Como las votaciones de la encuesta anterior fueron muy parejas, decidí tomar el consejo de Luna y utilizar las cuatro opciones. Espero que el capítulo sea de su agrado!
Besosssssssss
Capítulo 6
Una semana más había pasado, y Candy no aguantaba las ganas de ver a Terry. Había pasado los días en compañía de Amy, Richard también estaba con ella en su tiempo libre, y uno de los peones la había dejado montar a Sugar, Terry estaría orgulloso de ella cuando viera lo bien que había aprendido. Pero las cosas no eran iguales sin él. Lo extrañaba mucho y quería verlo, jugar con él y que terminara de contarle la historia. Tampoco le gustaba dormir sola, el castillo era muy grande y por las noches sentía miedo, así que había tomado sin permiso una camisa del armario de Terry y dormía abrazada con ella cuando sentía temor, podía sentir su perfume y eso siempre la calmaba.
- Creo que ya ha llegado – Le dijo Amy.
Candy se levantó del sofá y corrió hacia afuera para arrojarse a los brazos de Terry, quien estaba bajando del automóvil.
- ¡Terry! – Prácticamente se colgó del cuello del chico – Te he extrañado tanto – Lo tomó de la mano e intentó arrastrarlo adentro de la casa - ¡Vamos a jugar!
- Ahora no, Candy – Le contestó él – Estoy muy cansado. Tomaré una siesta.
- Pero Terry – Lo miró con ojos llorosos, pero él conocía muy bien todas las técnicas de Candy y no se dejaría engatusar.
- Ahora no – Volvió a decirle.
Terry entró solo en la casa y se dirigió directamente a su habitación. Cerró la puerta con seguro para que Candy no se metiera y se acostó en la cama. Estaba agotado, había pasado toda la semana en compañía de Anthony, Stear y Archie, haciendo toda clase de cosas. Nunca antes había tenido amigos, y debía reconocer que era muy divertido pasar el tiempo con niños de su edad. Con Candy podía jugar y todas esas cosas, pero no dejaba de ser una niña, ahora tenía amigos de verdad.
Escuchó rasguños en la puerta y un par de gemidos, pero cuando Candy se dio cuenta de que no le abriría decidió retirarse, y de ese modo Terry pudo descansar un rato. Esa noche el duque había invitado a cenar a los Andrey, así que vería a sus amigos nuevamente, estaba feliz por ello.
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Candy volvió a su habitación completamente enfadada. Había estado esperando a Terry durante cinco días seguidos y él ni siquiera había mostrado el mínimo interés en ella, y para colmo había puesto seguro a su puerta para que no entrara. Se dejó caer en la cama y estuvo unos minutos mirando hacia el techo hasta que poco a poco se fue quedando dormida.
Eran las cinco de la tarde cuando Amy la despertó.
- ¿Qué sucede? – Dijo Candy tallándose los ojos. Se había quedado profundamente dormida y aún tenía sueño - ¿Ya es de mañana?
- No, Candy – Le contestó ella – Son las cinco de la tarde pero debes levantarte. Tenemos que arreglarte para la cena de esta noche.
- ¿Cena?
- El duque organizó una cena para esta noche. Quiere que estés lista en una hora.
Candy no estaba muy segura de lo que estaba pasando, desde que estaba en esa casa el duque nunca había organizado una cena a donde ella había sido invitada, pero estaba tan cansada que solo dejó que Amy la desvistiera y le pusiera uno de sus vestidos nuevos.
Aún estaba enfadada con Terry por no haber querido quedarse con ella cuando volvió de la escuela y por haberla ignorado completamente. Tenía tantas cosas para contarle… pero ya no quería hablar con él.
- Lista – Dijo Amy con satisfacción al ver a Candy arreglada para la cena – Te ves hermosa.
- ¿Tengo que asistir? – Preguntó ella con pereza.
- Sabes que no puedes contradecir al duque – Le contestó Amy mientras le ajustaba los lazos en el cabello – Ahora, vamos.
Candy siguió a Amy con renuencia, estaba cansada y quería seguir durmiendo, no quería asistir a esa estúpida cena.
