Dices que te olvidaré
Capítulo VII
"Round 1"
por: Jenny Anderson.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de lucro solo de entretenimiento.
Notas: Esta es una reedición del fic original. Si ya lo habías leído antes, te encontrarás con que lo estoy corrigiendo en cuestión de ortografía y de argumento. Gracias por empezar a leerme o por haberme leído alguna vez.
Beta: La maravillosa Nande_chan que no sé la razón por la que aún no me manda a freír chongos a la China.
Palabras: 7,718
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Mis días sin ti son un derroche
Las horas no tienen principio, ni fin
[…]
Pateando las piedras, aún sigo esperando que vuelvas conmigo
Aún sigo buscando en las caras de ancianos pedazos de niño
Cazando motivos que me hagan creer, que aún me encuentro con vida
Mordiendo mis uñas, ahogándome en llanto, extrañándote tanto
[…]
Mis días sin ti
Como duelen los días sin ti.
[Moscas en la casa, Shakira]
Serena no sabía exactamente qué había esperado de la residencia de estudiantes donde viviría los siguiente meses, pero sin duda no esperaba que al llegar, el pequeño cuarto, el edificio y todo le pareciera tan gris y falto de vida.
Anodino y deprimente.
Solo había una ventaba que daba a una calle que no tenía ningún atractivo particular, el diminuto escritorio, la estrecha cama, un pequeño closet y un baño. No había nada más ahí, las paredes eran de un color crema y no había ningún adorno ni nada que evidenciara la vida de alguien más ahí antes que ella.
Había pensado que no podía sentir más desesperación que la que había sentido en Tokio, pero ahora que miraba aquel cuarto, se daba cuenta de que algo dentro de sí había esperado que Darién estuviera ahí, que le dijera que se había enterado de su huida y que se había dado cuenta que ella era la única mujer de su vida, que empezarían de nuevo.
Era como si Darién la hubiera dejado otra vez.
Podía sentir cómo la realidad se filtraba en sus miembros, en su mente. Era desesperante darse cuenta de que a pesar de todo aún anhelaba que Darién volviera a ella. ¿En qué estaba pensando cuando había invitado a Taiki a unirse a todo eso? ¿Es que acaso necesitaba más testigos de su fracaso?
Se recargó en la pared lanzando un hondo suspiro y cerró los ojos para aceptar de una vez por todas su nueva realidad, no era la primera y seguramente tampoco la última persona que tenía que reconstruirse luego de una relación como la que ella había tenido. Pero mirando atrás en su vida, no había nada que la hubiera preparado para todo eso; a pesar de la cantidad de enemigos, de situaciones difíciles como guerrera, la verdad era que nunca había tenido tribulaciones como Serena Tsukino.
A diferencia de las chicas, quienes de una manera u otra estaban mejor preparadas para la vida, ella siempre había estado rodeada del cariño de su familia y de sus amigas y había tenido la certeza de un final feliz. Nunca había sufrido de burlas en la escuela, sus padres eran una pareja felizmente casada, su padre la apoyaba en sus decisiones. Excepto tal vez por Darién, a quien el patriarca de la familia Tsukino seguía sin aprobar del todo. Pero toda su vida había sido sencilla.
No había tenido que abrirse paso sola en la vida como Lita luego de la pérdida de sus padres, tampoco tenía una relación tensa con su madre como Mina, ni soportó la muerte de su madre y la fría indiferencia de su padre como Rei o el divorcio de sus padres como Amy. Su vida había sido mucho más fácil y por lo tanto, estaba menos preparada para tratar con escenarios sin esperanza.
Después de todo, desde que se transformó en Sailor Moon, siempre había creído que al final todo saldría bien. Y ahora le costaba mucho comprender que no era así.
Pero tenía que creerlo, de alguna manera debía aferrarse a que al final todo estaría bien. Tal vez no como ella había imaginado a los catorce años, pero seguramente ya nada podía ser peor que lo que estaba viviendo.
Le parecía que había tocado fondo y ahora solo necesitaba un tiempo para reunir fuerzas y empezar a escalar.
X – X – X
Seiya se había tomado todo un día para arreglar una reunión con las sailors, no porque creyera que darles la noticia sería dificil. Por mucho que Haruka y el resto le exigieran que revelara el paradero de Serena, él sabía que era capaz de seguir manteniendo el secreto; no les temía a ninguna de aquellas mujeres y tampoco sentía lealtad hacia ellas.
Se había tomado aquellas horas, ya que la revelación de que Taiki estuviera enamorado de la misma persona a quien él amaba, había sido tan sorpresiva como dolorosa. No le costaba creer que Taiki tuviera algo con Serena, sino que lo hubiera traicionado de aquella forma. Habría esperado al menos sinceridad, que Taiki pusiera los puntos sobre las íes. No que no le fuera a doler, le hubiese dolido igual, pero entonces no tendría ese sentimiento de traición con el que no sabía qué hacer.
Como si no fuera suficiente precuparse por Chiba, por el estado frágil de Serena, ahora debía considerar el panorama de que su Bombón, se enamorara de Taiki. Y Yaten podía decir que eso no pasaría, que Serena y Taiki no quedaban juntos para nada, pero Seiya sabía mejor: Taiki era muy parecido a Darién.
Tal vez Taiki no fuera un príncipe en brillante armadura, pero era uno de los hombres más inteligentes, amables, meticulosos y el mejor estratega que conocía. ¿Cómo podría Serena resistirse a Taiki si él deseaba ser irresistible? Jamás había pensado en Taiki como cruel, pero parecía que aquella era una faceta que desconocía de él. Por algo decían que el amor trastocaba a las personas convirtiéndolas en otras.
