Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…
CICATRICES.
Por: NaryMont
Capítulo 07: Libertad.
Yumi se removió entre las sábanas, con la mano busco el caliente cuerpo en el espacio a su lado, pero no encontró nada, estaba completamente sola sobre la cama, abrió los ojos y luego de estirarse plácidamente ubicó la habitación en la que estaba, era la de él recordó sonriendo. Las imágenes de la noche anterior y de la madrugada llegaron a su mente, una sensación agradable la recorrió de pies a cabeza y sin querer una sonrisa se dibujó en su rostro. La había hecho suya de una manera por demás increíble, ¡y en más de una ocasión!; sus caricias todavía hacían eco en su piel y aquella sensación culminante sólo provocaba que su cuerpo pidiera más de lo mismo. Por primera vez desde que un hombre la tocara en la intimidad había sentido placer, su mente se había fugado, pero en esta ocasión al paraíso, abrazó sus piernas sin dejar de reír como una tonta. Luego caviló sobre su propuesta y el pacto al que habían llegado, en aquél momento con la emoción de saberse libre no había reflexionado el por qué lo hacía, por qué ayudarla, por qué precisamente a ella, tenía que averiguarlo en su momento. Apenas se habían encontrado, pero extrañamente ella parecía que no conocía más allá del día que se habían cruzado sus miradas por primera vez y su oferta parecía confirmar tal creencia, porque con su reciente libertad ganada renacía a la vida literalmente.
Levantó la sabana que la cubría recordando su desnudez, no veía su ropa y estaba algo desorientada en ese lugar, luego observó que a los pies de la cama estaba una yukata perfectamente doblada, parecía que la habían dejado ahí para ella. Se la puso, era muy suave, de una tela brillante, color azul oscuro y motivos masculinos, le quedaba enorme y un aroma conocido inundó su nariz al amarrarla sobre su cintura, la yukata era de Shihio concluyó con alegría. Por más que la trató de ajustar se resbalaba dejándole los hombros desnudos, sin importarle demasiado tal detalle entró al cuarto de aseo, había agua limpia y toallas. Salió unos minutos después, había sujetado su cabello lo mejor que pudo porque no encontró ningún espejo.
Involuntariamente volvió a perderse en sus pensamientos.
Había dormido muy bien y lo mejor es que se sentía ligera como una pluma, con el alma liberada y el corazón agitado de emoción, de saber que a partir de ese día era libre, el simplemente pensar en eso sacudió su ser profundamente, no sabía de la libertad, pero sobre todo nunca había podido decidir a quién darle sus caricias y afecto. Ahora podía y su pecho palpitó fuerte al evocar a quién irían dirigidas de ahora en adelante, claro mientras él así lo quisiera, se recordó a sí misma, sintiendo un pequeño dejo de angustia, trató de alejar ese pensamiento. Concluyó que sólo se preocuparía por vivir el momento que el destino le ponía delante.
Recordó la plática que habían tenido al amanecer, luego de haber sido suya de nuevo; abrazada a su cálido pecho, lo escuchó contarle la historia de sus cicatrices. Había servido a los Ishin shishi para lograr la restauración Meiji y como pago lo habían tratado de asesinar para ocultar todas las porquerías que había dado paso al nacimiento del nuevo gobierno, de ahí el origen de aquellas cicatrices que lo habían marcado para siempre. Un sentimiento de poder cuidar de Makoto Shishio se había despertado con fuerza en ella y se había prometido internamente que lo llevaría a cabo hasta sus últimas consecuencias.
El sonido de su estómago la sacó de sus reflexiones, no tenía idea de qué horas podían ser, además, ¿dónde se encontraría él?, ¿qué podría estar haciendo? Decidió salir de la habitación para buscarle.
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Shishio se terminó de acomodar la yukata, vendas limpias y frescas sobre su cuerpo, la rutina de todos los días, casi eran las 11 a.m., comprobó mirando el gran reloj de la habitación, ¿ya se habría despertado Yumi?, pero qué demonios le pasaba, apenas la perdía de vista un momento y su mente se escapaba hacía ella sin poder controlarlo. Tocaron a la puerta y Hoji entró, no parecía andar del mejor de los humores. Lo había despertado temprano ese día y ordenado que arreglara todo el asunto de Yumi lo más pronto posible.