- Dime, Amy ¿Quiénes son esas personas que vienen a cenar?
- Es una dama de América, creo que la conoció en ese viaje desde el cual vino contigo – Le contó – También vendrán sus sobrinos. Ellos van a la escuela con Terry y la niña creo que tiene tu edad.
Candy no preguntó más nada. Por más que no quería estar allí, le agradaba saber que sus invitados eran americanos. Extrañaba mucho América. En la semana había recibido dos cartas de la hermana María y la señorita Pony y, con ayuda de Amy, ella las había contestado. Les contó todo lo que le había pasado durante su estadía en Londres, exceptuando, claro, ese pequeño incidente con Miranda. La verdad era que estaba feliz en su nuevo hogar, a pesar de su reciente enfado con Terry. Y hablando de él…
Cuando Candy bajó las escaleras lo vio. Vestido con su traje y hablando y riendo junto a tres niños que no conocía. Eran bastante apuesto, pudo apreciar, bueno… al menos dos de ellos, pues el tercero estaba de espaldas a ella.
- Ahí estás – Le dijo el duque, que hasta ese momento había estado hablando con una anciana – Ben aquí para presentarte - Candy obedeció al duque y se acercó a ellos con timidez – Candy, ella es Elroy Andrey, y sus sobrinos Neil y Eliza – Señaló a los dos niños que acompañaban a la dama – Y ellos de allá son Archie, Stear y Anthony.
El rubio, al oír su nombre, volteó y Candy pudo distinguir su rostro.
- ¡Dios mío! – Pensó Candy – ¡Es Albert! – No podía ser otro. Esa sonrisa, los ojos celestes, todo en él era como Albert – Pero no puede ser él – Reconoció para sí misma – Albert es más grande, y este niño apenas debe tener la edad de Terry, pero… el parecido entre ellos es demasiado grande ¿Serán familiares? Es muy apuesto.
- Ella es Candice – Anunció el duque, logrando sacar a Candy de su ensimismamiento – Al igual que ustedes viene de América.
- Mi marido la sacó de un hogar para niños – Dijo Miranda con regocijo - ¿Cómo dices que se llamaba ese lugar?
El duque le dirigió una mirada de reproche, pero Miranda sabía muy bien que no iba a regañarla en frente de los invitados.
- El hogar de Pony – Contestó con sequedad.
- ¿Un hogar de niños? – Preguntó con asco la pequeña pelirroja que había llegado junto con la mujer.
- ¿Es una huérfana? – Inquirió el otro niño quien debía ser su hermano – Eso es bastante…
No pudo terminar su frase porque Elroy lo interrumpió.
- Los Andrey hemos colaborado con el hogar de Pony durante años – Dijo con orgullo, pero fallando en su intento de ocultar la aversión que sentía hacia los niños huérfanos – Todos los meses me encargo personalmente de hacer una donación para los niños.
Candy estaba segura de que no había visto a esa mujer en su vida, así que dudaba que en verdad fuera ella personalmente quien llevara las donaciones.
- Hola – El chico rubio estaba frente a ella, sonriéndole amablemente – Soy Anthony, y ellos sin mis primos Stear y Archie, pero ya nos han presentado – Candy se sonrojó. Ese niño era tan parecido a Albert que no podía evitarlo – Terry me ha hablado mucho sobre ti.
- ¿Enserio? – Preguntó Candy con curiosidad.
- Si – Volvió a ofrecerle otra de sus radiantes sonrisas – Desde el lunes compartimos el cuarto en el colegio y debo decir que sentía curiosidad por conocerte.
- Yo… - Se sentía intimidada por ese niño y no sabía porque. Era tan apuesto…
- Esos dibujos que hiciste en su cuaderno – Anthony rió sonoramente – Nos costó mucho trabajo a Terry a mi solucionarlo.
Candy dirigió su vista a Terry, quien la miraba con los ojos entrecerrados. Así que por eso estaba tan enfadado con ella, porque había dibujado su cuaderno de la escuela. No creyó que fuera a molestarle demasiado. Sinceramente pensó que le gustaría, pero al parecer no había sido así.
