Bien, aquí les traigo el capítulo número seis de esta nueva versión. Como siempre, solo quiero aclarar que los personajes de CCS no me pertenecen, pero si los otros personajes que vayan apareciendo al transcurrir la historia y que esta historia surgió de mi completa y entera imaginación. Comencemos…

La luz que me guía en la oscuridad.

Capítulo 6 – xxxxxxxxx

La suave melodía del "Himno a la alegría" se escuchaba en el salón. A pesar de tener un poco más de dos meses recibiendo clases, Hitomi había avanzado muchísimo y ahora podía tocar sin errores piezas como esa. Una sonrisa orgullosa surgió al disfrutar de su suave ejecución.

—¿Qué tal? —preguntó su voz cantarina cuando llegó al final.

—¡Tocaste muy bien, Hitomi! —dijo Kai emocionado y no podía estar más de acuerdo.

—Es cierto. Tu ejecución fue casi perfecta. Me siento orgulloso, pequeña gánster —le dije.

Soltó una carcajada contagiosa y, tanto Kai como yo, nos unimos a ella.

—Bien, ya que ambos han cumplido con sus asignaciones, les asignaré una nueva partitura —dije acercándome a la mesa—. Kai, quiero que intentes tocar "Para Elisa" creo que ya estás en condiciones para hacerlo.

—¿Está seguro? —preguntó nervioso—. Se ve algo complicada.

—Estoy completamente seguro que lograras hacerlo —dije tanteando hasta que logré ubicar su cabeza y alboroté su cabello—. En cuanto a ti, Hitomi, quiero que intentes tocar "Claro de luna".

—¡Sí señor! —dijo y me la imagine haciendo porte militar.

Cuando finalizamos, ambos salieron corriendo del salón y yo me quedé atrás recogiendo algunas cosas. Tomé mi maletín y al salir del salón, me encontré a Kaho y Sakura que también iban saliendo.

—¡Shaoran! Qué bueno que te veo —dijo su voz cantarina—. Quería agradecerte por haberme hecho la suplencia con Sakura. Avanzó muchísimo gracias a ti.

—Ahm… en realidad yo no hice nada —dije apenado.

—¡Claro que hiciste! —escuché decir a Sakura—. Gracias a ti pude tocar la pieza que había estado practicando con la profesora Mitsuki.

—Lo hiciste por ti misma —dije, sonriéndole—. Yo solo aclaré tus dudas.

—¡No es cierto! Me ayudaste mucho y también me tuviste mucha paciencia.

«Pero que terca es…» pensé sonriendo.

No iba a ganarle, así que la dejé ganar por esta vez.

—Bueno. Ambos deben ir a casa —dijo Kaho—. Y recuerda repasar la nueva asignación, Sakura.

Ella le respondió con un tímido "sí" y luego Kaho nos dejó solos. A pesar de haber salido juntos ayer, aún no me acostumbraba a estar a solas con ella. No era que estuviera nervioso o algo así… solo era… Diablos ¿A quién engañaba? Sí estaba nervioso, pero no era por algo en especial, solo que no tenía nada de qué hablar con ella y no me agradaban los silencios incomodos. Solo era eso.

—¿Cuál pieza te asignó?

—Preludio… de Bach —dijo—. Le di una ojeada a la partitura… y parece algo complicada.

—No lo es tanto —le animé—. Si quieres… podemos discutirla y podemos comer unos helados… de camino a casa.

«¡Mierda! ¿Cuándo habíamos cambiado de papeles?» pensé azorado.

—¡¿En serio?! —preguntó sin disimular ni un ápice su emoción.

Asentí porque su cercanía había hecho que un nudo se instalara en garganta. No recordaba cuando fue la última vez que me había sentido así de cohibido con una mujer.