No sabía qué tenía que hacer, le había dado su palabra a Bombón de esperarla, de visitarla cuando ella lo creyera prudente, de darle el tiempo que necesitaba. Y no sabía si debía hacer honor a su palabra o simplemente ir junto a ella y asegurarse que tanto él como Taiki tenían una batalla lo más justa posible por ella.
—¿Sigues pensando en lo mismo? —dijo Yaten saliendo de la recamara para ir al baño.
—No es como si hubiera otras cosas en las que pensar.
—Eres todo un personaje de novela romántica, te falta pasear agitado por la habitación desordenando tus perfectos cabellos y golpearte el pecho lleno de trágica desesperación.
Seiya observó a Yaten, quien hacía lo que había dicho: se llevaba las manos al cabello, se golpeaba el pecho para dejarse caer, cual heroína en desmayo, sobre el sofá.
—¿De qué demonios hablas?
—De ti, comportándote como un personaje de novela romántica en lugar de un persona de carne y hueso.
—No sé si quiero saber lo que intentas decir con eso.
—Que Conejo no se quedó como heroína de novela, languideciendo en el sofá y muriendo por amor, y tú tampoco debes hacerlo. Taiki está enamorado de la misma mujer, es terrible, sí. Pero no es el fin del mundo.
—¿Que no es el fin del mundo, tú no me has escuchado para nada?
—Ojalá no lo hubiera hecho, pero por desgracia escuchó todos y cada uno de tus lamentos y empiezo a cansarme de tu actitud, hermano.
La respuesta fue un cojín que voló del sillón donde se encontraba Seiya al rostro de Yaten, quien no tuvo problema alguno en evitar que el mortal ataque llegara a su rostro con un manotazo efectivo.
—Conejo puede elegirte a ti, puede elegir a Taiki o a otro fulano cualquiera, o decidir que no quiere a nadie. Seiya, lo importante es que tú hagas todo lo posible para que te elija a ti, que sepas que si no ganaste no fue porque no pusiste todo de tu parte para hacerlo, que ella sepa que tú también eres una opción.
Hay algo en la manera en la que Yaten ha dicho todo eso que hace que Seiya lo mire fijamente. A veces olvida que por ridículo que parezca, Yaten sabe de lo que habla y entiende la situación mejor que él mismo. Por mucho que Taiki y él siempre digan lo contrario, en cuestiones del corazón, Yaten es el más maduro de los tres.
Y tiene razón, no puede darse el lujo de que la desesperación le gane la partida. Tiene una oportunidad y no debe dejarla pasar por estarse lamentando. Sí, claro que Taiki es inteligente, pero también lo es él.
No puede bajar los brazos antes de comenzar la pelea.
X – X – X
Parecía que había pasado toda una vida desde la última vez que habían estado casi todas juntas en el templo; lo que no era verdad, ya que la última vez había sido en la fiesta de Navidad hacía unas cuantas semanas.
Amy observaba el movimiento a su alrededor sin atreverse a participar, era consciente de que su presencia había sido requerida porque era una guerrera más y no porque las chicas la desearan ahí. No aceptaba ni ante sí misma que le parecía terriblemente cruel de las que aún consideraba sus mejores amigas. Sabía muy bien lo que había hecho mal, no necesitaba aquellas malas miradas, pero ella también había sufrido, y luego de todos esos años acostumbrada a la presencia de las jóvenes, el que ahora fuera tratada así, dolía mucho más de lo que había llegado a imaginar.
Empezaba a creer que nunca la perdonarían.
Sobre todo las sailors exteriores, quienes la miraban como si desearan que desapareciera de la faz de la Tierra, que se convirtiera en una masa sanguinolenta en el piso. En las últimas semanas, Serena parecía mucho más inclinada a perdonarla de lo que estaban las demás y eso no dejaba de resultarle curioso. El resto parecía simplemente olvidar que ella también era su amiga.
Rei sentía con mayor claridad la aprensión en el ambiente y las energías cruzadas que había en su sala de estar, pero no podía hacer nada ante aquello. Sabía que las cosas caerían por su propio peso y que era posible que las cosas entre ellas jamás fueran a ser lo que habían sido antes; tanto Mina, Lita y ella misma, se sentían culpables, y ella no encontraba otra manera de buscar el perdón de Serena que no fuera dándole todo su apoyo.
Por otro lado entendía que no todo había sido culpa de Amy; ellas habían estado de acuerdo en guardar el secreto. Y luego estaba Darién, por quien en algún momento ella había sentido un gran respeto y que ahora simplemente no soportaba ver.
No se trataba de que hubiera terminado con Serena, era la manera en que lo había hecho, como si lo que había habido entre ellos no hubiese sido importante y Serena no mereciera todo el respeto y consideración por ser su novia.
Era demasiado pronto para que las cosas pudieran acercarse un poco a la normalidad, y lo era aun más cuando Serena estaba evitando sus llamadas de nuevo. Y ahora habían tenido aquella llamada de Seiya pidiéndoles una reunión. Rei no sabía qué esperar de la misma. Aún seguía sin entender cómo era que todo había sucedido.
—Bueno Kou, ¿piensas hablar o vamos a estar todo el día contemplándonos? —preguntó Haruka, quien no tenía ningunas ganas de estar más tiempo del necesario en compañía de Amy; además estaba nerviosa por la ausencia de Serena, pero entendía que no quisiera estar en el mismo espacio con aquella traidora.
Seiya lanzó un suspiro y movió las manos como para prepararse para una pelea.
—Es algo delicado, Tenou —empezó, intentado que las ideas se coordinaran lo mejor posible, después de todo debía hacer que esas mujeres explosivas entendieran la decisión de Serena y que no intentaran ir en su búsqueda.
