Volvemos con el capitulo siguiente... Ah, sí, todo pertenece a J.
-¡VUELVO A CASA! –gritó James ya dentro de un compartimento del Expreso de Hogwarts. Lily se rió por la ocurrencia de su novio. Se pasaron todo el viaje jugando y hablando. De vez en cuando, Rachel y Mariah se peleaban por cualquier estupidez.
-James, ¿cuantos años tenía tu hermana? –preguntó Sirius mientras jugaban a los naipes explosivos. Le habían dejado ir si no hacía nada que lo pudiera perjudicar.
-¿Desde cuando tienes una hermana? –preguntó sorprendida Lily.
-Pues desde que nació, Evans –le contestó Mariah. Desde la primera disputa entre Rachel y Mariah, en la que Lily se había puesto de parte de Rachel, Mariah la trataba casi tan mal como a su prima.
-Mi hermanita tiene un año menos que nosotros.
-Cierto, dudaba entre nuestra edad o uno menos –le dijo Sirius sin dejar de mirar las cartas.
-¿Por qué no va a Hogwarts?
-Porque mi madre le da clases en casa, Lunático. Mi hermana está sobreprotegida, ¿sabes? –dijo sonriendo.
Cuando bajaron del Expreso de Hogwarts, la señora Potter les estaba esperando.
Era una mujer alta y rubia, con los ojos marrones como su hijo. Era muy guapa y vestía de una forma muy arreglada. Tenía el pelo recogido en un moño bajo y su sonrisa podía iluminar toda la estación.
Cuando se hubieron juntado todos y se hubieran presentado, se teletransportaron con la madre de James a la casa de los Potter.
Aunque llamarla casa sería quedarse corto. Los Potter vivían en una gran, gran mansión, algo normal siendo una familia de sangre pura, pero un poco exagerado para algunos de los compañeros de James.
Cuando entraron, Sissy, la elfina doméstica de los Potter, se llevó todas sus pertenencias a sus respectivas habitaciones. Los chicos dormirían en la habitación de James y las chicas en la de invitados.
Antes de subir, se quedaron en el salón hablando mientras esperaban a la hermana y al padre de James.
-Señora Potter, saldremos a comprar algo al Callejón Diagon antes del día de Navidad, ¿no? –preguntó Mariah.
-Claro, pero no me llaméis Sra. Potter. Llamadme Jane –dijo sonriendo.
-Lunático, ¿cuándo es la próxima luna llena? –le dijo Sirius a Remus en un susurro. Remus palideció ya que no se acordaba de que la luna llena le pillaría en medio de las vacaciones. Sirius le sonrió y le dijo que él y James lo tenían todo arreglado.
Al cabo de un buen rato, en el que comieron y hablaron, llegaron el Sr. Potter y la hermana pequeña de James.
-Buenos días –dijo el padre de James. –Soy Charles.
Charles era un hombre alto y musculoso para su edad. Tenía unas fracciones muy marcadas y los ojos grandes y brillantes. Eran azul marino. Su pelo era como el de James, pero arreglado, a diferencia de su hijo.
Detrás de él estaba una chica alta y delgada, con el pelo rubio hasta media espalda y recogido con una diadema. Sus fracciones estaban muy marcadas. Su piel era más clara que la de sus padres y que la de su hermano y contrastaba con sus ojos marrones, tan profundos como un pozo.
-Hola, soy Sarah –dijo. Tras presentarse fue a saludar a su hermano y a su madre, al igual que Charles.
-James –le llamó Lily. Él se giró sonriendo. –Tu hermana es muy guapa, demasiado guapa. Nos intimida.
-¿A quien? –dijo James sonriendo.
-A Rachel y a mi –dijo ella como si fuera obvio. El le respondió con un beso y luego le susurró al oído:
-No tienes porque sentirte intimidada por mi hermana, aunque por mi madre sí. Prepárate.
