Cursivas son flashbacks.
Por cierto, en el capítulo pasado puso "capítulo 7" cuando debió haber sido "capítulo 6"... Andaba somnolienta, disculpen nn
Capítulo 7
Sigilosamente, Saga se deslizaba en los confines del Santuario. Su cordura ya era un mero recuerdo marchito entre nuevas e intensas emociones que lo embargaban. Sentía el odio dentro de él y éste le prodigaba una fuerza que le hacía sentir vigoroso, más fuerte que cualquier mortal que conociera. Cualquiera que lo mirase, se daría cuenta del cambio que había obrado en él. Ya no era el Saga de mirada dulce y sincera, era un nuevo ser que desbordaba odio y ambición a raudales. No sólo su alma había cambiado, su aspecto físico también sufría una extraña transformación: su larga melena azul había cambiado a un gris y sus ojos verdes, ahora lucían una extraña luminiscencia carmesí. Por momentos, esa imagen lo abandonaba y volvía a ser el mismo de siempre… pero no lo podía controlar…
Aun así, sabía que tenía que presentarse ante el Patriarca, por lo que debería comportarse como siempre lo hacía. No debería levantar sospechas innecesarias ante los demás.
Mientras caminaba tambaleante, los recuerdos amargos volvieron a su memoria. El rostro de su hermano muerto lo azotó constantemente, le provocaba pesadillas, se le aparecía por momentos como una ilusión; como cuando un hombre perdido ve en el desierto un gran oasis y resulta que es un espejismo. Un mero espejismo que nunca alcanza a tocar. Saga pensó que debería haberse ido a despedir de él. Tal vez a darle las gracias o a repudiarlo, por haberlo convertido en lo que había hecho, por despertar esos sentimientos que eran nuevos en él. Como odiaba que su hermano hubiese sido más listo que él, que Kanon se hubiera dado cuenta primero de toda la maldad interior que Saga había acumulado.
Un punzante e inesperado dolor de cabeza lo hizo doblarse y caer de rodillas. Respiró entrecortadamente. Sus manos temblaron de nuevo. Decidió esperar a que el dolor cesara. Se sentó. Miró al cielo. Era extraño, parecería que fuera la primera vez que lo veía pero sin embargo, permanecía inmutable. Recordaba la última vez que lo había mirado. ¡Claro que lo recordaba! Sólo que la situación era distinta. Y tampoco estaba solo.
-Yo también traté. – Dijo Saga, sentándose al lado de su hermano suavemente.
Kanon estaba sentado en el suelo, con las rodillas contra el pecho. Leves sollozos aun se dejaban escuchar de él. Escrutaba al cielo con sus grandes ojos verdes, haciendo caso omiso a la persona que se había sentado a su lado.
-Es inútil, Kanon. No tenemos a dónde ir. – Susurró Saga, tratando de hacer que Kanon le mirase. El aludido por fin se dignó a mirarlo.
-¿En verdad trataste de huir¿Y a dónde irías? – Interrogó.
-Sí y no me enorgullezco de ello, si eso quieres saber – Saga se encogió de hombros - ¿Adónde? No tenía la menor idea. Pero sólo sé que un buen día me cansé de los entrenamientos diurnos… y luego vi tu rostro herido y me pregunté si realmente eso era lo que queríamos.
-¿Y porqué no te fuiste?
-Me faltó valor. – Musitó Saga.
Ambos hermanos guardaron silencio, intentando asimilar las mutuas palabras. Saga miró de reojo la pequeña bolsa que Kanon tenía a sus pies, seguramente con sus escasas pertenencias.
-También temí abandonarte. – Aceptó Saga, sonrojándose – Prometí cuidarte y detestaría no cumplir con lo prometido.
Una leve carcajada brotó de los labios del menor de los géminis. Saga lo miró confundido pues no era esa la reacción que esperaba de su hermano.
-Eres un gran actor, Saga. – Dijo Kanon, cuando logró sofocar su risotada – casi me convences. ¿Cuidarme¿Hablas en serio¡Sólo acudes a mí cuando te sientes solo! Deberías de aceptarlo como yo ya lo hice.
Sus palabras chocaron enormemente a Saga, quien casi enrojeció de ira. Pero se controló respirando suavemente. Aunque tal vez su gemelo tuviera un poco de razón en sus palabras, pero¿quién se creía que era él para reclamarle?
