^Todos los personajes pertenecen a Stephenie meyer^

*Alice*

Sus ojos se abrieron y miró inquieta alrededor. No había nadie, debía haberlo intuido antes. Era la quinta vez que se despertaba en aquella noche, y es que, no había conseguido dormir bien desde que llegó a Forks.

Esa maldita sensación la perseguía. La sentía y cada día era más fuerte. Tenía unos dolores de cabeza terribles y sus sueños con jasper eran cada día más realistas. Podía sentirlo. Ahora sabía un poco más de él. Tenía unos ojos rojos muy profundos, sus manos eran heladas… hasta parecía peligroso. Peor aún, no sabía por qué rayos no podía alejarse de él. Mas bien, no era que no pudiera, en realidad, no quería hacerlo.

Su miedo era cada día más grande. Ya no compartía cuarto con su hermana, esta dormía en la habitación de al lado. Así que solo estaba ella, solo Alice, acompañada por un enorme oso de peluche color rosa y las penumbras.

Miró hacia la ventana. La única luz que podía entrar era la que desprendía la luna. La oscuridad envolvía la habitación, indicándole que aún no amanecía. Estaba enfadada, debía dormir bien, ya que esa mañana comenzaría el instituto. Entraría a décimo grado y Alice Brandon no podía ir con ojeras a su primer día de escuela.

Un sudor frío le corría por la frente, su corazón palpitaba muy rápido y sus manos eran como las de un muerto. Tenía mucho frío, aunque estaban en inicios del mes de agosto. Era imposible que hiciera frío…

"Debe ser que aún no me acostumbro al clima de Forks", Pensó.

Hizo caso omiso a las sensaciones que tenía y aún con escalofríos, intentó dormir un poco más.

Para cuando despertó, el dolor de cabeza era peor. La primer imagen que vio en el día fue a su hermana parada frente a ella, cantando para que se despertara. Al verla, se espantó. Cynthia ya estaba completamente arreglada, lista para ir a la escuela. ¡Debía ser tardísimo entonces!

—maldita seeeaaa Cynthiaaaa, Déjamee en paz…- Alice arrastraba las palabras y hablaba como si estuviera drogada o algo así.

—¡pero Alice, tienes qué despertarte! ¡Se te hará tarde! ¿Vine hace media hora y no te levantabas, así que decidí arreglarme por mi cuenta!- le dijo su hermana quitándole las sábanas a la fuerza.

Y así, Alice se metió a la ducha, casi arrastrada por su hermana. El agua caliente corriendo por su cuerpo desnudo la relajó, el dolor de cabeza se fue casi instantáneamente y aunque sabía que su estómago tendría qué esperar para recibir un bocadillo, decidió cumplirse un pequeño capricho del tiempo y tardó 20 minutos o un poco más. Eso la ayudó a despertar y a recobrar la energía, sintiéndose un poco más viva.

Se vistió con unos jeans de mezclilla y una blusa amarilla de manga corta, unos zapatos negros y dejó su cabello suelto, haciéndola parecer un pequeño duende. Su hermana la ayudó a maquillar su rostro para que nadie notara sus horribles ojeras causadas por el insomnio, y así, con una barra de fibra en la mano, se fue al colegio.

Cynthia y Alice se despidieron a la orilla del cruce de 2 avenidas diferentes, una llevaba hacia el instituto y la otra hacia la escuela donde Cynthia estudiaría.

—Te irá bien, ya verás que sí- la animó su hermana con una sonrisa.

—Gracias… espero que tus palabras tengan algo de cierto. ¿Te gustaría que nos viéramos en esta avenida al salir? Porque ambas saldremos a la misma hora, creo-

—Si sales a las 3 de la tarde, entonces te espero aquí a las 3:15, ¿te parece bien?-

—¡Hecho!-

Y se fueron por distintos caminos. Alice, caminando como si estuviera interpretando la más hermosa de las danzas de ballet, y Cynthia, con una enorme sonrisa en el rostro.

Nada más llegar al instituto, la sensación de aquella noche la embargó de nuevo. Sentía escalofríos, un dolor de cabeza y… unos ojos, unos ojos pegados en ella… y no eran unos ojos buenos.

Se dirigió a la dirección con escalofríos leves y manos sudorosas. Otra chica, de ojos color chocolate y cabello castaño, le ayudó a abrir la puerta.

—Gracias- Musitó Alice con voz casi audible.

—No hay de qué- Dijo la otra igual de tímida y pasaron a la dirección. La secretaria atendió primero a Alice.

—Sé bienvenida a Forks- Le dijo ella con tono monótono –yo soy la señora Cope, te entrego tu horario de clases- le tendió una hoja.

—Gracias- Le respondió Alice tomando la hoja y mirándola a la cara.

