Capítulo 7 – Operación Goma Elástica
They say change takes time
But baby, we can fix it overnight
If you let me try
Then maybe we can fix it overnight
– Jake Miller, Overnight.
Cuando Stacie llega a la mesa de la cafetería con la bandeja de plástico en la que reposan sus pedidos, las (Celes)Bellas están reunidas en un cerrado corro, hablando en tono bajo.
- Abrid paso, aca-zorras – exclama –. Traigo vuestras bebidas.
Las siete cabezas se despegan las unas de las otras para dejar a la vista la mesa alrededor de la cual están sentadas. Stacie deposita la bandeja con cuidado de no derramar los cafés, y sonríe con satisfacción cuando el líquido marrón se balancea, pero se mantiene en el interior de todas las tazas. Aprovechando que es la que tiene la ventaja de la altura y todavía recuerda los pedidos de cada una – bendita memoria fotográfica –, reparte los cafés y el smoothie de mango de Amy antes de golpear suavemente con la cadera el hombro de Flo, quien urge a las demás a correrse un asiento más allá para hacerle hueco.
- ¿A qué vienen esas caras tan serias? – inquiere la joven científica con una radiante sonrisa.
- ¿No te preocupa…? – empieza a preguntar Ashley.
- Ni siquiera un poquito – incide Jessica.
- ¿…Que Beca y Chloe tuvieran una discusión tan fuerte anoche? – termina la morena como si no hubiera sido interrumpida.
- ¿Por qué debería preocuparme? – hace una mueca de incomprensión y se encoge de hombros. Le da un sorbo a su smoothie de plátano antes de continuar –: Solucionaron las cosas al final, ¿no?
- Stace – habla Amy cuando ya ha devorado su batido hasta la mitad –, hasta yo tengo que decir que fue bastante arriesgado.
Y eso ya es mucho viniendo de la australiana, pero Stacie sigue sin sentir remordimiento alguno. La joven científica apoya el codo sobre la mesa y descansa la barbilla en su mano, observando con tranquilidad los rostros serios de sus amigas.
- Venga ya, chicas – ríe cuando ve que van totalmente en serio –. ¿De verdad creéis que Beca sería capaz de darnos la espalda así como así? ¿De dársela a Chloe?
- Ya lo hizo una vez en primero – le recuerda Cynthia Rose con una ceja arqueada en desafío –, y la última vez que Beca y Chloe se gritaron así solo una trampa para osos fue capaz de impedir que Beca nos dejara tiradas.
A Stacie se le escapa una carcajada, y recibe a cambio mirandas furibundas. Sacude la cabeza con incredulidad, no se puede creer que estén manteniendo esta conversación de verdad. Que las Bellas necesiten tener esta conversación. No puede ser ella la única que vea la situación de forma tan clara, ¿verdad? No puede ser ella la única que haya notado el cambio tan radical que ha dado su capitana en tres años, cuánto ha evolucionado personalmente.
¿…verdad?
- ¿Todas pensáis igual? – pregunta para asegurarse.
- Mmm – empieza Emily, pero se corta cuando todas se giran a mirarla. Necesita varios empujones por parte de Stacie para continuar con lo que iba a decir –. Yo no. Las Bellas son como el pequeño bebé de Beca, ha dado el 150% por ellas, no nos daría la espalda así como así. Además, está Chloe – no dice nada más, no aporta más explicaciones, pero su expresión da a entender que no son necesarias.
- ¿Entonces cómo explicas lo que pasó en el retiro? – salta CR.
- Gracias, Emily, por ser la única lista – otorga la joven morena a la Heredera, que asiente y baja la mirada, entre avergonzada y orgullosa. Entonces Stacie vuelve su atención a las demás chicas –. Mirad – su mano haciendo un gesto cortante en el aire –, este ha sido un año muy estresante para todas, pero especialmente para Beca y Chloe. Su discusión en el retiro fue algo completamente orquestado por Aubrey con la finalidad de que por fin se dijeran a la cara lo que les pasaba, de que lo soltaran todo. Necesitaban desahogarse. Claro que Beca huyó de allí, ¡es Beca! – exclama, algo frustrada porque es tan obvio que no entiende cómo no lo ven –. Solo necesitaba un poco de soledad para aclararse, habría vuelto más tarde para pedirnos perdón. Y os recuerdo que incluso la Beca de primero volvió con nosotras. ¿Por qué? Porque Chloe se lo pidió. ¿No veis que esas dos son gomas elásticas totalmente?
Las (Celes)Bellas se quedan en un completo silencio que es repentinamente roto por el sonido de la pajita de Amy sorbiendo los últimos restos de smoothie del culo de su vaso de plástico. La rubia alza la mirada cuando nota que todas se giran hacia ella y se encoge de hombros.
- ¿Qué? Soy capaz de sorber y escuchar a la vez – se excusa.
- Pero si haces ruido somos nosotras las que no oímos – se queja Jessica.
- Volvamos al asunto de las gomas elásticas, por favor – pide CR alzando ambas manos de la mesa para llamar la atención de sus compañeras –. ¿Soy la única que no entiende la metáfora?
- Verás – suspira Amy, dejando de lado su bebida terminada. Apoya las yemas de los dedos sobre la mesa, dejando su mano hueca, y las arrastra por la superficie en un movimiento circular –. Beca y Chloe son gomas elásticas porque son las capitanas, y por lo tanto son el pegamento que nos mantiene unidas.
Cynthia Rose frunce el ceño y niega con la cabeza.
- ¿Qué tiene eso que ver…?
- ¿No son gomas elásticas porque son muy flexibles? – propone Flo –. ¿Acaso no habéis visto nunca lo que hace Chloe con la pierna…?
Stacie bufa, acallando todas las tonterías de sus amigas, que se giran para mirarla como si se hubieran olvidado de su presencia.