Hitomi nos esperaba en la entrada de la escuela en compañía de su hermana, solo faltaba buscar a Kerberos y juntos emprendimos camino a la heladería. Aproveché el momento para indicarle a Sakura que señalara los compases donde seguramente tendría algunos problemas y uno que otro consejo a la hora de sentarse a tocar su pieza. Preludio era una de mis favoritas y podía tocarla de memoria. Muchos decían que se trataba de una melodía triste, pero era hermosa y solo si la estudiabas bien, si captabas los diferentes matices y dejabas que el piano transmitiera la emoción de sus notas, se podía apreciar su verdadera belleza.

Llegamos a la misma heladería del día anterior y cuando quise invitarles el helado, la señorita Daidoji insistió en que era su turno de invitarnos… mi pregunta era… ¿Por qué debía invitarme a mí también?

—Tu hermana es muy… —intenté decirle a Hitomi cuando nos quedamos solos en la mesa.

—Mandona —completó mi frase y estuve de acuerdo.

—¿Puedo hacerle una pregunta?

A veces no sabía si debía aceptar o no sus condenadas preguntas. Hitomi me caía bien, era una niña excepcional y muy aplicada, pero también tenía su lado Daidoji y era bastante dictatorial y… curiosa, en especial con cosas de mi vida privada.

—Bien, pequeña gánster. Dispara —dije cruzando mis brazos, esperando su pregunta.

—Usted ya debe saberlo, pero es un hombre muy atractivo…

«¿Y eso a qué viene?» pensé, mientras tosía nervioso.

—Y eso me lleva a preguntarle… —continuó y me sentí bastante intimidado ¡Por dios! Era una niña de diez años—. ¿Tiene novia?

«¡¿Y por qué diablos quiere saber si tengo novia?!» pensé y enseguida mis mejillas se encendieron.

Escuché su carcajada y entendí que se estaba burlando de mí. Condenada mocosa… aun así me seguía cayendo bien. No podía evitarlo.

—Vaya. Parece que se están divirtiendo.

Suspiré aliviado cuando escuché la voz de Daidoji, literalmente me había salvado de la pequeña curiosa que estaba empeñada en averiguar mi vida completa.

—El profesor Li es muy gracioso —dijo—. Gracias por el helado, hermanita.

—Shaoran, aquí tienes el tuyo —dijo Sakura—. Y traje algo para Kero también.

Agradecí con una sonrisa y metí la primera cucharada del helado a mi boca. Era de chocolate con sirop de chocolate. Tuve que controlarme para no gemir, pero no era mi culpa, el chocolate era mi debilidad.

—Por cierto, profesor Li —llamó mi atención Daidoji—. No sé si se lo han comentado, pero sonrojado se ve divino.

Volví a toser incómodo y mis mejillas volvieron a incendiarse. Las hermanas Daidoji iban a acabar conmigo algún día… de seguir así.

—Es cierto —concordó Hitomi—. Yo lo hago sonrojar a cada rato cuando estamos en clase ¿Verdad, profesor Li?

—Eso es porque eres una niña astuta. Demasiado astuta —dije, desviando mi rostro hacia otro lado. Las risas no se hicieron esperar.

—Es que, si somos sinceras, nosotras tenemos un doctorado en hacer sonrojar personas. Sakura ha sido nuestro sujeto de pruebas desde siempre —dijo Daidoji.

Sakura, como si hubieran dicho algo horrible, gritó azorada para callar a su prima. Se entabló una discusión entre ellas, o más bien, era Sakura quien discutía con sus primas, tratando de callarlas para que dejaran de avergonzarla. Aunque si me pedían mi opinión, no tenía por qué, se notaba a leguas cuan valiosa era ella para sus primas y eso me enterneció.

—Pero volviendo al asunto, profesor Li —¡Rayos! El tono que había usado Hitomi no me agrado nada—. No me contestó lo último que le pregunté. Vamos, vamos… res-pon-da.

Pensé que había logrado salir airoso de ese encuentro, pero la condenada mocosa no estaba dispuesta a dejarme tranquilo.

