CAPÍTULO VI: TRAICIÓN DESCUBIERTA
La vida de un Hokage era realmente aburrida cuando se disfrutaba de la paz, pero él prefería estar aburrido a estar en guerra. Se despertaba realmente cansado, aunque a mitad del día se encontraba bien. Shizune le había dicho que podía deberse a la presión del cargo, algo que no convencía a Naruto. Ser el Hokage no suponía ninguna presión para él. A mediodía solía retirarse al campo de entrenamiento personal del Hokage y allí seguía manteniendo el cuerpo en forma, además de intentar mejorar alguno de sus jutsus. Por la tarde solía compartir la cena con alguno de sus amigos y si no, en el Ichiraku siempre era bien recibido.
Una mañana se encontraba en su despacho trabajando. Estaba leyendo el último informe de misiones del Equipo Ebisu. Una misión de rango D, aunque Konohamaru había destacado. Se alegraba por su "hermano" pequeño. Pronto llegaría a convertirse en chunnin.
Aquel año los exámenes se celebrarían en Iwagakure. Naruto recordaba con nostalgia los exámenes que él vivió. Su caso era realmente excepcionalmente, aunque materialmente era uno de los ninjas más poderosos del continente, formalmente seguía siendo un gennin, el rango más bajo. Su nombramiento había sido una excepción. En primer lugar, había tenido mucho que ver la designación de Tsunade, cuya última voluntad había sido la de proponer a Naruto como Hokage. Luego, sus méritos en la guerra habían contribuido a que el Señor del País del Fuego le mirase con buenos ojos. Por último, nadie en Konoha dudaba de su valía. Había derrotado a Pain y salvado la aldea y el mundo.
En mitad de sus pensamientos, llamaron a la puerta. Un hombre calvo, bajito y regordete entró acompañado de su ayudante, un jovencito también bajito aunque mucho más delgado y con unas gafas enormes que cubrían toda su cara. "¿Qué significa todo esto, dattebayo?" Pensó.
- Hokage-sama, los ancianos nos han enviado para tomarle medidas
- ¿Medidas, dattebayo? ¿Qué clase de medidas?
- Necesitamos que se siente aquí. ¡Koharu, pon el maldito taburete!
- ¡Sí señor!
El chico puso un taburete en el suelo. Dejó su mochila en el suelo y empezó a sacar sus utensilios. Una regla, un papel, una calculadora, un bolígrafo, una escuadra, un cartabón… Mientras tanto el mayor se acercó hasta la mesa de Naruto y le obligó a ponerle de pie. Luego tiró de él hasta llevarlo al suelo. Naruto no daba crédito a lo que estaba pasando, bueno, de hecho, no sabía qué estaba pasando. El Hokage más poderoso de Konoha estaba siendo tratado como un niño y no sabía la razón.
- ¿Qué significa todo esto, dattebayo?
- Los ancianos nos han mandado para que tomemos medidas de su rostro y para tener un retrato que usar de modelo.
- ¿Pero modelo de qué?
- Tenemos que esculpir el rostro del Nanadaime Hokage en la Montaña de los Hokage como manda la tradición.- explicó el discípulo.
- Ah, si es así…
Naruto se sonrojó de la vergüenza. No estaba acostumbrado a tener tantos admiradores. Se rió nervioso y solo dijo dattebayo mientras que maestro y discípulo le decían qué tenía que hacer. Tomaron medida de su cara y empezaron a hacer distintos bocetos sobre cómo iba a ser la escultura.
- ¿Queréis salir con esos bigotes?
"¿Esos bigotes, dattebayo? "¿Qué significa eso de esos bigotes, dattebayo?" Les dedicó una mirada llena de indignación.
- ¿Algún problema, viejo? – les dijo algo mosqueado.
- No, Hokage-sama, sólo si deseáis que vuestra imagen sea con o sin ellos.
