Capitulo 7: El malentendido
Yuujirou abrió los ojos, era una mañana nublada pero era el mejor despertar que podía tener, ya que tenía a su amado Tooru a su lado con sus brazos rodeando su cintura, la cama estaba calentita y fuera de ella hacía frío, por eso y por no despertar al hermoso ángel de cabellos azules que dormía pacíficamente a su lado no quiso vestirse ni abandonar la calidez de su cuerpo.
Corrió algunos mechones del rostro del muchacho de finas y suaves hebras azules y ojos del mismo color… era tan tierno, Yuujirou no se había percatado de esta destacable ternura que poseía su amigo,… pero… así dormido de esta manera, era evidente, cualquier persona se lo habría confundido con un ángel caído del cielo por accidente…
Acarició el contorno de su rostro con su mano, luego de unos minutos despertó
-Mmn, buen día Yuujirou – dijo abriendo ese hermoso par de ojos azules Tooru
-Buen día Tooru –
-Hoy tenemos que planear todo para mañana en la noche, recuerdas ¿no?
-Cierto, mañana es la ceremonia de premiación –
-Ya quiero ver que habrá hecho Natashou sempai para la ocasión! –
-Nunca entiendo porque te pones tan contento cuando hay una ocasión especial y hay que ver los vestidos que nos forzarán a usar – preguntó con notoria curiosidad Tooru
-Porque es trabajo y es mejor tomárselo de buena gana porque si no se convierte en una tortura – dijo evitando la mirada del peliazul
-No te creo,… cuando mientes nunca me miras a los ojos y justo ahora estás evadiéndome
-No tengo nada que ocultar –
-Entonces dilo de nuevo mirándome a los ojos – lo retó Tooru
-Trabajo es trabajo – dijo Yuujirou observando los bellos y brillantes ojos del peliazul
-Sigo sin creerte, te conozco Yuujirou –
-Está bien, tú ganas, esto… entre… nosotros ¿sí?… -dijo Yuujirou sonrojado - es que siempre que hay una ocasión especial usamos vestidos especiales ¿no? –
-Si… -
-Y cuando usamos vestidos especi… -
-Tacones –
-Si ya lo sabes ¿para qué me lo haces decir? –
-Porque no estaba cien por ciento seguro, pero era lo más probable… eres tan tierno Yuuko-chan – dijo Tooru acercando sus labios a los del pelinaranja
-CHICOS! Es tardísimo, que están esperando para ir a probarse los vestidos, luego tienen que asistir a la reunión del Consejo Estudiantil y TIENEN que llegar puntuales! – decía Akira muy alterado quien no toco antes de entrar y como si fuera poco abrió la puerta de par en par
-Tres cosas: En primer lugar, buen día Akira, segundo, acabas de interrumpir nuestro primer hermoso y tierno beso del día de hoy, tercero, recuérdame la parte en que pediste permiso para entrar y cuarto, no nos dijiste nada de una reunión –
-Y quinto, ¿desde cuándo es tan importante que lleguemos temprano a las reuniones del Consejo Estudiantil?, o ¿lo que intentas es hacer buena letra para tu novio? – preguntó burlonamente Tooru quien junto con Yuujirou ya no tenían secreto alguno para Akira asique automáticamente quedaban totalmente autorizados a gastarle bromas de todo tipo
-Primero, buen día chicos, segundo, lo siento, no era mi intención, o quizás sí – agregó con algo de malicia – tercero, no hay nada que no haya visto ya y además están infringiendo terriblemente el horario lo que me da total derecho de entrar como yo quiera y arrastrarlos de la cama abrazados y todo si es necesario y cuarto, ¿en serio no les dije nada?, ahora que me lo dices, no recuerdo habérselos dicho, bueno, supongo que se me olvido, de todas formas ahora ya lo saben, es para planificar todo para la ceremonia de premiación de mañana, ya saben, la radiante participación de las Princesas es de suma importancia
