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Capítulo VI

Locura

–Entonces, ¿qué quieres hacer? – Jinx se sacó la paleta de caramelo de la boca – Podríamos dar un paseo con Señora Trapeador, Wolfy y Chewy.

–No.

Wally tenía el rostro limpio pero aún se le notaban las mismas ojeras que Jinx le vio en la madrugada durante su breve llamada. Otra vez, parecía tener un humor de mil demonios y no podía entender por qué. Eso era muy raro. Generalmente la malhumorada era ella, había que admitirlo. Pero la noche anterior se habían dicho mutuamente que se amaban y los dos habían terminado su conversación con una sonrisa, ¿qué habría pasado desde entonces? Jinx tenía que averiguarlo, pero antes debía hacerle mejorar su estado de ánimo.

–¿Quieres que deambulemos por el centro de la ciudad? Ahora que lo pienso, me gustaría ver el árbol navideño gigante que acaban de poner.

–No.

Jinx torció la boca. Se le estaban agotando las ideas. Wally tomaba tragos de su chocolate con malvaviscos pero parecía no estarlo disfrutando del todo.

–¿Tarde de películas? Podría pedirle a Linda que me cubra el…

–No.

–¿Salimos a correr? Creo que te vendría bien estirar las piernas y...

–Quiero que pelees conmigo – sentenció con gran seriedad. Jinx abrió los ojos como boba y por un momento no supo qué responderle. Wally estaba sentado y Jinx de pie, así que tuvo que alzar la barbilla para verla directamente a los ojos.

–Desde que nos conocemos peleamos todo el tiempo – Jinx se sentía mal de admitirlo, pero era la verdad –. Es todo lo que sabemos hacer.

–No, no es cierto. Te enojas y discutes, pero no peleamos. Nunca hemos peleado, no desde que te convencí de dejar al H.I.V.E. FIVE.

De acuerdo. Wally tenía un punto y era cierto. No peleaban desde entonces, por lo menos, no físicamente.

Sin embargo, Jinx no sabía muy bien de dónde surgía la loca idea de Wally. Hacía unos minutos se le había escapado decir que iba a terapia con una psicóloga pero se había negado a darle más detalles. Jinx comenzaba a pensar que la psicóloga lo estaba volviendo loco en vez de ayudarle a resolver sus conflictos internos.

–Peleábamos mucho en aquellos tiempos – recordó Jinx. Cuando se conocieron, Jinx estuvo a punto de entregarlo a Madame Rouge. Y luego, en el periodo entre ese momento fatal y el abandono de su antiguo equipo, Jinx había luchado en numerosos encuentros con Kid Flash. Cada uno era siempre menor que el anterior, y el deseo de estrangularlo había ido desapareciendo paulatinamente, sustituido por el deseo de besarlo –. Y no quiero volver a hacerlo. Somos aliados. Estamos en el mismo bando ahora. Eres mi no…

–Debes hacerlo. Tenemos que pelear y tienes que derrotarme.

–¡Estás loco! ¿Por qué querría hacer eso?

–¡Tienes que practicar!

–Hay miles de delincuentes con los qué practicar, gracias.

Wally lucía desesperado. ¿Qué estaba pasando? El muchacho se talló los ojos y soltó un resoplido.

–Ayer, luego de colgarte, conocí a Zoom.

–¿Zoom? – Jinx intentó recordar sus clases de historia en la Academia H.I.V.E. pero maldijo su memoria porque no se acordó de algo verdaderamente útil – ¿Quién es Zoom?

–Así se hace llamar. El tipo que se hace pasar por mí.

Jinx soltó un grito ahogado.

–¿Lo conociste? ¿Por qué esperaste todo este tiempo para contármelo? – le reclamó.

Wally se encogió de hombros.

–No lo admitió pero sé que él es el culpable de todo, y no pude atraparlo. Pero es rápido y se parece a mí.

–¿A qué te refieres con que se parece a ti?

–Su traje, su apariencia física y algo en sus superpoderes. Calculo que puede alcanzar velocidades de hasta ochocientos mil metros por segundo, pero no estoy seguro. Podría ser más.

–¿Cómo sabes eso? Lo de la velocidad…

–¡Es como yo! De alguna manera detuvo el tiempo… No sé cómo. Pero es veloz, podía detener mis golpes. Quiere hacerse pasar por mí, incluso dijo que era mi álter ego. Es una copia malvada de mí mismo.

Jinx trató de entender las palabras de Wally pero quedó confundida; resopló y salió vapor de su boca. Se dio cuenta de que Wally la había transportado hasta un lugar árido donde nevaba y toda vegetación estaba muerta. Estaba ahora, lejos de su cálido hogar.

