Inuyasha y sus personajes no son de mi propiedad, son de la grandiosa Rumiko T.
Notas:
"Lo que esta entre comillas" son pensamientos.
—Lo que esta entre guiones son diálogos—
Lo demás son narraciones mías.
Capítulo 7:
Bankotsu salió del agua mientras sujetaba el brazo de Kagome, la aventó frente a él, estaba dispuesto a llevarla a empujones hasta la cabaña.
Kagome arrugó el ceño molesta, sentía frustración al no haber podido escapar de ese jodido lugar y para colmo de males estaba a solas con Bankotsu, estaba segura que en cuanto Inuyasha los encontrará, no dejaría de reclamarle el haber estado con él, le insinuaría hasta el cansancio que ellos dos eran amantes. Pronto el semblante de la sacerdotisa cambió, ahora la preocupación se reflejaba en su juvenil rostro al recordar que el híbrido también había entrado a la luz que la trajo a este lugar.
—"Maldición, Naraku le ha dado a Inuyasha la excusa perfecta para dejarme por Kikyou"—Su rostro se ensombreció— ¿Estará bien? Puede ser posible que él haya caído también en esta isla ¡Ay, no! ¿Le habrán entregado como sacrificio?" —Sus mejillas palidecieron de tan sólo pensarlo, ella sacudió su cabeza, no debía pensar así, ella tenía la esperanza de que él estuviera bien. —Por favor, por favor, que este bien—Su súplica se escuchó como un suave susurró al mismo tiempo que presionaba ambas manos contra su pecho.
Bankotsu escuchó las palabras lastimeras de la joven y molesto sólo atinó en empujarla otra vez, él sabía de antemano a quien se refería y el sólo pensar en su asesino le hervía la sangre.
Ella cayó de rodillas y apoyando las dos manos logró evitar golpearse más fuerte.
— ¡Oye, eso dolió! —Gruño molesta.
— ¿En serio? Con esa intención lo hice—Respondió indiferente, la levantó a tirones y nuevamente la obligó a caminar —No olvides la posición en la que te encuentras, eres mi prisionera—Advirtió seriamente.
Kagome apretó con ira la mandíbula, trataría de no molestar a su captor, sabía que él no la recordaba y aunque así fuera, ellos desde un principio eran enemigos y eso era algo que ella nunca debió haber olvidado, ni siquiera por un instante. Se levantó y sacudió sus manos en sus pantalones para quitarse los pequeños granos de arena que se habían incrustado, caminó con dificultad, sus pies estaban entumecidos, sus dientes chocaban tan fuerte que por un instante pensó que estos se romperían
— ¡Mierda! —se quejó cada vez que tropezaba con alguna piedra debido a que no podía ver nada, ya que los intensos nubarrones en el cielo no permitían que la luz de la luna iluminara su camino. Y así fue la mayor parte del trayecto, la oscuridad y los empujones que el mercenario le otorgaba no le permitieron llegar ilesa a la cabaña.
Bankotsu dio un último empujón a la sacerdotisa, de alguna manera había desquitado casi todo su enojo durante la caminata, casi.
Ella estuvo a punto de caer al atravesar aquella puerta, pero logró recuperar el equilibrio y rápidamente volteó hacia el moreno y le dedicó la más fulminante de sus miradas.
—Tus miradas no me afectan, sacerdotisa—Habló con fría indiferencia.
— "Él…me odia y no lo culpo… —Kagome bajó apenada su rostro, aun cuando ella comprendía las consecuencias de trabajar para Naraku, no podía evitar sentir compasión por él, levantó de nuevo la mirada, esta vez su expresión era diferente. —…nosotros tuvimos que ver en su muerte" —pensó sintiéndose un poco culpable.
Bankotsu ignoró la manera en la que ella le seguía con los ojos, salió un instante de la cabaña y entró nuevamente con un conejo muerto en su mano, él aventó el animalito a los pies de la chica —Prepara la cena, lo capturé antes de notar que te habías marchado—
— ¿Eh? —Kagome parpadeó varias veces y de repente un gruñido de su estómago le recordó que no había comido nada desde el almuerzo, ella enrojeció de la vergüenza y los labios de Bankotsu se curvaron en una sonrisa de medio lado. Ella se inclinó a tomar el conejo —No tengo cuchillo para abrirlo… ¡Ah! —Gritó Kagome cuando un cuchillo se clavó en la madera del piso, muy cerca de su mano.
