Capítulo seis.

Corrió escaleras arriba para ponerse decente. No es que a Edward le hubiera molestado que ella fuera ligera de ropas pero su incomodidad le impidió seguir de ropa de cama. Un ligero vestido de verano para un prominente día de calor.

La abuela les había dejado suficiente comida y bollos dulces de postre como para pasar el resto del día. El día amenazaba con ser bastante soleado y con la prominente reconciliación, Bella se sentía en el cielo.

-¿Qué te parece si paseamos por la playa?

Edward sonrió y se acercó para besar su mejilla.

-Solo si prometes usar ese sexy bañador para mí.

Bella rodó de fuera de la cama y abrió su cajón, esperando encontrar allí esa prenda que Jessica le había obligado a comprar. Sonrió con malicia mientras se giraba.

-Creo que tengo algo mejor.

Él gimió y cubrió su rostro con ambas manos.

-¿Tendré que cargar con mi escopeta o llevarte por un sendero despoblado?

Su rostro se iluminó.

-La primera me haría cambiar de opinión pero me gusta la segunda idea. ¿Hay algo nuevo que puedas mostrarme?

Fue el turno de Edward para sonreír con malicia.

-Muchas cosas, nena.

Nunca un verano se había divertido tanto. Tanto que le ayudara a olvidar todo y desear que sus días no estuvieran contados. Edard llevaba sus lentes Ray Ban sobre sus ojos y su sonrisa a medio camino lograba enloquecerla. No llevaba camiseta y su bañador colgaba de sus caderas de forma vaga como si fueran a caerse en cualquier momento. Evitó el impulso de ajustar los cordones para evitar que alguien viera lo que pretendía que fuera solo suyo.

Condujo hacia el costado norte de la playa, una que no había visitado con anterioridad. Se adentró en un camino cerrado y un enorme cartel que les impedía el paso al público.

-¿No estamos en propiedad privada?

Edward sonrió ampliamente, haciendo que su arete se viera más que sexy.

-Lo estamos, pero descuida. Nadie nos encontrará. Los dueños de la fábrica han cerrado el lugar hasta nuevo aviso y han viajado a Europa. Teníamos nuestros trucos para que la policía no nos atrapara antes, pero ahora, tenemos el camino libre.

-¿Teníamos?

-Emmet y yo. Descubrimos que este lugar casi mágico hace varios años. Es el mejor lugar de la playa aunque está algo descuidado.

Rió mientras recogía su cabello en lo alto de su cabeza en una coleta. Sabía que él adoraba aquello que le dejaba más acceso a su cuello y a ella le agradaba que paseara sus labios por allí. Pero por donde él quisiera hacerlo estaba bien.

Se bajó del todo terreno y se dirigió a la cajuela para tomar la canasta. Enarcó una ceja hacia Edward y lo vio encogerse de hombros con descuido. Detestaba que los lentes estuvieran cubriendo su mirada.

-Solo pensé que lo necesitaríamos.

Le quitó la segunda cesta antes de que pudiera husmearla y le tomó la mano para guiarla.

-¿Cómo lo descubrieron?

-Huíamos de unos perros hambrientos a los que habíamos estado molestando, hace tres veranos. Emmet notó que podían escaparse por debajo del enrejado y comenzamos a correr sin dirección. La idea era alejarlos. Nos metimos aquí y terminamos en medio de una laguna que se forma con el agua de mar y de lluvia, es como un estanque. Ya lo verás.

La acercó a él y besó sus labios sin profundizar.

Bella se soltó de su mano y caminó por delante de él unos cuantos pasos. Lo que veía escapaba de lo real. Era mágico, como él lo había dicho. Ahora lo confirmaba.

La laguna era redonda y claramente se podía ver donde era alimentada por un riachuelo que provenía del mar. El agua era de un azul brillante y profundo, supuso que serían aguas hondas. La tierra bajo sus pies comenzaba a ser arena fina y de un color ocre. El paisaje se completaba con el encierro de los tupidos bosques a su alrededor y un cielo abierto, despejado y claro. La magia se centraba en el mirador elevado a un costado.

-Allí es donde vamos.

El susurro de su voz la volvió al mundo. Edward estaba justo a su lado y la guió hacia el mirador.

Bella encajaba con aquel pequeño mundo. Con su vestido blanco de playa, sus pies descalzos y su larga cabellera castaña ondulada, parecía un ángel. Su ángel. Su corazón dió un brinco. Ella se volteó para sonreírle y corrió hacia el mirador. Con suspiro supo que lo que había estado tratando de evitar durante toda su vida, le había tomado por sorpresa en un par de semanas.