–¿Qué hacemos aquí?

–¡Pelear! – Wally corría describiendo círculos alrededor de Jinx. Ella ni siquiera podía distinguir su cuerpo, sólo veía haces de colores rodeándola – ¡Si puedes derrotarme a mí podrás derrotarlo a él!

–¡Ya te dije que no quiero pelear contigo! – le desesperaba hablarle y no poder verlo a la cara – ¡En la Torre T tienen salas de simulación! – el torbellino que creaba Wally al correr alrededor de ella la estaba despeinando – ¡Podríamos usar alguna! – Wally no dejaba de correr.

–Yo sé cómo se comporta, será más realista.

–¿Y cómo estás tan seguro? Acabas de conocerlo. Hasta hace unas horas no tenías ni idea de cómo era – reclamó cruzándose de brazos. En aquél frío sentía que se le congelaban los dedos aunque traía puestos sus guantes negros.

–Ya te lo dije, se parece a mí.

–¡Suficiente! – Jinx se desesperó – ¡No pienso lastimarte!

–Tendrás que hacerlo. Derrótame y usa un campo de fuerza nivel cuatro – Wally le aventó un collarín y un control remoto pero Jinx se negó a recogerlos del suelo.

–¡No quiero!

¿Por qué no lo entendía? Sus poderes no eran para jugar a héroes y villanos. Eran mala suerte. Si lo atacaba de verdad podía terminar gravemente herido o incluso muerto. Bastaba con que un rayo se desviara a su corazón y lo detuviera para siempre. Y aunque llevaba años de experiencia controlando su magia, siempre existía el riesgo de que algo malo pasara. En ocasiones habían jugado a atraparse y Jinx había usado sus poderes pero a pequeña escala. Lo que ahora quería Wally era que de verdad intentara hacerle daño, como si fuera su enemigo. No podía arriesgarse a hacerle daño. Lo amaba demasiado.

–Entonces tendré que obligarte – Wally aceleró y comenzó a formar un remolino de aire aún con mayor fuerza que agitó la ropa y el cabello de Jinx. Luego, sintió un tirón de su coleta que le molestó un poco.

–¡Hey! – Wally entonces le dio un pellizco en la mejilla que la dejó adolorida – ¡Déjame en paz!

–¡Pelea!

–¡No lo haré! – sintió un golpe sobre su hueco poplíteo y cayó sobre una rodilla.

–¡Hazlo! – ordenó Wally.

–¡Estás volviéndote loco! – otra vez sintió que la jaló del cabello. Intentó darle un manotazo pero ni siquiera podía verlo.

–¡Quiero que sepas defenderte de mí!

–¡Es de él Wally, no de ti! ¡Tú no eres él!

–¡Si puedes conmigo puedes con él!

Jinx apretó los dientes y los escuchó rechinar, pero pudo controlarse.

–No lo haré – Wally le jaló ambas mejillas de la manera en que hacen los adultos con los niños cachetones. De nuevo, Jinx no pudo darle el manotazo.

–Aunque prometí no hacerlo, sigo coqueteando con chicas – Jinx entendió lo que Wally quería hacer al provocarla con sus declaraciones inoportunas –. Algunas de ellas son bonitas, muy bonitas – Wally no se detenía y como un mosquito zumbaba alrededor de Jinx –. Mucho más bonitas que tú – el velocista le dio un golpecito en la frente.

–¡Detente! – exclamó la hechicera golpeando el suelo con un pie y apretando los puños.

–Me olvido de ti cuando estoy con ellas – Wally le picó en la cintura. Jinx no pudo evitar lanzarle un pequeño rayito que cayó sobre una roca en el suelo. Al instante se arrepintió porque estaba cayendo en la trampa de Wally –. Mi fantasía sexual incluye sólo a la Mujer Maravilla – cada músculo del cuerpo de Jinx se tensó con furia. Sabía que lo que decía Wally eran mentiras para hacerla enojar pero no podía controlarse. Después de todo, sabía que Wally siempre había fantaseado con la Princesa Diana –. Cyborg y yo nos burlamos de tu peinado porque parecen cuernos – Jinx pensó que era muy probable que se estuviera poniendo roja del coraje –. Y concordamos en que estás demasiado flaca como para que alguien más se fije en ti. Eres más plana que una tabla.

Jinx no resistió más. Sintió que sus ojos se tornaron de un color rosa brillante y lanzó una onda expansiva de mala suerte a los trescientos sesenta grados. No hubo forma de que Wally la esquivara así que cayó rodando en el suelo pero se puso rápidamente de pie en un acrobático salto. Jinx quiso lanzarle una bola de magia pero Wally le desvió el brazo con un golpe.