-Así que tu eres la novia de James –dijo Charles haciendo que Lily se pusiera tan roja como su pelo.
Estuvieron hablando y conociéndose hasta que llegó la hora de la cena. Se sentaron en una gran mesa rectangular, con Charles a la cabeza y su esposa y su hijo a sus lados.
-¡Siriiii! ¡Siéntate conmigo! –dijo Sarah riéndose.
-¿Desde cuando llamas a Sirius Siri? –le preguntó extrañado su hermano, antes de que su amigo contestara.
-Desde el día que te fuiste con papa a mirar nosequé y Sirius estaba en casa pasando las vacaciones de verano –le contestó Sarah sentándose con Sirius.
Desde ese día se habían hecho muy amigos. Sarah era la primera chica –sin contar a Lily- con la que Sirius no había intentado coquetear, ya sea por lealtad a su mejor amigo –como en el caso de Lily- o porque Sarah le pareciera una niña indefensa –aunque no lo fuera.
-Rachel, ¿vienes de alguna familia importante? –le preguntó Charles al rato de empezar a comer. –Me suena mucho tu cara.
-Es una Thomas cariño, es la hija John Thomas –le contestó su mujer. –Y Mariah es su prima, la hija de Susan Thomas.
Ambas cruzaron una mirada de desprecio que solamente notó Lily.
El día de antes de nochebuena los chicos decidieron ir al Callejón Diagon para rematar algunas compras navideñas. Cuando volvieron a casa muertos de frío y con las ropas llenas de ceniza a causa de los polvos flu, les esperaba un buen plato de sopa caliente.
-Muchas gracias Jane -le dijo Sirius con una amplia sonrisa, mientras se sentaba en la mesa. A continuación Sarah se sentó a su lado, evitando que alguien le quitara el sitio.
-Yo le he ayudado a prepararla. -Le comentó la chica intentando no darle importancia; Sirius sonrió para sus adentros, pues sabia lo que esperaba Sarah. Se acomodó en el respaldo y se quedo mirándola.
-Vaya que chica más completa, y encima es guapa, lista...¿que más se puede pedir? -Ella soltó una carcajada, mientras Sirius le hacía cosquillas. En ese momento entró James.
-Sirius me das envidia, conmigo no es tan amable. -El chico simuló enfado con su hermana.
-Porque tú siempre me quitas el baño, el postre, me haces rabiar... -James no la dejo terminar.
-¡Vale vale, tienes razón! -La madre de James entro en el comedor con un montón de platos, ayudada de las chicas y de Remus y Peter.
Al acabar la comida los chicos quedaron en la habitación de James, la cual compartía con Sirius, para hablar de la noche que les aguardaba
Lily llegó con retardo.
-Lo siento, pero tenía que librarme de Rachel y Mariah -Remus pegó un bote.
-¿Bueno, se os ha ocurrido algo?, yo he pensado en un bosque que hay cerca del río -Remus miraba a los chicos y luego a Lily.
-¿Que haces aquí? -Ella puso los ojos en blanco.
-Tío ella también lo sabia, jaja. -Peter le puso una mano en el hombro, y este se relajó, pues acababa de recordarlo.
Estuvieron hablando un rato, hasta que la conversación se vio interrumpida por un grito, parecía el de Rachel.
-¿Y eso? -Se extrañó Sirius, Lily se llevó las manos a la voca.
-¡Oh no!, he dejado solas a Mariah y a Rachel. -Lily salió disparada de la habitación.
-¡QUE! vaya tela -Sirius que sabia del tema la siguió.
La chica bajó de dos en dos los peldaños, hasta que llegó al vestíbulo. Mariah tenía agarrada del pelo a Rachel mientras esta intentaba quitársela de encima, mascullando alguna amenaza o insulto.
-¡TE LO AVISO SUÉLTAME O...! -No pudo terminar la frase, pues esta le agarro aún más fuerte.
