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Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi, utilizados por mi solo porque los amo y me hace feliz escribir de ellos =)
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REVIVE MIS SENTIDOS.
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7º "Colmados de emociones."
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Suavemente su cuerpo relajado comenzó a volver de su largo descanso, sintiéndose bien, realmente bien. Fue como si por fin soltara todo el estrés acumulado, brindándole un total alivio, física y mentalmente.
El aroma suave y conocido impregnó su nariz, sabiendo exactamente quién era la mujer que dormía abrazada a él, descansando su cabeza cómodamente sobre su pecho. Lo que no sabía era cómo había pasado eso, porque no lograba recordar alguna cosa.
Sintió su respiración suave cosquillear en su piel, sabiendo que ella seguía dormida y no quería despertarla, porque todo parecía increíblemente cómodo así.
Yaten no estaba seguro de qué era lo que provocaba eso en él. No podía siquiera estar seguro si le agradaba, o qué significaba. Estaba allí en la cama con su alumna, pareciendo ella tan a gusto de permanecer entre sus brazos. Y él de tenerla allí, debía admitir eso.
Movió su mano lentamente cuando tuvo una idea segura de donde estaba su rostro, dudando en un principio, pero no pudiendo evitarlo. Quiso saber cómo era su cara, y se permitió cumplir su antojo, explorando suavemente con sus dedos en el contorno, en sus mejillas. Notó sus rasgos suaves, entendiendo que quizá Seiya tenía razón y ella era una mujer preciosa, al menos sus manos podían dar cuenta de que lo que tocaba se sentía bello, agradablemente bello.
La imaginó con un rostro alegre, como solía ser su voz, Sus labios estaban un poco abiertos, sintiendo su respiración salir de su boca, y sonrió pensando en lo mucho que deseaba a veces hacerla callar. Sin embargo su voz lo alegraba, pareciéndole una niña chillona, incluso ahora, le parecía una niña a la que hacía dormir.
Y estaba también lo otro, que él sabía obviamente. Mina era una mujer, quizá un par de años menor que él, pero lo suficientemente adulta como para hacerle saber lo que quería, cuando estaba con una idea metida en la cabeza. Y era quizá una de las cualidades que rescataba de ella, que en medio de su modo distraído de ser, ella parecía demasiado metida en esa investigación. Muchas veces se preguntó qué era lo que Mina necesitaba demostrarse a sí misma, qué era esa inseguridad intentando llenarse en la devoción a una investigación. Porque él sabía que ella no era ningún genio, la misma rubia se lo había comentado muchas veces, sobre su mal desempeño en los estudios. Pero quizá había algo que dio un vuelco a esa actitud. Se preguntaba qué era lo que sus secretos guardaban.
Quiso quedarse allí, así. Sin cuestionar nada sobre esa situación, no pensar en que había cometido un error, aunque también quiso recordar qué había ocurrido. Pero más allá de las dudas sobre los hechos, una cosa vino a su mente: que ella era su amiga, y por primera vez parecía así de vulnerable ante él.
Acarició su cabello, dejando sus dedos enredarse allí mientras pestañeaba, queriendo quitar la pereza de sus párpados, a pesar de que ello no ayudara a que viera alguna cosa. Aun la tenía abrazada, aun no decidía qué hacer, pero el cambio en sus respirar lo alertó, haciéndole saber de su despertar.
Mina se movió de a poco, sintiéndose perezosa y sin ganas de salir de la comodidad. No demoró mucho en notar que no estaba sola, y en recordar que estaba allí con Yaten.
Elevo la mirada, notando sus ojos abiertos. Era la primera vez que lo tenía así de cerca, que podía mirarlo así y descubrirse encantada de lo hipnótico que era mirar sus ojos verdes, clavados en los suyos, pareciendo que aun sin poder verla, estaba totalmente fijo en ella. Pero intentó contenerse, porque no era como la noche anterior donde él estaba profundamente dormido mientras ella podía explorarlo. Él estaba despierto.
— Buenos días. — Le dijo torpemente. No moviéndose de su posición.
— ¿Dormiste bien? — Preguntó él, intentando no preguntar lo obvio, aunque no creía poder permanecer mucho tiempo sin saber qué había pasado entre ellos.
— Sí, muy bien. Quizá porque no debo entregar ningún avance de investigación. — Bromeó, elevándose ligeramente mientras apoyaba su mano en el pecho de Yaten.
Lo miró en silencio, porque era extraño, pero no parecía ser malo, para ninguno, no haciendo algún intento por dejar de estar así de cercanos. Y se sintió contenta, entendiendo que aceptaban estar así, que para ella en particular era realmente reconfortante estar así.
— Mina… — Comenzó calmado, pero no era precisamente normal hablar así para él. — No recuerdo muy bien qué ocurrió anoche. — Explicó.
No quiso interrumpir el ambiente relajante que reinaba allí entre ambos, pero necesitaba saberlo. Además estaba esa parte suya que no podía evitar querer poner una barrera a la intimidad de ese momento entre ellos dos.
— Estabas muy cansado, también yo. Creo que necesitábamos dormir. — Le dijo simple. Pero sabía que no era correcto, quizá, lo que ella hizo. — ¿Está esto mal para ti? — Le preguntó.
