Acto VII. La nada después del infinito

Sus ojos azules se abrieron lentamente como si despegar sus parpados le estuviera costando toda la energía del universo. Mientras iba tomando conciencia del mundo una vez más, Victor sintió el movimiento de un cuerpo al lado del suyo y sus pupilas, que para ese entonces recibían los primero rayos de luz de la mañana, se encontraron de frente con el magno espectáculo del Rey Cisne dormido al lado suyo, su cuerpo, ese cuerpo perfecto que Victor había tocado la noche anterior, estaba cubierto por una ligera sabana que hacía que la imaginación del ruso volara a mundos insospechados, esos mundos que las manos, los labios y el cuerpo de Yuri Katsuki le habían hecho descubrir la noche anterior.

Por un momento, Victor se preguntó seriamente por qué él y Yuri habían despertado juntos, el hombre se preguntó por qué él no se había ido minutos después de que todo lo que había deseado hubiera por fin ocurrido. Victor recordaba con total nitidez la calma que llegó después del placer, Victor recordaba haber besado a Yuri Katsuki de forma profunda antes de que el otro joven recobrara la cordura y le dijera que era mejor que los dos fueran a dormir.

Había sido en aquel momento cuando Victor debió de haberse ido para siempre de la vida de Yuri, ya lo había tenido una noche y aquello debía bastar pero el hombre de los ojos azules no estaba convencido para nada de que alejarse del Rey Cisne pudiera funcionar. Además, había sido él en persona quien le había pedido que se quedara dormido a su lado y la mirada en los ojos de Yuri, esa mirada que contenía en sí la luz de un nuevo conocimiento, era una invitación a la que un mortal como Victor Nikiforov no podía negarse.

Así pues, sintiéndose totalmente embrujado por Yuri y sus ojos llenos de estrellas y recuerdos de la noche que los dos habían hecho eterna, Victor siguió al joven Katsuki como un cordero a su amo. Victor recordaba el silencio que había venido después de recostarse con Yuri sobre la cama, Victor recordaba la mirada profunda de aquellos ojos marrones que parecían estarse despidiendo de él poco a poco, como si de pronto Yuri hubiera descubierto que decir adiós para siempre de un solo tajo, era demasiado difícil como para soportarlo.

Y así se habían quedado los dos, las manos del uno y del otro lejos del cuerpo que aquellos dedos conocían ya; los dos cercanos y aun así a miles de kilómetros de coincidir en la vida porque algo en su interior les decía que la nada estaba llegando, que la nada llegaría a pesar de todo y ante esa idea, Victor Nikiforov, el inalcanzable Victor Nikiforov empezó a sentir miedo porque ¿cómo demonios le dices adiós a una persona que seguirá estando presente de una u otra forma en tu vida? ¿Cómo le dices adiós a alguien a quien por primera vez en mucho tiempo quisieras poder decirle "bienvenido"?

El pianista ruso suspiró de forma inevitable, él no entendía qué estaba pasándole con Yuri Katsuki ni por qué su cuerpo parecía seguir sintiéndose deseoso de él. Es decir, la sola contemplación de aquel chico que dormía con la gracia de un príncipe encantado, estaba causándole una erección matutina de la que Victor no podría aliviarse, al menos no en las manos de Yuri como era su deseo.

Sí, eso era, el deseo por Yuri Katsuki no se había terminado y la llegada de la mañana, esa mañana en donde la nada encontraría su inicio estaba llenando el corazón de Victor de un terror apremiante porque él no entendía cómo era posible que en el mundo existiera un hombre como Yuri, un hombre que estaba haciendo que él se olvidara de su propio ser.

Victor se rio de sí mismo y cerró los ojos sabiendo que lo que le pasaba con Yuri Katsuki era simplemente imposible de entender, no había explicación para tanta estupidez. Él le había prometido a Yuri que se alejaría de él definitivamente pero ¿cómo te alejas de alguien que te atrae hacia él con todo el poder de la gravedad? ¿De verdad Yuri no lo notaba, no notaba que él era como un encantamiento al que Victor simplemente no podía resistirse?

-¿Qué demonios me has hecho, bello durmiente?- susurró el hombre sin apartar sus pupilas del color del cielo del rostro quieto y hermoso de Yuri- ¿Eres tú quien me hará conocer el apocalipsis después de todo?

Victor sonrió burlándose de sí mismo y decidió que era hora de irse de ahí, no quería despedirse de Yuri, aquello le parecía una tontería. Y sin embargo, ponerse de pie, salir de la cama que olía al cuerpo de Yuri, que emanaba el olor dulce y fuerte de un hombre que acaba de conocer el placer físico por vez primera, estaba resultándole casi imposible. Victor sabía que no podía quedarse más con Yuri y sin embargo deseaba poder fundirse con la sabana y rodear al chico que dormía al lado suyo con sus brazos, con su alma, con su propia vida.

Sí, aquel deseo desnudo de poseerlo sexualmente se había transformado en otra cosa al amparo de la luna y el vapor de las aguas termales pero ¿qué diablos había sucedido? No era posible estar sintiendo lo que sentía, él de verdad tenía que declararse un estúpido si después de todo lo que había sucedido su corazón empezaba a latir del modo en el que ahora lo hacía ante la sola posibilidad de que en su alma estuvieran brotando ahora sentimientos que él no tenía derecho alguno de tener por Yuri Katsuki.