—Esto servirá, pero no trates de pasarte de lista—
Kagome tomó el cuchillo y el conejo y salió muy molesta de la cabaña, iba dejando un rastro de agua detrás de ella a medida que avanzaba. Limpió el conejo lo más rápido que pudo y lavó sus manos quitando todo rastro de sangre, el agua del riachuelo estaba helada, pero aun así aprovechó para quitarse la sal de su rostro. Ella volvió tiritando a la cálida cabaña con la cena en la mano, se acercó a la fogata que estaba dentro de esta y frotó insistentemente sus manos para calentarlas, Bankotsu tomó el cuerpo inanimado del conejo lo clavó en una vara y lo puso a asar, se sentó cerca y se quitó el calzado y después lo puso junto al fuego.
—Deberías poner a secar tu ropa—Dijo el joven.
—No tengo otra que ponerme—Informó ella.
—Tal vez la anciana dejó algo, busca entre esos cachivaches—Señaló en una esquina, había varías cosas amontonadas.
— ¿Fuiste capaz de destituir a la anciana de su hogar? —Kagome se llevó una mano a la boca, tratando de ocultar su aflicción.
—No, dijo que estaba abandonada, perteneció a otra persona, y que aquí podíamos ocultarnos de los aldeanos—Bankotsu le comentó mientras desataba su larga trenza.
Kagome se dio cuenta de que era verdad, el lugar estaba demasiado descuidado y lleno de polvo, lo que indicaba que nadie había vivido allí desde hace mucho tiempo. — ¿Cómo sabes que no nos delatará? —Preguntó preocupada.
—No lo sé—Encogió los hombros —Por eso debemos permanecer alerta—El guerrero comenzó a sacudir su larga melena para retirar el exceso de agua y así lograr secarlo.
Kagome buscó entre las cosas que estaban amontonadas y encontró un haori, estaba polvoriento y sucio, pero estaba secó, así que lo sacudió —Esto servirá—se fue a la esquina más oscura y se quitó la ropa mojada y se puso la que estaba seca, esta le cubría un poco más arriba de las rodillas, entre las cosas también encontró un peine, caminó con todas sus prendas en la mano y las colocó juntó al fuego y comenzó a peinar su enmarañado cabello.
Bankotsu daba vueltas al conejo, el calor de la hoguera le sentaba bien, de repente sentía que la ropa se le calentaba de más y se alejaba un poco de ella, pero de nuevo el frío le volvía a molestar, así que pensó que lo mejor era deshacerse de la ropa mojada y buscar algo seco, camino hacia donde la joven había estado minutos atrás y esculcó tratando de hallar algo, pero no había nada más que trastos viejos, Bankotsu giró los ojos fastidiado, no podía quedarse con lo que traía puesto.
— ¿Sabes que debemos enfrentarnos al ogro y ayudar a estas personas? —Preguntó Kagome tratando de llamar su atención.
— ¿Para ayudar a esas personas ó a ti? —Refutó.
—También te ayudaría a ti ¿No crees? Si el ogro no muere te quedarás aquí por mucho tiempo… ¡soportándome! —La joven cruzó sus brazos, sabía que él no quería quedarse allí.
—Lo dudo, si eso sucede…ten por seguro que no vacilaré para decapitarte—Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. —ó para entregarte al ogro y después matarlo—
Kagome lo miró retadora, no se dejaría intimidar y luego lo ignoró. —Ya había escuchado eso antes—musitó.
Por bastante tiempo reinó el silencio en aquella cabaña, ambos estaban sentados junto al fuego, alejados el uno del otro, una que otra mirada furtiva viajaba entre ellos, Kagome miraba al mercenario cuando él no la veía, pero él sentía que era observado, levantaba la cabeza cada vez que tenía esa extraña sensación y por breves instantes ambos se contemplaron. Kagome se quedó inmóvil ante la expresión serena del mercenario.
Bankotsu rompió aquel ensimismamiento, se levantó y revisó el asado y al ver que ya estaba listo caminó hacia la sacerdotisa y le entregó un trozo.