- ¿Nunca habéis oído hablar de la teoría de las gomas elásticas? – inquiere. Ante las negaciones de las Bellas, sacude la cabeza –. Os lo tengo que explicar todo, eh – resopla –. A ver, básicamente la teoría dice que cuando se está en la relación, llega un punto en el que una de las partes involucradas – separa sus manos para usarlas de ejemplo –, puede asustarse por la intensidad de sus sentimientos. Entonces, tratará de poner distancia con la otra persona – sus manos se alejan –, pero eventualmente no pueden alejarse más y ¡zas! – su exclamación, más sus manos chocando de golpe, asustan a sus amigas –. Como una goma elástica, vuelven a estar juntas – observa cómo las expresiones de las Bellas van cambiando a distintos grados de comprensión y aceptación –. Beca y Chloe son el vivo ejemplo de esta teoría, porque no importa qué pase, no importa cuánto se distancien, siempre van a volver la una a la otra.
Stacie se fija en el gran reloj que cuelga de una pared de la cafetería y sus ojos verdes se abren ligeramente por la sorpresa. Madre mía, qué rápido pasa el tiempo cuando estás tratando de hacer entrar en razón a la gente… Se levanta del sillón, colgándose el bolso del hombro, y libera sus largos rizos castaños del asa con una mano mientras con la otra recoge su smoothie de la mesa.
- No os preocupéis tanto, chicas, os van a salir arrugas – aconseja con una radiante sonrisa antes de lanzar un beso al aire y girar sobre sus tacones para marcharse a su siguiente clase.
Exactamente a las 18:58 de la tarde del martes, Beca aparca frente al edificio de dormitorios universitarios. Deja el motor en marcha y escribe un rápido mensaje a Emily para hacerle saber que está fuera.
No tiene que esperar mucho, de hecho, apenas ha pasado medio minuto cuando ve la menuda figura de la Bella salir de edificio. Contiene una sonrisa, porque sabe que es muy probable que estuviera esperando impacientemente al lado de la puerta, todo preparado para salir corriendo en cuanto le llegase el mensaje de Beca. La Heredera se queda parada en las escaleras principales del edificio, mochila en un hombro, móvil en una mano y escaneando el parking con cara de confusión. La DJ presiona el claxon en una rápida sucesión para atraer la atención de Emily. Varias cabezas se giran a mirarla, pero a ella solo le importa una que viene a paso rápido con una sonrisa tan grande que parece que se le va a salir de la cara.
- Hey – saluda la joven nada más abrir la puerta del copiloto y sentarse –, menos mal que me has pitado porque yo estaba buscando el coche de Stacie.
- Ya, al final ella lo necesitaba así que se lo pedí a Chloe – responde Beca con una ligera sonrisa.
Pisa el acelerador y el motor del viejo Beetle ruge sonoramente, haciendo que, de nuevo, varias personas que pasan por allí se giren a mirar. La DJ capta por el retrovisor a unos jóvenes burlándose del coche, así que antes de incorporarse a la carretera, saca la mano por la ventanilla bajada y les hace el corte de manga. La joven Bella parece ligeramente escandalizada por el gesto, y se esconde al mismo tiempo que mira hacia atrás en un intento de averiguar si conoce a esos chicos y va a tener que lidiar con las consecuencias de la reacción de Beca.
Suspira con alivio cuando no reconoce a ninguno de los ceñudos estudiantes y se gira hacia la conductora con una suave sonrisa en los labios. Todavía tiene que acostumbrarse a muchas cosas, y es una pena que el año esté acabando ya.
- ¿Has pensado qué quieres grabar? – inquiere la morena cuando dejan el campus de Barden atrás.
- Mmm sí, tengo varias opciones, pero no consigo decidirme por una – Emily se recoge un mechón castaño detrás de la oreja mientras juguetea nerviosamente con la tira de su mochila.
- ¿Hay alguna a la que le tengas un cariño especial? Eso suele ayudar a la hora de escoger.
La Heredera saca su manoseada libreta amarilla, la misma que Beca había confundido con deberes cuando vio por primera vez a la joven encorvada sobre ella, escribiendo a una velocidad asombrosa, como si no tuviera que pensar en qué palabras poner porque no salían de ella, sino que brotaban de la punta del bolígrafo directamente.
Debe admitir que sintió un pinchazo de envidia en ese momento en el bus al ver la facilidad que tenía para volcar sus pensamientos y emociones en el papel, y lo sigue sintiendo ahora que observa por el rabillo del ojo cómo Emily pasa hoja tras hoja, todas llenas con su desgarbada caligrafía, con notas musicales, pentagramas, garabatos y tachones. Casi la mitad de la libreta está llena ya, y Beca hace una nota mental para averiguar cuándo es el cumpleaños de la Heredera y así regalarle una nueva.
- Supongo que Flashlight es mi favorita, por lo que significa y los motivos que me llevaron a escribirla – contesta la joven sin levantar la vista del cuaderno.
- ¿Flashlight? – inquiere Beca. Guiña los ojos, tratando de recordar por qué le suena familiar –. Esa es la que cantaste en la riff-off, por la que nos descalificaron, ¿verdad?
Emily se sonroja hasta las puntas de las orejas y se rasca la nuca, avergonzada.
- Erm… Sí… Todavía siento mucho todo eso – se disculpa por la que debe ser la quincuagésima vez desde su metedura de pata.
- Oh, no te preocupes – le tranquiliza la DJ, concentrada en poner el intermitente y asegurarse de que no viene nadie por el carril de al lado antes de incorporarse a él. Cuando termina la maniobra, continúa hablando –: Chloe reaccionó exageradamente, pero no se lo tengas en cuenta, lo está pasando un poco mal este curso.
La Heredera agudiza el oído. Si normalmente bebe cualquier palabra que caiga de la boca de Beca porque es algo así como su máxima fan y admira profundamente lo que consiguió con las Bellas; ahora que está involucrada en la operación Celesbellas, presta más atención todavía a todo lo que la morena esté dispuesta a contarle sobre Chloe. Y, especialmente, a cómo lo cuente.
- Ya, en el retiro dijo que tenía miedo del futuro – se apena.
