CAPÍTULO 7: COMO UNA FAMILIA
Domingo por la mañana. Huesos y Booth estaban en la cama del 2º leyendo los dominicales y desayunando zumo de naranja natural y croissants calentitos. O eso era lo que parecía. En realidad Huesos no le estaba haciendo ningún caso a la revista. Observaba a Booth.
Éste, con sólo la parte de abajo del pijama, se reía de no se qué chiste tonto. Le encantaba su sonrisa. Cada vez que lo veía reír parecía que algo se iluminaba dentro de ella. Se le ponía esa cara de niño tan adorable que daban ganas de comérselo. Y si esa sonrisa se acompañaba de unos espectaculares abdominales, y de esa actitud sexy y despreocupada que sólo él podía mantener en cualquier momento, ya era mortal.
Ey Huesos, escucha esto, es buenísimo! Que? La despertó su voz. Encima es que él no se daba cuenta de nada. Eso era lo mejor de todo. Su naturalidad. Le leyó el chiste mientras le daba a morder un delicioso croissant.
Te gustan? Están buenísimos, dónde los compraste? En la panadería de aquí al lado. Me desperté temprano, recordé que te gustaba tomar un buen desayuno, y en seguida pensé en Marco. Marco es el panadero, y prepara los mejores bollos de toda la ciudad. Bajé a correr un poco, hice algunos abdominales, y a la vuelta paré allí y los compré.
Y llegaste justo para hacerme el zumo y traérmelo todo a la cama cuando me desperté. Exacto, dijo él dándole un beso. Para eso estoy yo aquí, para servir a mi princesa. Su padre la llamaba princesa cuando era pequeña. Le encantaba. Se emocionó y Booth lo notó.
Huesos qué te pasa? Últimamente estás muy sensible. Se incorporó y la abrazó. No es nada, al menos nada malo. Es que me estás tratando tan bien, te preocupas tanto por mí. Huesos en eso consiste salir con alguien, en cuidarse mutuamente y hacerse feliz.
Si, supongo que si pero yo nunca había tenido una relación así. Es que además de estar buenísimo era un cielo. Cómo podía haber tardado tanto en darse cuenta. Cómo podía haber desperdiciado tanta felicidad. Entonces él empezó a hacerle cosquillas y los dos rodaron por la cama, riéndose como niños. Hasta que oyeron un ruido y se volvieron hacia la puerta.
Hola papá! Hola Huesos! Se quedaron paralizados. Detrás de Parker apareció Rebeca. Dios, lo siento! Yo no sabía… Llamé pero nadie abrió y como Parker tenía las llaves… No pensé… Pensé que estarías dormido.
Huesos, en camiseta, se puso roja como un tomate. Y eso que no estaban haciendo nada. Booth reaccionó en seguida. No pasa nada Rebeca, Huesos y yo estábamos… Desayunando. Qué tal compañero?
Parker se echó en sus brazos, le dio un beso y, con total naturalidad, se dejó caer en el centro de la cama, cogió una revista, un croissant y le dijo a su madre: ya te decía yo que eran novios, tú decías que no pero yo ya lo sabía.
Booth abrazó tiernamente a su perspicaz hijo, y le dijo que se quedara allí con Huesos mientras él hablaba con mamá. Claro papá, yo cuido de Huesos mientras tanto. Vale, que no le falte de nada, rió Booth. Cómo podían ser tan adorables tanto el padre como el hijo! Parker se acomodó al lado de Huesos y le ofreció también su croissant. Booth le dio un beso y salió con Rebeca.
Vaya, así que por fin os habéis decidido, se burló ella. Rebeca no estoy para bromas, podíamos haber estado… Ya sabes. Cómo se te ocurre presentarte así con Parker? Este fin de semana se supone que te lo llevabas a casa de los abuelos. Si, y fuimos, pero la abuela resbaló en el jardín y se hizo un esguince. Voy a quedarme un par de días con ella, para echarle una mano, y quería saber si podías encargarte de Parker.
Claro, no hay problema, pero podías haber llamado. Si hubiera sabido algo lo habría hecho, pero como hacía meses que no estabas con nadie… Ahora veo por qué. Rebeca quiero que esto salga bien. Es Huesos, no es una más. No me puedo creer que por fin me haya dejado acercarme a ella y no quiero que salga corriendo así que, por favor, no me lo pongas más difícil.
Claro que no Booth, estoy encantado de que por fin vayas a sentar la cabeza. Y Parker? Crees que se lo tomará bien? Compruébalo tu mismo, le dijo señalándole a la habitación. Parker estaba exactamente en la misma postura que él ocupaba hacía unos instantes. Sentado junto a Huesos, mirando los dibujos de los chistes y riendo con ella.
Huesos lo rodeaba con un brazo e intentaba explicarle el profundo sentido que había detrás del texto. Huesos no entiendo nada de lo que me estás diciendo, protestaba el niño, sólo tengo 5 años! Eso dice tu padre todo el tiempo, pero esa edad es una de las mejores para la asimilación de nuevos conocimientos. Queeeeé? Ja, ja. Eran igualitos! Todos rieron.
Rebeca se fue, sabiendo que Parker quedaba en buenas manos, y Booth volvió corriendo a la cama y les obligó a que le hicieran un sitio. No! Yo quiero estar al lado de Huesos! Gritaba Parker. Yo también! Huesos no se podía creer que se estuvieran peleando por ella. Y es mi novia no la tuya así que apártate. Papá, eres igual que un niño. Era lo que me faltaba por oír, dijo Booth fingiendo escandalizarse.
Y si me pongo en el medio, propuso Huesos, conciliadora. Claro, claro, brillante idea. Hay que ser antropóloga forense para que se te ocurra algo así, verdad Parker? No os burléis de mi! Y le pegó con la almohada. Genial! Guerra de almohadas, chilló Parker. Queeeeé? Esta era Huesos. Como respuesta le llegó una blanda almohada a la cabeza. Estaban locos pero eran tan divertidos.
Al momento aquello parecía un campo de batalla. Minutos después los "adultos" estaban exhaustos y Parker seguía dando botes en el colchón. Me gusta que seáis novios! Va a ser muy divertido! Y agotador. Booth y Huesos se miraron y sonrieron. Eran como una familia. Una un poco extraña pero una familia al fin y al cabo. Después de todo, como decía Booth, HAY MUCHOS TIPOS DE FAMILIAS.