Yaten puso los ojos en blanco ante las palabras de Seiya. Su hermano estaba tomando el asunto como si Conejo hubiera decidido casarse con el primer hombre que se cruzara en su camino en lugar de lo que realmente era: el primer paso para curar su corazón: la distancia.
—Dilo ya y deja de hacernos perder el tiempo —dijo, recibiendo una mirada furiosa de parte de Seiya. Yaten lo prefería así. Prefería a Seiya furioso que con la melancolía con la que había estado viviendo las últimas horas.
—Se trata de Bombón.
Las palabras de Seiya fueron como una corriente eléctrica que las hizo a todas echar los hombros atrás y ponerse en guardia.
—¿Qué pasa con ella? —Fue Hotaru quien hizo la pregunta en voz alta.
—Decidió pedir su transferencia a otra prefectura.
—¿Qué? —preguntó Haruka tan desconcertada como las demás.
—Conejo pidió su trasferencia a otro campus —dijo Yaten, esta vez haciendo pausas más largas entre palabra y palabra, esperando que de esa manera las mujeres pudieran comprender lo que a su manera de ver no era ningún concepto extraño.
—¿Cuándo hizo eso? —preguntó Rei. No podía creer que no lo hubiera visto venir; por supuesto, si lo pensaba con detenimiento parecía una idea perfecta. Salvo porque Serena estaba sola y Serena nunca tomaba las mejores decisiones cuando lo hacía sola.
—No creo que importe mucho cuándo lo hizo…
—Porque está hecho y ya se ha marchado, ¿cierto? —interrumpió Lita a Seiya, sin saber exactamente cómo se sentía con la noticia.
Ella misma había salido una vez huyendo, poniendo distancia para intentar curar su corazón, así que debería de ser capaz de entender a Serena. Tal vez mejor que algunas de las otras chicas, pero aquel conocimiento no mitigaba el dolor de saber que Serena no había contado con ellas en sus planes.
Y que posiblemente nunca volviera a confiar en ellas.
—¿A dónde y cuándo? —preguntó Haruka, decidiendo inmediatamente acompañar a su princesa al lugar donde ahora vivía.
—Ayer en la mañana y es todo lo que obtendrán de mí. Ella quiere estar sola por un tiempo, concentrarse en sus estudios.
—¿Sola? —preguntó Mina adelantándose a lo que sabía sería un interrogatorio digno de la Interpol de parte Haruka. Mina entendía que a veces para ser capaz de perdonar y avanzar se necesitaba soledad, tiempo y distancia y a pesar de que le dolía, era capaz de proporcionarle eso a Serena y estar feliz cuando regresara.
Seiya titubeó un momento, no porque no quisiera dar aquella información, sino por sus propios sentimientos caóticos y el hecho de que aquello no formara parte del plan de Serena.
—Taiki la acompañó.
Ninguna de ellas pudo ocultar la sorpresa ante la noticia.
X – X – X
Amy decidió que aquella era su señal para salir del lugar, mientras el resto comenzaba a hacer más preguntas a Seiya. Ella ya sabía lo principal: Serena estaba bien, estaba comenzando su proceso de curación y no iba a estar sola. Entendía el que Serena dejara que Taiki la acompañara en lugar de Seiya.
Era bastante obvio que Seiya seguía teniendo sentimientos por ella y no era descabellado suponer que lo último que Serena quería en estos momentos era tener a su alrededor a alguien que quisiera su corazón.
Una parte de ella se alegró de aquella decisión, Serena estaba demostrando mucha más madurez y sentido común del que ella había imaginado y del que el resto de las chicas estaba teniendo, pero otra parte de ella no entendía la razón por la que Taiki había querido ir con la princesa. Aunque era cierto que en su estancia anterior en la Tierra, había sido Serena quien había logrado ser una especie de amiga para los tres, más que cualquiera de ellas. Serena siempre parecía capaz de ganarse el corazón de la gente sin esfuerzo alguno.
No era capaz de ver a Serena y Taiki compartiendo horas de su vida ni actividades, era casi como intentar imaginar a Darién y Serena juntos cuando estaban en la secundaria. No había manera de imaginar que ellos dos podrían llevarse bien.
Se preguntó entonces si Serena estaba utilizando a Taiki como una especie de sustituto de Darién y el simple pensamiento le causó repulsión. Nunca había pensado en Serena como una persona cruel, pero la evidencia parecía estar ahí.
—¡Mercury… ayú...ayú...dame!
Cerró los ojos cuando la pesadilla que creía olvidada la golpeó con fuerza, la voz de Maker poniéndola en alerta, sacudió los brazos lentamente como si así pudiera poner tras ella la angustia que se había instalado en el pecho.
Taiki no estaba en peligro, se encontraba seguro. Estaba con Serena.
Amy no pudo evitar apretar los labios en disgusto ante el pensamiento. No era de su incumbencia, por supuesto, pero la idea le molestaba. No solo sería cruel con Seiya, sino que seguramente Serena no podía estar lista para comenzar ninguna relación en el corto plazo.
Se detuvo de golpe cuando otro pensamiento la alcanzó.
¿Y si Taiki estaba interesado en Serena? Seiya no había sido discreto en su afecto por Serena en el pasado, ¿pero y si Taiki estaba en el mismo barco?
¿Cómo podría Serena en su estado actual resistir al encanto de Taiki?
X – X – X
Todas ignoraron la salida de la joven genio, preocupadas como estaban en intentar entender la razón por la que Serena prefiriera ir con Taiki que con alguna de ellas.