-¿Y qué pasó con la mi pregunta? – preguntó Tooru
-Emm… bueno… yo… - dijo Akira poniéndose colorado hasta las orejas
-Aunque te hagas el malo sigues siendo un niño tierno Akira, hay cosas que Arisada no puede enseñarte – dijo Yuujirou mirándolo con la cabeza de lado y con ternura
-Como sea, levántense por favor, hoy es un día muy ocupado! – ordenó Akira para luego retirarse totalmente ruborizado por las cosas que sus amigos le habían dicho
-Primera parada: Natashou sempai -dijo Yuujirou vistiéndose
-Y tus amados tacones – lo cargó Tooru
-Tú sí que eres malo Tooru-kun, no te da pena, ¿burlarte de una hermosa doncella como yo? – dijo Yuujirou victimizándose mientras el peliazul lo agarraba de la barbilla y le regalaba un suave y dulce primer beso del día
Las Princesas fueron a ver a Natashou sempai quien les entregó los vestidos y los tan ansiados tacones altísimos que ponían tan contenta a la Princesa del Oeste y que disgustaban tanto a la del Este
Luego las tres Princesas se dirigieron a la reunión del Consejo Estudiantil donde les dieron otro manualito donde revisar que era exactamente lo que debían hacer
Una vez concluida la larguísima reunión, ya cayendo la tarde, las Princesas se disponían a ir a animar y ayudar a los últimos clubes que quedaban en las finales de sus especialidades cuando Akira demoró a Tooru un segundo
-Tooru, ¿tienes un momento?
-Sí, chicos adelántense, yo los veré en un segundo – dijo Tooru
-Más te vale que no te quieras escapar del trabajo! – se quejaba Mikoto
-Mikoto, Tooru es lo bastante hombre como para asumir sus responsabilidades, solo un mocoso como tú haría una cosa así – dijo Yuujirou con maldad al pelirosa
-Qué sucede Akira? –
-Esta es idea de Arisada kaichou, quiere que vayas a dar una vuelta por la Academia con uno de los integrantes del Consejo Estudiantil de aquí, cree que ya que eres una Princesa caerá en tus encantos y te adelantará parte importante de la información sobre los eventos de mañana la cual necesitamos para que la participación de las Princesas sea completamente deslumbrante
-¿Acaso no saben que es lo que va a haber mañana en esa ceremonia? –
-Es algo así como un secreto, ya que dicen que va a ser un evento muy importante ya que desde hace mucho que no se juntaban tantas Academias para una competición tan grande como esta –
-Y ¿por qué tengo que averiguarlo yo?, ¿por qué no puede ir Yuujirou? Seguro él esté más preparado para este tipo de cosas que yo, es decir… yo… no sé muy bien como ser adorable y encantador para conseguir que me diga lo que quiero, esa es la especialidad de Yuujirou, controlar el corazón de los demás con su belleza y ternura, creo que él es más indicado para este trabajo que yo –
-Es que,… este miembro del Consejo tiene un especial encanto por ti Tooru además Arisada arregló para que después de dar una vuelta vallan a cenar juntos –
-Ah… que mandado que es Arisada kaichou, podía haberme preguntado antes esto no entra en mi deber como Princesa – se quejó Tooru
-De hecho si entra, porque tendrás que ir vestido de Princesa y utilizar tus encantos para conseguir lo que queremos aprovechando la debilidad que este chico tiene por ti, completamente trabajo de Princesa –
-Está bien, supongo que no tengo opción, ¿a qué hora es y dónde tengo que esperarlo? –
-Pues, me dijo que te esperaría en la confitería porque quiere llevarte a dar un paseo por los alrededores y por dentro de la academia antes de la cena así que… es en media hora –