Pero era un secreto que mantendría para sí mismo, sería mejor así.

Las abiertas paredes de cristal y el techo en cúpula lo hacían aún más perfecto. El blanco del metal estaba picado y le daba el toque de antaño que tanto le agradaba. El suelo de madera rechinaba y estaba descuidado, pero sería una gran belleza si alguien se encargara de mantenerlo.

-Esto es tan…

Sus manos le envolvieron la cintura desde atrás y sintió su cuerpo estremecerse. Sus palabras se perdieron junto con su aliento. Edward deslizó sus labios por ese punto en su cuello que había descubierto que la hacía perder la noción del tiempo y el espacio. Se acercó a su pecho y recargó su cabeza sobre su hombro. Cerró los ojos y suspiró con resignación.

No había querido hacerlo, pero era tarde. Su corazón ya tenía un dueño. Pasara lo que pasara luego de aquellas vacaciones.

-Pensé que te gustaría.

-Me encanta.

Se giró hacia él. La besó lentamente.

-Será nuestro lugar, nuestro secreto.

-Trato.

Él tendió las mantas sobre el suelo y se quitó los lentes. Acomodó la comida y preparó las bebidas frías. El calor estaba insoportable.

-¿Crees que podría meterme al agua? Tengo bastante calor…

-Seguro, pero…

Su mandíbula cayó desencajada. El vestido cayó a un lado de ella.

-... demonios, Bella. Y por un momento dudé de llevarte a la playa pública y tú vistiendo eso. ¿No es ilegal?

Su carcajada fue tan natural y su sonrisa tan genuina que lo desarmó por completo. Su cuerpo se sintió lento y pesado, pero no todas sus partes. Bella colocó una mano en su cintura y fingió estar molesta.

-¿Dices que me veo mal?

Era definitivo. Ella quería matarlo.

-Nena, te verías mejor si él.

Con una sonrisa curva, tan propia de él. Se acercó para tomarla en sus brazos. El bikini rojo fuego había dado su resultado. Una vez pensó que lucir ropa sexy para un chico era casi ofrecerse en bandeja con un gran cartel en la frente que indicaba que estaba disponible. Pero estaba claro que no entendía la gracia del asunto hasta ahora. El placer que le provocaba lucir algo lindo para él se igualaba a su rostro complacido. Porque todo aquello, era solo para él.

Sus labios sabían a jugo de naranja y su piel suave lo tentaba como el infierno.

-Vamos a ver que tan fría está el agua, necesito uno de mis minutos.

Gimió de sorpresa. El agua estaba helada, como agua de deshielo. Era profunda y no se había despegado de Edward, temiendo al fondo inestable del estanque. Se sumergió para entrar en calor con un poco de nado. Giró a su alrededor y lo vio zambullirse igual que ella. Cuando se detuvo en el centro, justo por delante de ella. Nadó hasta su espalda y colgó sus piernas en su cintura. Besó su cuello y se abrazó por sus hombros. Él la cogió de las piernas para no dejarla caer.

-Gracias por todo.

Hábilmente la giró de forma que ahora se abrazaba a él por delante. No sonreía, su seriedad le daba una indirecta de la intensidad de sus pensamientos. Como su oscura mirada podía comunicárselo.

-Suena loco, pero nunca he hecho por una chica las cosas que he hecho por ti, Bella. Eres especial y quiero que todo esto sea perfecto, para ambos.

-Ya es perfecto.

Besarla era su nuevo deporte favorito.

Su piel se sentía fría al tacto, pero el cuerpo le ardía por dentro. La necesidad de tener a Edward de una forma en la que nunca había tenido a un chico, le provocaba una ansiedad incontrolable. El deseo llameaba dentro de ella.

No podía evitar besarla y querer cada vez más. Cada uno de sus besos los dejaba sin aliento y las miradas encendidas. Pero no podía librarse de lo que sentía, ya era muy tarde para eso. Bella consumía cada uno de sus intentos de control y derrumbaba cada pared que había construído para no caer. Demasiado tarde otra vez para hacerse a un lado.

Ella se apartó de él y admiró el lugar. Era realmente hermoso y lo era aún más que Edward quisiera compartirlo con ella. Solamente ella, se recordó.

¿Por qué aquello solo debería durar ese verano?

-¿Hambre?

-Absolutamente.

Los nervios estaban fuera del alcance. Él había relatado cada una de sus aventuras de niño. Era muy unido a su único hermano, en cierta forma, había sido su único compañero. Había sido un niño difícil y problemático. Bella rió y afirmó que aún era así. Pero Edward había cambiado, había dejado de importarle lo que pudieran decir de él y hacer lo que le apetecía. Eso lo liberaba.