Yaten no supo qué decirle. ¿Estaba mal que durmieran juntos? ¿Habían solo dormido? ¿Estaba molesto?
Apartó ligeramente su mano del cabello de Mina, intentando no parecer tan cercano. Quiso ser cuidadoso con sus palabras, pero también sabía que de todo el mundo, Mina no iba a correr llorando si simplemente preguntaba directo lo que necesitaba saber.
— ¿Tuvimos sexo anoche? — Preguntó de una vez.
La risa de la rubia inundó la habitación, mientras él fruncía el ceño, no entendiendo qué le ocurría.
— Si estás preguntando eso, es obvio que no. Jamás olvidarías haber estado conmigo. — Dijo engreída, intentando dejar de reír.
— Estoy casi sin ropa. — Indicó lo obvio.
— Te la quité para que durmieras cómodo. — Respondió con naturalidad.
— ¿Puedes explicarme qué hacemos aquí? — Exigió, totalmente perdido de lo que había o no ocurrido. Aunque aparentemente lo que más temía no pasó. Él sabía que no tenía que mezclar su trabajo con su vida personal. Aunque se preguntó qué más mezcla podía ser despertar en la cama de la alumna a la que asesoraba, preguntándole si habían estado juntos.
Mina no sabía cómo explicárselo, porque tenía la leve sensación de que él iba a matarla. Y no quería arruinar lo contenta que se sintió al despertar. Ni lo calmado que él parecía de tenerla aun allí, así de cerca.
— Pensé que necesitabas desconectarte, descansar y que por una vez alguien se ocupara de ti. — Comenzó suave. — Yaten, pasas demasiado tiempo encerrado trabajando, pasas demasiado tiempo estresado y no creo que por una vez de dejarte mimar, signifique que no puedes ocuparte de ti mismo.
— ¿Mimarme? ¿De qué hablas? No recuerdo ni cómo llegué a tu cama.
— Yo te traje. — Murmuró. No quería admitir ante él que le preocupaba verlo mal por lo que sea que ocurriera con su ex esposa. Ella misma había pasado demasiado tiempo ocupándose de sí misma, sin ver por nadie más. Y quizá Yaten necesitaba a veces que se preocuparan de él. — Eres mi amigo, no iba a dejar que te fueras a tu casa a seguir trabajando, y sé que eres demasiado testarudo para hacerme caso, así que opté por un plan b. — Le dijo, intentando evadir la real respuesta.
Resopló pesadamente. Tampoco quería mentirle.
— Puse algo en tu té para que durmieras. — Admitió finalmente.
Yaten pensó que bromeaba, pero no escuchó algún indicio de risa. Se apartó de ella, sentándose en la cama mientras fruncía el ceño. Sabía que estaba loca, pero se había pasado de la raya.
— ¿Me drogaste? — Preguntó molesto.
— ¡No! Es un relajante natural, juro que no es nada malo. — Se defendió.
— Estás diciéndome que pusiste algo para dormirme. ¿Qué más pasó? — Quiso saber, comenzando a enojarse más. Intentaba evitarlo, pero no parecía dar resultado.
— Solo, tenías sueño, te traje aquí y ayudé con tu ropa. — Repitió, ocultando el pequeño beso que le dio antes de dormirse. —Yaten no te enojes, solo dormíamos. — Pidió, intentando sonar suave.
Yaten no sabía si reclamarle por ser tan infantil, o quizá tan impulsiva, o quizá estar definitivamente mal de la cabeza. ¿Quién en su sano juicio droga a otra persona? Él era su tutor, no un tipo cualquiera que ella podía llenar a trucos…femeninos.
Aunque dudaba que alguna mujer de carácter serio hiciera la clase de cosas que Mina hacía. Quiso intentar imaginarla como alguien controlada, estoica, pero fue imposible, en vez de eso, ella y su risita de niña traviesa se le venía a la cabeza.
Y supuso que como niña, había que educarla un poco.
— No tienes ningún derecho a tratarme como cualquier tipo que conozcas. — Se quejó, intentando incorporarse en la cama y salir de ella, pero estaba desorientado y no conocía bien el lugar para moverse cómodamente.
— Dame mi ropa. — Pidió serio.
Mina no se movió, notando que quizá había cometido un error. Ella no quiso pasar sobre Yaten, pero de pronto, la noche anterior deseó tanto tener un momento calmado, un momento donde se sintiera ajena a todo. Quiso sentirse como aquella tarde bajo el árbol, pero prolongarlo.
Y sabía que no debió pensar solo en lo que ella quiso. Y esa era la gran duda, si Yaten estaba realmente molesto de despertar a su lado, porque hace un rato no le parecía muy enojado.
— ¿Es incómodo? — Preguntó sin retenerlo. — Tampoco hice algo tan grave, pero quisiera saber si te molestó dormir conmigo. — Consultó, mirando fijamente sus ojos verdes, y sin intención de alcanzarle las gafas.
