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OJOS CERRADOS
La clase terminó antes de que el profesor se acercara lo suficiente como para notar la herida en mi antebrazo, mas pudo, desde su lugar, pedirme que fuera más cuidadoso con el material y que recogiera los cristales rotos antes de que alguien saliera lastimado. Con el puño de mi bata cubrí hasta mi mano antes de salir en busca de los aparatos de limpieza.
Si hubiera tenido la necesidad de mirar de reojo a mis compañeros, seguramente hubiera notado como la mayoría de ellos apreciaban perplejos aquel acto tan imprudente, pero me importaba más hacerles ver que aquello había pasado por un descuido, sobre todo, quería que Horokeu diera por terminado el asunto.
¿Cómo era posible que perdiera de esa manera el control ante la sola idea de imaginar que Horo tuviera novia? Supuse, aunque me costara trabajo planteármelo, que sentí que la única amistad que había hecho en toda mi vida corría peligro. Entonces, sin quererlo o sin saberlo, Jean se convirtió en una intrusa enemiga a la que habría que eliminar. De regreso al salón con la escoba en mano me di tiempo suficiente para pensar en el tipo de tortura que le podría aplicar a la susodicha, todas mis ideas eran absurdas e iban desde un atropellamiento "accidental" hasta una trágica caída desde el sexto piso.
Abrí la puerta y, creyéndome solo en el laboratorio, sonreí al pensar en lo inmaduro que estaba siendo.
-Ren- escuché a mis espaldas- te ayudo con eso- Horo me arrebató la escoba para comenzar la labor.
-¿Por qué no te has ido?- pregunté un tanto brusco, dejando mis pensamientos ridículos para otra ocasión.
-Es que me preocupé por ti ¿está todo bien?
-Sí- le quité la escoba y barrí el resto de los cristales.
El silencio se escucho en cada uno de los pálidos rincones del lugar, incluso en aquellos que se escondían debajo de alguna mesa de madera correosa; ese detalle hizo evidente la ausencia de almas en la escuela. Miré sobre mi muñeca.
-Creo que demoré mucho buscando la escoba.
-Un poco
La charla casual de aquella tarde, aunque sencilla, quedó muy grabada en mi memoria. El sol filtrándose por la ventana chocaba contra los muebles, algunos rayos rozaban el contorno de la cara de Horo y hacían resaltar el negro de sus pupilas, de vez en vez, mientras terminaba de guardar mis cosas le veía directo a los ojos para escuchar sus comentarios insustanciales. Me perdí unos segundos mirando sus sombra dibujada a detalle sobre el suelo recordando aquel temor de perder su amistad. Sí, me había costado mucho admitirlo al principio, pero ahora podía, sin dificultad, llamarlo amigo; el nuevo reto era aceptar que no sólo era un amigo, era el mejor –no por ser el único- y creía que perderlo era como perder el sentido de seguir en aquella escuela, después de todo, desde que pasábamos tiempo juntos, las paredes sucias, los pupitres viejos y pisos grises habían perdido protagonismo.
- Oye ¿Cómo vamos a hacer la investigación?
-Pues…supongo que tendremos que pasar a la biblioteca.
-¡Qué flojera!- me interrumpió mi aún adormilado compañero- Deberíamos sacar prestados los libros e ir a tu casa.
-¿Y qué te hace pensar que puedes ir a mi casa?
-Vamos picudito, no te enfades tanto- dio una palmada en mi espalda- es que no podemos ir a la mía porque hay poco espacio y mi hermana es muy ruidosa.
Y así fue como terminamos cargando cerca de diez libros hasta la estación de trenes. Mi mochila, por demás llena, parecía el estómago de algún fanático de la buena comida, la de Horo se veía sólo un poco más ancha de lo normal, es una suerte tener la indecencia de cargar solo una libreta para todas las materias, pensé.
No tuvimos que esperar mucho antes de ver asomar la cabeza del tren por las vías.
