DELIRIOS DE GRANDEZA
Todo en el mundo tiene que ver con el sexo; excepto el sexo. El sexo es acerca del poder.
Oscar Wilde
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Kuvira tomó agua de la llave del lavamanos y salpicó su cara, con la única intención de mantenerse despierta un par de horas más. A decir verdad, la "gran unificadora" había esperado que su tarea en Zao Fu fuera más fácil, o que por lo menos se encontraría con que la matriarca de clan de metal sería lo suficientemente razonable cómo para no obligarla a estacionarse a las afueras de su ciudad, por tiempo indefinido, sin saber si se enfrentarían en el campo de batalla o no. Tristemente, Kuvira se equivoco, Suyin no le hizo las cosas fáciles, todo lo contrario, su antigua mentora era el único obstáculo que se interponía entre ella y la grandeza.
— Señora — la llamó uno de sus soldados, por lo que Kuvira se recompuso rápidamente, ya que no era su intención dejar ver a sus hombres ningún signo de cansancio ni de debilidad.
— Si — respondió la líder mientras se daba la vuelta.
— La Avatar regresó, dice que quiere hablar con usted nuevamente— dijo el soldado. Por su parte, Kuvira tomó una fuerte bocanada de aire, y trató de calmarse, ya que ella en realidad no quería reunirse nuevamente con Korra, tan solo deseaba unos instantes de paz y descanso.
—Oficial — empezó Kuvira— Dígale que es muy tarde, y que no quiero hablar con ella, si lo desea, puede venir en la mañana — indicó la líder, por lo que el sujeto se limitó a asentir y volvió a dejarla sola en la comodidad de su habitación.
Kuvira tenía una leve sospecha de lo que quería discutir Korra con ella. Posiblemente, la Avatar ya se había dado cuenta de que la naturaleza impulsiva de Suyin, combinada con una peligrosa estupidez, la llevaría a cometer alguna tontería, que tan solo conseguiría que la tregua se viniera abajo. Pero, precisamente aquello era lo que necesitaba Kuvira; que la matriarca del clan de Metal se pusiera al descubierto para que ella tuviera la oportunidad de tomar la ciudad.
— Escuche que la Avatar se encuentra en el campamento, ¿de verdad no piensas hablar con ella? — preguntó Bataar completamente alarmado, quien había acabado de entrar a su tienda, sin siquiera saludar o pedir permiso para hacerlo.
— Buenas noches para ti también — dijo Kuvira en tono de burla mientras terminaba de dar los últimos toques a su cabello. — Y no, no quiero hablar con la Avatar, ya es tarde— respondió.
— Es una locura Kuvira — opinó Baatar. — Korra es uno de los personajes más influyentes del mundo, no puedes rehusarte a hablar con ella simplemente porque no tienes ganas. Si la ponemos de nuestro lado, ella sería una gran aliada — afirmó el muchacho.
— Pero si la tenemos en nuestra contra, se convertirá en una poderosa enemiga — dijo Kuvira de improviso.
— ¡Exacto! — exclamó Baatar, quien de inmediato se mostro contrariado y confundido — pero si es que entiendes esto ¿Por qué no quieres hablar con ella? — preguntó.
— Porque es el momento perfecto para hacerle saber a nuestra querida Avatar, quien fija las reglas del juego. Esto no es una simple discusión, todo lo contrario, vamos a definir como está la balanza de poderes entre las dos, y de algo puedes estar seguro: Yo no seré la que dé un paso atrás, ella será quien siga mis pasos— afirmó Kuvira mientras Baatar la miraba con el seño fruncido.
— Me parece un plan inteligente — aceptó el muchacho. — Pero tendremos que esperar para saber cómo reaccionará Korra al enterarse de que no deseas hablar con ella — dijo Baatar algo nervioso.
— Sé que los informes de inteligencia dicen que está algo débil, y que su estado mental no es muy estable, pero si tiene la mitad del poder que tenía hace años no quiero ni imaginarme lo que podría pasar— continuó el muchacho.