- Listo Shishio-Sama – le informó – Yuri Matsui ha aceptado el trato, todo quedará listo esta noche, tenemos que hacer el pago por la tarde y la Señorita Komagata tiene que presentarse para la firma.
- Muy bien Hoji, siempre tan eficiente – contestó Shishio bastante conforme, al menos esa mujer no había puesto peros en el trato de Yumi – tú acompañarás a la Señorita Komagata para realizar el pago y que esto quede listo.
Hoji asintió y salió del lugar, a su juicio el señor Shishio estaba haciendo muy mal, gastar una pequeña fortuna en liberar a esa mujer, cuando ni siquiera había pedido que redactara un contrato de deuda sobre ella, era extraño su actuar, definitivamente Yumi Komagata lo había embrujado.
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Goro Fujita salió furioso del despacho del secretario del ministro, "¡Necio, idiota!" pensó y encendió un cigarrillo. Tanto tiempo esperar una cita con aquel monigote para nada. O de verdad era un estúpido o quería cerrar los ojos a las pruebas que le había presentado de que algo gordo se estaba cocinando en Kioto, caminó por los pasillos pensando en que tenía que indagar un poco más en ese asunto, aun cuando le dijeran que todo parecían suposiciones suyas, a pesar del elaborado informe presentado; su instinto nunca le había fallado y algo no cuadraba en todo eso, tendría que saltarse las normas y la inútil burocracia y realizar una "investigación" de campo que al menos le arrojara un nombre de los "peces gordos" de toda esta situación.
En conclusión, tendría que ir él mismo a la mejor fuente de información de toda la ciudad: los barrios bajos de Kioto.
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Yumi por fin se decidió salir, llevaba rato cavilando al respecto y entre ver a Shishio y el hambre que tenía por fin se atrevió a abrir la puerta, apenas un paso afuera y chocó con un pecho duro cubierto de vendas. Unas manos enguantadas la sostuvieron de los hombros desnudos para que no cayera hacía atrás.
- Shishio – Sama – dijo mirándolo a los ojos, nerviosa, como él siempre lograba ponerla – Buenos días – saludó inclinando un poco la cabeza, pero el gesto nunca se completó porque ya Shishio la besaba con pasión y ella simplemente se dejó llevar. Correspondió al beso con igual o mayor fuerza, él presionando sus hombros atrayéndola hacía su cuerpo; ella con las piernas temblorosas, jadeante, debido a la intensidad de la caricia.
- Buenos días – contestó él tranquilamente luego de que Yumi se quedara literalmente sin oxígeno y respiraba como si acabara de correr una gran distancia. Un cuadro muy agradable a los ojos masculinos, agitada, con la boca entreabierta, las mejillas con tenue color carmín, los ojos brillantes, con un dejo de deseo en sus profundidades – Debes tener hambre, ven vamos a comer algo – comentó pasando un brazo por sus hombros guiándola por el pasillo. La sintió un poco tensa y volteó a verla.
- Pero, es que yo… - la joven fijo en su atuendo, no era apropiado, la yukata la cubría bien, salvo que se escurría por sus hombros dejándola con un escote por demás provocador.
- Creo que luces muy bien así, me gusta lo que veo – opinó luego de repasarla de arriba abajo – Esa yukata se ve mejor en ti que en mí – ella asintió sonriendo y se dejó guiar por él.
Al dar vuelta al pasillo un hombre vestido de manera occidental se encontró con ellos.
- Shishio-sama la sala de entrenamientos ya está lista para los visitantes – le informó haciendo una inclinación de cabeza.
- Bien Hoji, perfecto – Shishio volvió su mirada a Yumi - Esta persona que tenemos aquí es Hoji Sadojima, mi hombre de confianza y un genio de las finanzas – El hombre pareció muy complacido ante tal presentación – Esta señorita es Yumi Komagata y vivirá aquí – señaló Shishio dedicándole una larga mirada a la joven.
