Desclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, es pertenencia de su respectiva autora, Akira Amano.
Advertencias: Universo Alternativo (UA) marco de la historia: siglo XVII. 2718. Los personajes pueden estar muy OCC, pero Yunmoon trabaja para no cambiarles mucho la personalidad.
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Platino
Capítulo 7 – Nosotros en la eternidad
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Cuando Hibari abrió los ojos no le extraño, del todo, encontrarse abrazado a Tsunayoshi, lo que si le sorprendió fue ver que el castaño fruncía el ceño y parecía tener una pesadilla, ¿los vampiros podían tener malos sueños? No lo sabía, pero sin duda alguna estaba un poco… confundido, sin saber que hacer no le quedo más que acercarse a Tsunayoshi y darle un poco de calor, alrededor de dos minutos el castaño pareció recuperar el sueño, ya que dejo de fruncir el ceño y pareció más tranquilo. Pronto él mismo se quedó dormido, estar con el castaño, era cómodo, ¿para qué negarlo?
Para cuando el pelinegro volvió a abrir los ojos Tsuna ya no estaba a su lado, de hecho, el castaño no parecía estar en casa, se levantó de la cama y comenzó a vestirse, salió del cuarto y fue a la sala, afuera se encontró a Alaude y Giotto, de lo más asquerosamente acaramelados, bueno, Giotto abrazaba a su hermano y su hermano parecía anotar cosas en un libro, sin tomar en cuenta el hecho de que era abrazado. Cuando ambos lo sintieron cerca alzaron la cabeza y lo miraron, Hibari les regresó la mirada.
-¡Kyouya!-.
Le llamo Giotto, y aunque no le gusto mucho hizo un amago de que le escuchaba.
-¿Dónde está Tsuna?-.
Preguntó Hibari, entonces Alaude alzó el rostro y lo miró, poniéndole atención.
-No lo sé, él no ha estado desde la mañana-.
Giotto sonrió pícaramente, pero Alaude le golpeo en las costillas, se levantó de su lugar y se acercó a Hibari. Lo inspecciono un poco y finalmente volvió a su lugar, entre los brazos de Giotto.
-No pareces estar mal-.
Le dijo y luego Hibari se sonrojó sutilmente, Giotto se maravillo por la expresión, no era tan lindo como lo era Alaude, pero sin duda tenía que reconocer que era… gratificantemente lindo y refrescante. El pelinegro frunció el ceño y dio media vuelta, por alguna razón quería encontrar a Tsuna, ver a esos dos pegados le provocaba querer estar con el castaño, rayos, le daba asco sus pensamientos, pero no podía evitarlos. Alaude no dijo nada, pese a que el pelinegro se veía ligeramente inquieto.
-Me voy-.
Soltó con simpleza y dio media vuelta, realmente quería encontrar al castaño, además, ¿qué mierda se creía al dejarlo sólo después de haber tenido relaciones? Era un idiota y se lo iba a restregar en la cara. Cuando ya iba en la salida de la sala la voz de Alaude lo detuvo.
-He escuchado que hay cazadores buscándote-.
-Hmp-.
Fue su respuesta y luego se fue, Giotto sonrió ante lo frió e indiferente que era ese niño, sino fuera porque lo había visto ligeramente cariñoso con Tsuna pensaría que el pelinegro no tenía sentimientos. En fin, sabía que era un rasgo de los Hibari, el ser fríos, indiferentes y no olvidemos lo difícil que era entenderlos, lo bueno era que había convivido mucho tiempo con Alaude y por ello podía comprender a Kyouya.
-Giotto-.
Habló Alaude y el rubio lo miró.
-¿Sí?-.
-¿Qué harías si Tsunayoshi desapareciera?-.
Giotto lo miró directamente.
-¿Cómo? Pues me pondría muy triste, quiero pasar mi larga vida a su lado-.
Alaude dejó de hacer lo que hacía y lo miró a los ojo.
-¿Qué pensarías de tener una eternidad a mi lado?-.
Eso dejó impactado a Giotto, el rubio dorado era consciente de que no tenía una vida inmortal, no sabía con precisión la verdad acerca de su vida, pero de lo que estaba seguro era que había nacido gracias al alma de algún Vongola, no sabía de que Vongola o que había pasado con exactitud, pero eso le había contado Reborn hace ya mucho tiempo atrás, realmente casi no lo recordaba, pero ahora sentía que debía de haber escuchado con mayor claridad lo que le había dicho ese hombre.
