CAPÍTULO 7

Clarke Griffin la había besado.

Esa era la frase que había estado repitiendo en su mente desde el momento en el que volvió al castillo tras aquella escapada a Hogsmeade. El momento de la despedida y de volver cada una a su sala común fue silencioso; pero un silencio bueno, porque Lexa pensaba que sus miradas hablaban por sí solas. Se habían besado, y esa chica de la casa Slytherin había sido su primer beso.

Se llevó las manos a la cara, muerta de la vergüenza, con el recuerdo de esos labios acariciando los suyos. Sabía que Clarke había estado con otras personas antes, más que nada porque nunca ocultó sus preferencias sexuales: podías ir caminando por el pasillo tranquilamente y encontrártela con la boca pegada a algún o alguna compañera de su casa, porque, eso sí, jamás la había visto con un Ravenclaw, Hufflepuff o Gryffindor. Ese pensamiento hizo que parase en seco su avance, ¿y si Clarke estaba jugando con ella? Un motivo más para burlarse cuando volviesen sus compañeros. "Deberíais haber visto a la sangre sucia toda enamorada de mí estas navidades, persiguiéndome por todos lados y mandándome notitas. Encima me besó, y besa como un besugo". Apretó sus dedos, y sintió el tacto del papel que había preparado para dárselo a Clarke si se la cruzaba. Tener miedo era normal con todo lo que había pasado, pero ella confiaba en lo que estaba pasando; y tenía la certeza de que todo era real a pesar de esos pensamientos que la invadían de vez en cuando desde aquel beso.

Fue como si supiese que estaba ahí, como si siempre supiese donde estaba; y le encantaba, porque, con tan solo su presencia, hacía que su corazón se saltase distintos latidos. Clarke se quedó estática cuando sus ojos conectaron, y se preguntó que en qué estaría pensando en esos momentos. Cogió aire cuando vio que se mordía el labio, y se dispuso a andar hacia donde estaba ella, sin apartar la vista de sus ojos ni un solo segundo; y ese brillo le confirmaba que, fuese lo que fuese que tenían, era cierto. Tenía que serlo. Estiró su brazo y sujetó su mano, esperando que sujetase en papel que le entregaba, y así lo hizo. Miró sus ojos azules desde esa distancia, antes de soltar su mano y caminar hacia el lado opuesto al que ella se dirigía, sintiendo los nervios crecer en su cuerpo otra vez cuando recordó lo que había puesto en aquella nota y en las ganas que tenía de estar a solas con ella otra vez.

"Torre del reloj, en una hora"

X X X

Tenía el labio apretado con fuerza entre sus dientes mientras la miraba desde su posición. Aún no había visto que estaba allí, y ella se quedó casi petrificada cuando la vio observando el paisaje desde los laterales del inmenso reloj. Cada vez que la miraba pensaba dos cosas de forma automática: la primera, que era jodidamente preciosa y, la segunda, que se odiaba por haber estado involucrada en hacerle daño de una forma u otra; o de no haberlo impedido antes. ¿Podría llegar a solucionarlo y comenzar de cero con ella? No había nada más en ese mundo que deseara tanto como estar bien con ella, y poder verla sonreír cada día.

Aún sentía el calor de sus labios en los suyos, y eso que fue el día anterior; más de veinticuatro horas y aún parecía que tuviera su boca contra la suya. Casi sonrió al recordarla tan vulnerable y tan tímida entre sus brazos, y la forma en la que tembló cuando sus labios se unieron. Su primer beso. El primer beso de Lexa había sido con ella; era como una especie de explosión interna, millones de hechizos en su mente indicándole que aquella chica había elegido besarla a ella antes que a ninguna otra persona. Y fue el mejor beso que había dado en su vida, o que había recibido, porque la mejor parte era que se habían besado las dos.

Se moría por volver a hacerlo o, simplemente, por volver a entrelazar sus dedos con los suyos.

Empezó a dar pasos decididos hacia donde estaba ella, parando justo detrás de ella. Lexa fue a girarse para mirarla, pero ella fue más rápida y se pegó a su cuerpo, algo nerviosa, rodeando su cintura con los brazos y escondiendo su rostro entre esas ondulaciones morenas. El olor de su pelo la impregnó y, por primera vez, sintió que ese era su lugar, al lado de esa chica tan increíble. Ella tendría que estar a su lado siempre, protegiéndola, diciéndole las cosas que sentía, y no siendo una estúpida Slytherin.