—Come—le ordenó y ella tomó el pedazo de carne que el guerrero le ofrecía.
—Gracias-- él se alejó de nuevo a su lugar y comenzó a comer.
Al terminar, todo continuó igual, en silencio, el moreno se levantó y empezó a quitarse la ropa, comenzando por los guantes y el obi y después por la parte superior y colocándola cerca del fuego.
Kagome parpadeó varias veces sorprendida.
— ¿Piensas desnudarte delante de mi? —preguntó molesta por la falta de respeto.
—No es mi culpa que mi ropa este mojada—Encogió los hombros y Kagome bajó la mirada avergonzada—pero si te molesta…puedes salir de aquí—señaló la puerta con los ojos.
— ¡Pero hace frío! —Chilló molesta.
—Lo sé, por eso no pienso quedarme con esto—se quitó el pantalón y lo colocó junto a las demás prendas y se sentó cerca de aquellas reconfortantes llamas, mientras seguía sacudiendo su larga melena.
Kagome trató de no tener contacto visual con él, fingió no prestar atención al mercenario y continuó peinando su cabello, pero el sonido de unas pisadas la alertaron de que él se aproximaba a ella.
Bankotsu la había contemplado detenidamente, para él era demasiado gracioso verla enfurecida e indignada, sentía que algo había pasado entre ellos, aunque no sabía qué o por qué ella no decía nada acerca de eso, por otra parte podía ser sólo parte de su imaginación al tratar de crearse un pasado y eso tenía que averiguarlo, así que se levantó y caminó lentamente, se paró frente a ella y observó con curiosidad como la joven levantaba rápidamente la cara y al verlo completamente desnudo volvió a agacharse, él se arrodilló hasta quedar a su altura.
Kagome sintió temor y vergüenza al mismo tiempo, nunca lo había visto de esa manera, sus mejillas enrojecieron furiosamente y se percató de que él se estaba burlando de aquella situación, aunque ignoraba sus intenciones, ella echó sus manos hacia atrás, intentando escapar de aquel embarazoso momento, más sus piernas no le respondieron y sólo alcanzó a escuchar el sonido que produjo el peine que llevaba en su mano derecha al chocar contra el piso.
Bankotsu apoyó una mano sobre el suelo y se inclinó sobre ella, sus rostros estaban demasiado cerca, tanto que Kagome podía sentir el cálido aliento del mercenario golpeándole con suavidad la cara.
Él esbozó una seductora sonrisa de medio lado al notar como ella abrió grandemente los ojos ante su cercanía, escuchó como la respiración de la sacerdotisa aumentaba de ritmo, al mismo tiempo que entreabría sus delicados labios, él escudriñó cuidadosamente toda reacción que la joven tenía, se veía un poco angustiada y con esto él pudo deducir lo que ella imaginaba. Él sentía un tenue hormigueo en su estomago, observó con cuidado el sonrojo de la jovencita, y levantó con cuidado una de sus manos, la llevó despacio hacia la mejilla de Kagome y ella cerró con suavidad sus parpados y se volteó hacia otro lado para impedir que este la tocara. Bankotsu arqueó una ceja, recorriendo la suave piel de la sacerdotisa con la yema de sus dedos.
Kagome cerró con fuerza sus parpados y mordió su labio inferior al sentir como él recorría su piel pausadamente, el dedo índice del muchacho delineó con delicadeza sus labios temblorosos, bajo con calma hacia su cuello y luego por su brazo derecho, estremeciéndose en cada roce que el mercenario le propinaba.
—No…—susurró con la voz temblorosa.
— ¿No? —Preguntó con melodiosa voz.
—Por favor…no—volvió a suplicar en suave susurro.
— ¿Por favor no? — Pero él no se detuvo, observaba con atención como el labio inferior de ella temblaba lo cual le hizo delinear una sonrisa, continuó recorriendo sin prisa alguna el brazo de la sacerdotisa, hasta llegar a su mano y arrebatarle el peine que estaba fuertemente apretado en esta. Kagome dejó de sentirlo cerca y escuchó como él se alejaba de ella. Parpadeó varías veces y lo miró furiosa.