-MEDIA HORA!? –
-No estaba planeado que la reunión durara tanto tiem… - se detuvo Akira al darse cuenta que Tooru lo había dejado hablando solo
Un chico parado en la puerta de la confitería miraba el reloj, cada dos minutos miraba el reloj
La Princesa venía bajando las escaleras muy apurada pero tan impecable como siempre, se dirigió al lugar acordado donde lo encontró,… el muchacho le llevaba más o menos una cabeza, era delgado, el pelo dorado como el oro mismo y su mirada clara y penetrante, un chico totalmente atractivo, si hubiera estudiado en el Fujimori habría sido Princesa
-Buenas tardes Princesa Tooru – saludó cortésmente el muchacho
-Buenas tardes – hizo un leve movimiento con la pollera del vistoso y elegante vestido verde agua con encajes plateados y dorados que llevaba puesto para la ocasión
-Se ve radiante – dijo el chico asombrado por la extrema belleza de la Princesa que tenía delante - Permítame presentarme, mi nombre es Munakata Hiroki y es un honor para mí disponer de un poco de su tiempo para invitarla a pasear y luego a cenar – dijo el muchacho de cabellos dorados -¿Qué le parece si vamos a dar una vuelta por adentro primero? – propuso su acompañante
-Me parece bien –
El muchacho de mirada clara guió a Tooru por todo el interior de la academia empezando por la inmensa biblioteca, la sala de ciencias y la sala de trabajos artísticos y plásticos hasta llegar a la sala de tecnología y computación, la sala de cine y, su gran orgullo, la enormísima y majestuosa sala de teatro. Al parecer los alumnos de la Academia Yamada tenían un especial aprecio por las obras de teatro y todo lo que era escenografía y espectáculo, muchísimos alumnos se inscribían cada año en el club y cada dos semanas o a veces incluso más (dependiendo de la complejidad de la obra) ofrecían un hermoso espectáculo para entretener la vida de los estudiantes de la academia, ya que, al igual que el Fujimori, era un internado.
A eso de las 9:30 terminaron el tour por dentro de la institución y Munakata Hiroki lo guió hacia el jardín principal donde una hermosa noche se hacía presente con sus estrellas brillantes estrellas titilando en el azulado cielo y la luna llena con su radiante y pálido resplandor, realmente era una vista preciosa lo que hizo a Tooru perderse en sus pensamientos por un momento…
La Princesa de ondeantes cabellos azules pensaba en que ya sus amigos habrían terminado el trabajo de Princesa y se estarían cambiando, lamentó no poder avisarles que iría a conocer la escuela con un completo desconocido obsesionado con él por una brillante idea de Arisada kaichou, Yuujirou debía de estar preocupado, y de seguro Mikoto estaría enojado pensando que se había escabullido de su labor como Princesa cuando en verdad estaba haciendo el doble de lo que le correspondía, no es que su acompañante sea pesado ni nada de eso, de hecho era bastante gracioso y había pasado un buen rato con él pero, a Tooru no le gustaban las citas por arreglo, además, no era lo mismo que con cualquier otra persona porque él sabía que su atractivo acompañante sentía cierta atracción por él y eso lo obligaba a mantenerse a una distancia prudencial impidiendo cualquier error que podría ocasionar una catástrofe.
Mientras estaba sumido en sus pensamientos no se dio cuenta del frio que hacía, en las afueras del edificio, en el jardín sólo iluminado por el haz de luz que proyectaba la luna corría un fuerte viento que hacía volar la hermosa pollera de encajes que era parte de su vestido.