La DJ asiente, pensativa. Sus dedos tamborilean sobre el cuero del volante al ritmo de la canción apenas audible que suena en la radio, pero su expresión muestra que no está escuchando realmente la música.
- Chloe fue la única valiente que lo dijo en voz alta, pero en el fondo todas tenemos miedo del futuro – explica Beca, lanzando una fugaz mirada hacia su acompañante –. Las Bellas han sido nuestra familia durante cuatro años, y dejar todo eso atrás para lanzarse a la vida adulta no es nada fácil – su ceño se frunce brevemente antes de encogerse de hombros –. Siempre te queda el miedo de resultar ser un completo fracaso, de si seréis capaces de manteneros en contacto o vais a perder la amistad que os une. En ese aspecto, entiendo por qué Chloe suspendió adrede Literatura Rusa.
Emily musita un "mmhh" y sacude la cabeza con ligera diversión.
- ¿Sabes? Es curioso, precisamente por eso fue por lo que escribí Flashlight – comenta.
Sus ojos se guiñan de forma adorable cuando sonríe, y Beca es consciente de golpe de lo genuinamente ingenua y joven que es. La morena arquea las cejas, su interés captado por el nuevo descubrimiento, y rebusca en su cabeza por los retazos que recuerda haber escuchado de la canción en cuestión.
- Es la que dice algo así como… – se calla unos instantes, y entonces empieza a entonar la melodía con ritmo un poco errático –. "When tomorrow comes, I'll be on my own. Feeling frightened of…" ¿…what I don't know? Ya no recuerdo más, la verdad – se disculpa con una risa.
- Más o menos – ríe Emily.
La Heredera tiene que controlar el grito que quiere salir de su garganta y reservarlo para cuando pueda fangirlear en la seguridad y soledad de su habitación, porque oh. Dios. Mío. Beca Mitchell ha cantado su canción. La jodida Beca Mitchell.
- Pero sí – sigue comentando tras carraspear –. Fue antes de venir a la universidad, y, bueno, siempre he estado muy unida a mis padres, puedes imaginártelo, ¿no? – Abre mucho los ojos cuando se da cuenta de lo que ha dicho y se apresura a corregirse –. Quiero decir, no lo sabes porque tus padres se divorciaron y nunca tuviste una gran relación con ellos. Pero yo sí. Con mis padres, no los tuyos. Y no es que por eso haya algo malo contigo, para nada, eres perfecta. Solo que para mí fue duro marcharme de casa. Aunque entiendo por qué para ti no lo fue y quiero que sepas que es com…
Llegados a este punto, Beca no puede aguantar más la risa y suelta una sonora carcajada. Aparta la mirada de la carretera unos segundos para poder ver los aspavientos de la joven en su intento de explicarse y no quedar mal. Que no lo estaba haciendo, la DJ entendió lo que quería decir a la primera, pero es muy divertido ver a alguien sufrir el mismo problema que Beca suele tener en su día a día con el resto del mundo.
- Em, tranquila. Lo he pillado – le asegura con calma.
- Guay – suspira, aliviada –. Pues eso, que fue duro. En plan, por un lado lo estaba deseando, ya sabes, estar a mi bola, hacer lo que me dé la gana – sonríe, mirando al techo mientras hace un suave movimiento con los hombros, casi como si bailase –; pero por el otro lado me daba mucha pena dejar atrás no solo a mis padres, también a mis mejores amigas, a la ciudad en la que había crecido. Y sobre todo me daba inseguridad. Miedo a lo desconocido. Por eso escribí Flashlight. Un recordatorio de que, pasase lo que pasase, no sé, las Bellas me odian, suspendo todo, tengo una compañera de cuarto insufrible… No importaba lo negro que viera mi futuro, porque las personas que me importan siempre iban a estar respaldándome – sus dedos recorren de forma ausente las palabras escritas a boli azul en la hoja –. Aunque todo el mundo cuando la escucha cree que es una canción de amor.
Beca suelta una risa silenciosa ante la expresión de ligero fastidio de Emily. Disminuye la velocidad a medida que se adentran en el polígono industrial donde se encuentra el edificio de Residual Heat, hasta frenar en el mismo sitio en el que Jesse siempre aparcaba su coche cuando la traía por las tardes.
La Heredera se cuelga su mochila otra vez de la espalda, sus dedos casi blancos con la fuerza con la que agarra la correa de cuero. Pero así por lo menos disimula el temblor de sus manos por pura excitación. Está a punto de hacer un sueño realidad, y con nada más y nada menos que Beca. La verdad es que a veces cree que está dormida y se despertará en algún momento sintiéndose decepcionada porque nada ha sido real.
Entonces siente la mano de la DJ en su codo, como si Beca hubiera sentido lo que la joven estaba pensando y quisiera asegurarle que esto está ocurriendo de verdad. Con un gesto de cabeza, la morena se encamina hacia la entrada del edificio, pisando el cuidado césped. Coge la tarjeta que cuelga de su cinturón, donde una foto de la propia Beca le devuelve la mirada con expresión de fastidio y confusión. Mira por encima del hombro para asegurarse de que Emily está detrás de ella, y pasa el código de barras por el lector.
La luz roja se vuelve verde y el sistema emite un pitido.
- Vale, recuerda que estamos aquí a escondidas – la DJ se asegura de que Emily asienta y confirme que lo ha entendido.
Empuja la puerta y entran en el silencioso edificio, caminan por los pasillos desiertos mientras la joven Bella observa todo con admiración. Se cuelan en la primera sala de grabación que encuentran, cerrando tras ellas con rapidez. El fuerte silencio dentro de la habitación es roto por un suspiro de alivio de la DJ.
Enciende las luces y el equipo, preparando todo. Pasa de Beca Mitchell, universitaria cantante de a cappella, a Beca Mitchell, futura productora musical, en apenas un parpadeo.