-¡Allí viene!- anunció Usui cual niño pequeño.
-Ya lo vi, no tienes por que gritarlo- le reprendí.
-Que amargado- terminó para luego sentir mi puño sobre su cabeza.
Una estación y luego otra, el camino tan conocido para mi llegó a convertirse en un fastidio después de un rato de constantes peleas inútiles y discusiones babilónicas; la risilla de una chica sentada frente a nosotros me hizo pensar en el cómico espectáculo que montábamos en ese momento. Resignado bufe al lado contrario de mi acompañante, haciendo que el aire chocara contra un tuvo metálico.
-Ren- escuché- vives muy lejos.
-Tal vez.
Y luego regresaron las discusiones. Que si debería comprar un helicóptero para hacer menos tiempo a la escuela o hacerme un lugar en el patio del instituto para acampar. Cada comentario era más ilógico que el anterior, cada vez más torpes e irónicos.
-Jajaja.- reí un poco- sí tal vez deba comprar la escuela y construirme una casa en la azotea- seguí el juego.
-Es otra posibilidad- dijo Horo regalándome una de las sonrisas más cálidas que había podido verle expresar.
Contesté a su gesto con una pobre imitación, de súbito recordé aquella vez en el parque de diversiones y mi triste mueca. ¿Cómo le pides a alguien que te enseñe a sonreír?
-Horo…recuerdas la foto que compramos en el parque…- dije algo quedo.
-Sí, la tengo en un marco de oro sobre un buró al lado de mi cama.
-Torpe- dije al notar el tono de burla.
-No te preocupes, la guardé para que nadie la vea- palmeó mi hombro.
-Es hora de bajar.
Dejando detrás los largos andenes caminamos por un rato hasta dar con la increíble reja que delimitaba el territorio que abarcaba mi casa. Como de costumbre, algún empleado fue hasta donde yacíamos esperando y cogió mis pertenencias para luego escoltarme hasta la entrada principal.
Horo se comportaba extraño una vez dentro de la casa. Me incomodó pensar que no le agradara el lugar, aunque, mirándolo con detenimiento, mi hogar no tenía nada de malo, era un lugar amplio, limpio y elegante. ¿Entonces por qué rayos parecía tan tímido?
-Puedes dejar tu saco allí. Apunté con el índice.
-Gracias- replicó serio.
-Podrías dejar de actuar así- demandé algo molesto.
-¿Cómo?
Antes de que definiera la conducta que me tenía en tal estado, mi hermana entró a la sala sosteniendo algunas revistas, mirando entre sus páginas y sin levantar la mirada al caminar.
-Ren, que bueno que llegaste- saludó sin mirar aún- estoy pensando en tomar unas vacaciones en Londres, mira estas imágenes- y por fin se percató- ¿¡Trajiste a un amigo y no me avisaste!?- miró hacia sus piernas casi descubiertas y estiró como pudo la tela de su pijama.
Luego salió de inmediato en busca de algo decente para vestir. Horo emitió una casi inaudible risa. Es cierto, aquello también me pareció cómico, ver las revistas caer y las mejillas sonrojadas de aquella hermana tan intachable me había hecho sonreír.
-Jun regularmente no anda vestida así- traté de excusarla ante nuestro invitado.
-No te preocupes- se acomodó con descaro en un sofá- mi hermana es mil veces peor.
Comprendí que la mera presencia de Jun había logrado lo que yo no, hacerlo sentir cómodo. Supuse que sería un poco tarde para decir algo, pero valía la pena intentarlo.
-Si necesitas algo, sólo…. ¿pídemelo?- tal vez no fue la mejor forma, pero fue lo único que atiné a decir.
-Jajajaja.
-No le veo lo gracioso a tratar de ser cortés- me arrojé sobre él propiciándole un buen golpe en las costillas.
