¡Hola!

Practicamente no merezco perdón después de estar casi un año sin actualizar... Sé que es mucho tiempo pero digamos que he estado ocupada... Estudiando y durante todo Julio saliendo de fiesta.

Pero ahora tengo tiempo y estoy dispuesta a acabar todo los fics que tengo aquí. Prometo (y lo prometido es deuda, en serio) que no tardaré tanto en publicar el próximo capítulo, de hecho tengo pensado en comenzar a escribirle en cuanto me levante, a si que si queda alguien que siguiera la historia o que la lea ahora y le guste, por favor poned algún review de que he sido perdonada o algo así, aunque antes tampoco me pusiera reviews mucha gente.

Dejo el rollo y ¡a leer!


Capítulo 6: El Paquete

A la mañana siguiente Rose se despertó porque notó que dos personas se habían tumbado en la cama con ella y la abrazaban. Su prima Dominique, aún en shorts y camiseta larga de pijama y Marine llevaba su camisón rosa de flores azules. No hablaron pero se sintió confortada y querida en su presencia.

- Vamos cielo, hoy tenemos excursión a Hogsmeade. – dijo Marine sentándose en la orilla de la cama de su amiga con el cabello despeinado.

- Sí, hoy hay salida de chicas. – dijo Dominique con una sonrisa en los labios. – Lily también viene con nosotras a si que, si no quieres que te vea así, ¡levanta! – dijo dulce pero autoritaria.

Rose se incorporó y con una sonrisa echó a sus amigas de su cama. Menos mal que las tenía a ellas, si no, no sabía que hubiera hecho. Desechó a Malfoy de su cabeza y decidió que ese día lo pasaría bien, costase lo que costase.

Con un movimiento de varita hizo la cama y cogió ropa del baúl para ir a darse una ducha, mientras Dominique intentaba domar el pelo mojado de Marine.

Un cuarto de hora más tarde ya estaba perfectamente peinada y vestida con una falda de volantes marrón y azul y con un jersey marrón chocolate de cuello de cisne, además de con unas botas de ante marrones (también) hasta las rodillas.

- Perfecta. – dijo Dominique dando el visto bueno al atuendo de su prima mientras pasaba una mano por su suave y liso pelo rojo.

- Vosotras también estáis geniales. – dijo Rose mirando la ropa de sus amigas. Dominique llevaba unos pitillos de talle alto sin bolsillos y con tres pares de botones de platón alineados como cierre, una blusa blanca semitransparente con la que se la veía el sujetador negro y unos zapatos de tacón altos. Encima de todo llevaba una chaqueta de cuero negra y el pelo recogido en un moño desenfadado. Marine llevaba una minifalda vaquera y una sudadera roja ajustada, con unos calcetines de rayas rojas y doradas hasta un palmo encima de la rodilla y unas Converse rojas. Se había cortado el flequillo recto y espeso (obra de Dominique seguro) y tenía unos pequeños bucles en las puntas. Con ese aspecto parecía una adolescente normal.

- ¿Vamos? – preguntó Marine con una sonrisa enseñando sus dientes blancos.

- ¡Claro! – dijo Rose, agarrando a sus amigas a cada una por un brazo y saliendo a las escaleras de la sala común.

- ¡Pensaba que no salíais! ¡Iba a tirar la puerta y todo! – dijo Lily algo molesta. Llevaba un vestido verde botella muy corto con una camiseta gris y negra de rayas de manga larga bajo el vestido. Unas medias negras tupidas y unos botines verdes con una bufanda gris completaban el conjunto de la chica. Tenía el pelo suelto y lleno de rizos.

- ¿Alguien ha avisado a Molly? – dijo Rose algo culpable.

- Está en la enfermería con algo de fiebre, ayer se pasó el rato en el jardín. – les contó Lily mientras les guiñaba un ojo. Todas rieron.

Cogidas de la mano y con los cabellos ondeantes al viento se dirigieron a Hogsmeade, dispuestas a volver con montones de bolsas de ropa. Cuando llegaron, Dominique y Lily las arrastraron hasta sus tiendas de ropa favoritas y se probaron miles de cosas. Rose y Marine daban paseos por las tiendas cogiendo solo lo que más las gustara y riéndose de las exclamaciones emocionadas de sus dos amigas.

- Rose, me alegro de que ya estés mejor. – le dijo Marine mientras Lily y Dominique entraban por enésima vez al probador a ponerse más vestidos.

- Yo también me alegro. – le dijo la pelirroja a su amiga sinceramente dirigiéndole una bonita sonrisa.

- Pero… Si de verdad te pasara algo importante y no supieras en quién confiar, sabes que siempre puedes contar conmigo y que yo no te voy a juzgar. – le dijo Marine.

A Rose se le encogió el corazón y la abrazó con fuerza. No quería que se le saltaran las lágrimas y hacía todo lo posible por contenerlas.

