Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen aún no sé quiénes tengan los derechos de los personajes, pero no son míos. Este fic es escrito únicamente con fines de entretenimiento y porqué es parte de un reto.
—¿Dónde está? —Preguntó David, que se levantó de la cama cuando vio a Snow que acaba de entrar a la habitación compartida—. ¿Snow, en dónde está la poción?
—Regina me la quitó —Snow le confesó con una voz caída, y se sentó en la esquina de la cama—. Me encontró en el bosque y me la quito. Me ha quitado el diamante… el último que fue encontrado. Quería hacerlo yo sola, estuve pensando y me dije que quería que Emma recuperase su estado normal, aunque eso significara perderla.
—Snow… —David la estrecho entre sus brazos y le beso su frente—. Ya encontraremos otro modo de hacerlo. Pero está vez lo vamos hacer juntos —Él le puso las manos en sus mejillas—. Mañana iremos a las minas para encontrar más diamante, confío en que hay más. Tienes que bañarte para no enfermarte.
—Quiero ver a Emma —le murmuró—. Por favor, David. Habla con ella, quiero pasar unos minutos con ella.
Emma retiró el seguro de la puerta, después tomo una liga para el cabello, se lo puso, se acomodó el camisón de dormir y se metió a la cama, tapándose con la sabana.
—Hola Emma —Mary Margaret cerró la puerta detrás de ella, se acercó a paso lento hasta ella y con la mirada pidió permiso para poder sentarse en la silla que estaba al lado de la cama—. Lamento no haber podido pasar mucho tiempo.
—¿Por qué te lo llevaste? ¿Por qué me quieres mantener como una niña? ¿Por qué no quieres que vuelva a la normalidad? ¿Por qué quieres ser muy egoísta? Yo no te querría si tú hicieras eso.
—Lo sé —Mary Margaret sonrió, pero Emma vio la mirada triste que en su rostro se cernía—. Pero quedamos en que mañana saldríamos como a una familia.
—No somos familia.
—Emma… —Mary levantó una mano y toco la frente de Emma, su bonito cabello rubio, seguramente cuando era niña era del mismo color de David, ella nunca había llegado a tener su cabello así, su madre tampoco. Pero Emma era una joven hermosa, una hermosa joven que había crecido y madurado sola.
Y ella quería reparar ese error. Se lo repetía una y otra y otra vez.
—¿Dónde está el diamante?
—Regina lo tiene —murmuró—. Se lo iremos a quitar, haremos todo lo necesario para recuperarlo. Regina me ha citado el día de mañana en el puente de los Trolls. Se lo quitaremos ahí.
Emma salió de la habitación, tratando de no hacer nada de ruido. Se cambió la tonta pijama que llevaba, y aunque le quedaba grande, se puso su antigua chaqueta. Abrió la puerta de la entrada y salió.
Camino por todo el edificio, saliendo de él para ir hasta dónde su auto. Sacó sus llaves y abrió. Se sentía tan pequeña en el asiento y ni siquiera alcanzaba el freno, ni nada, mucho menos alcanzaba a visualizar el camino. Se recargo en el asiento y cerró los ojos.
—¿A dónde vas, Emma?
—¡David! —Emma se llevó la mano a su corazón, tratando de evitar el latir de su corazón por el susto, aunque en Storybrooke estaba a salvo, menos por Regina y Mary—. Planeaba ir con Regina.
—¿Te vas arriesgar?
—Sé que Mary es tu esposa, pero seamos sinceros, David. Ella estaba mintiendo —Emma abrió la puerta del auto y se movió de asiento para darle el paso a él, David entró segundos después—. Las mentiras no son de Mary. Regina no tiene la poción.
—Snow jamás me ha mentido —David habló con seguridad—. Estaba muy angustiada, Emma. E ir con Regina simplemente empeorara las cosas. Tenemos que esperar al día de mañana.
—No quiero esperar más David. ¿Sabes lo que se siente estar en el cuerpo de algo que no te gusto?
—¿A ti ya se te olvido que durante veintiocho años me encontré dormido y cuando desperté estaba casado con otra persona cuya cuál no sentía amor alguno? Respondiendo a tu pregunta, es obvio que sé lo que se siente. Emma, debes ir con calma, no debes precipitarte tanto. Sé de tu angustia y nos estamos embarcando a temas que ya hemos hablado, pero si quieres ir con Regina, no te detendré.
El día inició lluvioso por segunda vez consecutiva en la semana. David tomó la mano de Mary Margaret y subieron a la vieja camioneta para terminar la poción necesaria. Henry se iba a unir con ellos para lo que faltaban.
Pararon en casa de Henry y llamó a la puerta como persona normal. Henry fue él que apareció, luego de saludarlos le entrego el frasco con el líquido en color morado.
—Ese es el que provocará que ustedes olviden que Emma es su hija —Henry dijo con voz apenada—. Lamento no haber podido encontrar otra manera de ayudarlos, el libro no dice nada con respecto a la creación de estas pociones.