Un escalofrío recorrió su espalda y el terror de aquella idea hizo que el hombre se pusiera en pie de repente, sabiendo que tenía que irse de aquel lugar antes de que su mente siguiera jugándole aquellas bromas pesadas. No, claro que no, no sentía nada por Yuri Katsuki. Solo eran los restos del deseo que seguían volviéndolo loco, solo era eso. Ahora era tiempo de irse y buscar una nueva presa, ahora por fin podría escribir el nombre de Yuri en su lista de corazones robados pero ¿Por qué eso no parecía suficiente?

"Porque tú no le robaste el corazón, fue él quien te lo arrebató a ti".

Las palabras sonaron en su mente fuertes y claras y el pánico empezó a encender todas sus alarmas. No, claro que no, aquello no era posible. En definitiva Yuri Katsuki no le había robado el corazón porque para empezar, él ni siquiera tenía un corazón ya para que alguien pudiera robárselo. Victor intentó respirar de forma acompasada pero no podía. La verdad que empezaba a dibujarse dentro de su alma era demasiado grande para que él pudiera aceptarla, en realidad no quería aceptarla.

Y en ese momento, mientras el pianista trataba de reírse de aquello que sentía y que no quería sentir, los ojos de Yuri se abrieron lentamente, tan lentamente que el hombre de los ojos azules sintió ganas de echar a correr antes de que las pupilas marrones de Yuri Katsuki lo contemplaran convertido en aquel desastre que Victor odiaba ser, ese desastre que se sentía en control de nada.

Sin embargo, Victor no huyó y se quedó ahí, en medio de la habitación que el muchacho de los cabellos oscuros y él habían compartido, enfrentándose con aquellos ojos que al verlo ahí, frente a él, se llenaron de una fría calma que heló la sangre del ruso. Aquellos ojos eran una despedida en sí mismos, aquellos ojos estaban preparados para pedirle que se largara de ahí.

-Buenos días, su majestad- dijo Victor intentando recuperar un poco de dignidad a través de su fachada de hombre seguro e inalcanzable.

-Buenos días…- dijo Yuri evitando su mirada- ¿Por qué estás aquí?

-Tú me invitaste ¿no lo recuerdas?- dijo Victor con una sonrisa seductora-. De hecho, me encantaría recordarte qué fue lo que hicimos después de que te prepare el desayuno…

La sonrisa coqueta en los labios de Victor se congeló al ver el gesto asustado de Yuri. El rostro del bailarín japonés estaba lleno de miedo como si de pronto la peor de las predicciones que le hubieran hecho acerca de su destino se hubiera convertido en realidad. Y es que Yuri no entendía por qué aquello estaba pasando, él no podía llegar a comprender el motivo por el que Victor Nikiforov seguía ahí, en la misma habitación que él. Victor le había prometido la nada ¿por qué estaba negándosela todavía si él ya había cumplido con su parte del trato?

-Es mejor que te vayas ahora, llegaremos tarde al ensayo de hoy- dijo Yuri tratando de no ponerse a llorar-. Vete Victor, por favor…

Los ojos azules del pianista se llenaron de terror puro. Yuri le estaba pidiendo que se fuera aunque dentro de su corazón él seguía deseando que aquello no fuera verdad, de verdad estaba indispuesto a salir de vida del Rey Cisne con tanta facilidad.

-Déjame prepararte el desayuno y después…- dijo Victor sin importarle estar sonando como un necio cualquiera.

-No, no es necesario…- dijo Yuri levantándose de la cama y al hacerlo, Victor notó que una mueca de dolor aparecía en sus labios.

-¿Estás bien?- dijo el hombre de los ojos azules acercándose al bailarín-. Si duele un poco puedo decirte que hacer para aliviarlo y…

-No quiero hablar de eso, por favor- dijo el joven Katsuki con las mejillas llenas de rubor y ante aquel pudor, Victor se preguntó a dónde se había ido el dios del sexo con el que había estado hace apenas unas horas-. De hecho, no me gustaría que nadie en la compañía lo supiera, por favor…

-¿Te avergüenza que sepan que estuviste conmigo?- dijo Victor empezando a enojarse- ¿Temes que tu adorado Yura te odie si sabe que logré tocarte antes de que él lo hiciera?

-Eso soy para ti, eso son todos para ti ¿no es así? Solo un premio, solo un objeto del cual hablar y reír después de hacer con ellos lo que deseas- dijo Yuri con una sonrisa triste y los ojos vidriosos, como si estuviera a punto de echarse a llorar-. Sé eso Victor, lo sé, sé que querrás decirle a todo el mundo que el jodido Rey Cisne por fin se acostó contigo y sé que no puedo evitarlo es solo que…

-No le diré a nadie…- dijo Victor sin saber por qué-. Minako me mataría ¿sabes? Me advirtió expresamente que no debía meterme contigo, si ella sabe lo que pasó dudo que quiera seguir protegiéndome…

-Gracias- dijo Yuri de forma suave-. Ahora vete, por favor…

-¿De verdad crees que es posible que me vaya así de fácil?- dijo Victor y en ese punto de la conversación se dio cuenta de que estaba siendo un estúpido redomado pero no le importaba ni un poco.

