CAP 7:

Ya al fin estaba llegando la noche a la tan tediosa misión que estaban teniendo los del equipo 7. Una vez que llegara el amanecer, si no había imprevistos, los nobles regresarían y ellos podrían volver a la aldea.

PASO 5: Hacerlo dormir. Claro que puedes mecerle para que se adormezca, pero lo ideal es que le dejes en el moisés justo antes de que se duerma del todo. Ponle a diario la misma melodía para indicarle que empieza la noche. Los niños se habitúan mejor a los actos que son rutinarios —leyó Sai de su libro—. Según una de las empleadas el pequeño acostumbra dormir mientras su madre le canta.

—¿Cantar? —preguntó Naruto con una cara de sorpresa—. Yo puedo cantar para que duerma el pequeño Shiro —ofreció animado mientras se tocaba el pecho orgulloso.

—Pobre criatura —susurró Sasuke meciendo al bebé que ya se notaba adormilado—. Quedará sordo con tu horrible voz o tendrá pesadillas.

—¡¿Qué dices, Teme?! —reclamó apuntándolo con el dedo—. Ni que tú pudieras hacer algo mejor.

—Canta de una vez, Dobe —ordenó el moreno recostando al bebé como indicó anteriormente Sai.

Sin embargo, Shiro se removía inquieto y apretaba sus manos con disgusto. Su regordeta cara se ponía cada vez más roja y parecía estar a punto de estallar en llanto. Los ninjas se miraban entre sí sin saber qué debían hacer. Ellos podían ser muy hábiles en batalla, siempre que esa batalla no incluyera batallar con un bebé tan pequeño. ¿Qué hacer en esa situación? Sasuke cansado del largo día cuidándolo optó por lo más fácil: usar el Sharingan. Cuando sus rojos ojos se cruzaron con los de Shiro éste inmediatamente comenzó a ver ilusiones de animales adorables y divertidos haciéndolo reír.

—¡Teme! —reclamó el rubio al ver la mirada perdida del bebé—. Estás mal de la cabeza, Sasuke. ¿Cómo se te ocurre meter a un bebé a uno de tus genjutsus?

—Ya está tranquilo —contestó recostándose un poco en la cama junto al niño para que estuviera cómodo—. No está herido y se lo ve feliz.

—Ese no es el punto —comenzó Naruto a dar su discurso de por qué lo que hizo estaba mal. Recibiendo únicamente que Uchiha lo ignorara—. Al menos finge que me prestas atención ttebayo.

Dejando de lado el monólogo que Uzumaki estaba montando en su intento por hacer recapacitar a Sasuke sobre lo que hizo, el bebé se había tranquilizado y pronto se quedó dormido aferrado a la ropa de Sasuke. Dada la situación, Sai se ofreció a hacer la primera guardia fuera del cuarto mientras Shiro dormía. Aunque estuvieran dentro de un palacio nunca se sabía cuando algún enemigo podía infiltrarse disfrazado de empleado. Por lo cual Naruto se quedó dentro de la habitación junto a Sasuke y el ex anbu montaría guardia fuera de la misma.

Uchiha acariciaba suavemente la barriga de Shiro manteniéndolo tranquilo mientras le tarareaba una canción de cuna. Naruto, quien había tenido sus ojos cerrados mientras permanecía apoyado contra la pared abrió uno de sus ojos azules curioso por el sonido. El jinchuriki clavó su mirar en la figura de su mejor amigo con el bebé, la luz de la luna se filtraba por la ventana siendo su única iluminación. Vio una sonrisa que, según recordaba, nunca mostró el portador del sharingan. Era una sonrisa llena de esperanza combinada con unos ojos que miraban con un brillo especial. Uzumaki se acercó y subió a la cama, la cual era demasiado amplia para un bebé, y se recostó en el lado contrario al de Sasuke, dejando al pequeño Shiro en medio de ellos.

—¿Qué haces, Dobe? —preguntó mirándolo con curiosidad mientras alzaba una ceja.

—Nada —respondió desviando la mirada—. Sólo pensaba en que serías un buen padre.