—¿Qué le preguntaste, Hitomi? —preguntó su hermana.

—Le pregunté si tenía novia —dijo tranquila y escuché a Sakura toser.

«Tranquila. Yo reaccioné igual» pensé, tratando de pensar cómo podía zafarme de responder.

—Hitomi, esas son cosas privadas… —dijo Sakura—. No deberías preguntar ese tipo de cosas …

—Vamos, Sakura —dijo resoplando—. Seguro tú también quieres saber.

«Esa pequeña menté maestra no va dejarme tranquilo»

—¡Ah! ¡Te ves preciosa! —gritó Daidoji llamando mi atención—. Nunca te habías sonrojado tanto. Esto tengo que grabarlo.

«¿Grabarlo?» pensé confundido.

—Vamos, profesor Li —volvió a insistir Hitomi—. ¿Tiene novia? ¿Sí o no?

El silencio a mi alrededor me hizo sentir nervioso. Nada iba a salvarme… por lo menos esperaba que no me preguntara nada más en cuanto a eso… Solté un suspiro y respondí.

—No tengo novia…

—Pero que aburridos —dijo resoplando—. Ninguno de ustedes tiene pareja. Son un trío de solteros.

—Me da miedo preguntar, pero… ¿Tienes novio hermanita?

—Por supuesto —dijo con calma y si pudiera ver… posiblemente los tres tendríamos la misma expresión de sorpresa—. Se llama Koichi y va en mi salón. Es más, el otro día me trajo chocolates y me dijo que era la niña más linda. Deberían aprender de mí.

De verdad que los niños de ahora eran mucho más osados… y no sabía si eso era realmente bueno.

Me despedí de las chicas, no sin antes recordarle a Sakura lo que habíamos hablado de la partitura. Esperaba que pudiera superar su dificultad y poder escuchar su interpretación del Preludio pronto.

Los siguientes dos días fueron muy… interesantes. Después de salir de la escuela, las chicas y yo habíamos tomado la costumbre de ir por un helado y discutir sus dudas acerca de la música, incluida Daidoji que aprovechaba el momento de preguntarme algunas cosas que no le quedaban claras cuando su profesora de coro se las explicaba. Eso me hacía sentir bien y… podría decirse que útil, pero más que todo, aceptado.

También, esta mañana había recibido la llamada de mi prima Meilin, confirmándome que estarían aquí para mi cumpleaños. Desde que me había mudado a Japón, no habían faltado a ninguno de mis cumpleaños, pero no me habían dado seguridad de que iban a poder venir este año. Por eso, me había alegrado mucho cuando la escuché decir que vendrían, ansiaba poder compartir con ellos.

—Profesor Li, ya llegué —escuché la voz de Hitomi—. Disculpe la tardanza.

—No te preocupes, Hitomi —dije tanteando hasta que logré llegar hasta su cabeza para revolver su cabello—. Pero debemos empezar ya. —Y le sonreí.

Antes de girarme, escuché el tímido saludo de Sakura. Una sonrisa se coló en mi boca y respondí su saludo. A pesar de haber interactuado un poco más, Sakura aún se sentía nerviosa cuando yo estaba presente. Varias veces me encontré preguntándome el motivo, pero tampoco iba a preguntarle porque estaba seguro que se sentiría incomoda y mucho más avergonzada.

—¿Cómo vas con Preludio?

—Mejorando —dijo con voz temblorosa—, pero aun no logro completarla.

—¿Serviría de incentivo decirte que deseo poder escucharte tocarla? Es una de mis favoritas.

Escuché claramente cuando retuvo el aire. No le veía nada de malo sincerarme con ella. Realmente deseaba poder escuchar una de mis piezas favoritas ejecutada por sus manos. Aunque quizás… la forma en la que lo dije no había sido la correcta.

—Pues… —dijo llamando mi atención—. Creo que… creo que le pondré más ganas entonces.