— ¿Qué…qué demonios pretendes Bankotsu? —Preguntó casi sin aliento.
—Sólo quería el peine, también me gusta tener el cabello arreglado—Volvió a burlarse de ella.
—Me lo hubieras pedido, ten por seguro que te lo hubiera entregado—Ella respondió, sus labios aun temblaban.
Kagome observó con detenimiento como el largo y húmedo cabello se le pegaba al cuerpo y como este cubría sus fuertes piernas, debía reconocer que los músculos del muchacho estaban bien delineados, no eran voluminosos pero estaban bien torneados. Ella se ruborizó nuevamente al notar que a él no le importaba estar desnudo sin ningún pudor frente a ella, por un momento pensó que era un maldito exhibicionista.
—Deja de mirarme—Dijo un poco molesto e incómodo al sentir como ella lo analizaba.
—No lo hago—Respondió llena de orgullo —No tienes nada que me llame la atención—cruzó sus brazos y se volteó hacia otro lado.
—Como digas—Contestó. —Sólo deja de hacerlo—
Bankotsu terminó de peinar y secar su negro cabello, de nuevo volvió a trenzarlo y después se acurrucó en el futon cubriéndose completamente con las mantas.
Kagome lo miró con desagrado.
— ¿En dónde dormiré yo? —cuestionó molesta.
—En donde te pegue la gana—contestó perezosamente. —Si quieres…hay espacio para dos—se corrió un poco para dejarle un lugar junto a él en el futon.
— ¿Contigo? —arrugó el ceño y preguntó irritada.
—Dormiríamos calentitos ¿No crees? —Ni siquiera la miró.
— ¡Qué poco caballeroso eres Bankotsu! Yo debería dormir allí—
—Tengo frío, además fue culpa tuya que mi ropa este empapada, de lo contrario tú estarías aquí sola en el futon—
—Por lo menos dame una manta—replicó.
—No, ya te dije tengo frío—bostezó.
— ¡Eres muy cruel! —chilló molesta.
—No lo soy, ya te dije, si quieres te dejo ese espacio—señaló.
—Ni loca dormiría contigo—Kagome cruzó los brazos y se volteó indignada.
—Como quieras—Y pronto se fue quedando dormido.
Kagome se acercó a la fogata y frotó sus brazos, estaba ya demasiado cansada, así que se acostó en el suelo y apoyó su codo en este y recostó su cabeza sobre su mano. Se preguntó varias veces si esto terminaría pronto, ya deseaba ver a Inuyasha, saber que nada le había pasado, además, lo más probable era que sus amigos estarían preocupados por ella.
Ya era casi la media noche, una ligera llovizna comenzó a caer haciendo que la temperatura descendiera nuevamente, Kagome repasó todo lo que había sucedido horas atrás y lo analizó detenidamente, se regaño a si misma al reconocer que había sido tan tonta e imprudente por entrar al mar, de no haber sido por aquella barrera que le impidió salir, estaría en serios problemas, ya que el mar en esta temporada solía estar embravecido. Ella admitía que el calor de aquella fogata era agradable, el único inconveniente era que si calentaba su parte delantera su espalda se enfriaba y viceversa, además el sueño ya estaba causándole estragos, varias veces cabeceó al quedarse dormida, al punto de que casi se pega en contra el suelo, así que decidió levantarse de donde estaba y caminó hasta donde el mercenario dormía placidamente.
—Mantenernos alerta ¡Mph! Sí, como no, — Dijo con sarcasmo— si esta profundamente dormido, además parece un oso hibernando —Comentó al escuchar los ronquidos del muchacho. Levantó las mantas y se metió dentro de ellas, el lugar estaba tan caliente y cómodo que se cubrió completamente y se arrepintió de no haberse acostado en ese lugar dos horas atrás, el cuerpo del muchacho desprendía un calor tan sutil que inmediatamente se quedó dormida y poco a poco y sin darse cuenta se apegaba más a aquella fuente viviente de calor.
Bankotsu sintió de repente una presión sobre su espalda, abrió los ojos rápidamente y volteó a ver que era, levantó una ceja y sonrió.
—No que no—Observó a la joven que estaba a su lado, estaba en posición fetal, abrazando fuertemente sus rodillas y temblando levemente.
