CAPITULO 6
LAS MENTIRAS BLANCAS NO EXISTEN
No era la primera vez que me subía a una motocicleta, no era la primera vez que abrazaba a Edward y me embriagaba con su colonia y esencia natural, no era la primera vez que pasaba por la carretera a La Push, pero era la primera vez que sentí que esas tres cosas que al unirse me hacían pensar que Edward era mío, sólo por estos minutos, sólo por este momento cuando estoy abrazando su espalda entrelazando mis dedos en su abdomen, mi mejilla en su cuello, oliendo, tocando, hasta saboreando lo salado de su piel aunque no pudiera tocarla. No importaba que el viento fuera feroz contra mi cara haciéndome titiritar de frío, no importaba que Edward no me estuviera mirando directamente, porque podía cerrar mis ojos e imaginar que yo y Edward íbamos juntos a algún lado, como pareja, como amantes, como novios, como lo que sea, sólo él y yo. Tanto no importaba que me atreví a fantasear que él también lo deseaba, que se sentía igual que yo. Pero las fantasías son hechas para destruirse…
No fue tiempo suficiente el recorrido, no sé cuánto hicimos hacía la playa. Mi idea claro, pues nunca había ido a la playa de La Push con Edward, no solos. Quería compartir con él el amanecer igual que hace unos días cuando fui a La Push con Rosalie y me puse a ver las estrellas pensando en él. No le dije eso, claro, sólo le dije que ese era mi deseo y el aceptó, como siempre.
Edward se paró junto a la entrada de la playa donde empezaban a verse rocas y el nacimiento de la arena suave y blanca. El viento del mar me despertó de mi conflicto interno al mismo tiempo que Edward suspiró.
-Es tan pacífico aquí, nunca había venido cuando está solo- Dijo Edward.
-Yo tampoco, es hermoso, por eso quería venir, sobre todo porque el amanecer es lo más bello que he visto- Aparte de Edward, pensé.
-¿Has venido al amanecer aquí?-
-Si cuando vine con Rose hace unos días, poco después nos fuimos- Edward no dijo nada. Decidí bajarme de la motocicleta y desligarme del torso de Edward. Quité el casco que Edward me había obligado a usar, su casco, él no llevaba ninguno. Caminé unos pasos y volteé a ver a Edward que estaba aún sentado en su Yamaha pensativo, admirando las estrellas tratando de desaparecer. Moví mi mano para tratar de despertarlo de su ensueño.
-¿Edward?, ¿quieres dar un paseo?- Edward volteó a verme y sonrió.
-Si- Vi como se bajaba y ponía el freno de la motocicleta. Extendí mi mano y él la tomó. Si un extraño nos viera pensaría que estábamos enamorados, y no que éramos una tragedia, donde sólo uno era el que amaba. La marea no era muy alta, pero decidimos quitarnos los zapatos, él sostenía ambos en una mano y yo igual, las manos que estaban cerca del otro estaban aún unidas.
Al principio no dijimos nada, sólo disfrutamos la vista, la soledad, el silencio y cacofonía que el mar creaba. Una luna menguante a medio morir y el cielo en un azul cobalto por el inminente amanecer nos hacían ver como estalactitas brillantes, iluminando nuestros rostros, especialmente el de Edward que podía ver en mi visión periférica. De vez en cuando movíamos nuestras manos balanceándolas como dos niños jugando en el parque. De vez en cuando cruzábamos miradas. De vez en cuando apretaba más mi mano y suspiraba mirando al cielo. De vez en cuando maldecía por dentro por no poder besarlo en este perfecto momento. Tomaría lo que pudiera me decía, tomaré aunque sea el toque de su cálida mano y el brillo de sus ojos, y una vez que esté resignada con nunca estar satisfecha de él, trataré de convencerme que es lo mejor mantenerlo en la ignorancia de lo que siento por él.
-¿En qué piensas?- Preguntó Edward, sorprendiéndome y alegrándome que haya roto el silencio que yo no era capaz de romper por temor a decir algo que pudiera arrepentirme, como ahora.
-En ti- Edward paró de caminar y yo unos pasos delante de él todavía sosteniendo su mano me inmovilicé al darme cuenta de lo que dije. Tenía que remediar mi diarrea oral. Volteé a verlo y él estaba pensativo, mirándome atentamente, al parecer tratando de formar una sonrisa pero parecía más una mueca de impresión y horror, me asusté por decir menos.
