Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OOC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Estabas en las vacaciones de tus quince años, en un pequeño pueblo donde probablemente nadie a excepción de tu abuela debía conocerte. Te sentías libre, como una chica normal cuya única preocupación eran los deberes que los maestros dejaban para breve el receso escolar. Ah, pero nunca fuiste normal, y jamás lo serías después de conocer a Yamamoto Takeshi.

Interview I

Tsunayoshi no pudo quitarse de la cabeza su breve conversación con Hisui por el resto de la semana. Naturalmente, eso le había costado varios regaños y castigos extras de su tutor espartano, pero simplemente no podía olvidar las últimas palabras que intercambiaron antes de que él tuviera que trasbordar en la siguiente estación.

«Yamamoto no es esa clase de persona», lo dijo porque sabía que era verdad. No podía soportar cualquier tipo de implicación de deslealtad sobre sus amigos, mucho menos Yamamoto.

Yamamoto entró a la mafia por él. Dejó atrás su miedo a las lesiones, su miedo a ser excluido del Equipo de Béisbol, para proteger a un enclenque incompetente. Fue casi asesinado por ser su Guardián. Y a pesar de los tragos amargos, peligrosos escenarios y experiencias cercanas a la muerte, hasta el sol de hoy su Guardián de la Lluvia no lo abandonaba.

Aún así, la sonrisa de Hisui le partió el corazón.

«Lo sé. Y es exactamente de eso de lo que tengo miedo».

―¿Qué te pasa, Dame-Tsuna? ―demandó saber Reborn, tras hacerle besar el pavimento de una patada―. Eres más ajeno de lo usual a tus alrededores.

Apenas se quejó. Como que ya estaba desarrollando resistencia, o simplemente estaba demasiado acostumbrado a que lo molieran a palos.

―Reborn… ¿Crees que está bien ocultarle quién soy?

No hizo falta especificar a quién se refería. No con Reborn, al menos.

―A mí no me pidas consejos. Tú solo te metiste en éste problema, idiota.

No podía refutar la verdad.

Si fuese por el Hitman, la tapadera ya se habría ido al infinito y más allá. Pero el Sawada no quería que su nueva amistad se viese involucrada en su desastrosa vida, ya había causado demasiados incordios a las personas cercanas a él como para sumar más afectados a la lista, así que le pidió a todos que intentaran controlarse hasta el final del verano.

Sin embargo, empezaba a sentirse culpable por mantener ese secreto de Hisui-san y aún así dejarla estar alrededor de su grupo, inconsciente de los peligros que conllevaba ser sus amigos. Detestaba seguir poniendo en peligro a la gente.

«Nunca tuve amigos reales».

Aún así, se ofreció a mantener contacto con ella cuando se fuera.

―Tch. ¡No seas tan indeciso!

Y cómo no, Reborn volvió a pegarle.

Solamente que esta vez no se quejó, porque en el fondo sabía que se lo merecía.

―¡Tsuna-san! ¡Por aquí!

Fueron los últimos en llegar a la Estación de Tren.

El fin de semana ya los había alcanzado, hoy era el concierto de Miyabi Midori y Haru había exigido que todos estuvieran a las ocho en punto, porque el evento era al mediodía y quería llegar temprano.

―¡Llega tarde-desu!

―¡Falta un minuto para las ocho, Mujer Estúpida! ―gritó Gokudera―. ¡No te pongas exigente con el Décimo! ¡Suficiente ha hecho con sacrificar una sagrada mañana sabatina para satisfacer tus estúpidos caprichos!

―No pasa nada, Gokudera-kun.

No es como si Tsuna pudiera dormir hasta tarde desde que Reborn apareció en su vida, es lo que realmente quería decir.

―¡Precisamente-desu! ―pero Haru los ignoró a los dos―. ¡Un minuto más y hubiéramos tenido que dejar atrás a Tsuna-san!

―¡Habla por ti! ¡Yamamoto y yo jamás dejaríamos atrás al Décimo por una estúpida Idol! ¡¿Cierto, Idiota del Béisbol?!

Silencio.

―¿Yamamoto-kun? ―llamó el castaño.

