Capítulo 7: El Dominio Zora

- Muy bien, el dominio de los Zoras está por allí o... - exclamó Navi, aunque algo apenada en esto último - lo que queda de el.

- ¿Qué ocurrió? - preguntó Alana mientras espoleaba a Blacker para que aumenase la velocidad - Recuerdo haber escuchado la historia pero... ¿¡No me acuerdo!?

- No importa.Verás, tú ya debes saber que yo fuí compañera de Link ¿No?

- Pues sí, eso es evidente porque, aunque me hubiera olvidado, lo llevas repitiendo a todas horas, que si Link no se qué, que si Link no se cuál... vamos, continúa. - decía Alana imitándo a Navi.

- No te metas conmigo. - y enfadada se posó en el hombro de Alana y se giró en dirección contraria a ella.

- Como sigas así de delicada, voy a tener que encerarte en una botella para que no te me hagas daño. - y le dirigió una sonrisa seguida de una carcajada corta. - Vamos, no te piques así...

- Vale...pues entonces...¿continúo?

- Si.

- Muy bien. Pues cuando Link cogió a Maestra, quiero decir, la Espada Maestra, adelantó...

- Siete años en el tiempo... - interrumpió Alana. - ya me lo has contado.

- ¿A que no te cuento la historia?

- Cuenta...

- Pues, cuando los adelantó, todo Hyrule estaba en malas condiciones. Donde tú viste a los kokiris, ellos, en su zona, fueron invadidos. El dominio de los zoras, congelado. El Lago Hylia, secado. El Castillo de Hyrule, derrotado. Las Gerudo estuvieron bajo el dominio de las hermanas Twinrova. En Kakariko, aparentemente nada, pero luego vimos que una sombra acechaba Kakariko.

- Vaya, menudos años.

- Ya, pero Link nunca se rindió, salvó los templos y sus respectivos sabios, pero en cuanto encontramos a Zelda, los sabios fueron capturados. Pero Link los salvó a todos, incluída Zelda, y derrotó a Ganondorf, luego...

- ¿Luego qué? - preguntó curiosa Alana.

- Emm... nada. No me hagas caso. - dijo Navi intentando quitar el tema del aire.

- Ahora has empezado, así que síguela.

- ¡Ay! Mira que tarde es, tengo sueño, vamos a dormir.

La verdad, Navi tenía razón, la luna ya había salido hace un buén rato y era lo único que les iluminaba el paso. Alana, como pudo comprobar, Navi era reacia a seguir con el tema, así que Alana dejó de intentarlo, ató al unicornio en un buen lugar cerca del fuego encendido, sacó una manta y se acostó sobre ella. Navi también, en una esquina, pues es tan pequeña que apenas ocupa. Mientras la noche corria, Alana tuvo otro sueño, algo extraño, nada que ver con lo soñado anteriormente.

Estaba en una especie de bosque, había una dama, un hada parecía, con sus hermosas alas diáfanas de un claro color dorado. La joven apenas se veía, tenía un cabello rubio muy largo, le llegaba hasta la cintura, con pequeñas ondulaciones en las puntas. Llevaba un ceñido vestido color amarillo suave, un vestido digno de una reina por su esplendor. La dama comenzó a caminar por el claro del bosque, comenzó a dar pasitos y a entonar una canción con una suave y dulce voz.

Si quieres ir al Lago Curación entona mi canción y escucha con atención.

Una sorpresa llevarás cuando el Lago seco verás.

Pero un enemigo acecha en cada esquina no lo pierdas de vista o perderás a tu amiga.

Pero el enemigo final ya está al acechar no lo subestimes:
un consejo que dar.

El podrá contigo pero entonces viene un amigo.

El, cuyo en sus ropas lleva,
el viento verde de la primavera.

Y cuya espada es un torbellino que disipa las tinieblas.
Cuando acabó la estrofa, la volvió a repetir, una y otra vez, hasta que caminando y caminando llegó a un lago. En el lago, la joven fué hacia el agua y, cuando comenzó a tocarla, caminó sobre ella. Caminó hacia el centro con elegancia. Una vez en el medio del lago una garra la atrapó y la sumergió. El Lago comenzó a secarse y no había rastro de aquella misteriosa joven o de aquella espeluznante garra.