-Es decir, estaba pensando que nunca habíamos venido juntos, no sé porque nunca se me ocurrió venir-
-¿Te importa si nos sentamos aquí un momento?- Edward sugirió. Yo asentí y Edward se sentó en la arena, primero dejando caer sus zapatos, con sus piernas dobladas y sus brazos sobre sus rodillas, su mentón recargado en uno de sus antebrazos. Yo me senté con las piernas estiradas y los codos hacia atrás tocando la arena, mis zapatos a un lado mío donde los había dejado. Los dos nos quedamos callados por un momento.
-Jacob- Dijo Edward. Yo parpadeé en sorpresa por la palabra que Edward acababa de pronunciar, no muy segura si había hablado realmente o lo había imaginado. Me levanté imitando la pose de Edward.
-¿Disculpa?- Dije tratando de que Edward repitiera lo que dijo.
-Nunca vinimos aquí juntos por que tú estabas con Jacob siempre que venías aquí. Yo no tenía motivo para venir a menos que fuera para recogerte-
-No es verdad, yo siempre te invitaba a las fiestas de la reservación Edward, has venido un par de veces a ellas-
-No soy bienvenido aquí Bella- Dijo volteando su cara y hundiendo sus ojos en mi.
-¿Dé que hablas?, ¡claro que eres bienvenido!- Edward sonrió un poco sarcástico y un poco triste mirando a la arena.
-Jacob nunca le gustó mi presencia, no le gustaba que estuviera cerca de ti aunque tú lo demandaras. Entiendo su animosidad-
-¿Animosidad?, Edward, ¿Jacob alguna vez te trató mal y no me dijiste?- Edward se rió y tomó mi mano.
-Jacob era un adolescente, por supuesto que era hostil conmigo, él en su estado de macho alfa pensando que trataba de robarte o algo así. Pero no, nunca hemos llegado a nada físico, sin embargo no puedo decir que no lo deseaba él o yo- Yo fruncí mis cejas tratando de comprender.
-Todo este tiempo… ¿me estas tratando de decir que todo este tiempo que venías a aquí o Jacob estaba en el mismo lugar, ustedes peleaban secretamente?-
-No, no peleábamos, en el sentido estricto, sólo….no sé… tratábamos de mostrar dominancia, estúpidamente, por ti, lo sé es estúpido, inmaduro, lo puedo aceptar de Jacob pero no de mí, soy mayor y no puedo creer que haya caído en sus provocaciones-
-¿Caíste en sus provocaciones?- Edward me miró nuevamente.
-Un par de veces discutimos, nada serio, no queríamos hacerte sentir mal o que te molestaras, acordamos ser civiles cerca de ti, pero siempre que venía a La Push contigo él me recordaba que tú eras su novia y era su deber protegerte que yo sólo era un amigo, un conocido que no tenía la importancia que él tiene en tu vida. Así que cuando me empezaste a invitar y desistía lo hacía porque sabía que él tenía razón.- Quería llorar, gritar, golpear algo, ¿cómo se atrevía Jacob a decirle esas blasfemias a Edward?. Edward notó mi desagrado y apretó más mi mano, yo la quité instintivamente. Estaba furiosa y no sabía cómo decirle a Edward que Jacob nunca estuvo más equivocado. Quería llorar y la emoción opacaba cada intento que hacía en hablar para explicarle a Edward, para decirle la realidad de las cosas.
-Edward…Jacob es un estúpido- Fue lo más cercano a desmentirlo que pude, lo sé, es patético. Edward tomó mi mentón con su mano y quitó unas lágrimas que no sabía que estaban saliendo. Mi cara estaba helada y no podía sentir nada.
-Bella..- Lo paré antes de que se disculpara como siempre lo hace, por nada.
