Capítulo 6: Nada Inocente...

Los alumnos de gryffindor llevaban puestas sus bufandas bicolores, y desde su mesa, alentaban al equipo de su casa.

Al mediodía, la casa de los leones se enfrentaría contra las serpientes, y se daría inicio al primer partido de la temporada de quidditch.

-Vamos, gryffindors…-les decía Ginny a los chicos que jugarían por primera vez. Algunos lucían nerviosos, pero el resto parecía estar listo para la victoria.-Nos hemos preparado y entrenado por semanas, no hay nada que temer. ¡Les patearemos el trasero a esos slytherins!

Varios silbaron y otros aplaudieron con entusiasmo. Casi todos en Hogwarts, incluidos los alumnos de las otras casas, apoyarían a gryffindor. Lamentable los esfuerzos de Mcgonagall por lograr la unión de todas las casas, aún no parecía tener efecto.

-¿Todos listos?-les animó Harry desde su sitio y esperando poder inspirar a los demás.

Los más jóvenes, le respondieron con un sí.

-Hermione, me adelantaré al campo.-murmuró Ginny arreglándose el uniforme.-Quiero entrenar un poco antes del partido...

La castaña esbozó una sonrisa.

-Yo les veré en las tribunas.-respondió poniéndose de pie para desearle buena suerte.

-Demonios, estoy tan nerviosa.-le confesó la pelirroja.

-Estarás bien, Ginny. Eres una de las mejores.-la animó Hermione. La había visto jugar cientos de veces y podía asegurar que su amiga, en verdad, era una excelente jugadora.

La pelirroja asintió en silencio, y luego Hermione se giró para desearle suerte a Harry.

-Harry...-exclamó dándole un breve abrazo a su amigo.-Buena suerte...

Harry respondió con una sonrisa.

-Ey, ¿Qué hay de mí?-protestó Ron acercándose a su novia y tomándola por la cintura de forma protectora.

Siempre hacía cosas como esas, pero parecía que últimamente el pelirrojo estaba dispuesto a hacerlo más seguido.

-No me he olvidado de ti.-respondió Hermione poniéndose de puntillas para besar su mejilla.-Suerte…

Pero, no satisfecho con eso, Ron tomó su rostro y sin previo aviso, la besó en los labios.

Fue un beso un tanto apasionado, y completamente inesperado. Por acto reflejo, la castaña, se separó de él, y Ron, la observó algo confundido por su actitud.

-Basta de distracciones, tienes un partido que ganar.-lo animó poniendo su mejor sonrisa y le dio un último beso.

Él asintió de inmediato, y aún bajo los efectos del beso de la castaña, volvió con sus demás compañeros.

Hermione regresó a su sitio. La mañana había empezado bastante bien, había despertado con energía y lista para ver jugar a sus amigos y a su novio. Aunque no fuera una fan del quidditch, ella estaría ahí para apoyarlos como siempre lo había hecho.

Dejó salir un suspiro, pensando en que aquella actitud positiva podía verse arruinada en cuestión de segundos cuando empezaba a pensar en cierta persona.

Lamentablemente, había muchas cosas que no podía evitar, y además de tener que lidiar con sus pensamientos sobre lo ocurrido hacia varias noches, también tenía que ver al culpable de su tormento todos los días.

Esa mañana lo había visto en la mesa slytherin, y él también la había visto a ella. Ambos habían cruzado un par de miradas, probablemente unas dos o tres, y luego Hermione había preferido ignorarlo.

No entendía cuales eran sus verdaderos motivos, ni quería llegar a hacerlo.

-Espero que ganen…-murmuró Luna a su lado. Hermione, no la había visto llegar y tuvo que dejar de pensar en sus problemas, cuando vio que su amiga estaba dispuesta a acompañarla.-He visto lo mucho que se han esforzado... Aunque, Harry parece algo desanimado...-sentenció dirigiendo su mirada hacia el azabache, quien aún se encontraba en el comedor, pero no tardó en irse con los demás jugadores.

