento de liberar a Lee, quien lloraba a lagrima viva.
-¡Kurama-chan tiene rabia-dattebasa!- se rió Bolt, causándole una risita a Shukaku.
-Son unos shannaro- les aseguró Sarada, sobresaltándolos.
-¡Pulga!- se molestó el mapache.
-¡Yho! El zorro mira el diseño y lo considera tanto aberrante como extravagante. Míralo, que no lo considera un regalo. Pero claro, un protector es él que vislumbró, escaneo y no le gusto lo que vio. ¡No te metas con él, te digo, que se pone peor que una abeja a la miel! ¡Oh, Wiiii~!-aseguró Bee.
Gyuki suspiró, y se fijó que Himawari se había quedado mirando a Gaara, totalmente sonrojada.
El Kazekage se dio cuenta que la pequeña lo observaba, y, al voltearse, miró a la niña, que se quedó totalmente roja. Le sonrió para tranquilizarla.
-Te queda el verde- le comento, en un intento de calmarla.
Himawari se puso roja, y se desmayó.
Gaara se quedó en blanco, mientras Gyuki se tapaba la cara. ¡Lo que le faltaba!
-¡KYA! ¡HIMAWARI!- se horrorizo Naruto, y fue corriendo a ver a su tesoro, acompañada de una preocupada Hinata.
Al escucharlo, Kurama dejó la pierna de Lee, que suspiró aliviado, y se percató de que su niña estaba desmayada, y roja…
Gaara notó la mirada del zorro, y se extrañó en verlo en chakra oscuro.
-¡MOCOSO…!-
-¡SHANNARO!- Sakura le dio tal puñetazo en la cabeza, que Kurama quedó nockaut en el piso.
Gyuki y Shukaku retrocedieron inmediatamente, asustados al ver que una humana podía dejar en ese estado a un Biju.
-¡Suficiente!- bufó la pelirosa, sin querer más problemas.
-Los cerezos pueden pescarte del pescuezo, sin arrepentimiento de darte un escarmiento- murmuró Bee, igual de asustado que Bolt.
Al rato...
Himawari volvió en sí y sus padres, sentados dándole aires, suspiraron aliviados.
-¿Qué paso?- los miró curiosa la pequeña.
-Nada, mi linda preciosa-dattebayo~- aseguró Naruto, acariciándole la cabeza, y le pegó una miradita a Gaara, quien se sobresaltó levemente.
¿Qué le pasaba a todo el mundo? ¿Acaso hizo algo malo?
-¿Escuchaste?- Sakura le plantó cara a Kurama, que miraba para otro lado- Te vas a tener que aguantar tu genio si Himawari-chan se desmaya. No quiero más escándalos- le repitió.
El zorro cerró los ojos molesto, sin querer responderle a la pelirosa.
-¿Entendiste?- le pregunto ella, con un aura asesina.
-Está bien- murmuró de mala gana.
-¡Así me gusta~!- Sakura le dio unas palmaditas en la cabeza, como si fuera un niño, cabreándolo bastante.
Gyuki y Shukaku miraban con una gota en la cabeza al zorro, mientras Bolt se reía y Sarada se acomodaba los lentes.
-¡Bee-sama!- Motoi apareció cerca del moreno, extrañándolo.
Los demás le prestaron atención.
-¡Yho! ¡Dime, soy todo oídos!-
-¡Tenemos problemas!- le informó, preocupado.
-¡¿Brother me viene a recoger?!- rapeo, totalmente alterado.
-¡No!- negó rápidamente, haciendo que el moreno suspirara, sumamente aliviado- ¡Hemos detectado un objeto volador que se acerca rápidamente a la isla!-
-¡¿EH?!- se quedaron atónitos Naruto, Bee, Lee, Sakura y Bolt.
-Kurama-chan, ¿qué es un objeto volador?- pregunto Himawari.
-¿Y yo que voy a saber?- le pregunto, aun celoso.
-¿No será Nanabi?- sugirió Gyuki- Es el único que puede volar-
-¿Otro hermanito?- pregunto curiosa Sarada.
-Sí. Un insecto volador- resumió Shukaku.
-Al parecer si es el Nanabi- explicó Motoi- El problema es que viene directamente hacia acá-
Todos los presentes se quedaron quietos.
-¡¿QUÉ COSA?!-
Gaara rápidamente creo un montículo de arena debajo suyo, y se elevó, para poder ver el panorama. Se quedó totalmente sorprendido al notar como, en verdad, un punto azul con seis alas y una cola verde se acercaba sin control hacia ellos.
-¡Gaara!- lo llamó Shukaku.
-¡Es él! ¡Pero parece que no puede controlar la trayectoria y su velocidad!-
-¿Qué le ha pasado a Chomei?- se preocupó Naruto.
-¿Un hermanito de Kurama-chan está en problemas?- se entristeció Himawari.
-¡Hay que ayudarlo-dattebasa!- aseguró Bolt.
Los tres Biju presentes se miraron, y asintieron.
-Naruto, nosotros estabilizaremos a Nanabi- le aseguró Kurama.
-Déjenos esto a nosotros-le pidió Gyuki a Bee.