-No Edward, déjame hablar. Jacob es un estúpido porque nunca estuvo más equivocado, él…él no tenía idea de que estaba hablando. ¿Cómo se atreve a decirte todas esas cosas?, ¿por qué nunca me lo dijiste?- Exhalé- Edward no sé si lo sepas pero tienes una gran importancia en mi vida, más que Jacob, porque tú siempre estuviste ahí por mí, siempre has cuidado de mi, eres más que mi protector, nunca me sentí segura con Jake como contigo, él era mi novio sí, pero tú eras, eres…- No sabía en qué categoría ponerlo, o más bien no sabía en qué categoría decirle que estaba sin delatarme.-…eres mi constante- Lo volteé a ver para asegurarle que era serio lo que decía.
-Edward, no te lo digo por agradecimiento que si bien es una parte, sino porque eres una de las pocas personas que admiro, eres noble, y tienes la mejor alma con la que me he topado. Jamás me atrevería a catalogarte como amigo solamente, estaría rebajando tu importancia en mi vida. Y Jacob ¡ugh¡ Jacob nunca entendió eso, siempre cerrado de mente, nunca entendió que me eras necesario, como él lo fue en un tiempo, la diferencia es que Jacob rompió y desmembró todo lo que pensé de él. Jacob siempre ha sido muy egoísta e inmaduro. Pero tú a diferencia de él, nunca pides nada en cambio, aún cuando lo merezcas, nunca pides nada de mí, y es por eso que todo lo que trato de darte nunca me parece suficiente, siempre pienso que no soy la mejor amiga, la mejor hermana, la mejor confidente. Siempre he pensado que tú eres el amigo perfecto y yo soy una adolescente con problemas triviales que tu tienes el buen corazón de escuchar- Edward soltó mi mano y tocó mi mejilla.
-No sé qué decir Bella, me hace feliz saber que tengo esa importancia en tu vida, porque tú también la tienes, no tienes idea de cuánto. Y jamás pienses que no eres una buena amiga, eres más que eso, tú también eres mi constante, mi complemento, y nunca te terminaré de agradecer todos estos años que fuiste la única en hacerme sentir que le importaba a alguien, siempre has sido leal y noble, tú también eres la persona con la mejor alma con la que me he topado- Yo seguía llorando y sonriendo por sus palabras. Edward aún con su mano en mi mejilla miró al cielo y sonrió.
-Bueno ahora no tienes por qué preocuparte de Jacob, ahora podemos venir aquí sin que tú y él quieran marcar territorio- Edward se rió.
-Tú no eres un territorio o una cosa Bella- Dijo quitando su mano y poniéndola nuevamente sobre su pierna; su mentón se levantó y él se hizo hacia atrás acostándose en la arena. Yo quería decir algo pero no pude, sólo lo miré mientras cruzaba sus manos bajo su cabeza y cerraba los ojos. Luego sentí su mano jalándome hasta que estaba a un lado de él en la arena separados por unos centímetros, nuestras manos con palmas abajo en la arena, nuestros dedos meñiques apenas tocándose. Me sentí fuerte y valiente. Puse mi mano sobre la de él y entrelacé nuestros dedos. Tenía terror que él leyera mis verdaderos sentimientos, tenía terror de su rechazo, pero nunca lo hizo.
-¿Por qué nunca me dijiste todo esto Edward?- Pregunté mirando las estrellas desvanecerse poco a poco. Edward soltó un poco sus dedos de nuestro entrelazamiento. Me asusté y volteé a verlo, para mi sorpresa el estaba con su cabeza girada en mi dirección, estábamos tan cerca…
-Porque no quería que tuvieras que escoger entre los dos. Sabía que si te decía, tú le reclamarías a Jacob y Jacob te obligaría a escoger, no quería llegar a eso, porque sufrirías demasiado y porque…- Entre cerré mis ojos, Edward tragó saliva y volteó su cabeza hacia el cielo.
-¿Por qué?-
-Porque lo amabas Bella, porque sabía que lo escogerías a él- Sentí un dolor en mi pecho, saber que Edward alguna vez sintió un indirecto rechazo de mi, que alguna vez sintió que no lo escogería a él. Pero era comprensible, él siempre pensó que era un hermano-amigo para mi, y que Jacob era el amor de mi vida, y hasta cierto punto yo también pensé eso en algún momento, pero eso fue cuando tenía 15. Hace varios años ya que sé que Jacob no es el amor de mi vida. Sin embargo aquí estoy sin saber que decir, sin saber cómo confortarlo sin delatarme y arruinar nuestra relación. No quería decir que lo escogería a él, porque sino él sospecharía. Estúpidamente decidí contestar ambiguamente.