- Mucho gusto – le dijo Yumi con una inclinación de cabeza – Hoji simplemente le devolvió el gesto sin decir palabra. Se despidió dirigiéndose en dirección contraria a donde ellos iban.
Yumi percibió mucho movimiento en esa casa a esa hora de la mañana, gente entraba y salía por las puertas, los que se cruzaban con ellos hacían reverencias a Shishio con sumo respeto, lanzó varias órdenes durante el corto trayecto. Se sentía bastante cohibida porque la mayoría eran hombres vestidos con unos extraños trajes negros que les cubrían parte del rostro, pero sus ojos jamás se centraron en ella, tal parecía que era invisible; pero claro que no lo era y menos con la ropa provocativa que vestía, por eso es que apenas la pareja pasaba no fueron pocos los ojos masculinos que se volvían y se clavaban en la delicada y suave espalda femenina que la yukata azul dejaba a la vista, sólo que no estaban locos, ni eran suicidas para admirarla descaradamente delante del hombre que la abrazaba de aquella manera tan posesiva, mucho menos cuando ese hombre era Makoto Shishio.
Entraron a una habitación grande dispuesta con una enorme mesa central rodeada de al menos doce sillas todo marcadamente caro y elegante.
- La casa fue decorada al estilo occidental por el antiguo dueño – explicó Shishio – No me gusta demasiado, aunque debo admitir que es cómoda y funcional, pero en muchos aspectos prefiero lo producido aquí en Japón – afirmó riendo ligeramente y viéndola muy directamente a ella.
- Es muy hermosa, pero me parece extraña – contestó ella tocando uno de los respaldos tapizados en blanco del comedor.
- Te acostumbrarás – dijo el ofreciéndole una de las sillas a la derecha de la principal en la cabecera.
Apenas un minuto sentados y ya traían el desayuno, aunque ya era algo tarde para llamarlo como tal, lo degustaron tranquilamente, en silencio. De vez en cuando sólo intercambiaban miradas cargadas de sentimientos desconocidos, sentimientos que apenas se iban asentando, pero que los tenían agitados interiormente.
- ¿Por qué hace esto? – preguntó Yumi apenas en un murmullo dejando sus palillos a un lado del tazón de arroz.
- ¿Hacer qué? – preguntó Shishio no entendiendo su pregunta y degustando su comida.
- El liberarme, apenas nos conocemos y yo… no tengo cómo pagarle y…
- Porque puedo – fue su escueta respuesta.
- Pero…
- Porque puedo, porque quiero y porque me da la gana… ¿suficientes argumentos? – recalcó él con la voz algo molesta – no me gusta que me cuestionen.
- Perdón, no quise hacerlo, es sólo que no comprendo, soy sólo una… una mujer con un pasado cuestionable y bueno no esperaba algo como esto y…
- Una mujer con muchas cicatrices… - la interrumpió, Yumi lo miró con los ojos muy abiertos sin comprender muy bien sus palabras – A veces las cicatrices son externas y a veces internas, nadie sabe cuáles pueden doler más o ser más difíciles de borrar. También eres una mujer desconfiada, en esos nos parecemos, a los dos nos traicionaron, a mí hace nueve años, a ti cuando tenías nueve; tus hermanos, las personas que estaban ahí para protegerte te vendieron y sellaron tu destino. Pero no debes estarte lamentando al respecto, tienes que ser fuerte, las cosas malas sólo nos tienen que fortalecer, yo detesto a las personas débiles.
Yumi lo miraba atentamente con los labios apretados, los ojos picándole con lágrimas a punto de salir, luego agachó la cara estaba abrumada con todas esas palabras, ella no quería ser débil a sus ojos, no quería que la detestara.
- Toma lo que la vida te ofrece, mujer y trata de hacer lo mejor posible con ello – guardó silencio mirándola largamente - ¿Conoces el Kintsugi? – le preguntó, ella simplemente negó con la cabeza – Es un arte muy antiguo, es la reparación de la cerámica a través del oro. La pieza reparada se transforma y aun con enormes cicatrices doradas, aumenta su valor muchas veces, se vuelve de un utensilio de cocina en arte para admirar, así que, digamos entonces que quiero ser artesano y tú una pieza de cerámica.