—Estás demente —dijo riendo con sarcasmo—. Metí a este bebé en un genjutsu, ¿qué clase de padre haría eso?

—Bueno… nadie dice que serás un padre perfecto —respondió rascándose la nuca con nerviosismo—, pero como tu sueño es tener hijo, ya sabes lo de restaurar tu clan y todo eso.

—He pensado que ese sueño no debería ser cumplido —respondió con seriedad el azabache regresando su mirada al bebé que descansaba sobre uno de sus brazos.

—¿Por qué? —cuestionó el rubio con un deje de tristeza por saber que su amigo quería renunciar a uno de los sueños que tuvo desde niño.

—Seamos realistas, Dobe —habló clavando su oscuro mirar en los ojos azules—. Los Uchiha somos odiados por muchas cosas, un hijo con mi sangre tendrá la maldición de mi clan y será visto como una potencial amenaza por todos. Lo mejor es que el legado maldito de mi familia muera conmigo.

—Yo no permitiré que eso suceda —declaró elevando la voz Naruto—. Cuando sea Hokage voy a asegurarme de que nadie se atreva a lastimar a tus hijos —prometió con aquella sonrisa que tanto lo caracterizaba.

—Aunque te diga que no, seguramente no me oirás —dijo Sasuke rodando los ojos—. No podrás hacer cambiar a todo el mundo respecto a lo que piensan de mí.

—Te dije que pienso crear un mundo de paz —le recordó elevando su puño—. Y tú dijiste que me ayudarías a crear ese mundo donde habrá paz y el odio será eliminado.

El moreno simplemente suspiró resignado por la terquedad de su compañero, pero aprovechando la oscuridad sonrió levemente por sus palabras. Uzumaki había prometido cargar con su odio y se veía determinado a cumplir con lo dicho. Sin intercambiar ninguna palabra más se mantuvieron al lado del bebé ocupando la misma cama hasta que sin darse cuenta ambos terminaron siendo arrastrados al sueño junto al infante entre ellos. Su cansancio era entendible considerando todo lo que habían estado haciendo durante el día cuidando al bebé, para ellos que desconocían absolutamente todo del tema, y que habían logrado evadir ese tipo de misión en específico, resultó ser muy nuevo para ellos.

Con la mañana haciendo presente, el matrimonio de nobles también hacía su aparición en su mansión. Apenas los primeros rayos del Sol iluminaban todo cuando Kyohei y Sunako ya estaban de regreso como habían acordado. Lo primero que los nobles hicieron fue buscar a su bebé, a quien encontraron durmiendo entre los brazos de los shinobis de la hoja. Luego de despertar a ambos ninjas y que Sunako detuviera su hemorragia al ver lo "brillantes" que se veían durmiendo, llegó a su fin la misión.

Cuando la misión de proteger al pequeño Shiro llegó a su final era el momento para que regresaran a su propia aldea. Los tres shinobis se acercaron a despedirse del bebé que se encontraba en brazos de su madre mientras Kyohei abrazaba a su esposa por los hombros.

—Pórtate bien, pequeño —dijo Sai mirándolo con su falsa sonrisa de siempre.

—Si quieres crecer grande y fuerte come mucho ramen —aconsejó el rubio chocando su puño suavemente con la manito del bebé.

—Si de verdad quieres ser grande y fuerte ignora a este tonto —comentó Uchiha con sus manos en los bolsillos fingiendo no mirar al bebé.

—Quizás algún día regrese para llevarte a descubrir lo que significa ser hombre —aseguró Uzumaki con una expresión similar a la de Jiraiya cuando lo llevó de viaje.

—No profanaras a Shiro —advirtió severo Sasuke mirando mal a su amigo.

El matrimonio estaba muy feliz de ver lo bien que se llevaban los ninjas contratados con su pequeño, a pesar del corto tiempo que convivieron con él. Generalmente Shiro era tan retraído a socializar como lo era su madre, quien a toda costa evitaba el contacto humano.

—¿Están tristes por perder a su bebé? —preguntó Sai con diversión

—No, idiota —respondió el rubio con los ojos aguados como aquella vez que se despidió de Inari al terminar su trabajo de escolta.