-No entiendo a que quieres llegar, Alaude. Sabes que no tengo una eternidad-.
El rubio platino desvió la mirada, por un par de segundos y luego la volvió a Giotto, rayos, la mirada azul claro de Alaude le distraía, pero Giotto trató de concentrarse sólo en sus palabras.
-Sólo era curiosidad-.
Esto era extraño, Alaude no era así, él pocas veces tenía curiosidad, Alaude se manejaba con la lógica y cada pregunta siempre tenía un fin.
-Alaude… ¿Qué está pasando?-.
-Lo sabrás pronto-.
Fue la simple respuesta de Alaude mientras se apoyaba en el pecho de su amante y volvía a escribir. Giotto supuso que algo realmente estaba pasando, Alaude no era del tipo de ser que dijera cosas al aire o que preguntara sólo por 'curiosidad', lo cierto era que… tenía un horrible presentimiento, tenía que ver con la sangre Vongola y la súper intuición que le había sido dada.
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Algo le llamó hasta esa casa, su casa, la antigua y maravillosa mansión Vongola, vaya, hace tanto tiempo que no estaba ahí, aunque básicamente ahí es donde había despertado cuando Giotto decidió romper su sueño. Ahora se preguntaba si realmente Giotto le había despertado, tenía un mal presentimiento sobre su despertar y apenas y ahora lo comprendía. Realmente deseaba encontrar a Reborn, necesitaba respuestas.
Paseo por la mansión destruida, era maravilloso, aún destruido le gustaba. No podía creer que hubiera vivido en esa casa por tantos años, hasta lo que pasó con Alaude, aún le dolía saber lo que había pasado en ese entonces, ser traicionado por él… era duro y difícil de asimilar, contando con el hecho de que Alaude y Giotto salían.
-Sabía que vendrías, Tsunayoshi Di Vongola-.
Tsuna se exaltó y volteo hacia donde provenía la voz, entrecerró los ojos y miró directamente al individuo que estaba arriba de una mesa, sentado tomando… ¿café? Sin duda, ese sujeto era Reborn. Sonrió mientras se acercaba al pelinegro.
-Pensé que no te vería de nuevo, pero creo que ya sabías que esto iba a pasar-.
-Claro, después de todo, fui yo quien lo planeo de esta forma-.
-¿Qué es exactamente lo que planeaste?-.
-¿Qué es exactamente lo que te sucede?-.
-Estoy muriendo-.
-Lo sé-.
-¿Tiene que ver contigo?-.
-No, eso es por tu culpa, habéis utilizado tu poder más de la cuenta, tu cuerpo no lo resistió, por ello te recomendé dormir en esa ocasión, pensé que si dormías cuando despertaras habrías recuperado todo tu poder, pero me equivoque y sólo te diste un poco más de tiempo-.
Tsuna entrecerró los ojos.
-¿De qué hablas?-.
-Nos conocimos. Soy más joven que tú, como por unos quinientos años, pero tengo casi la misma edad que Alaude. Además, comparto el alma con Giotto-.
-¿El alma del primer Vongola?-.
-Así es. Pero mi parte es realmente más pequeña que la de Giotto, pero a diferencia de él yo he aprendido a utilizar ese poder en mi beneficio y Giotto sólo aprendió a vivir con el… pese a que tú dijiste que él lograría ocupar toda la habilidad del primer Vongola-.
-No te entiendo, no sé de que me estas hablando-.
Reborn sonrió, deposito su taza, de café expreso, sobre la mesa y bajó de ella, miró al castaño con una sonrisa y luego soltó una risita, Tsuna alzó una ceja al verlo sonreír de manera tan misteriosa.
-Esto… es tu plan y mi plan. Olvidar tenía que ver conmigo y tú estuviste de acuerdo, supongo que es hora de recuperar tus recuerdos perdidos-.
-¿Cómo?-.
-Cuando fuiste a dormir fue porque estabas muriendo y tú no querías morir hasta matar a todos los vampiros existentes. Me pediste ayuda y yo te la di, cuando eliminaste a los Vongola terminaste débil. Te dije que durmieras por cien años, pero lo hiciste por más de quinientos. Te recomendé olvidar todo lo que pasaba, por si al despertar seguías débil, entonces lo mejor sería disfrutar tu corta vida y estuviste de acuerdo conmigo-.