Mentiría si dijera que no estaba preocupado, porque preocuparse era lo que mejor se le daba. Pero en ésta ocasión tenía un buen motivo. Yamamoto simplemente estaba con la mirada en algún punto muerto, pensando quizá en la inmortalidad del cangrejo para quien no supiera, pero Tsuna desgraciadamente sabía lo que le preocupaba.

Hisui no había venido.

―¡Oi, Idiota del Béisbol! ¡Responde cuando te hablamos!

Hayato tuvo que sujetarlo por los hombros y zarandearlo de un lado a otro para que Takeshi finalmente volviera en sí.

―¿Eh? ―parpadeó―. Lo siento, Gokudera, ¿qué decías? ―su mirada barrió el grupo hasta centrarse en Sawada―. ¡Yo, Tsuna! ¡No me había dado cuenta que llegaste!

―En serio, ¿qué rayos te pasa, Yamamoto? ¡Estás más estúpido que de costumbre!

―Tal vez su cerebro primitivo finalmente terminó de fundirse ―sugirió Kurokawa.

Kyoko sonrió apenada.

―Hana-chan, no seas cruel.

Yamamoto no le dio importancia y rió.

―¡Lo lamento, lo lamento! ―dijo―. Pero ahora que llegó Tsuna, deberíamos ir moviéndonos a la terminal, ¿no? El tren debería estar llegando ahora.

―¡El último en llegar pierde, Al Extremo!

―¡No es una competencia, Onii-san!

Pero Tsuna ya estaba corriendo detrás de todo el mundo, como siempre en último lugar, viendo cómo entre Takeshi y Ryohei se disputaban la delantera.

Se alegró de que Yamamoto sonriera de verdad, al menos por unos segundos.

Los asientos del tren eran cómodos, pero Tsuna no pudo disfrutarlos apropiadamente por estar preocupado del entorno. Nunca había tenido salidas grupales normales, así que estaba mentalizándose para el desastre en el segundo que su tutor se le perdió de vista; le gustaría ser tan relajado como Hayato y Ryohei, quienes se mentaban la madre jugando Uno frente a él.

Las chicas estaban sentadas juntas, los niños con ellas. Afortunadamente el afro hiperactivo conocido como Lambo había caído rendido tras media hora de viaje, por lo que Hana no había cometido asesinato todavía. Chrome sostenía al chiquillo en cuestión, sonriendo levemente mientras hablaba con las demás.

―Es una pena que Sengoku-san no pudiera venir con nosotros, desu. ¡Haru había conseguido entradas para todos!

Todo iba bien hasta que Haru pronunció esas palabras, las cuales sonaron un poco (demasiado) alto ya que eran los únicos en ese vagón de tren. A su lado, Tsuna sintió a Yamamoto tensarse; lo entendía perfectamente ya que él también estaría incómodo sin un amigo comenzara a evitarlo sin decirle la razón.

En ese momento vibró su teléfono (Dino se lo había regalado por su cumpleaños).

«Tsuna, en serio lo siento», decía.

Hablando de la Reina de Holanda. Era un mail de Hisui.

«Lo siento por… bueno, todo. Supongo que te quedaste pensando tanto como yo sobre lo que hablamos el otro día en el tren, ¿no? Mira, no le des muchas vueltas a eso. No importa».

Antes de ser consiente, ya le había contestado:

«¡Por supuesto que importa! ¡Sé que no evitarías a Yamamoto por nada, Hisui-san! Tú no eres así».

PING.

«¿De verdad no lo soy?»

Frunció el ceño. ¿Qué se supone que significaba eso?

PING.

«Olvida eso, estaba bromeando».

Sawada lo encontraba difícil de creer. Incluso si era un mensaje de texto, creía poder reconocer el sentido del humor particular de Hisui-san, y eso no sonó para nada como una de sus pícaras bromas.

PING.

«Quisiera disculparme con Yamamoto en persona, pero hoy tampoco tengo tiempo libre».

PING.

«¿Nos vemos mañana?»

La interrogante, más que sorprenderlo, lo alivió. Ella realmente quería arreglar las cosas.

«Claro».

―¿Era Hisui, verdad?

En el pasado, la repentina voz de Takeshi lo habría hecho saltar hasta la estratosfera. Actualmente sólo se encogió en su asiento y le miró con expresión culpable.

―Sí ―no podía mentirle, tampoco es que quisiera hacerlo―. Dice que lo siente.