–Muy lenta – se burló. Jinx usó su otra mano para lanzarle rayos pero Wally la apartó de nuevo –. Ya recordé por qué comencé a apodarte Slowpoke – entonces Jinx intentó darle una patada pero Wally la tomó de la bota y le torció la pierna, haciendo que Jinx tuviera que girar su cuerpo y perder el equilibrio pero antes de caer de bruces al suelo giró de nuevo lanzando una patada voladora que en cuanto apenas Wally pudo esquivar haciéndose para atrás –. ¿Es lo mejor que tienes?

Jinx cayó de espaldas y con trabajo giró sobre el suelo justo en el momento exacto en el que Wally taladraba su puño en el suelo donde instantes antes había estado la cabeza de Jinx. Dejó un pequeño cráter en la dura tierra. La chica abrió la boca de sorpresa y sintió su cabello despeinado caer sobre su cara.

«Va enserio» pensó «De verdad quiere que peleemos. Estuvo a punto de hacerme daño».

–He besado a una chica en cada país – continuó Wally con su perorata –. Las latinas besan mejor que tú – Jinx rugió y le lanzó una bola de magia que Wally esquivó saltando alto –. Odio que tu cabello sea rosa – Jinx corrió hacia él y evitó una patada haciendo una voltereta lateral. En cuanto sus pies tocaron el suelo, Wally volvió a arremeter contra ella y entonces todo se volvió un mundo de golpes, patadas, saltos y caídas. Jinx llevaba las de perder en el combate cuerpo a cuerpo porque Wally le daba cincuenta toques (aunque podía, no la golpeaba) por cada dos que detenía Jinx. Así que saltando hacia atrás se alejó como pudo –. Me encanta la fragancia de Linda a vainilla, y la de Raven a moras – Jinx lanzó una lluvia de rayos cargados de mala suerte, con la esperanza de que alguno cayera en su lindo rostro bañado de pecas pero él las evitó todas –. Me avergüenza admitir que salgo con una ex villana. ¿Te imaginas el tipo de reputación que me ganaría? – Jinx apuntó al suelo y abrió una grieta que logró tumbar a Wally. Entonces le lanzó una bola rosada y lo escuchó quejarse de dolor, pero no lo suficiente porque pronto volvió al combate –. Me humillaste en la carrera y te fuiste sin decirme a dónde – Jinx lanzaba rayo tras rayo y Wally corría en zigzag para evitar ser alcanzado aunque de vez en cuando alguna chispita residual lo lastimaba –. Una hermosa chica rubia se acercó para consolarme y esa noche me acosté con ella – Jinx se detuvo súbitamente y una idea le atravesó la mente. Entonces supo exactamente cómo lo derrotaría –. Tenía el cuerpo de una diosa y lo hicimos toda la noche.

–¡Eres todo un caballero! – exclamó Jinx dolida. Se dejó caer al suelo, abrazó sus rodillas y escondió la cara entre ellas. Agitó su cuerpo rítmicamente y logró quebrar su voz – Yo siempre te quise y te respeté.

Se hizo el silencio en el campo de batalla. Tan sólo se escuchaba el viento soplar y sólo sentía los copos de nieve humedecerle el cabello. Se sorprendió a sí misma cuando notó que no le costaba nada de trabajo humedecer sus ojos con lágrimas.

–¿Jinx? – la hechicera no respondió – ¿Jinxy? – dejó escapar un gemido lo suficientemente alto como para que Wally lo escuchara. Oyó sus pasos acercándose a ella – Todo lo que dije es mentira, Jinxy – la tomó suavemente por los hombros y la obligó a ponerse de pie para abrazarla pero Jinx se zafó con un movimiento brusco y no permitió que le viera la cara –. Lo dije para provocarte. Sólo quiero que estés lista para Zoom porque no quiero que te haga daño – le puso una mano en el hombro y Jinx lo agitó para quitárselo de encima –. Yo jamás te engañaría. Lo siento mucho. De verdad. No pretendía lastimarte tanto.