-Eso es lo que haces siempre ¿no es así?- dijo Yuri sin mirarlo-. Llegas, robas que lo que crees que necesitas y luego te vas…

-¡Deja de hablar de mí como si supieras todo acerca de mi vida!- dijo Victor atrayendo la mirada confusa de los ojos e Yuri quien seguía sin entender a qué venía tanto alboroto-. Tú solo sabes las cosas que alguien más te ha dicho de mí, tú solo te sientas a juzgarme desde tu silla de pureza y moralidad pero no tienes ni idea de quién soy y es por eso que crees que puedo dejarte. Pues déjame decirte algo, Rey Cisne, no puedo, no puedo alejarme de ti…

-No, no sé quién eres y tampoco quiero saberlo- dijo Yuri con una fría calma que solo aumentó la rabia en Victor-. Ese fue el trato, Victor, te di lo que querías de mí ¿no es así? ¿Por qué no quieres irte? ¿Quieres que repita lo que hice ayer? ¿Si lo repito me dejarás en paz? Si es así, vuelve a tomarme ahora y acabemos con esto, estoy cansado ¿entiendes? Estoy cansado y no quiero seguir jugando este juego contigo así que hazlo de nuevo y vete…

-Tú no entiendes nada- dijo Victor con ganas de arrancarse los cabellos-. No sabes nada, Yuri Katsuki…

-Tú tampoco sabes nada- dijo Yuri mirándolo a los ojos-. Te sientas en tus silla de conquistador nato y esperas que yo sea como todos tus demás amantes ¿no es así? La única razón por la que sigues aquí es porque no te declaré mi amor eterno después de follar contigo, pero no puedo sentir amor por alguien como tú, y estoy seguro de que tú tampoco puedes sentir amor por nadie. Sé que vas a reírte de mí cuando te lo diga, pero quisiera que la próxima vez que algo como lo que hice contigo suceda, sea porque ese alguien me conoce y me ama y no solamente porque su deseo de poseer a alguien es más fuerte que su buen juicio. Quiero conocer el amor, Victor, y si tú estás cerca de mí es posible que no llegue a conocerlo, tú me lo dijiste, no te gusta la idea del infinito y está bien, te juro que está bien. Tú tienes el derecho de vivir tu vida como mejor te plazca y yo también.

-No puedo alejarme de ti ¿entiendes?- dijo Victor sintiendo que las palabras de Yuri picaban como agujas ardientes en su corazón que estaba despertando entre dolorosos calambres-. Decirte que me alejaría de ti después de todo fue algo estúpido, no entiendo qué me pasa contigo ¿está bien? no lo entiendo pero estoy seguro de que no puedo darte la nada, no puedo…

-Entonces entiéndete a ti mismo y averigua qué es lo que quieres- dijo Yuri con determinación-. Aunque la verdad sé que eso que tú quieres alguien como yo es incapaz de dártelo. Ahora vete, te lo ruego, vete al menos que quieras saciar tu deseo una vez más. Después de todo soy un objeto ¿no lo crees? Úsame una vez más y luego ve a buscar a otra presa que no te cause tantos problemas ¿está bien?

Victor caminó directamente hacia Yuri sin poder contener la furia que las palabras frías y precisas del pelinegro estaban causándole. Él no entendía por qué estaba diciendo tantas cosas estúpidas, en realidad solo estaba guiándose por aquella ansiedad que parecía estar devorándolo por dentro ante la sola posibilidad de que aquel fuera el adiós definitivo pero no podía, no quería hacerlo.

Había pensando un mes entero en aquellos ojos que lo miraron con miedo al sentirlo tan cerca de ellos; se había obsesionado con aquel chico de un modo estúpido, sí, quizá había dejado que mil emociones distintas despertaran dentro de él al ver bailar al Rey Cisne, al verlo sonreír del modo cálido en el que le sonreía a sus amigos y a las personas a las que Yuri amaba. Sí, estaba perdido, ahora se daba cuenta, estaba perdido por Yuri Katsuki y no sabía cómo decirle al joven delante de él que era necesario que él y solo él pudiera encontrarlo.

Yuri tembló al sentir los brazos de Victor apresándolo en ellos como si no quisiera dejarlo salir nunca. La frente del ruso estaba sobre la suya y Yuri sintió que un peso helado invadía su pecho al darse cuenta de que de verdad Victor lo usaría de nuevo y solo tuvo dos segundos para arrepentirse de haber dicho aquella oferta estúpida porque los labios de Victor estaban sobre los suyos y el aliento caliente de Victor golpeaba su boca haciéndolo temblar.

-Escúchame bien, su majestad- dijo Victor sintiendo que su declaración tenía que ser directa de modo que Yuri la entendiera a la perfección- no voy a rendirme contigo ¿entiendes? No voy a alejarme de ti, no puedo, soy el pianista de tu compañía y estaré ahí, a tu lado, quieras o no. Durante ese tiempo, intentaré averiguar qué es lo que quiero aunque justo ahora tengo una idea aproximada acerca de qué es eso: te quiero a ti ¿me oyes? Te quiero a ti y no daré marcha atrás hasta lograrlo y si para eso tengo que empezar a pensar en un jodido infinito como el que quieres, entonces te lo daré. Así que espera, espera y verás…