Mikoto estaba enojado, no entendía donde era que se había metido Kouno, seguro se había escabullido de su labor como Princesa, aunque además de enojado, también estaba un poco preocupado, tal como había dicho Shihoudani, Tooru no era de escaparse de su trabajo, de hecho, Mikoto era el único que protestaba aunque nunca se había escapado, no intencionalmente al menos. Mientras esos pensamientos cruzaban por su cabeza Mikoto se encontraba atravesando el jardín de la academia dispuesto a ir a buscar a Shihoudani para decirle que Kouno tendría que regresar una vez cumplida la hora del toque de queda cuando vio a dos personas solas en el jardín, más bien una hermosa doncella de largo cabello azul luciendo un radiante vestido verde agua con vistosos y delicados encajes dorados y plateados y un muchacho alto y rubio, muy apuesto, vistiendo un elegante smoking negro con detalles color cobre…
Cuando Tooru salió de sus pensamientos para comentarle algo sobre el hermoso jardín con sus tan bellos arreglos florales a su acompañante se percató del frio que hacía aquella noche y del viento que hacia flamear su vestido de hermosos encajes
-¿No tiene frio? – Preguntó muy atento el muchacho de ojos azules
En ese momento Tooru se dio cuenta de que, en efecto, se estaba congelando y parece que su acompañante lo había notado antes que él
-Pues, si, un poco – contestó tímidamente la Princesa de cabellos azules
-Aquí tiene – dijo sacándose el saco y poniéndoselo sobre los hombros a Tooru quien se ruborizo un poco
-Está bien, no quiero que se resfríe por mi culpa… -
-No se preocupe, no soy de enfermarme fácilmente – dijo el rubio -¿le aceptaría una cena? – Preguntó cortésmente Munakata
-Claro, creo que estaría bien, es una linda noche para comer un rico plato caliente – dijo Tooru
La Princesa peliazul y su acompañante siguieron hablando y riendo hasta llegar al restaurant donde ocuparon una elegante mesa de dos justo en el medio del restaurant
-Emm, creo que el toque de queda va a tocar pronto, por eso todos empiezan a irse ¿no es así? –Preguntó Tooru
-Sí, pero para una hermosa Princesa no hay toque de queda que valga – dijo el chico haciendo sonrojar un poco al peliazul
Al cabo de un tiempo el mozo llegó y tomo sus ordenes; dos platos de Canelones, recomendación del rubio muchacho siguieron hablando y riendo hasta que llegaron los platos increíblemente rápido debido a que eran los únicos que quedaban en el restaurant por lo tanto tenía toda una cocina trabajando para ellos solos.
Mikoto con los ojos como platos vio la escena no pudiendo creer que no solo su amigo se había escapado de su trabajo cosa que lo enojaba sobremanera si no que también estaba teniendo una cita con un extraño y apuesto muchacho y ni siquiera se había tomado la molestia de avisarles.
El pelirosa se fue enfurruñado a buscar a Shihoudani para darle la agradable noticia, y ellos que estaban preocupados por él, por favor, en que estaban pensando… pensaba furioso la Princesa del Este
-Mikoto, ¿encontraste algo? – Preguntó preocupadísimo Shihoudani
-Por supuesto, ya lo encontré Shihoudani – dijo Mikoto echando chispas por los ojos
-¿Y bien?, ¿dónde está?, ¿está bien? – Yuujirou nunca había visto a su amigo tan enojado
-Claro que está bien, él muy señorito está en una cita cenando en el restaurant con un apuesto, alto y rubio muchacho, no tiene caso que te preocu…- en el momento en el que Yuujirou oyó las palabras "cita", "apuesto muchacho alto y rubio" dejo de escuchar a Mikoto, dejó de razonar, su mente no podía procesar esas palabras, ¿Tooru,… lo estaba… engañando?, no, no, no, definitivamente no, eso no podía ser cierto, no estaba pasando Mikoto estaba equivocado, seguro se había confundido de persona, seguro no era Tooru, no, no era su dulce Tooru, eso era obvio, porque, él nunca le mentiría, el solo tenía ojos y corazón para él, su hermoso ángel pelinaranja, no podía estar engañándolo, nunca, eso no podía ser cierto… -
-Shihoudani! – para cuando Yuujirou volvió a escuchar a su amigo Mikoto se encontraba sacudiéndolo y gritándole
-Shihoudani!, ya despierta, dentro de poco dará el toque de queda, debemos ir a los dormitorios!- decía el pelirosa alterado, parece que el pelinaranja había sufrido un pequeño coma por la noticia, estaba en shock
-No tiene caso que te preocupes por alguien que ni siquiera se tomó la molestia de avisarles a sus mejores amigos que se iba a coquetear con un apuesto chico por ahí!, Shihoudani!, ya vámonos – decía la Princesa del Este tratando de hacer reaccionar a la Princesa pelinaranja que empezaba a dar signos de vida hasta que oyó de nuevo esas palabras que desgarraron su corazón "que se iba a coquetear con un apuesto chico por ahí", Yuujirou volvió a caer en un coma postraumático por lo cual la Princesa pelirosa tuvo que cargar con su amigo hasta los dormitorios porque ya estaba por dar la hora del toque de queda y no podían seguir merodeando por la academia sin ninguna razón.