Los dedos de la morena trabajan por la mesa de mezclas con certeza y familiaridad, bailando sobre niveles, interruptores y diales con una rapidez asombrosa para ser la primera vez que usa esa mesa. Lo más llamativo, sin embargo, es la forma en que se relaja. Sus hombros pierden la tensión de la que están cargados el resto de su día a día, y una sonrisa sincera aparece a sus labios cuando consigue doblegar la música a su antojo.
Está en su elemento.
Si quedaba alguna duda de que la morena come y respira música, solo hay que verla trabajar con Emily. Quizá Beca nunca haya hecho esto con otra persona, pero le sale de forma natural. Le pregunta a Emily constantemente si es así como se lo había imaginado; y si no, cómo quiere hacerlo. No duda a la hora de proponer una nueva perspectiva, o en cortar a la Heredera cuando empieza a excitarse y balbucear ideas dignas de una diva como Madonna o Rihanna. Mantiene la cabeza fría, realista, consciente de sus capacidades en todo momento y qué pueden hacer con lo que tienen a mano.
Mientras Emily entra en la cabina y canta al ritmo de la melodía, con Beca escuchando atentamente para darle consejos de respiración y tono, algo se apodera de la DJ. No sabe muy qué le empuja a empezar a crear una versión alternativa de Flashlight; pero antes de que se dé cuenta ya va por la mitad y no piensa tirar todo ese trabajo a la basura sin darle una oportunidad primero.
- Oye, Em – dice presionando el botón para que se escuche su voz por encima de los restos de la música que suena en los cascos de la Heredera. Esta se gira hacia el cristal con un pequeño asentimiento para que Beca sepa que la ha oído –. Escucha esto un momento, ¿quieres? A ver qué te parece.
Le da a play y observa cómo la joven cierra los ojos y se lleva las manos a los auriculares. No tiene que esperar mucho para saber la opinión de Emily, pues una enorme sonrisa se abre paso por sus labios y se extiende de oreja a oreja. Sus ojos verde avellana brillan de emoción.
- ¡Me encanta! – exclama saltando.
- Cuidado, Heredera. Eres muy guapa pero bastante torpe – le avisa Beca con una mueca al ver los cascos casi salir disparados de la cabeza de la joven.
La aludida se sonroja y deja de saltar, disculpándose. Coloca los auriculares en su gancho bajo el micrófono y sale de la cabina de grabación. Recupera su preciado cuaderno de su mochila y lo abre de nuevo por donde escribió de forma desgarbada y llena de tachones la letra para Flashlight. Pasa un par de hojas hasta encontrar un pentagrama que ella misma había dibujado, con notas salpicadas a lo largo de las líneas horizontales.
- Esto – dice girando la libreta para que Beca pueda echarle un vistazo –, fue mi intento de componer la melodía.
La morena coge el cuaderno con cuidado y estudia las notas, su ceño fruncido y expresión concentrada. Empuja su silla con ruedas hasta frenar frente al teclado y deja la libreta en el atril para tener las manos libres. Coloca los dedos sobre las teclas correspondientes, y siguiendo lo que Emily había escrito, consigue arrancarle al piano un ritmo más o menos aceptable.
- No está nada mal – sonríe por encima del hombro a la joven para calmar su nerviosismo y contiene una risa cuando ve a la Heredera inflarse de orgullo por el cumplido.
Le indica el taburete giratorio en el que Dax normalmente se suele sentar para que Emily lo coja y se coloque a su lado. Juntas, juegan con las teclas del piano en una búsqueda de las notas que mejor se adapten a las bases que la DJ ya ha creado para la nueva versión. Con sus talentos unidos, tardan menos de lo que les habría llevado intentarlo cada una por su cuenta, y pronto están grabando la melodía y retocando algunas cosas con el programa informático. Lo escuchan un par de veces hasta que la Heredera ha cogido el ritmo y se siente lo suficientemente segura como para añadirle la voz.
Entonces entra de nuevo en la cabina y en cuanto empieza a cantar, Beca sabe que hizo bien siguiendo ese instinto. Porque la mezcla es increíble. La forma en que Emily armoniza con las notas del piano, con los golpes de la pandereta y el sintetizador que marcan las bases y el ritmo. Es un giro de 180º en comparación con la otra versión que han hecho.
Se da cuenta de que se le ha puesto la piel de los brazos de gallina, y se los frota para eliminar las pruebas de lo que a Chloe le gusta denominar un "orgasmo musical". Ese momento en el que estás escuchando una canción que te encanta y tu cuerpo reacciona con un escalofrío y se te erizan los pelos de los brazos.
La Heredera entona la última nota y se gira para mirar a Beca a través del cristal que separa la cabina del resto de la habitación. La melodía disminuye de volumen progresivamente hasta que deja de escucharse y la sala de grabación queda sumida en el más absoluto silencio. Ambas amigas comparten una sonrisa de asombro.
- Wow – musita Emily –. Eso ha sido…. ¡aca-increíble!
La DJ suelta una risa y asiente para darle la razón. Efectivamente, ha salido mil veces mejor de lo esperado.
De golpe, la puerta del estudio se abre y ambas Bellas dan un brinco, asustadas. Beca se gira bruscamente en su silla y palidece cuando ve la cabeza de su jefe asomar por el hueco.
- ¿Reggie? ¿No te dije que no vinieras esta semana? – inquiere el hombre con el ceño fruncido.
Las gafas de sol ocultan los ojos de Sammy, de modo que la morena no sabe con exactitud si su expresión es de confusión, enfado o sueño. Emily hace un ruidito que se escucha a través del micrófono y la atención del creador de Residual Heat se vuelve hacia la cabina ocupada. Sus cejas se arquean tanto que desaparecen de su frente.
- ¿Qué está pasando aquí? – exige saber, entrando en la habitación y quitándose las gafas.
«Oh, mierda», piensa Beca cuando la mirada airada de su jefe recae en su totalidad sobre ella.