—Él pensó que no era prudente dejarla sola —explicó Yaten a quien todo el asunto comenzaba a aburrirle, no era como si Conejo fuera una niña que no supiera cuidarse sola. Por otro lado tampoco quería compartir con las sailors la posibilidad de que Taiki estuviera acompañando a Conejo como parte de un plan de cortejo.
Después de todo, solo Taiki sabía la razón por la que se había embarcado en aquel viaje, o la razón por la que la princesa había aceptado su compañía.
—Tenemos que ir a buscarla. —Fue la orden de Haruka
—No —dijo Seiya poniendo una mano en el hombro de la guardiana del viento—, ustedes lo que deben hacer es respetar su decisión de alejarse por un tiempo. Lo necesita para sanar.
—Puede sanar aquí. ¡Nosotras le ayudaremos!
—Hotaru, ella necesita estar sola un tiempo.
—Pero ella no puede estar sola. ¡NO TOMA BUENAS DECISIONES CUANDO ESTÁ SOLA!
Seiya sintió la ira correr por su cuerpo contra aquellas mujeres. ¿Es que no podían empatizar un poco con Serena? ¿No tenían ni un poco de respeto por la que no solo era su princesa sino también su amiga?
—Ella necesita estar sola Hotaru, en cierto modo también las culpa.
Haruka y Hotaru reaccionaron como si el unicornio que tenían de mascota las hubiera pateado sin razón, el resto de ellas, salvo Michiru, bajaron la cabeza en señal de entendimiento. Serena era ingenua, pero nunca había sido tonta.
Por mucho que Rei soliera llamarla tonta, sabía que no lo era, su lógica era diferente a la del resto y su sentido común trabajaba parcialmente. Pero no era tonta y por eso la sacerdotisa no se sorprendió de que Serena hubiera hecho la conexión. Mina, Lita y ella misma habían escuchado el relato entre lágrimas de Amy sobre el beso que había compartido con Darién.
Si bien ahora Rei podía aceptar que habían cometido traición al haber callado, lo cierto era que no eran ellas quienes debían hablar, su culpa consistía en no hacer que Darién y Amy hablaran con Serena inmediatamente. Era obvio que Amy había omitido algunas cosas cuando les había contado lo del beso. Como el hecho de que tanto ella como Darién ya habían decidido seguir juntos a pesar de las consecuencias.
—Y tiene razón —dijo verbalizando sus pensamientos—. En su momento aceptamos la decisión de Amy de ser ellos quienes le dieran la noticia a Serena. Nosotras pudimos haber preparado el terreno, pero no lo hicimos, ahora tenemos que respetar la decisión de Serena de poner distancia.
Haruka miro con dureza a la sacerdotisa, no entendía cómo las chicas no habían actuado como tenían que hacerlo, eliminando a la traidora y dejándole bien claro al príncipe de la Tierra que solo había un camino que seguir.
Que la felicidad de la princesa era lo único que importaba.
X – X – X
Era posible que Serena no quisiera estar cerca de ella, y también era cierto que pasarían muchos meses antes de que la princesa la perdonara, pero no por eso Amy dejaba de ser una guardiana y por supuesto no dejaba de preocuparse por ella. Serena siempre iba a ocupar un lugar importante para Amy.
Por mucho que sus acciones pudieran decir otras cosa, Amy quería a Serena. La joven había sido la primera amiga que tenía en la vida, y si bien Serena se había acercado a ella primero por conveniencia ante sus calificaciones y notas perfectas, con el descubrimiento de que ella era Sailor Mercury y con el trato constante, había aprendido a querer a Serena.
Era verdad que a veces su indolencia la desesperaba, pero jamás había hecho nada con la intención de lastimarla. Incluso ahora ¿no había sido mejor que fuera ella y no cualquier otra quien se quedara al final con Darién? Mina le había confesado alguna vez a media voz, y luego de un poco de alcohol en su sistema, lo mucho que envidiaba a Serena por tener asegurado el final feliz.
Amy recuerda tener sentimientos muy similares a los de la guerrera del amor, pero eso no significaba que quisiera que Serena sufriera. Después de todo no era culpa de la joven lo que habían sido en el pasado y lo que serían en el futuro.
Serena nunca había pedido la vida que le había tocado, es más, Amy estaba segura que secretamente lo único que Serena quería era una vida normal. El Cristal de Plata ya había intentado dársela una , pero el destino tenía otros planes para ellas.
Hasta ahora que tanto ella como Darién le habían arrojado una bola curva al destino.
Se detuvo frente a la puerta del departamento de Darién, no muy segura de lo que tenía que hacer. Hasta hace unos meses podía contar con el consejo de Lita, pero estaba segura de que ahora querría darle ninguno. Y por otro lado, desde el inicio el tema "Serena" había sido algo delicado entre ellos.
Sabía que Darién se preocuparía siempre por su exnovia, pero eso no evitaba que ella sintiera celos; era plenamente consciente de que había una parte de Darién a la que nunca podría acceder, una parte que siempre pertenecería a Serena. Y ella intentaba que aquel conocimiento no doliera, pero no importaba lo mucho que lo intentara, sabía que Endymion amaría a Serenity por toda la eternidad. Y ella debía resignarse a que Darién jamás sería suyo completamente.
Con todo eso en mente, se preguntaba si lo más acertado era decirle a Darién las conclusiones a las que había llegado o si lo mejor era seguir ella misma sus investigaciones e involucrar a su novio solo en caso de que Taiki estuviera intentando aprovecharse de la fragilidad de Serena.
Tocó la puerta.
Darién no tardó en abrir, Amy sintió la atracción de siempre cada que lo miraba, junto con la incredulidad de saber que el hombre en la puerta ahora le pertenecía, que ella se había quedado con el príncipe y que era quien tendría su felices para siempre.