- ¿Soy entonces un jarrón roto? – preguntó Yumi sonriendo ligeramente, muy conmovida con su explicación.
- Digamos que una pequeña taza muy fina y valiosa algo agrietada – dijo Shishio luego de pensárselo un momento.
Ella rió alegremente y Shishio no pudo menos que reír con ella. No recordaban los dos la última vez que lo habían hecho de esa manera.
Así los encontró Soujiro, como siempre su sonrisa iluminando su rostro juvenil, los saludó cortésmente. Apenas entró Yumi distinguió en la mirada de Shishio un cierto orgullo hacia el muchacho.
- Este es Seta Soujiro – le presentó al joven sonriente – Podíamos decir que es mi mano derecha, luego de mi renacimiento hemos caminado juntos por un largo trecho, ¿eh Soujiro?
- Sí y ha sido todo un honor, señor – dijo inclinando la cabeza, aumentando si eso era posible, su sonrisa.
- Ella es la señorita Yumi Komagata… - Shishio hizo una pausa – estará con nosotros por algún tiempo – Terminó viéndola directamente a los ojos, esperaba que fuera por mucho.
- Un placer Yumi-San – saludo el muchacho. A Yumi ese joven le simpatizaba bastante, sobre todo porque percibía la admiración y lealtad que demostraba ante Shishio. Ella inclinó la cabeza devolviendo el saludo – Disculpe, señor, pero vengo a informarle que las personas que estaba esperando ya llegaron, están en la sala de entrenamiento.
- Entiendo, voy para allá en un momento – dijo y Soujiro salió dejándolos solos, Shishio volteó hacia Yumi y la observó tomar el arroz con los palillos y llevarlos a su boca para luego beber algo de té, hasta en eso era elegante y de ademanes estudiados, ¿acaso era posible que ella le dejara curar sus cicatrices?
- ¿Sucede algo? – le preguntó Yumi al sentirse observada por aquellos ojos que la perturbaban tanto.
- No, nada – Apuró su propio té y continuó - Por la tarde Hoji y tú irán con Yuri, para arreglar tu deuda, no podré verte hasta la noche porque estaré algo ocupado, pero cenaremos juntos. Vuelve al mi… a nuestra habitación – se corrigió, Yumi abrió los ojos con algo de sorpresa al escuchar el "nuestra" y sintió un vuelco agradable en su pecho – enviaré a alguien para que te muestre la casa y así no te aburrirás.
- De nuevo muchas gracias – dijo Yumi haciendo una inclinación cuando él se dispuso a salir. Shishio se acercó a ella le tomó el mentón y la besó brevemente. Al terminar la miró por un par de segundos y se retiró dejándola sola con el corazón latiéndole fuertemente en el pecho.
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Yumi entró a la habitación que de ahora en adelante compartiría con Shishio, aquella simple verdad la llenaba de gozo, era increíble el vuelco que había dado su vida de un día para otro, se sintió renovada y llena de fuerza, seguiría los consejos de Shishio, tomaría gustosa lo que la vida le presentara.
Se sorprendió al ver el lugar perfectamente limpio y arreglado; debido a la noche anterior la cama era un verdadero desastre cuando salió y ahora estaba acomodada y olía fresca. Habían incluido un perchero que no estaba ahí antes, colgaba de éste un kimono, al parecer, completamente nuevo, color esmeralda. Se acercó y sintió la tela, delicada, suave, de una textura que sobrepasada los mejores kimonos de Yuri-San. En ese instante tocaron a la puerta, Yumi abrió encontrándose con una mujer mayor, tal vez rondaba sus cincuenta.
- Buenos días, Yumi-San – la saludo la mujer con una profunda inclinación – Mi nombre es Yasu, Shishio-sama me ordenó viniera a ayudarla en su arreglo y para que conociera la mansión.