-No lo sé...-murmuró Hermione intentando prestarle atención. Probablemente, Luna era mejor leyendo rostros que ella y había visto algo de inseguridad en Harry, sin embargo, en esos momentos a Hermione no le importaba saberlo.-Han entrenado mucho. Tal vez, sólo este nervioso...-respondió desinteresada.

-Mmh, tal vez.-respondió la rubia echándole una breve mirada.- Tú también luces algo nerviosa...

Sí, definitivamente, Luna era mejor que ella. Y ahora, no sabía cómo demonios responder a eso.

-Supongo que todos lo estamos.-fue lo único que se le vino a la cabeza.- Es el primer partido de la temporada y...

-Está bien. No tienes que fingir conmigo.-le dijo amablemente y sonrió con normalidad.-Me sentaré contigo en las bancas... Hoy no juega Ravenclaw, así que apoyaré a Gryffindor. Aunque, a decir verdad, esto del quidditch, no es lo mío.

Hermione se quedó sin palabras por unos segundos. Luna a veces, era algo extraña, pero ahora, había sonado bastante sensata, y eso alarmó a la castaña.

-A mí tampoco me agrada. El único motivo por el que estaré sentada en esa banca, es por Ron y los demás.-fue su respuesta intentando olvidar el comentario anterior. Tenía que controlarse, no podía estar pensando en que todo el mundo sabía su secreto.

Luego de eso, ambas continuaron conversando por unos minutos más, hasta que el resto de la mesa gryffindor empezó a migrar hacia el campo de quidditch en medio de gritos y algarabía para alentar al equipo.

-Idiotas…-masculló Draco, observando disimuladamente el espectáculo desde su mesa.

-Vamos, Draco, ellos no tienen la culpa…-exclamó Theodore a su lado.-Sólo tú y yo, sabemos el verdadero motivo de tu enfado…

El rubio, le restó importancia.

Tal vez, Theodore tenía razón, tal vez, Draco sí había sentido cierta molestia, cuando la estúpida comadreja había besado a Granger en medio del comedor, pero el rubio no podía hacer nada al respecto, ni tampoco le interesaba.

Podía sonar inmaduro de su parte, pero Weasley era un imbécil, y sinceramente, jamás podría llegar a ser una competencia para alguien.

-Draco, iré con Pansy…-le avisó Astoria con cierto entusiasmo. La chica llevaba su largo cabello rubio suelto, y tenía esperanzas de que él fuera con ella, pero eso no estaba en sus planes.- Te estaré esperando.-finalizó con resignación al ver que él ni siquiera le había respondido. Con el rostro algo desencajado, su novia decidió irse con su hermana y Pansy Parkinson.

Él volvió su mirada al profeta.

-Parece esforzarse.-enfatizó Theodore alzando una ceja.

Astoria podía hacer lo que quisiera. A Draco, no le importaba si ella sentía que la relación se iba en picada o si en verdad sentía amor por él. Había algo que la rubia no podía cambiar, y eso era que su relación sólo era parte de un acuerdo hecho por sus familias y no porque él, en verdad lo quisiera.

No era algo difícil de entender. Draco lo había hecho desde el primer día y no había tenido problemas en aceptarlo.

-En estos momentos, no me gustaría ser tú.-murmuró Nott esperado llamar la atención de su amigo.

Malfoy le echó una mirada.

-¿Por qué lo dices?-inquirió de mala gana.

Theodore lo observó por unos segundos, y luego de descifrar su expresión, le respondió.

-Iré al punto, Draco... ¿Qué ocurre entre Granger y tú?-le preguntó casi incrédulo.-De nuevo la mirabas, y ella también...-admitió.- Pensé que esto sólo era parte de uno de tus caprichos, pero jamás habría imaginado que hablabas en serio...

Draco, no dijo nada. Simplemente, prefirió ignorarlo.

-No ocurre nada, Theodore.-respondió.