-No voy a esperar nada de ti, Victor y tú también sabes que nada de lo que dices es cierto- dijo Yuri alejando a Victor de su cuerpo-. Ya escuché suficientes disparates, ahora vete. Vete y por favor déjame en paz. Te exijo que te alejes de mí. Ahora, si vas a seguir con tu juego, creo que al menos tengo derecho a pedirte que no arruines lo único que amo de verdad ¿quieres? No arruines mi carrera como bailarín solamente porque no puedo ser la persona que quieres que sea…

Sin agregar más a lo ya dicho, dejando al hombre de los ojos azules con la sensación de que en realidad el fin del mundo como él lo conocía hasta ese momento estaba empezando de verdad, Yuri Katsuki salió de aquella habitación con rumbo al baño de la segunda planta del hotel queriendo lavar su cuerpo para no conservar en él ningún rastro de la esencia o de la saliva de Victor Nikiforov. Solo quería olvidarse de lo que había hecho. Solo quería dejar de sentir que haber cometido aquella estupidez no había servido para nada como Yura se lo había advertido hasta el cansancio.

Por otro lado, Victor se quedó de pie en la habitación preguntándose por qué demonios había tanto vacío en su alma y por qué solo la cercanía de Yuri Katsuki podía llevarse aquella extraña sensación que de tan nueva, era aterradora. Sí, claro, había dicho un discurso digno de un idiota cualquiera pero Yuri Katsuki lo hacía actuar así, Yuri le robaba la seguridad, quizá Yuri incluso le había arrebatado el alma y la verdad era que Victor no la quería de vuelta. Él solo quería estar cerca de aquel chico que seguía alterándolo con su belleza, él solo quería descubrir el misterio de aquellos ojos marrones que la noche anterior habían estado dispuestos a contarle todos sus secretos. Eso era lo que él quería y aunque en ese momento no tenía ni idea de cómo lograrlo, él estaba seguro de que dentro de él, Yuri Katsuki también lo quería a su lado aunque el chico se negara a aceptarlo…


Desde el momento en el que la directora Minako había anunciado que el bailarín principal de la compañía no se presentaría al ensayo debido a que estaba sintiéndose adolorido debido al intenso ritmo de ensayos a los que se había sometido la semana anterior, Yuri Plisetsky había intuido que su día sería una completa y total mierda.

No solamente se había visto forzado a bailar con Victor Nikiforov sino que la zorra aquella parecía estar a miles de kilómetros de distancia del estudio y no hacía más que equivocarse una y otra vez al momento de intentar llevar a cabo la danza lenta y cautivante de Odette durante la escena del primer encuentro en el lago con el príncipe Sigfrido.

Todos los bailarines de la compañía habían mirado con la boca abierta el continuo fallar de Victor, todo el mundo murmuraba que tampoco Victor estaba sintiéndose bien y aquello era más que obvio. Mientras sus demás compañeros decían que seguramente la distracción del ruso se debía a su habitual noche de juergas, Yurio estaba dispuesto a apostar la mitad de la herencia que su abuelo le había legado a que la actitud del pianista estúpido aquel se debía a Yuri, él estaba seguro de que algo había pasado entre su mejor amigo y la zorra y el joven rubio solo quería que Minako terminara con aquella tortura para poder correr hacia Yutopia y preguntarle a Yuri en persona qué demonios había sucedido entre ellos dos.

Después de varios intentos infructuosos de continuar con el ensayo cuando era evidente que la compañía necesitaba con urgencia a su Rey Cisne, Minako y Celestino decidieron que todo el mundo se tomara el día libre, ya podrían retomar el ensayo al día siguiente cuando el elenco estuviera completo y el pianista estrella de la compañía recuperara sus sentidos.

Yurio suspiró con aire aliviado al escuchar las palabras de la directora y con la sola idea de salir corriendo con rumbo a Yuri, el joven se encaminó hacia la puerta en la que Celestino Cialdini lo detuvo diciendo que había un anuncio importante qué hacer antes de que todo mundo se fuera a disfrutar de un día libre que en realidad era un lujo que aquella compañía de baile disfrutaba raramente.

-Espera unos minutos, Yurio- dijo Celestino provocando que el joven Plisetsky le dedicara una mirada llena de desesperación-. Nuestro invitado ya ha llegado, la directora Minako ha salido a recibirlo, no nos tardaremos mucho…

Yurio puso los ojos en blanco pero desanduvo sus pasos hasta colocarse al fondo del estudio donde Chris, Minami y Phichit compartían comentarios preocupados debido a la ausencia de Yuri y al estado casi catatónico del pianista Nikiforov.

-Si esto es culpa de la zorra te juro que voy a matate, Giacometti- dijo Yurio al acercarse a sus amigos quienes de pronto guardaron silencio al verlo integrarse al grupo.

-Cariño, si esto es culpa mía yo mismo me mataré, no te preocupes- dijo Chris quien de verdad estaba tenso debido a la incertidumbre de no saber qué había pasado con Yuri, después de todo, la idea de que Yuri cediera a los avances de Victor era toda responsabilidad suya.

-Nadie va a matar a nadie, por favor, conserven la calma- dijo Phichit tratando de mantener a raya su propia tensión-. Sé que Yuri no está contestando las llamadas de nadie, pero debe estar bien. Tenemos que esperar que esté bien, nada malo pudo haberle pasado…

-¿Nadie te ha dicho que los optimistas estúpidos son molestos de verdad, Chulanont?- dijo Yurio incapaz de reprimir su mal genio-. Sabes que suenas como un completo idiota diciendo eso ¿verdad?