— ¿Crees que no lo he pensado? — preguntó sarcásticamente Kuvira. — sin embargo, lo que vi esta tarde parece tranquilizador. Ella ya no es la misma persona que conocí hace tres años— respondió la líder mientras comenzaba a pasearse por su habitación y a mirar los mapas que tenía adheridos a la pared.
— ¿La recuerdas? — preguntó Baatar con una expresión astuta en el rostro, mientras se sentaba descuidadamente en una silla al otro extremo de la habitación.
— ¿Cómo no hacerlo? — Contrainterrogo Kuvira — era imposible no notarla. Recuerdo que cuando ella hacía presencia parecía que el mundo se detuviera, cómo si todo orbitara a su alrededor, ella era la perfecta representación del poder de los espíritus en nuestro mundo, era imposible no sentirse intimidado y maravillado, a pesar de que aún era muy joven— comentó la mujer.
— Vaya — empezó Bataar algo maravillado, pero nada sorprendido por aquellas palabras— no pensé que la Avatar hubiera causado tal impresión en ti, supongo que ella tenía lo que siempre has querido: puro e ilimitado poder — comentó casualmente.
Kuvira no pudo evitar mirar a su prometido por encima del hombro, pues a pesar de lo mucho que la Gran unificadora creyera tener a Baatar completamente controlado, y comiendo en la palma de su mano, se le olvidaba que él también tenía un par de haces bajo la manga, no muchos, pero incluso una personalidad tan poco notable cómo la de su prometido tenía sus momentos de gloria.
— ¿Me estás diciendo ambiciosa? — preguntó Kuvira peligrosamente.
— Sí — respondió Baatar descaradamente— pero no te preocupes, tu sabes a la perfección que yo también lo soy — continuó mientras dejaba su asiento y caminaba hacía ella.
Kuvira permaneció inmóvil mientras sentía la mano de Baatar deslizarse por su cintura y sus labios en su cuello. Ella no estaba de humor para ese tipo de escenas, pero aquello no importaba, aquel era uno de los tantos sacrificios que estaba dispuesta a hacer para tener a su lado a el que hasta la fecha había sido uno de sus aliados más importantes.
Durante muchos años, Kuvira no había podido encontrar nada en Baatar que realmente pudiera llamarse "destacable", él no era carismático y poderoso cómo su madre, ni inteligente y visionario cómo su padre, a decir verdad, su carácter parecía no ser más que el de un sujeto gris y perfectamente digno de ser olvidado. Pero recientemente, ella había encontrado algo relevante en su prometido: su pura e ilimitada sed de poder, tan solo comparable con la que ella misma sentía, y que lo hacía el aliado perfecto, sin ningún tipo de impedimento moral que pudiera detenerlos en el camino a la grandeza.
De repente, Kuvira sintió que la mano libre de Baatar moverse hacía el botón del cuello de su uniforme, por lo que a la chica no le quedó más remedio que separarlo de ella, poniendo suavemente su mano en el pecho de su prometido.
— ¡Hey! — exclamó Kuvira algo divertida— el hecho de que no quiera hablar con la Avatar acerca de política, no significa que esté de humor para "eso" — comentó.
— ¿Es cierto? Tu siempre estás de humor — se burló Baatar.
— Pero hoy no — dijo Kuvira sin poder evitar sonreír, ya que la acusación de su prometido era desafortunadamente cierta. — Vamos… no me mires así — dijo la chica al ver la expresión sarcástica de Baatar.
— Realmente, no pretenderás que quiera hacerlo contigo en una tienda en la mitad de la nada, completamente cubierta de lodo y polvo, mientras todo un ejército podría escucharnos. Lo lamento, pero yo no planeo darles entretenimiento para adultos completamente gratuito a costa mía — bromeó Kuvira sarcásticamente.
— Buen punto — reconoció Baatar, sin embargo, su mirada no se despego de la líder del Reino de la Tierra, por lo que Kuvira entendió que era el momento adecuado para escapar.
— Voy a tomar aire fresco, a caminar un rato — comentó casualmente Kuvira.