-¿O que? -Le tentó Mariah. En ese momento llego Sirius seguido de los demás, Remus al ver la situación fue corriendo a sujetar a su novia.
Cuando consiguieron separarlas, Rachel, llena de ira sacó su varita y pronunció un maleficio. Mariah se quedó aturdida un momento, luego le empezó a salir mocos verdes viscosos, que no cesaban.
-¿Que le has hecho? -Le preguntó asombrada Lily, la chica le contestó eufórica que era un hechizo de imitación a los mocos de trol. Mariah huyó hacia el baño, después Remus le echó una mirada cabreada a Rachel.
-¡¿Por que has hecho eso?! Solo intenta caeros bien. -Rachel se dirigió decidida hacia el chico, y le propinó una bofetada.
-Claro, sobre todo arrancándome el pelo, costumbres ¿no? -Abandonó la estancia con los ojos húmedos, reteniéndose para no echarse a llorar en medio de todos.
La noche era fría, pero dentro de la mansión rebosaba un ambiente cálido y navideño. Llegó la hora de la cena, pero Rachel no bajó, fue Peter quien le subió un trozo de pizza a la habitación.
-Rachel, abre, te traigo algo de comida. -La chica obedeció, pues era la voz inconfundible de Peter.
-Muchas gracias, estaba hambrienta, pero es que no me apetecía bajar. -Este le respondió con una sonrisita tímida, después se despidió.
Cuando la casa quedó en un tranquilo silencio, los chicos salieron a hurtadillas, encaminándose a la tenebrosa noche a causa de las nubes que no dejaban entrever ningún trozo de cielo.
Llegaron hasta un pequeño bosque bastante tupido. James y Sirius realizaron un hechizo de ataduras para sujetar a Remus contra un árbol.
Rachel se despertó de una pesadilla bastante agitada, tal vez por el hecho de que había pasado toda la tarde encerrada en su cuarto. Decidió salir a tomar el aire ahora que todos estaban dormidos.
Saltó de la cama y se puso unas zapatillas y una sudadera, bajó despacio hasta que llegó al recibidor. Cuando por fin se encontró fuera de la mansión, pegó una gran bocanada de aire hasta que se le helaron los pulmones. Decidió dar un paseo, pues la luna llena iluminaba el camino a pesar de estar nublado.
-¡REMUS DETENTE! -Fue lo último que dijo Sirius antes de transformarse en su forma animaga; James a pesar de sus esfuerzos no conseguía controlarlo, y lo peor era que el árbol no aguantaría mucho más.
-Lily, vete y vigila que nadie salga de la casa -A continuación imitó a Sirius y su apariencia cambió por una silueta de un ciervo. Ella le hizo caso y echó a correr.
Rachel se sobresaltó al oír un rugido como de un lobo. Pero siguió andando.
Remus tiraba con una fuerza sobrenatural; finalmente las cuerdas cedieron antes de que se rompiera el tronco. El licántropo salio disparado con un aullido de victoria, llevándose por delante a los dos animales que habían estado reteniéndolo.
Lily llegó a su habitación.
-Rachel, ¿Estás despierta? -No obtuvo respuesta. Miró su cama, pero no había ni rastro de ella.
-¡Mierda! -Se fue a buscarla por la mansión, pero fue en vano, pues no estaba, así que no tuvo más remedio que volver a la aterradora noche, imaginándose lo peor.
Rachel estaba empezando a asustarse, pues no paraba de oír sonidos extraños. Sacó la varita a modo de defensa.
-¿Hay alguien ahí? -Divisó una silueta entre las sombras, lo que la hizo estremecerse. Dio un paso atrás y esa extraña presencia la siguió, descubriendo un rostro típico de las historias de terror.
La chica se sobresaltó e intentó huir, pero esa especie de animal era mucho más rápida que ella. La persecución estaba a favor de la bestia que intentaba cazarla.
De pronto el camino se cortó y la única salvación era tirarse del bordillo que dividía el río pedregoso del bosque.