—Estoy muy aliviado de no tener que seguir lidiando con esa pequeña molestia —afirmó el portador del Sharingan evitando mirarlos.

—Sí, era un fastidio sólo llorando, comiendo y tirando sus juguetes —afirmó con lágrimas retenidas en sus ojos azules.

—Algún día podrán tener los propios —comentó el capitán de la misión ganándose malas miradas de los gennins.

—¿Sigues con eso? —preguntó de mal humor Sasuke.

—Podrían adoptar algunos de los niños que quedó huérfano en la guerra y problema resuelto además de que hacen una buena acción —comentaba Sai mirándolos con una expresión un tanto rara—. Y así seré el padrino.

El camino hacia Konoha se dio sin ningún contratiempo por lo que pronto estuvieron en la puerta a la aldea. El equipo se dirigió donde la Hokage para presentar los informes de su misión. Allí vieron el cuadro de siempre; la rubia con muchos papeles que eran ignorados por tomar sake, a Shizune tratando de que trabaje y a Sakura ayudando en todo lo posible para que la Quinta cumpliera con sus deberes de líder.

—Hola, chicos —saludó Haruno al ver a sus compañeros entrando a la oficina.

—Hola, Sakura-chan —saludó Naruto levantando la mano mostrando una gran sonrisa.

—¿Cómo les fue, mocosos? —preguntó Tsunade mirándolos de manera analítica mientras apoyaba su cabeza en su mano.

—No hubo ningún inconveniente durante nuestra misión y todo se cumplió de manera adecuada —reportó Sai dejándole los informes sobre la mesa—. Todo lo sucedido durante la misión lo dejé escrito en mi reporte.

—Buen trabajo, entonces pueden retirarse —ordenó la rubia mientras ellos asentían antes de retirarse por la puerta.

—¡Esperen, chicos! —gritó Sakura yendo tras ellos—. ¿Qué les parece si todos vamos a comer al Ichiraku?

Uchiha estaba a punto de rechazar la oferta como siempre hacía de niño, después de todo el ramen no era su comida predilecta y por lo tanto podía dejarla fácilmente y comer alguna nutritiva ensalada que sí le gustara. Sin embargo, su rubio amigo opinaba diferente y habló sin pensar (como siempre) aceptando la invitación. Naruto se ganó una mirada asesina de su mejor amigo al saber que en ese almuerzo tendría que estar junto a Sai y Sakura. Ambos le resultaban muy "atentos", por no decir pesados al invadir su espacio personal a cada rato.

Sin embargo, y pese a las múltiples negativas del moreno, el de ojos azules consiguió arrastrarlo hacia el Ichiraku ramen al encuentro de sus otros dos amigos, quienes estaban sentados en la barra esperándolos.

—Lamento el retraso, pero tuve que explicarle a Sasuke todos los beneficios de comer ramen —se disculpó Naruto empujando a su amigo por la espalda.

—Puedo caminar solo, Usuratonkachi —replicó con fastidio Sasuke viendo donde sentarse.

Haruno y el pintor estaban ubicados con un asiento de diferencia entre ellos, definitivamente no quería quedar entre ambos. Y al lado de cada uno quedaba un asiento vacío. Ahora la pregunta era: ¿Sentarse al lado de ella o de él? No sabía cual era peor asiento, pero considerando que ya había soportado a Sai durante un día entero por culpa de la misión, quizás no sería tan malo sentarse junto a su amiga. Cuando finalmente estaba por tomar asiento su brazo fue jalado por Uzumaki y arrastrado a una mesa grupal.

—¿Qué estás haciendo, Naruto? —preguntó la de cabello rosa con fastidio al ver que Sasuke no se sentaba con ella por la "interrupción amarilla".

—Estaremos mejor en una mesa grupal para los cuatro —explicó el blondo sentándose al lado de Sasuke mientras Sai y Haruno iban a la mesa a sentarse juntos.

—Yo lo veo igual —comentó el azabache del sharingan sin prestar mucha atención esperando sus pedidos.

—Yo veo una clara diferencia, Uchiha-bastardo —afirmó el pintor mientras dibujaba en su libreta.

