Disclaimer La Saga de Crepúsculo y sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer. No escribo fics con animos de lucro, sino para ejercitar la imaginación y pasar un buen rato.
Este es mi primer fic y una completa locura que surgió de las horas libres en la Universidad y las aportaciones de un par de amigos.
Mary Alice B.
CAPÍTULO VII
El Rescate
(Bella POV)
—¡No más fiestas, Jacob! Ni tú ni Carlisle van a salir.
—No te pases. Tú no eres mi madre.
—En serio, Jacob, ya ha sido demasiado —intercedió Edward.
En verdad había sido demasiado, ya habíamos alcanzado nuestro límite; por ese motivo Emmett llevaba días tratando de convencer a Rose de que fuéramos a Volterra.
—Sé razonable, amor —insistía él—. Sé que tú también la echas de menos.
—La necesitamos —apoyó Alice—. En especial Carlisle.
—Es muy peligroso... —se defendió Rosalie, pero lo hacía casi por costumbre, sin convicción. Daba la impresión de que podíamos persuadirla fácilmente.
—Te garantizo que todo saldrá bien —prometió Alice—. Confía en mí.
Jasper también intervino:
—En todo caso sólo será una visita amistosa, como la que ellos nos hicieron antes. Devolverles la cortesía. No sucederá nada.
—De acuerdo… —aceptó finalmente—. Iremos.
—¡Así se habla, preciosa! —rió jubiloso Emmett—. ¿Dónde está Carlisle?
—En su despacho —le informó Edward cansinamente—, viendo anime.
—Anime shoujo, para ser más precisos —completó Alice.
Yo no tenía idea de lo que decían.
—¿Viendo… qué?
—Después te explico —me indico Edward poniendo los ojos en blanco.
—Voy por él —decidió Rose.
Dado que ella era la última en comprometerse con la empresa, los demás habíamos ido afinando detalles con algo de anticipación: Jasper había conseguido los pasaportes y Alice había hecho las reservas; yo incluso había arreglado que Nessie se quedara con Charlie y con Jake hasta nuestro regreso.
—Alice, saca el auto —ordenó Edward—, te irás con Bella y Rose. Jazz, Emmett, estén listos, yo iré por el Mercedes.
Dudó un momento en la entrada, antes de dirigirse a su hermana en busca de confirmación.
—Alice, ¿segura que funcionará?
—¡Por supuesto! —le contestó ella—. Rose tiene su estilo, ya verás.
Esperábamos afuera de la casa, con los coches en marcha, cuando Rosalie salió.
—Carlisle, tienes tres segundos para salir o le prenderé fuego a la casa y no me importa si continuas dentro —dijo alzando en una mano una caja de fósforos para resaltar la amenaza.
—No vas a incendiar nad… —intentaba decir Carlisle en la puerta, pero no pudo terminar la frase ya que, nada más poner los dos pies en el porche, fue interceptado por Jasper y Emmett, quienes lo metieron en el Mercedes al tiempo que Edward arrancaba a toda velocidad.
Nosotras los seguimos de cerca rumbo al aeropuerto.
El viaje me pareció muy largo, sobre todo por las constantes quejas de Carlisle; aunque, claro, ya en el avión no se atrevería a armar escándalo.
A pesar del alboroto, no pude evitar recordar la última vez que había ido a Volterra, pero esta vez todo era distinto: tanto la situación como el hecho de no estar sola ni sentirme tan indefensa.
Por otro lado, esta ocasión la ciudad estaba más tranquila, sin tantos turistas, lo que nos facilitó el ingreso; además, mientras nos dirigíamos todos al castillo de los Vulturis, notamos ambiente más ligero y, lo más extraño, que algunos miembros de la Guardia nos saludaron con amables sonrisas, desde cerca de la plaza y hasta en el mismo castillo.
—¡Qué cambio! —exclamó Edward.