— No creo que sea buena idea, tu sabes perfectamente que mamá podría…— trató de detenerla Baatar.
— ¿Realmente crees que Suyin podría vencerme? — preguntó Kuvira de una manera más arrogante de lo que ella había esperado.
— Tienes razón, no lo lograría— aceptó Baatar — pero no tientes a la suerte, será mejor que no te tardes, y que no descartes la posibilidad de que la Avatar siga insistiendo en hablar contigo— continuó.
— Realmente, no entiendo que quiere esa niña, ya dijimos todo lo que había que decirse, ahora tan solo queda esperar a que Suyin pierda los estribos y arruine todo ella sola — comentó agresivamente Kuvira.
— Sí… supongo que mamá es bastante predecible, pero la Avatar no lo es, así que mejor ten cuidado — le advirtió Baatar.
— Bien, Bien, tendré cuidado — dijo Kuvira quien estaba ansiosa por dar aquella conversación por terminada de una vez por todas.
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Kuvira se interno en el bosque junto a las montañas que rodeaban Zao fu, pues si bien, su ejército se encontraba en la explanada frente a la ciudad, aquello tan solo había constituido una mera muestra de soberbia perfectamente orquestada para que Su yin pudiera ver la magnitud de su poder, Pues, de lo contrario, ella nunca sería tan estúpida cómo para instalar un campamento en aquel lugar tan desprotegido.
Lentamente, con el sonido de sus pasos y la luna como sus únicos compañeros, Kuvira siguió avanzando por la arboleda con mucho cuidado para no tropezar con las ramas de los árboles y los pequeños animales que se movían entre las sombras. Mientras que no dejaba de pensar en el momento en que entrara triunfante a la última ciudad que aún le faltaba por conquistar, finalmente, todo su trabajo, y todos su sueños se verían concretados.
A pesar de todo, Kuvira entendía a la perfección que ella ya no era la misma niña algo ingenua que había dejado la ciudad de metal tres años atrás. En aquella época, lo único que la había movido era un genuino deseo de conocer el mundo por fuera de los domos, de destacarse y dejar de ser uno de los tantos títeres Su Yin, pero mentiría si no reconociera que lo que ansiaba en el presente era tener más poder, ser la Gran Unificadora del Reino de la tierra y ver el mundo desde arriba, demostrar que un simple mortal cómo ella era más que todos esos reyes de la antigüedad, incluso, mucho más que su dichoso Avatar.
En aquel momento, Kuvira no escuchó más que el siseo de los arboles producido por el viento y entendió que el bosque estaba demasiado silencioso para ser normal. De seguro alguien la estaba siguiendo. Por su puesto, la maestra tierra no tardó en darse cuenta de que se trataba de la Avatar. Ella era tan deliberadamente terca que no aceptaría un no cómo respuesta y buscaría una manera de hablar con Kuvira, así tuviera que recurrir a una emboscada.
Ciertamente la Avatar que vio aquel día no era la misma que tenía en su memoria. Aquella niña más parecía un pajarito con una ala rota, que la misma jovencita imponente y algo arrogante que había conocido. Sin embargo, habían detalles en ella que permanecían no haber cambiado, cómo esa mirada azul y completamente pura que le decía sin necesidad de ninguna palabra, que era lo que pasaba por la mente de Korra. A pesar de todo, lo que más sorprendía a Kuvira era la facilidad con la que la manipuló aquella mañana, tan solo hizo falta un par de palabras acerca de cómo el mundo se fue al caos durante su ausencia, para que sus ojos se llenaran de lagrimas y su rostro palideciera.
Pero si había algo que permanecía inmutable era el indescriptible encanto que ejercía la Avatar sobre ella, no importaba que se hubiera convertido en aquella criatura asustadiza y frágil, en el fondo, Kuvira podía sentir el fuego bullir en el interior de Korra luchando por salir.
— Muéstrate, no hay necesidad de que te escondas — dijo Kuvira, por lo que una figura salto desde los árboles y caminó hacía ella.