―Podría habérmelo dicho a mí en vez de hacerte pasar el mensaje.

El toque amargo en la sonrisa de Yamamoto le hizo querer contarle todo lo que sabía, por lo que lo hizo:

―Quiere hacerlo en persona, pero hoy también está ocupada.

―Lo sé, últimamente es todo lo que dice.

Eso se escuchó… mal, como si estuviera lastimado, lo que probablemente era una de las pocas deducciones acertadas que podía hacer por su cuenta.

Si Tsuna estuviera en su lugar definitivamente se sentiría herido, o mejor dicho estaría en un bucle depresivo y lleno de confusión. Recordaba perfectamente cómo se sintió cuando tuvieron ese malentendido con los Shimon.

―No sé qué hice para molestarla.

―¡No! ―agradecía enormemente los gritos de Gokudera y Onii-san, y que estos estuvieran súper concentrados en la partida, porque de lo contrario algunas cabezas habrían girado en su dirección―. No eres tú, Yamamoto. Definitivamente no eres tú.

Yamamoto no había hecho nada malo, él no tenía la culpa de nada. No dejaría que pensara de esa manera.

El beisbolista lo miró con curiosidad.

―Tsuna, ¿acaso sabes algo?

Fue una pregunta sencilla, pero saber que tenía la completa atención del Guardián de la Lluvia lo puso nervioso.

―Es… bueno, la vi el otro día, ¿sabes?

Fue hace varios días, en realidad, pero en ese momento era un detalle sin importancia.

―Dijo que no estaba enojada contigo ―continuó―. Sea lo que sea que le esté pasando, creo que tiene miedo de decirle a alguien, dijo que su secreto ya había espantado antes a sus amigos.

Takeshi frunció el ceño.

―Nosotros no somos así.

―Es lo que yo le dije ―sonrió―. Pero no la presioné porque, aunque no sea lo mismo, creo que la entiendo. A veces, aunque estés seguro de algo, el miedo es más poderoso. Lo digo por experiencia.

―Ya veo ―dijo el azabache, meditabundo―. Si es un secreto malo, no se puede hacer nada. Nosotros también tenemos los nuestros.

Sonaba resignado.

―Sí.

Y Tsuna podía decir que en ese momento se sentían igual.

―¡Gyahaha! ¡Lambo-san es el Rey de la Playa!

―¡Lambo, volver aquí! ―I-pin perseguía de cerca al mocoso italiano que corría desnudo, ondeando su bañador como si fuera una bandera―. ¡Poner traje de baño! ¡Untar protector solar!

―¡No se vayan muy lejos! ¡Y Lambo-kun, escucha a I-pin! ¡Éste no es ese tipo de playa! ―les gritó Tsuna, pero los niños estaban lo suficientemente lejos para no escucharlo. Eso o simplemente lo ignoraron―. Fuuta-kun, ¿podrías…?

―Yo me hago cargo.

Habría sido reconfortante si lo hubiera dicho el púber y no Bianchi. Pero bueno, Escorpión Venenoso les había tomado cariño a todos hace tiempo, estaba seguro de que los protegería; el único problema es que seguía sin enterarse que todo lo que cocinaba era potencialmente mortal, así que sólo podía rezar para que no llevara botanas encima.

Y decía potencialmente, porque algunos ya habían desarrollado resistencia al veneno de tanto ser forzados a ingerir su comida en ciertas ocasiones.

―Por alguna razón, eso no me tranquiliza ―suspiró―. ¡Tengan cuidado!

―Creo que pierdes tú tiempo, Tsuna-kun.

A veces no sabía si Enma era simplemente pesimista, si estaba entrenando su sarcasmo, o si sencillamente sabía aceptar la realidad mejor que el resto de la gente. El hecho de que tenía razón no cambiaba, fuese cual fuese la respuesta.

―Lo sé, Enma-kun. Supongo que es costumbre.

―Ustedes dos son un par de inútiles ―dijo Reborn, en su mini traje de Guardián de la Bahía, desde el hombro de Tsunayoshi―. Son jefes mafiosos, háganse respetar si quieren ser escuchados.

Fácil decirlo cuando a pesar de tener físicamente cinco años, todo el mundo te hace caso por ser 'lindo' o te teme por ser lo más parecido al Anticristo.