-Exacto.-respondió con sarcasmo.-Dejemos de bromear. ¿En serio planeas seguir con esto? Te estás metiendo con fuego, lo sabes. Granger es considerada una modelo a seguir en esta escuela, los profesores y casi todo el mundo la adora. Si sólo planeas jugar con ella, sabes lo que ocurrirá ¿Cierto?

Draco rió con ironía. El castaño hablaba de ella como si fuera la víctima de toda la situación.

-Ella no es nada inocente, Theodore.-le aseguró tirando el profeta sobre la mesa.

-Eso ya lo sé, Draco.-respondió su amigo sin darle más vueltas al asunto.- Si Granger lo fuera, probablemente, ya habría terminado con lo que sea que estés planeando.-sentenció siendo realista.-Pero aún así, inocente o no, ella tiene todo a su favor. ¿A quién piensas que le creerían si esto acaba mal, a ti o a ella?

Draco, ya lo sabía. Obviamente, él sería visto como el culpable y en estos momentos, su situación no era de las mejores. Nadie apostaría por un Malfoy.

-Esto no te incumbe, Theodore.-le retó sin más. Odiaba que le dijeran que era lo que podía hacer o lo que no.-Está es mi vida y no necesito oír más de eso... Empiezas a sonar como mi maldito padre.

Theodore rodó los ojos.

-Bien, intenté advertirte...-le dijo sin querer presionarlo y decidió volver a la misma actitud de siempre.-Buena suerte con tu cortejo. Esperemos que ni Weasley ni Astoria, empiecen a notarlo...

-¿En serio crees qué me interesa esa patética comadreja?-inquirió Draco incrédulo y molesto por la insinuación de que ese miserable pelirrojo fuera un obstáculo para obtener lo que quería.-No me importa nada, absolutamente nada.

-Demonios, esto es más serio de lo que creí.-fingió Theodore con cierta expresión de preocupación.

Draco no respondió.

No supo si lanzarle un crucio o un avada, pero por mucho que lo odiara en esos momentos, el idiota de su amigo, tenía razón.

Aún no entendía qué era lo que pasaba con él, ni porque se había dejado llevar por sus impulsos esa noche. Nott, le había dicho que estaba tomando un riesgo y fácilmente, podía acabar perdiendo en todo esto, pero a Draco no parecían importarle las consecuencias.

Esta era su vida. Él decidía que hacer con ella.

-No me considero cupido, pero si puedo ayudarte, entonces lo haré.-dijo Theo burlándose de él.-Y creo que puedo hacerlo ahora mismo.-dijo tanteando el terreno y finalmente, acabó poniéndose de pie.-Agradécemelo, después.

Una alarma se encendió en la cabeza de Draco.

-Espera. ¿Adónde vas?-inquirió el rubio preocupado de que hiciera una locura. ¿Qué demonios estaba planeando?

El castaño, se dirigió a la mesa gryffindor, donde aún estaban las dos chicas conversando y decidió utilizar su mejor estrategia.

-Luna…-llamó Nott, acercándose a su novia.

Ambas miraron en dirección al chico, y la rubia esbozó una tierna sonrisa.

-Theo…-exclamó sorprendida y un tanto entusiasmada.-Pensé que nos veríamos al acabar el partido.

-Cambio de planes, linda.-dijo guiñándole un ojo, y después le dirigió una mirada a la castaña.-Hermione, espero que no te importe, que me robe a Luna por unos minutos…

La castaña negó de inmediato. De todos sus compañeros, ella era la única a la que no le molestaba que Luna estuviera saliendo con Theodore Nott. Ginny y Ron, ya habían mostrado su rechazo hacia ellos anteriormente, y Harry, aunque no fuera tan notorio, tampoco se veía cómodo con la idea de que la rubia escogiera a Nott por sobre Neville.

-No te preocupes. Es toda tuya.-respondió la castaña sonriendo.

Él también lo hizo, y luego fingió recordar algo.

-Vaya, casi lo olvido. Draco, desea hablar contigo sobre el proyecto de pociones…-señaló a la mesa slytherin.-Te está esperando.