Alana despertó, afortunadamente, por un rayo de sol. Viniste en el momento oportuno´´, pensó. Se aproximó a Navi, la cual dormía en su forma normal. Le susurró que despertara y luego la meció un poco.

- ¿Ya es hora de levantarse? - preguntó la soñolienta Navi desvelándose.

- Si, ya es hora. - y mientras se levantaba, continuó animada - Hoy veremos a los zoras.

- Si quedan... - susurró Navi.

- ¿Qué has dicho?

- Mm... nada. ¿Qué iba a decir yo?

Cada vez está más rara´´, discurria en cuanto subió al unicornio. Navi se puso a volar a su lado, ya estaba cansada de esta sentada. Se dirigieron hacia el este, ya les quedaba poco. Llegaron a un río que les impedía el paso. El caudal era demasiado fuerte como para pasar montados de Blacker, el unicornio no resistiría. Alana desmontó y soltó al corcel. En cuanto toque tú canción vendrás, de acuerdo´´, ello el unicornio respondió con un relincho y se fué corriendo hacia la llanura de Hyrule. Alana cruzó el río, aunque casi la arrastra. Cuando llegaron a tierra, Navi se transformó en humana.

- Tú quédate ahí, Alana, que con mi hechizo de fuego te seco... - decía Navi mientras apuntaba co sus manos a Alana.

- ¡NO! - gritó Alana, recibiendo así una mirada de odio de Navi. - Em... no es que no quiera, es que hace calor y mojada estoy mejor.

- Mm... - y Navi se cruzó de brazos - Bueno, si no quieres que te seque, tú verás.

Caminaron un buen rato por unos senderos algo retorcidos hasta llegar a una catarata. El agua de la cascada caía con mucha fuerza y un estruendo estremecedor. Navi se acordó de esa cascada.

- Tenía una puerta, pero... - y se puso a pensar - ¿cómo se abría?

En ese momento, Alana descubrió un símbolo en el suelo de uno de los caminos hacia la catarata. Se acercó para verlo mejor; eran tres triángulos, juntos formando otro y, a su lado, una inscripción que decía que se tocase la canción de la Corte Real.

- ¿Canción de la Corte Real? - pensó y, al momento sacó su flauta y comenzó a tocar una nana especial. Una piedra salió haciendo que el agua de la catarata desvelase un pequeño agujero.

- ¿QUÉ¿Qé has hecho para que se abriera? - preguntó interesada Navi.

- To... tocar una nana que me enseñó mi madre y que luego recordé en... algún sitio.

- ¡Claro¡La Nana de Zelda!

Alana se encaminó por el pasadizo y Navi, transformándose de nuevo en hada, la siguió. Llegaron a una cueva, un paraíso de hielo: una gran cascada en uno de los lados estaba completamente congelada y parecía un tobogán en medio de aquel paraje. La única antorcha que estaba encendida era una que estaba en un camino, hacia el segundo piso. Alana tenía frío, para ella, era increíble que alguien pudiera vivir allí sin quedar congelado. Sin otra parte a la que ir, Alana decidió ir hacia la antorcha, para calentarse y, de paso, para ver hacia donde conducía. Cuando llegaron a la antorcha ya se sintieron mucho mejor, el frío se les pasó. Navi, que es friolera, se quedó allí un rato; en cambio, Alana, siguió el camino para ver donde llevaba. Llegaron a una sala, dónde una figura gigantesca estaba congelada bajo un hielo estraño, un hielo de color rojo brillante. Se veía una corona sobre su cabeza. Debe de ser un rey o algo así´´, reflexionó Alana mientras, cruzada de brazos, ideaba una forma de sacarlo de allí vivo.

- Quizá es ya tarde y está ya muerto - pensó en voz alta.

- ¡Tú no digas eso del Rey Zora!

Un figura, parecida mucho a Lalin se herguía. Era un zora, uno de piel escamosa, blanca y celeste, como los zoras normales. Éste se aproximó a Alana con cierta furia.

- ¿Quién te crees tú para decir semejante desfachatez de nuestro rey?

- Pues... no sé. ¿Cuánto lleva ahí dentro? Por que si lleva más de dos días...

- Es el Rey Zora, insolente, el es capaz de aguantar años congelado. - tan enfadado lo decía, que parecía un león rugiendo.

- Y... y yo que pensaba que los zoras eran gente que ni en disputas se metía, me cambiaré de idea con este. - susurró para que no lo oyera.

- ¿Qué dices?