- Sé que puedo confiar en ti. – le dijo Rose. – Pero creo…

- Que no estás preparada para decirlo. Lo sé. – terminó la chica por ella.

- Puede que resulte una locura, pero creo que si se lo digo a alguien, me darán de lado por lo que he hecho. – se le quebró la voz.

- ¡Oh, Rose! ¡Nadie te va a dar de lado, por muy malo que sea lo que hayas hecho! – dijo Marine dándole un fuerte abrazo. – Mi madre dice, que a veces, lo que creemos que es terrible, no lo es tanto, pues todo es subjetivo.

- Te prometo que cuando sea el momento te lo diré. Gracias por no presionarme. – dijo esbozando una sonrisa sincera.

- ¡Chicas, mirad que vestido más ideal! – exclamó Dominique saliendo de un probados con un vestido rojo de un solo tirante con escote en forma de corazón y ajustado hasta un palmo por encima de las rodillas.

- ¡Es precioso! ¡Promete que me lo prestarás! – dijo Lily asomando la cabeza del probador.

Una vez hubieron acabado de comprar, o más bien de dejar las tiendas sin existencias, se dirigieron a una nueva cafetería muy mona que habían abierto hacía cosa de un año.

- ¡Qué tarde más genial! – dijo Lily. – Me lo estoy pasando como nunca. – Todas se rieron por el entusiasmo con el que lo decía.

- Sí bueno es que ya sabes, somos las mejores. – dijo Dominique mirándose las uñas en una pose de ser divina, por la que recibió codazos de todas sus amigas.

- ¿No os apetece tomar un pastel y un chocolate? – preguntó Rose mirando la carta. – Creo que tengo más hambre que nunca después de mirar tantas tiendas.

- ¡Pero si no os habéis comprado casi nada! – exclamaron Lily y Dominique al unísono. Se rieron y juntaron los meñiques. Marine puso los ojos en blanco.

- Ya y vosotras habéis comprado demasiado. – dijo la rubia mirando la montonera de bolsas que se aglomeraban en el suelo.

- Bueno, ¿pedimos ya, o qué? Yo me muero de hambre. – y la tripa de Rose gruñó puntualizando lo que la chica había dicho.

- ¡Vaya! Parece que te has tragado un guepardo, prima querida. – comentó Lily entre risas.

Pidieron la merienda y pasaron ahí la tarde, haciendo chistes, hablando de cotilleos y confesando secretos. De tanto reírse Rose creyó que la quedarían agujetas en las mejillas.

Pronto comenzó a anochecer y decidieron que era hora de volver al castillo, pues hacía demasiado frío cuando oscurecía y no estaban muy abrigadas.

Cuando se llegaban a la mitad del recorrido, Rose se dio cuenta de que se había olvidado una de sus bolsas, y volvió corriendo a la cafetería, habiendo dicho a sus amigas que las alcanzaría en un rato. Nada más llegar la amable dueña del local le tendió la bolsa pues se la había guardado en cuanto notó que se la habían olvidado.

- Muchas gracias. – le dijo Rose y le dedicó una gran sonrisa. Se dijo a si misma que cuando volvieran a Hogsmeade tenían que ir a merendar a esa cafetería de nuevo.

Nada más salir de la cafetería vio una figura conocida esconderse entre las sombras y mirar hacia atrás para comprobar que nadie le seguía. Ni siquiera se había fijado en que Rose le observaba.

Era la persona con la que menos le apetecía estar, y menos seguir, pero recordó la misión que le habían encomendado sus primos y apretó un poco el paso para no perder al chico de vista. Deseó con todas sus fuerzas haber cogido su capa de invisibilidad, pero parecía que el chico tenía cosas más importantes que hacer que mirar de nuevo hacia atrás.

Tras diez minutos caminando, empezaron a alejarse de Hogsmeade y se caminaban junto a la linde de un bosque. Rose se escondía entre los árboles, por si Malfoy oía sus pasos. El corazón le latía con fuerza y temía ser descubierta, pero a fin de cuentas… ¿Qué más daño le podía hacer ese engreído? Tras unos minutos, llegaron a un claro de ese bosquecillo. La pelirroja se escondió tras unos arbustos y el chico salió al encuentro de unos hombres de apariencia terrorífica.

- ¿Tenéis el paquete? – inquirió Scorpius a los hombres.

- Claro, pero… ¿Tienes tú el dinero? – le preguntó el más alto de los hombres. Era al menos una cabeza más alto que Scorpius y su pelo negro y ojos hundidos, aparte de su corpulencia evidente, le daban un aspecto aterrador.

- ¿Por quién me has tomado? – exclamó Scorpius ofendido. – Soy un Malfoy.

- Últimamente ese apellido ha perdido todo el poder que poseía. – dijo el otro individuo. Era menos aterrador que el primero, pero aún así con su cabello castaño sucio y las grandes cicatrices en su cara, resultaba perturbador.