Ella se sintió observada.
—Ten…tengo mucho frío—informó con voz temblorosa.
Él la miró interrogante — ¿Y qué quieres que haga? —
—Sólo…sólo devuélveme las mantas y deja de jalarlas, eres muy egoísta, a cada momento me descobijas—Pidió mientras se abrazaba con fuerzas.
Bankotsu no replicó y recostándose de nuevo se acercó a ella y metió su brazo debajo del delicado cuello de la joven y la apegó a su cuerpo. Bankotsu cubrió con delicadeza a Kagome.
Kagome amplio sus ojos ante la sorpresa, ella colocó sus manos sobre el desnudo y cálido pecho del muchacho.
— ¿Mejor? —Preguntó sin mirarla, él ya tenía los ojos cerrados,
—Yo… si, mejor—balbuceó, se había quedado prácticamente sin palabras, sólo apreciaba el calor que emanaba la piel que se encontraba bajo sus manos, escuchaba con atención los latidos del guerrero y sentía como aquel pecho subía y bajaba armoniosamente al ritmo de su tranquila respiración. Ella se sentía como una tonta por estar tan nerviosa ante la cercanía del muchacho y a él parecía no afectarle ni un poco.
— ¡Mierda! —exclamó en voz baja.
— ¿Sucede algo? —Bankotsu abrió un ojo y la miró por el rabillo de este.
—Nada—sí, sí sucedía, ella se sentía incomoda por estar al lado de él, después de que había prometido a Inuyasha no acercársele, lo había prometido y por las circunstancias nuevamente estaba junto a él, abrazándolo, disfrutando de la cercanía del chico, aun cuando había intentado durante todo el día mantenerse alejada de él, incluso había arriesgado su vida para escapar, pero simplemente no pudo hacerlo. Las palabras de Inuyasha resonaban en su mente una y otra vez, recordando aquel día en que la descubrió, jamás se había sentido tan mal con ella misma.
"—Prométeme…prométeme que jamás volverás a acercarte a él, —Inuyasha la tomó fuertemente de los brazos y la obligó a mirarlo a los ojos— es tu enemigo, nuestro enemigo y sólo te hará daño ¿No lo entiendes? Esto no terminará nada bien—
Kagome observaba la mirada de Inuyasha, estaba llena de angustia y preocupación —Lo prometo, no volverá a suceder—Inuyasha suavizó su agarre hasta soltarla completamente."
La joven sacerdotisa comenzó a ceder ante el sopor que aquel cálido hombre le brindaba y se quedó profundamente dormida.
Bankotsu contemplaba en silencio las expresiones que la joven hacía mientras dormía, algunas veces le escuchó balbucear cosas incoherentes y otras veces escuchaba el nombre de Inuyasha escapar de los rosados labios de la chica, ese nombre que tanto repudiaba era pronunciado con angustia por ella. El sueño no tardó en vencerlo, se volteó hacia ella y con su brazo libre se aferró a la femenina cintura y escondió su rostro entre el negro cabello de Kagome.
En cuanto Bankotsu se quedó dormido nuevos recuerdos regresaban a su mente, nuevamente él se encontraba dentro de aquella cueva del monte Hakurei, lugar en donde pasó sus últimos momentos.
"— ¡Esto es por mis hermanos! —Tiró un fuerte golpe a la cara del híbrido y este no se quedó atrás al responderle con otro golpe.
— ¿A si? ¡Pues ese fue por Kagome, por burlarte de ella! —Inuyasha lanzó un segundo golpe, el cual fue fácilmente esquivado por el mercenario.
— ¿En serio? —se burló el moreno, causando que la rabia de Inuyasha se acrecentara—Pues fue tu romance lo que me facilitó las cosas y sentirla retorcerse en mis brazos fue divertido—Continuó provocando la ira del hanyou.
— ¡Bastardo! —
—Veo que funcionó, te di en donde más te duele, apuesto a que te molesta que yo no le sea indiferente—
— ¡Te equivocas! Ella sólo te utilizó para darme celos—Escupió Inuyasha.
—Que más da, no me importa si me utilizan, logré lo que me propuse y ahora morirás—
— ¡No estés tan seguro! Serás tú quien muera, así Kagome estará a salvo de ti—"
Y todo fue oscuridad.
