Kyo-chan miraba interesado lo que hacía su hermana mayor, sentado unos metros detrás de ella. Quería decirle que quería jugar con ella, pero en su vocabulario de niño de poco más de un año, no entraba más que "mamá", "papá", y como mucho decía algo parecido a "onee-chan".
Por lo que sus ta-ta no llamaban la
más mínima atención de su hermana mayor, que en ese momento
peinaba distraída una de sus muñecas.
Se arrastró por el suelo,
gateando, y en unos pocos segundos estaba al lado de Nina. Ella se
giró en el instante en el que Kyo cogió una de sus muñecas con sus
manos sucias, llenas de babas.
-¡Kyo-chan! ¡Esa muñeca me la regaló Tarou-chan por mi cumple! ¡La has ensuciado!- y enseguida sus ojos se llenaron de lágrimas, viendo el pelo rubio de la muñeca ensuciado.
A pesar de ser muy pequeño,
Kyo-chan sabía identificar las expresiones del rostro; así que supo
en poco tiempo que su hermana mayor estaba enfadada, o triste, o las
dos cosas a la vez.
Y ver a su hermanita triste, le ponía triste
a él, pues lo único que quería era jugar con ella.
Nina-chan no tenía muy claro por qué solían llorar los bebés, pero supuso que el haberle gritado había contribuido a las lágrimas que su hermanito tenía por la cara. Aún así, todavía no tenía asimilado el rol de hermana mayor, así que se limitó a recoger sus juguetes y salir de la habitación. "No vaya a ser que llegue papá y me castigue", pensó.
Luchia entró rápidamente en el
cuarto de estar, alarmada por el llanto de su hijo, pues era
demasiado fuerte como para que simplemente tuviese hambre o
sueño.
Kyo estaba todavía sentado en el suelo, con su carita
roja por las lágrimas y mocos goteándole de la nariz; su madre se
apresuró a cogerle y a lavarle la cara, mientras le acunaba para que
dejase de llorar.
En poco tiempo se quedó dormido, y tras dejarlo
en la cuna, Luchia se fue a buscar a su hija, sabiendo que había
tenido algo que ver.
-Nina-chan…-la encontró en su
habitación, peinando una muñeca que tenía el pelo mojado.
-¡Yo
no he sido!-la defensa de la pequeña rubia no tardó en
aparecer.
-Todavía no te he echado la culpa de nada…-sonrió
Luchia- la verdad, solo quería saber si tú sabías por qué
Kyo-chan lloraba tanto.
-N-no…- sintió la mirada inquisitiva de
su madre, y tuvo que decir la verdad- ¡está bien! ¡Le grité y me
enfadé con él! ¡Pero es que había manchado la muñeca que
Tarou-chan me regaló!
Luchia se ablandó un poco más al ver que
las lágrimas aparecían en el rostro de su hija, arrepentida por
haberle hecho llorar.
-Seguramente solo quería jugar contigo, ya
sabes que todavía no sabe hablar.-cogió a su hija mayor en brazos y
la consoló.
Cuando su madre la dejó en el suelo, Nina-chan se fue corriendo a ver a Kyo-chan para pedirle perdón, aunque estuviese durmiendo. Y ese día, además de a no gritarle a su hermanito, aprendió un poco más a ser una buena hermana mayor.
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¡Muchísimas gracias por vuestros
comentarios!
Me alegra mucho que os guste^^ Aunque mañana me voy,
y no volveré hasta dentro de dos semanas. Y aún así, puede que no
haya un nuevo capítulo… este es el último que tengo escrito (¡ay
caramba! ¡No sale Kaito!)
De todas formas, no quiero acabar esto
así, quiero escribir algún capítulo más (Por mí cientos, pero la
inspiración es escasa…)
Bueno, relación fraternal, que raro
para esta historia… quería innovar.
Si queréis alguna pareja
en especial, decídmelo, que yo procuraré escribir algo
bonito^^
¡Gracias otra vez!
P.D: Hoy no he mendigado comentarios… pero ya que llevo seis capítulos pidiéndolos, se sobreentiende, ¿no?
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