—¿Se encuentra bien, señorita Brandon?- le preguntó la señora Cope con evidente preocupación –Su rostro luce pálido y no se le ve una muy linda expresión en el rostro-

—Sí, señora Cope- le respondió Alice con voz pastosa –Es solo que… no comí nada esta mañana- mintió a medias.

Alice salió con su horario rápidamente. Al llegar a su salón unos 20 minutos después, comenzó la clase con presentaciones. Se sorprendió de que la chica de ojos chocolate también fuera nueva, y encima, sería su compañera de curso. Lo cierto es que había 3 personas nuevas en aquél aula de clases. Alice brandon, isabella Swan y Victoria Witherdale, quien por cierto, parecía una persona arrogante y frívola.

—Bien, chicos. Les pido de favor que se reúnan en equipos. Este mes, como proyecto final de la materia de Física, haremos un modelo de un invento. Un invento que ustedes realizarán, no quiero otros trabajos que ya estén hechos. Este invento tendrá qué cumplir con aportes a la física, o bien, cumplir con alguna de las leyes de Newton- Explicó el maestro.

Inmediatamente se vio el agetreo por todo el salón. Chicos y chicas corriendo de acá para allá, buscando equipos. Isabella y Alice se miraron nerviosas, a ninguna le agradaba Victoria y lo más probable era que terminaran haciendo equipo con ella, ya que ninguna de las 3 conocía a nadie más

—¡Bella, Alice!- Una chica de cabellos oscuros y alborotados junto a una amiga suya las interceptaron –Hola, yo soy jessica Stanley y ella es mi mejor amiga, Ángela Webber. Espero no les moleste, pero ya las hemos incluido en nuestro equipo… ¿les gustaría estar con nosotras?-

Bella y Alice resoplaron de alivio. Afortunadamente, la chica parlanchina y su amiga las habían salvado de tener qué hacer equipo con la tal Victoria, quien por cierto, ya se encontraba charlando con otros chicos del salón. Se miraron, como preguntándose a quién le correspondía contestarles para darles las gracias, siendo Alice quien tomó la palabra.

—¡Muchas gracias, Jessica! ¡Qué agradable que nos incluyeran! La verdad yo sentía que tendríamos qué hacer equipo con la pelirroja de allá… Dijo Alice, bajando su tono de voz al final y señalando a Victoria.

—Pues, desde conocer a su compañía no creo que vaya a ser benéfico meterse con ella. Esa que la acompaña es lauren, y esos 2… creo que no sé cómo se llaman- Jessica les susurró –Pero bueno- Levantó su tono de voz –hay qué ponernos a trabajar en esto, pero sinceramente tengo algo de flojera por iniciar, esperemos a que el profesor nos explique qué exactamente es lo que tenemos qué hacer… así que ¿De dónde son?-

A Alice esta chica le había caído simplemente genial. Creyó que podría hacerse amiga de esas 3, no parecían rudas como sus otras compañeras de escuela. Presentía que serían un grupo muy unido.

—¡Yo soy Alice, Jess! Vengo de la ciudad de Chicago, acabo de llegar este viernes ¿Qué nos dices tú, bella?-

—Yo vengo de Phoenix…- Dijo Bella con timidez.

—¿Qué acaso no lo sabes, Alice?- preguntó Jessica sorprendida –Ooh… es que eres nueva, discúlpame. ¡bella es hija del jefe de policía, el señor Charlie Swan!-

El resto del día pasó volando para Alice. Física era la única clase que compartía con sus 3 nuevas amigas, pero en las siguientes se alternaban. Había clases que compartía con Jessica, otras con Bella y otras con Ángela. Fue tan divertido y tan elegre de su día, que incluso se olvidó de la tal Victoria…

Las clases finalizaron al sonar la campana de salida a las 3 de la tarde. Cada una recogió sus pertenencias, pero por quedarse escribiendo en un pequeño diario, Alice tomó sus cosas 3 minutos más tarde. El salón estaba vacío a excepción de ella. Se escuchaba a los alumnos correr hacia los estacionamientos, hacia el área de los autobuses o hacia alguna avenida que los conduciera a casa. Y de pronto, ya cuando Alice tenía su mochila en la espalda y se disponía a salir del salón, una mano fría la tomó del hombro. Seguido de esto, un brazo la rodeó por la espalda. Grande fue su sorpresa al encontrarse con alguien a su lado.

La persona que la retenía lucía un cabello rojo como el fuego. Era rizado y estaba alocado, siendo este hermoso. Tenía la cara maquillada con un rubor y un pinta lavios color rojo sangre. No podía saber de qué color eran sus ojos, ya que llevaba puestos lentes de sol. Era escultural e iba vestida con un blusón de color oscuro.