—¡No le digas así a Sasuke-kun! —regañó la de ojos verdes golpeándolo con fuerza haciéndolo caer al suelo.

—Sakura-chan ¿no crees que te excediste con el pobre Sai? —cuestionó Uzumaki viendo al otro tirado—. ¿Qué tanto estás dibujando? —preguntó Naruto levantando el cuaderno del moreno golpeado mientras lo veía con curiosidad— ¡¿Qué demonios?! —exclamó alterado.

Mientras ellos montaban un escándalo el portador del rinnegan miraba todo con aburrimiento, aunque en cierto modo lo hacía sentir nostálgico por aquellas peleas infantiles que solían tener cuando gennins dentro del equipo 7. No le molestaba tanto esa atmosfera, estando en Taka también llegó a vivir situaciones similares en las que sus compañeros de equipo peleaban como simples niños. Apoyo su cabeza en una mano y miró hacia la ventana como si ignorara lo que estaban haciendo en esa mesa, aun siendo plenamente consciente de todo lo que decían.

—Chicos —llamó Sakura juntando sus manos en un aplauso para llamar la atención de los chicos, ya que Naruto y Sai estaban peleando por quién sabe qué y Sasuke parecía más interesado en la ventana.

—¿Sucede algo, Sakura-fea? —cuestionó el ex anbu mirándola curioso.

—¿No habías quedado en dejar de decirme así y llamarme "Sakura-san? —interrogó con el puño en alto lista para golpearlo por decirle fea.

—Después de pasar tanto tiempo estudiando a Naruto y Sasuke concluí que lo mejor es seguir diciéndote fea —afirmó con su falsa sonrisa.

—Sakura —llamó el último Uchiha al ver que estaba por empezar a golpear al otro—. Ve al grano —ordenó con voz seria.

—Sí, Sasuke-kun —dijo ella un poco sonrojada mientras carraspeaba la garganta para hacer su anuncio—. Tsunade-sama ha dicho que ya tiene elegido a quien será el próximo Hokage.

—¿Se va a retirar tan pronto? —preguntó el blondo estupefacto por la noticia y emocionado por saber que cumpliría su sueño muy pronto.

—Ella en persona me ha dicho que quien la va a suceder… —comenzó a hablar mientras sonreía viendo la cara de emoción de su amigo rubio—. Soy yo.

Esa noticia dejó sin palabras a todos los presentes, el ex anbu de raíz miraba con asombro a la de cabello rosa, mientras el otro moreno fijaba su atención en su mejor amigo. Uzumaki tenía los cabellos cubriendo sus ojos por lo que no podía verse su expresión en ese momento. Luego de unos breves instantes levantó la cabeza y con una sonrisa que hasta a Sai le pareció falsa le habló a su amiga.

—¡Muchas felicidades, Sakura-chan! —dijo sonriendo enormemente—. Anda Teme, Sai, ustedes también felicítenla por lo que logró.

Pero aquel momento en el que Haruno estaba celebrando junto a los miembros del equipo 7 se vio interrumpido por un muy agitado Yamato que venía a buscarlos.

—¡Hay problemas! —gritó mirándolos reunidos—. Qué bueno que estén todos aquí.

—¿Sucedió algo, capitán Yamato? —preguntó el de ojos azules preocupado al verlo en ese estado.

—Deben acompañarme de inmediato por órdenes de la Hokage—informó de golpe dejando sorprendidos a los shinobis frentes a él.

De inmediato y sin necesidad de que se les diera una orden todos ellos siguieron a Yamato hasta el lugar de los hechos. Saltando por los tejados cortaron camino para no perder el tiempo. Desde cierta distancia notaron a los anbu rodeando el cadáver de su sensei. Vieron una enorme herida en su pecho y algunos cortes menores en su ropa con leves cortes en su piel. Para ellos resultó en un total shock ver al hombre de cabellos plateados tirado muerto cerca de la entrada de la aldea. A juzgar por la posición del cuerpo era como si hubiera estado intentando entrar a Konoha, pero no había nada que fuera una conclusión determinante.

—¡Kakashi-sensei! —gritó la de ojos verdes derramando lágrimas mientras buscaba consuelo en los brazos del Uchiha.

