Capítulo 7 «XXX»

—Perfetto, grazie.

El camarero abrió la botella y sirvió un poco en la copa de Candy bebió con delicadeza, dejando que el sabor de aquel vino le impregnara toda la boca, haciendo las delicias de su paladar.

—Está exquisito —dijo ella, tras tragar el líquido.

—Tenía ganas de probarlo, los vinos de Ticino tienen mucha fama y este en concreto es un Bianco de Merlot de 2011.

—No sabía que entendieras de vinos —comentó Candy, a la vez que Terry le daba el visto bueno al camarero y este servía ambas copas para dejarlos solos.

—No soy un experto, pero me interesan, sobre todo los italianos.

—No estamos en Italia. Y no eres italiano.

—Creo que la cultura de un país se rige un poco por el idioma que se habla en un sitio como este, ¿no crees?

—Es probable, pero hay excepciones.

—La esencia de la gente es la misma. Compartir un idioma es compartir una madre.

—Así que también eres filósofo.

—Soy muchas cosas que puedes descubrir tú misma si quieres.

—Aún no estoy del todo segura, déjame que beba una par de copas más de este Merlot y te cuento.

—Todas las que quieras, esta noche es sola para nosotros.

Emma fingió toser, porque al parecer se habían olvidado de ella, ninguno de los adultos le había pedido nada para beber . Pero estaba de lo más divertido escuchando, aunque no entendia todo, lo que en realidad era gracioso eran los gestos que ambos hacían...

Terry y la asistente de su papá la miraron con preocupación, como si de verdad se hubieran olvidado de ella.

Despues de alli todo lo que se dijieron fue por mensaje de texto,

—La verdad :—le dijo mirándola con ojos de cordero degollado y luego escribio en su movil—, no. De no ser por sus excentricidades no estaríamos disfrutando ahora mismo de una comida en este lugar. que es encantador para dar comienzo a algo.

Candy : —¿Das por hecho que va a surgir algo entre nosotros? :—bufó Candy, mientras le daba un buen trago a ese vino.. Terry estaba siendo demasiado encantador y sugerente estaba a punto de rendirse ante él.

Terry :—Es algo que tú y yo deseamos. Estamos los dos locos lo hemos confirmado,y he de reconocer que me gustas.

Candy:—¿Te estás declarando?

Terry :—Me estoy abriendo. No tengo miedo a expresar mis sentimientos abiertamente, no es nada de lo que alguien deba avergonzarse

— Candy adoptó un gesto serio:—¿Lo dices en serio? —Candy quiso que la tragara la tierra.

Terry:—Sí, totalmente en serio.

Candy:—Lo siento, ha sido una grosería por mi parte —se disculpó.

Terry:—Tranquila, seguramente te he hecho creer con mi comportamiento que soy un capullo. Pero cuando una mujer me gusta de verdad, me comporto de ese modo extraño.

Candy :--, Yo también suelo hacerlo, lo de comportarme de un modo extraño cuando alguien me gusta, y he de confesar que fue una sorpresa.

Terry ladeó la cabeza, brindándole una media sonrisa.

Terry:—¿Agradable?

Candy:—Puede que sí —cedió ella.

Terry:—Vaya —suspiró aliviado—. Esperaba un no rotundo.

--¿Les parece si pedimos? Estoy hambriento. dijo esta vez dirigiendose a las dos mujeres que lo acompañaban

—Está bien. —Sonrió ella, pues la idea de volverlo a escuchar hablar en otro idioma le excitaba sobremanera. Candy escogió un delicioso risotto de pulpo Terry solomillo de ternera al romero y Emma una pizza. Los tres disfrutaron mucho de aquellos platos de autor que combinaban la cocina tradicional con el vanguardismo, creando una fusión orgásmica que armonizaba muy bien con el ambiente de. aquel local tan peculiar de fachada de cristal.

—Este lugar ha sido todo un descubrimiento. Lo encontré de casualidad .

—Pues te felicito, Terry, hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un lugar y una comida tan deliciosa.

Terry volvio a su movil—Gracias, espero que la compañía también haya tenido que ver.

Candy:—También, creo que ha sido lo más importante de la comida —dijo ella, dejándose llevar por primera vez en mucho tiempo.

Terry:—Entonces ¿ya estoy dentro de tu círculo de confianza? —preguntó él, tras limpiarse de forma varonil la comisura de los labios con la servilleta.

Candy:—Depende de para qué.

Terry—Para compartir un postre, ¿tal vez?

Candy:—Si es de chocolate, sí.

Terry:—¿Y si nos arriesgamos un poco más?

Candy:—¿Qué me sugieres? —Candy empezaba a calentarse, al igual que la conversación.

Terry:—Tarta de tres chocolates suizos, con helado de nueces de Macadamia, virutas de trufa y sorbete de limón al cava —dijo, leyendo la carta a la vez que miraba a su asistente, recitando lentamente todos los ingredientes de aquel postre.

Candy:—Mi piace —dijo ella, sorprendiendo a Terry.

Terry:—¿Y eso?

Candy:—Yo también he estado mirando cosas por la web, una mujer inteligente debe crear munición que descargar en momentos puntuales.