Notó que se tensaba, y chistó suavemente, apoyándose en su hombro.

-Soy yo -susurró cerca de su oído, y notó que se relajaba entre sus brazos-. ¿Te molesta que esté así? -preguntó, refiriéndose al abrazo.

-No, no me molesta -respondió con su voz suave.

Aguantó el aliento cuando su mano se apoyó en la suya, que descansaba sobre su vientre, y la acarició. Observó las vistas de los jardines del castillo desde esa posición, disfrutando del calor del cuerpo de aquella chica. Estaba tan colada por ella que incluso dolía, pero no más que el hecho de sentir, o de poder afirmar, que Lexa no se merecía un ser miserable como era ella.

-Lexa -llamó, sintiendo que le temblaba la voz y rompiendo aquel silencio que las envolvió-, ¿crees que algún día podrás perdonarme?

Clarke luchó contra sus impulsos primarios, que le mandaban a leer su mente; pero no, ya bastaba de colarse en sus pensamientos, era hora de escucharla a ella hablar directamente.

-Te perdoné el día que me enseñaste a jugar al ajedrez -fue la morena la que se giró, mirándola de forma intensa.

-¿De verdad? -la miró aún con duda y miedo, pero esa sonrisa sincera que asomaba en los labios de Lexa no engañaba a nadie, y sintió un gran alivio recorrerla interiormente.

-De verdad -asintió varias veces con la cabeza-. Estas navidades he descubierto a una nueva tú, y me encanta.

Sintió su corazón saltarse un par de latidos por lo menos con esa última frase, y observó el brillo en la mirada de la chica que había frente a ella. Lexa era absolutamente preciosa, sí, pero sus ojos eran de otro mundo. Se suponía que el verde debía ser su color favorito, ya que era el color que representaba a la casa de Slytherin; y sí, lo era, pero por razones muy distintas. Y observando aquel bosque frente a ella sabía con certeza por qué.

Vio que Lexa alzaba la vista y miraba el techo, pero ella se dedicó a observar su perfecta mandíbula y parte de su cuello que quedaron visibles hasta que la morena volvió a enfocarla a ella; esta vez con una sonrisa mucho más grande dibujada en su rostro. No entendía nada pero entonces fue su turno de mirar hacia arriba y ver aquel muérdago sobre ellas. Lo que no se esperó fue que Lexa avanzase hacia ella y pusiera una de sus manos sobre su mejilla de forma delicada, acercándose para unir sus labios lentamente.

Cerró los ojos, disfrutando del tacto de aquellos carnosos labios a los que ya era adicta, y dejó que ella llevase el beso esa vez, ya que era quien lo había empezado. Fue un beso corto, casi no le dio tiempo a apoyar la mano en cualquier zona de su anatomía para acercarla un poco más a su cuerpo como quiso hacer en un principio, pero se quedó con su sabor impregnado en los labios.

Le costó incluso abrir los ojos y, cuando lo hizo, pudo ver esa sonrisa tímida decorando su perfecto rostro.

-No estaba segura sobre si querías repetirlo... –fue lo primero que dijo Clarke, cuando sintió que le volvía el habla, para, posteriormente, morder su labio y levantar su brazo para acariciar su pelo, sintiendo lo suave que era.

-Claro que quería repetirlo -contestó como si fuese obvio.

-Me daba miedo haberme sobrepasado contigo… Sé que ya lo he hecho millones de veces, pero quiero que me des la oportunidad de mostrarte cómo soy de verdad.

-Te la estoy dando -sonrió sincera, y ella se perdió en sus ojos otra vez.

-Te estaría besando todo el día si pudiera, Lexa -confesó, apoyando la frente sobre la suya, quería que ella decidiera cuándo hacerlo. No quería presionarla, le aterraba asustarla por su impulsividad o insistencia. Era tanto el tiempo que había estado esperando para poder hacerlo; aunque, a decir verdad, jamás pensó que podría llegar a ocurrir algún día.