Terry se acercó a ellos y le habló a Anthony.
- Vamos a jugar al jardín. Les mostraré mi casa del árbol.
- ¿Su casa del árbol? – Pensó Candy indignada. Esa casa la habían construido ambos con la ayuda de un empleado del duque y había sido SU idea.
Los chicos comenzaron a caminar hacia la puerta y Candy los siguió, pero Terry inmediatamente se dio la vuelta y la detuvo con la mano.
- Tú no – Le dijo con sequedad.
- Pero yo también quiero ir a jugar.
- Vamos a jugar cosas de niños – Continuaba tan serio como cuando llegó esa mañana – Tú no puedes estar con nosotros.
- No creo que sea un problema – Dijo Archie.
- Candy puede venir a jugar con nosotros – Lo secundó Stear – Y así le mostraré uno de mis últimos inventos. Veras…
- No creo que eso sea necesario, Stear – Lo detuvo Anthony para luego dirigirse hacia a Terry - ¿Por qué no dejas que Candy venga con nosotros? Por lo que me has contado sobre ella no creo que se sienta incomoda.
- He dicho que no. Haremos y hablaremos cosas de chicos, no quiero a una niña dando vueltas por ahí – Terry se cruzó de brazos y fue firme con su decisión – ¿Por qué no vas a jugar con esa niña que esta por allí?
- ¿Con Eliza? – Preguntó Anthony con incredulidad – No le desearía eso ni a mi peor enemigo.
Candy tampoco quería ir a jugar con esa niña tan presumida.
- No es mi problema – Terry se dio media vuelta y comenzó a caminar nuevamente hacia la salida – Vamos.
Anthony miró a Candy por última vez y gesticuló una disculpa por no haber logrado hacer que Terry cambiase de opinión, luego se dio la vuelta y siguió al castaño de la misma manera que sus primos.
Si Candy había estado furiosa antes de bajar las escaleras ahora estaba peor. Terry acababa de despreciarla frente a todos y eso no podía soportarlo.
Desde el otro extremo de la sala Candy vio como Neil y Eliza se acercaban a ella, y sintió deseos de volver a su habitación. No los conocía, pero había algo en ellos que no le gustaba.
- Parece que te dejaron sola – Le dijo Neil.
- ¿Por qué no vienes a jugar con nosotros? – Le preguntó Eliza con fingida amabilidad.
Candy estaba por decirles que no cuando el duque intervino.
- Llévalos a tu habitación, Candy – Le ordenó con, y aunque su tono de voz fue suave, ella sabía que había determinación en sus palabras – Aún falta para que la cena esté lista. Luego mandaré a Amy a buscarlos.
- Sí.
Candy bajó la cabeza y guió a Neil y Eliza escaleras arriba. Continuaron por el largo pasillo que llegaba hasta su cuarto, pero antes de que la rubia pudiera abrir la puerta Neil la detuvo.
- ¿Qué hay por allí? – Señaló hacia un oscuro pasillo por el cual Candy había ido pocas veces.
- Son más habitaciones, pero nadie las ocupa.
No le gustaba pasar por allí. El lugar estaba tan descuidado que las paredes olían a humedad, la pintura estaba vieja y amarillenta, no había ventanas, la mayoría de las puertas estaban rotas, y el pasillo era sencillamente escalofriante.
- ¿Quiero ir a ver? – Dijo Eliza.
- ¡No! – Exclamó Candy – No podemos, el duque nos ha prohibido pasar por allí.
Era cierto, ese era uno de los lugares a los que ella y Terry no podían tener acceso. El duque decía que hacía demasiado tiempo que nadie pasaba por allí, y que era peligroso para un niño, podría perderse o lastimarse y nadie los oiría.
- ¿Acaso tienes miedo? – Preguntó Neil con burla.
- ¡Claro que no!
- Entonces vamos.
Candy se sintió ofendida. Ella siempre había alardeado de no tener miedo a nada, pero no quería entrar por ese pasillo. Las veces que lo había hecho solo se había atrevido a dar unos pocos pasos y luego salió corriendo, pero no podía permitir que pensaran que era una cobarde.