Yumi correspondió el saludo, la mujer parecía muy agradable y especialmente amable con ella, algo a lo que no estaba muy acostumbrada. Yasu le indicó dónde tomara un baño, el cual ya estaba completamente preparado, luego vistió el hermoso kimono verde, que en efecto era nuevo y que a través de Yasu se enteró, Shishio se lo hiciera traer esa misma mañana a muy temprana hora, no tenía peineta que combinara así que dejó su cabello suelto. Más tarde la amable mujer le dio un recorrido por toda la propiedad, que era muy extensa, varias habitaciones, una biblioteca enorme, que al parecer era el lugar que Hoji-San más frecuentaba, sala de reuniones, un patio muy amplio que terminaba con un edificio de estilo tradicional, el único en toda la propiedad así, parecía de construcción reciente. Cuando se acercaron ahí ambas mujeres pudieron escuchar sonidos como de pelea y varios gritos de dolor, Yumi se sorprendió un poco, pero Yasu le explicó que era la sala de entrenamientos y que ellas no tenían permitido acercarse ahí. Durante toda la visita guiada Yumi siguió observando a esos hombres de trajes negros y cara cubierta, estaban por todas partes. No era ingenua para no deducir que los negocios de Shishio tal vez no eran muy legales, pero eso a ella no le importó en absoluto. El obligar a mujeres a tener sexo por dinero tampoco debía ser legal y estaba ahí, a la vista de todos.
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Sishio veía atento a los peleadores en el centro de la sala de entrenamientos, se había organizado una especie de torneo para ver a los mejores, los más fuertes tendrían que ser enviados a la aldea Shingetsu, ahí tendría que establecer su base militar para continuar con sus planes de conquista, volteó hacia Soujiro y Hoji que también estaban atentos a los combates.
- Y bien Soujiro ¿Cuál te parece bien? – le consultó al jovencito que permanecía a su derecha.
- Sus técnicas no son buenas, pero ese Senkaku es muy fuerte – dijo señalando al hombre de casi dos metros, calvo y que usaba sendas hachas curvas en cada mano – Es una pequeña aldea, controlará todo bien por allá.
- Creo que con unos cincuenta o sesenta hombres será suficiente para ir organizando todo – opinó también Hoji.
- Bien, entonces que así se haga, consigue también una casa agradable por allá cerca del onsen, creo que lo visitaré en breve – terminó Shishio.
- Ahora es necesario pasar a la sala de reuniones, tenemos que organizar algunas cosas en otras aldeas y ver algunos aspectos financieros, llamaré a Hyobe, tiene que reorganizar a varios de sus hombres – dijo Hoji – Shishio y Soujiro intercambiaron miradas, sinceramente odiaban el "aspecto financiero" de la organización sobre todo porque Hoji era un aburrido.
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Las primeras sombras de la noche envolvían a Kioto, el carruaje avanzaba lo más rápido, que las todavía llenas calles de la ciudad se lo permitía, Yumi miraba hacía la ventana observando el distrito que había sido su hogar por todo ese tiempo, estaba emocionada, al fin su ansiada libertad sería una realidad, no más noches de dolor, de asco y repugnancia; ahora las noches iban a ser muy diferentes al lado de Makoto Shishio.
Volteó hacia el frente donde Hoji-San iba con los ojos cerrados, parecía molesto y permanecía con la boca cerrada desde que salieran de la mansión, internamente Yumi sonrió, no le simpatizaba a aquel hombre en lo absoluto, se notaba mucho, pero aun así le agradecía que hubiera realizado toda la negociación de su deuda, seguro era muy bueno en lo que hacía porque había escuchado que en ocasiones ese tipo de contratos no podían romperse o simplemente eran manipulados por el dueño de la deuda.
- Muchas gracias Hoji –San – dijo la joven rompiendo el incómodo silencio dentro del carruaje e inclinando la cabeza hacia el hombre de traje occidental.
- Yo no tengo nada que ver, igual es el dinero de Shishio-Sama – contestó el aludido con una voz bastante enfadada. Volteando hacia la ventanilla del carruaje.
- Aun así se lo agradezco.
Llegaron unos minutos después, la casa de té estaba en la calle principal de ese distrito de placer y aun a pesar de lo relativamente joven de la noche, ya se veía mucho movimiento en las calles y en las casas de té vecinas, la de Yuri no era la excepción. Entraron a la concurrida estancia llena ya de caballeros que reían y tomaban sake. Caminaron por el pasillo siguiendo a unas de las jóvenes que los guiaban a la discreta oficina de Yuri Matsui.