Lexa besándola. Menudo sueño hecho realidad.

-Yo también quiero que me beses a todas horas, es más, estaba deseando repetirlo desde que dejaste de hacerlo en Hogsmeade.

-¿Y ahora? ¿Lo deseas?

Lexa asintió, y Clarke cambió la mano de su pelo a su mejilla, acariciando su piel suavemente y sonriéndole antes de inclinarse de nuevo, besándola despacio y sintiendo cómo sus labios la recibían. Un escalofrío la recorrió antes de moverlos, creando el beso que necesitaba mientras las manos de la morena se apoyaban en su cuello y ella bajaba a su cintura, pegándola más a ella de un suave tirón. Se retiró unos milímetros de su rostro, y la miró fijamente a los ojos, notando sus mejillas algo sonrojadas, antes de separar sus labios y atrapar el suyo inferior. Lo succionó suavemente, sintiendo el escalofrío que mandó a su cuerpo; joder, era increíble estar besándola de esa forma. Fue el turno de mover su lengua, buscando conocer su sabor, y la deslizó por su labio superior, escuchándola jadear y abrir su boca de forma automática. No necesitaba más invitación.

Introdujo su lengua en la cálida boca de la morena, era la primera vez que profundizaban de esa forma un beso, ya que el primero había sido más inocente, aunque igualmente increíble; y sintió que las piernas le temblaban por la sensación. La lengua de Lexa se entrelazó con la suya de una forma exquisita, mientras que las yemas de sus dedos apretaban más su cintura, sujetándola contra ella. Necesitaba sentirla lo más cerca posible. Podía oír la respiración entrecortada de Lexa cada vez que se separaban brevemente para cambiar de posición, y estaba comenzando a adorar la forma en la que su nariz rozaba con la de la chica cada vez que se movían entre besos.

Sintió las manos de Lexa acariciando suavemente la piel de su cuello, mandando descargas eléctricas por todas partes. De repente, la espalda de la morena quedó contra la madera que hacía de pared junto al reloj y la chica volvió a jadear; y esos sonidos no le estaban viniendo nada bien. Miró sus ojos unos segundos antes de volver a estrellar sus labios con los suyos, esta vez el beso se estaba saliendo de su control, porque la necesitaba en todos los sentidos. Sus cuerpos se arquearon al mismo tiempo que los dedos de Lexa pasaban entre los mechones rubios de su pelo. No podía evitar que aquel beso la calentase de aquella forma, y se separó unos centímetros de la chica, dejándola algo confundida antes desabrochar su chaqueta y tirarla al suelo, viendo cómo el nerviosismo se apoderaba de Lexa.

-Tranquila, no voy a hacer nada –explicó al entender que quizás todo iba rápido para ella en ese instante-. Es solo que... hace calor aquí.

-Lo siento, Clarke, es mi primer beso y no sé muy bien cómo...

-No -la cortó-, tu primer beso fue en Hogsmeade -le corrigió con una sonrisa y observó que ese mismo gesto se dibujaba en el rostro de Lexa-. Ven aquí -dijo, y la cogió suavemente por su abrigo, acercándola a ella y volviendo a sentir esos carnosos labios sobre los suyos.

Se besaron suavemente, esta vez fue algo más corto, y apoyó su frente contra la suya, mirando esos preciosos ojos verdes que le devolvían la mirada. Quería quedarse allí, en aquel preciso instante en el que los brazos de Lexa se cruzaban tras su nuca, y sus manos la sujetaban por la cintura. Sonrió levemente y suspiró cuando la morena se abrazó a ella, escondiendo el rostro en su cuello. No dudó ni un segundo en devolverle el abrazo con más intensidad, sintiendo una vez más la necesidad imperiosa de proteger a esa preciosa chica.

-¿Estás bien? -susurró contra su oído, dejando que sus labios rozasen su oreja levemente.

Lexa asintió, pero continuó en aquella posición, disfrutando ambas de aquel momento íntimo, en el que el tiempo parecía congelarse y en el que solo existían ellas dos. No eran Gryffindor ni Slytherin, simplemente eran dos chicas descubriendo unos sentimientos maravillosos por la otra, haciéndolas sentir más vivas que nunca, y con ganas de ver hacia dónde les llevaba todo ello.