Ella alzó una ceja con curiosidad. ¿Proyecto de pociones?, pensó asimilando las palabras. No le sorprendía que él fuera a sacar ese tema como excusa para hablarle, porque sí, Hermione sabía que esto sólo se trataba de una mentira para acercarse a ella, sin embargo, nunca habría esperado que sería capaz de usar a Theodore Nott como su lechuza.

De todas formas, fuera cierto o no, ella ya tenía un plan.

-Está bien…-aceptó poniéndose de pie y fingiendo que esto no le importaba en lo absoluto.

Los otros dos se alejaron, y Hermione algo dudosa, pero consciente de lo que hacía, se acercó a la mesa slytherin. Aunque sintiera que su día se había visto arruinado sólo por ver a Malfoy, ella sentía que hoy podría manejar la situación a su favor.

Esto es patético, pensó Draco cuando la vio venir y sintió que algo en su interior se encendía. Hermione llevaba su cabello recogido en una trenza y algunos mechones caían por su mejilla, la castaña se llevó algunos detrás de la oreja y miró fijamente al rubio.

-Theodore, dice que quieres hablar sobre el proyecto.-le dijo indiferente, aunque por dentro, sólo quería decirle que la dejara en paz.

A él, no le agradó su actitud. Nuevamente, ella había estado evitándolo y Draco odiaba eso.

Dejó de actuar como un idiota e ignoró lo que Granger podía haberle generado cuando la vio llegar.

-Tenemos que entregar el avance del trabajo en aproximadamente dos días. Y que recuerde lo dejamos incompleto.-le dijo poniendo en practica sus habilidades de actuación.-Esa noche desapareciste abruptamente, Granger... y olvidaste que esta tarea es de los dos.

Hermione esbozó una sonrisa, y eso fue inesperado para el rubio.

-El avance, ya lo tengo listo, Malfoy…-respondió brevemente y como si hubiera dado en el blanco.-Para ahorrarte la molestia, lo acabé hace varios días.

Muy astuta, pensó él.

Sin embargo, Draco también lo era.

-Si es así, entonces quiero verlo.-exigió cruzándose de brazos.

Nuevamente, él había tomado el control de la situación.

-Después del partido.-respondió ella con intenciones de irse.

Definitivamente, él no se lo iba a permitir.

-No, Granger. Quiero verlo, ahora.-le exigió con prepotencia.

Hermione, le envió una mirada un tanto hostil.

¿Cómo podía sentirse atraída a esa persona?

-Lo siento, pero tendrás que esperar…-le dijo seriamente, al mismo tiempo, que el rubio se ponía de pie.

-No quiero esperar, Granger.-murmuró atreviéndose a jalar de su muñeca.

La castaña, se quedó en silencio, probablemente, sorprendida por su inesperada actitud.

¿Cómo se atreve a hacer algo cómo eso aquí?

-¿Qué demonios te ocurre, Malfoy?-inquirió soltándose de él completamente ofuscada. Planeaba decirle mucho más, pero empezó a notar que ciertos alumnos les miraban con curiosidad, y tuvo que enterrar toda su furia con ella.

Draco sonrió de lado.

-No me gusta tener público, y sé que a ti tampoco.-le advirtió el rubio sin quitar esa estúpida sonrisa.-Ahora, no lo hagas más difícil y muéstrame ese trabajo.

Hermione lo asesinó con la mirada, y acabó cediendo.

Maldito idiota, pensó sabiendo que él se había salido con la suya.

-Sígueme.-fue su respuesta, y luego lanzó un suspiro de resignación, decidiendo que sería lo más breve posible. Sospechaba lo que él deseaba hacer, y por mucho que Hermione lo odiara, la idea de estar a solas con él, provocó un serio problema de emociones divididas en su interior.

Finalmente, ambos llegaron a la sala común de gryffindor, y al no ver ni a un solo alumno en el vestíbulo, Malfoy no dudó en ingresar.

-¿Qué crees que estás haciendo? No puedes estar aquí. Espera, afuera…-le reprochó Hermione, entrando en pánico por temor a que alguien pudiera venir.