-Me alegra que no me hayan hecho escoger, que Jacob no me haya hecho escoger- Aunque te hubiera escogido a ti sin duda, pensé. Edward no dijo nada y siguió mirando al cielo, nuestros dedos estaban flojos sin hacer fuerza, sólo reposando piel contra piel.
-¿Bella?- El cielo estaba tomando un todo verdoso y rosado, el azul apenas se distinguía y el horizonte por la parte de oeste amenazaba con una luz solar indicador de un nuevo día.
-¿Si?-
-El otro día en la cabaña, cuando dijiste que le diste tu corazón a alguien que no debías te referías a Jacob ¿verdad?- ¿qué se suponía que contestara?, no era estúpida, no podía correr en círculos en mis propias mentiras, pero no tenía otra opción, seguir mintiendo hasta que yo misma me lo creyera.
-Si- No quise agregar nada más. Los dedos de Edward se apretaron a los míos y sentí que su contacto era una muestra de afecto y a la vez de entendimiento.
-¿Y es por él que te fuiste, porque rompió tu corazón?-
-Él no rompió nada por el mismo, yo lo ayudé, yo soy la culpable- Edward se levantó y se inclinó en su codo con su cuerpo hacia mí.
-Bella, no puedo creer lo que me dices, ¿quieres decir que él hecho que él te haya engañado fue tu culpa?-
-No en ese sentido, yo casi no le ponía atención, pero no sólo fue el engaño. Fue todo, fue mi confianza y fe ciega en que él era perfecto y no podía hacer nada mal, no soporté la decepción, debí de haber sabido mejor. Pero si te refieres a que por esa sola razón me marché, no, no fue solamente por él-
-Bella, no entiendo aún, no entiendo, explícame por favor, porque hace unos días me dijiste que no lo amabas y ahora…a veces no sé qué creer- Edward me miró.
-Él…él es importante Edward-Porque lo era, Jacob aún formaba parte de mi vida, en maneras que él no imaginaba y mientras no supiera que pasó tres años atrás seguiría arrastrando este sentimiento confuso hacia Jacob.
-¿Regresaste por él?- Cerré mis ojos planeando una respuesta que no rompiera mi corazón.
-Si- Eso es lo que todos quería escuchar, eso es lo que Edward quería escuchar y maldita la hora en que dije ese sí.
-¿Contento?- Sentí los ojos de Edward a pesar que yo miraba al cielo y veía el amanecer nacer.
-No, sólo dime la verdad, dime que no has dejado de amarlo es todo, soy tu amigo y puedo ver que aún sientes algo por él- Lo que no sabía Edward es que lo que sentía era culpa y no amor. Contestar esa pregunta honestamente sólo terminaría en un gran caos.
-¡Si Edward, regresé por Jacob, regresé porque aún lo amo!- Volteé a ver a Edward sus ojos eran indescriptibles, traición, dolor, temor, alivio, resignación, entendimiento…
-¿Bella?- Volteé inmediatamente a la familiar voz. Detrás de Edward a unos metros estaba Jacob. Luego miré a Edward nuevamente que había cerrado sus ojos y apretaba su quijada, en señal de su desagrado a la presencia de Jacob, conteniéndose.
-¿Bella, que fue lo que dijiste?- Me traté de incorporar y seguía mirando a Edward que estaba ahora sentado como lo había estado antes con sus piernas flexionadas y su mentón sobre sus brazos.
-Jacob, ¿qué haces aquí?- Jacob caminó unos pasos hasta que se paró detrás de Edward justamente. Edward no se movió, de hecho parecía una estatua sus ojos perdidos en el mar.
-Vi la motocicleta de Cullen y…voy a…pasaba por aquí- Jacob se veía nervioso y ansioso.
-Bella, ¿podemos hablar un momento, a solas?- Miré a Edward nuevamente. Toqué su hombro pero él no reaccionó.
-¿Edward?, ¿Estás bien?- Edward salió de su estupor.