―Tú y yo sabemos que estamos al menos a nueve años de distancia de eso.

Aunque eso dependía de qué tanto hayan cambiado el futuro. Y Sawada sabía que fue demasiado, por lo que ni siquiera era un aproximado fiable.

―¡No me contestes!

Y así fue como Tsuna terminó saboreando la arena.

El sol brillaba y el escenario donde se realizaría el espectáculo se veía perfectamente a la distancia, junto a las carpas que seguramente eran los vestidores y el backstage. Haru había insistido en acercarse a la tarima, pero sus ilusiones se hicieron añicos cuando la seguridad los detuvo, diciendo que nadie tenía permiso de rondar por la zona hasta las once y media. La estudiante de Midori hizo pucheros pero no insistió.

―Aún podemos jugar en la playa hasta la hora del espectáculo, Haru-san ―Chrome trató de animarla.

Funcionó.

Perdieron gran parte de la mañana gracias a las tonterías que su Grupo de Freaks, como Kurokawa amablemente denominó a todos los machos presentes, se las arreglaron para montar. Ryohei los retó a una carrera que consistía en ir hasta una roca sobresaliente lejos de la costa y regresar, la cual no hubiera perdido miserablemente si el pobre supiera nadar; incluso los organismos más patéticos como Enma y Tsuna, quienes obviamente fueron obligados a competir, pudieron ir y regresar antes de que él se moviera un metro.

Entonces a Reborn se le ocurrió la maravillosa idea de tener un partido de vóley Al Estilo Vongola.

Sobra decir, Tsuna odiaba las cosas Al Estilo Vongola.

Trató de alegar que no tenían suficientes jugadores para un partido de vóley decente, pero naturalmente se le echó en cara que había seis chicas y ocho chicos, número más que exacto para tener un partido oficial.

―¡Espera! ¡¿No estarás metiendo a Lambo e I-pin en ese conteo, verdad?!

Él lo hizo.

Fue el típico Chicos Vs. Chicas. Reborn tuvo la maravillosa idea de volver a Lambo un Bloqueador Central, quien estaba pavoneándose de su posición hasta que Gokudera le dijo que los bloqueadores centrales no eran el As. Tsuna maldijo desde la banca mientras los veía jugar, le habían puesto como Libero porque estaba acostumbrado a recibir golpes en la cara y familiarizado con el suelo, así que entraba y salía en cada rotación para recibir balones con el rostro.

Finalmente, lo que temía desde el principio ocurrió: su Guardián del Trueno fue golpeado por la pelota, que rebotó y le dio oportunidad a Gokudera de hacer un remate; el niño lloró, sacó la Bazooka de los Diez Años y Otona Lambo apareció justo para hacer una recepción que les hizo ganar el Segundo Set.

Éxito que no pudieron disfrutar ya que al momento Bianchi enloqueció al confundir a su Guardián con su Ex.

―Uh, ¿debería preocuparme? ―Kozato preguntó.

Con el grito de guerra «¡Romeo!» y los agónicos intentos de Otona Lambo intentando aclarar el malentendido mientras escapaba, Ryohei tras ellos pensando que era una carrera, Sawada se encogió de hombros.

―Nah. Esto es común en Estándares Vongola.

Al pobre se le escurrió una gota por la sien cuando el resto de sus Guardianes asintió.

―Fue divertido ―declaró Kyoko con una sonrisa capaz de opacar al mismo sol―. Ya queda menos para el concierto, ¡de verdad el tiempo vuela cuando te diviertes! ¿Verdad, Haru-chan?

―¡Hai-desu!

―Yamamoto, todavía tienes energía, ve a traer algunas bebidas ―ordenó el Hitman de repente.

―¡Roger! ―el aludido hizo un saludo militar―. Volveré tan rápido que no sabrán que me he ido, ¿algo en particular?

Haru y Kyoko pidieron soda dietética, ésta última añadiendo que su hermano tomaría cualquier bebida deportiva. Hana agua mineral. Gokudera un refresco. Jugo para Chrome e I-pin. Enma pidió un cartón de leche.

―Adel dice que necesito más calcio si quiero crecer y que Kouyo deje de burlarse de mí por mi estatura ―fue su explicación apenada cuando todos se le quedaron viendo.