Terry:—¿Y dónde pensabas descargar ese «me gusta» en italiano?

Candy:—Pues en esta ocasión, por ejemplo —respondió ella de forma resolutiva.

Terry:—No sabías que iríamos a cenar fuera.

Candy:—Una buena comida no siempre se sirve en un restaurante. —Candy estaba descargando demasiada munición. Estaba fuera de sí, suelta, loca, excitada.

Terry:—Me rindo, Bella Pettegolezzo, si seguimos esta conversación hasta el final, no podré contenerme y tendré que besarte.

Candy:—No hasta que compartamos esa tarta que me has prometido, soy muy golosa —dijo, acabando de rematar a Terry, quien hervía por dentro, deseoso también de saborear de arriba abajo a su guapa asistente.

Terry:--Solo la tarta de chocolate

Candy:—Terry, ¡me estás volviendo loca! —ella comenzaba a exasperarse. Ella lo que deseaba es que él la besara y la llevara de vuelta a la mansión para hacer el amor apasionadamente. Su cuerpo llevaba días mandándole señales en forma de sacudidas esporádicas y necesitaba calmar las ganas con él.

Terry:—Y tú a mí, quieres decirme de una vez qué quieres. —Terry le estaba tomando el pelo. Le encantaba verla a la desesperada y deseaba que fuera ella quien le pidiera lo que ambos tanto estaban deseando.

Candy:—Quiero volver a la mansión y… —Candy se iba sonrojando por momentos.

Terry:—Y que te haga el amor, ¿no es cierto? —Terry se inclinó un poco sobre ella y la necesidad de contacto empezó a crecer en la asistente, primero a la altura de su ombligo y luego empezó a descender hasta llegar a su entrepierna.

Durante el trayecto en el auto hasta la mansión, reprimieron las ganas que se tenían, charlando por fin relajados de cualquier cosa con Emma, entre risas y Terry y Candy discretas caricias en las manos.

Al llegar a la mansión Emma se despidió para irse a su habitación y la asistente de su papá la siguió pero dandole una mirada provocativa a Terry que entendió a la perfección.

Candy estuvo con Emma en su habitación por aproximadamente treinta minutos donde ambas rieron y se conocieron un poco más. Candy sabía lo que podía pasar con Terry y a pesar de todo lo quería, lo deseaba, era pasión que la consumía y pedía más bien le exigía ser liberada. Candy le pidió a Emma una liga gruesa para sujetar la peluca bien a su rubio cabello y evitar cualquier inconveniente que la delataran. Estaba arriesgando mucho pero el deseo era más fuerte que la razón.

Candy se despido de Emma con un Que duermas bien... Emma correspondió del mismo modo. Candy se fue a la habitación en la que Terry ya la esperaba para su sorpresa, bueno ni tan sorpresa.

—Señorita Andley. —Él le envolvió la cara con las manos en cuanto la puerta se cerró y Terry se aseguró de poner el seguro. A Candy se le puso la piel de gallina, bajo el ligero vestido que llevaba puesto—. Te estoy tomando el pelo. Deseo tanto o más que tú esto, quiero besarte por todos los rincones de tu cuerpo, ver cómo tu espalda se arquea disfrutando de mí, y yo de ti. pero empezaré por besarte en la boca.

Aquel beso arrancó suave. Terry acarició con las yemas de los dedos el perfil de sus labios, haciendo que ella los entreabriera, sedienta de él. Se tornó loco, a medida que las embestidas de las lenguas calentaban sus deseos. Mordiéndose de forma sensual, sintiéndose y solapando sus respiraciones. Sus auras debieron fusionarse y formar un halo similar a las luces de la aurora boreal en Edimburgo. Era el beso más perfecto que ambos habían experimentado, de esos que van in crescendo y finalmente vuelven a descender para unir sus miradas y agrandar sus pupilas. Al romper aquel beso, ya no pudieron esperar más. Si en algún momento se les había pasado por la cabeza retroceder de ahí se les olvidó por completo. Volvieron con la necesidad apremiante de amarse por primera vez. Ambos habían sabido transformar el tira y afloja en algo mágico y espontáneo, dejando que la química y la física hicieran de las suyas, mientras compartían unos asientos de clase turista en un vagón de tren. Aunque sin ser consientes de ese hecho los dos llevaban el mismo destino de ida y vuelta, y es que la vida es así de caprichosa: une y desune parejas; las mueve por el tablero como piezas de ajedrez, haciendo combinaciones y jugadas, y del que solo saldrán victoriosos aquellos que deseen llegar hasta el fondo de su corazón. Y este parecía ser el caso de Candy y Terry.