Y Clarke tenía clarísimo que al único sitio donde deseaba que aquello que habían iniciado les condujera era donde pudiese estar al lado de Lexa sin preocuparse de nada. Un lugar donde la morena no fuera discriminada por su origen muggle, ni ella tuviera que esconder cada cosa que esos ojos verdes y esa sonrisa le hacían sentir.

X X X

La última noche del año. Eso significaba que no quedaban muchos más días por delante de vacaciones y, al contrario de lo que ella pensaba, en ese instante no quería que acabasen; no cuando se encontraba en el Gran Comedor durante el banquete de fin de año que siempre se realizaba en Hogwarts mientras cenaba e intercambiaba miradas y sonrisas con Clarke, que estaba sentada en la mesa de enfrente.

No habían podido sentarse juntas, aunque era lo que más deseaba, sin duda; pero allí quedaban todavía algunos compañeros de Slytherin, y no quería que Clarke se buscase problemas. Tenía que conformarse con esos gestos que se estaban dedicando en la distancia y que le removían todo su interior. Jamás se había sentido así con nadie, y era absolutamente maravillosa esa necesidad de tener a la rubia cerca a todo momento, aunque bastante frustrante porque ella mejor que nadie sabía que no podía ser así siempre.

Se disponía ya a abandonar el Gran Comedor cuando la cena se dio por finalizada, e iba siguiendo a todos los alumnos de su casa de vuelta a la torre de Gryffindor cuando notó una suave caricia en sus dedos. Se giró hacia la derecha mientras caminaba, y se encontró el increíble rostro de Clarke sonriéndole de forma burlona, y fue automático que en su cara se manifestase el mismo gesto.

-Quiero llevarte a un sitio -le susurró la rubia en medio del gentío, acercándose a ella para que pudiese escucharla.

-Clarke… ¿ahora? -le preguntó algo indecisa.

-Por favor -le suplicó, entrelazando sus propias manos entre sí y colocándolas bajo su barbilla-, será poco tiempo.

Era imposible decirle que no si la miraba con esos ojos, y se sorprendía de lo que acababa siempre consiguiendo: cosas que hasta hacía unas semanas eran impensables para ella, pero que le estaban encantado; y por el simple hecho de estar compartiendo esos momentos con Clarke.

La rubia pegó un suave tirón del final de la manga de la túnica de Lexa tras dedicarle una amplia sonrisa cuando aceptó, y fueron sorteando a los alumnos que aún salían del Gran Comedor, dirigiéndose a una de las puertas traseras del castillo. En un punto de su andadura, Clarke se metió en un pasillo diminuto, tanto que si no lo buscaba probablemente ni se hubiese dado cuenta de que estaba allí; y sacó una gran manta. Genial, iban a salir del castillo...

El frío la invadió al instante cuando se encontraron al aire libre, y sintió enseguida el brazo de Clarke rodeándole los hombros, pegándola más a su cuerpo. Siguieron caminando hasta una de las colinas cubiertas en verde hierba que en ese momento era inapreciable por la oscuridad de la casi medianoche y la espesa nieve que la cubría. La rubia le indicó entonces que se sentase, y así lo hizo. Fue a protestar por la temperatura que hacía, pero se calló cuando sintió su cuerpo colocarse tras ella, rodeándola con brazos y piernas y tapándolas a ambas con la manta a continuación.

-Quería tener un momento más a solas contigo antes de que acabase el año -escuchó que confesaba contra su oído, apartando su pelo a un lado y pegando sus labios a su cuello, dejando pequeños besos sobre su piel.

Ella no contestó, simplemente se dedicó a observar el gran lago que rodeaba la escuela y el reflejo de la luna sobre él. Era absolutamente precioso el paisaje, y la felicidad que sentía en aquel momento no podía describirse. Sintió las manos de Clarke sobre las suyas bajo la manta, y ella las giró para que entrelazasen los dedos, notando el pulgar de la chica acariciando el dorso de una de las suyas. Entonces, el reloj de la torre comenzó a sonar, haciéndoles saber que se adentraban en los últimos segundos de aquel año.