- Bien – Candy tomó un candelabro que se encontraba en la pared, lo encendió y se adentró en el oscuro pasillo – Síganme.
Neil y Eliza rieron y siguieron a Candy. El lugar era más tenebroso de lo que recordaba, pero no podía mostrarse asustada frente a esos horribles niños.
- Esto es muy aburrido – Dijo Neil con un bostezo – Quiero entrar a una de estas habitaciones… tal vez haya cosas interesantes allí adentro.
- ¡No hay nada! –Exclamó ella, pero Neil ya estaba abriendo la puerta.
- Entonces no te dará miedo entrar.
- ¡No quiero!
- Entonces sí eres una miedosa – Se burló Eliza, y ambos empezaron a reírse de Candy.
- Muy bien – Dijo Candy reuniendo valor – Entraré.
La habitación estaba muy oscura, al igual que el resto del pasillo, y eco que había en el lugar era escalofriante. Antes de dar un paso adentro asomó la cabeza, pero en un momento de descuido, sintió como Neil le arrancaba el candelabro de la mano y la empujaba hacia adentro de la habitación. Cayó de bruces contra el piso frio y se lastimó las rodillas, pero cuanto se puso de pie para salir de allí ya era demasiado tarde. Habían cerrado la puerta y Candy oyó como Neil y Eliza se alejaban de allí riéndose y burlándose de ella. Quiso abrir la puerta, pero no tenía picaporte del lado de adentro y se dio cuenta que estaba encerrada.
El duque tendría razón, no debería haber entrado a ese pasillo, y tampoco debería haberle hecho caso a Neil y Eliza. Ahora estaba encerrada en ese horrible cuarto oscuro y nadie podría oírla. Gritó cuando algo caminó sobre sus pies. Una rata. Al juzgar por los sonidos la habitación estaba llena de ellas… y tal vez de otras cosas.
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La cena estaba por servirse y Amy fue al cuarto de Candy para avisarles, pero grande fue su sorpresa cuando solo encontró a Neil y Eliza allí, jugando con las cosas de la rubia.
- ¿Dónde está Candy? – Preguntó.
Esos niños no le gustaban, y sabía que algo malo le habían hecho.
- Salió de la habitación hace unos cuantos minutos – Le contestó Neil – Se fue por ese pasillo – Señaló hacia el pasillo prohibido.
- Eso es imposible. Candy sabe que no tiene que pasar por allí.
Neil se encogió de hombros.
- ¿Ya está lista la cena? – Preguntó con desdén.
- Primero van a decirme donde está Candy – Les exigió, pero esos niños parecían no aceptar la autoridad de nadie, mucho menos de una simple sirvienta - ¿Dónde está?
Neil se puso de pie y enfrentó a Amy. Aunque era más pequeño y bajito que ella, esa mirada podía intimidar a cualquiera.
- Ya te lo hemos dicho. Entró por ese pasillo.
- ¿Qué está pasando aquí? - Amy se dio vuelta y se encontró con Terry y los otros tres niños que habían llegado con esa señora - ¿Y Candy?
- Dicen que ha entrado por el pasillo de la izquierda – Explicó Amy.
- ¿Candy? – Rió Terry – Ella nunca entraría allí sola. Le da miedo.
- Pues eso es lo que paso – Dijo Neil cruzándose de brazos y gesticulando una sonrisa de medio lado – Ahora si nos disculpan… tenemos hambre - Tomó a su hermana de la mano e intentaron salir de la habitación, pero los cuatro chicos les impidieron el paso.
- Primero vas a decirnos donde está Candy – Le exigió Anthony.
- ¿Acaso ustedes la ven por aquí? ¡Les hemos dicho la verdad! Será mejor que entren a buscarla a ese pasillo.
Neil empujó a Anthony y salió con Eliza de la habitación.
- ¿Creen que Neil este diciendo la verdad? – Les preguntó Terry a sus amigos – Sé que Candy no entraría allí por sus propios medios, pero tal vez esos dos la hayan engañado y…
- Será mejor que vayamos a buscarla – Le dijo Anthony.