Y entonces, la sensación alcanzó su mayor punto de intensidad. La cabeza le estallaría en cualquier momento. Se sintió mareada, sus ojos casi se le salían de las órbitas. Empezó a temblar demasiado y sintió un frío que quemaba hasta los huesos. Una opresión en el pecho le cortó la respiración y su corazón bombeaba sangre cada ve más y más rápido. Su cuerpo pedía ayuda. Su cuerpo sabía que Victoria era peligrosa… que podría acabar con su vida si quisiera.

—Vaya, vaya, vaya- Victoria sonrió ampliamente, dejando ver unos dientes blancos y perfectos. Su voz de niña mimada retumbaba por todo el salón debido a la ausencia de alumnos –Así que, mi fuente tenía muchísima razón- Victoria olfateó el aire –La pequeña mary Alice Brandon… eres tan tierna, te comería si pudiera…- lanzó una carcajada aguda y tintineante.

—Suéltame, Victoria…- Dijo Alice con voz ahogada.

Alice se sintió tonta. Estaba siendo amenazada por una compañera de curso… se sentía mal y la única cosa coherente que se le ocurrió decir, fue "Suéltame". Y al parecer, Victoria notó su desconcierto. Volvió a reír, ahora con más fuerza.

—mi querida Alice, yo sé que no le caigo bien a tu… distinguido y bello grupo de amiguitas. Si te intercepto hoy, es porque me has dado la oportunidad para escribir en ese diario ttuyo. Deberías dejarlo, ya no eres una niñita. Solo quiero decirte que te estaré observando… porque algún día, serás mía. Serás mía y podré hacer contigo todo lo que quiera. Créeme, no puedes escapar de mí. En cualquier momento… cuando menos te lo esperes, volveré a por ti…-

Victoria salió del salón con un paso muy lento y arrogante. Alice, mientras tanto, tenía la mirada perdida. Se escuchó la puerta al cerrarse con un azotón… y Alice cayó al suelo por 20 minutos.

"All the single ladies, all the single ladies…"

El tono de Beyonce en el celular de Alice sonaba con desesperación dentro de su mochila. Con el estómago revuelto y con una confusión de los mil demonios, sacó el móvil y oprimió el botón de contestar. Era Cynthia.

—¿Alice, donde estás? Acordamos de vernos a las 3:15 y son las 3:25 y no has llegado…- La voz de Cynthia sonaba preocupada.

—Cynthia, tendrás que esperarme- Alice dijo con la mejor voz que pudo –tengo un problema con una materia y estoy en el salón de la profesora para solucionarlo. ¿ve a casa, vale? Yo llegaré en unos minutos…-

—Sí, claro… ¿Alice, estás bien? No te escucho en buenas condiciones… y no me ocultes nada, por favor. ¿Alguien te ha hecho algo?-

—Te contaré en casa, no tengo muchos ánimos y… y estas cosas no se cuentan por celular- Soltó Alice rápidamente y oprimió el botón de colgar. Tiró el celular en la mochila y a penas se levantó, devolvió al piso todo lo que había comido en el día. Después, con un susto tremendo, se limpió su boca con una toallita que tenía y salió a toda prisa del salón. Llegó a su casa sudada, jadeante y acelerada.

—¡Alice! ¿se puede saber qué te pasa?- Preguntó su madre con preocupación –Esa no es una cara de "Me ha ido bien en el instituto, mamá"- Su madre la examinó de arriba abajo.

—Sí, mamá. Estoy bien, solamente… quiero dormir-

—Cynthia me ha dicho que tuviste problemas con una materia y que te quedaste a asesorías con una profesora. ¿Segura que estás bien, cielo? Podríamos ir a ver al doctor Laurent, el amigo de tu antiguo psicoanalista…-

—madre- Alice se puso a la defensiva –Definitivamente no pienso ir con un psicoanalista. Déjame en paz, necesito tranquilidad…-

—¡Pero, hija! Necesitas ayuda… puedes confiar en mí… ¡Soy tu madre!-

Alice hizo caso omiso a su madre, subió las escaleras, abrió su cuarto, tiró su mochila en la cama y azotó la puerta. Seguido de esto, salió de la casa y se dirigió a conocer la ciudad. No tardó mucho tiempo en descubrir que el bosque estaba muy cercano a su casa.

Siempre le agradaron mucho los bosques, En su casa de Chicago también había uno cerca, así que se decidió a explorar este.