Pero lejos de hacerle caso, el rubio decidió echarle un vistazo al lugar. Esa era la primera vez que pisaba la sala común de los leones y le parecía demasiada acogedora para su gusto.

Había un par de trofeos de quidditch en una vitrina y otras cuantas reliquias a las que Draco les restó importancia.

Hermione, rodó los ojos y fue en busca del pequeño pergamino. Tenía que encontrarlo, antes de que ocurriera algo peor.

Mientras más rápido acabara con esto, sería mejor.

Cuando regresó con el pergamino en sus manos, encontró a Malfoy cómodamente sentado en uno de los sillones de la sala común, él alzó una ceja y mantuvo ese porte arrogante que le hacía creerse el dueño del mundo entero.

-Aquí, lo tienes.-exclamó extendiéndole el pergamino con indiferencia.- Ahora, sal de aquí. Alguien puede venir y…

-…sería tu ruina.-completó él por ella.

Por supuesto. No era difícil adivinar que sería su fin, pero parecía que eso a él no le importaba.

¿Por qué demonios no se va?, pensó ella a un paso de perder la paciencia.

-Malfoy, tienes que salir…-insistió Hermione al ver que el rubio no tenía intenciones de irse y se tomaba su tiempo para revisar frase por frase escrita en el papel.-Puedo explicártelo todo afuera... Pero, tienes que irte.

-¿Y si deseo verlo aquí?-preguntó poniéndose de pie y haciendo el pergamino a un lado.

No, se dijo a sí misma cuando entendió lo que él estaba por hacer, No, otra vez.

Su corazón empezó a latir un poco más rápido, y aquello, no fue una buena señal.

Tal vez y sólo tal vez, ella sí quería que esto estuviera sucediendo, tal vez decir "no", era la nueva forma de decir "sí".

Hermione se avergonzó de sí misma por aquellos pensamientos y colocó una expresión neutra.

-Si quieres que me vaya ahora…-murmuró Malfoy acercándose paso a paso, hasta que quedó muy cerca de ella.-Solo tienes que decirlo, Granger…

Hermione tragó espeso y sintió que podía escuchar sus propios latidos.

Él estaba disfrutando toda esta situación, ella podía verlo en sus ojos y en esa sonrisa petulante.

-Vete... Sólo vete.-respondió la castaña, pero no sirvió. De todas forma, él nunca cumplía con su palabra y eso no fue una sorpresa.

Draco pensó en la forma en que aquellas palabras habían sonado en sus labios, percibió un tono un tanto cándido e inocente, y aunque él sabía perfectamente, que ella no era ninguna de esa dos cosas, no pudo evitar verse atraído por esta actitud.

Nuevamente, sentía lo que minutos atrás la castaña le había generado en el gran comedor.

-Tendrás que sonar más convincente…-agregó el rubio.

-Muy bien.-le aseguró ella dispuesta a empujarlo.-Largo de aqu...

No pudo completar la oración. Una vez más, él la había silenciado con un beso, y esto empezaba a complicarse.

Más seguro de sí mismo, y de lo que hacía, Draco se dio la libertad de aferrarse a su cintura y de tocarla con más desenfreno.

Hermione, sabía que esto iba a pasar. Lo sabía, y aun así, lo estaba permitiendo.

-Admítelo, esto te gusta tanto como a mí…-susurró el rubio separándose brevemente de sus labios.

Ella no dijo nada, no podía, no cuando los labios de Draco comenzaban a desplazarse lentamente por su cuello. Podía sentir su tibia lengua contra su pulso, y era increíble. Una sensación que sólo podía describir como la tortura más placentera.

-Nadie tendría que saberlo, Granger…-susurró contra su piel.

Aquellas palabras fueron inesperadas, y llegaron como un dardo al interior de Hermione. ¿Podían mantenerlo en secreto?

