Odiaba a Harry Potter y todo lo que tenía que ver con él. Ella sabía que realmente no lo odiaba, pero tenía que hacerlo ver. Otro error como ese no lo podía cometer, así que había que hacérselo ver.
Cuando llegó a casa después de ir al médico, vio que su novio estaba en la cocina, ¿preparando la cena? Oh, qué detalle por su parte… No, Ginny, ¡céntrate! Subió rápido las escaleras, por si realmente estaba preparando la cena, ya que no quería verlo y que su papel de enfadada se le fuera al traste. Cogió una maleta y metió ropa para dos o tres días fuera de casa. No sabía cuánto estaría en casa de sus padres, ya que aunque esperaba que no fuera siquiera una noche, no sabía cuánto tardaría el retardado de Harry en darse cuenta de que estaba enfadada. Cuando bajó las escaleras, se lo encontró esperándola en el salón, como para hablar con ella, pero no le dejó. Siguió su camino sin dudar ni un momento, porque si lo hacía, seguramente le suplicaría que le explicara por qué no se había presentado donde habían acordado… (Aunque eso ella no lo sabía, porque había salido tan tarde de trabajar que había tenido que presentarse directamente en la consulta del médico).
En casa de sus padres no la esperaban, pero supieron disimularlo muy bien. Al día siguiente fue a casa de Hermione y su hermano después de trabajar a cenar y luego volvió a casa de sus padres. Echaba de menos a Harry. Mucho. ¿Qué estaría haciendo él? ¿Qué habría comido esos días? ¿Qué ropa se habría puesto? ¿Se habría acordado de dar de comer a sus dos insignificantes peces? ¿Tendría recogida la casa o lo tendría todo tirado por ahí? ¿La echaría de menos? ¿Se habría dado cuenta ya por fin de qué era lo que le pasaba? Seguro que no.
Al día siguiente, cuando llegó de trabajar se puso a pintarse las uñas. No tenía nada mejor que hacer. Oyó la puerta de entrada, pero pensó que sería alguno de sus hermanos. Su sorpresa fue mayor cuando oyó la voz de su novio saludar a su padre. Eso la había descolocado totalmente. No quiso mirarle, si lo hacía seguramente no podría aguantar más su enfado. Se dio cuenta que lo había echado de menos. Mucho de menos. Le miró los zapatos, no pegaban ni con cola con los pantalones. Su chico necesitaba con urgencia un par de clases de moda. Haría una nota mental para ayudarle cuando se hubieran perdonado. Oh, la estaba hablando. ¿Hola Gin? ¿Dos días sin verse y lo primero que se le ocurría era un triste Hola, Gin? Lo fulminó con la mirada, cogió sus cosas y se fue a su habitación. Allí acabaría de pintarse las uñas.
Cuando ya acababa, irrumpieron de pronto en su habitación. Se asustó tanto, que se le cayó de la mano el pote de pintauñas… ¡Qué torpe! Antes de poderlo coger, se quedó estática.
Era Harry.
Y había cometido el grave error de mirarlo a los ojos.
¡No!
Se estaba disculpando. Qué guapo era cuando estaba arrepentido… Pero… ¡Un momento! ¿De qué hablaba? ¡Oh Dios! ¡3 años de novios y ella se había olvidado! ¡No podía ser! No se lo perdonaría nunca. Nunca. Qué horror de novia… Esperaba que no le ocurriera nunca más. Qué vergüenza… ¡Y él había estado esperándola 3 cuartos de hora en la calle! Pobrecillo…
Ahora tocaba recompensar de alguna manera a Harry… Bueno, no sería difícil hacerlo, sabiendo cómo.