- Nada, solo pensaba en alto.

- ¿Qué ocurre, Ticlám? - preguntó una voz femenina con pinta de mimada en el tono.

- Na... nada su majestad. - e hizo una reverencia a quién venía por un camino que había detrás de aquel rey.

- Ticlám¿quienes son estos plebellos que están ahí?

- Maldita sea, ya se dió cuenta - susurró.

- ¿Qué¿Cómo has dicho? - la zora no lo oyó, pero como si lo hubiera hecho - Si te quejas de mi, te aguantas, tú no eres el indicado para hablar mal de mi.

- No hablé mal...

- ¡No interrumpas! Es culpa tuya que mi padre esté así. Link lo decongeló y vas tú, consejero real, y no avisas a mi padre de la llegada de Ganondorf. - le dió un escalofrío en cuando pronunció su nombre - Además, tú no has tenido el coraje de entrar a la Cueva de Hielo a por el fuego necesario.

- Lo siento princesa. - susurró el zora inclinando la cabeza en señal de respeto y perdón. - Por favor perdóneme.

- Habeis dicho que hay antídoto¿no? - interrupió Alana.

- ¡No interrumpas! y... i, he dicho que hay antídoto, es un fuego especial.

- Decidme dónde se encuentra y vuestro padre saldrá de ese estado. Lo único que a cambio pido - carraspeó - es un poco de información.

- La información os será dada, guerrera, a vuestro tiempo. Primero mi padre.

Como para contrariarla con ese humor. La princesa le hizo una seña a la guerrera para que la siguiera. Alana obedeció, Paso de llevarme una bronca con un zora´´, pensaba mientras caminaban por el sendero que había detrás del rey. Alana se presentó mientras caminaban. La princesa dijo llamarse Ruto y el zora, que era el consejero real, Ticlám. Llegaron a un lugar donde hacía frío, mucho frío. El aliento de la guerrera se congelaba nada más salir; Navi, en cambio, estaba perfectamente, se metió bajo el gorro de Alana y solo sacaba, de vez en cuando, la cabeza para mirar. En el lugar había un gran hueco, como si un meteorito hubiese caído.

- Hemos llegado. - digo Ruto contenta - Bien pleb... Alana, es esa cueva de ahí. - y señaló a una cueva en la roca, de la cual sobresalían pequeñas estalactitas y estalagmitas cortantes hechas totalmente de hielo.

- ¿Qué ocurrió aquí, princesa Ruto? - preguntó con curiosidad Alana viendo la hoquedad del suelo.

- Eso por ahora no es de tú incunvencia. Todavía no me fío de tí ¿sabes? Me fiaré si traes el Fuego Azul en esta botella. - la princesa le tendió una botella vacía que Alana cogió.

- Esta bién, no creo tardar mucho, solo voy a por fuego. - decía mientras caminaba hacia la cueva.

- ¡Ja! Eso es lo que piensas tú. - susurraba Ruto mientras volvía al interior, porque allí, hasta ella tenía frío.

Alana entró. El pasaje no era agradable: murciélagos por todos lados; estalacmitas que caían del techo; ratas... Lo de las ratas le pareció extraño, pero bueno, sacó su espada y acabó con ellas cuando le querá robar unas rupias. Caminando por el sendero helado llegó a una sala enormemente grande; las paredes estaban recubiertas de hielo, a lo igual que el suelo y el techo; del techo colgaban más carámbanos de hielo con puntas muy afiladas; lo peor del lugar, para Alana, era la pésima estabilidad que allí mantenía y, en unas cuantas veces, llegó a resbalar. Comenzó a inspeccionar aquello con curiosidad y cautela. Navi, la única vez que salió, le vino bien. La pequeña hada visualizó algo azulado que se movía; era el fuego azul, que bailaba en el pedestal donde se encontraba. Alana se hacercó, mas, advirtió una presencia enemiga. Saltó hacia la derecha a tiempo de esquivar su ataque. Luego, el contrincante desapareció.

- ¿Quién anda ahí? - preguntó Alana mirando a su alrededor. Salvo la ténue luz que su espada emitía y la leve llama azulada, no había otra fuente de luminiscencia.

- Grrrrrr... - gruñó un ser y Alana alzó la espada para bloquear su ataque. Era una especie de lobo, pero se podía mantener a dos patas y su pelaje era brillante y frío como el hielo.