Los guardias del interior del castillo no portaban sus sombrías capas de siempre, por el contrario, se vestían con colores claros y a la moda. Las paredes habían cambiado mucho, la decoración también: todo era más luminoso, más cálido… Resultaba bastante familiar…
—No se dejen impresionar por lo lindo del lugar—nos advirtió Rosalie—. No olviden dónde estamos ni lo que vinimos a hacer.
—Sin problemas —repuso Emmett.
Entonces una voz sonó a nuestras espaldas:
—¡Vaya, qué sorpresa! ¡La familia Cullen! —exclamó Felix—. ¿Qué los trae por acá?
—Como si no pudieras imaginarlo —le contestó Edward de forma poco cortés.
—Venimos a visitar a tus señores, nada más —dijo Jazz con una sonrisa amable.
Carlisle prefirió guardar silencio. Yo no podía imaginar lo que estaría pensando en ese momento.
—Sí, si. Ya me imagino —se rió Felix, pero no había dobles intenciones en aquella risa—. Sigánme, los llevaré con el amo.
Anduvimos detrás de Filex por unos largos, pero bien iluminados pasillos. En el trayecto, nos encontramos con una pequeña vampiresa de cabellos rojos; al vernos, sonrió y enseguida apuró el paso y se desvaneció por un pequeño corredor.
—Perdonen a Chelsea, a veces es algo tímida.
Seguimos caminando a paso humano hasta llegar a un amplio salón en el cual se encontraban Aro y Caius.
—Vaya, no ha sido necesario que los llame —murmuró el Vulturi de cabello claro.
—¡Carlisle! Mi querido Carlisle, ¡has venido!
¿Cómo podía Aro ser tan cínico?
Miré a Carlisle y lo que vi me sorprendió: la ira brillaba en su antes amable rostro. Pero no dijo nada.
—¡Lo lamento de verdad! —comenzó a decir Aro—. No he debido faltar a nuestra amistad de esa forma. ¡Lo siento tanto!
—¿Cómo pudiste? —le espetó Carlisle
—Yo… Yo sólo quería… ¡Ah! —dramatizó Aro—. Ya no importa, nada importa. Nada puede ser más importante que restaurar nuestra amistad.
—Nuestra amistad no existe. Me has traicionado.
—Y lo lamento mucho. Pero precisamente de eso quería hablarte. ¡Estoy tan arrepentido! Carlisle, tú… ¿te llevarías a la mujer contigo, de vuelta? —todos nos miramos sin decir nada—.Te lo pido, ¡llévatela!
Carlisle avanzó hacia él, enfadado:
—¡¿Qué estás diciendo?! ¡¿Dices que es una molestia para ti?!
—Eh… Eh… ¡No!, no. ¡Claro que no fue eso lo que quise decir! ¿Cómo crees?... Es decir…
Aro parecía haberse quedado sin palabras, mientras que Caius se notaba muy, muy divertido.
—Calma, señores. Esto sólo tiene una solución posible —intercedió Caius mientras disimulaba una sonrisa—. Felix, llévalos.
—Sí, señor. Si fueran tan amables —nos pidió.
Carlisle dudó, pero acabó dándole la espalda a Aro, que aún mantenía una expresión de disculpa en el rostro. Caminó al frente y todos le seguimos.
Nos llevaron a la casa de Esme, bueno, casa era poco decir pues era una verdadera mansión. A la entrada, Demetri nos recibió con amabilidad.
—Bienvenidos. Por aquí, por favor.
Seguimos a nuestro nuevo guía.
Alice se veía muy despreocupada, andando de la mano de Jasper y dando saltitos de pura emoción; Rose iba con los brazos cruzados sobre el pecho y expresión apática; los otros estaban muy relajados excepto Carlisle… Era difícil saber qué significaba su expresión.
Dentro de la gran casa, se encontraba Alec y la misma vampiresa pelirroja que vimos antes.
Había llegado el momento de resolver este desastre. Al fin veríamos a Esme nuevamente.