—Estaba pensando en ti —le dijo él sonriendo.
Era la sonrisa que le aceleraba el corazón y la hacía sentir como una adolescente, la que había catalogado durante su confuso tiempo de cortejo como suya. Darién solo le sonreía así a ella. Nunca había presenciado una sonrisa parecida dirigida a Serena.
Fue ella quien se acercó para besarlo, él la acercó a su cuerpo y aprisionó su cintura al tiempo que cerraba la puerta. Ella enredó los dedos en las hebras oscuras y abrió la boca para darle la bienvenida a la lengua ajena.
Cuando Darién la besaba, Amy no podía evitar sentirse completamente agradecida, el hombre en sus brazos la había elegido a ella, no a la princesa, a la chica que hacía que todos los ojos voltearan a ella. Serena había tenido a sus pies a Alan, a Diamante, a Seiya y ahora a Taiki también. Por eso le parecía tan irreal que Darién la hubiera elegido a ella, la nerd sobre la princesa.
—Te quiero tanto —susurró sobre los labios del hombre entre beso y beso, cada beso volviéndose más profundo y más desesperado, las manos volando a terreno aún no explorado.
Amy olvido la razón por la que había ido al departamento de su novio, bañándose con la sensación de saberse la elegida, que había esquivado la bola que el destino le había enviado, que sería mucho más que una guardiana. Se permitió disfrutar del cuerpo del hombre con el que compartiría lo que le quedaba de vida y permitió por primera vez que unas manos diferentes a las suyas la recorrieran entera.
Le permitió también recorrerla con los labios y la lengua, maravillándose con las sensaciones, era por primera vez una con otro ser. Sintió las lágrimas humedeciendo sus pestañas, todo era maravilloso. Había conseguido lo que durante años pensó que jamás tendría.
El verdadero amor.
X – X – X
Serena nunca había estado tan ocupada en su vida. Y tampoco se había dedicado tanto al estudio. Todas las horas en que se encontraba en el campus estaban llenas de actividades, llevaba más incluso que las que Mizuno llevaba cuando estudiaban la secundaria.
El problema eran las madrugadas. Si había logrado agotarse lo suficiente, en cuanto su cabeza tocaba la almohada lograba entrar rápidamente en un sueño profundo; si tenía suerte no soñaría. El problema era que la mayor parte de aquel mes no había tenido suerte, la mayoría de sus horas de sueño eran interrumpidas cuando el cuerpo sin vida de Rini se presentaba de alguna manera.
Pero lo más perturbador no era el cuerpo de Rini, eran las voces que le recordaban que todo aquello era su culpa. Empezaba a temer que se estaba volviendo loca. Por otro lado, por mucho que le gustaría encontrar un psicólogo que la ayudara, no serviría de nada si no era capaz de ser completamente honesta con el profesional de la salud mental, y por mucho que quisiera estaba segura de que cuando empezara a hablar de vidas pasadas y predestinadas, iban a darle pase directo al primer psiquiátrico disponible con una bonita habitación de paredes acolchadas y una aun más bonita camisa de fuerza.
Estaba llegado al límite de sus fuerzas, no era solo el desgaste mental que aquel cambio había supuesto en su vida, o el físico al intentar hacer muchas más actividades de las que estaba acostumbrada, era que no veía ningún futuro, algo a lo que aferrarse, para salir adelante.
Había pensado que poner distancia la ayudaría a sanar, pero empezaba a creer que no había absolutamente nada para ella, que no existía un futuro para ella. Que Serena Tsukino era temporal, que su único uso era ser la sala de espera mientras Serenity terminaba de arreglarse para dar la cara al mundo.
Tal vez su destino era ser Serenity sin importar lo que pasara y nunca había estado destinada a existir solo como Serena.
El problema era que no sabía cómo ser Serenity de la misma manera en que no sabía cómo ser solo Serena.
El problema era que ya no sabía siquiera quién era.
X – X – X
Taiki supo que todo aquello había sido un error al ver día a día el desgaste con el que vivía Serena. Una parte de sí se alegraba de su desgracia en lugar de sentir pena por ella. Era como si ella fuera la culpable de la miseria en la que él mismo estaba sumergido.
Nada lograba interesarlo, ni las clases, ni los compañeros, ni la cuidad que se le antojaba completamente aburrida y carente de vida. Intentaba, por supuesto, y posiblemente todo se debía a que estaba intentando con demasiada fuerza. Y lo mismo pasaba con Serena.
Podía ver la manera en que se movía alrededor del campus como una especie de alma en pena, sin hacer caso a sus compañeros. Como si solo estuviera simulando que lo intentaba, pero Taiki sabía que en verdad trataba. El problema es que lo hacía con tantas ganas que fallaba.
Era doloroso mirarla en un grupo de gente, observar cómo se encorvaba e intentaba pasar desapercibida, lo que era ridículo ya que incluso sin los odangos, su cabellera llamaba la atención por mucho que ella la mantuviera sujeta en una coleta.
Era cuando la observaba tan vulnerable y perdida que se preguntaba ¿cómo puede ella ser la princesa de las sailors terrestres? No se lo había preguntado en el pasado, al contrario, se había enfadado consigo mismo al no darse cuenta de quienes eran ellas en realidad.
Cuando se paraba a pensarlo se daba cuenta de lo obvio: la luz de las estrellas era realmente fuerte cuando estaban juntas, la clase de fortaleza que muy raramente provenía de una persona que no estaba protegida por un planeta regente.
Ahora no había casi vestigios de la fortaleza de Serena, el fuerte brillo de la Luna que siempre parecía acompañarla fallaba y sin esa luz era bastante obvio lo mucho que a la joven le costaba integrarse a un nuevo entorno.