Horo terminó cayendo del sofá, pero antes de tocar el suelo jaló mi ropa haciéndome caer encima de él. En el acto traté de ponerme de pie, mas un tirón me hizo regresar a mi posición anterior. Mi cabeza descansaba en su pecho, mis manos, una a cada lado de su cuerpo y mi peso sostenido mayormente en mis rodillas, esforzándome por no aumentar el contacto de nuestros cuerpos, mas él se retorcía debajo de mí.
-Jajajaja- continuaba riendo casi descontrolado.
-Deja de moverte, imbécil- le acomodé de una buena vez sin despegar mucho mi cabeza de su torso, mis manos le sostenían por los hombros- ¿no te das cuenta de que mi cabello se atoró en uno de tus botones?
-Lo lamento, déjame ayudarte- respiró profundo para no volver a reír.
Con cuidado pasó su mano por mi cabeza, en lo que me pareció casi una caricia, para localizar con exactitud el mechón de cabello atorado. Después de unos minutos quedé libre.
-Vez lo que logras, torpe.
Jun tosió discretamente para anunciar su llegada, pero a juzgar por su mirada deduje que hacia rato que estaba presente.
-Hola, mucho gusto- vi a Horo levantarse para extenderle una mano a mi hermana- me llamo Horo.
-Mucho gusto, Ren me habla mucho de ti.
-¿En serio?- Horo volteó burlón a verme lo que me hizo sonrojarme tremendamente.
-Eso no es cierto- alegué. Era obvio que nunca en mi vida le había contado sobre él.
-¿Te vas a quedar a cenar?
-Supongo que sí.
-Entonces déjame preparar todo ¿Qué te gustaría comer?
-Mmmm… cualquier cosa esta bien.
-Entonces dale periódico y un poco de agua para que lo trague mejor.
-Oye, aquella vez comí periódico por accidente, mejor dicho, por tu culpa- Horo giró hacia mi para pelear como de costumbre.
Entre tanto alboroto mi hermana salió sin que nos diéramos cuenta, supuse que había entrado a la cocina porque al poco rato escuchamos ruidos saliendo de esta. Y esperando a que la cena estuviera lista propuse que comenzáramos el trabajo, de inmediato mi idea quedó descartada.
-No puedo pensar con el estómago vacío.
-Tú simplemente no tienes la capacidad de pensar.
-¿De que hablas? Se nota que no aprecias mi capacidad intuitiva para resolver los exámenes.
-Lo que supongo, significa que los haces al azar.
-Hacer un examen al azar es todo un arte.
Me levanté para sacar de la mochila algunos libros, ignorando por completo los chillidos de mi amigo. Al sostener en el aire tan pesado morral sentí una punzada en el antebrazo.
-¿Te lastimaste?- se acercó Horo sin que me diera cuenta- fue en el laboratorio ¿verdad?- sin que se lo pidiera tomo mi brazo y levantó el saco.
Cerca de la muñeca tenía un rasguño no muy grande, la sangre ya estaba seca alrededor de la herida y casi no dolía, pero él pareció darle mucha importancia y en seguida pidió algunas cosas a uno de los tantos empleados domésticos que pasaba precisamente por donde estábamos.
Procedió a limpiarme con algo de alcohol para luego colocar una venda; mientras lo hacia yo hojeaba con la otra mano uno de los libros que había sacado de su mochila.
-Este libro es de matemáticas, no tiene nada que ver con la investigación.
-Si, es que me hace falta estudiar un poco.
-Creí que resolvías tu vida al azar.
-La verdad es que no me va muy bien en la escuela, sobretodo en matemáticas.
-No me digas- expresé con obvio sarcasmo.
-No te burles- adoptó un tono serio- si no empiezo a subir mis notas seguramente se me hará difícil pasar el examen para la universidad.
-¿Te das cuenta que para ese examen faltan años?
-Mas vale prevenir- la seguridad en sus palabras me hizo pensar por un momento en la gran resolución que tenía por convertirse en médico.
-Si quieres podría ayudarte a estudiar- dije mirando hacia otro lado.