Naruto siempre los había tenido, desde que recordara. Su madre y su padre, no. Era algo genuinamente suyo y por eso los quería… Aunque ahora que lo pensaba igual a Sakura-chan le gustaría más sin aquello. Lo cierto es que ahora se planteaba que igual debería intentar disimularlos. Su padre era muy apuesto y no tenía esos bigotes, entendía que su madre se hubiese enamorado de él, de hecho le había dicho que le parecía afeminado. ¿Le resultarían también a Sakura interesantes los hombres afeminados? "No, idiota, un hombre tiene que ser como un hombre tiene que ser".
- Hazlos con ellos. Soy Naruto y Naruto tiene esos bigotes.
- ¡Sí, señor! – aceptó el subordinado.
Tras aquello decidió salir a despejarse. Seguía estando cansado y tenía que entrenar. El entrenamiento de Naruto era un entrenamiento físico, sobre todo. El Cejotas-sensei le había dicho que ser Hokage le estaba robando la juventud. Él no quería perder la juventud así que todas las mañanas entrenaba varias horas con él o con el cejotas de Rock Lee, si estaban en la villa. Mucho ejercicio físico, decía Maito Gai, estimulaba el cuerpo y hacía que los hombres siempre estuviesen jóvenes. A Naruto aquello le parecía muy importante además quería gustarle más a Sakura. Ella había sido más alta que él cuando eran niños. Quería que cuando regresara le viera como a un hombre. Por extraño que pareciera, el entrenamiento físico le hacía recobrar sus fuerzas, fuerzas que Naruto perdía cuando dormía.
Después de entrenar siempre solía comer con Shizune o con Iruka-sensei, si estaban libres. Rara vez solía coincidir con Kakashi. Le había prometido a su madre cuando por fin la conoció que comería de todo. Lo había conseguido, aunque más por su madre que por sí mismo, porque donde estuviese un buen cuenco de ramen, que se quitara lo demás… bueno, lo demás menos Sakura, preferiría devorarla a besos.
Naruto había desarrollado una extraña necesidad en los últimos meses. En más de una ocasión se daba cuenta de que le apretaban los pantalones al pensar en Sakura. No era la primera vez. Cuando había viajado con ero-sennin solía pensar en Sakura antes de acostarse. Se decía siempre que traería a Sasuke de vuelta para demostrarle su amor y para que ella le aceptara. Se decía que haría todo lo posible porque se fijara en él y dejara de admirar a Sasuke. En una ocasión, mientras comían ramen le dijo a Jiraiya
- Ero-sennin, ero-sennin – le llamó.
- ¿Qué ocurre, Naruto?
- ¿Le gustaré a ella así?, así como estoy ahora – aclaró después de preguntar.
- ¿A Sakura? – preguntó. Naruto asintió. Jiraiaya lo meditó durante un momento y finalmente dijo - Has crecido y te has vuelto más fuerte. A las chicas les gustan los chicos fuertes, yo creo que sí. ¿Por qué me lo preguntas?
- Bueno, es que, dattebayo – Naruto se puso muy colorado – verás, dattebayo, últimamente cuando pienso en ella, en lo bonita que es, siento como… me aprietan los pantalones.
Jiraiya soltó una fuerte carcajada, como él hacía.
- Te estás haciendo mayor, desde luego. Verás Naruto, los hombres y las mujeres están destinados a entenderse. Hombres y mujeres se enamoran y llegado… ¡Diablos, esto es mucho más difícil de lo que imaginaba! Simplemente tienes que saber que cuando estés enamorado y ella te corresponda podréis disfrutar el uno con el otro.
- ¿Qué tiene que ver eso con mis pantalones y… lo que tengo entre las piernas?
- Todo. Ya aprenderás cuando seas mayor. Recuérdame que si cuando seas mayor de edad todavía no has encontrado a ninguna chica te lleve conmigo a conocer a unas "amigas".
Naruto recordó con cariño aquello. Jiraiya-ero-sennin había sido sin duda como un padre para él, porque lo había intentado. Esperaba algún día tener hijos e intentar demostrarles el mismo cariño que él le había dado. No sabía todavía que era tener hijos y además para tenerlos había que hacer otras cosas. Naruto se sorprendió ruborizándose al pensar en Sakura-chan y en su ropa, o mejor dicho, en su falta de ropa.