Taiki lanzó un suspiro cansado, mientras comenzaba la investigación que lo había llevado a la biblioteca en primer lugar.
¡Ya habían pasado dos meses y nada estaba mejorando!
X – X – X
Desde un principio supo que su relación con Amy sería muy diferente a la que tenía con Serena. Mientras que Serena no planeaba absolutamente nada de su vida, Amy llevaba una agenda bastante estricta sobre sus actividades diarias, agenda que no lo incluía.
Claro despejaba algunas horas de su ajetreada semana para que pudieran verse, pero a diferencia de Serena, quien planeaba todo alrededor de los tiempos libres que él tenía, Amy le asignaba los tiempos libres que había entre una hora de estudio y otra.
No era que le molestara, era que no estaba acostumbrado a ser solo parte de una lista en lugar de encabezarla. Cuando todo había comenzado, verse había sido complicado, no tanto por sus múltiples ocupaciones, sino porque tenían que vivir en un perfil bajo para evitar que cualquiera les viera antes de decirle a Serena.
Habían tenido el plan de viajar a Estados Unidos, plan que él mismo había postpuesto debido a la desaparición de Serena, así que entendía que Amy hubiera agendado de nuevo el tiempo; lo que no entendía era la razón por la que lo había hecho en otra prefectura cuando ambos estaban en Tokio.
Verla en los siguientes meses sería imposible, tendría que ser todo vía Skype y no estaba muy seguro de que aquello le agradara del todo.
—¿Estás segura? —le preguntó a su novia por enésima vez.
—No me estoy yendo al otro lado del mundo Darién, tú sabes lo importante que es la carrera para mí. El Dr. Yoshida no suele tomar pupilos, esta… esta es una gran oportunidad.
Darién la observó, preguntándose si aquella estúpida decepción que sentía porque Amy necesitara estar en otro lugar lejos de él la había experimentado Serena cuando él había decidido de manera unilateral –solo ahora podía darse cuenta- estudiar su posgrado en EUA. Deseó ser al menos la mitad de buena persona de lo que era Serena, ya que él no dejaba de sentir que había algo más en la decisión.
Lo que lo hacía sentir como un imbécil, un imbécil celoso y paranoico.
—Solo promete que me llamarás todos los días y que me permitirás visitarte en Miyazawa.
La sonrisa que Amy le regaló le hizo darse cuenta que había dicho lo correcto, por mucho que no se sintiera así.
X – X – X
La sala de grabación se sentía como un sueño, el corazón latía emocionado en su pecho y no podía creer las voces que se integraban a la suya para crear aquella melodía en la que llevaban trabajando los últimos cuatro meses. Y sin embargo a pesar de sentir la felicidad recorriéndola entera, sabía que no era una felicidad completa.
Estaba segura de que a Lita y Rei les pasaba exactamente lo mismo, no podía evitar sentir que estaba construyendo su felicidad sobre el cadáver de una de sus mejores amigas. Por mucho que Serena se esforzara por que no se notara cuando hablaban por teléfono, era obvio que le faltaba la alegría que otrora poseyera. Y a pesar de lo mucho que Mina sintiera el que Serena estuviera pasando por todo eso, no podía evitar agradecer que las pesadas cadenas del destino no solo habían liberado a Serena sino a cada una de ellas.
Y aunque eso la hacía sentir la peor líder del mundo, la convertía en una mujer que por primera vez podía realmente preocuparse por su futuro. Y para ella el futuro no dejaba de pintarse prometedor.
No olvidaba que había una amenaza sobre la Tierra, pero no podía evitar pensar que ahora que Serena y Darién no estaban juntos, aquel terrible evento ya no pasaría y ellas podrían vivir como mujeres normales.
Mujeres jóvenes y normales que acababan de desafinar la nota de entrada a los coros.
—¡Mina! —Escuchó la voz de Yaten a su lado izquierdo, no necesitó verlo para saber que seguramente estaba frunciendo el ceño, los hermanos Kou eran exigentes cuando se trataba del trabajo.
—Lo siento —dijo ella sacando la lengua y esperando que los acordes volvieran a sonar para continuar con la grabación sin hacer caso a la mirada tanto de Yaten como de Seiya.
Despejó la mente del tema "Serena" y se decidió a dejar que la música recorriera su cuerpo, permitiendo por primera vez desde que Amy le había contado entre lágrimas sobre el beso que había compartido con Darién que la esperanza se anclara en su corazón.
Había decidido que dejaría de temerle al futuro.
Desvió su mirada hacia la izquierda mirando por un momento a Yaten y por fin se hizo la pregunta que se había negado en el pasado.
¿Y si…?
X – X – X
No se podría decir que no hubiera tratado, pero en aquella maldita ciudad nada podía mantener su atención por mucho tiempo, los estudios lo mantenían ocupado y había tomado el club de astronomía como optativa. En un intento de mantener la mente en otra parte y de socializar sin necesidad de socializar realmente.
Pero por mucho que mirara al cielo no encontraba señales de que aquello fuera a mejorar, seguía sintiéndose como un cobarde por haber salido huyendo en lugar de enfrentarse al príncipe de la Tierra, no que hubiera podido ganar, estaba seguro de que ese no sería su destino. Pero estaba seguro de que al menos se habría sacado el sentimiento de inutilidad que lo acompañaba día con día y por supuesto no tendría que ser testigo de lo mal que Serena lo estaba pasando. Se arrepentía enormemente de no haberle dicho a Mizuno que había llegado a la Tierra por ella, por una oportunidad.