-No estoy actuando, Kanon. Así que no le encuentro la gracia. ¿Y tú a donde pensabas huir con esa bolsa sucia y sin una moneda encima?
-Al horizonte. – Respondió con firmeza Kanon. – En un lugar donde me aprecien, donde no me juzguen antes de tratar conmigo… - le lanzó una mirada de tristeza a Saga – y por supuesto, un lugar donde no te conozcan.
La mirada que Kanon le había dirigido lo había confundido terriblemente. No podía interpretar lo que le había querido decir… no sólo era tristeza, también había reclamo, una pequeña chispa de odio quizás…
-Kanon. – Saga lo rodeó con un brazo, lo que sorprendió al menor de los géminis. – Eres mi hermano y detesto que pienses siempre que competimos. ¿Recuerdas cuándo llegamos? Nos dimos cuenta que sólo nos teníamos el uno al otro. Nada ha cambiado y no tiene porqué hacerlo.
-Si. Cambiará. – Respondió Kanon, tratando de zafarse del abrazo fraterno – Cuando elijan a uno de nosotros como portador de la armadura de géminis… no finjas que nada pasará, sabes que…
-¡Basta, Kanon! – Profirió Saga a gritos – No pienses más en ese momento¿quieres? Seas tú o sea yo el elegido,¿qué más da¿No se supone que eso debería unirnos y no alejarnos?
De nuevo se hizo el silencio.
Kanon ya no trató de desasirse del brazo protector de su hermano. Por el contrario, se apoyó en su pecho cerrando los ojos. Saga apoyó su barbilla en la cabeza de su hermano y miró al cielo…
Ni siquiera supieron cuando el sueño los venció y se quedaron profundamente dormidos.
¡Cómo odiaba esos vulgares recuerdos¡Los detestaba, detestaba profundamente haberse sentido tan… sensible! Lo que más odiaba, era que no había cumplido con su palabra. Que no sólo había traicionado la "confianza" que su hermano le había depositado, sino que también Kanon se había vuelto un aliado del mal y él nunca supo darse cuenta.
¿Cómo podría haberse imaginado que mientras entrenaban Kanon maquilaba ideas en su cabeza, todas ellas relacionadas con odio y venganza? No era ningún adivino, nadie para poder descifrarlo. Por eso cuando su hermano se lo dijo, cuando le soltó de sopetón sus verdaderas intenciones Saga no había encontrado mejor remedio que encerrarlo como condena por sus pecados ya que quizás, el mar lograría lavar su perversa alma.
"Y ahora… ¿tú también no merecerías ser encerrado?" Se dijo, incorporándose lentamente.
¡SAGA!
Era la voz. La voz que lo había atacado en Cabo Sunión. ¿De dónde provenía? Saga se agitó asustado y miró en derredor. Pero no había nadie más que las estrellas haciéndole compañía.
NI LO INTENTES. VIVO EN TI. SOY PARTE TUYA. – Dijo la voz socarronamente.
-¿Qué quieres de mí? – Preguntó Saga con la voz quebrada. Miraba hacia todas partes, pero no había nadie. Nadie.
"QUÉ QUEREMOS AMBOS" ES LA PREGUNTA CORRECTA. PODER, SAGA. NO QUIERO SEGUIR AVERGONZÁNDOME DE TI. – De nuevo, la voz profirió una sonora carcajada.
En un gesto instintivo, Saga se cubrió los oídos. "¡Basta!", imploró con los ojos anegados de lágrimas.
¿BASTA¿DE QUÉ¿DE MI HONESTIDAD¡PERO SI YO SÉ LOS SECRETOS QUE GUARDA TU PERVERSO CORAZÓN! LA AMBICIÓN ES UNO DE ELLOS. VAMOS, DÉJALA SALIR.
-¡No es cierto!
¿AH, NO? SAGA… MUY MAL… ¿RECUERDAS CUÁL ERA TU OBJETIVO ANTES DE PONERTE A INVOCAR ESTÚPIDOS RECUERDOS?
Saga apretó fuertemente los ojos. El aluvión de imágenes de sangre, de muerte, de venganza llegó como un torrente a su mente. Se llevó ambas manos a la cabeza, pues el dolor comenzaba a ser insoportable. De nuevo, se produjo el terrible cambio físico en él: su cabello se volvió ceniciento. Incluso su voz cambió su tono.
ESO ES, SAGA. SIN DILACIONES, APRESÚRATE.