-¿De qué?

Susurró. Edward trajo la vista del vacío y la posó sobre ella.

-La muerte de mi madre.

Tragó pesado. Nunca había dicho eso en voz alta, muchos lo sabían y consideraban que la muerte de su madre lo había devastado. Totalmente cierto, pero ése no había sido el único motivo.

-Lo siento…

Acarició su brazo con suavidad. Él trató de evitar el contacto visual pero no pudo. Lo que encontró allí lo sorprendió. No vio lástima, vio comprensión y…

-No lo sabías.

-Bueno, no quiere decir que no lo sienta.

Suspiró con lo poco que quedaba dentro de ella, a un paso de quebrarse.

-Al menos tus padres no viven para pelearse y odiar que hayas nacido.

La verdad de sus palabras fue tan real que se retractó de haberlas dicho. Apartó la mirada de golpe. No había esperado soltar aquello, desde luego. Pero al igual que él, se sentía libre con él. Auténtica. Le hacía sentir que podía contarle todas sus verdades y él las entendería. La ira latió fuerte dentro de él y tomó su barbilla para hacer que lo mirara. Sus ojos vidriosos dolieron más que mil puñaladas a punta de cuchillo.

-Bella, eres asombrosa. No te convenzas de lo contrario. El mundo no es perfecto ni justo para nadie.

-Lo sé…

Asintió mientras perdía sus lentas caricias sobre la palma de la mano de Edward. Su mano seguía sus movimientos.

-Cuando mi madre murió pasé un año terrible, a la semana siguiente apareció Esme y unos meses después Emmet llegó a nuestras vidas. Fue doloroso, difícil de asimilar. Pero más tarde entendí que la soledad es el peor sentimiento y mi padre solo buscó superar el dolor que le había causado la muerte de mi madre.

-¿Qué hay de ti?

-Hice lo que pude. Aunque no creo que lo hay echo bien.

Bella lo miró y le dedicó una suave sonrisa.

-Por supuesto que lo hiciste. Reconozco a una persona triste a millas y eso no pasa contigo.

Rió despacio y besó su coronilla.

-Eso es porque estoy contigo ahora.

Y para siempre, deseó decir. Se aferró al momento con fuerza y se estiró para besarlo. Dejando un mensaje implícito de sus pensamientos. Edward tomó el beso con calma, pero se le fue imposible mantenerse a raya cuando sintió las pequeñas y suaves manos paseando por su abdomen.

Adoraba su cuerpo duro y sexy en combinación con sus besos apasionados. En un impulso de adrenalina se trepó sobre su regazo y se acercó más a él. De inmediato sus manos fueron a su cintura y de allí a su espalda, paseó sus dedos por cada vértebra de su columna, ocasionando un escalofrío en ella. El lado sensual de Bella lo envió hacia el suelo, con ella encima.

Jodido infierno.

La dejó de espaldas en el suelo sobre las mullidas mantas y sintió el calor creciente dentro de su cuerpo. Con su boca atacó su cuello y ese punto sensible con un solo objetivo. Sintió su lengua acariciar el hueco de su cuello y su cuerpo se ablandó, gimió suavemente mientras sus ojos se cerraban.

Su cuerpo, el cielo en sus manos. Sus gemidos, llamado de ángeles. Poseído y atrapado en una nebulosa de placer se ajustó a su cuerpo. Jane lo rodeó con sus piernas y lo acercó a ella desde su espalda baja. Edward perdería el poco control que tenía.

Se apartó unas milésimas, dejando su frente sobre la suya.

-Bella, necesitaré más de un minuto… tal vez una hora si seguimos de esta forma.

Ella abrió sus ojos, respiraba agitadamente y su mirada se había oscurecido. Esa huella de leona que se encontraba en sus ojos parecía dominar su espíritu.

-No Edward, quiero esto tanto como tú. Te deseo ahora.

Cerró los ojos, no podría negarse si ella se lo pedía de esa forma. Rogando por él. Su cuerpo quemaba demasiado ante la necesidad y no podría decirle que no si ella insistía.

-Nena…

-Ed, quieres esto tan perfecto para ti como para mí. Quiero lo mismo. Y nada lo haría más especial que ahora. No en una cama dentro de un no sé cuándo. Este es el momento…

Selló sus labios con los suyos. Había escuchado los argumentos suficientes como para convencerlo. De por sí, no podía negarse a nada de lo que ella pidiera. ¿Por qué iba a hacerlo ahora, en el momento adecuado cuando lo que más deseaba en el mundo era hacerle el amor?