No le respondió enseguida, porque quiso sacarse de encima el interrogatorio. Si era sincero consigo mismo, había dormido bien. Era probablemente el mejor descanso en bastante tiempo, y el rechazo a despertar con alguien, no fue tal al saberla junto a él.
Quiso aclararse en que no era el tipo de despertar por alguna aventura, era diferente. La diferencia yacía en que Mina era su amiga, o al menos él quería pensar eso, hasta que a su mente regresó el hecho de que su supuesta amiga lo había drogado para acostarse con él.
— Dame mi ropa. — Repitió, negándose a seguirle el juego.
— Yaten…
— ¿Qué?
Mina se puso de pie, intentado no seguir disculpándose, porque parecía no tener sentido, así que decidió callarse. Tomó la ropa y la dejó a su alcance, dirigiéndose hacia el baño para darle espacio. Mojó su cara intentando despejarse, y maquinando cómo quitarle el enojo a Yaten.
Él se vistió rápidamente, buscando en sus bolsillos por su móvil, avisándole a su chofer que necesitaba que lo recogiera.
Estaba ya listo cuando sintió a Mina regresar a la habitación, tomando su mano, pero antes de quitarla notó que ella estaba entregándole sus lentes oscuros.
— Puedo llevarte a la universidad, de todas formas tengo clase. — Ofreció la rubia.
— Ya vienen por mí, iré a casa, no a mi oficina. — Respondió. — Dime donde está la puerta.
Ella lo guió, llevándolo al sofá mientras esperaba, pero tuvo la sensación de que no quería ninguna clase de contacto con ella. Así que lo dejó allí solo, mientras regresaba a prepararse para su día en la universidad.
Le sorprendió la rapidez de toda la situación, cómo pasaron de algo tierno, a pelearse como siempre. No iba a culparlo, pero tampoco sentía que él reaccionara racionalmente, Yaten estaba todo el tiempo buscando excusas para hacer ver como insignificante la cercanía entre ellos.
No demoró en vestirse y reunir lo necesario para salir a su clase, regresando por él y acompañándolo hacia la salida del viejo edificio cuando el auto llegó a recogerlo.
— Por la tarde, cuando termines tu clase, te esperaré en la oficina. — Habló al fin, indicándole a Mina en su tono autoritario el cambio de planes, antes de subir al auto.
En un momento quiso ofrecerle llevarla, pero estaba molesto, y prefería no verla en un rato. Tampoco iba a dañarla caminar un poco.
Cuando el auto partió, Mina se quedó allí pegada mirándolo. Preguntándose qué tanto iba a afectar su relación. Sacudió su cabeza, intentando no complicarse demasiado, emprendiendo su camino hacia la universidad.
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Entró a su clase, sin embargo, su atención en ningún momento estuvo en la cátedra que dictaba el profesor. Su cabeza seguía pegada en lo ocurrido, y preguntándose si el enojo de Yaten duraría mucho tiempo.
Supuso que luego debería conseguir apuntes e irse de cabeza a intentar entender de qué hablaban. Pero aun cuando miraba fijamente al frente, no podía si no ver el ceño fruncido de Yaten, y luego, recordar lo calmo que se veía cuando despertaron, haciéndola sonreír tontamente.
Había pasado un tiempo, desde que decidió que no quería a nadie tan cerca, a nadie con quien compartir tanto, yéndose al extremo contrario de lo que alguna vez quiso, porque lo había tenido y no fue nada de cómo solía imaginarlo cuando era más joven. Y ahora, no entendía qué hacía pensando en ello nuevamente, porque Yaten era el hombre más diferente que conoció, en comparación a la última persona con la que se sintió confiada.
La clase terminó sin que lo notara, y no fue hasta que vio a Saijo sentado a su lado, mirándola, que reaccionó.
— ¿Dónde tienes la cabeza? — Preguntó. — Supongo que repasas los detalles de la otra noche. — Apuntó, no dejándola escapar de la conversación que le advirtió, tendrían apenas se vieran.
— Solo ando distraída. — Respondió Mina, sintiéndose incómoda. — Quizá necesito ir a mojarme la cara. — Se excusó, intentando irse, pero no pudo hacerlo.
Saijo tomó su mano, acercándola, mirándola fijamente. Contrario a sus actitudes normales, siempre en modo sensual, frotó su cabello con cariño, mostrándole que había en él algo diferente, que no era necesario escapar.
— Quiero que dejes de arrancarte. — Le dijo. — Puede que quiera mantenerte conmigo.
— ¿Por qué? — Preguntó algo confundida.
— Me agradas, disfruto pasar tiempo contigo. Es claro que hay cosas pasando entre nosotros. — Explicó calmado.
— Creí que querías, ya sabes, solo algo sin complicaciones. — Le recordó, porque esos parecían ser los términos de ambos, en cuanto a su forma de relacionarse.
— No eres tan complicada, creo saber lo que necesitas cuando estamos juntos.
Mina sonrió, sabiendo de lo que él hablaba, porque no había forma de que no terminaran en lo mismo. Pero habían muchas más cosas importantes en una relación que solo llevarse bien en la cama.
— Sabes quizá lo que quiero en ciertas situaciones. ¿Qué es lo que tú quieres exactamente? — Preguntó, curiosa de lo que él estaba haciendo, porque le parecía extraño que el hombre que parecía solo querer el rato, estuviera hablándole de algo serio.