-¿Y tú sabes que suenas como una perra sin corazón?- dijo Minami quien jamás se impresionaba por los estallidos de rabia del bailarín rubio-. Todos estamos preocupados, no tienes derecho de hablarle así a Phichit…

-Ok, lo siento, Phichit- dijo Yurio con aire cansado, aquel día ya había sido lo suficientemente malo como para encima pelear con sus amigos-. Es solo que conozco al Katsudon y él no es así, él no huiría de un ensayo ¿me entienden? Algo malo de verdad debe haberle pasado, incluso la actitud de Minako es rara ¿desde cuándo suspende los ensayos porque el bailarín principal está cansado? Cuando yo he sido el protagonista, Minako me hizo seguir bailando hasta que mis pies no podían más…

-Lo sé, es extraño, pero no ganamos nada imaginándonos lo peor- dijo Phichit intentando sonreír-. Quizá sea verdad que Yuri está agotado solamente, es decir, él tiene el rol más pesado que un bailarín puede tener, Yuri tiene que presentar a dos personajes totalmente distintos, no es lo mismo que nosotros hemos hecho como principales…

-¿Por qué no vas a verlo enseguida de que podamos irnos, Yura?- dijo Minami un poco más tranquilo-. Contigo sí querrá hablar, tú eres su mejor amigo.

-Eso es lo que pensaba hacer, no entiendo qué demonios tiene que decir Minako ahora- dijo Yurio empezando a desesperarse al notar que la ausencia de la directora solo seguía prolongándose.

-Va a presentarnos al director de escena hoy- dijo Chris con aire ausente, antes no había hecho ningún comentario con respecto a Yuri porque la culpa seguía carcomiéndolo por dentro.

-¿Qué demonios pasó con Luigi Santini?- dijo Yurio recordando al director de escena con el que la compañía había trabajado siempre.

-Minako quiere sangre joven en este proyecto y Celestino estuvo de acuerdo- dijo Chris levantando los hombros en señal de que no tenía más información que aquella-. Se supone que el nuevo director ha trabajado antes con las mejores compañías de ballet. Recuerden que "El lago de los cisnes" será nuestro lanzamiento a nivel internacional, es importante que todo salga perfecto y por eso, Minako y Celestino quieren lanzarnos al estrellato con esta representación y la verdad es que si Yuri logra representar a Odile del modo magistral en el que representa a Odette, nadie dejará de halar de nosotros por años…

-¿Y quién es ese director de escena que se hace esperar con tanta fanfarria?- dijo Yuri Plisetsky sin poder evitar volver a mirar su reloj.

La respuesta a la pregunta del rubio llegó segundos después cuando la directora Minako y un joven de aspecto apuesto serio y reservado que miraba todo con serenidad atravesaron la puerta haciendo que el pulso de Yuri Plisetsky se detuviera por completo al reconocer en el que sin duda era el nuevo director de escena, un recuerdo del pasado que el chico había pensado, jamás volvería a materializarse frente a él.

-¿Otabek Altin?- dijo Yurio sin poder evitarlo y sus amigos voltearon a mirarlo llenos de intriga- ¿Él es el director de escena?

Minako y el chico serio que Yurio había llamado Otabek se quedaron de pie en medio del estudio, siendo estudiados por los ojos de todos los bailarines pero los ojos oscuros del director de escena que tenía un aire de hombre duro y misterioso, se quedaron quietos en Yurio quien no apartó la mirada de las pupilas de Otabek para que el chico aquel no pensara que su presencia le importaba. Claro que no lo hacía, Yurio estaba simplemente demasiado sorprendido de volver a verlo.

-Quisiera que todos conocieran a nuestro nuevo director de escena- dijo Minako presentando al recién llegado con una sonrisa-. Sé que esta temporada hemos tenido nuevas adiciones a nuestro equipo, pero el señor Otabek Altin es una persona capaz de darle vida a cualquier ambientación, él es un mago de la producción de un escenario y ustedes saben tan bien como yo, que la representación que estrenaremos a finales de este año será un parte aguas para nuestra compañía. El señor Altin me ha pedido que cada uno de los miembros de la compañía tenga una breve entrevista con él con el objetivo de indagar cómo es su visión acerca de esta historia. Queremos que "El lago de los cisnes" que ustedes imaginan esté en cada detalle de la representación, por eso es importante que todo el mundo hable con honestidad con nuestro director ¿entendido?

Los bailarines asintieron al unísono, incluso el pianista quien le dedicó un saludo amistoso de bienvenida al recién llegado pues los dos ya habían trabajado juntos antes con las producciones del ballet Bolshói de Rusia.

-Yuri Plisetsky, debido a la ausencia de Yuri el día de hoy, serás tú el que tenga la primera entrevista con el señor Altin- indicó la maestra Minako y Yurio tuvo que hacer un esfuerzo enorme por no ponerse a gritar palabrotas-. Sé que tienes prisa pero agradecería tu profesionalismo en este asunto, no tardarás más de quince minutos. Los demás, pueden irse ahora- agregó la directora con su habitual aire autoritario-. Nuestro elenco estará completo mañana así que descansen hoy y señor Nikiforov, tengo un asunto urgente que discutir con usted, lo espero en mi oficina.