—Me alegra escuchar eso.

—Por cierto, Shaoran —dijo nerviosa aun—. Hoy no podremos ir al parque después de clases porque… debo comprar un material en el centro comercial. Iré con Tomoyo.

Eso me desanimó un poco. Me agradaba el ambiente que se formaba cuando salíamos de clase juntos… Y me refería a los cuatro, no solo a nosotros dos.

—No te preocupes —le dije tosiendo—. ¿Se trata de alguna tarea? —pregunté tratando de enfocarme de nuevo en la conversación.

—No… —dijo haciendo una pausa—, pero es algo que debo hacer para el lunes. Espero me salga bien porque no soy buena con las artes manuales.

—Si te esfuerzas, estoy seguro que te quedara bien —le animé.

Ella me agradeció sinceramente y luego nos despedimos para empezar con una nueva clase.

Hitomi y Kai avanzaban maravillosamente y no podía evitar sentirme muy orgulloso de ellos, en especial por Kai. Había tenido razón al pensar que Hitomi sería un gran incentivo para él. Se habían vuelto muy buenos amigos, pero también había nacido entre ellos una competitividad sana que los hacia avanzar.

—Ambos estuvieron muy bien —dije sonriendo—. Si siguen así, dominaran sus piezas dentro de poco tiempo.

—Me ganaste hoy —dijo Hitomi, resoplando y Kai solo rio en respuesta.

Salimos del salón y la madre de Kai y Daidoji ya nos estaban esperando. El niño le contó a su madre de sus avances muy emocionado, recalcando especialmente que le había "ganado" a Hitomi.

—Pues yo apuesto que en la próxima clase te ganaré —dijo Hitomi.

—Acepto tu reto.

—El perdedor comprara chocolates al ganador por una semana.

—Trato.

—Ya niños —intervino la madre de Kai—. No peleen.

—No estamos peleando, señora —dijo Hitomi, risueña—. Somos amigos y los amigos hacen apuestas como esta ¿Verdad, Kai?

—Ehm… sí… Claro que sí.

Ese tonito llamó mi atención. No era un experto en el tema y tenía la desventaja de no poder ver su expresión, pero la inseguridad y ese pequeño titubeo de su voz me indicaba que quizás Kai no estaba viendo a Hitomi con ojitos de amigo.

«Estos niños…»

Kai y su madre se despidieron de nosotros y a los pocos segundos, escuché la suave risa de Daidoji a mi lado.

—¿Por qué te ríes? —preguntó Hitomi, molesta.

—Por nada, hermanita —dijo sin dejar de reír—. Solo que me he dado cuenta que eres observadora cuando te interesa. Del resto, eres igual de despistada que Sakura.

Escuché a Hitomi retener aire indignada y no pude evitar reír junto a Daidoji. Su comentario no me había dejado duda, teníamos a un pequeño enamorado en el grupo.

—Disculpen la tardanza.

La suave voz de Sakura se escuchó y calmamos nuestra risa.

—No te preocupes, prima —dijo Daidoji—. Este tiempo fue bastante… revelador para el profesor Li y para mi ¿Cierto?

—Totalmente.

—¿Por qué pienso que ese asunto tiene que ver conmigo? —preguntó molesta Hitomi y volvimos a reír.

—¿Me perdí de algo?

—Luego te cuento —dijo Daidoji.

—Bueno, no las retengo más —dije—. Vayan rápido al centro comercial para que regresen temprano a sus casas.

—Hasta mañana, profesor —dijeron las hermanas.

—Cuidense.

—Ahm… Hasta mañana, Shaoran —dijo Sakura y luego escuché sus pasos alejándose de mí, sin darme oportunidad de responderle.

Sakura me confundía. Algunas veces, su nerviosismo me hacía creer que le incomodaba mi presencia, pero en otros momentos decía o hacia cosas que me hacían creer lo contrario, como aquel día que curó mi mano. Era difícil para mi entenderla y más si no podía ver sus expresiones… y como ya sabía, yo odiaba no entender las cosas a mi alrededor.