Tsuna no le creía, no recordaba nada de lo que decía, pero si que tenía otros recuerdos, Uni, Aria, sus padres, Alaude e incluso a Byakuran bebé… ¿era mentira? Como si Reborn pudiera leer sus pensamientos sonrió y negó lentamente.
-Los recuerdos que tienes no son falsos, sólo no están completos. A algunos les has agregado cosas que realmente no existían y muchos otros simplemente los has dejado así-.
-Lo de Alaude… ese día… cuando acepto matarme-.
-Eso… eso no puedo culparte. No es que hayas olvidado ese recuerdo, es que en ese entonces tú no escuchaste esa conversación entera. ¿Deseas saber que ocurrió realmente? Puedo conceder tu deseo-.
-¿Cómo?-.
-Es fácil. Es mi recuerdo, puedo mostrártelo-.
Tsuna no dijo nada cuando sin más se sintió en un sueño. El recuerdo fue directo a su mente, como si lo hubiera vivido él mismo.
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Había sido llamado por Iemitsu Di Vongola, algo importante, habían dicho. Le sorprendió un poco encontrarse ahí a Nana Di Vongola, a una humana que había conocido hace un tiempo y Alaude, el hijo de sangre pura de los Hibari. Alzó una ceja, esto parecía ser serió.
-Me alegra que estén aquí-.
Fue lo primero que dijo el rubio mayor, Alaude inclino la cabeza, en forma de respeto, al igual que Reborn. La chica humana sólo sonrió y se mantuvo en su sitio, ligeramente alejada de todos los presentes. Iemitsu se dirigió a Alaude.
-Te agradezco mucho la ayuda que nos has dado… pero… creo que es imposible. Tsuna no puede seguir entrenando-.
Reborn y Alaude alzaron una ceja, entonces la chica humana se acercó.
-Supongo que la conocen. Su nombre es Luce, y es una sacerdotisa. Ella no es un vampiro, pero su alma ha sido creada para poder convivir con ellos. Se dice que las sacerdotisas con ese poder son capaces de derrotar a los vampiros con sólo una sonrisa-.
Luce sonrió y comenzó a hablar.
-Mucho gusto mi nombre es Luce, encantada de conocerlos-.
Alaude y Reborn se sintieron impactados por la sonrisa. Lo que decía Iemitsu era cierto. Nana sonrió con pena.
-Luce ha… logrado ver algo… Tsuna… ha nacido como un vampiro mortal…-.
Reborn abrió los ojos con sorpresa.
-¿Vampiro mortal? ¡Pero si es un Vongola de sangre pura!-.
-Eso provocara que su vida sea tan larga que probablemente nunca se de cuenta… hasta el día en que muera… Además, su poder ha sido sellado, él… morirá antes de lo pensado-.
Ver el sufrimiento de una madre fue triste, incluso para Reborn. Iemitsu coloco una mano alrededor de los hombros de Nana y comenzó a hablar.
-Luce ha encontrado un método… para que esto no suceda-.
Alaude miró atento.
-Y es en donde quiero que participes, Alaude-.
El chico alzó una ceja.
-¿En que puedo servirles?-.
-Probablemente lo mejor… será matarlo, lo mejor sería matarlo sino puede hacer nada para si mismo… más que morir, Alaude, necesitamos tu ayuda-.
Nana comenzó a llorar al momento de escuchar eso y se soltó de la mano de Iemitsu.
-Tsuna es inútil, es torpe, es bobo, no comprende todo a la primera, no le gusta obedecer y algunas veces es necio…-.
Iemitsu sonrió.
-¡Pero no puedo aceptarlo! No podemos hacerle esto… Iemitsu… no, por favor no… haremos otra cosa-.
Alaude miró a Nana y le sonrió.
-Estoy de acuerdo, yo no puedo matarlo… no a él… él es una persona importante para mí. Lo siento, Iemitsu-.
Luce sonrió a todos los presentes de forma conciliadora.
-Nana, Alaude, Iemitsu. No sería matarlo, podremos resucitarlo con mi alma, Tsunayoshi no morirá, el volverá, siendo un vampiro completo y aprenderá a utilizar todo su poder. Se los aseguro-.
-Te lo agradezco, Luce, pero ellos ya lo han decidido, ayudaremos a Tsuna a sobrevivir. Pero gracias-.
-Está bien. Por favor, cuídenlo-.