En cuanto la cara de Aubrey salta en su pantalla, Chloe no puede evitar la sonrisa que se extiende por su rostro. En seguida ve cómo la expresión severa de su mejor amiga se relaja y corresponde su gesto con otra sonrisa cálida que derrocha cariño.
- Te he echado de menos – suspira la rubia.
- Yo a ti también, Bree – responde la co-capitana.
Que Aubrey se graduara y siguiera adelante con su vida mientras Chloe se quedaba en Barden – por decisión propia, claro está – había sido duro para ambas amigas. Acostumbradas a cohabitar durante cuatro años, verse todos los días, hablar a todas horas, estar ahí cuando una de ellas necesitaba el apoyo de la otra… Pasar de eso a mandarse mensajes y verse a través de Skype, fue un cambio radical. Sí, siguen en contacto constante, ya sean serias conversaciones que se alargan por semanas, o alguna chorrada que ven que les hace pensar en la otra. Pero no es lo mismo.
La distancia siempre es difícil. Sin embargo, ambas se habían prometido que no iban a dejar que su relación desapareciera solo porque había unos cuantos kilómetros de por medio.
Y lo están cumpliendo.
Puede que, este último mes fuera el período más largo que habían estado sin hablar la una con la otra a través de cualquier red social. Después de que las Bellas se fueran del retiro de Aubrey, tanto Chloe como la rubia habían estado ocupadas. Una con exámenes, con la actuación de las Bellas, con poner su vida en orden para graduarse, con Beca… Y la otra con una oleada imprevista de trabajo que la tuvo corriendo de lado a lado, evitando trampas de osos con la experiencia de alguien que podría hacer el mismo recorrido con los ojos cerrados sin problema alguno. Sus horarios nunca coincidían, y cuando una podía mandar un breve mensaje, la otra probablemente estaba ya dormida o liada con otros asuntos.
Esta es la primera vez que hablan como Dios manda en lo que parecen años, pero que han sido solo unas cuantas semanas. Aunque el tiempo de incomunicación no ha afectado a su amistad para nada. En cuestión de segundos, es como si nunca hubieran dejado de hablar. Se ponen al día en sus respectivas vidas con rapidez, y Aubrey grita de felicidad cuando Chloe suelta el notición de que ha aprobado Literatura Rusa con una A–.
- Estoy tan orgullosa de ti – exclama la rubia, sus ojos llorosos por la emoción –. Sabía que podías hacerlo.
- Gracias, Bree. Vuestro apoyo es muy importante para mí.
- Siempre lo tendrás, Chlo – dice con cariño –. Pero basta ya de ñoñerías, ¿qué tal las Bellas? ¿Seguís en armonía?
- El retiro realmente nos ayudó – ríe la pelirroja con un asentimiento –. Estamos mejor que nunca.
- ¿Beca y tú también? Porque era obvio que el verdadero problema lo teníais vosotras dos, no el grupo en sí – comenta Aubrey, entornando los ojos mientras analiza la reacción de su mejor amiga.
Chloe se mantiene impasible, sin dejar ver ninguna de las dudas que rodean su cabeza como pájaros inagotables, tratando de no pensar en los avances y retrocesos que su relación con Beca está constantemente experimentando en un ciclo vicioso del que no parecen ser capaces de salir.
- Estamos bien – asegura –. Oh, y no sabes qué, cortó con Jesse.
- ¿Aca-perdona?
- Aca-créetelo.
Ambas amigas ríen brevemente por el recuerdo que esas expresiones traen consigo, antes de que la rubia recupere la expresión de sorpresa que la noticia puso en su cara.
- ¿Y qué piensas hacer? – tantea el terreno.
- ¿Yo? – pregunta Chloe, (falsamente) sorprendida –. ¿A qué te refieres? ¿Por qué tengo que hacer algo?
- Oh, venga, Chlo. No me vengas con esas ahora – se queja Bree –. Sabes perfectamente a qué me refiero y qué tienes que hacer.
Aubrey mantiene la mirada de su mejor amiga con firmeza, y al final son ojos azul bebé los que rompen el contacto visual para fijarse en el teclado del portátil.
La rubia todavía recuerda con claridad la noche en que sus sospechas se transformaron en una certeza confirmada por la propia Chloe. Fue cuando ganaron el Campeonato Nacional de A Cappella. Al acabar la actuación, Beca había bajado del escenario y corrido a besar a Jesse, y la antigua capitana de las Bellas vio a la perfección cómo la exuberante felicidad de su mejor amiga se rompía y caía como confeti al suelo. Y aunque el momento fue breve pues la pelirroja se repuso con rapidez y volvió a pintarse una sonrisa en la cara y a saltar y gritar con sus amigas, Aubrey lo vio.
Obviamente, le faltó tiempo para enfrentarse a Chloe y pedir explicaciones. Fue ahí cuando la pelirroja admitió de forma apenas audible que estaba empezando a tener sentimientos más que amistosos por Beca. Entonces le hizo jurar a la rubia que no se lo diría a nadie, mucho menos a Beca. Porque si hay algo que Chloe Beale es, es altruista. Haría lo que hiciera falta, incluso ir en contra de sus propios deseos, con tal de asegurarse de que las personas a las que quiere estén bien.
- Aquella noche me dijiste que no querías interponerte en su relación con Jesse – habla Aubrey con voz suave –, pero esa relación ya no existe, Chlo.
La pelirroja alza la mirada y la clava otra vez en los penetrantes ojos verdes de su mejor amiga. Se encoge de hombros ligeramente, primero uno, y luego el otro. Pero antes de que pueda abrir la boca para responder, su móvil vibra encima de la mesa y la pantalla se ilumina, captando su atención.
Becs 3 (ahora): Oye Chlo, estás en casa?
Frunce el ceño, desconcertada. Le pide a Aubrey que espere un instante, presiona sobre la notificación del mensaje e introduce el PIN con el índice, desbloqueando el móvil.
Becs 3
en línea
(10:31) Oye Chlo, estás en casa?
Sí
Por?
(10:32) Puedes abrirme la puerta?
