Disclaimer; Todos los personajes pertenecen a Kubotite.


Por las tardes en la playa, y los chicos con bermudas blancas. Otra vez por nuestras historias.

Sol

Sí, a Yachiru le gustaba sentir el sol en su cara. Como a cualquier otra persona, pero ese día estaba un poco decepcionada. Quería que lloviera para ir a cazar caracoles.

Se quería convertir en la mejor domadora de caracoles de todo el seiretrei. Y para ello tenia un plan que había empezado a desarrollar el día anterior, cuando si estaba nublado.

Comenzó por coger unos pocos de los caracoles incautos que se arrastraban libres y sin temores por cualquier superficie plana, dejando atrás su reguero de babas.

Concienzudamente los saco de su caparazón, sorprendida por lo mucho que se parecía a las babosas.

Cuando los hubo sacado a todos de 'su casita' los metió en un bol con agua.

Zaraki que la miraba le pregunto para qué era eso.

- ¡¡Porque estaban llenos de babas y querían un baño!!- le contestó sonriente.

Después de eso, cazo a las pobres masas informes que flotaban a la deriva y los puso sobre un trapo extendido al sol que había aparecido.

- ¡Ahora están tomando el sol! – informó al capitán.

Estuvo toda la tarde entretenida haciendo que los bichejos confiaran en ella para poder domesticarlos, solo fue al final del día que no le hicieron caso.

Comenzó a llorar.

- Los he tratado tan bien que ya no quieren volver a su casa. – hipaba al mismo tiempo que intentaba meter a presión los pobres cadáveres tiesos en las conchas.

- Déjalo, Yachiru. Ya los convenzo yo.

La niña se seco los ojos y sonrió. Sabía que él podía convencerles rápidamente.

Cuando la pequeña desapareció, el hombretón miro con lastima el espectáculo que tenia delante.

Tenia que deshacerse de los cuerpos antes de que Yachiru volviera.

Y tenia que explicarles que los caracoles no vivían si les sacaban de sus 'casitas'.

Y así deseo que al día siguiente brillara el sol, con suerte se le olvidaría ese sueño tonto.

Podrá sonar un poco cruel pero esto era lo que yo hacia de pequeña, y lloraba con el corazón encogido cuando no querían volver a meterse en su caparazón.