EL bosque era simplemente maravilloso, había muchos árboles frutales, muchísimas flores… pero lo que más encantó a Alice fue un viejo nogal. Era más que enorme, tan perfecto como para columpiarse y quedarse ahí por horas…

Trepó al árbol y cantó con toda su alma, recordando toda su vida. Su primera infancia, en el kínder… cuando comenzó a tener premoniciones. Después, la primaria, donde era catalogada como bicho raro… fama que dañaría después, a su pequeña hermana Cynthia. La secundaria había sido tranquila y presentía que el instituto sería demasiado agradable y venidero para ella. Sentía que, en cierto modo, la mudanza no haría mas que mejorar su vida y la de su hermana… la única persona a la que ella quería en este mundo. Rogó al cielo por sus nuevas amigas, esperando que el destino le permitiera disfrutar de la alegría de la amistad y ¿Porqué no? Del amor… ¿Quizá, en algún lugar remoto, su Jasper Hale la estaba esperando!

Su Jasper…

Era un recuerdo, un pensamiento recurrente… no podía sacarse a ese chico rubio de la cabeza. Pero… ¿Y si era como los demás? O peor aún… ¿Y si era igual de peligroso que victoria? No… algo le decía que no era así. Quería pensar que jasper no era malo… era el hombre perfecto para ella. ¿Pero, bien dicen que la perfección es imposible, no? Algo debía haber de fallido en él. Quizá era que no existía, o tal vez, solo tal vez, era algo que Alice desconocía. De cualquier forma, resolver el misterio aún estaba fuera de los alcances de Alice. Primero debía encontrarlo, después, ya se las podría hacer de detective para saber qué o quién era su Jasper…

Se sintió observada, de nuevo. La única diferencia era que seguía cantando. Cantar siempre la reconfortaba, era como su psicoterapia. Al decir verdad, cantar era lo mejor que sabía hacer. Seguía balanceándose en el árbol, cantando un aria de ópera. No tenía escalofríos, no tenía dolor de cabeza. Se sentía bien… y decidió cantar, darle un concierto a aquella cosa que le observara… sin saber que, aquello que la observaba se deleitaba con las dulces notas de su angelical y perfecta voz de soprano de coloratura.

De pronto, miró al cielo. Estaba oscureciendo. Mierda, había olvidado que tenía tarea de álgebra y redacción… y tenía qué llegar temprano para la cena.

Bajó del árbol con agilidad y desapareció corriendo, hasta que se le vio salir del bosque. Llegó su casa, donde ya estaban sus padres y su hermana cenando. Se sentó a comer uno un ánimo mucho más renovado y con su carácter parlanchín de siempre.

Lo demás transcurrió de manera normal. Subió a su cuarto, hizo su tarea, se dio una ducha nocturna y se acostó a dormir…

Tuvo una pesadilla aquella noche…

El cuarto estaba oscuro. Ni si quiera la luz de la luna podía brillar. Todo le daba vueltas y tenía escalofríos. Quería saber donde se encontraba, pero no lograba identificar nada.

De pronto, la luna brilló. Alice se mostró aliviada de poder ve un poco. Grandísima fue su sorpresa al voltear hacia su ventana…

Trepada cual tarántula asquerosa, se allaba Victoria. Sus ojos eran rojos… rojos, como los de su jasper. Cuando Victoria se dio cuenta de que había sido descubierta, se carcajeó como niña pequeña…

—¡Alice! Qué susto me has dado – Continuó riendo –Es broma… bueno, me tomó de sorpresa que te despertaras. Pero ya que sabes que estoy aquí… sí, sé donde vives. Te he seguido después de la escuela. Sé donde vives, sé qué haces… sé quiénes son tus amigas y quién es tu hermana… así que no intentes huir de mí ¿OK? Eres mía, y eso no va a cambiar nunca… pero te dejo para que duermas en paz. Recuérdalo… cuando menos te lo esperes, algún día… ¡vendré a por ti!-

Victoria saltó y cayó en el jardín. Alice estaba muerta del miedo. Seguía escuchando en su cabeza la carcajada estridente e infantil de victoria. Gritó, gritó con todas sus fuerzas. Cynthia abrió la puerta del dormitorio. Alice miró el reloj, eran las 3 de la madrugada con 33 minutos…

—¿Se puede saber qué te pasa?- Preguntó cynthia, molesta por haber sido despertada en plena noche –has gritado como un demonio…-

—Ve a dormir, Cynthia. He tenido una pesadilla… o no, ¿Podrías quedarte conmigo esta noche?- preguntó Alice con miedo.

Y esa noche durmieron juntas…

*x

N/a: ¡hola de nuevo!

¡Wiiii, una semana desde que esta idea fue creada, una semana actualizando todos los días!

Créanme que me impresionó mucho al ver que las vistas ascienden cada día más, me alegro de saber que esto les gusta y de que puedo transmitir un poquito de mí a mis lectores. ¡Espero que este capítulo también les guste!

Cielos, estoy impresionada. Les cuento, esta mañana no sabía ni qué escribir para el séptimo capítulo… ¡Y el producto ha sido algo que no me hubiera imaginado ni en mis sueños! ¡Estoy feliz, quiero brincar de alegría! ^_^

¡Nos leemos!