Disclaimer: Esta es una obra de Fanfiction usando personajes del mundo de Bajoterra, que son propiedad de Asaph Fipke y Nerd Corps. Lo único que me pertenece son los OCs.
N/A: ¡Felicidades a Ania Sorian 82 por ser el comentario cincuenta! Siento mucho publicar un día después de lo acordado; la buena noticia es que, después de la semana que viene, tendré toda la semana libre. Estoy planeando hacer un maratón de capítulos ¿les gustaría?
Soundtrack: Meghan Trainor - Lips Are Movin
Capítulo 6. Recuerdos y mentiras.
Bajó las escaleras en cuanto supo que su madre le había citado. Tenía una sonrisa, sin embargo. De todos modos, no había algún pretencioso chico esperándola.
—Señorita Sting —llamó Rose, de pie al final de las escaleras —Su madre está en el salón dorado, digo, el salón blanco.
Ella asintió y se dirigió a su segundo lugar favorito de la casa.
—Madre… —se apoyó del marco de la puerta y calló al observar el lugar. Los dos muebles individuales estaban de un color más oscuro, sucios —¿Qué pasó aquí?
Anne le miró y sonrió, de esas sonrisas de falsa modestia típicas de su persona.
—Ella es mi hija Beatrice.
—Trixie —corrigió, de manera inconsciente. Estaba ocupada viendo la pared dorada rota desde la mitad hasta el suelo, dejando las tuberías a la vista.
Había una grande, de aspecto viejo y podrido, con una enorme abertura.
—¿Trixie? —Rápidamente, observó a la tercera persona en la habitación. Palideció al ver un rostro familiar.
—Kord Zane —Unió sus manos con torpeza. Suspiró —¿A qué se debe su presencia?
Él arqueó una ceja y señaló la pared a sus espaldas como si tratara de decir «¡A arreglar las tuberías! ¿Qué más?».
Vestía muy diferente a como el día de la fiesta, había cambiado sus pantalones negros y su camisa azul claro por un overol azul marino y botas de goma negras.
El cabello estaba bien peinado, lo contrario a la velada.
—¿Cuál es el diagnostico? —preguntó la madre de Trixie. La pelirroja no podía comprender el porqué de su pregunta; no era que su progenitora conociera algo acerca de plomería.
—Claramente, las tuberías están dañadas. La causa es la presión del agua. He observado los planos; toda el agua de la casa pasa por este conducto ¿no es así?
Trixie miró a su madre expectante y se sorprendió al ver que ella le miraba fijamente.
¿Qué podría saber ella? Lo único que Trixie conocía (y su madre no) era el pasadizo secreto.
—Madre —llamó, conteniendo las ganas de sonreír de manera socarrona.
Por un segundo, Anne abrió la boca para excusarse. Con el ceño fruncido, murmuró:
—Supongo.
—Otra razón sería la antigüedad de la casa. ¿Cuándo la compró?
El cuerpo de la pelinegra se tensó.
—Un año después de casarme. Hace veinte años ¿no, Beatrice? —Su madre le miró, sorprendiendo a Trixie. Tenía los ojos llorosos.
Trixie conocía de memoria la historia de sus padres: Se habían conocido en el baile realizado por su abuela paterna, Gea (quien, según su padre, era cariñosa y sabía que se hubiesen llevado bien si no se hubiese muerto por un paro cardíaco), tuvieron un amor a primera vista, se casaron y tres meses después se enteraron que Anne estaba embarazada.
La casa fue un regalo de bodas de Gea. Todavía recordaba las veces que su padre se escapaba para diseñar el pasadizo secreto y las veces en que tuvo que mentir para, según él, hacer un lugar seguro para su hija.
—Sí, mamá —Sonrió con tristeza. Extrañaba demasiado a su papá.
Recordaba la vez en que Lighterra hubo una llovizna, pequeña pero tan fastidiosa como para hacer que nadie se atreviera a salir de sus casas. Esa tarde, los tres se reunieron en el Salón blanco.
Su madre tejía con la cabeza recostada en el hombro de su esposo, mientras que su papá leía un códice antiquísimo y ella tenía la espalda apoyada en las piernas flexionadas de su mamá, sosteniendo el hilo.
Fueron de los pocos momentos en que los tres estaban juntos y sin obligaciones, solamente escuchando como las gotas golpeaban contra el vidrio de las ventanas. Añoraba tanto aquellos días…
—Será difícil, pero podré lograrlo —dijo, ajeno a la nostalgia en ambas mujeres.
—Es hora de que me vaya —informó Anne —. Debo planear mi viaje a Gran Bretaña, si me disculpan…
Trixie abrió los ojos, estupefacta.
—¿Viaje?
—¡Si, querida! —expresó. Anne rió, para consternación de la pelirroja.
—Mamá… —comenzó, pero su madre le dio la mirada, mandándola a callar.
Caminó hacia ella y se inclinó, musitando en voz baja, para que solo Trixie escuchara:
—Cuida que no robe nada.
—Pero… —Dejó de hablar al notar que su madre ya se había ido. Le dirigió una mirada a Kord, que entornaba los ojos hacia ella, como si estuviese buscando el rostro de Trixie en su memoria —A trabajar.
Su tono autoritario y profundo, digno de halagos por parte de su madre, hicieron que el rubio volteara y comenzara con su labor.
Soltó un suspiro antes de pensarlo. No debía permitir que el supiera su identidad, podría decírselo a su madre o peor: a Eli.
oOo
Sin duda, esas tuberías estaban peor de lo que pensaba. No sabía cuánto tiempo llevaba supervisándolo, pero sí que ya comenzaba a oscurecer.
No aguantó mucho de pie, así que había optado por una silla de la Sala.
Rose le había traído un tazón lleno de pan y dos tazas de té junto a una de agua. Kord había tomado dos panes y toda el agua del vaso.
—Debería irse. Es tarde y la ciudad no es la más segura del planeta —adujo.
—Tiene razón —Él respondió, secando una gota de sudor en su frente con el dorso de la mano.
—Claro que la tengo —dijo. Casi iba a pedirle disculpas por ese engreído comentario, cuando pensó en que mientras se pareciera menos a la chica de la fiesta menos sospechas levantaría.
—Volveré mañana —Se dirigió a la puerta, a lo que Trixie se levantó —No es necesario. Conozco la salida.
—No pensaba enseñársela —respondió, su voz serena. Sus labios marcaban una línea recta.
—Hasta luego —se despidió y antes de salir completamente del lugar, añadió: —Dana.
Trixie quedó muda, pálida y nerviosa.
Su corazón latía rápido.
Le había pillado.