—Has ayudado mucho, pequeño —David se inclinó ante él—. Lo que creó es que por ende olvidaré que eres mi nieto, pero quiero que sepas que me encuentro muy orgulloso de ti. Nos has ayudado tanto.
Henry lo abrazo.
—Mucha suerte abuelo, te quiero.
David se quedó hasta que Henry cerró la puerta de la casa y camino de nuevo hacía la camioneta en dónde lo estaban esperando Snow y Emma. La sonrisa de Snow se borró cuando miro a Regina acercarse a ellos, la puso en alerta.
—Que sorpresa verte en mi casa, de nuevo —dijo con desprecio al verlo—. ¿Ahora que quieres?
—Vine por la poción que le quitaste a Snow —David hizo una negación con la cabeza—. Cometiste un error al irte el día de hoy y dejar a Henry sólo. Él la encontró.
—Sí yo tuviera la poción, no la ocultaría en mi casa. Años atrás conocían mis movimientos y ahora te dejas engañar con facilidad...
—¿A qué te...?
En ese momento el acelerador de la camioneta se escuchó. Antes de que se perdieran de la vista, vio a Snow quién iba conduciendo la camioneta a toda velocidad. David le grito pero no ocurrió nada. Por unos segundos había creído que fue Regina la que hizo que la camioneta se fuese a toda velocidad.
Regina comenzó a carcajearse ante lo que acababa de presenciar.
—¡Confiaste en tu esposa! —Regina se llevó una mano a la boca— ¡Tú propia esposa te engaño! Voy a llorar de la alegría. David, yo nunca le quite la poción a Snow para salvar a Emma, no. Incluso le di el complemento faltante, ese líquido que llevas en tú mano no es nada —Regina calmó por un momento e incluso mojo su cara con la lluvia al retirarse el paraguas—. Para cuando llegues al puente, seguramente verás a Emma como una niña para siempre.
David paso al lado de Regina y corrió hacía el primer vehículo que iba pasando, hizo el alto pero nadie le hizo caso.
Lo peor aún no llegaba, David le había entregado no sólo parte de su cabello, también una parte de su sangre.
Emma abrió los ojos poco a poco, la cabeza le inició a doler la cabeza. El agua estaba cayendo sobre su rostro, trató de llevarse las manos a su rostro para retirarlas, pero estás seguían cayendo. Y sus manos estaban amarradas. Le costaba mantener sus parpados abiertos, el cielo era gris y la lluvia fuerte. Estaba toda empapada, si vivía para contarlo iba amanecer enferma al día siguiente.
Fue devuelta a la realidad. ¿Y David dónde estaba?
—Es por tu bien, Emma —Vio a Snow que estaba hincada sobre ella—. Quiero pasar tiempo con mi hija, más de veintiocho años...
—Este no es el modo Mary.
—Snow —Mary dejo caer la cabeza, Emma no sabía si estaba llorando o era el agua que caía sobre ella—. Mi nombre es ese, aprenderás a llamarme con ese nombre.
—¿Por qué me fuerzas? —Emma trato de moverse pero no podía—. Yo no quiero ser tu hija, no de este modo.
—Sí te dejo crecer yo olvidaré que eres mi hija.
—¡Y yo olvidaré quién soy! —Le gritó—. ¿Eso es lo que quieres? ¿Realmente vas a vivir sabiendo lo que le has hecho a tu hija? ¿Serás feliz con eso?
—Tú te olvidaste de Henry, sí no fuese por él no te habrías vuelto a preocupar. Seguiste adelante y por todo lo que me has contado, fuiste feliz por un tiempo —murmuró—. Yo no podría Emma. Si tan solo supieras cuántas cosas hice para poder mantenerte a salvo —chilló, se llevó una mano a su corto cabello y se lo estiro—. Y ahora que vuelvo a tenerte conmigo me quieren alejar de nuevo, no puedo permitirlo. Aprenderás a ser feliz, a quererme.
—¡Yo no quiero eso! Arruinaras mi vida, la de David, la tuya. No sé cómo vas a mantener tu consciencia tranquila. Se supone que tú corazón es puro, lo que buscas es la felicidad de otros, pero lo único que me demuestras es lo egoísta que eres.
—Es el mismo egoísmo que el tuyo cuando decidiste abandonar a Henry...
—No es lo mismo. Yo no... ¡No te debo dar explicaciones! Snow, madre —las palabras fueron secas cuando lo dijo, nunca en su vida las había dicho y mencionarlas en ese momento era únicamente para hacerla entrar en razón—. Por tu amor por mí, haz que yo vuelva a mi estado normal, te prometo que encontraré el modo de devolverte a tu estado normal.
—Lo lamento, Emma.
Maesi Robyn: WoW, me costó tanto pensarle como llegar hasta aquí. Estaba gritando de la emoción cuando se me empezó a ocurrir, pero al final es que te guste. ¿Y bien? ¿Muy dramático? ¿Exagerado? ¿Bien? Te quiero, mensa.