–No – Jinx giró con lentitud y disfrutó enormemente la cara de culpabilidad de Wally al ver las lágrimas correr por el rostro de ella. Wally se las secó con su guante de lana. Jinx lo tomó del cuello con delicadeza –. ¡Soy yo quien lo siente! – entonces descargó una ráfaga de mala suerte en su cuello que le recorrió toda la espina dorsal y lo dejó milésimas de segundo paralizado. Jinx pudo ver sus ojos abiertos de par en par y su expresión de pánico antes de patear su pierna y escucharla crujir bajo su bota de plataformas. Supo que la había quebrado. Wally gritó de dolor y cayó al suelo de espaldas. Jinx se posicionó sobre su tórax para inmovilizarlo y rápidamente le puso un collarín de metal – Ahí tienes tu campo de fuerza nivel cuatro.

–¡Tregua!

–No – Jinx tomó el control remoto del campo de fuerza y se lo enseñó a Wally –. Como en los viejos tiempos, querido.

–¡Piedad!

Jinx lo tomó de su suéter tejido y lo hizo levantarse unos centímetros. El movimiento debió haberle dolido mucho pues su grito desgarró el ambiente hasta entonces silencioso y unos pájaros a la distancia volaron despavoridos. Jinx volteó hacia atrás y se sintió un poquito culpable al notar la pierna del velocista en una extraña contorsión y darse cuenta de que la fractura había sido abierta pues todo estaba lleno de sangre y se podía ver su hueso. Entendía por qué le dolía tanto.

–Admite que yo gané.

–¡Ganaste!

–No volveremos a jugar a pelear.

–¡No fue un juego!

Jinx lo zarandeó y seguramente una oleada de dolor atravesó al pobre Wally.

–¡Dilo!

–¡No fue un juego! – insistió tercamente – ¡No quiero que te lastime! ¡Debes estar lista y vencerlo como me venciste a mí!

–¡No pelearemos de nuevo!

–¡Lo haremos! ¡Mañana y pasado mañana! – Wally se quejó de dolor y contrajo toda su cara en una mueca de verdadero sufrimiento – Mañana seré más veloz y más molesto. ¡Y tendrás que derrotarme en menos tiempo!

–¡No lo haré!

–¡Debes hacerlo! – Wally se removió bajo el cuerpo de Jinx y la chica casi se sintió mal por estarlo atormentando tanto –. Sabes que curo rápido. Si dejas mis huesos así, calcificarán mal y tendré la pierna torcida de por vida.

–Nada que otra fractura no pueda solucionar, Wally – Jinx se inclinó sobre él, le quitó el pelo de la frente, le limpió el sudor de la cara y depositó un suave beso sobre sus labios.

El muy idiota se sintió con ánimos de bromear.

–¿Es así como se siente el sadomasoquismo? – su risa le trajo otro acceso de dolor.

–Odio verte sufriendo – Jinx se reclinó más, le mordió el labio inferior y luego lo beso con más pasión. Al final de algunos segundos alejó su rostro –. No pelearemos de nuevo y punto.

Le ayudó a reacomodar su pierna y llamaron a la Torre T para pedir que los rescataran, ya que Wally no estaba en condiciones de correr.

No quedó ningún resentimiento entre ellos dos.

Por la noche, había curado completamente e incluso corrió a su casa para conseguir más chocolate caliente y pan dulce, pero Jinx insistió en que debía tener el yeso por lo menos doce horas más.

Estaban en el departamento de Jinx viendo su serie favorita en la televisión. Wally estaba sentado en el sillón y Jinx estaba hecha bolita bajo su reconfortante abrazo. Habían parado ya de discutir sobre si tendrían de nuevo o no su sesión de pelea y mientras tanto, buscaban algo que los distrajera del mundo externo cuando sonaron sus comunicadores T. Ambos abrieron el suyo respectivamente y vieron la cara de Robin.

–Será mejor que vean las noticias. Ya – dijo el líder de los titanes al otro lado del comunicador.

Jinx tomó el control remoto del televisor y cambió de canal con gran velocidad.

Aviso de última hora: misiles alrededor del mundo han sido lanzados sin consentimiento de las autoridades gubernamentales – Jinx se enderezó sobre su asiento –. Expertos intentan calcular el sitio de impacto de cada uno para poder evitar pérdidas humanas. Se dice que esto podría terminar con más de la mitad de la población mundial – los chicos se lanzaron una mirada mutua de horror. Wally se puso de pie, listo para poner manos y piernas a la obra –. Reportan que todos han trazado misteriosos mensajes en el cielo. Les rogamos mantengan la calma y atiendan las indicaciones de las respectivas autoridades al mando.

Jinx sintió que se le paralizó el corazón y se le congelaron los intestinos cuando transmitieron la imagen del mensaje en el cielo que todos los misiles habían dejado en todo el mundo. Se sintió enferma y rogó que aquella broma cruel fuera sólo una terrible pesadilla de la que quería despertar ya.

ERES LA ÚNICA