Bankotsu despertó exaltado, recordar su muerte no era fácil para él, recordaba todo lo que había vivido antes de ser resucitado la primera vez, pero lo que más le impresionó fueron aquellas palabras que le gritó a su rival durante su última batalla, para él no había duda alguna, ellos dos tuvieron algo más que una simple amistad.
—"Pero ella me rechaza ¿Qué fue lo qué en realidad pasó? ¿Por qué no lo recuerdo? ¿Por qué me envió Naraku precisamente con ella?" —Observaba en silencio a Kagome, quien descansaba placidamente en su pecho y nuevamente se quedó dormido.
La noche pasó y con ella la lluvia, aunque ya era de día, aun estaba oscuro, los intensos nubarrones negros no permitían que los rayos del sol iluminaran aquella maldita isla.
Bankotsu abrió pesadamente los ojos al sentir que sus brazos se aferraban al fino cuerpo que estaba a su lado, ella tenía su espalda pegada al pecho del mercenario y una mano la agarraba con fuerza de la cadera, sólo esperaba que ella no estuviera despierta aun y se diera cuenta de la condición en la que él se encontraba en ese momento
—"Malditas erecciones matutinas" —Se regaño mentalmente, pero al mismo tiempo agradeció que ella tuviera el sueño pesado. Él levantó la mano de su sitio con mucho cuidado para no despertarla y de la misma manera sacó el brazo que estaba bajo el cuello de ella, despacio comenzó a bajar la polvorosa tela que cubría el cuerpo de Kagome y analizó todos aquellos rasguños en su espalda.
Kagome dio un pequeño saltito al sentir los fríos dedos recorriendo su espalda, una mueca de dolor le advirtió al muchacho que ella estaba despertando.
— ¿Aun después de esto deseas salvarlos? —Examinó la mirada perezosa de la sacerdotisa.
—No les guardo rencor, ellos sólo tienen miedo—Contestó, mientras se sentaba y frotaba sus ojos.
—Los hombres que nos asesinaron a mí y a mis hermanos también lo hicieron por miedo y no por eso les he perdonado—Habló con resentimiento.
— ¿Has recordado? —Preguntó sorprendida, pero él movió la cabeza negativamente.
—Veo que ya te habías dado cuenta—La miró inquisidoramente —no, sólo recuerdo lo que viví antes de que me resucitara Naraku la primera vez—Frunció el ceño— por ahora sólo tengo bien grabado en la mente la cara de mi asesino—Miró con odio a la sacerdotisa.
Kagome pasó saliva pesadamente, rápidamente se levantó e intentó alejarse, pero él fue más rápido y la tomó del brazo.
—También sé que la mujer de esa bestia tiene los fragmentos que llevaban mis hermanos y los quiero de vuelta—Habló lleno de rabia.
Kagome abrió grandemente los ojos, estaba aterrorizada, al parecer él ya sabía que Inuyasha había acabado con su vida.
—Sé que tú los tienes, lo que significa ¡Qué ustedes los mataron! —Le gritó.
Kagome intentaba liberarse.
—No los tengo—Habló firmeza.
—No me digas—dijo con sarcasmo.
—Si vas a…—
— ¿Si? —
—Matarme…hazlo ya—Kagome cerró débilmente sus ojos.
Bankotsu la soltó con brusquedad.
—Desgraciadamente Naraku te quiere viva—
—Naraku te quitará ese fragmento en cuanto tú me entregues—Bankotsu analizó lo que ella decía— ¿Acaso no te importa que él te utilice? —
— ¿Así como tú me utilizaste para darle celos al híbrido? —Él aprovechó la oportunidad para salir de sus dudas.
— ¿Qué yo te utilicé? ¿De qué hablas? —Preguntó desconcertada.
—Ahora finges demencia, me refiero a lo que pasó entre nosotros—Era el momento preciso para saber lo que quería.