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Tsuna estaba impactado, ¿esa era la verdad? Alaude había dicho que era importante… sus padres… Sin poderlo evitar cayó al suelo de rodillas y comenzó a llorar, los había matado, a sus padres y ellos… ¡Ellos lo amaban! Pero él… él los había matado, se había ido con los Gesso y los había matado… a sus padres. ¿Por qué hizo algo así? Porque era un inútil… porque era un idiota.
Reborn se hinco frente a Tsuna, sabía que esto iba a pasar, que Tsuna lloraría de esa forma, pero bueno, algún día tendría que saber la verdad.
-Está bien… Ellos presentían que esto pasaría. No murieron tristes como piensas, ellos estaban orgullosos de ti, porque al final, tú supiste utilizar tu poder-.
-¡Pero los mate! ¡Eso no está bien! ¡Los mate aunque me amaban! Soy… ni siquiera merezco vivir, no merezco nada… Yo… lastime a todos, todo fue mi culpa, todo… todo-.
-No, no fue tu culpa, fue tu destino, el destino del ser que cambiara la historia, ¿recuerdas las palabras de Uni?-.
-…-.
-'Al mundo vendrá un ser que hará una revolución. Creara luz, donde sólo hay oscuridad, creara vida, donde sólo hay destrucción, creara amor, donde sólo hay dolor'. Nunca lo he duda, se que tú eres ese ser-.
-No… no es así… yo no merezco vivir-.
Reborn le levantó el rostro y le limpió las lágrimas.
-No mereces morir. Tú mereces ser alguien grande, probablemente no podrás cumplir todas tus metas en esta vida, pero en la próxima lo harás-.
-¡No habrá próxima! ¡Si realmente existe un ser que castigue nuestros pecados en este mundo! ¡Él sabe que yo no merezco vivir nunca más!-.
Reborn soltó un suspiro, pero tenía que ser paciente, sabía lo que debía de estar sufriendo ese chico.
-Tsuna… Si te vas, ¿sabes que dejaras sólo a Kyouya? Se que lo amas… y él te ama a ti-.
-No lo merezco-.
Tch. Esto podría ser más difícil de lo pensado.
-Tsunayoshi. Lo mereces-.
-¡No lo merez-…!-.
Tsuna sintió algo, se levantó del suelo y miró hacia el sur, se alarmo, se limpió las lágrimas y comenzó a caminar hacia esa dirección.
-¿Qué sucede?-.
-Algo le pasa a Hibari… ¡Tengo que ir hacia él!-.
Sin más Tsuna salió a una sorprendente velocidad, bueno, realmente ya no importaba lo demás, al parecer el día había llegado por fin. Reborn volvió a sentarse en la mesa y comenzó a hablar sólo.
-Gracias por permitirme nacer, Tsunayoshi. Por permitir nacer a Giotto y a Byakuran, por proteger a Alaude cuando los Gesso deseaban matarlo. Por dar tu vida para crear un nuevo mundo para seres como nosotros…-.
El pelinegro dio un sorbo a su café y sonrió bajo la sombra de su fedora, por cierto, esa fedora había sido un regalo de ese mocoso castaño hace ya varios siglos.
-Fuiste un buen estudiante, inútil y ruidoso… Gracias por existir, Tsuna-.
Sin duda alguna, probablemente esa sería la última vez que lo viera.
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Hibari sentía la presencia de alguien a sus espaldas, entrecerró los ojos, se detuvo y volteo rápidamente, estaban en un lugar solitario, lejos de la gente, en una noche fría, quien quiera que tratara de atacarlo iba a salir herido. La oscuridad era un arma de doble filo. Ante sus ojos se mostro un chico, de cabello plateado, lo conocía, era el mocoso que acompañaba a ese hijo de Dhampir, el chico de cabello negro. El peliplata se acercó hasta mostrarse por completo, parecía confiado y Hibari sabía que no debía de confiarse, humano tonto.
-Tú… atacaste a Yamamoto… ¡Me las pagaras bastardo!-.
Hibari alzó una ceja.
-No sé de que me hablas-.
-¡No te voy a creer maldito vampiro! Voy a matarte… ¡No permitiré que vuelvas a lastimar a mis amigos!-.
El peliplata saco un arma, una pistola, Kyouya alzó una ceja, pero enseguida frunció el ceño al darse cuenta que esa arma tenía el escudo de la familia Vongola, ¿por qué esas personas tenían esos objetos? Sin más se quitó para no recibir el impacto de la bala y luego notó que la bala… disparaba llamas rojas, entrecerró los ojos, esto no era normal… ese humano no era alguien normal.