(10:32) Me dejé las llaves esta mañana
(10:32) Y no me he dado cuenta hasta ahora
Jajajaja claro que sí, Becs
Ay, qué harías sin mí ;)
(10:33) Volverme loca, probablemente :P
Levanta la vista del móvil cuando Aubrey carraspea sonoramente. Por un momento se había olvidado de que la rubia está todavía conectada en el Skype. Se sonroja, un poco avergonzada por dejarse distraer tan fácilmente por la DJ.
- Adelante, habla con tu aca-mujer – dice su mejor amiga con tono mordaz –. Y ni siquiera trates de negarme que es ella, porque llevas tu sonrisa "Beca me ha mandado un mensaje y soy extremadamente feliz".
- Perdona, Bree – ríe Chloe. Agita su móvil en el aire con una mueca de disculpa –. Me tengo que ir, pero, ¿hablamos luego?
- Sí, tranquila, corre a socorrer al Hobbit antes de que haga que la arresten otra vez – hace una sacudida con la mano como empujando a la pelirroja lejos de ella.
- Gracias, eres la mejor – exclama –. Te quiero – alarga la última vocal mientras le da un tono cantarín a su voz, y observa, con éxito, que hace reír a Aubrey.
- Yo a ti también, bicho raro – contesta su mejor amiga.
Su rostro desaparece de la pantalla del ordenador de Chloe y esta salta de su silla para correr escaleras abajo y abrirle la puerta a Beca, quien debía de estar esperando recostada contra ella porque trastabilla hacia atrás hasta que la pelirroja la sujeta.
- Definitivamente, qué harías sin mí – bromea la co-capitana una vez coloca a la morena sobre sus dos pies.
Beca le devuelve la sonrisa y se recoge mechones castaños detrás de orejas llenas de piercings. Se descalza y deja su bolso colgado del final de la barandilla para no olvidarse subirlo con ella cuando fuera a su habitación. Entra en la cocina, donde está Chloe poniendo una tetera en el fuego para prepararse un té. Con solo una mirada, la pelirroja le pregunta si quiere ella uno, a lo que la DJ niega con la cabeza con una mueca de asco. Ella es de café. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Es básicamente lo único que la mantiene despierta y funcionando en su día a día.
- Oye, al final no te pregunté qué tal fue la colaboración con Emily – exclama la pelirroja después de un rato de silencio entre ambas mejores amigas –; quería esperar a que volvierais, pero el sueño pudo más – se lamenta –. ¿Te dejó trabajar o estuvo respirándote en la nuca todo el rato cual fangirl devota?
La morena finge un estremecimiento y luego suelta una risa al imaginarse la escena y cómo habría reaccionado de haber sido así. Probablemente hubiera espantado a la Heredera.
- Ya, se nos hizo bastante tarde entre unas cosas y otras… – piensa en la visita sorpresa de su jefe y todo lo que ocurrió después. Entonces recuerda la pregunta de la pelirroja, y admite con un pequeño asentimiento –: Pero no, la verdad es que se comportó bastante bien. Especialmente teniendo en cuenta que mi jefe nos pilló – deja caer la última parte como quien habla del tiempo del día, y espera a que Chloe reaccione.
Casi al instante, su mejor amiga coloca de vuelta la tetera sobre la placa con un golpe demasiado fuerte, más centrada en mirar a Beca con los ojos abiertos como platos que en lo que está haciendo.
- ¿Qué? – pregunta, deseando haber oído mal.
Porque si es cierto que el jefe de la DJ las pilló, habiéndose colado en el edificio después de haber terminado la jornada laboral para utilizar los estudios de grabación en secreto y así escaquearse de pagar lo que correspondía… Bueno, no hay forma alguna de que eso hubiera acabado bien. Y, sin embargo, Beca no parece preocupada. Así que algo debió de ocurrir para que su jefe pasara todo eso por alto y la perdonase.
- Sí, resulta que volvió en un vuelo exprés para recoger un regalo que él y Jay-Z le iban a hacer a Kanye West – explica la morena, todavía sin creerse que el hombre con quien trabaja esté en ese nivel de amistad con raperos famosos –, y las cabinas no están insonorizadas, como yo creía, solo lo está la zona donde cantan los artistas. Así que… nos escuchó – se pasa la lengua por los dientes delanteros y la suelta con un chasquido.
- ¿Y qué te dijo? – Chloe está muerta de curiosidad, su té totalmente olvidado en la encimera mientras ella se sienta en el taburete de al lado de su amiga.
- Bueno, no le sentó muy bien que hubiéramos usado el estudio sin su permiso – admite Beca con una risa seca –. Pero se le olvidó el cabreo en cuanto escuchó la demo que hicimos.
- ¿Una demo? – casi grita la pelirroja –. Oh Dios, Becs, eso es… Grande. Nivel "productora musical" grande.
- Lo sé – ríe la morena –. Y eso que todavía no he llegado a la mejor parte.
- ¿Hay más?
Las cejas de la co-capitana se arquean tanto que casi desaparecen de su frente, y le recuerda a la DJ de forma un tanto repentina por qué aprecia tanto su amistad con Chloe. Porque se emociona igual que si las buenas noticias fueran sobre y para ella. Porque lo vive con la misma ilusión que si le estuviera pasando a ella. Todo porque Chloe se alegra genuinamente por el éxito de las personas que le importan.
Es una de sus virtudes. De sus muchas virtudes.
- Verás, le encantó tanto nuestra demo que me ha ofrecido un puesto en Residual Heat. Un trabajo, Chlo – aclara Beca innecesariamente –. Como aprendiz de productor musical.
Esta vez la pelirroja sí que grita y se lanza a los brazos de su mejor amiga con tanta fuerza que casi la tira del taburete. Rodea el cuello de la DJ y la siente responder de forma inmediata enroscando los suyos alrededor de su cintura. Y Chloe se siente sobrepasada por el millar de emociones que se sacuden en su pecho: orgullo, alegría, emoción, orgullo, miedo, confusión, orgullo, amor, ¿ha mencionado orgullo ya?