-Yo seré… - dijo Saga respirando entrecortadamente – el mejor…
LO ERES. PERO TIENES QUE DEMOSTRARLO.
Una sonrisa perversa se dibujó en los labios del caballero de géminis. Poniéndose de pie, se sacudió las ropas y comenzó a caminar vertiginosamente. Su objetivo próximo: Star Hill.
Quien sea que mirase a Saga en esos momentos, huiría asustado de su lado. No sólo tenía una expresión ausente, sino una sonrisa idiota le cruzaba el rostro. Caminaba rápido, sin prestar atención a nada. En su mente, los únicos pensamientos que transcurrían a una velocidad sorprendente era la muerte. Nada parecía tener sentido, todo se resumía en poder, ambición. Una parte suya luchaba por liberarse de ese poderoso influjo, pero otra mucho más poderosa, le decía que prosiguiera.
Todos los absurdos valores que había adquirido durante su formación como santo de Géminis se habían esfumado. La diosa a la que debía proteger no le importaba en lo absoluto. Qué más daba, era sólo una mocosa de la que podría deshacerse con facilidad.
Kanon tenía razón. Detestaba admitirlo. Su hermano tenía la boca llena de razón cuando con palabras fuertes y sin miramientos, le había dicho que era la misma reencarnación del mal. El mal confería poderes extraordinarios, porque te permitía liberarte. Ya no había que seguir estúpidos dogmas ni tratar de fingirle reverencia a alguien. No. Sólo estabas tú y nadie más. Que fantástica visión.
El menor de los géminis se había dado por vencido. Cualquier intento de pedir ayuda ya le parecía inútil. Ahora, Kanon se limitaba simplemente a contemplar el mar y cuando sus párpados le pesaban, los abría de inmediato. El mar podía ser muy traicionero y no podía permitirse morir de esa forma: con la dignidad mancillada.
No podía estar siempre ahí. Kanon sabía que, en algún momento, algún despistado tenía que asomarse por ahí. ¡Era un país grande, con un demonio¡Un ser humano debería poder mirarlo!
Aunque si lo meditaba un poco, no era posible que alguien lo salvara. Él tampoco lo hubiera hecho.
-Nos hemos alejado demasiado, Saga. – El pequeño Kanon corría detrás de su hermano, tratando de alcanzarlo.
-Sí, ya lo sé. Pero tenía que enseñarte algo. – De repente, el mayor de los géminis se detuvo en una roca.
Kanon no tardó demasiado en darle alcance. Respirando entrecortadamente, vio lo que Saga señalaba. Ahí, entre las rocas la reja de una prisión se dejaba ver. Era azotada por fuertes olas que rompían sin tregua pero afortunadamente, estaba vacía.
-¿Qué es eso? – Preguntó Kanon curioso.
Eso, según me ha contado el Patriarca, era una prisión a donde iban todos aquellos que caían durante la guerra. Athena los encerraba ahí… y ya no salían de nuevo.
-¿Y esto era tu idea de una excursión interesante? – Bufó el géminis.
-Sí. – Contestó Saga – Pensé que… hay demasiadas historias en torno a ese lugar.
Kanon entrecerró los ojos para mirar mejor. Que hediondo lugar debería de ser aquel, que dolorosa debería de haber sido la muerte para aquellos desdichados prisioneros.
-Aun así no entiendo qué hacemos aquí.
-Siempre eres necio para conocer algo nuevo¿eh? – Saga le lanzó una mirada perspicaz a su gemelo.
-Es aburrido, Saga. Regresemos ya, que muero de hambre.
-¿No te gustaría… entrar ahí?
-¿Estás loco? – Kanon lo miró como si Saga tuviera alguna enfermedad contagiosa - ¡No, claro que no¿Qué podríamos encontrar ahí, sino un montón de huesos?
El gemelo mayor asintió.
-¡Ah, ahí están¡Vuelvan aquí de inmediato, el entrenamiento aun no concluye! – Su maestro los miraba furibundo.
Ambos se encaminaron hacia el hombre que los llamaba. Kanon miró de reojo aquel lugar y entonces, cuando el entrenamiento comenzó de nuevo, lo desechó de sus pensamientos.
"Y esta… será mi tumba", pensó Kanon mientras a lo lejos, la luna bañaba el mar con destellos de plata.
Comentario de la Autora: Err, realmente no hay mucho qué decir. Sólo que si ya saben, si quieren decirme algo, sugerirme, reprocharme... etc, dejen un review.
Au Revoir!