-¿De qué tenemos que hablar?- dijo Victor sin poder evitarlo, aquella petición de la directora de la compañía estaba alterando sus nervios al máximo.

-¿De verdad quieres que lo diga en voz alta y frente a todos?- dijo Minako con una mirada significativa que Victor entendió enseguida-. Tú sabes perfectamente de qué, mejor dicho, de quién tenemos que hablar. No tardes Victor, esto es de verdad urgente…

La directora Minako salió del estudio con aire autoritario y Victor la siguió sintiéndose un tanto asustado. Sí, claro, él sabía quién era ese "quién" del que tenían que hablar pero la sola idea de que Minako supiera que había desobedecido flagrantemente una de las pocas reglas que le había dado, lo ponía nervioso por el simple hecho de que Minako Okukawa era la única persona a la que Victor se sentía temeroso de decepcionar.

Por otro lado, Yuri Plisetsky sintió la súbita necesidad de irse de ahí sin hablar con el director de escena, el muchacho rubio sentía que Otabek Altin podría sobrevivir sin su maldita entrevista un días más, así que despidiéndose de sus amigos quienes salieron juntos con rumbo a la libertad del inesperado día libre, Yurio pasó de largo junto a la figura del hombre de cabellos y ojos oscuros que tuvo el atrevimiento de seguirlo sin decidirse a acercarse de una vez, cosa que hizo que Yurio se sintiera de verdad molesto por lo que el rubio detuvo sus pasos y se enfrentó de una vez con el rostro de aquel hombre cuatro años mayor que él que lo miraba y le sonreía del modo en el que los amigos que no se han visto en mucho tiempo suelen hacerlo.

-¿Qué quieres?- dijo Yurio sin borrar de los labios de Otabek la sonrisa luminosa con su actitud fría y desafiante, de hecho aquel joven originario de Kazajistán estaba acostumbrado al carácter explosivo del bailarín y le alegró notar que eso no había cambiado con el paso de los años.

-Quiero saber por qué intentas huir de mí- dijo Otabek sin dejar de sonreír-. Pensé que éramos amigos, eso dijiste que éramos, de hecho creo que fuimos un poco más que eso…

-Cuando me conociste tenía quince años- dijo Yurio fríamente-. No sé qué es lo que esperas de mí, pero ya no soy la persona que tú conociste en Rusia…

-¿No?- dijo Otabek sin amedrentarse-. Sigues teniendo los ojos de un solado ¿sabes? Eso no ha cambiado en ti, ni el fuego de tu personalidad. Eres tal y como te recuerdo, sigues siendo el chico del que me enamoré…

-Deja de decir estupideces- dijo Yurio sintiéndose molesto por las palabras de Otabek-. No es posible que sigas viviendo en el pasado. Lo que tú y yo vivimos no fue nada serio, no tienes derecho a decir esas cosas como si nada…

-¿Por qué te molesta que lo diga?- dijo Otabek con tono serio-. Te he dicho mil veces que mis sentimientos son mi problema, yo sé que no los puedes corresponder ni siquiera ahora porque sigues enamorado de tu mejor amigo ¿no es así? Cambiaste tu vida entera solamente para estar cerca de él… ¿Yuri te ama por fin?

-Debo irme ahora- dijo el rubio sintiendo que la rabia empezaba a controlarlo-. No voy a escucharte y si quieres que te diga cómo me imagino el lago de los cisnes, busca fotos de escenografías en internet, adiós…

-Tampoco en esto has cambiado en absoluto- dijo Otabek con una sonrisa teñida de tristeza-. Sigues corriendo detrás de alguien que jamás dejará que lo atrapes, sigues empecinado en amar a alguien que jamás podrá amarte, no del modo en el que yo podría hacerlo….

-Púdrete, Otabek- dijo el rubio con malicia-. Me besuqueé contigo unas cuantas a veces solamente ¿crees que te debo algo por eso? Además, si me conoces tan bien cómo dices, podrás notar que quien sigue empecinado en correr detrás de alguien para quien no vale nada, ese eres tú. Adiós, dile lo que quieras a Minako y aléjate de mí ¿quieres?

Yurio le dio la espalda al director de escena que seguía mirándolo mientras su sonrisa triste seguía estacionada en sus labios. Sí, de algún modo lo que lo había hecho decidirse con respecto a tomar el trabajo con la compañía de Minako y Cialdini había sido la constancia de que en esa compañía bailaba Yuri Plisetsky. Sí, quizá había sido idiota esperar que Yurio hubiera superado aquel amor encaprichado que sentía por su mejor amigo. Pero él era paciente, él no tenía problema alguno en esperar. Él estaba seguro de que llegaría el momento en el que Yurio terminaría rompiéndose debido a sus sentimientos no correspondidos y entonces ahí estaría él para intentar repararlo.

Pensando en aquello, Otabek se dio la vuelta y siguió caminando, el director Cialdini le había dicho que le mostraría los planos del teatro en el que se llevaría a cabo la representación, así que todavía tenía mucho trabajo que hacer.

Y mientras eso sucedía, Yurio se encontraba corriendo con rumbo a Yutopia que no estaba demasiado lejos del estudio de la compañía. Él sentía que debía llegar cuanto antes a donde Yuri se encontraba, él podía sentir dentro de su corazón que el maldito tazón de cerdo lo necesitaba con urgencia y la verdad es que Yurio también necesitaba encontrarse de frente con los ojos de su mejor amigo y darle un buen golpe antes de abrazarlo y prometerle que todo estaría bien.