— Lamento molestarte, sé que ya es muy tarde, pero quería hablar contigo — dijo la Avatar con una amable sonrisa que no podía esconderle a Kuvira que ella sentía miedo de una confrontación.
— Debe ser importante, si llegaste al extremo de seguirme hasta aquí solo para tener una conversación — señaló Kuvira.
— Bueno… sí, en realidad es muy importante— comentó Korra, nerviosa — se trata de Suyin— dijo la chica en tanto Kuvira fruncía el entrecejo al escuchar el nombre la matriarca del Clan de Metal.
— Supongo que ella no está de acuerdo con nuestra tregua — dijo Kuvira firmemente.
— ¡No! ¡Yo no dije eso! — exclamó Korra alarmada.
— Tan solo quería hablar contigo para acordar una reunión con Suyin, tal vez así puedan verse, y arreglar sus problemas— dijo Korra con tono conciliador.
— Arreglar nuestros problemas… ¡Ha! — se burló Kuvira en voz baja mientras que Korra la miraba curiosa.
— Korra— empezó nuevamente Kuvira — ni la intervención del Avatar, ni la de todos los espíritus de este mundo, y los de más allá, lograrán ponernos de acuerdo a esa mujer y a mí— dijo la líder con tono resentido.
— No entiendo, tú eres una buena persona yo te recuerdo así, tu salvaste a mi papá, y apreciabas lo que Suyin estaba haciendo en Zao Fu, de seguro debe haber una manera de lograr un acuerdo— dijo pacientemente la Avatar. En ese momento, Kuvira pensó que era tiempo de jugar sus cartas, y se acercó a Korra muy lentamente.
— Korra— comenzó Kuvira cuando finalmente se encontró frente a ella— sé que tus intenciones son buenas, pero también espero algo de comprensión de tu parte, yo he pasado los últimos tres años en esta tarea unificadora, tratando de llevar paz al Reino de la Tierra, y lo único que me queda es esta ciudad en el medio de la nada, donde una familia cree que puede tener todo el poder, donde ellos son unos pequeños reyes que están más allá de las leyes— dijo Kuvira, y fue ahí cuando vio confusión en los ojos de Korra, de seguro sus palabras habían calado.
— Pero… Suyin no es así, los Beifong son muy buenos líderes, ellos han mantenido la paz en el Zao Fu— defendió la Avatar a Su Yin.
— Puede que sea cierto— aceptó Kuvira — pero, ¿por cuánto más podrán hacerlo? Solo es cuestión de tiempo antes de que en esa familia nazca algún bufón que sea un mal líder, y pretenda hacer su voluntad, mira nada más lo que pasó con la dinastía de la reina tierra, aquello también podría pasar aquí en Zao Fu— sugirió la mujer de forma tal que sus palabras quedaron prácticamente colgadas en el aire como una especie de amenaza, peligrosa e intangible y muy, muy verdadera.
Kuvira se acercó aún más a Korra, tanto, que estaba segura de que ella podría sentir su aliento junto a su piel y su mirada penetrante mientras seguía a espera de una respuesta.
— Korra, debes entender, mi deber es unir al Reino de la Tierra, yo acepté esa tarea. Sé que he tenido que tomar decisiones que muchos consideran algo controversiales, pero son necesarias para mantener la paz. — dijo Kuvira.
— Sí, entiendo — respondió sencillamente Korra bajando su mirada. De repente, Kuvira recordó en donde se encontraban, en un bosque en la mitad de la nada, rodeadas de sobras, y fue el entendimiento de esta circunstancia, lo que le dio a la nueva líder del Reino de la Tierra el valor para dejar ir, aunque fuera por un instante, las riendas de la situación, para dejarse guiar por su deseo más que por su razón.
— Korra tú me entiendes, ¿no es verdad? — preguntó Kuvira.
— Sí, eso creo — respondió el Avatar — yo sé que lo que significa tener que tomar decisiones, y saber que nunca vas a lograr que las personas sean felices, siempre habrá gente que te diga que eres un cero a la izquierda— respondió la chica de una forma tan apasionada y honesta que sorprendió a Kuvira.