— ¿Por qué te pones así? — Le preguntó de vuelta, comenzando a envolverla en sus gestos de coquetería. Se acomodó en el asiento, dándose más espacio, llevándola sobre sus piernas cómodamente, mientras seguían conversando. — Te contaré un secreto, sobre ti.
— Ah, Saijo, no sabes secretos sobre mi. — Devolvió, riendo suavemente. Ella sabía que él andaba engatusándola como era costumbre.
— Sé que te gusta que te bese, que coqueteas conmigo y luego arrancas para que te persiga. Pero deberías saber que no soy la clase de hombre que persigue a una mujer. — Explicó.
— ¿Qué clase de hombre eres entonces? — Consultó
— El que obtiene a la mujer que quiere. — Dijo seguro, sin despegar sus ojos de ella.
— Eso suena a cacería. — Bromeó Mina, intentando salir de esa conversación
— No, eso es simplemente desear algo intensamente y actuar para tenerlo en tus manos. — Le aseguró.
— ¿Soy un objeto de colección para ti? — Quiso saber la rubia, comenzando a entender la forma en que él la veía.
— Eres demasiado hermosa como para ser parte de una colección. Eres única, y quiero que estés conmigo. — Le dijo al fin.
No respondió nada, ¿él estaba pidiéndole una relación? ¿Era una broma acaso? No podía ver alguna razón para todo esto. Ellos siempre se dedicaban a divertirse, salían, comían, bebían, se iban a casa de Saijo y pasaban la noche juntos. ¿Qué tenía eso de serio? Era justamente lo contrario.
Le gustaba Saijo, se sentía inmensamente atraída por él, y solía confundirla con sus maquinaciones para engatusarla, pero sabía que no había algo profundo allí. ¿O lo había?
— Hime, ¿vas a estar conmigo? — Le preguntó de nuevo, acercándola mas, buscando convencerla.
— No. — Le dijo suave, apartándose.
— ¿Por qué? — Quiso saber.
— Porque no hay nada realmente, porque no sé quién eres, no sabes quién soy. Y no quiero, Saijo, no quiero tener nada. — Respondió defensiva. — No necesito tener un hombre a mi lado para estar feliz o alguna cosa así.
Él sonrió ladeado, poniéndose de pie, y mirándola desde su altura. Dejó su mano en la curva de su cintura, bajando lentamente por su costado.
— No creo eso, pero lo dejaré pasar. — Dijo simple. Su otra mano fue a su cuello, acariciándola lascivamente. — Ambos sabemos que tarde o temprano serás completamente mía. — Aseguró, antes de apartarse y salir de allí.
Mina se quedó confundida, no comprendiendo cómo él podía estar tan seguro de eso. A veces le asustaba la fuerte presencia de Saijo, porque parecía siempre tan seguro, tan convencido de obtener lo que quería. Y se preguntó si él tenía razón, o la tendría en algún momento. Pero prefirió seguir firme en la postura de que no quería eso para sí misma.
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Apenas su chofer estacionó el auto, Yaten bajó apresurado, queriendo estar solo, en la intimidad y seguridad de su territorio, sin nadie a su alrededor más que el espacio en el que se sentía cómodo.
Cerró la puerta y caminó por la ruta memorizada hacia su habitación, lanzando descuidadamente su traje antes de sentarse pesadamente sobre su cama.
Le acomodaba estar enojado, porque sospechaba que Mina solo hacía ese tipo de cosas porque él se lo permitió, porque tenían un trato demasiado relajado. La solución era regresar a la actitud inicial, separar las cosas y restringir lo que compartían. Era tiempo de ponerla en su lugar y no volver a situarse a sí mismo tan abiertamente con ella.
Sobre cualquier cosa, Yaten no quería esa sensación que tuvo al despertar, no quiso preocuparse por ella, porque sabía de alguna forma que había cosas escondidas, y que mientras dormía parecía estar protegida de cualquier cosa. Le hizo pensar que él la protegía, y nunca antes Mina fue para él una damisela en apuros. Y ya que ella no necesitaba el cuidado de nadie, él debía dejar de pensar en ello.
No quería volver a tener a una mujer así de cercana a su corazón. Quizá nunca más iba a querer a alguien cercana a él.
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La tarde parecía perfecta, incluso cuando apenas podía distinguir las figuras del paisaje, pero si los colores del atardecer apagándose para él. No le importó, por primera vez en mucho tiempo, no poder contemplarlo, porque lo que realmente necesitaba sentir era la suavidad de la mano enlazada a la suya, sabiendo que no estaba solo, que la tenía a su lado.
Llevaban conociéndose bastante tiempo, lentamente, todo en calma.
Yaten pensó que el amor vendría a él de forma catastrófica y arrasándolo todo, pero se dio cuenta que eso era debido a los amoríos de su primo, y las historias interminables que este le contaba.
Desde que él y Kakyuu estaban juntos no solían tener líos, parecía que cada momento entre ellos pasaba en calma y aliviaba su cabeza de la presión autoimpuesta. Incluso cuando el pesar de su carga académica lo llenaba, ella estaba ahí para calmarlo.