- Es un colmillo blanco. - le explicó Navi poniéndose a la altura del lobo.

- Ten cuidado con...

- No te preocupes, soy demasiado rápida para él. - decía Navi, esquivando facilmente los bruscos ataques de las imponentes garras.

- ¡Pero te digo que tengas cuidado con la garra!

- Y yo que no te preocupes.

- ¡¡La garra!!

- ¿Qué? - Navi se giró, a tiempo de ver a otro colmillo blanco abalanzándose sobre ella y, con un zarpazo, la lanzó contra la pared de detrás de la joven.

- ¡¡Navi!! - gritó ella, dirigiéndose al inmóvil cuerpo tendido sobre la escarcha, recogió su pequeño cuerpo entre sus manos y la llamó.

- ¿Qué ocurre Link? - preguntó el hada, confusa por el golpe.

- Sabes, en momentos como este sí que me gustaría ser Link o, por lo menos, tenerle para ayudarme.

- Em...A...Alana...pro...problemas - tartamudeaba Navi señalando detrás de Alana, quien, se dió la vuelta para conteplar la preocupación de su pequeña amiga.

- Ya... ya veo, comité de vigilancia. Y yo que creia que una llama no tendría que estar vigilada, se vé que me equivoqué. - Alana meditó por un momento, después le susurró algo a Navi, la cual, con el plan, se agitó en señal de aprobación.

- Buena idea.

Y comenzaron a realizar el plan. Consistía en lo siguiente. Navi sabía que los lobos son daltónicos, no distinguen los colores. Ella era una distracción perfecta porque era solo luz, entonces ella comenzó el plan. Se acercó a un par de lobos y anduvo revoloteando por encima de ellos. Mientras, la guerrera se acercaba por detrás con la espada en mano, se preparaba y se lanzaba contra los distraídos lobos, los que huían con el rabo entre las piernas.

- Bien, Navi, sigue así. - animaba la joven.

- No te preocupes, yo no me canso de hacer esto. - y mientras esto decía, volaba en ocho, mareando a un lobo cercano, el cual luego se fué haciendo eses.

Después de un rato de pelea, revoloteos, espadazos y demás, acabaron dejando la cueva limpia de enemigas como una patena. La guerrera se hacercó al medio del lugar y envainó la magistral espada.

- Bien, todo despejado. Buen trabajo, Navi.

- ...

- ¿¡Navi!?

- Buen trabajo... - repetía apenada el hada. - esa frase me la decía Link después de ayudarle. Aaaa...¡qué tiempos aquellos!

- ¿Estás bien? Te veo muy nostálgica.

- No te preocupes por mí, espero que se me pase.

- Bueno, a por el premio. - y Alana sacó de su mochila la botella que Ruto le dió, la pasó por el fuego, y atrapó una llama de color azul. Después, la guardó de nuevo - Ya está¿te vienes?

- Adelántate, yo voy ahora. - dijo deprimida Navi.

- Como quieras.

Al llegar a fuera buscó a Ruto sin encontrarla. Debe estar dentro porque, zora o no, este frío no lo aguanta ni el Yeti´´ pensó la joven, y se sentó al lado de un arbol que había cerca. Se acostó un poco y, al final, esperando a Navi, quedó medio dormida, recordando el sueño anterior. Mientras dormía, dijo un párrafo de la poesía:

- Pero un enemigo acecha en cada esquina, no lo pierdas de vista, o perderás a tu amiga. - movió la boca como si algo estuviese comiendo, después, despertó de súpeto - ¡Amiga¡Navi!

Más ya fué tarde. Ella se levantó rápidamente, desenvainó su espada y corrió hacia la cueva. Al llegar a la entrada, un fuerte viento, que venía de dentro de la cueva, la levó por los aires y la empujó hacia el centro del lago seco. Se tocó la cabeza, le daba vueltas. Mientras, después de la devastadora ráfaga de viento, un cuerpo rodeado por la luz levitaba desde el interior y se acercaba más y más a la guerrera. Ella, todavía en el suelo, lo veía como si de un encuentro se tratara (más o menos, era eso ¿no?). La figura paró de brillar y se posó en el suelo, era el cuerpo de Navi, el cuerpo humano.

- Navi ¿estás bien? - preguntó ella atónita.

- Yo si, tú... - rió malévolamente - dentro de unos segundos ya no vas ni a estar.