Era probable que fuera a ser rechazado, pero tenía la certeza de que en ese escenario no se sentiría un completo fracaso, ojalá no hubiera hecho caso a las palabras de Serena, después de todo sus casos era del todo diferentes.
Ella había dejado de llenar su tiempo con actividades inútiles y había logrado un trabajo de medio tiempo en una cafetería donde nunca se conseguía lo que se pedía, pero donde los clientes habituales parecían sentir tanta pena por la jovencita de ojos tristes que lo dejaban pasar o explicaban muy lentamente lo que necesitaban.
Ayudaba por supuesto que el dueño del local pareciera haber tomado a Serena bajo su ala y se hiciera de la vista gorda cada que la rubia metía la pata. Taiki mismo se encontraba tarde tras tarde en aquella cafetería leyendo mientras la esperaba para regresar a las habitaciones de estudiantes. Era incapaz de dejarla sola cuando se veía aun más perdida y vulnerable que tres meses atrás.
Era consciente de los rumores que los señalaban como pareja, pero estaba cansado de desmentirlos, era inútil y nadie lo escuchaba. Los terrícolas parecían encontrar especial satisfacción en el chismorreo y realmente no era algo que los perjudicara, al contrario los mantenía a salvo de los otros estudiantes que los encontraran atractivos, como las jovencitas que cuchicheaban a su espalda que lo habían reconocido como un antiguo integrante de Three Lights y estaban debatiendo sobre quién le iba a pedir una fotografía para subir a Instagram y realizar una encuesta sobre si era o no.
Fue cuando se disponía a abandonar la mesa, antes de que las jóvenes le pidieran la fotografía, que la vio, maleta en mano, pasando frente a la cafetería sin verlo. La reconocería en cualquier lugar, por supuesto. Había memorizado su manera de caminar y el tono exacto de su cabello.
La pregunta era, ¿qué hacía Amy Mizuno en aquel lugar?
No lo meditó mucho, ya que si lo hacía seguramente perdería a la chica de vista y eso no era una opción, y salió de la cafetería con el nombre de la joven en los labios.
X – X – X
Después de la productora, solían ir un rato a la cafetería de Lita, donde la propietaria solía tener una mesa disponible en un lugar donde pudieran pasar desapercibidos. No era que Mina y Yaten fueran una mala compañía, pero aquella tarde en particular, Seiya notaba todo menos brillante que de costumbre y tal vez fue esa falta de brillo lo que le hizo poner atención a su alrededor.
Él no era el observador, eso era algo de Taiki, quien encontraba patrones y aplicaba psicología de acuerd movimiento de las personas con las que interactuaba. Seiya era más intuitivo y era esa intuición la que le había hecho poner especial atención a Mina.
Cada una de las jóvenes guardianas habían comenzado a actuar mucho más sueltas y felices de lo que él las recordaba, no era que no estuvieran preocupadas por Serena, él podía verlo en sus acciones cada que hablaban de la rubia con la que solían hablar al menos una vez por semana. Y todos, incluido él, fingían que le creían cuando Bombón decía con la voz apagada que estaba bien. Al menos se oía más animada que las primeras semanas y eso era lo que acentuaba más el contraste entre sus guardianas y ellas.
Mientras que Serena parecía no saber qué hacer con la libertad de pronto obtenida, las guardianas parecían felices de sacudirse las cadenas que las ataban a un destino predeterminado y empezaban a planear en serio su futuro. Y Seiya veía en los ojos de Mina una pregunta que se formulaba cada que sus pupilas caían en Yaten.
No sabía si su hermano era consciente de la mirada, debía decir a favor de Mina que era sutil, lo que contrastaba con su energética personalidad. Pero suponía que más que nada se debía a que lo que fuera que sentía la joven era algo recién descubierto. O a que por primera vez se permitía mirar a alguien pensando en el futuro.
Antes de conocerlos, Mina había estado medio enamorada de Seiya, veía las entrevistas y seguía con atención al joven en cada una de las fotografías que aparecían en las revistas o en las redes sociales. Pero entonces los había conocido y aunque no podía negar la química que existía entre ella y Seiya, no había sido esa estrella fugaz quien había terminado llamando su atención, sino su joven hermano.
Yaten tenía toda la actitud de chico "malo", no era amable, poseía un sentido del humor ácido y tenía una personalidad difícil que lo hacía irresistible, y ella tenía debilidad por esas personalidades, así que no era ninguna sorpresa que fuera Yaten y no Seiya quien hubiera capturado su atención al final.
Y aquello no hubiera sido algo preocupante si no fuera porque seguía sintiendo aquella atracción hacia el joven, y sabía que podría enamorarse de él, lo que la aterraba y emocionaba a partes iguales. Desde Armand que ningún hombre lograba hacerla sentir capaz de enamorarse, nadie ponía sus sentidos en alerta y el estómago en nudos. Y era consciente que podía doler, doler muchísimo, y sin embargo quería intentarlo, quería conseguir la atención de Yaten.
Ahora que le era permitido quería enamorarse, en verdad enamorarse, sin más miedo al dolor.
X – X – X
No había querido decirle a nadie de sus temores, ni siquiera a Darién, y por supuesto no había comentado con las chicas sus planes. No era que no creyera que Serena no fuera capaz de cuidarse sola, y tampoco quería imponer su presencia a la que seguía considerando su amiga.
Pero no podía dejarlo pasar, no podía dejar de ir y vigilar que Taiki no estuviera ahí para aprovecharse del estado frágil de Serena y tampoco podía dejar que el joven se convirtiera en la muleta de Serena, era su deber como guardiana vigilar que su princesa encontrara realmente su camino. Por mucho que aquello sonara a broma saliendo de sus labios, lo que pasaba entre ella y Darién nunca había sido hecho para lastimar a la princesa, era algo contra lo que ella y Darién no habían podido luchar, había sido mucho más fuerte que su fuerza de voluntad.