-Lexa -oyó que la llamaba y giró su rostro levemente para poder mirar sus ojos-, quiero que seas mi último beso de este año -se acercó y juntó los labios de ambas, atrapando el suyo inferior, mientras la campana seguía sonando-, y el primero del que empieza -murmuró contra su boca cuando el sonido cesó.

Se volvieron a besar, y sintió cómo rodeaba su cintura con ambas manos, queriendo abrazarla con más fuerza, mientras ella colocaba una mano en su nuca, sin dejar que sus labios se despegasen, y es que necesitaba sentirla de aquella forma. La manera de Clarke de acariciar su boca era algo que jamás se había imaginado, y quería disfrutar de cada segundo de aquel beso.

-Feliz año, Clarke -le dijo cuando sus frentes se juntaron y vio esos ojos azules tan cerca de ella.

-Feliz año, preciosa -se estremeció con la caricia que dejó sobre su mejilla antes de deslizar su pulgar hasta su labio inferior, volviendo a unirse en un beso que daba comienzo a un año que, si seguía como había empezado, para Lexa sería el mejor en mucho tiempo.

X X X

Estaba empezando a preocuparse porque pensaba seriamente que esa sonrisa de idiota que llevaba a todas partes era algo permanente en su rostro ya. Pero es que le era imposible apartar de su mente los besos y esos momentos increíbles que había compartido con Clarke, y, por consiguiente, le era imposible dejar de sonreír. Podía sentir aún el sabor de los labios de la chica sobre los suyos, dejándola sin aliento y quitándole la razón. Todavía no se creía que esa Clarke Griffin, esa persona tan maravillosa con una sonrisa preciosa y que hacía que hasta el suelo bajo sus pies temblase fuera la misma Clarke Griffin de los últimos cinco años.

Pero eso era lo que menos le importaba en esos momentos, lo único que le importaba en aquel preciso instante eran esos ojos azules enfocados en ella y esa suave cabellera rubia que se acercaba a ella por el pasillo central del gran comedor. No era capaz de controlar el cosquilleo que recorría su cuerpo por completo cuando Clarke estaba cerca, y lo cierto es que no le importaba, porque era la sensación más agradable que había tenido en mucho tiempo, por no decir que en toda su vida.

-¿Estudiando, Woods? -le susurró una vez llegó a su lado, sonriendo al mismo tiempo que alzaba una ceja, y vio que llevaba una bolsa con ella.

-También existe la lectura por placer, Griffin -respondió ella, viendo cómo la rubia ponía los ojos en blanco y eso le hizo reír a ella-. Y tú, ¿vienes a estudiar?

-No, venía a verte -lo dijo tan tranquila, con esa sonrisa tan increíble que tenía, sin pensar que a lo mejor le podía provocar una parada cardiaca- y a proponerte algo.

-Ah, ¿sí? -se interesó, cerrando el libro que tenía frente a ella- ¿El qué?

-Falta poco para el partido entre Slytherin y Gryffindor -Lexa asintió-, y he pensado que podríamos ir al estadio de Quidditch y practicar las dos. Te pones de guardiana y yo de cazadora.

-Clarke, tú eres golpeadora -le dijo, frunciendo el ceño-, ¿cómo se supone que vas a entrenar tú?

-Lexa Woods -la llamó tras soltar un suspiro-, ¿quieres dejar de cargarte mis excusas para pasar todo el tiempo que pueda contigo?

¿Quién se podía resistir si le decían cosas así? Definitivamente, ella no. No tuvo más remedio que sonreír ampliamente antes de asentir, dejándole saber que sí que iría, porque ella también se moría por pasar el mayor tiempo posible a su lado. Antes de que se diese cuenta, su mano se encontraba entrelazada con la de la chica Slytherin y estaban andando hacia la puerta principal del castillo en dirección a su destino.

-Espera, espera -Lexa detuvo a Clarke y la chica se giró, mirándola con el ceño fruncido-, ¿vamos a entrenar así? -señaló sus túnicas.