Cuando llegaron a la puerta de los tres dormitorios Mikoto entró al de Yuujirou, cerró la puerta y sentó en la cama a su amigo todavía en total estado de shock, el pobre no podía ni hablar solo miraba el vació con una mirada llena de tristeza y ¿un poco de traición?, el pelirosa no era bueno consolando gente ni dando consejos pero, Shihoudani era su amigo, él lo conocía, seguro podría contenerlo aunque sea un poco
-Shihoudani… - dijo tímidamente casi en un susurro Mikoto extremadamente preocupado por el shock de su amigo aunque… todavía no se explicaba bien a qué se debía esa mirada depresiva y llena de dolor y eso lo preocupaba aun más
-Por favor, responde Shihoudani – le decía suavemente el pelirosa realemente alarmado ya dudando de si debía llevarlo a la enfermería o no
-Tranquilo, seguro Tooru tiene una buena explicación para todo esto… seguro… no es lo que parece – mintió la Princesa del Este, él sabía bien que lo que había visto era lo que parecía, es que, ¿qué más podría ser?
-Mikoto… -Shihoudani al fin reaccionaba – estoy bien… ¿podrías… llevarme a donde los viste? – Preguntó el pelinaranja a su amigo
-Sí, claro, estaban en el restaurant, pero… Shihoudani… ¿vas a decirle algo?
-No, solo quiero verlo con mis propios ojos –
-Lo entiendo, vamos entonces –
Las dos Princesas salieron de la habitación de Yuujirou dirigiéndose hacia el restaurant cuando dio el toque de queda
-Apurémonos, para llegar antes de que se vallan – dijo el pelirosa
-Hum – asintió el pelinaranja y salieron corriendo, cuando llegaron se encontraron con un restaurant totalmente desierto… a excepción de una mesa para dos en el medio del restaurant ocupada por una hermosa doncella de cabello largo, liso y azul que lucía un bellísimo vestido color verde agua con unos delicados encajes dorados y plateados y un joven alto, rubio como el oro que llevaba puesto un muy elegante smoking negro con pequeños detalles en color cobre.
En cuanto Yuujirou los vio se quedo de piedra, no podía creer lo que sus ojos le mostraban, ¿Tooru,… lo estaba… engañando?, no, no, no, definitivamente no, eso no podía ser cierto, no estaba pasando, porque su dulce Tooru nunca, nunca le mentiría, el solo tenía ojos y corazón para él, su hermoso ángel pelinaranja, no podía estar engañándolo, nunca, eso no podía ser cierto…
Tooru estaba radiante, más hermoso que nunca y parecía que se estaba divirtiendo mucho con su cita ya que Yuujirou lo veía reír, aquella era su risa sincera además, llevaba el saco del chico sobre sus hombros, ese último detalle agregado al hecho de que el chico rubio se inclinó sobre la mesa y tomó la mano del peliazul fueron demasiado para Yuujirou quien apoyó una mano contra el vidrio como tratando de impedir lo que sus vidriosos ojos veían sin poder creerlo todavía, como queriendo que su mano fuera la que Tooru estuviera sujetando, no la mano de ese desconocido y apuesto muchacho, los ojos de Yuujirou se nublaban demasiado rápido pero se obligó a no derramar ninguna lagrima en presencia de Mikoto ya que se suponía que la relación que tenían entre ellos era el único secreto que guardaban celosamente.
-Shihoudani, ¿te encuentras bien? – preguntó preocupado por la expresión en el rostro de su amigo pero sobre todo por esa mano apoyada contra el vidrio y sus ojos vidriosos, parecía como que Shihoudani estaba a punto de echarse a llorar
-Shihoudani… - dijo Mikoto que no sabía qué hacer para traer a su amigo de vuelta al mundo, supuso que tenía que consolarlo de alguna forma aunque lo único que se le ocurrió fue un respetuoso silencio de mutuo entendimiento
Yuujirou seguía mirando la escena terriblemente angustiado, era increíble lo que le costaba el mantener las lágrimas en sus ojos aquello…, aquello… simplemente no podía estar pasando, tenía que ser una pesadilla, una horrible y cruel pesadilla pensaba el pelinaranja aunque sabía que lo que sus ojos le mostraban era real, que Mikoto no se había confundido, que todo era verdad, al percatarse de esto Yuujirou no quiso ver más, retiró su mano del vidrio y la apoyó sobre su corazón tratando de que no se le destroce justo en ese momento, que aguante hasta llegar a su dormitorio todavía viendo a su sonriente amado y a ese extraño tomados tiernamente de las manos, unidos, sabiendo que no podía impedir lo que veía, sabiendo que… lamentablemente sus ojos no lo engañaban y que por lo tanto no tenía nada más que hacer en aquel lugar.