Sin darle tiempo de que lo asimilara, el rubio volvió a su boca y se encargó de entrelazar su lengua con la de ella, aumentando la profundida y nublando los pensamientos de ambos. Él sólo quería explorarla de todas las formas posibles.

Una odiosa oleada de placer invadió a Hermione, aquel beso era demasiado, y por mucho que lo odiara, quería más, necesitaba más de Malfoy.

Te odio, pensó derrotada.

Con algo de esfuerzo, cortó la distancia y logró separarse de él.

Ambos estaban igual de agitados y con sus miradas fijas en ellos mismos, intentando comprender como había surgido aquella extraña atracción, después de tantos años odiándose.

-Dijiste que me dejarías en paz.-murmuró Hermione intentando mantener la cabeza fría.

-Supongo, que mentí.- respondió él, observando esa mirada chocolate, aquella mirada que se infiltraba en sus pensamientos día y noche.-No intentes ocultarlo... Adoras esto, o de lo contrario, habrías acudido con tu novio.

Draco notó que aquello había sido como un insulto para Hermione.

-Puedo lidiar con mis propios problemas. No necesito acudir a nadie.-le espetó dejándole en claro que no era una damisela en problemas.

-Sí, puedo verlo.-ironizó sonriendo de lado y tomando su mano entre la suya.-¿Qué te parece si sigues lidiando conmigo por un poco más?

Hermione levantó ligeramente la cabeza y vio fijamente a esos ojos grises.

-¿Cuales son tus verdaderas intensiones?-le preguntó mientras sentía que en estos momentos, sólo quería saber la verdad, sólo eso y nada más.-Sólo dime, por qué haces esto...

Draco dejó salir un largo suspiro. Se debatía entre decírselo o no. ¿Pero qué más daba? De todas formas, no tenía nada que perder y sabía que ella no le creería.

-¿En verdad, quieres saberlo?-inquirió desafiándola, y tomándola por la barbilla para evitar que bajara la mirada.-Creo que me gustas, Granger…

Hermione se quedó sin palabras. Su cabeza estaba hecha un lío.

Pero Draco no quería escuchar su respuesta, no aún. Primero, quería darle un recordatorio de por qué se encontraban aquí en primer lugar. Sin tiempo que perder, él atrajo su rostro y unió sus labios nuevamente a los de ella.

Demonios, pensó Hermione en medio de ese laberinto de emociones que jamás pensó experimentar, algo que ni siquiera había experimentado con Ron. Esto se sentía tan bien, pero a la vez, tan mal.

¿Qué debía hacer?

Esa era una pregunta estúpida, porque ella sabía exactamente lo que tenía que hacer. No era una idiota.

Y aún así, siendo consciente de sus malas acciones y de las consecuencias que todo eso podía traer, ella no quería que él se detuviera.

¿Qué estaba mal con ella? Se desconocía a sí misma. ¿Acaso la guerra también la había cambiado?

Cuando Draco empezó a desplazar sus manos por sus caderas, escucharon que unas voces femeninas se acercaban por el vestíbulo.

Ambos se separaron automáticamente y Hermione palideció desesperada.

Malfoy, sólo rodó los ojos, incómodo por haber sido interrumpido de esa forma.

A diferencia de Hermione, él manejó la situación de una manera más relajada, y optó por lo más cliché.

Hábilmente se escondió detrás de la puerta principal y esperó porque aquellas visitas indeseables se fueran.

-Lo sé, es algo extraño, pero Seamus es así, y quiero seguir saliendo con él...-decía una chica de largo cabello azabache.-Oh, Hermione…-exclamó Parvati Patil, al darse cuenta que la castaña estaba ahí.

-El partido acaba a de empezar.-le informó Katie Bell también sorprendida. Probablemente, preguntándose por qué la castaña no estaba con los demás gryffindors apoyando a su novio.

-Lo sé. Sólo vine a dejar algo aquí.-les dijo, mientras fingía que leía el pergamino que minutos antes Malfoy había dejado sobre el sillón.

