Disclaimer: no poseo ni HP ni sus personajes.
No permito que nadie utilice esta historia, en ningún sitio, y tal.
Terror
-Era un sábado frío en Gran Bretaña. Con motivo de la celebración del "Torneo de los Tres Magos" los alumnos habían sido autorizados a hacer una visita a Hogsmeade, de esta manera se pretendía seguir fomentando la buena relación entre los distintos colegios.
Hermione Granger no tenía ganas de ir a ningún sitio, no tenía ganas siquiera de existir, llevaba días durmiendo muy mal, y las pocas horas que tenía libres las pasaba intentando estudiar. Su encuentro en la Biblioteca con Draco Malfoy la había dejado tocada, las palabras crueles del rubio habían atravesado su cerebro, hasta bajar a su corazón para retorcerlo. ¿Y si ella se había equivocado y se había metido con él injustamente, tal y como él hacía con otros desde hace años?
"No, aunque él tuviese razón, esa rata se merece que se metan con él hasta por su ridícula forma de caminar."
Nunca habría pensado que Malfoy estuviese interesado en leer algo, sacaba buenas notas, pero parecía que lo hacía solamente por la obligación de ser brillante que su sangre pura y apellidos le imponían.
"Vaya…"
Hermione jugaba con uno de los mechones de su cabello mientras daba vueltas en su amplia cama, casi todos sus compañeros de casa se habían ido ya de los dormitorios de Gryffindor hacia el pueblo. Les había dicho a sus amigos que no se encontraba bien y que fueran sin ella, que se lo pasaran bien.
"Ojalá pudiera pasármelo bien también, pero parece que los planetas se han alineado para fastidiarme…"
Decidida a no amargarse demasiado, pensó en ir hasta la biblioteca para comprobar si su persona favorita había devuelto el libro que con tantas ansias quería leer. A medida que avanzaba por los pasillos de Hogwarts apenas veía a nadie, los pocos que se habrían quedado allí estarían probablemente estudiando.
Mientras iba caminando, divisó a lo lejos un pelo rubio a cuyo dueño fácilmente podía identificar. Draco Malfoy se movía, con paso lento, en dirección contraria a ella y se lo iba a cruzar en cuestión de minutos. No se lo podía creer, sus manos apretadas habían comenzado a sudar, y sus ojos no se podían quitar de encima de él.
Cuando el chico pasó por su lado sin inmutarse, podríamos decir que Hermione se sintió algo decepcionada. La cara del slytherin no había mostrado ningún tipo de emoción.
"¿Se puede saber qué hace este en el colegio un día como hoy? No lo acompañan ninguno de sus amigos… ¿Estará planeando algo ahora que hay poca gente? ¡¿Y si tiene que ver con "El que nunca debe ser nombrado"?!"
Rápidamente sintió como si las voces de Harry y Ron le estuviesen diciendo que lo siguiera. Estaba segura de que si sus amigos estuviesen ahí no les habría faltado tiempo para desconfiar de Malfoy y averiguar hacia donde se dirigía. A pesar de que tenía un mal presentimiento, no pudo evitar dar la vuelta y seguirlo desde una distancia considerable.
El muchacho iba ahora con paso firme y rápido, alejándose cada vez más del corazón de la escuela. Ya no había alumnos por los alrededores, podía afirmar que estaban solos, ella y él. Hermione no pudo evitar que esa situación le recordara a aquella ocasión en que se habían reunido en un aula abandonada… ahora mismo atravesaban un pasillo inutilizado.
De repente, Draco Malfoy se detuvo en seco. La chica, con algo de miedo se escondió detrás de una columna, asomándose levemente para no perderlo de vista. Estaba muy nerviosa, pero en el fondo sabía que estaba haciendo lo correcto.
-Estúpida.
"No, ¡no puede ser!"
Las piernas de Hermione comenzaron a temblar estrepitosamente, y sus manos se dirigieron rápidamente a su boca, para contener el grito que quería salir de ella. Se encontraba totalmente pegada a la pared, quería fundirse con la piedra, desaparecer de ahí. Ya no podía ver a Malfoy, pero oía perfectamente como sus pasos cada vez resonaban más cerca de ella.
Presa del miedo, su mano derecha había conseguido bajar hasta uno de sus bolsillos para coger su varita. La apretaba fuertemente, no iba a dudar a la hora de usarla. Esta vez estaba sola ante el peligro.
Fue entonces cuando frente a ella se alzó el mago, imponente, con el semblante frío, pero con unos ojos que ardían y que la quemaban, un fuego congelado, un gris que se había derretido.
-No te acerques – dijo ella, con una voz temblorosa, totalmente distinta a como se esperaba.
-¿Por? ¿Tienes miedo?
Las piernas de Draco Malfoy estaban encajadas entre las de ella, notaba su respiración sobre su cabeza. En un rápido gesto, intento levantar la mano con la que empuñaba la varita para apuntarlo con ella, pero cuando se dio cuenta, era la de él la que se clavaba en su tierno cuello.
-¿Te crees que soy idiota, Granger? ¿Crees que puedes seguirme sin que me dé cuenta? ¿Crees que puedes intentar atacarme sin que me entere? –susurró el chico, lleno de rabia, escupiendo sus palabras cargadas de odio, haciéndole daño-. ¿De esta forma me subestimas? ¿Sabes acaso todo lo que sé? ¿Todo lo que me han enseñado, que tú nunca conocerás? ¿Te imaginas lo que he visto? ¿Lo que mi familia me ha mostrado?
-Apártate, Malfoy, apártate o te juro que…
-¿Qué, Granger? ¿Qué vas a hacer, llamar a Potter? ¿Vas a invocarlo? O mejor aun, ¿vas a enfrentarte a mí? ¿Crees que puedes hacerlo?
Ahora el chico sonreía, era una sonrisa macabra, una sonrisa de alguien que sabe que te puede hacer mucho daño, de alguien que nunca ha mostrado todo lo que puede dar de sí, de alguien que se ha criado entre Magia Negra.
-Ten cuidado, Granger. A lo mejor llega el día en que tus aires de defensora del bien te llevan a la muerte.
Con los ojos cerrados, notó como el cuerpo del rubio se alejaba de ella con tranquilidad, y como la presión ejercida por su varita liberaba su cuello. Draco Malfoy se había ido, y ella solo pudo dejarse caer al suelo. Sentada, con las piernas temblorosas recogidas y sus brazos en torno a ellas, llorando.
Hola a todos, espero que os haya gustado este capítulo ^^
Luego lo revisaré de nuevo por si hay algún fallo, lo he subido lo antes que he podido...
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