Sin saber cómo ni por qué, las lágrimas se escapan de sus ojos y ruedan libremente por sus mejillas.
- Chlo – llama la morena, todavía atrapada en el fuerte abrazo de la Bella –. Chloe – intenta de nuevo –. Chloe, ¿estás llorando? – pregunta al sentir algo húmedo contra su cuello. La alternativa es que su mejor amiga le esté tirando agua por encima, lo cual duda que sea una opción factible.
La pelirroja la deja marchar y se seca las lágrimas, sorbiéndose la nariz.
- Es solo que estoy tan contenta por ti que…
Se le rompe la voz cuando un sollozo se abre paso por su garganta y escapa de entre sus labios sin control; todo ante la incrédula mirada de Beca, que no sabe si reír o unirse a su amiga y llorar también. Cuando ve que va para largo, la DJ entrelaza sus dedos con los de Chloe y tira de ella hasta el salón, donde se dejan caer en el sillón.
Al cabo de un rato, en el que la morena se limita a estar callada y pasarle un clínex a su mejor amiga cuando siente que esta lo necesita, la co-capitana de las Bellas consigue controlarse lo suficiente como para explicar el porqué de haberse derrumbado tan inesperadamente.
- Lo siento – suspira de forma temblorosa mientras retira las marcas húmedas de sus mejillas con el pañuelo.
- No tienes de qué disculparte – le tranquiliza Beca con un suave apretón a sus manos todavía unidas –. Pero si quieres contarme lo que ocurre, sabes que puedes – ofrece.
Hace cuatro años, jamás se habría presentado voluntaria para escuchar los problemas de otras personas. Odiaba las lágrimas, creía que eran una señal de debilidad, de ahí que ella misma se cortase cada vez que sentía que estaban a punto de caer de sus ojos. Más todavía odiaba que la gente pensase que le importaba un comino sus vidas. Beca ya tenía suficientes líos como para preocuparse por los de los demás.
Ha evolucionado mucho desde entonces. Ahora jamás se le pasaría por la cabeza levantarse y dejar a Chloe así cuando sabe que hay algo que está molestando tanto a la pelirroja como para reducirla a un lío de lágrimas. Quizá con otra persona se lo pensaría varias veces antes de ofrecer su hombro y su consejo, pero no con Chloe. Porque es… bueno, es Chloe, y esa ya es justificación suficiente para la DJ.
- Me da miedo no saber qué quiero hacer con mi vida – aclara la pelirroja por fin. Se pasa el dorso de la mano por la nariz, sorbiendo –. Todas tenéis vuestros futuros pensados y planeados, y yo no sé nada. Y me siento como una tonta, o una inútil, o una ingenua, por pensar que podía quedarme eternamente en Barden con las Bellas.
- Siempre puedes quedarte, estoy segura de que Emily agradecería la ayuda y sería muy vocal sobre ello – su comentario es capaz de arrancar una húmeda risita a la co-capitana, y la DJ se siente victoriosa por ese pequeño logro –. Pero es cierto que no puedes seguir huyendo de tu futuro, eventualmente tendrás que hacerle frente… Toma el consejo de alguien que se ha pasado gran parte de su vida huyendo de cosas – esboza una sonrisa sarcástica que se disuelve en preocupación –. ¿Dónde está la confianza que tenías en el retiro?
- Probablemente en la basura junto a las tres cartas de rechazo que he recibido – una solitaria lágrima rueda por su mejilla antes de que se la seque con un manotazo.
- ¿Qué? – exclama la morena en shock –. ¿Por qué no me has contado eso antes?
- Me daba vergüenza – confiesa Chloe –, y estabas tan orgullosa de que hubiera aprobado Literatura Rusa que no quería que pensaras que… no sé – se encoge de hombros –, que soy una fracasada o algo así.
- Oh, Chlo – se lamenta Beca. Agarra el rostro de la pelirroja entre cuidadosas manos y la fuerza a mirarle a los ojos –. Nunca pensaría eso de ti – le asegura –. ¿Tienes idea acaso de lo increíble que eres? Quiero decir, mira hasta dónde hemos llegado – señala a su alrededor, al salón de la casa que Chloe consiguió peleano con el rector día tras día, a la estantería donde están expuestos los tres trofeos ganados por las Bellas –. Te das muy poco crédito a ti misma, y demasiado a mí, si crees que habríamos logrado todo esto sin ti. Y fíjate en la nota que has sacado en Literatura Rusa después de cuatro años sin hacer caso en las clases y teniendo que entregar un millar de trabajos atrasados, además de estudiar para otras asignaturas.
- Sí, pero ¿de qué me sirve ahora? El expediente lo es todo para ellos, y en cuanto ven que he suspendido Literatura Rusa tres años seguidos, ni siquiera se fijan en nada más. No merece la pena arriesgarse conmigo.
Una nueva oleada de lágrimas nubla la vista de Chloe y tiene que parpadear para disiparlas y seguir siendo capaz de ver los ojos azul medianoche de la DJ, teñidos de cariño y determinación, sin apartarse ni un segundo de los de la pelirroja.
Es raro estar en esa posición, se da cuenta Chloe. Es ella la que normalmente ejerce el papel que Beca está ejerciendo con ella, el de la persona que calma a la que ve su futuro muy incierto, el de la persona que ofrece su hombro y proporciona soluciones, el de la persona que renueva la confianza de aquellos que lo necesitan. Hoy, sin embargo, se han intercambiado los roles, y a pesar de la forma de ser de la morena, está a la altura.
Claro que Chloe no esperaba menos. Beca es una persona que crece bajo presión. Cuando no le queda más remedio que enfrentarse a una situación y cogerla por los cuernos, ahí es cuando muestra su verdadero yo.