—No logro entender a las mujeres… —resoplé y fui por mis cosas para volver a casa.

Los siguientes días no fueron diferentes. Sakura parecía estar huyendo de mí todo el tiempo y de verdad llegué a creer que le incomodaba mi presencia… si no hubiera sido por Hitomi.

—Está muy ocupada haciendo algo especial —había dicho un día—. Por eso llega con el tiempo justo y se va corriendo a casa… le queda muy poco tiempo para terminarlo.

Bien, podía entenderlo. Lo que no entendía era por qué rayos no se detenía ni dos minutos para hablar conmigo ¡Diablos! Eso había sonado mal y eso que solo lo pensé.

—¿Qué rayos está pasando conmigo? —me pregunté.

Mi celular sonó y con molestia contesté la llamada.

—Pero que humor tan agradable tienes, primo. Y eso que hoy es tu cumpleaños.

—¿Mei?

—¡Feliz cumpleaños, Xiao Lang! —gritó y tuve que retirar un poco el celular de mi oído.

—Ahm… gracias —Mierda… me había olvidado de mi cumpleaños.

—Que animo —dijo sarcástica—. Y nosotros que queríamos sorprenderte…

¿Sorprenderme? ¿De qué rayos estaba hablando?

—No puedo creerlo, Xiao Lang —dijo molesta—. Te dije hace días que vendríamos para tu cumpleaños ¡Estamos afuera de la escuela!

¡Rayos! Se me había pasado por completo. Colgué la llamada y salí casi que corriendo de la escuela. Agudice mi audición para ver si escuchaba sus voces, pero no había señales de ellos. Movía mi cabeza de un lugar a otro, hasta que por fin escuche su chillona, pero a su vez, nostálgica voz llamándome.

—¡Xiao Lang! —Y enseguida sentí sus brazos rodeándome.

—¡Meilin! —dije emocionado, correspondiendo a su abrazo—. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Había pasado un año desde que nos habíamos reunido, y ahora que la tenía cerca, me daba cuenta de cuanto la había extrañado. Ella y Eriol fueron mi soporte y mi apoyo en los momentos más difíciles de mi vida. No solo cuando me enteré de que mis ojos se habían quedado en la penumbra… también cuando supe que había perdido a mi padre en aquel accidente, pero nunca, jamás sintieron lastima por mí, como el resto de mi familia. Me apoyaron, me ayudaron y siempre intentaron por todos los medios hacerme reír y fueron ellos quienes hicieron mi situación más llevadera. Si me preguntaban ¿Quiénes eran mis personas de confianza en todo el mundo? Con facilidad y rapidez respondería que ellos, mis primos, Li Meiling y Eriol Hiragizawa.

—¡Un año entero! —dijo sin soltarme por completo—. Te extrañe muchísimo.

—¿Y Eriol?

—Está estacionando el auto —dijo—. Por cierto, estas más guapo —dijo, haciéndome sonrojar.

—No digas tonterías, Mei…

—¡Sakura!

Ese grito… claramente, identifiqué la voz desesperada de Daidoji. Un frío recorrió mi espalda y enseguida mi mente comenzó a imaginar mil y una cosas, ninguna buena ¿Qué podía haber pasado para que Daidoji gritara de esa manera? Y en ese momento, maldije no poder ver.

Y… ¿Qué les pareció? Decidí cambiar varias cosillas hehe no pude evitarlo… pero en esencia se mantiene lo mismo que en la versión original. No valen comparaciones, pero de igual forma les informo que ya estoy editando la primera versión :) para hacerla acorde a esta y que… bueno que esté a la altura de la versión de Shaoran. La primera versión tiene muchos errores, por eso estoy corrigiéndola y la iré subiendo. Poco a poco.

Espero sus comentarios. Nos leemos en el siguiente capi ^^