Casi no veía si no manchas coloridas cuando el sol estaba intenso, pero en días nublados era casi imposible distinguir alguna cosa. Estaba acostumbrado y preparado para cuando ya no quedaran colores. Siempre que aun pudiera sentir su cabello rojizo entre sus dedos, nada más importaba.
— Estás muy cariñoso hoy. — Murmuró interrumpiéndolo.
— Quizá te extrañé más que de costumbre. — Respondió calmado.
No se habían visto en días, y apenas lograban tener tiempo para compartir. Lo que tenía a Yaten pensativo.
Supo desde la primera vez que salieron oficialmente, que ella era la mujer perfecta. Educada, calmada, preocupada, siempre estaban todas sus cualidades asomándose, sorprendiéndolo, enamorándolo. Y sabía que era ella con quien quería pasar su vida, solo que era aun muy apresurado, siendo jóvenes, estudiando y él no estando listo para vivir con alguien más.
Yaten sabía que vivir con él sería un desafío para Kakyuu, pero era algo que solucionarían llegado el momento. Por otro lado, aunque a veces sentía ganas de hacerlo pronto, pensaba que juntos tendrían todo el tiempo del mundo.
— ¿Te irás conmigo esta noche? — Le preguntó.
— Siempre es bueno no dormir sola. — Respondió, contenta de recibir la invitación.
— Podemos ir a comer antes. — Le ofreció, sabiendo que ella compartía su gusto por las cenas elegantes.
— No, cocinaré para ti. Será mi agradecimiento por el alojamiento. — Decidió, de vez en cuando era bueno compartir de forma más casera.
— El agradecimiento es tenerte conmigo al despertar. Desearía estar así cada día. — Admitió.
— Lo estaremos algún día, lo sabes, ¿no? — Le aseguró, porque ella tenía el mismo sueño que Yaten, de compartir su vida, y todo lo que viniera en ella.
Sonrió, no pudiendo evitarlo. — Claro que sí. No hay nada que impida que te lleve conmigo.
— ¿Lo imaginas? Serán días lindos, y conversaremos hasta caer dormidos, despertaremos juntos siempre. Y por las tardes saldremos a pasear de la mano.
— Te olvidas de lo que haremos en la cama cuando no estemos durmiendo. — Dijo de buen humor.
— ¡Yaten! — Reclamó, sonrojándose al pensar en ello.
— Lo siento, princesa. — Se disculpó, no realmente lamentándolo.
La luz comenzó a escasear en sus ojos y con ello sus ánimos. Pero no quería permitir que se arruinara el momento, lo que menos deseó fue que sus momentos felices con la mujer que amaba se destiñeran junto a su vista.
¿Cómo serían esos años por venir donde él ya no pudiera ver nada? Aun era joven, y los jóvenes de su edad quizá no pensaban tanto en el futuro, porque tenían una mayor seguridad. Tampoco sería el fin de su vida, pero si un tiempo limitado hasta perder la vista totalmente. Quiso pensar que quizá le bastaría con escuchar a sus hijos, si es que los tenían, y deseó que ninguno de sus futuros niños heredara su problema.
Odiaba terminar pensando en las limitaciones que vendrían a su vida. Pero suponía que juntos lo superarían.
— ¿Nos vamos? — Preguntó, antes que la falta de luz le impidiera guiarse y debiera depender de ella para caminar el corto tránsito hasta su casa.
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Caminó hasta su piano, intentando relajarse y despejar su mente de tanta estupidez.
Una cosa había clara ahora, que los años habían pasado, que no era un niño iluso, que no pretendía más de lo que ya sabía que no existiría. Pero pensó por un momento que realmente había encontrado una amiga en quien confiar. Minako no era diferente a nadie que él conoció, y si lo era, no seguiría averiguándolo. Solo quería estar lejos de ella y no volver a desear la cercanía de tenerla en sus brazos. No más preocupación, no mas amistad, no mas abrirse con ella.
Entonces notó lo que por inercia estaba interpretando, cuando sus dedos se detuvieron de la melodía que por alguna extraña razón le gustaba a Mina.
Cerró fuertemente la tapa, sintiéndose confundido y frustrado, temiendo no poder sacársela de la cabeza. Finalmente optó por ir a darse un baño, sabiendo que debería volver a la universidad de todas formas. Mientras intentaba buscar la forma de evitar que el mundo que armó para sí mismo en su soledad, dejara de tener complicaciones simplemente por Mina.
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Ella ya estaba allí, esperándolo.
No podía dejar de estar nerviosa y preocupada, ni de pasearse por la oficina inquieta.
Cuando lo vio entrar se quedó fija, junto a la ventana, mirándolo sin saber bien qué decir. Pero también notó que allí estaban por trabajo.
— Durante el almuerzo revisé algunas cosas que quiero mostrarte, pero pensé que…no lo sé. ¿Estás menos enojado por lo de anoche? — Preguntó sin poder evitarlo.
— Es algo sin importancia, siéntate. — Le ordenó, mientras él mismo se acomodó para comenzar a buscar algo para ella.