Terry aprisionó a Candy entre sus brazos, inclinó la cabeza y le lamió la línea de la mandíbula antes de cubrir sus labios con los suyos. Un jadeo salió de la garganta de ella cuando notó la erección de él empujando contra su abdomen. Su cuerpo empezó a actuar por su cuenta y lo rodeó con una pierna, apretándose contra su excitación, la quería sentir más cerca, caliente e hinchada, como la notaba pegada a su piel, y sus manos subieron hasta su pelo, que era tan suave como lo había imaginado. Las bocas seguían unidas en besos que empezaban antes de terminar, sumidas en un revoltijo de lenguas, deslizándose por dentro de sus bocas, fluidas y agiles. Terry comenzó a subirle el vestido por los muslos, deseando verla desnuda y ella se apartó lo justo para facilitarle la tarea de sacárselo por la cabeza con un rápido movimiento. Mientras Candy se peleaba con el cinturón, él le desabrochó el sujetador, que poco después estaba en el suelo junto al vestido. La camiseta del actor no tardó mucho en hacerles compañía y tampoco sus pantalones que, ayudados por las hábiles manos de su asistente, descendieron por sus largas y fuertes piernas y, tras quitarse las zapatillas con ayuda de los pies, acabaron tirados en el suelo. Cuando solo las braguitas y calzoncillos cubrían sus cuerpos, se miraron con deseo largamente, comprobando que todo aquello que habían imaginado no superaba la realidad. Eran mucho mejor en vivo y directo, o al menos a ellos se lo parecía en aquel momento.

—Dime, hermosa, ¿cuáles eran esos labios que te iban a explotar? —le susurró. Le puso las manos en la cintura y la miró a los ojos mientras le deslizaba las bragas hacia abajo, erizando la piel de las caderas de ella con aquel contacto—. ¿Estos? —Le besó la boca—. ¿O estos otros? —Con besos calientes y húmedos, inició un viaje en descenso por su cuerpo: la barbilla, la clavícula, el valle entre los pechos, el vientre, el pubis y finalmente el corazón palpitante entre sus muslos. De rodillas ante ella, le agarró el trasero desnudo y hundió la boca en su carne, lo que le hizo soltar un gemido, antes de que volviera a levantarse.

—¿Tú eliges, nena? Quiero hacértelos explotar. No he deseado nada tanto como te deseo a ti ahora.

—Quizá eran estos. —Ella le tomó la mano y la llevó a su entrepierna. Estaba tan mojada que los dedos de Terry se adentraron en ella sin ninguna dificultad cuando ella le instó a penetrarla. Terry sonrió y dejó que ella le guiara la mano. Le gustaba rudo y rápido, tal como pudo comprobar cuando al arquear los dedos le frotó la pared interna con fuerza y ella soltó un fuerte gemido. Su cuerpo se estremeció de puro gusto.

—Me vas a hacer explotar entera. Él se rió por lo bajo y siguió jugando con ella, disfrutando de su placer. Las piernas le temblaban y más que lo iban a hacer si sus dedos seguían presionando su carne más íntima con ese ritmo tan perfecto que no tardaría en hacerle perder el control.

—Solo tienes que pedírmelo —susurró, deteniendo el movimiento de los dedos. Ella negó con la cabeza.

—No pares, por favor. —La sensación de su cuerpo desnudo contra su piel desnuda, el sonido de su voz ronca y sus largos dedos entrando y saliendo de ella la estaban acercando al abismo orgásmico. Subió la otra mano y le pellizcó con fuerza un pezón y Candy dejó escapar un gemido estrangulado. Estaba casi a punto.

—Tal vez eran estos otros labios —dijo él, llevando el pulgar a la boca de ella para que se lo chupara, cosa que hizo con devoción, mientras él seguía penetrándola con los dedos de la otra mano, a la vez que los movía en círculos, provocándole un placer casi insoportable.

—Te quiero dentro de mí —le exigió ella, y Terry, que también deseaba entrar en ella más que nada en la vida, la agarró por las mejillas y la besó como si no hubiera un mañana. La tumbó sobre la cama y la siguió besando como si no existiera nada en el mundo que no fuera su boca. Sin dejar de besarla, su cuerpo se fue acoplando al suyo y Candy separó las piernas. Cuando su erección entró en contacto con la vulva de ella, ambos suspiraron a la vez. Terry empujó y entró con facilidad. Dios, qué sensación. Era como tocar el cielo estando en la tierra. Ella le atrapó el labio inferior entre los dientes, cuando él empezó a moverse rápido y fuerte, aplastándola contra el colchón. Las sensaciones se acumulaban en lo más profundo de sus cuerpos, creciendo en intensidad. Cada vez estaban más cerca del clímax, sus bocas todavía pegadas, resollando por el placer.

—Voy a hacerte explotar —le susurró, embistiendo su cuerpo cada vez más rápido, ganando profundidad con cada embestida. Ella gimió contra su boca.

—Y yo a ti —respondió, antes de dejar escapar un grito, cuando su cuerpo se tensó placenteramente y después se apretó alrededor de su virilidad, desbordándola con un orgasmo que la estremeció entera, mientras él seguía arremetiendo, buscando lo que necesitaba, cada vez más rápido. El éxtasis empezó a desgarrarlo. Unas embestidas finales más profundas y fuertes y se derramó dentro de ella.

Cotinuará...

Buenos dias. Tengo una nueva historia que me muero de ganas por compartirles me llego el permiso y estoy trabajando en ella. Agradeciéndoles a todos ustedes por sus comentarios y opiniones me apure con este capítulo. Miles y millones de gracias como siempre saludos de JillValentine.