-¡REMUS! -Era la voz de uno de los chicos.
No aquel ser no podía ser... Meneo la cabeza, pues no tenía mucho tiempo, así que no se lo pensó y con el amanecer del sol saltó en un anhelo de salvarse, pensando que ese sería su último suspiro. Pero una mano firme la agarró y quedó colgando, a continuación algo tiro de ella impulsándola hacia arriba.
Lo primero que vio fue unos ojos amarillentos, parecidos a los que acababa de ver, pero estos estaban llenos de vida.
-¿Remus? -El chico estaba aterrorizado, pero su cara denotaba miedo a perderla. Ambos se acercaron y sus cuerpos se juntaron. El frío de Rachel despareció al fundirse en el pecho desnudo y cálido de Lupin.
El muchacho se separó un poco para mirar a Rachel a la cara. Los dos estaban recuperados.
-Lo siento –dijo ella. Remus la miró extrañado.
-¿Y eso?
-Por la bofetada y todo ese rollo –dijo Rachel bajando la mirada. Él se acercó a ella y le susurró al oído:
-Olvídalo.
Y así juntó sus labios con los de ella en un beso tierno y cariñoso, lleno de perdón y amor.
Lo que ellos no sabían es que había alguien mirándoles, quien huyó corriendo cuando la pareja se separó.
El día siguiente transcurrió como un día normal, exceptuando algunas miradas y susurros. Llegó el día de Navidad y bajaron todos a ver los regalos.
James le regaló a Lily un collar con forma de flor, a lo cual ella le respondió con la última escoba que había salido al mercado.
Los demás se regalaron cosas tal ropa, libros, accesorios y demás.
El regalo más llamativo fue sin duda para Sirius, ya que los señores Potter y Sarah le regalaron una chupa, un casco y unos guantes de color negro todo y James, Lily, Remus, Peter y Rachel le regalaron una moto, negra también.
Los señores Potter les regalaron entradas para una discoteca mágica a sus hijos y a sus amigos.
-James, cuida de tu hermana, por favor –le pidió Jane a su hijo cuando se las entregó.
Pasaron los días y llegó año nuevo, eso significaba que dentro de poco volverían a Hogwarts así que unos días antes de volver, decidieron ir a la discoteca.
Esta estaba a rebosar de magos de todas las edades y sexos. Al entregar la entrada el grupo se dividió: Remus y Mariah y James y Lily fueron a bailar, Sarah se encontró con una par de amigas y Peter, Sirius y Rachel fueron a por algo de beber.
Al cabo de unas horas estaban sentados en unos sillones alrededor de una mesa, en la parte de arriba de la discoteca.
-Remus, voy a bajar a por algo de beber –dijo Mariah, con ganas de separarse del grupo.
-¡Pero si hay camareros!
-Ya, pero necesito mover las piernas. –Antes de irse, Mariah besó apasionadamente a Remus. Rachel casi no podía contener su furia.
Siguieron hablando y bebiendo, cosa que causó que Sirius y Lily se emborracharan, el primero por ser el que más había bebido y ella por tener poco aguante al alcohol.
-Bueno, ya es hora de que nos contéis lo que pasó en luna llena –dijo Sirius.
-¿Qué pasó? –preguntó alarmada la pelirroja.
-Pues que Rachel y Remus…-dejó caer James. Pero antes de que nadie dijera nada, llegó Sarah con unas amigas suyas, muchas de las cuales habían bailado con Sirius, incluyendo a Sarah, diciendo que Mariah estaba liándose con otro chico.
Remus se levantó corriendo y pudo ver por la barandilla como su novia se besaba apasionadamente con un mago mucho mayor que ella. Esto al chico le dolió menos de lo que debería, y tras mandarla a la mierda, invitó a otra ronda de cubatas.
-¿James, no deberías vigilar más a tu hermana? –dijo Peter cuando ya iban por la décima ronda.