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Candy estaba sentada contra una pared aferrada a sus piernas, llorando porque nadie iba a por ella. Se preguntaba que les habían dicho Neil y Eliza a los demás. Tal vez nunca nadie se enteraría dónde estaba y pasarían años hasta que alguien descubriera su cuerpo sin vida. Su estomagó comenzó a rugir, y se dio cuenta que no había comido nada desde el almuerzo, estaba hambrienta y quería salir de allí.
De pronto un sonido llegó hasta sus oídos. No pudo distinguirlo bien así que se acercó más a la puerta y agudizo su oído. Allí estaba otra vez.
- Candy – Escuchó que alguien gritaba – Candy.
- ¡Aquí estoy! – Comenzó a gritar ella - ¡Por aquí!
Entonces la puerta de abrió y Candy se arrojó a los brazos de Anthony.
- Pequeña – El rubio la abrazó fuerte y la acunó en sus brazos - ¿Qué hacías aquí?
- Fueron Neil y Eliza – Le dijo entre llanto – Ellos me convencieron para que viniéramos por este pasillo y luego me dejaron encerrada aquí.
- Ya ha pasado – Le decía Anthony para consolarla.
- ¡Aquí estas! – Candy levantó la vista para encontrarse con un Terry demasiado enfadado - ¿Se puede saber que estabas haciendo por estos lugares? Sabes muy bien que no tienes que estar aquí.
- No le grites – Lo regañó Anthony – Neil y Eliza han sido los culpables. Ellos la engañaron y encerraron en esta habitación.
- ¿Es eso cierto? – Le preguntó Terry a Candy. Ella solo asintió con la cabeza - ¡Voy a matarlos!
- Tú no harás nada – Le prohibió Amy, quien acababa de llegar al lugar junto con Stear y Archie – Tu padre se enfadará si hechas a perder la velada.
- ¡Pero no podemos dejar las cosas así!
- Si haces algo en contra de esos niños solo lograras que el duque se enfade – Amy tomó a Candy de la mano y sacó a los niños de ese horrible lugar – Vayan abajo y dígale al duque que Candy ha tenido un pequeño inconveniente. Su vestido se ha ensuciado y debo cambiárselo. En un rato estaremos con ustedes.
Terry no quería dejar las cosas como estaban. Neil y Eliza debían pagar por lo que le habían hecho a Candy, pero Amy tenía razón. No sabía cómo podía llegar a reaccionar el duque. Él podría soportarlo, pero no quería que Candy sufriera por su culpa. Ya habría oportunidad de poner a Neil en su lugar.
- Las esperaremos abajo – Dijo Terry para luego dejar que Amy y Candy fueran a la habitación de la rubia para cambiarle su vestido.
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La cena transcurrió con normalidad después de lo sucedido, nadie dijo una sola palabra al respecto, aunque Candy tuvo que soportar las indirectas que Neil y Eliza hacían constantemente hacia los niños huérfanos. Hubiera deseado arreglarlo como lo habría hecho si estuviera en el hogar de Pony, pero sabía que no podía comportarse como una salvaje en la mesa, tal vez en otro momento…
Al terminar la cena, y mientras los adultos tomaban un café y charlaban sobre temas aburridos, Terry, Anthony, Stear, Archie y Candy fueron a jugar juntos a una sala. Esta vez el castaño no puso reparos a que Candy jugara con ellos. Se sentía culpable por lo que le había pasado, y no pensaba dejarla sola nunca más en su vida.
Candy, por su parte, descubrió durante la cena que, en efecto, Anthony si era pariente de Albert, y no pudo evitar tener sentimientos encontrados. Por un lado, había jurado amar a Albert, y por el otro, Anthony estaba allí, con ella, era tan dulce y amable que algo comenzó a nacer en su interior, algo que no se atrevía a hablar con nadie. Él la había salvado esa noche, y se había convertido en su príncipe. Siempre recordaría aquello.
Por la noche, cuando los Andrey se retiraron y todos se fueron a dormir, Terry llevó a Candy a su habitación y ambos se acostaron en la cama.
- Te debo el final de la historia – Le dijo.