Naruto sólo apretaba los puños de frustración y enojo al ver el cuerpo de su maestro sin vida, al igual que Sasuke, quien prestaba su hombro para que su amiga llorara, pero mantenía la mirada fija en Hatake. Sin embargo, fue separada rápidamente de su amor platónico cuando la llamaron a inspeccionar el cuerpo mientras esperaban al resto del equipo médico. Después de todo ella era la discípula de Tsunade y podría dar un diagnóstico a primera vista de causas superficiales hasta que llegara el momento de la autopsia. Por el momento, los anbus ya tenían las fotos de la presunta escena del crimen.

Al sobreviviente de los Uchiha no le extraño la manera en que los anbu miraban en su dirección, casi podría decir a ciencia cierta que era el principal sospechoso. Y pensaba que sus enfrentamientos pasados en los que aseguró que mataría al de cabellos platas sería tomado en cuenta. Lo único que Sakura pudo avisar fue que algunas heridas parecían ser hechas antes de que Kakashi muriera y otras hechas posteriormente al cadáver. Eso era extraño y confuso, ya que ¿qué motivo tendrían para hacer aquellas marcas en el cuerpo? Dejando heridas mortales a plena vista, cabía la posibilidad de que hubieran sido hechas algunas en combate mientras Hatake intentaba defenderse y las otras por mero sadismo de su victimario.

Pese a ser recién llegados a la escena del crimen se los llevaron para interrogarlos acerca de la última vez que habían visto a Kakashi. Poniendo especial énfasis en el testimonio dado por Uchiha. Para su suerte contaba con Sai y Naruto que compartían la misma coartada. Todos ellos estuvieron de misión y recientemente habían regresado. Mientras Sakura contaba con Tsunade y Shizune como testigos de que estuvo trabajando sin descanso. Todos los alumnos de Kakashi tenían coartadas muy sólidas como para tenerlos de sospechosos, por lo cual quedaban en un punto muerto las investigaciones, al menos hasta que la autopsia les arrojara algunos datos de importancia.

Mientras se esperaba los resultados los miembros del equipo intentaban lidiar a su propia manera el luto que cargaban con la muerte de su amado maestro. Haruno se volcó de lleno a la investigación del asesinato junto al equipo de médicos ninja a cargo del cuerpo del ninja copia. Sai fue directamente a buscar consejo en los libros, ya que él mismo no sabía lidiar con la opresión en su pecho. Mientras que Sasuke se desapareció de la vista de todos y se mantuvo apartado como solía hacer de niño cuando su clan fue asesinado.

Uzumaki por su lado se sentó en el antiguo columpio de la academia, aquel lugar que siempre fue un refugio cuando pequeño. A pesar de su edad se subió al viejo columpio mirando al vacío con su mente distraída en que aquel sin dudas era el peor día de su vida, o al menos, era un buen candidato a serlo. Primero se enteraba que Tsunade se retiraría y que Sakura sería la nueva Hokage, se alegraba por su amiga, pero no podía dejar de sentirse mal por ver que su sueño lo iba a lograr su compañera de equipo y no él, pese a todos sus esfuerzos. Luego se enteró de la muerte de su sensei y para colmo sin pistas de posibles asesinos. Según lo que le comentó Sakura al revisarlo, parecía que Hatake había muerto tan sólo una hora, aproximadamente, antes de que ellos llegaran a la escena.

La tarde había caído frente a la inexpresiva mirada azul, la manera en la que estaba Naruto daba la impresión de estar sumergido en algún genjutsu. No se había sentido tan mal desde que había muerto su maestro Jiraiya, no, quizás esa muerte dolió menos dado que ellos estaban en aldeas diferentes cuando sucedió, mientras que en este caso estando en la misma aldea su maestro era asesinado mientras él iba al Ichiraku a comer. No podía evitar pensar que de haberlo ido a buscar para invitarlo en estos momentos podría estar con vida. O al menos hubiera sido capaz de pelear a su lado y conocer la identidad del asesino.