— Sí, tu definitivamente me entiendes — afirmó Kuvira, quien decidió hacer un movimiento muy arriesgado, y llevó el dorso de su mano a la mejilla de Korra acariciándola suavemente. La Avatar se puso rígida en cuanto sintió el contacto de su piel con el de la maestra tierra, y la miró a los ojos.
— Por favor, no ataques Zao Fu, sé que podemos llegar a un acuerdo, esto no tiene que terminar en violencia — comenzó nuevamente Korra en un susurro.
— Lo último que quiero es que esto termine violentamente — murmuró Kuvira mientras se acercaba más y más a los labios de la Avatar, quería probarlos, saber si en ellos había toda la pasión que Korra parecía poner en cada una de sus acciones.
— Por favor — pidió nuevamente Korra.
— Todo depende de ti… — concluyó Kuvira casi sin aliento antes de besarla.
La experiencia era justo lo que Kuvira había deseado desde que la conoció, tener a aquella mujer, quien resultaba ser la representación del poder de los espíritus en ese mundo era lo más cercano a la grandeza absoluta. Con este pensamiento en mente, la muestra tierra tomó firmemente las caderas de Korra y la acercó a su propio cuerpo un poco más bruscamente de lo que había pretendido en un principio, al punto que podía sentir su respiración en perfecta sincronía con la suya.
Kuvira paso su mano por el hombro de Korra, y se separó lentamente de ella para recuperar su respiración, sin apartarse del calor que irradiaba. Hasta que sintió las fuertes manos de la Avatar empujarla firmemente para que se alejara de ella.
— Espera un momento — dijo Korra evidentemente molesta— yo apenas te conozco, y según entiendo, te vas a casar con el hijo de Su Yin, esto está mal— afirmó la Avatar.
— Korra tan solo fue un beso, es imposible que a tu edad algo cómo eso te haga ruborizar, no es una propuesta de matrimonio o algo así — dijo Kuvira en tono tranquilizador.
— Si… — afirmó Korra quien evidentemente no se sentía tan segura. Kuvira entendió que aquella era la clave para meterse en la cabeza de la Avatar, jugar con sus inseguridades sería lo más adecuado, después de todo, ella era mucho más joven que la maestra tierra, y se notaba a leguas que aún necesitaba más experiencia.
— Sé que actué por fuera de mis limites, y me disculpo por eso — dijo Kuvira reasumiendo su compostura — pero creí que había algo, después de todo, no me es fácil encontrar a alguien como yo, alguien que entienda lo que significa llevar el mundo a cuestas.
— pero ya no hace falta que tu sola cargues con ese peso — continuó Kuvira — el mundo ya no es el mismo lugar que tu conociste, el mundo cambia , y tu ya no eres relevante como solías serlo — comentó casualmente.
— ¿Tu lo crees? — preguntó Korra con evidente confusión y miedo en su voz.
— Korra… no digo esto porque quiera ser mala contigo, todo lo contrario, creo firmemente que deberías acompañarme, mirar cómo se construye una gran nación desde sus cimientos, entonces, tal vez así entenderás que los simples mortales como yo también podemos hacer hazañas dignas de un Avatar — dijo Kuvira en un tono amable, cómo si sus frases fueran una suave combinación entre una broma y un consejo de un amigo, en tanto ponía sus manos sobre los hombros de la Avatar.
— Dicen cosas horribles acerca de ti— empezó nuevamente Korra mirándola a los ojos — dicen que tienes campos de reeducación, donde haces trabajar a tus opositores hasta que mueren de cansancio, o de hambre. También dicen que patrocinas experimentos médicos con personas vivas, que recurres a la tortura y saqueas los pueblos a los que has llegado — dijo la Avatar con voz ronca, mirando directamente a los ojos de Kuvira, cómo si con ello pretendiera ver más allá de las palabras.