- ¿Al fin vas a contármelo hoy?
Terry asintió con la cabeza y se acomodó en la cama junto a Candy.
- Tommy había planeado escaparse con Katy, pero algo había salido mal. Sus padres lo habían descubierto y, al saber que iba a escaparse con una plebeya, decidieron encerrarlo en su habitación hasta que el día de la boda con la muchacha que ellos habían escogido llegara. Tommy estaba desesperado, tenía que hablar con Katy al respecto, pues no quería que ella pensara que la había abandonado, pero eso era exactamente lo que pasaba por la cabeza de la muchacha. Al ver que Tommy no llegaba por ella, Katy se entristeció tanto que decidió escapar de su casa. No tenía a donde ir, y tampoco conocía los alrededores, pues nunca había salido del pueblo, pero no podía soportar continuar viviendo en ese lugar donde había sido abandonada por el único hombre al cual había amado. Después de caminar sin rumbo fijo durante un día entero, Katy llegó hasta una enorme mansión. Moría de hambre, así que pensó que alguien allí podría darle algo de comida. Cruzó las rejas y se dirigió hacia la puerta. Tocó e inmediatamente una mujer regordeta con uniforme de ama de llaves salió a recibirla. La mujer profirió un gritó de sorpresa al ver a la joven, y sin que Katy pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo, el ama de llaves la hiso entrar en la casa, la sentó en un sofá y le sirvió té y unas deliciosas galletas. Katy no comprendía lo que estaba sucediendo, y fue entonces cuando una pareja entró en el salón. Un sentimiento extraño se formó en el pecho de Katy. La mujer era idéntica a ella, y no comprendió cuando sus ojos se llenaron de lágrimas y la llamó "hija". Pasaron unos cuantos minutos hasta que Katy oyó la historia completa, pero luego de comprender lo que había sucedido, se dio cuenta porque habían pasado las cosas. Nada era casualidad, ella tenía que encontrarse con sus verdaderos padres. Con el pasar del tiempo. Los padres de Katy lograron recuperar el reinado, pero había algo en ella que no le permitía ser del todo feliz. Una tarde, Katy se encontraba cuidando las rosas del jardín cuando alguien la tomó por la cintura. Era Tommy. Katy no podía creerlo, él estaba allí, con ella. Después de decirle cuanto la amaba, Tommy le explicó lo que había pasado, le dijo que sus padres lo habían encerrado en su habitación para que no pudiera escaparse con ella y que querrían obligarlo a casarse con otra, pero él no había accedido a sus chantajes. Luego había vuelto a buscarla, pero ella había desaparecido. Le tomó mucho tiempo dar con su paradero, pero al fin lo había logrado y ahora podrían ser felices para siempre. Cuando sus padres se enteraron que Katy era hija biológica de los reyen, no dudaron en aceptar el matrimonio de su hijo con ella, el cual tuvo lugar la primavera siguiente. No pasó mucho tiempo después de la boda hasta que Katy diera a luz a su primer hijo, al cual le siguieron cinco más. Tommy y Katy se convirtieron en reyes, y vivieron felices junto a sus hijos por muchos, muchos años.
- Ha sido una bonita historia – Le dijo Candy con voz somnolienta – Espero algún día tener una historia como la de Katy.
Terry rió y besó a Candy en la coronilla. Ella se quedó dormida instantáneamente, y Terry la abrazó con fuerza. No sabía lo que sentía por la pequeña pecosa, pero era algo muy fuerte, y sabía que nunca podría dejarla ir.
Continuará…
En el próximo capítulo 9 años han pasado. Candy se convirtió en una hermosa jovencita y es hora de que ingrese al Real Colegio San Pablo. Neil y Eliza cuentan a todos que Candy es una huérfana y eso le trae problemas con sus compañeros ¿Qué pasa en su primer día de clases?
a) Candy cuenta con el apoyo de Terry, Anthony, Stear y Archie y eso es suficiente.
b) Candy intenta hacer amigos sin éxito alguno.
c) Candy encuentra una inmediata amistad en su vecina de habitación.
d) Candy detesta el colegio y ruega al duque para que la saque de allí.