-Mikoto, vámonos – dijo por fin Shihoudani en una voz casi inaudible que demostraba una terrible tristeza, eran las primeras palabras que el pelirosa le escuchaba pronunciar desde que habían ido en busca de Kouno
-De acuerdo – dijo la Princesa del Este sin reprochar ni interrogar a su amigo sobre su estado de ánimo, esa era su forma de consolar a su amigo pelinaranja, con un comprensivo silencio que los dos entendían a la perfección
Cuando llegaron a los dormitorios Mikoto acompaño a Shihoudani al suyo ya que venía demasiado alicaído como para mirar donde caminaba por lo que el pelirosa tuvo que ayudarlo a conservar el paso firme para no caerse cuando llegaron Mikoto cerró la puerta tras de sí mientras su amigo se sentaba alicaído y con el ánimo destrozado en la cama
-Shihoudani…, cuando necesites alguien que te escuche… puedes contar conmigo, ¿sabes?, para lo que necesites, la verdad no se que decirte, no soy bueno para aconsejar ni hacer sentir mejor a la gente pero se escuchar y comprender y quizá eso te ayude a descargarte…
Yuujirou estaba escuchando con cuidado cada palabra que pronunciaba su amigo y de verdad lo hacían sentir mejor, saber que contaba con un muy buen amigo era más que suficiente para calmar un poco su tristeza
-No sabes lo bien que me hace escuchar eso de ti Mikoto, a pesar de que siempre te molesto y te fastidio, aun así te preocupas por mí, … sabes, eres una muy buena persona, por eso es que no puedo evitar meterme contigo… eres realmente un muy buen amigo, gracias, de verdad me haces sentir mejor –dijo Yuujirou regalándole a Mikoto una leve y un poco llorosa sonrisa, que era lo mejor que podía hacer por ahora
-Claro que me preocupo por ti, ¿harías lo mismo por mí no es así?, Yuujirou, eres mi amigo, me fastidias pero sé que lo haces en broma y cuando dices verdades también sé que tus intenciones no son malas, me preocupas porque me importas, porque quiero verte bien, porque hay algo dentro de mí que no soporta verte así de angustiado… -dijo el pelirosa y después de una pausa añadió - bueno, ya es tarde, es mejor que me valla asi dejo que te relajes, ¿estarás bien? – preguntó la Princesa del Este
-Sí, no te preocupes - dijo mirando a su amigo –solo quiero descansar un poco –
-¿Seguro que estarás bien? – Preguntó un poco desconfiado de las pacificas palabras de su amigo –¿no quieres que te traiga un vaso de agua?, ¿algo? – se ofreció el muchacho de cabellos rosas
-Gracias por ser tan buen amigo Mikoto, pero no, estoy bien… no te preocupes y ve a descansar – dijo Shihoudani esbozando una casi imperceptible sonrisa y acostándose de costado en la cama, de espaldas a su amigo justo a tiempo para esconder una traicionera lagrima que escapaba de sus ojos, tan traicionera como Tooru, como la persona que amaba, que le había hecho creer que él era la única persona para la cual tenía ojos y corazón, y él… en verdad le había creído,… en verdad… le había entregado su alma y corazón,… en verdad… era un buen mentiroso, nada más, pensaba Yuujirou quien no pudo más que llorar de amargura, de vergüenza, de dolor, pero más que nada por haber descubierto la traición de la persona que más amaba en el mundo entero mientras su corazón se partía en mil frágiles y dañados fragmentos.