―¿Ves, Gokudera? ―dijo el Guardián de la Lluvia―. ¡El calcio es importante!

―Lárgate, Yamamoto.

Tsuna observó a su tutor con cierta sospecha a medida que su amigo se alejaba. ¿Qué tramaba ahora? Porque lo usual con Reborn era usar a su pupilo como recadero aunque estuviera exhausto, no a los demás.

Como si leyera su mente, el Ex-Arcobaleno lo golpeó con León convertido en un mazo.

―Estás mejorando, Dame-Tsuna, pero aún no es suficiente.

«¡¿Tiene que golpearme hasta para hacerme un cumplido?!» Lloró el castaño en su interior.

Takeshi se sentía de mejor humor gracias a sus amigos.

Todavía estaba un poco confundido y preocupado, preguntándose por qué su amistad más reciente lo estaba evitando, pero se había sentido más ligero tras hablar con Tsuna en el viaje. Sabía que Hisui tenía sus secretos también, pero le gustaría que por lo menos le hubiese enfrentado.

Si le hubiera dicho que no se metiera en sus asuntos no habría insistido, de verdad.

Una vez pisó el asfalto se propuso encontrar la máquina expendedora más cercana, ya que de lo contrario sería un problema llevar las bebidas para el resto. Había una en un punto donde podía verse el escenario del concierto, pero por suerte esa área no estaba restringida a los peatones, tal vez porque estaba lo suficientemente lejos para siquiera pensar en detenerte a tomar una foto.

Sólo había una persona usando la máquina, por lo que Yamamoto decidió esperar. Aún de espaldas podía decir que era una chica por su figura menuda, pero el hoodie blanco sin mangas lo confundía un poco por ser al menos dos tallas más grande, de hecho le recordaba a...

El Guardián Vongola sacudió la cabeza. Tenía que dejar de darle tantas vueltas al asunto de Hisui, ahora veía a la muchacha hasta en la sopa.

No ayudó que el producto que cayese fuese justamente una Coca-Cola.

―Muy bien, esto ya se me está yendo de las manos ―admitió para sí mismo―. Nuevo plan: comprar las bebidas, regresar con los demás, molestar a Gokudera y disfrutar el concierto. ¡Nice, Takeshi!

Era infalible. Sencillamente compraría otro cartón de leche para el Guardián de la Tormenta y vería arder el mundo mientras escapaba de las bombas de Hayato, entonces irían al evento luego de destruir media playa y se olvidaría de Hisui por el resto de la tarde.

Y funcionó perfectamente durante cuatro segundos exactos, hasta que una voz familiar llamó su nombre:

―¡¿Y-Yamamoto?!

La chica frente a la máquina se dio la vuelta sorprendida, sus ojos avellana cual cervatillo frente a los faros de una camioneta en la carretera. Con el cabello rubio platinado asomándose fuera de la capucha fue fácil reconocer de quién se trataba.

Miyabi Midori.

O mejor dicho, Sengoku Hisui.

Continuará

Nota de la Autora:

Otra larga ausencia, lo sé, pero la situación en Venezuela está de la mierda. No puedo perder tanto tiempo como antes. Cortes de luz, escases de comida, sin medicinas, colas para todo, problemas con las comunicaciones, protestas por la hiperinflación y cómo repercute en la matrícula de la universidad, y un largo etc. Simplemente, no se puede vivir aquí. Mi familia está haciendo planes para migrar.

En fin, el punto es que ni yo ni los que somos de acá la tenemos fácil, así que no crean que estuve haciendo el vago porque quise.

Ya no puedo escribir más de una conti a la vez, así que me centro en la historia que estoy actualmente inspirada. Trabajo lenta pero segura en mis otros fics de KHR (serán actualizaciones de más de veinte páginas) pero tardarán algo en llegar.

Hoy tuve tiempo, la luz regresó antes de que despertara y tuve inspiración, así que pude finalmente escribir el Interview prometido. Me enfoqué más que nada en Tsuna y Yamamoto porque son los que más cercanos al rango de amigos-amigos se encuentran en la historia. En el siguiente veremos la perspectiva de Hisui (prepárense para mentadas de madre y randomneo mental).

Se aprecian mucho los comentarios del capítulo anterior. En serio, me sacaron varias sonrisas aunque fueron poquitos.

Nos vemos.