En aquella ocasión fue al Ichiraku a comer solo un buen plato de ramen. Shizune había quedado con Kurenai para llevar Masaru, su hijo, al pediatra. Iruka-senei ese día estaba planificando las actividades para el próximo mes. El resto de sus amigos estaban de misión. Les envidiaba, en cierto sentido. "Sólo una misión de rango S, sólo una y no me quejo hasta que vuelva Sakura" suplicaba.
- Naruto…
- WAAAAAA- se asustó al oír su llamada. Se dio la vuelta y vio a Kakashi-sensei – No me des esos sustos, hombre, dattebayo.
- Lo siento – dijo como siempre solía hacer él.
- ¿Qué ocurre? ¿Es algo malo?
- Puede esperar a que comas – le respondió.
- ¡Ok! Por cierto, ¿quieres comer conmigo, sensei?- le ofreció.
- Claro, ¿ramen, no?
- Por supuesto.
Mientras que les servían. Naruto le preguntó a Kakashi:
- Sensei, tengo una pregunta para ti.
- Dispara.
- Esos libros pervertidos de ero-sennin que lees, ¿te han servido de algo con las mujeres?
Kakashi alzó la ceja y puso cara de sorpresa.
- ¿Cómo dices?
- Digo que si te han…
- Te he oído perfectamente, quiero decir, ¿por qué te interesa saber eso?
Naruto se pegó mucho a él, como si le fuera decir un secreto y dijo en voz baja:
- ¿Tú cómo haces para cuando… te sientes… ya sabes… emocionado?
- No te entiendo, Naruto.
- Quiero decir, ¿cómo haces para cuando… estás con la chica que te gusta y sientes la necesidad de querer…?
- ¡De acuerdo! ¡No sigas! ¿Por qué quieres saber eso?
- Verás, sensei, es que Sakura-chan y yo… pues… estamos intentando… bueno estábamos porque ella se fue, dattebayo… pero cuando regrese queremos… estar… porque seguro que va a regresar mucho más fuerte y bonita, dattebayo– conforme lo decía se sonrojaba y perdía el hilo de lo que pretendía decir.
- ¿Me intentas decir que necesitas saber qué hacer con Sakura?
Naruto sonrió avergonzado. Kakashi lo miró muy seriamente, con lápidas en la mirada.
- ¡EL ICHA ICHA PARADISE ES MÁS QUE UN SIMPLE MANUAL PARA NOVATOS, NARUTO! No consentiré que te metas con la mayor aportación de Jiraiya-sama al mundo del amor. Sus personajes están sometidos a fuertes pasiones y complicados dramas internos que consiguen resolver mediante su entrega corporal el uno al otro.
- ¿QUÉ? Si es un libro horrible. He leído toda la saga para buscar inspiración. Está mal escrito y es aburrido. No me ha aportado nada.
- ¡POR MUY HOKAGE QUE SEAS NO TE DEJARÉ QUE TE METAS CON EL ICHA ICHA!
- ¡Sólo quería que me lo explicaras, dattebayo! Yo no tengo la culpa de que no seas lo suficientemente atrevido como para pedirle salir a una mujer.
- Mi respuesta es sencilla: búscate otra afición y no mancilles la obra de Jiraiya-sama. Este libro es la clave para llegar al corazón de una mujer, no para resolver tus pueriles calentones nocturnos.
Naruto se puso muy colorado.
- ¿Es que me espías o qué?
- ¿Es que lo haces?
En un momento de racionalidad se dieron cuenta en qué lugar estaban. El cocinero y su hija les miraban. La chica estaba completamente colorada, el padre sólo asentía interesado. El resto de los clientes los observaba también muy sonrojados. Una súbita vergüenza les invadió. Comieron rápido. Naruto invitó y se marcharon de allí sin decir palabras. Cuando salieron ambos se rieron.
- Así que tú y Sakura… vaya. Espero que lo vuestro vaya realmente bien. Os lo merecéis.
- Pero sensei, qué hacer cuando esté solo con Sakura es que si ya tengo problemas para dormir al pensar en ella no sé que voy a hacer cuando estemos a solas.
- Comprendo. ¿Te has leído toda la saga?