-¡Voy a matarte!-.
Hibari comenzó a luchar enserio, estar frente a ese humano era diferente ahora, era como si su fuerza y velocidad hubieran aumentado y Kyouya estaba seguro que su fuerza también había aumentado, después de tener sexo con Tsuna y beber su sangre su cuerpo había recibido una enorme cantidad de energía. Pero ese humano también parecía haberla recibido. No era normal.
Un disparo lo tomó desprevenido y aunque lo esquivo una parte de la llama roja lo daño, soltó un chasquido con la lengua mientras se tocaba el brazo lastimado, le había herido… y la herida no cerraba. No era normal, ese humano no era normal.
Hibari saco sus tonfas y se dispuso a correr a velocidad contra el peliplata, cuando Hayato lo vio cerca sacó, de quien sabe donde, una daga y la interpuso entre las tonfas de Hibari y su cuerpo, se alejaron y se miraron al rostro. Entonces Kyouya lo notó, dentro del cuerpo de ese humano corría poder de ese ser que ahora era suyo, corría poder de Tsunayoshi.
-Tú… ¿Qué le has hecho a Tsunayoshi?-.
-¿Tsunay-… qué?-.
-Dentro de tu cuerpo fluye su poder… si Tsunayoshi esta herido… me las pagaras, herbívoro-.
Entonces Hibari se puso más serió, tanto así que logro asestarle dos golpes a Gokudera, pero el peliplata no iba a rendirse, pese a que los golpes dolían como el infierno volvió al ataque, acercándose a gran velocidad a Hibari y disparándole, el pelinegro evito cada bala, pero hubo algo que no notó, que Hayato había lanzado su daga, le disparo a la daga y esta hizo una ligera curva, iba directo a él, pero no fue así, la daga fue directo a su mano derecha, quitándole la tonfa y de paso lastimándole. Soltó un jadeo, ser lastimado por esas cosas era doloroso, cosa que jamás, en su corta vida, le había pasado, el dolor era algo nuevo para él.
Fue probablemente una distracción, Hibari era bueno manejando sus dos manos, después de todo, pero una bala fue tan fuerte para quitarle de las manos la tonfa izquierda, sin darse a esperar activo su poder vampírico, aumento su velocidad y su fuerza y comenzó a atacar el peliplata cuerpo a cuerpo, Gokudera era débil en esa área, pero de alguna manera esta vez no se sentía tal débil.
Yamamoto había sentido el poder de la batalla y a toda velocidad se dirigía a Gokudera, cuando lo vio pelear contra un vampiro como Hibari su corazón se detuvo, saco su arma y se encamino a gran velocidad. Kyouya no lo sintió venir, estaba muy concentrado en Hayato como para hacerlo. El peliplata vio a Yamamoto atrás del pelinegro y aunque se molesto por la interrupción acepto que necesitaba ayuda, pelear cuerpo a cuerpo con un vampiro era algo difícil y peligroso, ni que decir que sólo podía protegerse.
Todo fue muy rápido.
Pero el final fue evidente para los tres.
El arma de Yamamoto no había ido a parar a Kyouya y para suerte del espadachín tampoco a Hayato, sino a un cuarto intruso en esa pelea.
-¡Tsunayoshi!-.
-¡Tsuna!-.
Hibari se acercó a él sin permitirle caer al suelo, lo vio todo, en cámara lenta. Como Tsuna llegaba al último segundo y se interponía en el ataque. Como sonreía mientras caía, como caía en sus brazos, respirando con dificultad mientras un gran charco de sangre roja se formaba, no era un rojo común, era un rojo carmín que pasaba al negro. Tsuna sentía como su vida se iba lentamente… morir por el arma que le había dado a esos cazadores años atrás… si que era algo que no esperaba.
-Jajaja… te pareces tanto a ese Dhampir… ¿Cuál era su nombre? ¿Asari? No lo recuerdo… pero era una buena persona…-.
-¡Tsuna! ¡Cómo te atreves a lastimarlo maldito vampiro! ¡Yamamoto!-.
-¡No fue culpa de Hibari!-.
Dijo Tsuna, mientras se sentaba, le dolía tanto que nos sabía de donde sacaba la fuerza para sentarse.
-Recuéstate-.