- Pues pronto volverá a cobrar importancia, ya lo veréis. – añadió el chico con cara de póker. – Empecemos el intercambio. – Y dicho esto le tendió al hombre más grande una bolsa de dinero, mientras que el más bajo le tendía a el un paquete no más grande que la palma de una mano. – Es un placer hacer negocios con ustedes caballeros. – dijo Scorpius guardando satisfecho el objeto dentro de su capa.

- Está todo el dinero. – afirmó el grandote nada más acabar de contarlo. – Si necesitas alguna cosa más, ya sabes dónde encontrarnos.

Los dos hombres se desaparecieron del claro dejando solos a Scorpius y a Rose, aunque el primero no sabía que la chica había observado la conversación muda de horror.

La curiosidad la mataba por dentro, quería saber lo que era ese paquete por el que había ido tan lejos. Sabía que no podía ser ningún objeto de magia oscura, porque el viejo Filch se encargaba de revisar a cada alumno con un detector de magia negra cada vez que volvían de un viaje.

Tras unos minutos, el chico empezó a moverse y dejando una distancia prudencial, Rose le volvió a seguir, pues temía quedarse atrapada dentro del bosque y no saber volver a Hogwarts. No se había dado cuenta de que estaba entumecida del frío hasta que no se levantó, y por ello andaba ligeramente descoordinada. Poco después acortó ligeramente la distancia que le separaba del chico, pues no sabía porqué pero aquel lugar le ponía los pelos de punta. En un descuido piso una ramita, y por poco consiguió esconderse tras un árbol y evitar que el chico la viera.

Continuaron el camino, pero cuando se acercaban a la linde del bosque, Malfoy se internó más en los árboles y Rose se quedó ahí ligeramente desconcertada antes de decidir si seguirle de nuevo, o marcharse hacia el calor del castillo. Antes de que pudiera dar un paso, alguien la agarró por detrás y le tapó la boca para que no gritara. La cogió en volandas por la cintura y la apoyó contra un árbol, quedándose el que le había agarrado frente a ella.

- Con que dando paseos nocturnos por el bosque, ¿eh, Weasley? – le dijo Malfoy a unos centímetros de su cara, aún tapando la boca a la chica para que no gritara.

- Humm… - soltó Rose asintiendo con la cabeza. No sabía porqué, pero aunque antes había dicho que no podía hacerla más daño, estaba tremendamente asustada.

- ¿Tú no sabías que… la curiosidad mató al gato? – le preguntó con una sonrisa en los labios. – O en este caso, al león…

- ¡No he visto nada! ¡No he visto nada! – chilló Rose nerviosa sin pensar. Luego se hubiera mordido la lengua. Recordó a un profesor suyo de la escuela primaria que siempre decía "Excusatio non petita, accusattio manifiesta"(Excusa no pedida, culpa manifiesta).

- A si que nada… - dijo el chico con voz amenazadora perforándola con sus ojos de hielo. Ella solo negó con la cabeza. – Vete de aquí. – dijo él soltándola. Ella abrió mucho los ojos sorprendida.

- ¿Porqué…? – preguntó desconcertada.

- No quiero verte. – contestó solo él. Y ella se sintió más herida que si le hubiese hecho un hechizo cruciatus.

Se fue de allí, a paso rápido. No temía que cambiara de idea, si no que en realidad quería que el corriera tras ella y la besara como había hecho la noche anterior. Se reprimió por pensar eso. Pero, se dio cuenta, de que había pasado algo en su interior. Por mucho que intentara verle con malos ojos, por mucho que pensara en lo que había visto y oído esa noche en el claro del bosque, no podía verle como alguien peligroso, aunque sin duda lo era.

Nada más llegar a los terrenos de Hogwarts se dio cuenta de que se había dejado la bolsa olvidada de nuevo, pero decidió que no importaba, ni si quiera recordaba que había dentro.

Nada más hubo desaparecido la chica del bosque, Scorpius se inclinó y recogió la bolsa que se le había caído cuando salió corriendo de ahí. Era un perfume con forma de manzana y olor dulzón y, recordó que ese era su olor, cada vez que se movía o que se acercaba demasiado a ella esa era una de las cosas que la caracterizaba.

Cerró los ojos y lo volvió a oler. Y se arrepintió de haberla dicho que no la quería ver y que se fuera, porque, por más que le doliera reconocerlo o estuviera fuera de su esencia, lo único que quería desde hacía semanas, incluso meses era estar cerca de ella, y desde la noche anterior, volver a probar sus besos.


Tititititi, como véis, aún no se han arreglado las cosas entre Scorpius y Rose aunque están claramente enamorados. Os voy a decir que antes de desliar las cosas, las voy a liar mucho más, la imaginación me da mucho de sí, y se me están ocurriendo miles de cosas... Solo os pido a vosotros una:

Ponedme review o algo que si no me siento muy deprimida como que nadie lee mis historias... :(

Y bueno, ahora os digo que espero que os haya gustado de todo corazón.

Un beso,

Elle.