-La tengo en mi punto de mira –dijo el aludido haciendo una mirada de felino a punto de saltar sobre su presa.
-Son las cinco de la mañana y llevamos aquí desde las once, ¿podemos volver a casa? –preguntó Rachel a punto de dormirse allí mismo.
-Claro, ¡así continuamos la fiesta en casa! –exclamó emocionado James.
Volvieron enseguida a casa de los Potter, en cuanto Charles llegó a la discoteca. Sarah se había dormido en el sofá apoyada en James cuando sus amigas se fueron tres horas antes que ellos y también volvieron sin Mariah, a quien Remus le soltó varias cosas muy poco bonitas, antes de que Sirius se ganara un bofetón por dejarla llorando por lo que le había dicho.
Cuando llegaron a la casa de los Potter, insonorizaron la habitación de James y siguieron festeando. Rachel había perdido el sueño en el camino a la casa, así que también se unió.
-¿Jugamos a verdad o prueba? –preguntó Sirius con una botella en la mano. Al final acabaron accediendo todos. –Las reglas son sencillas: a quien señale el cuello de la botella deberá elegir entre verdad o prueba. Si se elige prueba, está la prepararán los demás jugadores, y si se elige verdad se pondrá un hechizo en esa persona para que solo pueda decir la verdad –acabó de recitar Sirius.
-Vemos que no has jugado nunca –bromeó Lily.
Empezaron a jugar y descubrieron varios secretos: cuando y con quien había perdido la virginidad Sirius –solo se les ocurría preguntarle sobre sexo, porque había salido Remus con Mariah o porque había cedido Lily al continuo acoso de James.
Las respuestas eran sencillas: Sirius no se acordaba con quien, pero fue a los trece años, dos años atrás. Remus había salido con Mariah porque había averiguado que era prima de Rachel. Lily había aceptado a James porque se había dado cuenta de que lo amaba.
-Rachel, te toca –le dijo Remus con cariño. Ya habían contado lo sucedido en el bosque, ya que Sirius lo vio y se lo contó a James, así que Remus y Rachel habían decidido empezar a salir definitivamente.
-¿Cómo te sentiste cuando te acostaste con Sirius? –preguntó inocentemente Peter, pero esa pregunta traía consigo muchos problemas.
Rachel fue a contestar pero se quedo sin palabras, lo único que salio de su boca fue un sonido leve y tímido. La chica se sintió acuchillada por todas las miradas, pero la que realmente le asestaba golpe definitivo, era la mirada de anhelo de Remus que intentó evitar agachando la cabeza. Sirius se cató de lo mal que lo estaba pasando Rahcel, además de la tensión que había en el ambiente; se le ocurrió una idea: sacó sigilosamente la varita del bolsillo del pantalón y susurró un hechizo disimulado con una ligera carraspera. Acto seguido Peter estornudó y comenzó a salirle una gran cantidad de mocos de la nariz. El corro se deshizo en segundos y todos salieron rápidamente de la estancia maldiciendo y empujándose unos a otros.
Los Potter acudieron al pasillo ante aquel alboroto, pues habían conseguido despertarlos.
-¿¡Se puede saber que es esto!? -La señora Potter se enfadó mucho al ver que toda la habitación y parte del pasillo estaba manchada de una substancia verdosa y pegajosa. Al ver dentro a Peter gritó una exclamación y acudió en su ayuda realizando un contrahechizo.
-Quiero saber ahora mismo quien ha sido el que ha hechizado al pobre Peter -dijo el señor Potter muy cabreado y dirigiéndose sobre todo a los chicos. Sirius pasó cuidadosamente por detrás del grupo intentando pasar desapercibido, pero no logró escabullirse de la mirada del señor Potter.
-Sirius..., ¿vas algún sitio? -Dijo con tono irónico, el aludido se quedó petrificado al notar todas las miradas encima.