— Tu más que nadie sabes que la grandeza genera envidias, y sobre todo rumores — mintió deliberadamente Kuvira, para quien no era un secreto lo que ocurría en los campos, o los estudios que hacían sus médicos militares—Acerca de ti también se dicen muchas mentiras. Dicen que enloqueciste y por esto escapaste de el Polo Sur, también que no eres la misma que solías ser, que has perdido tus poderes, que los espíritus te abandonaron, ya no eres nadie — insinuó Kuvira. La maestra tierra vio claramente descender los hombros de Korra, y la luz de sus ojos apagarse ligeramente, por lo que entendió que este era el momento de actuar.
— Oh Korra, lo lamento, no quería herir tus sentimientos — dijo Kuvira acercándose un poco más a la chica, y sin despegar sus manos de sus hombros — vamos, no seas terca, acompáñame, y ayúdame, puede que no seas la misma que fuiste en el pasado, pero yo estoy segura de algo se podrá hacer con mi ayuda — continuó la maestra tierra.
Para Kuvira era completamente nuevo sentir un deseo de este tipo, con aquella intensidad, lo único que había despertado en ella tal excitación era la perspectiva de ser la máxima líder del Reino de la Tierra, pero podría hacer una excepción por aquel pajarito con el ala rota que parecía a punto de entregarse a ella. Después de todo, Korra estaba desesperada, y nadie mejor para sacarle provecho a esta situación, tal y como lo hizo con todas aquellas villas miserables que se entregaron voluntariamente a ella.
— Ven conmigo — repitió Kuvira apretando el hombro de Korra con un poco más de fuerza, — yo te puedo ayudar si tú me lo permites — insistió la maestra tierra mientras se inclinaba para besar nuevamente a Korra. Sin embargo, nuevamente fue empujada por la Avatar.
— ¿A cambio de qué? — preguntó Korra en un tono gélido — sí, me ayudarás, pero, ¿cuál será el precio que tendré que pagar? — dijo aún con más fuerza.
— No sé lo que pretendes conmigo Kuvira, pero creo que buscaste el rival equivocado, tu y yo lo sabemos…
— Tú ya no eres relevante, a nadie le importas. El Avatar no es más que una figura del pasado — la interrumpió Kuvira completamente furiosa.
— Y a mí me importa muy poco lo que la gente pueda pensar de mí, y si no soy necesaria, yo soy el Avatar. Puede que no me necesiten, pero no importa, seguiré ahí, una y otra y otra vez, así yo muera, no importa, siempre estaré ahí, y no nos daremos por vencidas — dijo la Avatar en un tono profundo e impenetrable, con unas palabras que Kuvira no alcanzó a entender completamente.
— Creo que no solo estás perdiendo tus poderes, además, estás perdiendo tu cordura. Ahora pareces sufrir delirios de grandeza — comentó arrogantemente Kuvira, pero Korra no contestó, tan solo se le quedó mirándola con sus intensos ojos azules.
Entonces, una especie de revelación golpeó a Kuvira cómo un rayo, porque las palabras de la chica eran ciertas, pues no importaba cuan poderosa y popular fuera Kuvira, cuanto proclamaran sus seguidores estar dispuestos a dar la vida por ella, a fin de cuentas, esa niña aparentemente insignificante, dañada y rota, seguía siendo la Avatar, quien resultaba ser la manifestación de los espíritus en el mundo de los humanos, era la verdadera imagen del poder en su estado más puro, a comparación de ella, la maestra tierra no era más que otra simple persona que trataba de ponerse al mismo nivel de esta misteriosa entidad que generación tras generación había demostrado que no sería vencida por una simple fuerza humana.
Kuvira entendió porque al pasar de los siglos, infinidad de personas trataron de eliminar al Avatar, porque sólo así, lograrían imprimir verdaderamente sus nombres en la historia, demostrar que no eran simples humanos, y que ellos también lograrían hacer que su legado perdurara. Sin embargo, ni los Señores del fuego, ni Chin el conquistador, ni Amon, ni Unalaq , ni ningún enemigo al que se hubieran enfrentado el Avatar habían logrado hacerlo, pero ella sería diferente, Kuvira lo haría lo que ningún ser humano logró antes, ella sería la encargada de eliminar al Avatar de una vez por todas.