-Gracias, pero…
Me aparté bruscamente de él y deje su libro de mala gana sobre una mesa. Decir aquello fue difícil, ¿por qué no pudo simplemente aceptar mi ayuda?
-Esta bien, podemos estudiar juntos matemáticas- lo miré molesto- es que pensé que lo decías por compromiso.
-Nunca digo las cosas por compromiso, si no estoy dispuesto a hacer algo simplemente no lo propongo.
Unos minutos después fuimos llamados al comedor. No podía creer lo afortunado que era Horo Horo para salirse siempre con las suyas. Nos dirigimos al lugar en el que ya esperaban varios platillos servidos al centro de la mesa, cada quien ocupo su lugar y sin pensárselo dos veces, nuestro invitado comenzó a comer.
-Entonces…- por fin habló mi hermana- ¿de dónde se conocen?
-Lo encontré en la basura.
-Voy en la misma escuela- dijo él ignorando mi comentario, intuí que trataba de mostrar un poco de sus modales.
Ellos continuaron hablando un largo rato entre bocado y bocado. Miré la escena desde fuera preguntándome si eso era lo que se sentía comer en familia. Un ambiente cálido y divertido nos abrazaba a todos y me parecía casi como magia la forma en que Horo lograba transformar, incluso de momentos que antes para mí eran horas gélidas, en ratos amenos. Jun me miró comprendiendo lo que pensaba, pues ella soportaba lo mismo desde hacía incluso más años.
-Ren- susurro tiernamente mirandome de reojo, luego se volvió al ainu- gracias.
-¿Qué? ¿Por qué?- dijo Horo tanto o más sorprendido que yo.
-Ren ha cambiado mucho desde que te conoció- la intuición de las mujeres siempre me sorprende; ya sabía yo que aunque no se lo dijera ella sabría la razón de la "mermelada en mi pan"- han sido cambios pequeños pero significan mucho para mi.
-Sí, cuando conocí a Ren era un amargado- dijo él sin miramientos- y ahora incluso sonríe- giró su cabeza hacía mi con esa extraña mirada que aún no lograba descifrar.
-Gracias por la comida- corté la conversación ya que me hacía sentir realmente incómodo. Al poco rato Horo me siguió y ambos dejamos a mi hermana viendo televisión en la sala.
Propuse estudiar en uno de los tantos salones, pero después de las mil insistencias en trabajar en mi cuarto, terminé accediendo a esta última propuesta.
Entramos cargando los libros y los depositamos es una pequeña mesa. Mi alcoba decorada por quién sabe quien, realmente no reflejaba nada de mi, era simplemente como muchas otras en aquella casa.
-¿Y si jugamos algún videojuego antes de empezar?
-No tengo ninguno.
-¿Qué? ¿Cómo has logrado sobrevivir todos estos años?
-No lo sé, comiendo, respirando tal vez- saqué un libro grueso- comienza a leer este.
-La próxima vez iremos a mi casa para jugar- dijo antes de sujetar el libro y abrirlo.
En el cuarto se oía sólo el tic tac de algún reloj, lo mismo que escuchaba todo el tiempo en la soledad de aquel lugar. Uno que otro bostezo de parte de mi compañero de equipo y luego reinaba de nuevo sonoro el tiempo en las paredes.
Una musiquilla sonó de súbito haciendo bailar los azules de la recámara. Noté que sobre la mesa de trabajo descansaba el celular de Usui, aparato del cual escapaba aquella tenue melodía.
-¿Te gusta? Es Paku Romi.
-Suena bien.
Aunque extraño e incomprensible para quien su alcoba, su único escondite durante las fastuosas fiestas, su refugio y santuario no es una tumba, un sepulcro blanco; aquella música no sólo se escuchaba, se podía ver en el brillar de los pocos tonos coloridos. De pronto la habitación parecía más viva.
-Lo que dijo tu hermana hace rato ¿De verdad has cambiado tanto?- dijo Horo.