- Hasta el último número y la versión no escrita por Jiraiya-ero-sennin – le confesó.
- Entonces actúa como el protagonista Ichigo con Rukia cuando los dos se confiesan su amor y deciden dar rienda suelta a su pasión.
Naruto le miró con cara de sapo:
- ¿Me estás diciendo que haga lo mismo que lo que hace un personaje de libro creado por el pervertido de Jiraiya?
- Déjalo – se dio por rendido. Cuando a Naruto algo no le entraba, no le entraba. Él lo había intentado como sensei, aunque debía reconocer internamente que en la parte práctica estaba tan verde como Naruto.
El rubio cambió de tema:
- ¿Y qué es eso de lo que querías hablarme?
- Debes pensar a que alumnos presentarás de la Academia para los exámenes de chunnin, este año se celebran en Iwagakure.
- ¿No deberían proponérmelo sus maestros?
- Claro, pero debes conocer tanto a los instructores como a los futuros chunnin.
- Entiendo, pero sé que no es eso lo único que te trae aquí.
- Cierto, es sobre el caso Fennisuku.
El semblante de los dos palideció.
- Será mejor que abordemos esa cuestión en mi despacho – concluyó Naruto.
Desde la muerte de Mifune Kakashi había formado equipo con Yamato y otros ANBU para intentar averiguar más sobre su extraña muerte, que contra todo pronóstico, resultaba haber sido una muerte natural. Por esa razón, tras regresar del País del Hierro, Naruto había mandado a los más expertos jounnin a indagar sobre el pasado del nuevo Jefe de los samuráis, Masamure. Kakashi también compartía opinión con Naruto en que era un imbécil arrogante y un hipócrita que criticaba a los shinobis con odio por, supuestamente, aprovecharse del odio del mundo.
Ya en el despacho del Hokage Naruto y Kakashi se sentaron para hablar de aquel asunto, mientras que Naruto firmaba más documentos. Kakashi empezó a explicar:
- Según hemos conseguido saber no hay nada que ponga en entredicho la honorabilidad de este sujeto. Recientemente, también, uno de nuestros agentes ha averiguado que Masamure mantiene correspondencia con un personaje que responde al nombre de Nanamatsu. Hemos interceptado cada una de las cartas y están, sin duda, bajo sellos de protección que no hemos podido descifrar.
- ¿Tú también crees que Masamure está detrás de la muerte de Mifune?
- Apostaría lo que quisieras – reconoció Kakashi.- Quiero pensar que no hay ninguna trama ni ningún plan debajo de esto, pero, mucho me temo que lo hay. Alguien está disponiendo sus fichas sobre el tablero. Esperemos que no comience la partida.
- No le daremos motivos para iniciar una guerra. Hemos de averiguar quién es, Kakashi.
- Desde luego. Además está la carta de Sakura. Me preocupa quién pueda estar vigilándola.
- Sakura está bien. Se está volviendo más fuerte. Lo he sentido – aclaró.
Kakashi rió por debajo de su máscara.
- Eso tiene que ser terrorífico. Acabo de acordarme de una ocasión en la que Minato llegó a nuestro entrenamiento con un ojo morado. Tu padre era el shinnobi más poderoso de la aldea, pero la única mujer que podía ponerle la mano encima era tu madre. Creo que a ti y a Sakura os pasará lo mismo.
Naruto sonrió al conocer algo más de sus padres. Apenas había tenido tiempo para poder conocerlos, pero estaba encantado de haberlo hecho. Si sus padres estuviesen vivos podría preguntarles a ellos como actuar con Sakura, como actuar como Hokage, si su padre ya no lo fuera… ¿Tendría hermanos? Naruto se puso algo triste al pensar en cómo podría haber sido una realidad distinta. ¿Cómo habría sido tener una familia? ¿Le habrían aconsejado sus padres en aquello que no tenía experiencia y que tan nervioso le ponía?
Su maestro pareció percibirlo y dijo:
- Naruto, tus padres te dejaron un futuro por delante, y en ese futuro está Sakura. Disfrútalo y honra su sacrificio viviendo esta vida. Tus padres, más que nada, lo que querrían es verte feliz. Has cumplido tu sueño y el de ellos.