Le ordeno Hibari, pero Tsuna sólo le sonrió.
-Lo siento Hibari… te he mentido… La verdad… yo no quería hacer un contrato contigo, porque estoy muriendo. Yo no soy un vampiro inmortal, soy un vampiro mortal…-.
Cuando Hayato escucho eso abrió los ojos con sorpresa, se había hecho amigo de un vampiro… ¡Un vampiro le había mentido! Pero no podía estar enojado, porque ese vampiro había sido amable con él… y por su culpa ese vampiro moría.
-Lo siento-.
Dijo Yamamoto, Hibari se levantó, dispuesto a quitarle la vida, pero la mano de Tsuna lo detuvo.
-Para… no fue culpa suya… Hibari, quiero morir viéndote sólo a ti-.
Hibari miró al moreno y apretó la mandíbula con enojo, asintió y tomando a Tsuna en sus brazos desapareció. En ese lugar sólo quedaron Yamamoto y Gokudera, el peliplata miró a Yamamoto.
-Él…-.
El peliplata apretó los puños, Tsuna iba a morir, era un vampiro y debería estar feliz por su muerte, pero no podía, porque Tsuna había sido una buena persona, alguien que Gokuera deseaba conocer, alguien que deseaba fuera importante en su vida.
-¿Gokudera?-.
-Él era un buen amigo… él… era diferente… no se que pensar, esto es…-.
Yamamoto sonrió.
-Veras, es que eres joven Gokudera. Pero lo cierto es que en la vida veras a seres que no deben ser juzgados hasta conocerlos…-.
Gokudera miró el cielo, de alguna forma la luna parecía roja.
-Tsuna era… un amigo… que yo deseaba tener, alguien que confiara en mí y me apoyara… y yo… ¡Pero fue culpa de ese otro vampiro, por lastimarte!-.
Yamamoto sonrió y le tomó el rostro, le besó la frente y le sonrió.
-Gracias por defenderme, Gokudera-.
El peliplata se sonrojó levemente.
-Tch…-.
-Es probable que pronto inicie un nuevo ciclo… para los vampiros y los cazadores-.
Ambos se quedaron observando la luna, sin decir nada más.
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Mukuro miró fijamente por la ventana, cerró los ojos, luego los abrió y se levantó de su lugar, Byakuran entró al cuarto del peliazul y le sonrió. Por primera vez Mukuro se dirigió al albino y lo abrazó. Pero ambos sabían porque, en ese último tiempo Byakuran la había visto por primera vez, a esa chica pequeña de mirada profunda y sonrisa soñadora: 'Cuando el comienzo llegue el fin tendrá que ser esperado'. Esto probablemente era a lo que se refería esa chica, Uni, probablemente se trataba de esa humana que había tenido que morir para que él naciera.
-Tsunayoshi morirá hoy-.
-Lo sé… es una lastima, por fin te tenía para siempre-.
Mukuro lo miró a los ojos.
-Puede que en esa siguiente vida prometida no me busques a mí, lo sabes-.
Byakuran sonrió.
-No te preocupes, Muku-chan, tú siempre serás mi número uno-.
-Claro-.
Mukuro cerró los ojos, si iban a morir… ¿no sería bueno decirle todo?
Probablemente lo era.
-Te amo-.
Byakuran sintió un palpitar en su interior, jamás se había sentido así, Mukuro lo miró al rostro y maravillado notó que el albino estaba sonrojado y avergonzado, ese idiota arrogante jamás mostraba esas expresiones, verlo había sido… algo inédito.
-Yo también… te amo-.
La luna cada vez se veía más roja.
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Giotto lo sabía, lo sentía viajar en su interior, era parte de su súper intuición, pero otra parte se debía a que era un vampiro. Alaude se encontraba mirando por la ventana, sin decir nada, esperando el final. Luce se lo había dicho. El final llegaría justo cuando el comienzo tuviera que empezar. Pues bueno, esto era… algo esperado.
-Alaude-.
El rubio platino volteo a mirar a Giotto y sin esperar recibió el impacto de unos labios sobre los suyos, cerró los ojos y luego los abrió cuando el rubio dorado se separo.
-Te amo… te amo más que a mi vida… por favor, acéptame en tu próximo renacer-.
Alaude sonrió arrogante.
-¿De verdad piensas que volveremos?-.