- ¿Sabes cuántas veces le rechazaron a J.K. Rowling el manuscrito de Harry Potter antes de que una editorial se arriesgase a publicarlo? Y mira dónde está ahora, ¡es una de las escritoras más ricas del mundo! – continúa la DJ, y su argumento le arranca una risa temblorosa a la pelirroja –. Si son tan estúpidos como para no quererte, está claro que no saben lo que se están perdiendo… – recoge un mechón cobrizo tras su oreja –. Ya llegará alguien que se dé cuenta de lo maravillosa que eres y les faltará tiempo para darte todo lo que quieras, porque por ti, Chloe Beale, merece la pena arriesgarse.
Dios, ¿por qué Beca tiene que ser tan adorable? ¿Por qué tiene que ponérselo tan difícil a Chloe? Le dan ganas de coger a la DJ por las mejillas y besarla hasta que ambas se queden sin aire y se vean forzadas a separarse. Pero no puede hacer eso, así que se traga el impulso y se seca las lágrimas para ganar un poco de tiempo y recomponerse.
- Gracias, Becs – dice Chloe derrochando sinceridad.
- No se dan – responde ella con un guiño –. Y ahora llama a Aubrey y cuéntaselo todo, seguro que se muere de ilusión si le pides que te haga uno de esos planes de ataque que siempre estaba dándonos cuando era capitana.
- Te apuesto diez dólares a que me suelta alguna frase de las que su padre solía decir – ríe la pelirroja, aceptando el portátil que Beca se ha levantado para recuperar de la mochila y así evitar que la co-capitana tenga que subir hasta su habitación para coger el suyo.
- Ah no, no, no. Nunca apuesto si sé que voy a perder – la DJ extiende las manos en señal de rendición.
Chloe tarda apenas cinco minutos en encender el Skype y llamar a su otra mejor amiga, y mientras tanto la morena se entretiene buscando algo interesante en la televisión que ver hasta que lleguen las demás para comer. El ordenador deja escapar un pitido cuando Aubrey acepta la llamada y otra vez el rostro de la rubia llena la pantalla. Solo que esta vez, la sonrisa que luce su rostro muere cuando toma nota de los ojos enrojecidos de la pelirroja.
- ¿Qué ha pasado? – espeta con brusquedad –. ¿A quién tengo que matar? ¿Ha sido Beca? ¿Te ha hecho llorar ella?
- No, Bree – ríe Chloe, ligeramente conmovida por la sincera reacción de la rubia y calmando a la DJ con una mano en su pierna cuando la siente saltar, indignada, a su lado –. No ha sido Beca, de hecho, si no fuera por ella, ahora mismo seguiría llorando.
La aclaración relaja de forma visible a Aubrey, quien se recuesta en su silla, pero mantiene el ceño fruncido.
- ¿Entonces qué ha pasado? ¿Le has contado ya que…?
- ¡No! – corta la pelirroja, aunque tarde.
Traga saliva al sentir sobre ella la mirada curiosa de la morena, que ha escuchado el comentario a la perfección porque el volumen de la tele no está alto y Chloe no está usando cascos. Hace una nota mental para no volver a usar Skype sin cascos delante de otras personas, así se evita líos como este en el que su mejor amiga le acaba de meter.
- Uy, está a tu lado, ¿verdad?
Beca aprovecha ese momento para meter mitad de su cara frente a la cámara, saludando a la rubia con un bromista: "Hola, tirana de campamento" que es contestado con un cariñoso: "Hola, Hobbit de la Comarca". Cuando la DJ se retira, le lanza una mirada de advertencia a su mejor amiga, un aviso de que por el momento la va a dejar tranquila pero no se va a librar de hablar de ello.
Mientras escucha a Chloe hablar animadamente con Aubrey, la morena le da vueltas a una idea que se le ha ocurrido después de su charla con la co-capitana. Coge el móvil y busca en sus chats recientes.
Emily Heredera Junk
en línea
Tengo una propuesta para ti
Es más bien una idea para la actuación del Mundial
Pero si no quieres, no lo hacemos
Es totalmente decisión tuya
(11:19) O_O
(11:19) Eso suena como mucha responsabilidad
(11:19) Estás segura de que quieres dejarlo en mis manos?
(11:19) Tú misma dijiste que soy bastante torpe :s
Tú piénsatelo, vale?
(11:20) Está bien
(11:20) Qué es?
Usar Flashlight
Y que tú tengas el solo del final
(11:21) QUEEEE?! :O :O :O
(11:21) LO DICES EN SERIO?!
Al 100%
(11:21) OOOOH DIOSSS MIIOOOO
(11:21) SIIII
(11:21) CLARO QUE SÍ!
Jajajaja voy a dejar que lo medites de todos modos
Mañana en el ensayo te vuelvo a preguntar
Beca deja el móvil otra vez en el sillón a su lado y, por primera vez desde que este fatídico curso empezó, tiene la sensación de que las cosas van por buen camino.
Lástima que le dure tan poco.
Acaban de terminar de comer y, extrañamente, es una de las pocas veces en este año que están todas las Bellas presentes. Chloe y Stacie han vuelto a su usual dinámica, ya que el comportamiento de Stacie paró tan repentinamente como empezó, y la pelirroja se siente más tranquila desde que Beca le aseguró que ella era la única con permiso para actuar así. La conversación fluye con facilidad, son todo risas y bromas. Nadie liga con nadie más de lo normal, nadie llora. A pesar de la presión de estar de exámenes finales, el buen humor se palpa en el aire porque todas pueden saborear ya la libertad de estar a punto de terminar.
Al menos, hasta que suena el teléfono de la DJ.
Esta se disculpa, se levanta de la mesa y responde un poco apartada de las demás para poder escuchar a la otra persona sin problemas.
- ¿Qué? ¿Cuándo? – exclama, tan alto que las Bellas dejan de hablar progresivamente y se giran a mirar a su capitana, preocupadas.
N/A: No me matéis, por favor. Recordad que este fic es pura comedia, así que el poco drama que hay, apenas puede considerarse drama.
La versión acústica de Flashlight que menciono en el capítulo es la de Bethany Mota. Escuchadla, merece la pena.