Cuando llegó a la puerta principal de Yutopia, Yurio abrió sin problema alguno puesto que la madre de Yuri en persona le había entregado una llave tiempo atrás, el rubio era ya parte de la familia Katsuki y en ese instante Yurio bendijo mentalmente a Hiroko por haberlo bendecido con su aceptación porque de ese modo podía entrar a buscar a Yuri sin que éste pretendiera no escucharlo o no verlo.

El joven entró al hotel desierto y guiado por puro instinto el joven caminó con rumbo al enorme jardín del hotel donde había plantados varios árboles de cerezo que en primavera hacían las delicias de los turistas y de los habitantes del pueblo que estaban acostumbrados a aquel estallido de belleza que ocurría una vez al año.

Yurio sonrió de forma victoriosa al darse cuenta de que su intuición lo había llevado al lugar correcto. Vestido solamente con una holgada ropa deportiva que de cualquier modo jamás podría opacar la belleza de Yuri, el Rey Cisne estaba sentado en la hierba con los ojos cerrados y la cara al sol y ante aquella visión, Yurio no pudo hacer otra cosa más que suspirar aliviado y también deslumbrado por lo hermoso que Yuri era simplemente por existir.

Sin esperar a que lo invitara a hacerlo, el joven se acercó a su amigo y se sentó a su lado sin decir nada. El silencio los rodeaba a los dos y sintiendo un arrebato de inspiración, Yurio tomó la mano de Yuri entre la suya haciendo que el otro joven abriera los ojos lentamente y cuando lo hizo, las pupilas verdes de Yurio lo recibieron junto a una sonrisa enojada que hizo que Yuri supiera que definitivamente estaba en problemas.

-¿Desde cuándo te atreves a faltar a un ensayo, Katsudon?- dijo Yurio haciendo que su amigo sonriera un tanto avergonzado-. Lo esperaría de todos los quejicas que tenemos como compañeros pero no de ti, no del jodido Rey Cisne que tiene en sí la resistencia legendaria de mil bailarines…

-De verdad me sentía mal, aun me siento mal- dijo Yuri un tanto incomodo-. No estaba huyendo del ensayo, estaba huyendo de…

-¿Victor?- dijo Yurio intentando convencer a su sangre de que no se convirtiera en lava hirviendo ante la sola mención de ese maldito nombre-. Hiciste la estupidez que creo que hiciste ¿no es así?

-Sí…

-Eres un imbécil Katsudon- dijo Yurio y Yuri tuvo que darle la razón de forma absoluta- ¿Y bien? ¿Funcionó?

-No…- susurró Yuri y las lágrimas que había estado conteniendo el día entero empezaron a resbalar por sus mejillas-. No funcionó, nada funcionó y yo solo…

-Te dije que no funcionaría, estúpido- dijo Yurio y sin poder soportarlo más abrazó el cuerpo de Yuri para tratar de calmarlo-. Solo hiciste que la sed de la zorra aumentara, solo complicaste tu vida mil veces más. Eres un idiota, Yuri Katsuki, de verdad eres un imbécil y debería odiarte por haberte convertido en un trasero más follado por Nikiforov pero… tienes que calmarte ¿me oyes? No estás solo en esto, carajo ¿cuándo vas a entenderlo?

-No quiero que nadie más sea parte de esto- dijo Yuri tratando de calmarse-. Todo esto es mi culpa, pensé que todo se terminaría después de hacer lo que él quería. Pensé que Victor me dejaría en paz pero él dijo que no puede, él dijo que seguirá insistiendo y no sé si podré soportarlo…

-¿Crees que no vas a soportarlo porque no lo quieres cerca de ti o porque temes quererlo cerca?- dijo Yurio sin poder contenerse.

-No lo quiero cerca de mí- dijo Yuri después de una pausa-. Te juro que no lo quiero cerca de mí.

Yurio pudo ver la duda callada en los ojos de su mejor amigo, pero se guardó de decir algo porque no quería hablar de eso en realidad. Además, quizá aquella situación era una oportunidad para él, la oportunidad de ser otra cosa en la vida de esa persona que significaba tanto para él. Las palabras de Otabek Altin seguían sonando en su cabeza mientras Yurio sentía el cuerpo de Yuri cercano al suyo. Quizá era tiempo de hacer algo, de atreverse a lograr un sueño, de poner las cartas sobre la mesa y esperar que el destino jugara a su favor.

-Oye, Katsudon…- dijo Yurio sintiendo que de verdad no podía perderse aquella oportunidad-. Si de verdad no lo quieres cerca, tal vez haya otra forma de alejarlo…

-¿Cuál?- dijo Yuri con sus ojos marrones llenos de esperanza y por un minuto, Yurio se sintió un tanto vil al notar que estaba aprovechándose de un estado de debilidad de Yuri para lograr lo que él deseaba pero acalló su conciencia diciéndose que haría aquello no solo por él, sino también por la tranquilidad de su amigo.

-Escúchame bien ¿quieres?- dijo Yurio soltando a su amigo para poder mirarlo directamente a los ojos-. Sé que quizá lo sabes, es imposible que no lo sepas y quiero decírtelo, necesito decírtelo, Yuri…

-¿Qué cosa?- dijo el pelinegro sospechando que él ya sabía perfectamente qué era eso que Yurio quería decirle, además, estaba llamándolo por su nombre señal inequívoca de que Yurio estaba hablando en serio.