— Tú debes darte por vencida Korra, ya no tienes ni la fuerza, ni la habilidad necesaria para pelear contra mi— dijo Kuvira tratando de intimidarla.
— No voy a pelear contra ti, tenemos una tregua, y no seré yo quien conduzca a Zao Fu a una guerra — afirmó Korra luciendo muy diferente al pajarito que Kuvira había encontrado minutos antes.
— Vete — le ordenó Kuvira, quien por primera vez en aquella noche comenzó a pensar que probablemente el rechazo de Korra le dolió de una manera diferente a la que había anticipado.
— Lo lamento mucho, lamento que todo tenga que ser de esta manera— dijo Korra en voz baja y con una mirada cargada de compasión, que le daba a entender que aquella chica jamás podría sentir el mismo deseo que la maestra tierra experimentaba junto a ella, y que liberó toda la ira que Kuvira había contenido hasta ese momento.
— ¡Largo! — gritó la mujer, mientras que controlaba la tierra debajo de los pies de Korra para formar un enorme muro. Sin embargo, la Avatar fue mucho más rápida y saltó a una rama de un árbol cercano, después, la chica desapareció entre las sombras.
Kuvira lucho por recuperar el aliento, mientras extraños e incontrolables sollozos salían de su boca. Era claro que la maestra tierra estaba perdiendo el control de sus emociones, y nada en el mundo le producía más temor que aquello. Todo era culpa de Korra, si ella no fuera quien era, si no insistiera en oponerse a sus planes, si tan solo…
— Suficiente — se dijo Kuvira a sí misma mientras recuperaba la compostura — debes eliminarla — repitió aquella voz interna. Sin embargo, la maestra tierra sabía a la perfección que era más fácil de decirlo que hacerlo, pues, a pesar de estar muy disminuida, Korra seguía siendo la Avatar.
— Tengo que buscar una manera de que ella siga tan débil cómo se encuentra en este momento — resolvió rápidamente Kuvira mientras que finalmente lograba controlar el ritmo de su respiración — solo así lograré destruirla, si ella recupera sus poderes, estaré perdida — pensó.
Era irónico, pero a pesar de la oscuridad del bosque, Kuvira jamás había visto el mundo de una manera tan clara como lo hizo en aquel momento, pues finalmente sabía cuál era el camino adecuado ese que debía seguir a toda costa, el mismo que la convertiría en la gran unificadora y que la ayudaría a de una vez por todas destruir a avatar.
Hola a todos, gracias por leer (a las dos o tres personas que lo hicieron, porque aceptémoslo, no creo que nadie realmente vaya a hacerlo TT_TT) hacía un buen tiempo que no escribía nada acerca de la Leyenda de Korra, pero en cuanto vi el cuarto capítulo de la cuarta temporada fue inevitable hacerlo. Sé que he dicho hasta el cansancio (para aquellos que hayan leído mis fics) que tengo está loca y extraña obsesión con las parejas del bueno y el malo, son extrañas, desequilibradas y hacen excelente porno. Por supuesto, esta no fue la excepción. Con el plus de que Kuvira y Korra son un par de personajes tan interesantes, realmente da placer escribir acerca de ellas, normalmente, le huyo a los personajes taaan aburridamente perfectos, no se puede hacer nada con ellos, no me interesan mucho, y estas dos damas no son perfectas, cada una está un poco loca en su propia manera ( aunque, ¿acaso no lo estamos todos?).
Otro aspecto que me llevó a escribir esto fue la pelea entre Kuvira y Korra, porque ella estuvo tan, pero tan cerca de "cargarse " a la "gran unificadora" si yo fuera Kuvira me estaría obsesionando, cómo fuera mantendría a Korra débil como estaba en ese momento, porque es más que claro que en el instante en que ella logre vencer sus demonios internos, a Kuvira se le acabó la fiesta, supongo que Bryke no mentían cuando decían que en esta temporada el peor enemigo de Korra sería la misma Korra. En fin, no duden en dejar sus comentarios en la casilla de abajo bye.