Luego de realizarse las firmas y de que Yuri contara el dinero descaradamente delante de ambos, le permitió a Yumi subir por sus cosas, le había pedido despedirse de Sakura, pero la joven estaba contrata esa noche para una fiesta privada y no se encontraba ahí.
- No vayas a llevarte nada que no sea tuyo – indicó la mujer mirándola directamente a los ojos, hasta el último momento iba demostrar todo el desprecio que sintió siempre por Yumi, más ahora, que parecía que su suerte había cambiado de aquella manera tan favorable al encontrarse un danna con mucho dinero y muy generoso con ella dado el kimono de excelente calidad que llevaba puesto.
- No lo haré, sólo tomaré lo que es mío – contestó Yumi y sin inclinación alguna salió para recoger algunas de sus pertenencias.
Entró feliz a esa habitación, era la última vez que estaba ahí, en una pequeña manta ató las pocas cosas que de verdad quería llevarse con ella. Estaba dichosa Shishio-Sama la había liberado de ese infierno, nunca pensó que su existencia cambiaría de semejante manera y todavía no creía que la vida, el destino o una entidad divina hubieran hecho chocar el rumbo de ella y del hombre vendado de aquella manera. De pasada miró su reflejo en el pequeño espejo sobre la mesa, lucía radiante, tal como se sentía por dentro, sus facciones relajadas, sus ojos brillantes, una sonrisa que no cabía en su cara. Y luego aquella sensación embriagadora de saberse sólo de él, de nadie más, nunca. Cerró los ojos y se abrazó a sí misma, estaba más contenta que en toda su vida por poder estar al lado del hombre que se estaba convirtiendo en la persona más importante para ella, sonrió con más fuerza y se sorprendió de que en esas cuatro paredes testigos de sus peores pesadillas ahora se sintiera tan feliz.
- Luces especialmente hermosa hoy – escuchó una voz dolorosamente conocida a sus espaldas, tan distraída había estado que no percibió cuando el hombre entrara en el cuarto. Se giró a encararlo. La mirada sucia del hombre la recorrió por completo, poniéndola enferma sólo de percibirla. Hoki la había visto entrar con aquel caballero pero luego subió sola y no perdió el momento de buscarla, ya luego se arreglaría con Yuri sobre el precio.
- ¡Fuera, salga! No tiene por qué estar aquí – dijo a Hoki Shima, elevándose a toda su altura, encarándole con una seguridad renovada que le daba el saber que ya no pertenecía más a esa casa, que ya no llevaría esa vida.
Al hombre no le importaron sus palabras y la tomó entre sus brazos tratando de besarla. Yumi se resistió forcejeando con ímpetu, intentando liberarse de aquellas garras que la apretaban fuertemente haciéndole daño.
- ¡Serás mía, no te resistas! – le amenazó el hombre mientras que con la mirada enloquecida de deseo, besaba su cuello y con sus manos recorría lascivamente el cuerpo de la joven.
Yumi se resistía con todas sus fuerzas, logró empujarlo y correr hacía la puerta, pero él fue más rápido y la jaló de la mano atrayéndola de nuevo hacía sí. Le escupió la cara al tipo mostrándole todo el asco que le provocaba. Aquello enfureció al hombre y estrello el puño en el rostro de la muchacha, ella se desmadejo cual muñeca de trapo, semiinconsciente, entre los brazos de Hoki Shima, quien río con suficiencia y la aventó sobre el futon. Con un deseo animal le abrió el kimono, aflojando el obi y rompiéndo la tela en el proceso, dejando a la vista la suave piel blanca. Ella se debatía en la inconciencia, como entre una bruma, percibía lejanamente las repugnantes manos sobre su cuerpo, sobreponiéndose abrió los ojos y torpemente lo empujaba tratando de alejarlo. Sus brazos parecían no responderle y aun así se resistía.