- Pero Navi¿no me reconoces?

- Ja, ja, ja. Yo soy Morpha, en anteriores tiempos estaba e mejor forma, por eso reclamo como mío este cuerpo. - decía Morpha a través del cuerpo de Navi.

- ¡Suélala! - gritó Alana. - Tú lucha es conmigo.

- Como desees.

El cuerpo de Navi emitió un fulgor cegador de luz. Cesó, y cuando lo ocurrió, un cuerpo pequeño cayó al suelo. Era la verdadera Navi, el cerpo de hada inerte en el suelo era el de ella. Alana fué hacia ella, pero Morpha, al no tener Navi fuerza suficiente, golpeó a Alana en la cabeza y le arrebató su espada. Alana no toleró que se la quitaran, pero ahora su mayor preocupación era Navi. La llamó y ella reaccionó.

- ¿Qué ocurre?

- Morpha, está aqui, y ¡tiene a Maestra!

- ¿¡Tiene tú espada!? - preguntó estupefacta Navi. - Entonces ¿cómo le piensas vencer?

- ¿No eras tú la enciclopedia parlante? Dímelo tú, no te giba.

- Mm... - Navi comenzó a pensar. - Me acuerdo de algo.

- ¡Dilo! - gritó Alana esquivando uno de los ataques de Morpha.

- Pues... que Morpha tiene núcleo...

- Y...

- Y si le destruyes el núcleo está muerto, es fácil encontrarlo, flota en medio de la masa azul...

- Bien, me dá que todavía no te has enterado de la situación. - se quejó Alana más irritable que nunca mientras, como podía, esquivaba los incesantes ataques de Morpha. - Morpha tiene TÚ cuerpo, MI espada y pretendes que le viviseccione para buscarle SU núcleo. - resaltando las palabras en mayúscula.

- Ah... no me había dado cuenta. Je, je, tiene gracia...

- ¡NO! No la tiene y ahora busca una solución para acabar con este plasta. ¡Ahora!

Alana desesperada buscaba un arma con el que poder defenderse, pues el escudo hyliano no era rival ante la poderosa fuerza de la Espada Maestra que, aún sin brillo, era muy potente. Pronto recordó, miró en su cinturón y vió algo que le dió una pequeña alegria temporal; su sable de esgrima. Tal vez no realmente un arma, pero era mejor que nada.

- Alana, tengo una idea.

- ¿Cuál? Y dila ya que apenas tengo tiempo. - le contestó mientras la Maestra y el sable se cruzaban, Alana, con un poco más de fuerza, logró empujar la espada y a Morpha hacia atrás. Lo tuvo a tiro un momento, pero no llegó a darle y se recuperó. - Maldita sea¿por qué solo va a por mi? Ya podrías ser más original e ir a por Navi...

- ¡Eh! No te pases, chica. - regañaba Navi. - Escúchame bien, en el centro de la espalda tiene una piedra roja extraña, prueba a darle ahí.

- ¿Y cómo? Espera... - meditó un momento - Antes lo ví. Sí, si consigo darle esquinazo, tal vez tenga una oportunidad.

Alana fué esquivando los golpes, uno tras otro, cansando un poco a Morpha. Volvó a haber un choque de espadas, Alana reunió fuerzas y empujó la espada de Morpha para dejarlo indefenso. Pero Alana no atacó, al contrario, Morpha se recuperó rápidamente y embistió, con la Espada Maestra en mano, hacia Alana. Por la rudeza y furia con la que Morpha lanzó el ataque ni se dió cuenta de la trampa. Alana estaba delante de un árbol en el cual, Morpha, quedó clavado e impotente. Alana, con auténtica furia, cogió su sable con fuerzas y lo clavó en el centro de la piedra. Morpha gritó y la piedra estalló en pedazos con un fulgor brillante.

- Me... me las pagarás. - decía él. - Me vengaré.

De la espalda, en el lugar en el que la piedra estaba, comenzó a brotar un líquido gelatinoso de color azul. Alana retrocedió con cara de espanto al ver tal escena. Se situó en el centro de la cuenca. Pero la cosa ahí no acaba, pues Morpha todavía tenía la Espada Maestra en sus manos y todavía no estaba muerto. Se dirigó corriendo hacia Alana, la cual estaba todavía recuperándose de lo ocurrido y se asustó al verlo venir. Morpha...