-Emmm, vale he sido yo, pensé que sería gracioso, y no imaginé que se iba a montar tanto estropicio, creo que el hechizo me falló. -Tras su confesión, dejó escapar una sonrisa inocente. El señor Potter dejo escapar un suspiro.
-Venga cada uno a su cuarto, eh... Sirius. -Este se giró con cara de decepción, -ya se la había ganado- pensó.
-No te voy a castigar, pero porque estamos en navidad. -Dicho esto le dio una palmada en el hombro y se fue.
Era ya entrada la noche, la casa por fin estaba en silencio. Una silueta sentada en mitad del jardín contemplaba las estrellas; alguien se le acercó.
-¿Otra vez estás fumando Sirius? -El humo salió de su boca de forma placentera y dejó escapar una media sonrisa.
-¿Algún problema? Si quieres te invito a una calada. -Ella negó con la cabeza.
-¿Que haces aquí solo en mitad de la noche? -Le dijo sentándose a su lado.
-No podía dormir, después de todo...jajaja. -La rubia coreó su risa. Se tumbó reposando la cabeza en su regazo; él la miró de reojo y la imitó arropándola con los brazos, pues la noche era fría.
Se quedaron así un buen rato sin decir nada, hasta que finalmente se fueron a sus respectivas habitaciones.
-Buenas noches. -Se despidió Sirius dándole un beso cálido en la mejilla.
El día siguiente transcurrió con normalidad, era Año Nuevo así que vino toda la familia de James y comieron todos juntos. Por la tarde prepararon las maletas ya que se tendrían que levantar temprano para coger el expreso de Hogwarts.
Faltaban un par de horas para llegar al castillo, y los alumnos estaban ya desquiciados a causa del largo trayecto. En el compartimento habitual de los merodeadores faltaban unas cuantas personas; Mariah definitivamente pasaba de ellos a partir de la noche que se fueron de fiesta, James y Llily habían desaparecido un rato y Peter estaba estirando un rato las piernas.
-Hey ¿os hace una partida a los naipes? -Propuso Rachel.
-El primero que gane será invitado a una cerveza de mantequilla ¿vale?- Los chicos asintieron y comenzaron a poner las cartas sobre el asiento.
Rachel arrasaba en todas las partidas; finalmente se disputó la final entre la rubia y Sirius.
-Eres demasiado buena. -Renegó Sirius echando sus cartas al suelo. -Bueno al menos me he ganado una cita, la cerveza es tuya, cuando quieras te invito -le guiñó un ojo, y Remus le dio un palmada en la espalda.
-Oye recuerda que es mi chica. -Le advirtió Remus a su amigo sonriendo.
Era casi de noche cuando por fin divisaron las almenas del castillo. Bajaron de los thestrals en Hogsmade y fueron caminando hacia el castillo pisando la nieve que cubría el suelo. Entraron todos los alumnos de Hogwarts que se habían ido fuera por vacaciones, aquello parecía una estampida. Muchos querían volver a comer de la deliciosa comida de preparaban los elfos domésticos que trabajaban en las cocinas, otros solamente querían sentarse y hablar con sus amigos en su escuela, su segundo hogar. Después de cenar, poco a poco se fue vaciando el comedor, hasta quedar solo parejas que no se habían visto en todas las vacaciones de navidad. Y ya a partir de las doce las salas comunes se fueron despejando dejando a los que más la ocupaban por la noche y los que menos por la mañana: los merodeadores.
-Hemos vuelto. –James se dejó caer al lado de su novia en el sofá. A su lado se sentó su mejor amigo. Peter ocupó un sillón y Remus y Rachel compartieron el otro.
-Si, y más os vale estudiar para los TIMOS.
-Evaaans, ¡si son en Mayo! –se quejó Sirius. Los demás empezaron a reírse por la cara que había puesto Sirius de miedo. Pero al final acabó estudiando bajo la supervisión de Lily y la ayuda de Rachel y Remus.
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Bye ;)