Cuando encontró la hoja con direcciones se la dio, sabiendo que quizá era drástico.
— ¿Para qué es esto? — Preguntó confundida.
— Lugares donde pueden enseñarte a usar el resto de tus sentidos, ahí van niños ciegos, quizá te sientas cómoda. — Comentó irónico.
— Creí que tu ibas a enseñarme.
— Pienso que mientras menos nos veamos será mejor. Ve allí, pueden ayudarte. —Resolvió.
— Yaten, no quise hacerte enojar, realmente solo pensé en que debías descansar, relajarte. — Intentó explicar.
— No, lo que hiciste fue romper la confianza que comenzaba a tenerte. — Replicó, haciéndole saber de su disgusto.
— ¿Por qué tienes que molestarte tanto solo por el hecho de que no pudiste controlar lo que hacías? — Preguntó, sabía que él no estaba solo enojado por lo del té.
— No es eso, Aino. Tu no pareces tener un límite de lo que puedes o no hacer, y no tengo porqué soportar tus estupideces. No creas que por algunos buenos momentos, haré lo que se te ocurra. — Explicó, queriendo cortar el asunto.
— ¿Unos buenos momentos? No parecías molesto de despertar conmigo. — Se defendió.
Eso fue suficiente para él.
— Entonces supongo que era eso. Solo querías parecer cercana porque quizá seré tu capricho del momento. ¿Cuándo vas a madurar, Minako? — Le reclamó.
— No eres mi capricho, eres mi amigo. — Aclaró, no pudiendo creer lo que él insinuaba.
— ¿Metes a todos tus amigos a tu cama?
— Estás siendo injusto, Yaten. Es demasiado escándalo por lo que pasó. — Intentó calmarle, esto estaba saliéndose de control y esta vez no era ella agrandando la situación, era él.
— Tú eres la única escandalosa aquí. — Soltó.
Lo dejó decirle lo que se le ocurrió, no porque fuese sumisa, ni aceptara los insultos de su parte. Ella creía que nada de lo que decía tenía que ver con la real razón de su enojo.
— ¿Cuándo vas a ser honesto sobre lo que te molesta? — Preguntó.
— Lo soy.
— No, solo intentas volver al mismo trato desagradable del inicio. Y yo sé que te agrada estar conmigo, siempre te ríes conmigo, y estás cómodo, y sé que es algo que te importa. ¿Es eso falso? — Quiso saber.
— Eso ya no será más. No quiero tener nada contigo. — Le indicó en un tono drástico, quería que ella dejara de poner dudas a lo que él le decía.
— Estás siendo un idiota. — Dijo sintiéndose herida.
— Me lo han dicho muchas veces. — Se encogió de hombros, restándole importancia a cualquier palabra que ella dijera.
— Y aun no logras entender que eres más que eso. — Siguió, incapaz de quedarse callada.
— ¿Seguirás intentando convencerme de tus ideas sobre mi?
— No son ideas, hablo de lo que veo. Lo que te empeñas tanto en esconder. — Le dijo más suave, intentando que él viera el punto y terminaran con toda esta discusión.
— Vete de aquí, no creo que trabajemos hoy. Encárgate de lo que te di y no vengas mañana tampoco. Ya te avisaré de la próxima reunión. — Decidió, queriendo dejar de escucharla, porque no quería saber lo que ella pensaba de él, no quería su voz metiéndose en su cabeza y cambiando su decisión inicial.
Mina supo que no había caso, que él estaba demasiado cerrado en ese momento y que nada conseguiría por ahora.
— Como usted diga, Doctor Kou.
La sintió salir, sin golpe de la puerta como pensó. Mina era bastante impulsiva y odiaba que él la tratara así, pero generalmente se enojaba y salía hecha una furia. Esta vez no fue así y entendió que logró lo que quería, sin embargo, hubo una parte de sí mismo que lo resintió, y no había motivo para sentirse mal de apartar una cercanía que no tenía nada de bueno.
No estaba contento, no se sentía aliviado, y no quiso herirla, pero no quería perder el control de sí mismo. No quería acostumbrarse a algo que luego iba a irse de sus manos, otra vez.
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El camino a su casa fue tenso, sintiéndolo en sus piernas al caminar fuerte, como si el pavimento fuese el gran culpable del lío con Yaten. Era como si cada parte de su cuerpo estuviera resistiendo la dureza, y lo mal que se sentía luego de salir de la universidad.
¿Por qué tenía que arruinarse todo? Ella sabía que cometió un error, pero también que él lo tomó como una salida fácil.
¿Qué más podía ocurrir en un mismo ese día? Todo se volvía demasiado complicado, demasiado confuso. Y era lo de la pelea, mas la conversación con Saijo, enredándola, caminando acelerada, solo deseando llegar al refugio de su hogar y dejar de pensar en las posibilidades. Había pasado demasiado tiempo sin pensar en las posibilidades.
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El día estaba en su momento de mayor calor, haciéndola sentir sedienta, pero si no llegaba pronto, no lo encontraría, y moría por verlo.