-Sí, claro…-le respondió Parvati al mismo tiempo que sacaba una bufanda de su baúl y volvía con Katie para irse de allí.-Te veremos allá…

Hermione, sólo asintió en respuesta, y tan pronto como desaparecieron por la entrada, Malfoy volvió por ella.

-Espera...-protestó al sentir que sus frías manos iban bajando por su cintura, quería que se detuviera, pero muy a su pesar, también quería que siguiera.-No...

-¿No?-dijo Draco alzando su rostro con una mano y notando que esto sólo era parte de su estrategia.-¿Estás segura?-la retó con cierta satisfacción, mientras ella seguía quieta y ya no lo alejaba.- Ya te lo dije. Nadie lo sabrá...

Hermione lo odiaba.

-No sé porque insistes con esto, Malfoy.-respondió siendo realista. Suspiró con resignación. No podía creer que en verdad, estaba considerándolo, pero antes de aceptar cualquier trato que él pudiera proponerle, primero tenía que dejar unos cuantos asuntos claros.-Pensé que eras un maldito sangre pura, uno que jamás se atrevería a tocar a una sangre sucia... ¿Qué te hizo cambiar de parecer tan pronto?

Draco rodó los ojos. ¿En serio iba a empezar con ese discurso de la sangre ahora mismo?

-¿En verdad crees eso?-le cuestionó notando que los labios de la castaña estaban húmedos y enrojecidos por el beso anterior. Aquello provocó un serio problema en Draco. No podía concentrarse en un tema como ese y desearla al mismo tiempo.

Demonios, pensó tragando espeso.

Hermione miró a sus ojos desafiante.

-Preguntatelo a ti, fuiste tú él que siempre me lo decía.-respondió ella.

Draco rió con ironía.

-¿Crees que si en verdad me importara tu sangre estaría haciendo algo como esto?-inquirió atrayéndola más hacia él, tanto que Hermione podía sentir su fría respiración contra sus labios.-Te odiaba porque eras amiga de Potter. Siempre fue por eso...

Pero habían pasado tantos años desde eso, que Draco ya ni recordaba el verdadero motivo por el que ambos discutían o se odiaban. Podía ser porque ella era amiga de Potter, o porque era la mejor alumna. Lo cierto era, que en estos momentos, no le importaba nada.

Draco sabía que él único culpable en esta historia, era su padre. Era gracias a Lucius que se había vuelto un mortífago, era gracias a él, que estaba atado en un compromiso que detestaba.

Hermione, agachó la mirada.

-No puedo hacerle esto...-murmuró trayendo consigo su realidad y debatiéndose entre lo correcto y lo prohibido.-No puedo...

Draco alzó su barbilla. Sonaba algo convincente, probablemente ella hablaba con remordimiento, pero no era suficiente.

-Lo harás.-le advirtió clavando su mirada en ella y sintiendo que esto se volvía más personal. Desde ahora, todo era más personal.-Lo harás, porque en verdad, quieres hacerlo... Lo sabes. Puedo verlo en tu mirada, Granger. Ya lo has decidido, pero no te atreves a decírmelo.

La vida era una caja de sorpresas y a veces, estás sorpresas te hacían cometer errores. No había duda.

Sí, Malfoy tenía razón. Ella ya lo había decidido, pero era demasiado cobarde como para decirlo directamente.

Dejó salir un largo suspiro, sabiendo que se odiaría más adelante, aunque podía sentir que ya lo hacía desde ahora.

-Si sabes la maldita respuesta, entonces no me hagas decirla.-le respondió Hermione sin bajar la mirada.

Una sensación de satisfacción invadió a Draco, y sin nada más que agregar, sólo volvió a besarla.

Eso había sido más que suficiente para él. Al menos, sabía que no estaba solo en esto, y la atracción era mutua.

Saboreó sus labios por un largo rato, podía sentir su suave lengua buscando a la suya. Él quería más que sólo un beso, quería ser libre de tocar su piel y de obtener mucho más.