- Gracias, Kakashi-sensei.
Tras aquella conversación, Naruto y Kakashi volvieron a sus vidas normales.
El Hokage seguía despertándose exhausto, aunque a lo largo del día recuperaba gran parte de su energía. Aún quedaba a comer con sus amigos y en más de una ocasión se dio cuenta de cómo les importaban pues al verlo solo intentaban pasar parte de su tiempo con él. A Naruto le encantaban las conversaciones con Ino, era la que más le aconsejaba en determinadas cuestiones. Ino no había superado, y nunca lo haría, afirmaba, la muerte de Sasuke, pero era bien sabido por todos que la muchacha era buena amiga de los ninjas más guapos de toda la aldea. Se rumoreaba que ella y Shikamaru tenían algo, pero no había forma de demostrarlo. Debían ser muy cuidadosos. Ino se había mostrado muy atenta con él y cuando le contó qué sentía por Sakura le abrazó y le dijo que ya era hora.
Pasaban los días y Naruto fue conociendo a los distintos jounnin que se encargaban de los gennin. Finalmente escogieron a los más preparados y entre ellos estaba el Equipo de Konohamaru. Sería un honor nombrarle chunnin si superaba los exámenes, claro estaba.
A medida que pasaba el tiempo, el escultor y su discípulo fueron terminando el rostro de Naruto hasta que por mayo, tuvo que inaugurarlo. Hicieron un perfecto trabajo. Habían esculpido su cara en una parte de la montaña mirando en dirección opuesto a la del Yondaime. Lo cierto es que Naruto se sorprendió lo bien que le habían retratado y se dio cuenta, por primera vez, que le había crecido mucho el pelo, tal y como habían sabido plasmar los escultores. Al coincidir con sus otros compañeros se dio cuenta que tanto él como Kiba habían crecido en el último año una bestialidad, se habían vuelto los más altos. Kiba decía haber pasado el metro ochenta. A Naruto le bastaba con pasar del metro setenta.
El día de la inauguración fue el día en que los once de Konoha se reunieron por fin todos, aunque faltaron Neji y Sakura. El primero hacía casi un año que había perdido la vida luchando contra el Juubi. La segunda estaba viajando por el mundo. Ocasionalmente, Naruto solía emplear su colgante para ver qué estaba haciendo. Le costaba demasiado hacerlo recién levantado debido a la falta de energía que sentía. Ni con las recetas de hierro y vitaminas que le había mandado Shizune conseguía volver a despertarse descansado, era como si viviera menos.
Después de que el rostro del Nanadaime Hokage fuese oficialmente reconocido por todos los aldeanos y por los representantes del Señor Feudal, Naruto y sus amigos compartieron una agradable comida al aire libre, organizado y costeado por Naruto. "Para mis amigos, lo mejor".
La realizaron en un campo lleno de cerezos, que había florecido hacía poco tiempo. Naruto no pudo sino pensar en Sakura. ¿Habría florecido ella también? Naruto sabía de los sentimientos de Sakura. Aún creía que la chica seguía enamorada de Sasuke y eso le daba miedo, pero a la vez lo comprendía. Además era feliz con que ella le amase. A él le daba igual ser el segundo, pensaba. Era lo que siempre había sido, ¿por qué iba a ser diferente en el amor? Le bastaba con que Sakura fuese feliz con él y él lo intentaría bajo cualquier concepto. Pensar en Sakura le hacía pensar en todo el misterio del que sólo unos pocos conocían. Quería esforzarse al máximo para compartir con Sakura, cuando ésta regresara, el resto de sus vidas. Quería formar con ella una familia. Era una chica bonita, atractiva, muy inteligente y con un gran corazón que ocultaba sus sentimientos. Además tenía un gran sentido del deber y había sufrido mucho por culpa de Sasuke. Para Naruto, a veces, cuando pensaba en lo mal que lo debía haber pasado Sakura-chan, se enojaba con el recuerdo de su amigo.