Sus manos sudaban, y no podía culpar al calor, estaba nerviosa, ansiosa, y sobre todo muy feliz. No había forma de quitar su sonrisa, de bajar el ritmo en su corazón, porque lo sabía en ese instante, estaba segura de lo que estaba sintiendo, pudiendo reconocer por primera vez al amor apoderarse de ella. No algún capricho de niña, no algún chico guapo distrayéndola, esto era diferente.
Lo vio sentado en la misma banca de siempre. Allí donde él la encontró hace un par de meses, mientras se escapaba de clases, en el rincón más escondido del parque, donde fuera difícil encontrar a alguien más. En el mismo sitio donde comenzaron a hablar y a ella le parecía tan familiar, dándole a entender que quizá en otra vida también estuvo cercano a ella.
— Lamento la tardanza, mamá fue difícil de esquivar hoy. — Se disculpó, llegando a su lado, sentándose cercana a él.
— Quizá no deberías venir a escondidas. — Sugirió, sonriendo suavemente, dentro de la dureza de sus rasgos.
Y probablemente ella no tendría que salir a escondidas si no fuera porque su madre la mataría al saber que se juntaba con un chico mayor que ella. Además, Mina siempre pensó que el salir a escondidas hacía todo esto más emocionante, cómo si se tratase de dos amantes de una película romántica, luchando por mantenerse juntos.
Solo que hoy era diferente.
Había pasado la noche intentando saber qué hacer, y portarse a la altura de la situación. Ella no era una niña, pero ese sentimiento la tenía algo inquieta, llevando su mente a todas sus ideas sobre lo hermoso que era el amor. Y fue entonces que decidió que iba a confesárselo, que quería también saber si él la veía como algo más que una compañera de conversación.
— Kunzite. — Le llamó, mirándolo seriamente. — Hay algo que quiero decirte.
Él le prestó atención, sospechando hacia donde iba todo esto.
— ¿No te parece que es como si nos conociéramos desde siempre? — Le preguntó, intentando relajarse de alguna forma, antes de ir al punto.
— Es así, nos conocemos desde antes. — Respondió él con naturalidad.
— ¿Cómo? — Consultó Mina, algo confundida.
— Pequeña niña, amante de las canciones simples y corrientes. — Sonrió, recordándole años atrás, cuando la vio junto al viejo pianista.
Ella se quedó en silencio, mirándolo mientras buscaba en su memoria, haciendo encajar lo que él decía, y lo que ella recordaba. Y se preguntó cómo pudo olvidar su rostro, si él fue quien insultó su más preciado recuerdo.
— ¡Eres un imbécil! — Le dijo sin pensarlo. Kunzite se echó a reír.
— ¿Cómo no me recuerdas? No he cambiado tanto, en cambio tu, eres bastante más grande que esa niñita chillona. — Admitió, aludiendo a que ella era ahora una mujer, o al menos se acercaba a ello.
— No era una niñita chillona. — Reclamó.
Él solo estiró su mano, silenciándola con la caricia sobre su rostro, haciéndole notar el poder que estaba teniendo sobre ella. Y Mina no fue capaz de reclamarle alguna cosa, demasiado derretida en emociones por el simple toque.
Las personas con el tiempo cambiaban, y así como ella era mayor ahora, él ya no era un chiquillo cruel, era un hombre que la tenía loca.
Dejó de pensar en lo que ocurriera cuando era niña, porque entonces tenía allí cerca a quien se reunía con ella por las tardes, a quien le comentaba sobre su vida, mientras él compartía parte de sí mismo, quizá viéndola como a una amiga. Lo único que importaba era ese sentimiento cálido en su corazón, y no quiso que alguna cosa lo opacara.
— Creo que estoy enamorándome de ti. — Soltó nerviosa.
Y esperó una respuesta, mirándolo fijamente, intentando depositar todas sus energías en que él confesara sentir lo mismo. Pero el tiempo parecía moverse lentamente y no escuchaba nada. Y su ansiedad ganó.
— ¿No vas a decirme nada? — Preguntó.
Y al parecer él no pensaba decir nada, porque permanecía en silencio mirándola, pareciendo analizarla, no sabiendo si era bueno o malo. Pero al menos ya lo había soltado y él sabía sobre sus sentimientos.
Entonces el silencio se convirtió en un beso, dándole a Mina su respuesta de la forma más romántica que pudo imaginar. Mientras dejaba su cuerpo apoyarse en él, plácidamente rodeada de sus brazos, y el mundo deteniéndose en ese instante.
Apenas se separaron unos centímetros, y abrió sus ojos, queriendo saber que era real.
— Eres preciosa, ¿lo sabes? — Preguntó Kunzite, haciéndola sentir contenta. — Y supongo que ahora sabes que eres especial para mí. Pero no quería confundirte. — Explicó.
— No soy una niña. — Alegó.
— Legalmente si, al menos por un par de años. — Le dio la razón, él tampoco la veía como una niña, pero no quería meterla en líos. Y ella no parecía tener conciencia de lo que hacía.
— Pero podemos ser novios y hacerlo oficial cuando sí sea mayor. — Sugirió.
— ¿Estás pidiéndomelo? — Le preguntó.