-Llevo aquí todo lo necesario, no te preocupes -Clarke le mostró la bolsa que colgaba en su hombro y volvió a hablar antes de que la morena lo hiciese-. Hay escobas en el campo, no tienes que ir a por la tuya -continuó con su marcha, volviendo a entrelazar sus dedos con los de Lexa mientras ambas sentían una corriente eléctrica recorrerlas por el gesto.

Llegaron al estadio de Quidditch, y Clarke le prestó a Lexa unas ropas para entrenar cómodamente, y la morena fue a una parte cubierta del campo a cambiarse, haciendo que Clarke riera por lo vergonzosa que se mostraba. Una vez que ambas estuvieron ya cambiadas y preparadas, se subieron en las escobas que la rubia había sacado y se posicionaron: Lexa defendiendo los aros y Clarke frente a ella con la quaffle en sus manos.

-¿Preparada? -preguntó Clarke alzando la pelota con una mano al mismo tiempo que echaba su brazo hacia atrás, preparando el lanzamiento.

Lexa asintió y Clarke lanzó la pelota en su dirección con la fuerza que ella consideró apropiada, pero, al parecer, no fue la suficiente, porque la morena atrapó el disparo sin demasiada dificultad, haciendo que Clarke soltase un gruñido quejándose, y que Lexa riera a forma de respuesta. Le devolvió la pelota para que lo intentase de nuevo, esta vez con más fuerza, y logró atraparla, aunque ahora teniendo que dar un giro sobre sí misma con la escoba.

-Maldita Gryffindor -la oyó decir entre dientes y rio suavemente-. Si juegas así durante el partido, no tendremos ninguna oportunidad de ganaros.

-Somos mejores que vosotros, Clarke -la picó-. Tienes que aceptarlo.

-Tú eres la mejor -le aceptó justo antes de deslizarse en su escoba hasta donde ella estaba y quedarse justo a su lado, muy cerca de su rostro-, y me encantas…

Lexa no tuvo tiempo a decir nada porque enseguida tenía los labios de Clarke sobre los suyos, moviéndose de forma exquisita, pero lentamente. Le encantaba sentirlos, y no dudó en abrir la boca cuando sintió la lengua de la chica pidiendo paso, sin poder evitar gemir suavemente al sentirla enlazarse con la suya. Dios, se estaba volviendo adicta a aquella sensación. Jamás había pensado que sentiría todas esas cosas besando a alguien, aunque seguramente no era por besar a alguien, sino por besar a Clarke Griffin.

-Si me desconcentras me voy a caer, Clarke -dijo aún contra sus labios cuando sintió que la mano que tenía apoyada sobre la escoba temblaba. La chica la miró fijamente y puso una de sus manos en su mejilla, acariciándola suavemente.

-Nunca te dejaría caer, Lex –confesó-. Nunca.

No pudo evitar ser ella en esa ocasión la que uniese sus labios en un nuevo beso. Admiraba la facilidad de Clarke para decir todo lo que pasaba por su mente, ya que para ella no era tan sencillo, así que intentaba demostrarle todas esas cosas que estaba sintiendo a través de los besos; y, a juzgar por las miradas que le dedicaba, podía decir que lo conseguía.

Siguieron entrenando hasta que el sol comenzó a ponerse. Lexa se reía cada vez que Clarke mostraba su frustración, ya que la morena era realmente buena como guardiana, y cuando le ofreció que cambiasen los puestos durante unos minutos, conseguía colar la pelota por los aros que la rubia intentaba proteger casi todas las veces, haciendo que se cruzase de brazos.

-No te frustres -le dijo una vez terminaron el entrenamiento, acercándose a ella y depositando un tímido beso en su mejilla-. Como golpeadora eres excepcional.

-No tan buena como tú, guardiana -contestó justo antes de ponerla contra la pared que había debajo de una de las gradas, pegando su cuerpo al suyo y cogiendo su rostro entre sus manos-. Eres increíble, Lexa.

-No lo soy... -contestó agachando la vista, pero sintió la mano de Clarke en su mejilla, haciendo que volviese a conectar sus ojos con aquellas esferas azules.

-Lo eres -insistió-, y voy a hacer lo que haga falta para demostrártelo.