No pensaba revelar su presencia a ni Taiki ni a Serena, pensaba vigilarlos de lejos mientras cumplía con el proyecto para el Dr. Yoshida, esperaba tener suficientes datos antes de saber si era necesario un plan de acción o por el contrario solo estaba siendo paranoica.
Así que fue una sorpresa que casi inmediatamente a su llegada Taiki apareciera frente a ella.
—¿Qué haces aquí?
Honestamente jamás imaginó que la pregunta de Taiki no fuera modulada con sorpresa, sino con la que parecía ira, como si ella no tuviera derecho a estar en el mismo lugar que él. O puede que el hombre frente a ella tuviera una agenda secreta y su presencia arruinaba todos sus planes
—Lo mismo podría preguntarte yo.
Taiki parpadeo desconcertado sin entender la postura defensiva de la joven.
—Me parece que eso te lo habría dicho Seiya, ¿o es que acaso no sabías que Serena y yo estamos actualmente viviendo aquí?
Amy dio un paso adelante para enfrentarse al joven, de alguna manera convencida que aquella declaración era mucho más, convencida de que había un mensaje oculto tras aquel Serena y yo. Definitivamente el joven se estaba comportando de manera sospechosa.
—Justamente por eso estoy aquí. —Se decidió por decir la verdad, que él supiera que ella estaba ahí para vigilarlo—. Puede que no lo creas, pero sigo siendo amiga de Serena y alguien tiene que vigilar que no esté tomando malas decisiones.
—No puedes estarme diciendo honestamente que estás aquí para cuidar de la amiga a quien le robaste su prometido. —No había querido sonar tan duro, pero las palabras de Amy eran ridículas y sin duda a Serena no le haría ninguna gracia que la niñera fuera Amy, lo que sin duda tenía tintes de tragicomedia.
Hasta ahora ninguna persona se lo había dicho de aquella manera, ella sabía que lo pensaban, pero nadie se había atrevido a decírselo de frente, a acusarla de haberle robado el prometido a su mejor amiga, como si Darién hubiera sido un bolso que colgaba del brazo de Serena y ella una vulgar ladrona que simplemente se lo había arrebatado. Como si el hombre no hubiera hecho también su elección. No estaba dispuesta a soportar discursos de nadie.
—¿Me vas a decir que ese es tu trabajo? —dijo Amy.
—Por supuesto que no, no estoy aquí para cuidar a Serena. Ella es una mujer que puede cuidarse sola. Estoy aquí porque necesitaba alejarme de Tokio
—No te creo. —No había manera, era demasiada coincidencia—. ¿Por qué razón ibas a necesitar tú alejarte de Tokio?
Taiki se dio cuenta que ese era su momento, si no lo decía ahora nunca lo haría
—Porque regresé por ti Mizuno…
X – X – X
Haruka no podía creer lo que escuchaba de boca de Setzuna. ¿Qué clase de tontería era aquella de que el futuro no había cambiado? ¿El príncipe iba a regresar arrastrándose como la cucaracha que era y su princesa iba a perdonarle?
Definitivamente aquello no tenía sentido.
—Debe ser un error —murmuro Michiru, quien tampoco parecía feliz con la noticia, la idea de que Serena volviera a estar con aquel hombre luego de todo lo que había pasado era inconcebible.
—Tal vez el príncipe va a recapacitar, se va a dar cuenta de que realmente nunca dejó de amar a nuestra princesa.
Haruka entendía perfectamente la razón tras las palabras de Hotaru, en el fondo la guardiana de la destrucción no podía resignarse a la idea de no ver jamás a la pequeña dama, y estaba segura de que lo mismo pasaba con Setzuna.
—Pues yo no pienso permitirlo —declaró convencida. El príncipe ya había demostrado que no merecía a Serena.
—No es algo que esté en nuestra manos, además no se trata solo de ellos, se trata de Tokio de Cristal, de los habitantes de la Tierra, se trata de lo que es mejor para la mayoría.
—Setzuna, no estarás diciendo…
—Voy a decírselo a nuestra princesa por supuesto, —declaró la guardiana de tiempo —, ha tomado estas decisiones pensando que el futuro ha cambiado, pero no lo ha hecho, el destino sigue siendo tan real como lo era hace unos meses. Ella va a fundar Tokio de Crista, no hay ninguna duda de eso.
X – X – X
Serena había salido tras Taiki, embozando una sonrisa en cuanto notó la figura de Amy. Por un momento había creído que la joven genio nunca aparecería, pero estaba ahí ahora y eso solo significaba que todo estaba saliendo tal como lo había planeado cuando abrazó a Taiki por primera vez.
Regresó a la cafetería con una enorme sonrisa adornando su rostro.
Su venganza recién comenzaba.
Notas de la autora:
Debo decir que estoy muy, muy emocionada. Y que espero ahora sí darles lata más a menudo y terminar esto para poder seguir con mentira.
Gracias todos por su apoyo en especial a: Seshyiak, Yelitza, Chriseluna, Lulu, Shary,Silver Moonlight-81, Zafiro, Selene-baby, Natalia Kido, Sailor Angel 7, Sheccid Tsukino, Anny Mizuno, Aylin, GabYxA, Seshyrak, Sailor Alluminem Siren, Deelinquent, Asusa76, Sol Levine, Tani_Love, Sheccid Tsukino, Sailor Angel7. Y a los que dedican su tiempo a leer aun sin dejar constancia. Sin ustedes esto no habría sido lo que fue.