-Claro, lo pienso así. Y si no volviéramos, seré dichoso de saber que fui el último en tu vida… porque el primero fue él… ¿Cierto?-.
Alaude no contesto nada, no había nada que decir realmente.
-¿No vas a decir nada?-.
Preguntó Giotto y Alaude volteo a mirar hacia la ventana.
-Si te dieran a escoger entre una vida conmigo y una vida con Tsunayoshi, ¿Cuál elegirías?-.
-A ti, por supuesto-.
Alaude sonrió.
-Yo hubiera elegido a los dos, nunca dije que no pudieras-.
-Eres tan tramposo-.
Giotto se acercó a él y lo abrazó.
-¿Me amas?-.
-Sí-.
Probablemente sería la única declaración que escucharía de Alaude, y le gustaba.
El reflejo de la luna roja era su paisaje, pero no importaba si era el fin o el comienzo, ellos ya eran felices.
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Lo recostó sobre el césped y con cuidado se sentó a su lado, miro la luna roja y luego volvió a mirar al castaño. Realmente se veía mal, realmente parecía que iba a morir, realmente sentía que iba a llorar.
-Hibari-.
El pelinegro se acercó un poco más, podía escuchar su voz, pero era tan baja que a veces se le dificultaba entenderlo, verlo morir… era tan triste.
-Te amo-.
-Tsk-.
-Jajaja… Auch…-.
La vida de Tsuna se extendía lentamente, tan lento que le era insoportable, pero realmente era mejor así, si el castaño hubiera muerto al instante… ¿no hubiera sido peor? Claro que lo habría sido. Sintió la mano de Tsuna sobre la suya, podía sentirle caliente, aún vivía, a su lado. Pero no sería por mucho tiempo.
-Cometí muchos pecados en mi vida… realmente estoy arrepentido… tanto que siento que no merezco una vida después de esto-.
Hibari entrecerró los ojos, sintió como su cuerpo temblaba con lentitud.
-¿Ni siquiera importa si estas conmigo?-.
-Pero no te merezco-.
-Entonces yo tampoco te merezco-.
Tsuna le miró como si lo que dijera fuera una broma, seguramente lo era, no podía ser nada más, después de todo Hibari era el ser más puro que había conocido.
-Dormí, porque tuve miedo de morir, sabía que había nacido por parte del alma de algunos de mi clan, sabía que mis padres querían morir para darme su alma y que yo tuviera una vida inmortal… yo quería esa vida inmortal, aunque ellos murieran. Es casi como si los hubiera matado-.
-¡Eso no es así!-.
-Eso aplica contigo entonces, no creo que las cosas hayan sucedido como tú lo piensas, herbívoro-.
-Pero…-.
-Está bien si piensas que mereces un castigo… y probablemente lo recibas en tu próxima vida-.
-¿La merezco?-.
-Claro, serás un inútil, idiota, bueno para nada y sobre todo los males, estarás encadenado a mí-.
-Pero eso es bueno-.
-Ya lo veremos-.
Tsuna sonrió.
-Te amo-.
-…-.
-¿No puedes decirme lo mismo aunque sea una vez?-.
-No, te lo diré en nuestra próxima vida-.
Tsuna sonrió, pero un dolor agudo comenzó a herirlo, cerró los ojos, mierda, nunca había sentido tanto dolor, era… asfixiante. Alzó la mano y sintió que Hibari se la apretaba.
Y luego de eso comenzó a perder los sentidos lentamente.
Primero fue el gusto, el sabor a sangre que tenía en la boca desapareció. El olfato le siguió, dejo de oler la hierba y el olor a menta de Hibari. Luego fue el oído, dejo de escuchar el viento y la voz del pelinegro. Enseguida fue el tacto, la mano cálida de Kyouya fue imperceptible, ahora estaba asustado. Pronto dejo de verlo, todo a su alrededor fue negro, ¿estaba vivo o muerto? No lo sabía, pero si de algo estuvo seguro fue que sintió algo cálido y húmero caer hacia su rostro, el sabor a sal en sus labios y un murmullo suave que llamaba su nombre y luego…
Luego no sintió nada. Luego los vampiros perdieron la inmortalidad. Y pronto… perdieron la vida. Un nuevo ciclo había dado comienzo, con Tsuna muerto y todos esos seres.
Si renacerían o no, realmente no importaba tanto como se pensaba, al menos era así para Tsuna, después de todo, el amor que sintió por Hibari fue tan resistente como el platino y tan brillante como la mirada platina del pelinegro.