-Sí- decidí ser sincero.
-Yo también he cambiado mucho desde que te conocí, ahora soy más responsable- le dejé a la expectativa de una repuesta, al no haberla continuó- Yoh, Anna incluso Jean- tragué saliva al escuchar ese nombre- todos me agradan, pero tú me has cambiado mucho… eres muy importante para mi.
Dejé de lado el libro y le miré atento.
-Lo siento- reaccionó rascándose la cabeza- creo que estoy actuando raro, sólo quería que lo supieras.
Dentro de mi algo estaba naciendo, era cierto, ese deseo de interactuar con los demás, de no sentirme sólo nunca más; pero hasta ese momento me daba cuenta de la profundidad con la que estaban ocurriendo las cosas, no era sólo una sonrisa en el tren o una mirada en el comedor, era todo un lenguaje, uno del que apenas tenía conocimiento, pero que estaba dispuesto a descubrir al lado, claro, de Horokeu Usui. Importarle a alguien ¿Qué se siente ser importante? ¿Por qué significaba tanto para mí? Y ¿Dónde había quedado ese ser frío y antipático que miraba en el espejo? Seguramente lejos de quien era hoy y a la vez cerca, tanto como para recordarme cada minuto mi verdadero origen.
Apreté los ojos deseando que nadie lo notara, en el estómago algo se arremolinaba. Sentí que algo murió ese día. Una pequeña, casi diminuta parte de la mascara que me había fabricado acababa de desprenderse. Con más seguridad que antes decidí no perder ante Jean, tenía que hacer algo para no perder aquella rara, pero agradable amistad.
-Tú… también, también eres… importante para mí- dije mirando al lado contrario apretando los puños fuertemente sobre mis rodillas.
-…
-…
¿Me habría escuchado?
Giré de lleno para toparme con un chico casi acostado sobre la mesa, sus ojos cerrados y la respiración pausada gritaban lo cansado que estaba; era verdad, desde la mañana estaba así y a pesar de eso, el poco tiempo que dedicamos al trabajo lo hizo con ahínco. Decidí terminar sólo y no reclamarle al día siguiente.
Pasadas algunas horas la música que aún sonaba era más calmada; alguna balada me arrullaba. Luché para no quedarme dormido mientras leía, pero las letras poco a poco se hacían más borrosas, las líneas brincaban y las palabras carecían de sentido, me dejé caer lentamente sobre la mesa, igual que Horo.
Lo miré a mi lado, al mismo nivel, con la cabeza recargada en el mueble; mis dedos rozaron su mano, mis párpados iban y venían cada vez más pesados. Finalmente… me rendí, no sin antes acercar un poco más…. mi mano a la suya, en búsqueda de un….. contacto que me recordara que…… ya no estaba sólo, que tenia……. un amigo…….. que………
……….
Notas:
Antes que nada, les pido una disculpa por demorar tanto en actualizar. Gomen ne TT
Sobre el capítulo:Este capítulo en particular me dejó un muy buen sabor de boca, la manera en que se va desarrollando la relación de Horo y Ren me pareció simple pero significante. Jun, por otro lado, tomó una actitud un tanto extraña, es que no podía imaginarmela perfecta; creo que la escena en donde la describo en pijama da un toque divertido a su personalidad. Eso es lo que pienso, pero ya saben, ustedes tienen la última palabra y ojalá me hagan saber lo que opinan.
Sobre la historia en general: A partir de ahora la relación se desarrollara más rápido ¿quién se enamorará primero? aún no lo sé, sólo sé que ya tengo ganas de un poco de yaoi ¿ustedes no? Y en cuanto a los capítulos, estoy pensando en incluir uno extra con la visión de Horo ¿les gustaría?
Bueno eso es todo, de aqui en adelante espero actualizar más seguido. Ojalá les guste este capítulo y sigan leyendo la historia, les promento que la haré más interesante.
Bye bye