-Espera...-le dijo Hermione poniendo una mano en su pecho y respirando con algo de dificultad.-Tenemos que ir al partido...-murmuró sin deseos de querer parar, pero sabía que el riesgo que corrían era bastante grande.-¿Me oíste?

Draco sonrió de lado arrogantemente.

-Te escuché.-respondió sin quitar las manos de su cintura y luego bajó una hasta su falda.-Aunque, de todas formas vamos a llegar tarde...

Hermione rodó los ojos y detuvo su mano. Esto se estaba saliendo de control, y por mucho que lo deseara, no podían continuar, al menos, no por ahora.

-No pueden vernos llegar juntos... Iré primero.-sentenció ella con intenciones de irse, pero él la detuvo de inmediato.

-¿Ni siquiera me dirás adiós?-inquirió Draco alzando una ceja y notando que había un leve rubor en las mejillas de la chica.-Te enseñaré cómo debes hacerlo desde ahora en adelante y te mostraré lo mucho que he mejorado...

Sus labios colapsaron contra los de ella y la besó hambrientamente una última vez, dejándola sin respiración y con aquella tibia sensación recorriendo por todo su cuerpo.

Bastardo, pensó Hermione sabiendo que él no necesitaba clases sobre cómo besar, pero de todas formas, disfrutaría enseñarle.

-Bien, supongo que has mejorado.-sentenció la castaña.

Sin nada más que agregar salió de ahí con el corazón agitado. Por un lado se sentía como la peor persona del mundo, pero por otro lado, sentía algo que ni siquiera podía describir.

Esto no durará, pensó avanzando por los pasillos. No durará...

Ese era su único consuelo. Se había metido en una situación complicada y por primera vez en su vida, sentía que estaba jugando en un terreno desconocido. Un terreno en el que el engaño y la mentira, iban de la mano del placer y del deseo.

Cuando Hermione llegó al campo de quidditch, pudo ver que el partido ya iba en el segundo tiempo.

No podía creer que se había perdido más de la mitad del juego, y al parecer, gryffindor iba ganando.

-No sé dónde está. ¿Por qué no intentas buscar en la biblioteca?-preguntó una voz femenina que Hermione pareció reconocer.

No se equivocaba, sabía a quien pertenecía. Repentinamente, notó que estaba en el camino equivocado cuando vio que Pansy Parkinson y Astoria Greengrass venían en su misma dirección. Ambas hablaban en voz alta y Greengrass parecía algo desesperada por saber el paradero de cierto rubio.

Hermione miró a su alrededor y notó que había llegado hasta las tribunas de slytherin por andar perdida en sus pensamientos.

-Iré con Nott...-aseguró Astoria ofuscada y muy molesta.- Él estaba con Draco antes de...

La slytherin hizo una pausa cuando vio que Hermione pasó por su lado. De inmediato, le lanzó una mirada despectiva y luego continuó su camino junto a Parkinson.

Hermione prefirió ignorar eso y avanzó brevemente hacia las tribunas de gryffindor.

-Aquí, Hermione.-le avisó Luna al verla llegar. La rubia se encontraba en compañía de Neville y otros amigos.

En esta oportunidad, Luna no le preguntó a Hermione donde había estado, ni porque se había tardado tanto, simplemente, se limitó a sonreír y se encargó de ponerla al día sobre la situación del partido.

De pronto, se escucharon varios gritos de entusiasmo por parte de los alumnos. Al parecer, Ron se había encargado de evitar que una quaffle enemiga atravesara el anillo de los leones.

El pelirrojo dirigió su vista a la tribuna como si estuviera buscando a alguien en especial y esbozó una sonrisa cuando sus ojos se encontraron con los de la castaña. Ella sonrió también.

Lo siento tanto, Ron, pensó decepcionada de sí misma.

Minutos atrás había estado besándose apasionadamente con Malfoy, y ahora, se encontraba apoyando al pelirrojo como si fuera la novia ideal que todos creían que era, pero lo cierto era que Hermione, estaba muy lejos de serlo.


Gracias por sus comentarios, leo cada uno de ellos y alegran mis días :) Besos!