Clarke acercó su rostro al suyo, haciendo que su nariz rozase con la suya suavemente. Sentía su cálido aliento contra su boca y sus ojos observando sus labios de forma sedienta. Era increíble compartir aquellos momentos tan íntimos, y también ese sentimiento de querer besarla a todas horas que no le había abandonado ni un segundo desde que sus labios se juntaron aquella tarde en Hogsmeade.

Sintió cómo atrapaba su labio inferior con delicadeza y fue automático el llevar sus manos hasta su cuello, entrelazándolas allí, para asegurarse de que no se iba a separar de ella. Clarke acariciaba suavemente sus mejillas y la curva de su mandíbula mientras que ambas profundizaban el beso, queriendo sentir más de la otra. En un cambio de movimientos fue el labio inferior de Clarke el que quedó entre los suyos y disfrutó de lo suave que era, y lo cálido y húmedo que podía sentirlo.

-Voy a echar de menos esto -susurró la rubia en cuanto se separaron levemente, apoyando su frente en la suya.

Y ahí estaba. Todo aquello se iba a acabar, ¿pero es que acaso había sido tan ingenua de pensar que no lo haría? Sintió una punzada de dolor al imaginarse de nuevo las miradas frías de Clarke, o pasando por su lado aparentando indiferencia por ella. Pero, claro, no iba a dejar de lado a todos sus amigos de todos esos años en Hogwarts por una simple Gryffindor como ella, ¿verdad?

-Lexa, no voy a dejar de sentir esto -supuso que pudo ver el miedo en sus ojos por esa contestación-, no voy a dejar de querer sentirte a cada segundo ni de pensar en lo maravillosa que eres. Simplemente, yo…

-Lo entiendo, Clarke -movió su cabeza de forma afirmativa- yo tampoco voy a dejar de sentirlo, pero me gustaría que las cosas fueran diferentes.

-Ven aquí -sintió sus brazos tirando de ella para rodearla con ellos, de esa forma protectora en la que lo había hecho en la torre del reloj-. Te prometo que encontraré la forma -le aseguró, al mismo tiempo que ella hundía su cara en el hueco de su cuello, aspirando su dulce aroma-. No voy a permitir que esto se quede aquí.

Intentó apartar de su mente aquellos pensamientos, y se limitó a sentir la calidez del cuerpo de Clarke contra el suyo. Deseaba con todas sus fuerzas poder congelar el tiempo en aquel momento, en el que solo existían ellas dos y nada más. Y es que le parecía increíble cómo unas simples vacaciones de Navidad en un castillo habían cambiado su vida completamente. No podía perder a esa chica que le había abierto su alma de una forma increíble, se negaba a ello.


Hola, Hola. Marinsey al habla.

¿Qué os ha parecido el séptimo capítulo?

Hoy Marina al mando del review. Ginsey os manda un saludo ocupado.

Por fin vemos a Lexa sacar ese valor que caracteriza a los de la casa Gryffindor y le ha dado una notita a Clarke para que se viesen muere de amor, aunque luego haya pensado por un microsegundo que tal vez solo fuese un juego de la rubia. Pero todas sabemos que no es así, ¿verdad? ¿VERDAD?

Luego ha vuelto a sacar esa valentía cuando se han visto en la torre del reloj y la ha besado bajo el muérdago, cumpliendo con la tradición. ¿No son monísimas? Ginsey y yo morimos un poco muy mucho con estas escenas.

Fin de año. Después de esas miraditas durante la cena, Clarke la ha secuestrado un ratito porque quería darle el último y el primer beso del año. SI ES QUE ME MUERO. Y encima así abrazaditas con la manta me matan. Y Lexa se muere porque Clarke es un amorcito con ella.

Y, por último, han ido a entrenar juntas a Quidditch. Clarke se ha quedado alucinada con Lexa porque se ve que es una gran guardiana. Pero, ¿alguien se esperaba algo distinto?

Y parece que nuestra pequeña Woods tiene miedo de que las cosas que han surgido en estas vacaciones de navidad cambien, aunque Clarke le ha prometido que no será así. ¿Confiamos en la rubia? Al menos, Lexa parece que sí lo hace.

¿Qué pasará a partir de ahora?

Decidnos teorías. Y muchas gracias por los comentarios.

Nos leemos el miércoles.

Un abrazo mágico de Marinsey