Platino puro. Amor puro.
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Siempre había odiado ver a los herbívoros reunirse en grupos, hacer escandalo y desastre. Eran irritantes y molestos, los deseaba lejos. Irritado por todo el ruido frente a él, Hibari Kyouya aumento la velocidad de su caminar, extrajo de su cinturón un par de tonfas y frunció el ceño.
Odiaba a los herbívoros inútiles y buenos para nada que no hacían nada más que molestar.
El primer golpe fue dado por él. Fue directo al rostro del primer herbívoro que tuvo enfrente. Luego los golpes salieron de manera ágil, esta era la mejor forma de erradicar a los herbívoros, ellos sólo entendían a base de golpes, era algo que había aprendido hace ya mucho tiempo. El último herbívoro salió corriendo y Hibari sonrió satisfecho, misión cumplida, seis herbívoros erradicados.
-Ugh…-.
Fue ese ligero jadeo que llamó su atención al piso, miró hacia sus pies y se encontró a un chico hecho bolita en el suelo, alzó una ceja, al parecer esos seis herbívoros, que se había encargado de moler a golpes hace menos de treinta segundos, habían estado molestando a este otro herbívoro.
-Levántate-.
Ordenó, el herbívoro pareció no oírlo ya que sólo se removía en el suelo mientras se quejaba. Cansado por sus lloriqueos, Hibari guardo sus tonfas y tomó el pequeño e inútil herbívoro de la ropa y lo puso en pie. El otro chico, mucho más pequeño que él, aunque aparentaba su edad, enseguida sintió el dolor de ser obligado a levantarse.
-¡HIIIII! ¡Eeeek!-.
Fueron dos gritos simultáneos que le pusieron de muy mal humor y cuando estaba apunto de golpear al herbívoro con sus tonfas este alzó el rostro, mostrando su sucia, lastimada y pequeña carita. Vaya, que estaba majo, y su cabello, pese a lo revuelto y sucio, le hacía lucir encantador. El herbívoro abrió sus ojos mostrando dos grandes esferas de chocolate líquido, fue un momento… perturbador, nunca antes le habían mirado así.
-P-platino-.
Dijo el pequeño animal mientras hacia un amago de sonrisa y temblaba, tal vez de frió, de miedo o de dolor, o podría ser la combinación de los dos. Hibari lo empujo provocando que el pequeño niño se recargara en la pared y soltara un grito por el impacto, Kyouya se quito la chaqueta y tomando al niño de nuevo se la coloco en los hombros.
-Te llevaré al hospital-.
-¡N-no… es necesario…!-.
Hibari lo cargo en su hombro, cubriendo su rostro con su chaqueta y sonrió de lado.
-Por cierto, ¿cuál es tu nombre?-.
El herbívoro se removía cada cierto tiempo, pero finalmente se rindió.
-Tsuna-.
Dijo simplemente el chico y al ver que Hibari no respondía, agrego.
-Sawada Tsunayoshi-.
Conforme con lo dicho, Hibari sonrió, arrogante, y esta vez cargo a Tsuna al estilo nupcial, provocando un sonrojo en el castaño.
-Bien, Sawada Tsunayoshi, a partir de ahora me perteneces-.
Tsuna soltó un jadeo de terror, pero al sentir la cálida mano del pelinegro en su espalda frunció el ceño. ¿Por qué no podía negarse?
Quien sabe, tal vez fue culpa del poder de los ojos profundos y platinos de ese chico cual nombre desconocía.
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Y es por esto que no debería escribir finales (T-T). Lamento mucho si esperaban que escribiera a las otras parejas y no lo hice, pero el principal aquí es el 1827, 2718, es por eso que no escribí de sobre las otras parejas.
Bueno, con este capítulo llegamos al final de: "Platino". Como verán, al final de esta historia Tsuna ya es todo un uke y Hibari un seme (¡Los amo así!). Agradezco a todos los que se pasaron a leer esta historia, dejaron comentarios, la agregaron a favoritos y a alertas: ¡Gracias!
Mis queridos lectores: ¡Feliz 14 de Febrero! Yo estoy en la escuela y realmente no hay nada feliz para mí, ya que estudiar no es precisamente mi más grande felicidad, pero espero que ustedes lo disfruten con sus amigos, sus amigas, su familia, su pareja y todo aquel al que consideren importante.
Shao~ shao~