Tras aquella comida llegó el mes de las flores y de nuevo, Konoha, tras el ataque de Pain, volvió a ser la aldea oculta entre las hojas. Los árboles florecieron y la primavera, radiante, llegó a la aldea.
Los meses transcurrieron con tranquilidad, pero a cada día que pasaba, Naruto seguía estando igual o más débil. Sin embargo, por orden expresa suya, solo Shizune lo sabía. No podía aparentar debilidad. Gracias al entrenamiento con Gai-sensei recuperaba la energía y eso era lo que importaba. Su cuerpo se iba fortaleciendo y cuando se miraba así mismo recién salido de la ducha observaba como lo había ido desarrollando todo. Releyó el icha icha con más calma y siguió sin encontrar la solución y el interés que podía provocar en Kakashi. Lo que realmente jodía a Naruto era no poder comunicarse con Sakura-chan. Desde el incidente en el país del Hierro, no había vuelto a saber de ella, no por palabra de ella.
A principios de verano, Naruto y una guardia personal acompañaron a los gennin y a sus maestros a Iwagakure. Naruto decidió formalmente cambiar de vestimenta, por aquél entonces. Aunque el protocolo aún exigía que se vistiera con la túnica blanca y el sombrero característico de los kages, el rubio se vestía con las ropas que usaban los jounnin (no en vano llevaban el escudo del clan uzumaki en su espalda y en sus brazos) y se ponía una capa que Kakashi le había regalado el día en que inauguraron la nueva cara de la montaña. Era una capa blanca con bordados de llamas rojas en la zona inferior. Además en la espalda estaba escrito "nanadaime". Le dijo que su padre había tenido una así y aquello le había encantado. Naruto aspiraba a ser tan buen Hokage como sus predecesores y Kakashi siempre le animaba y le decía que les superaría, como ya había hecho como shinnobi.
Llegaron a Iwagakure en cuatro días. Viajar como ninjas era algo que a Naruto siempre le había encantado. Saltando de árbol en árbol, corriendo y pocas veces andando. En Iwagakure fueron recibidos por el Sandaime Tsuchikage, quien seguía aquejado de la espalda pero en perfecta salud.
- ¡Parece que todavía estás vivo, viejo, dattebayo!
- Si sigues haciendo comentarios sobre mi edad, puede que tú no llegues a ella – río. La guerra hacía cambiado por completo al anciano. Iwagakure, tras la guerra, se había vuelto un lugar mucho menos oculto y más transparente y había aumentado sus relaciones con Sunagakure y Konohagakure.
Aquella noche cenaron todas las delegaciones juntas, pues al día siguiente comenzaría el examen. Desde el comienzo de la guerra no habían aparecido shinobis nuevos y tras la misma su número había reducido drásticamente. Los Kages se habían esforzado por aumentar rápidamente sus efectivos. Los Señores Feudales eran quienes contribuían en una parte importante al sostenimiento del mundo ninja. Si se daban cuenta de que no eran necesarios tantos guerreros, sin duda, harían por bajar sus donaciones, algo que no interesaba a nadie. Por esa razón, aquel año se presentaron más de mil gennin. Sin duda, muy pocos pasarían la criba inicial, pero era una forma de demostrar al mundo que en el nuevo mundo, los ninjas eran necesarios.
Naruto se despidió de sus compañeros y de sus subordinados y fue a su cuarto directamente. Estaba totalmente reventado. El viaje le había superado. Se sentía como un viejo ante tanta falta de energía, pero era inexplicable. Temía que fuesen los efectos secundarios de haberse excedido en el empleo del chackra de Kurama… pero aquello tampoco le terminaba de cuadrar, puesto que al final, bestia y jinchuuriki habían encontrado un equilibrio que satisfacía a ambos. Se habían hecho amigos.
El joven Kage se tiró a la cama sin quitarse ni siquiera la capa y comenzó a dormir…
"Naruto"… le llamó una voz oscura y grave. Él la conocía, pero estaba muy lejos. Además hacía frío. No quería moverse hacia la voz. Sólo se dio la vuelta y avanzó hacia la oscuridad.