Los niños de la academia salían a jugar en el patio de la academia a la espera de que sus padres pasaran a buscarlos. Los padres solían demorar un par de horas más dejando tiempo a sus hijos para que jugaran un rato, pero cayendo la tarde iban a buscarlos para que llegaran a tiempo a la cena. Uzumaki no se había movido de su lugar desde el momento en que se sentó, su mirada la mantuvo fija en el vacío y sus pensamientos eran los únicos que iban de aquí para allá. Siendo éstos interrumpidos por su maestro de la academia, Iruka quien posaba una mano sobre su hombro.

—Hola, Naruto —saludó el castaño con una mirada llena de tristeza.

—Hola, Iruka-sensei —saludó sin ningún rastro de su animada personalidad como hubiera sido costumbre.

—Veo que ya sabes lo ocurrido con Kakashi —comentó mostrando una expresión de pesar.

No recibió ninguna respuesta el blondo, quien sumergido en su propio lamento no fue capaz de percibir que la perdida a la que se enfrentaba Umino era aun más grande que la que soportaba Uzumaki. Antes de la trágica noticia, habían estado distanciados y sin hablarse por la pelea que tuvieron en la academia respecto al asunto de Sasuke. El castaño se había puesto terco en que defender a Naruto de una posible traición de Sasuke era la prioridad, mientras que el de cabello plateado insistía en que merecía aquella segunda oportunidad que se le estaba dando al Uchiha para demostrar su arrepentimiento por los errores cometidos.

—También se enteró ¿no es así, Iruka-sensei? —cuestionó mirándolo abatido.

El rubio se aferró con sus manos a las cuerdas gastadas del columpio reprimiendo la sed de venganza que clamaba su corazón. Si bien él creía en el perdón, también era un humano común y corriente por lo que también sentía dolor cuando se le arrebataba a alguien importante de su vida. No era que tuviera una paciencia infinita como para no sentir el deseo de hacer escarmentar a quien se atrevió a tocar a su sensei. Sin embargo, debía ser fuerte, de llegar a caer en esos sentimientos podría caer en un círculo vicioso como le sucedió a… Sasuke.

—Naruto sé que este es un momento difícil sobre todo para ti… —comenzó a hablar su antiguo maestro.

—Lo es para todo el equipo 7 —corrigió el de ojos azules mirándolo directamente—. Todos la estamos pasando muy mal, Sakura-chan, Sai y el Teme.

—Pero ¿qué hay de ti? —cuestionó volviendo a tocar su hombro dándole apoyo—. Sé que te preocupas por tus amigos, pero debes entender que tú también debes cuidar un poco más de ti mismo.

—Aún así me preocupan mucho —respondió en un suspiro—. Nosotros estábamos en el Ichiraku ramen al momento en que fue asesinado. Todos debemos tener ese remordimiento de pensar "¿y si lo hubiéramos buscado?"

—No tenían forma de saber que algo así estaba ocurriendo —afirmó con una voz seria que trataba de borrar esa idea de culpa en su alumno, mas en sus ojos se veía la angustia reprimida y el mismo remordimiento "¿y si él no hubiera sido tan obstinado?". Si hubiera sido menos orgulloso al menos Hatake hubiera muerto con un buen recuerdo de ellos juntos y no el de una pelea sin perdonar.

—Creí que al acabar la guerra todo sería paz y tranquilidad —dijo Naruto elevando su mirara para ver como el Sol se iba perdiendo poco a poco en el horizonte.

—La oscuridad siempre, escúchame bien, siempre existirá en el corazón de las personas —comentó el chunin poniéndose frente a sus ojos para que lo mirara de una buena vez—. Siempre hay que estar atento ante cualquier sospecha.

El sensei de Naruto decía aquello como si hablara del mundo en general, empero en su mente la imagen que evocaba era muy nítida. Él aun creía que Sasuke era una posible amenaza, quizás no era el responsable del asesinato de Kakashi, dado que había estado todo el tiempo en compañía de Naruto y del resto del equipo 7. Muchas personas los vieron andando por las calles juntos, así que Uchiha no había sido perdido de vista en ningún momento. Sin embargo, eso no significaba que él no guardara sentimientos peligrosos hacia la aldea que lo había visto crecer. El odio estaba latente en el de ojos negros y a su modo de ver era cuestión de que llegara alguien como Orochimaru para volver a iniciar con los mismos deseos de destrucción, dado que eso era Sasuke: un vengador.