—Entre nosotros no pasó nada, no sé que es lo has olvidado ó recordado, pero hasta donde yo sí recuerdo fue tú idea para molestar a Inuyasha, fuiste tú quien me obligó a besarte con la promesa de dejarme ir viva y sabías perfectamente que somos enemigos y que tarde o temprano alguien terminaría muerto a manos del otro ¡Ese es el precio por trabajar para Naraku! —Le gritó demasiado molesta por lo que él le acababa de decir. —Además tú y yo nunca fuimos nada, para ti todo fue diversión ¿Quién demonios te crees tú para reclamarme? Fuiste tú quien me utilizó para molestarlo —Se acercó amenazadora hasta donde estaba Bankotsu y comenzó a golpearle el pecho con su dedo índice. — y quien mejor para hacerlo que yo, porque dudo que lo hayas hecho sólo porque te gusto o nada más porque se te pegó la gana besarme—Comenzó a sermonearlo.
Bankotsu trataba de procesar toda la información que recibía en ese momento, no recordaba muy bien lo sucedido, pero se esforzaba para hacerlo pero todo aquel parloteo y los pequeños piquetes en su pecho no lo dejaban pensar.
—Además dejaste muy en claro que era sólo para molestarlo y que así ambos obtendríamos una venganza—dejó de golpearlo y continuó hablando.
— ¿Admites que me utilizaste? —sonrío sarcástico.
— ¡Porque tú me obligaste! —Retrocedió un paso y bajó la mirada —Además me cobraste por ese beso y mi libertad—dijo con tristeza.
— ¿En serio? —Preguntó al ver que eso le molestaba a la sacerdotisa y poco a poco fue acortando la distancia entre ellos, levantó su mano y la puso sobre la mejilla de Kagome quien enrojeció ante aquel contacto, pero evitaba mirarlo a los ojos — ¿Yo hice eso? —Ella asintió. —Dime ¿Qué más sucedió? —él seguía acariciándole el pómulo con su dedo pulgar.
—La última vez que te vi…Inuyasha me descubrió—ella retiró la mano de Bankotsu, se veía avergonzada —y le prometí no volver a verte—Y se dio la media vuelta dispuesta a alejarse de él —Eres demasiado peligroso y además somos enemigos mortales…tú lo dijiste antes de que él nos descubriera, trata de recordarlo—Y ella camino hacía la fogata, en donde estaban sus pantalones, que fue la única prenda de ropa que los aldeanos no habían roto. Bankotsu la imitó y también comenzó a vestirse mientras meditaba todas y cada una de las palabras de la joven.
—Vamos por ese ogro y terminemos esto, quiero largarme de aquí—Dijo Bankotsu.
Kagome volteó a verlo y asintió decidida. Los gritos de un niño los alertó a ambos, el pequeño de apenas once años entró a la cabaña y Bankotsu lo amenazó con su banryu.
— ¿Quién eres y qué quieres? —Preguntó amenazador.
Aquel niño trataba de recuperar el aliento, estaba agitado, pues había corrido desde la aldea hasta llegar a la cabaña, levantó sus pequeñas manos, en las cuales llevaba un arco y un carcaj con flechas.
—Mi abuela…dijo que usted es sacerdotisa y que esto lo iba a necesitar…por favor rompan esta maldición.
Kagome tomó los artefactos y miró a Bankotsu suplicante, él sólo rodó los ojos y contestó cansino.
—A eso íbamos—
—El ogro estará pronto en el lugar del sacrificio, mi abuela tiene la esperanza de que ustedes lo derroten—Y el niño salió corriendo de nuevo.
—Es hora de irnos—Informó Kagome.
—Si—Respondió
Continuará…
Chicas sé que me he tardado un poco o tal vez mucho, pero como siempre, tuve que estudiar en vacaciones debido a que me lleve la materia de la primera hora.
Ok, no más excusas agradezco de todo corazón la paciencia que me han tenido, este fic lo comencé el semestre pasado cuando lo hice para des estresarme del extraordinario anterior, pero en especial gracias por leerlo y seguirlo hasta la fecha, pero más que nada les mando un besote a quienes me animan capítulo a capítulo y ellas son: Jazmin56, joa, mimika, katina-12, Sakura-chan05, Natsuki Hikari, Sele-TheBest, AZUL D CULLEN, shadowsesshoumaru, AllySan, princserekou y también gracias a las que han agregado esta historia a favoritos, nos leemos, no prometo que pronto pero espero que sí.