"Naruto"… insistió. Ahora parecía más lejana. ¿Cuánto tiempo habría pasado? Mucho. Poco… No quería moverse. No tenía energía. Aquella noche, solo quería dormir… dormir para siempre.
"Maldito mocoso, despierta…" Kurama. Sí. Era su voz. ¿Qué quería? Sólo necesitaba dormir. ¿Por qué aquella noche le llamaba si era cuando más cansado estaba? Todo estaba negro, ya. Que la voz le dejara irse. Él estaba escuchando una canción. Era un pájaro. Cantaba con la voz de cien, no de mil, aves exóticas. Era un canto único. Una nota sin trémolos que como un faro le indicaba que le siguiera. Ya había vivido mucho. Era el momento de…
- Sakura, me has sido muy útil…- empezó a decir Orochimaru…
- Así que ha llegado el momento – respondió Sakura.
- Sí. Desgraciadamente, no puedo traer de vuelta a Sasuke-kun, pero tú puedes ir a acompañarle. Te has vuelto un pilar para Naruto y yo he de destruirte. Es parte de mí cometido a cambio de obtener la gracia del fénix.
- Ya veo…
"¡Naruto, despierta o moriremos los dos!" gritó Kurama. Le daba igual… No… Sakura-chan. No le daba igual. Ella estaba… ¿Qué más daba? Si morir era el final, mejor llegar cuanto antes… ¡No! Sakura-chan estaba en peligro.
El rubio despertó de golpe y se sintió totalmente desprotegido. A su alrededor se estaba librando una auténtica batalla. Sus guardias peleaban contra… sus guardias. ¿Qué significaba aquello? Le estaban traicionando. No. Un momento. Sólo dos se habían alzado para intentar atacarle. Estaban enfrentándose junto a su cama, en plena noche. El ruido de sus armas al chocar le invitó a participar. Naruto iba a unirse a la pelea, pero estaba al borde de la muerte. Kakashi apareció de las sombras y se unió a la refriega mientras que otro de los ANBU empezaba a curarle. Estaba casi sin chackra, algo se lo había quitado.
- ¡QUE NO ESCAPEN! – ordenó Kakashi.
Un ruido de un cristal rompiéndose se escuchó. Habían salido por la ventana.
- ¡Naruto! – Le llamó el Colmillo Blanco.- ¿Estás bien?
- Yo… no lo sé, Kakashi-sensei. ¿Qué me ha pasado?
- Esto.- Le enseñó la pluma que habían dado los samuráis cuando le informaron de la muerte de Mifune-sama.- Si no te hubieses despertado, estos dos traidores habían aprovechado para intentar rematarte si esta pluma no lo hacía. Por alguna extraña razón, absorbía tu chackra. Por esa razón estabas cansado por las mañanas.
- Pero la Espada de la Paz murió en una noche. Yo llevo así casi seis meses.
- Tu poder es inmenso por lo que ninguna mañana llegaba a absorberlo por entero. Estos dos se ocuparon de formar parte de tu guardia para dejar esta noche todas estas plumas repartidas por el cuarto. Me resultó extraño su voluntarismo hasta que algo me recordé que Sakura te dijo que había enemigos tuyos más cerca de lo que creías. De no ser porque previamente había colocado sellos por toda la habitación, mañana no te habrías despertado…
- Como le pasó a Mifune-sama
- Exacto. No sabemos quién fue, pero sí que hemos descubierto cómo fue. Estas plumas eran la clave. El enemigo nos dio una importante clave. Se estaban riendo de nosotros en nuestra cara.
- Pero si yo las dejé en mi Despacho porque ya no me eran útiles…
Al decir aquella palabra se quedó totalmente mudo. "Sakura me has sido muy útil" Eso había dicho Orochimaru. Sakura estaba con Orochimaru. Estaba en peligro. Aquello era lo que le había hecho despertarse. Naruto pareció recobrar la energía y saltó de la cama. Se lanzó hacia su mochila y empezó a buscar algo.
- ¿Qué buscas? – le preguntó sorprendido su sensei.
Naruto extrajo un kunai, un kunai con unas marcas que Kakashi había visto antes…
- Espera, eso es…
Naruto había desaparecido.