- ¡No, no por favor! – murmuraba angustiada. No deseaba eso, no de nuevo, no quería estar en el infierno otra vez, recordó las palabras de Shishio "No permitas nunca más que nadie te toque sin tu permiso, sin que tú lo desees, ni siquiera yo…"
Logró recuperar totalmente la conciencia al sentir como el malnacido le separaba las piernas y con premura desataba su hakama. Sintió el peso de él sobre ella, aplastándola, queriendo entrar en su cuerpo. Le había soltado las manos para apretar sus senos. Con toda su fuerza encajó las uñas en la cara del tipo haciéndolo gritar y maldecirla, un golpe más en la cara de Yumi y se levantó hecho una furia. Con rabia descargó una patada en el costado de la joven haciéndola gemir de dolor "¡Maldita perra me marcaste la cara!" escuchó que le gritaba. Ella sólo atinó a hacerse un ovillo tratando de protegerse, una segunda patada logró sacarle todo el aire de los pulmones. En ese momento de desesperación recordó la pequeña daga que guardaba bajo el futon, con mano temblorosa logró tomarla, la tercer patada se acercaba a ella y sin pensarlo, por mero instinto de supervivencia, estiró la afilada hoja rasgando lo que se encontrara a su paso. La daga terminó clavada hasta la empuñadura en la pierna del maldito, aprovechó que el bastardo cayó sobre el tatami para salir corriendo. Varias chicas se asomaban al pasillo al escuchar el escándalo. Vieron a Yumi pasar tomando los laterales de su kimono tratando inútilmente de ajustarlo con el obi, con el rostro maltratado, asustada, pálida y con la mano derecha cubierta de sangre.
Bajó las escaleras a punto del desmayo y corrió a la habitación que servía de oficina a Yuri-San, ahí la esperaba Hoji Sadojima luego de realizar el pago de su deuda. Entró como una exhalación, Hoji tomaba sake con la dueña de la casa, la mujer feliz de cerrar tan jugoso trato, Hoji se levantó sorprendido al verla entrar en ese estado.
- Hoji-San – alcanzó a decir, sus piernas le fallaron y quedó en los pies del hombre con la respiración agitada, le dolía el costado cada que tomaba aire – Por favor… lléveme de aquí, lléveme con Shishio-Sama – alcanzó a suplicarle, antes de perder la conciencia sobre el tatami.
Nota 24/04/2016: Entregado capítulo 7! Espero no me maten por dejarlo en un momento así O_o! El 8 ya está empezadito. Les cuento que mis intenciones era subirlo ayer sábado pero la culpa la tiene…. mi esposo! Quien le manda invitarme a comer, luego de compras, luego asaltamos un Dairy Queen y luego a cenar y yo pues me tuve que sacrificar! Otra cosa que me atrasó en terminar este capítulo es que tuve que "SACRIFICARME" viendo durante la semana Samurai X (pero en japonés con subtítulos en español) en especial la saga de Shishio (ven como soy una mártir jijijiji ^^) y saben? Me sorprendieron muchas cosas, porque no había visto samurai X cuando empecé este fic, lo comencé a escribir con lo que recordaba cuando vi la serie hace algunos ayeres (bastantes por cierto), en ese tiempo pues jamás imaginé escribir un fic sobre esta parejita (porque amo a Kenshin y a Kaoru), pero por ejemplo estuve viendo que cuando Shishio y Yumi están en el Rengoku ella lleva una copa de vino rojo, como el que describí en el capítulo 3 de este fic y luego en el capítulo 42 (min 13:24) Yumi y Soujiro están jugando Shōgi jaja creo que mi subconsciente sí tenía toda esa información guardada por ahí. También al verlo en japonés me di cuenta que Soujiro se refiere a Shishio como "Shishio-San" y en mi fic lo pongo como "Shishio-Sama", pero creí que sería feo cambiarlo a estas alturas así que se queda "Shishio-sama". En fin quiero agradecer sus reviews me encanta recibirlos y son los que me alientan a seguir cada semana, no dejen de mandarlos!. Perdón por no actualizar tan pronto pero el trabajo! Saben? Soy maestra de profesión (creo que ya se los había comentado) y mi materia la imparto a nada menos que a 13 grupos, así que es revisar trabajos, cuadernos, exposiciones y demás! Por eso es que entonces nos vemos el próximo domingo con el capítulo 8, besos y abrazos… Nary^^