-Podremos detener su vuelo- aseguro Shukaku, mirando al pelirrojo.
-Pero, si vuelven a su estado original…- recordó Lee.
-Sí. Nos quedaremos tirados en el piso por falta de chakra- gruñó Kurama- ¡Pero no tenemos tiempo!-
-Está bien- asintió serio Naruto.
Los tres Biju asintieron y se internaron en el bosque.
-¡Kurama-chan!- Bolt y Himawari miraron preocupados al zorro, que se detuvo y los miró de reojo. Les sonrió, y siguió a sus dos hermanos.
El Nanabi se dirigía con fuerza a la Isla Tortuga, sin ser capaz de controlar ni dirección ni velocidad, empezando a estrellarse con los árboles peligrosamente.
En uno de los bosques, frente al Biju, se formaron tres estelas de humo, dejando ver al Ichibi, al Hachibi, y al Kyubi en sus formas originales.
-¿Qué rayos le pasa?- murmuró Shukaku, haciendo una pose de manos, mirando como el insecto volador ya se les estaba acercando.
-No lo sé- gruñó Kurama- Hachibi, ¿listo?-
-Sí. Solo debemos pararlo- el pulpo se preparó, al igual que el zorro.
-Ichibi, no te tardes con esa pared- Kurama lo miró.
-Oye. Que tus pulgas me traten como quieren no significa que puedes darme ordenes- le recordó Shukaku.
El zorro sonrió levemente, y miró serio al Biju volador que se avecinaba sin control. ¿Qué le pasaba?
-¡Ahora!- rugió, y, con el Hachibi, corrió en dirección del Nanabi.
Ambos lo interceptaron a tiempo, empezando a detenerlo, pero les era más difícil de lo que pensaban, ya que era demasiada la velocidad con la que Chomei se estrellaba.
-¡ICHIBI!- rugió Kurama, sin soltar a su hermano volador, porque, si dejaban que siguiera estrellándose, terminaría pasando a llevar la casa de Bee, donde estaban sus mocosos.
No iba a permitir eso.
-¡Sunakabe!-Shukaku golpeo el piso con ambas palmas, creando una pared enorme de arena frente a él, donde se estrellaron Chomei, Gyuki y Kurama, doblándola, sobresaltándolo.
Pero la técnica cumplió su cometido. Lograron detener el aterrizaje forzoso de Chomei.
El mapache suspiró aliviado.
Gyuki y Kurama, apoyados en la pared deformada, jadearon cansados, y se incorporaron, para levantar a Chomei, que, para sorpresa de ambos, estaba desmayado, con los ojos dándole vueltas.
¿… Eh…?
-Oye… ¿Nanabi…?- lo miró Kurama, parpadeando unas dos veces.
-¡JUVENTUD!- gritó entusiasmado Lee.
-¡Sí~!- lo apoyaron Bolt y Himawari, contentos con sus trajes.
-No...- murmuró Sarada, fastidiada.
-¡Vamos, Sarada-chan! ¡Debes aprovechar el tiempo al máximo para apreciar la juventud al rojo vivo!- le informó Lee- ¡Así sentirás que puedes hacer lo que quieras! ¡Desde 250 vueltas a la isla, hasta 1.000 sentadillas!- aseguró, con fuego en sus ojos.
-No quiero-
-Déjala, Cejas Grandes-oniichan. La cuatro ojos suele ser así de fome-dattebasa- aseguró Bolt, recibiendo una patadita por parte de Himawari, que lo miraba con los cachetes inflados.
-¡Sarada-chan! ¡Sé que tienes un enorme fuego juvenil en tu interior!-le informó, levantando el pulgar.
La pequeña lo quedó mirando.
-¡Kurama-chan!- llamó.
-¿Ahora qué?- el zorro se les acercó- ¡¿Aun siguen trayendo esas cosas verdes?!-
-¡Son lindas, Kurama-chan~!- sonrió Himawari, con Bolt a su lado, saltando en una pierna, bastante adolorido.
-¡En lo absoluto!-aseguró molesto el zorro- ¿Y bien, mocosa?- miró a Sarada- ¿Qué sucede?-
-Lee-san me dice que corra 250 vueltas a la isla, y que después haga 1.000 sentadillas- la pequeña señalo a Lee, que parpadeo.
El ninja del Taijutsu se espantó al notar la miradita que le pegó el nueve colas.
-¡¿QUIÉN TE CREES QUE ERES, MOCOSO IDIOTA?!-
-¡AAAAAHHHHHHH!-
-Oye, oye- me quedé mirando la paliza que le daban al pobre ninja- Sarada, sabes aprovechar bien tus cartas-le aseguré.
La pequeña sonrió.
-Bueno, niños, den la despedida-
-¡Sí~!-
-¡Gracias por leer-dattebasa!-grito entusiasmado Bolt.
-Nos vemos en el próximo capitulo-Sarada se acomodó los lentes.
-¡No olviden comentar~!- sonrió contenta Himawari.
-¡QUE ALGUIEN ME SAQUE DE ENCIMA A KURAMA-KUN!-
-¡NO ME LLAMES ASÍ!-
¡Nos vemos y no olviden comentar^^!