La conversación parecía no ir a ningún lado, Iruka intentaba levantar el ánimo decaído de Naruto, pero al igual que cuando murió Jiraiya, sólo conseguía aliviarlo un poco. No es que Uzumaki no apreciara su preocupación y cariño, es sólo que esas palabras no terminaban de convencerlo como motivo para levantarse nuevamente como si nada hubiera sucedido. Lo mucho que podía ofrecerle al castaño eran sonrisas falsas y tristes con las que inútilmente intentaba convencerlo de que se encontraba bien. Y mientras aquella nada productiva charla se daba, en la morgue de Konoha el equipo médico examinaba con cuidado a Hatake Kakashi.

Dado que se trataba de un ninja altamente experimentado, era difícil creer que moriría de una manera tan simple, por lo que no se podía descartar que se haya utilizado algún tipo de veneno para reducir su resistencia al momento de matarlo. Sin embargo, la cantidad de venenos o drogas que existían eran tantas que se hizo un análisis general, buscando "de todo un poco". Debían tener mucho cuidado en su manera de proceder debido a que la realización de una prueba podía deteriorar el cadáver e imposibilitar la realización de otras pruebas y en rasgos generales porque sería infinitos análisis y seria dar palos de ciegos sin hallar una pista importante.

Al mismo tiempo que el difunto era investigado en la morgue los anbu interrogaban a todos los aldeanos en busca de algún testigo o de alguien que hubiera visto al de cabello plateado aun con vida para unir pistas. Y otro equipo de ninjas se encargaban de buscar algún indicio de cualquier cosa sospechosa en casa de Hatake.

La tarde caía junto con las hipótesis que el equipo de investigación se había planteado en un inicio. Hasta donde tenían entendido los últimos en ver a Hatake Kakashi con vida fueron la Hokage, su asistente, los miembros del equipo siete e Iruka. Quizás tendrían que investigarlos más a fondo a los alumnos y al chunin, dado que la quinta y su asistente estaban descartadas de la investigación por sus cargos.

Al haberse despedido de su maestro de la academia, Naruto emprendió el camino de regreso a su hogar caminando por la misma ruta que usaba habitualmente de niño. En su trayecto vio el muelle donde alguna vez solía admirar a un niño moreno muy solitario, quien ahora estaba allí mismo sentado, pero siendo todo un hombre joven. Sasuke al sentir un par de ojos observándolo volteo a mirar de reojo, cruzando sus negros ojos con aquellos azules como hacía tantos años hicieron por primera vez. Sin embargo, esta vez era diferente, ya no había rastro de ese miedo irracional que impidió que se hiciera amigo del moreno. Ahora eran mejores amigos y podía acercarse con confianza que en su niñez careció. Descendió deprisa dando un único salto para aterrizar a su lado ante la inmutable cara de Uchiha.

—Teme —llamó un tanto preocupado de verlo en aquel lugar al que sólo lo había visto ir cuando su clan fue masacrado.

—¿Cómo lo estás tomando, Dobe? —preguntó con su oscuro mirar posado en las aguas que brillaban con los tenues rayos naranjas del atardecer.

—Me cuesta procesar lo que está ocurriendo —confesó sincero sentándose a su lado—. Él era un gran maestro, siempre preocupado por nosotros —recordó con una sonrisa triste y los ojos abnegados en lágrimas—. Se supone que estamos en tiempos de paz, ayer parecía todo tan tranquilo y alegre y de repente esto —dijo apretando sus dientes al punto de hacerlos crujir por la ira.