-Sí, ve a hablar con él, te espero aquí- Cuando habló no me volteó a ver. Asentí aunque sabía que no me veía y me levanté. Jacob trató de ayudarme pero lo rechacé, estaba enojada con él, injustamente, él no tenía la culpa de que yo dijera esas cosas, esas mentiras y ahora Jacob si había escuchado la parte final de la conversación estaría pensando mil cosas, mil conclusiones erróneas y eso sólo complicaba todo, o tal vez lo facilitaba. Si Jacob pensaba que regresé por él, tal vez mi parte en este misterio sería más fácil.
Jacob me encaminó hacia unas rocas, aún podía ver a Edward en la misma posición a unos metros.
-Bella, ¿es verdad lo que le dijiste a Edward?- Se escuchaba extraño que Jacob dijera su nombre, y no su apellido. ¿Quería decir que Jacob había madurado?, no lo sabía.
-No quiero hablar de eso Jacob, no ahora-
-¿Qué haces aquí con Cullen?- Nuevamente el Jacob que conozco, hostil y posesivo tomó su lugar. Yo levanté la ceja.
-¡Mierda!, ¿qué horas son?- Jacob extrañado le tomó un momento tomar su celular y leer la hora
-6:45,¿por qué?-Exhalé y abrí mis ojos en pánico.
-Edward y yo tenemos que irnos- Dije regresando mis pasos hacia Edward, Jacob me detuvo.
-Espera, ¿a dónde vas?, tenemos que hablar Bella-
-Jacob, este no es el momento, Rosalie me necesita-
-¿Rosalie?, ¿qué pasa con ella?, ¿está bien?-
-Ella trató de hablarte ayer, pero no contestaste. Rosalie está en la cárcel y Edward va a Port Angeles al banco para retirar dinero y pagar su fianza- Parecía que le había aventado un balde de agua helada a Jacob, estaba inmóvil y sin palabras, raro en Jacob.
-¿A qué te refieres con que Rosalie está en la cárcel, que hizo, que pasó?- Jacob al fin reaccionó.
-Es una larga historia, ella está en la comisaría de Port Angeles, creo que le agradará verte, ¿por qué no vas y la visitas?- Mientras me zafaba de su brazo y me dirigía a Edward. Cuando llegué me recliné hacia él, él me miró y me sonrió tristemente.
-Lo siento, era necesario, sino seguiría acosándome- Edward se rió.
-Si supongo, ¿todo bien?-
-Excelente- Dije sarcásticamente
-Son las 6:45, creo que tenemos que irnos para llegar justo cuando abran el banco- Edward asintió y se incorporó, Jacob aún estaba metros detrás de nosotros tratando de hablar por teléfono. Pude escuchar que estaba hablando a alguien diciendo que tenía una emergencia familiar.
-Voy con ustedes- Dijo Jacob cuando nos vio caminar hacía la Yamaha.
-Los seguiré a Port Angeles- Concluyó, yo miré a Edward y él me miró como diciendo que era mi decisión.
-Jacob, no tiene caso, además le serás más necesario a Rosalie, está sola-
-¿Sola? , ¿Y porque la dejaste sola?- Cuestiono Jacob
-Estaba dormida cuando nos fuimos, y… Jacob no tengo que darte explicaciones, es mejor que vayas a la comisaría y nosotros al banco- Jacob apretó su quijada y apretó sus puños pero no dijo nada. Tomé la mano de Edward pero él apenas si correspondió. Su ánimo cerca de Jacob siempre había sido tenso pero ahora parecía…desolado. Era obvio que pensó que ahora que la verdadera razón de regresar a Forks era Jacob, imaginaba que caería en la misma relación miserable o yo que sé que pasaba por su cabeza. Edward nunca decía nada y no quería preguntar, porque no sabía si la respuesta me gustaría. Traté de convencerme que también era que Rosalie me necesitaba y que teníamos que apurarnos a llegar al banco. Sentí a Jacob pasarme y dirigirse a su auto.
Yo me subí detrás de Edward en la Yamaha y cerré mis ojos con la mañana en su pleno esplendor. Cuando cerré los ojos fantaseé en haberle dicho que al que amaba era a él, y él me correspondía. Fantaseé con que yo era la misma Bella de hace tres años, sin problemas, sin misterios, sin secretos, sin dramas que soportar. Soñé que a mis 15 años me rebelaba contra mi padre y todos los demás y escogía a Edward.