— Quiero estar contigo, porque me haces muy feliz. — Confesó, segura de que él era perfecto para ella.
— Y tú me llenas de alegría, Minako. — Admitió. — Entonces, eres mía ahora. — Afirmó, tomando su mano y dejando un beso suave en su dorso.
— Totalmente. — Digo satisfecha, echándose a sus brazos.
En ese instante sintió que todo era perfecto, él era su novio ahora, y podía asegurar que era el amor de su vida, y que nunca desearía ningún otro sitio que no fuera entre sus brazos.
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Subió corriendo las escaleras cuando al fin llegó a su edificio. Aun en el mismo estado, porque caminar no había ayudado en lo más mínimo.
Desde que se alejó de Kunzite no había estado nuevamente cercana a una relación seria. Solo había tenido salidas, algunas más duraderas, pero siempre terminaba encontrando algo que la hacía saber que no resultaría nada.
Y ahora que estaba lejos de su lugar natal, ella misma se metía en líos, lo sabía, era su culpa. Las cosas con Saijo habían llegado demasiado lejos y él parecía querer tenerla en exclusivo, y eso la confundía, porque aun gustándole, creyó siempre que él solo quería divertirse.
Por otro lado estaba lo de Yaten, y no estaba segura del lugar que él ocupaba en el lío en su cabeza, solo sabía que estaba dolida, porque así como la sensación que tuvo al despertar con él, era el momento mas reconfortante que había tenido en años, ella estaba consiente de que no había nada amoroso entre ellos, él era su amigo. O al menos solía serlo hasta que se le ocurrió poner relajante en su té.
¿Y qué iba a hacer ahora sin esa sensación que tenía a su lado? Yaten se convirtió en la persona que tenía más cerca siempre, en la persona que la obligaba a exigirse hasta más allá de sus límites, y de cierta forma sacaba lo mejor de ella. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que pudo sentir que era capaz de hacer lo que quisiera, siempre que lo intentara. Y era porque él la alentaba, a su manera, pero lo hacía.
Buscó sus llaves para entrar a su departamento, haciéndolas caer torpemente al suelo.
Se sintió frustrada y pateó la puerta, agachándose luego con intensión de recuperar su llavero, pero se quedó allí, mirando el suelo, intentando esconderse de sí misma.
— ¿Mina? — Dijo Serena, luego de ver lo que ella hacía.
Iba apenas llegando a su propio apartamento, y vio a su amiga llegar corriendo allí, pero pensó que iba apurada por asuntos de deberes de la universidad. Ahora notaba que algo estaba mal con ella.
Dejó su bolso a un lado y se agachó, buscando ver su rostro, porque Mina parecía demasiado alterada. Vio sus ojos rojizos y su cuerpo tenso.
— ¿Qué ocurre? — Le preguntó suavemente.
Ella apartó la mirada, sintiéndose avergonzada de su actitud, pero debía sacarlo de sí misma.
— Siempre lo arruino, lo arruino todo. — Murmuró.
— No, no lo haces. Cuéntame qué pasó. — Pidió, siendo apacible.
— Yaten. — Soltó por inercia, aun mirando el suelo. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sabiendo entonces lo que estaba pasándole.
Se abrazó a Serena, buscando apoyo cuando no pudo contenerlo. Su amiga la rodeo, esperando que ella pudiera desahogarse, y luego quizá iría por helado, para animarla. Pero sintió a Mina llorar y solo pudo dar palmaditas suaves en su espalda.
— No le hagas caso, no dejes que te trate mal. — Aconsejó, pensando que era algún lío sobre la investigación.
Pero no tenía nada que ver con eso.
Mina estaba segura que de alguna forma se las arreglaría y evitaría encontrarse en esa situación, porque estaba asustada, quizá aterrada, de volver a llenarse de esas emociones. Pero todo el tiempo que llevaba cerca de él solo la hacía ver que quizá no sería tan malo esta vez, y que debía dejar de pensar que todo el mundo la trataría como Kunzite.
Allí, en medio de sus lágrimas y sus miedos acechándola, admitió por fin la verdad a sí misma. Debía ser honesta al fin y aceptar que no podía pasarse la vida ignorando algo que siempre fue tan importante para ella, y a lo que fue tan devota.
Mina supo en ese instante que todo lo que le dolía sobre ese día, sobre esa pelea, era el alejarse de Yaten, porque sentía mucho más que simple cariño de amigos por él. No quería perderlo, no quería permitirle a él poner más barreras entre ellos, y aun estando asustada de sus propios sentimientos, no iba a dejar que la vida se llevara de su lado todo lo que habían compartido.
Porque había una simple y pura verdad, ella estaba queriendo a Yaten.
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Hola!
Me demoré un poco más de lo esperado, demasiadas distracciones.
Pero estos días no me los he podido sacar de la cabeza, quizá por el bombardeo de info que he tenido, desde lugares tan distantes de mi como Japón y Polonia. Siempre es lindo ver cómo lo especial que son ellos dos, alcanza lugares tan distantes.
Aww me siento contenta y animada a seguir esto. ¡me hace tan feliz escribir!
Y gracias! Por el apoyo de siempre.
Besitos! =)