¿No qué estaban en tiempos de paz? ¿No se suponía que se había terminado la traición y la hostilidad? El rubio había hecho su mayor esfuerzo por no preocupar a nadie, debido a que muchas personas se le acercaron "compartiendo su dolor". No, nadie entendía el lazo que tenía con su maestro de cabello plateado, eran palabras de dientes para afuera, no era algo que sintieran en sus corazones. Por esa razón prefirió compartir su sentir con la única persona que entendía a la perfección su corazón, más sabiendo que Sasuke la estaba pasando muy mal sólo que se guardaba el dolor para sí mismo. Estaba seguro que el azabache no era un especialista en consolar, empero era consciente que no fingiría algo que no sentía y lo escucharía impasible como lo hacía en esos momentos.

—La paz no existe ¿lo olvidas? —preguntó el portador del sharingan rompiendo el silencio.

—Lo sé, pero yo creía que luego de lo que sucedió….

—Ha habido tres guerras shinobis antes que esta —le recordó el moreno girando su rostro para mirarlo detenidamente—. ¿Qué te hace pensar que esta fue diferente? ¿Por qué todas las aldeas pelearon juntas? Han existido desde siempre las traiciones, mientras haya alianzas también habrá traiciones.

—Pero yo quiero que el mundo conozca la verdadera paz y felicidad —comentó desviando su mirada azul hacia el agua sintiéndose impotente ante lo que sucedía.

—Dijiste que crearías ese mundo —afirmó Sasuke mirándolo con un gesto de frialdad—. ¿O acaso estás retrocediendo a tu palabra?

—¡Jamás! —gritó recordando las vidas de aquellos que confiaron en sus promesas y que murieron por tener fe en que él lo conseguiría—. Jamás retrocederé a mi palabra porque ese es mi camino ninja ttebayo.

—Así está mejor —comentó el de ojos negros con una pequeña sonrisa—. Y yo prometí que te ayudaría a crear aquel mundo.

Sintiéndose un tanto mejor por las palabras de su amigo Naruto permaneció a su lado. Aunque su mejor amigo fuera de pocas palabras sabía que decir y cuando para hacer que su voluntad de fuego de avivara nuevamente. Empero aún tenía la duda de cómo lo estaría sobrellevando en su interior. ¿Tendría deseos de venganza? ¿Estaría deprimido? Kakashi siempre había tratado al Uchiha como a un hijo por lo que ese lazo que compartía con Sasuke debía hacer muy dolorosa su pérdida. Sin embargo, no había manera de averiguar los misteriosos pensamientos que guardaba el de ojos color ónix. Por ahora se limitaría a hacerle compañía en silencio y dejarlo vivir el luto a su manera. Si quisiera contarle algo estaría para él, pero no trataría de forzarlo o terminaría recibiendo su enojo.

La noche cayó sobre ellos dejando ver el cielo nocturno plagado de estrellas sobre ambos shinobis. Se sentían conformes con la compañía del otro y con eso les bastaba. Pero mientras ellos disfrutaban de estar sentados apartados de todos disfrutando de la noche, en el laboratorio donde estaba trabajando Sakura se había descubierto algo impactante.

—¿Ya tienen listos los resultados de los exámenes a su estómago? —cuestionó la de cabellos rosados a otro ninja médico que se acercaba con los resultados impresos en papel.

—Sí —respondió afirmativamente el ninja—. Los resultados muestran que este fue el veneno que ingirió Hatake antes de ser asesinado.

—No puede ser… —susurró con los ojos abiertos de sorpresa al ver lo que decía el informe.

—Es un veneno sumamente raro y no imagino quien podría tener una dosis de él aquí en Konoha —comentó una médico ninja de cabellos castaños oyendo atentamente los resultados.

—¿Por qué de Konoha? —preguntó Haruno queriendo saber la razón para sospechar de algún habitante.

—Por dos motivos —respondió el shinobi del comentario—. La primera es que la planta para realizar dicho veneno crece exclusivamente aquí en el país del fuego y sólo se tiene acceso a él mediante el permiso de la Quinta. Y el segundo, que el veneno se hallaba en restos de comida no digeridos.

—Entonces alguien de Konoha lo engañó para hacerlo comer dicho veneno —concluyó Sakura mirando con detenimiento cada detalle del informe.

—Actualmente quien estaba trabajando con total libertad con aquella planta es… —comenzó a hablar la kunoichi de cabellos castaños.

—Shizune-san —completó la frase Haruno.

Continuará…