-He estado enamorado de ti prácticamente desde que te conozco, al menos desde que tomé conciencia de que podía enamorarme de alguien- dijo Yurio con las mejillas sonrojadas, sintiéndose débil y expuesto, sintiendo que su corazón latía de forma angustiante-. No quiero confundirte más, no te lo estoy confesando ahora para hacerte sufrir pero… quisiera protegerte ¿sabes? Sé que tú no sientes lo mismo por mí, sé que me amas pero no del modo en el que yo te amo a ti y… sí, ya sé que sueno desesperado y ridículo pero esa es la verdad, Yuri, estoy enamorado de ti…

-Yura…- dijo el pelinegro profundamente conmovido-. Lo siento…

-Hey, no seas idiota, no es tu culpa- dijo Yurio acariciando con suavidad la mejilla de Yuri-. Es mi culpa por encontrarte encantador cuando deberías parecerme desagradable, es decir, eres un inútil la mayor parte del tiempo y a veces tengo ganas de golpearte porque eres un testarudo de miedo pero… pero también eres más que eso. Siempre me has parecido una inspiración y aceptémoslo Katsuki, eres guapo, sumamente guapo. Es imposible no mirarte y sentir que podría hacer cualquier cosa por ti y eso es lo que quiero hacer, quiero que me des una oportunidad de demostrarte que puedo hacer lo que sea por ti…

-Yura, no quiero hacerte daño- dijo Yuri sin saber cómo lograr eso-. No quiero perder a mi amigo, no quiero perderte porque no puedo sentir lo mismo que tú…

-Bueno, quizá ahora no puedas sentir nada por mí porque todos estos años hemos sido solo amigos pero Yuri… ¿Y si intentamos ser otra cosa?- dijo Yurio con seguridad-. Lo haremos a tu ritmo ¿está bien? No te presionaré, solo quiero que empieces a verme de un modo distinto y si después de un tiempo resulta que es cierto que no puedes sentir nada por mí entonces me rendiré y dejaré que elijas a cualquier imbécil que jamás será la mitad de bueno que yo para ti…

-No hay nadie mejor para mí que tú, lo sé- dijo Yuri contemplando aquella posibilidad por primera vez-. Tú me entiendes, tú me conoces, jamás tengo que explicarte nada…

-Hemos pasado la mitad de nuestras vidas juntos, Katsudon- dijo Yurio sintiendo esperanza por primera vez en mucho tiempo- ¿Qué te parece si seguimos juntos pero en otro camino? Yo solo quiero cuidar de ti y protegerte y será un verdadero placer romperle la cara a Victor Nikiforov si intenta acercarse a ti ¿Qué dices Yuri? Ya te lo dije, si después de un tiempo sientes que estás engañándote yo lo entenderé. Jamás dejaré de ser tu amigo, no vas a perderme pero no me digas que no puedo ser nada más para ti sin darme una oportunidad, por favor Yuri…

El joven Katsuki se quedó quieto por varios segundos mirando su reflejo en aquellas pupilas verdes que estaban llenas de una esperanza luminosa que dolía en el corazón del pelinegro. Yuri sabía que su mejor amigo estaba poniendo su corazón completo en sus manos y él no estaba tan seguro de poder sostenerlo como debía. Y aunque le costara admitirlo, la verdad aquella idea que Yurio estaba proponiéndole le parecía una salida más loable a su predicamento.

Yurio le había dicho que su amistad jamás se perdería y si eso era así ¿por qué no arriesgarse? ¿Por qué no intentar algo distinto? Él mismo le había dicho a Victor Nikiforov que su único deseo era conocer el amor y si Yurio estaba ofreciéndole esa posibilidad, la posibilidad de ser amado y de darse la oportunidad de sentir una clase de amor distinto al que había sentido la mayor parte de su vida por su mejor amigo ¿Por qué no hacerlo? Quizá de ese modo Victor se detendría por fin, quizá de ese modo todo volvería a la normalidad y además, quizá convendría también que el príncipe y el Rey Cisne estuviera enamorados de verdad para darle más realismo a su presentación.

Yuri suspiró profundamente antes de asentir con suavidad y tomar el rostro de su mejor amigo entre sus manos, y diciéndose que si iba a hacer aquello, tenía que empezar a pensar en Yurio de otro modo, el joven Katsuki tomó la iniciativa de depositar un suave beso sobre los labios del rubio quien, al sentir el contacto de la boca de Yuri sobre la suya, sintió que el universo dejaba de girar, sintió que el beso de Yuri, aunque suave, tenía la fuerza suficiente para crear un universo nuevo, un universo donde él y Yuri eran por fin lo que él había deseado ser la mayor parte de su vida.

Los brazos de Yurio rodearon el cuerpo de Yuri y los dos chicos se quedaron quietos, escuchando la respiración agitada del otro, sintiendo el alocado latido de su corazón bajo su pecho. Yurio estaba feliz, completamente feliz porque algunos sueños definitivamente se hacían realidad y Yuri sonreía tibiamente y le rezaba al dios que quisiera escucharlo, para pedirle que aquello que había empezado con Yurio aquella tarde no fuera solamente otro error del que tarde o temprano tendría que arrepentirse…