Hola a todos! Les traigo un nuevo capitulo, el más largo que me ha tocado traducir hasta ahora pero al menos no me demoré tanto como pensaba ñ_ñ! Gracias a los que han dejado comentarios, siempre se agradecen :D
Quería preguntarles su opinión acerca de la traducción y narración en general. Leo cada capitulo tantas veces que creo que pierdo objetividad en mi visión y ya no estoy tan segura si se ve fluido o hay trabas. Si tienen comentarios respecto a eso, no duden en decirme, eso me ayudará a ver en qué puedo mejorar :)
Gracias y disfruten de la lectura
Evasiones (parte 4)
Salí de la habitación del fondo, bostezando y estirándome, y ubiqué a Heero y Quatre sentados en el sofá, inclinados sobre la portátil.
—¿Encontraron algo, chicos? —pregunté, ingresando silenciosamente a la sala.
Quatre me sonrió. —Es posible que al fin hayamos localizado un vínculo entre el objetivo B y el militar.
Rodeé el sofá y me incliné donde pudiese ver sobre sus hombros. Heero tenía control del teclado, por supuesto, y tipeaba comandos en una ventana DOS(1). Pude ver que se habían infiltrado en un sitio web y Heero estaba extrayendo alguna clase de información. Sus dedos volaban sobre las teclas y, no por primera vez, me pregunté cuál era su maldita velocidad de escritura. Me agaché más para leer un poco de la información a medida que se desplazaba y detecté un quiebre en el ritmo del tecleado. Heero se equivocó en un simple comando y su respiración siseó en irritación. Vaciló mientras borraba y volvía a tipear. Como experimento, me enderecé y me alejé; sus manos volvieron a su velocidad y patrón normal. No pude contener un suspiro. Dios, en serio debía odiarme.
Fui a la cocina y saqué jugo del refrigerador. Me apoyé sobre el mostrador y bebí, observando a mis dos compañeros trabajar. Finalmente Quatre había encontrado algo que pudiese hacer. Usando sus conocimientos de jerga legal y de las complejidades de la burocracia, guiaba a Heero a través de un gran número de barreras de camuflaje virtual en busca de alguna prueba de que nuestras suposiciones estuviesen en lo correcto. Me sentí contento por él, feliz porque encontró un modo de contribuir con la misión. En realidad, me alivió un poco. Había estado preocupado de que la inactividad le afectase y que tratase de forzar el tema de salir de la casa. Sospecho que si insistía lo suficiente, Heero se lo permitiría.
Pero al mismo tiempo, estaba insanamente envidioso de su habilidad de sentarse y trabajar con Heero de esa forma. Quería ser capaz de hacer eso, ser capaz de sentarme junto a él y trabajar juntos en un problema. Me pregunté si alguna vez sabría qué había en mí que lo volvía tan… loco.
Lavé el vaso y fui a alistarme para mi salida. Helio me tiraba besos en el espejo mientras trataba de lavarme los dientes.
—Lárgate, idiota —murmuré, escupí en el lavatorio y me rehusé a mirarlo otra vez.
Sólo para variar me trencé el pelo, pero más suelto de lo que normalmente lo hago. Por un instante, jugué con la idea de no usar la funda y su cuchillo en mi brazo, pero no pude dejarlo atrás. Estoy bastante seguro de haber podido sacar mi trasero de la situación la noche anterior sin esto, pero definitivamente habría acabado en una pelea. El cuchillo había hecho que mis atacantes lo pensaran dos veces, permitiéndome terminar la situación sin tener que matar a alguien. Lo último que necesitaba era tener que esconder cadáveres.
No iría muy lejos con mi show de "vulnerable y asustado" si lograba conectar con el Señor Militar, pero tendría que tener cuidado de que él no se diese cuenta de mi careta fingida.
Me retiré a la habitación de Quatre con mi reproductor mp3, esperando a que oscureciera. Estaba teniendo problemas para montar la función nuevamente: la actitud apropiada parecía fuera de mi alcance y sabía que se debía a que estaba sintiendo lástima de mí mismo. Usé mi música para arrastrarme en la transformación emocional que requería. Tuve que comenzar enojándome un poco para sacarme de la depresión y quitarme todo pensamiento sobre Heero de la cabeza. Escuché un poco de rock pesado, "música de batalla", hasta que pude sentir el duro ritmo del metal zumbando a través de mí. Cuando estuve lo suficientemente enojado, tanto que empecé a sentirme casi claustrofóbico, cambié a unas de mis baladas folclóricas. A esa música la llamaba "defensa del inocente". Canalicé la ira hasta que tuvo propósito, reorientándome en qué demonios estaba haciendo en ese lugar. La música de Helio tendría que reproducirla en mi mente después porque sería una mierda si hacía la transición a eso aquí, en frente de Heero y Quatre.
Estaba en medio de la habitación con los ojos cerrados, escuchando "Goodnight Saigon", cuando Quatre vino a llamarme para la cena.
Apagué el reproductor antes que la siguiente canción comenzara y volteé para mirarlo.
—¿Qué haces? —preguntó curioso.
Le mostré una sonrisa, complacido de ser capaz de poder sonreír de nuevo. —Debes conseguir un tema musical.
—¿Qué? —Lucía confundido, por supuesto. Reí suavemente.
—Todo es actitud. —Me di un pequeño golpe con mis dedos en las sienes—. Ayuda tener… una música temática en tu mente.
Quatre sonrió pero pude notar que no comprendía. —La cena está lista —fue todo lo que dijo.
—No comeré —le informé, pasando junto a él para buscar mi chaqueta que estaba en la sala.
—¿Por qué no? —Me siguió mientras caminábamos por la casa—. Tampoco almorzaste…
Reprimí la necesidad de reír con fuerza. Se oía tan alterado por eso, como si perderse dos comidas seguidas fuese algo impensable. No tuve el corazón de decirle que probablemente tenía diez años cuando me enteré que algunas personas conseguían consumir tres comidas al día.
—Porque… luzco demasiado bien alimentado —fue todo lo que logré elaborar.
Lo vi abrir la boca por el rabillo del ojo pero luego vi que la cerraba otra vez. Bien, al menos alguien estaba tratando.
Estaba apresurándome y lo sabía. Quería salir de la casa antes de que Heero apareciese de donde diablos estuviese; dos segundos junto a él podrían deshacer todo el trabajo que había hecho en la última hora para prepararme. De veras debí anticiparme mejor. Cuando fui hacia la parte posterior de la casa, intentando escabullirme por la puerta del patio, ahí estaba él en mi camino. Me detuve y miré un punto pasando su oreja derecha, tratando de mantener mi música en la cabeza por encima de cualquier otra cosa. Esperé a que dijera lo que fuese a decir.
"We came in spastic
Like untamed horses
We left in plastic
As numbered corpses
And we learned fast
To travel light
Our arms were heavy
But our bellies were tight.
And we would all go down together
We said we'd all go down together..."
De acuerdo… quizá no era la mejor canción para estar reproduciendo en mi mente, pero era lo que tenía y me aferré a eso, esperando el tiro que me imaginé que Heero se alistaba a lanzar. De alguna manera, nunca fallaba dándome golpes bajos.
En sí no estábamos haciendo contacto visual, ya que con terquedad me rehusé a encontrarme con esa mirada helada pero, por Dios, él fue quien apartó la vista primero.
—Ten cuidado —gruñó en una voz tan baja que casi no lo escuché. Me hubiera topado con su mirada si Heero no hubiese ya volteado.
Maldición, otra vez un golpe bajo… sólo que de un modo inesperado. Todo lo que pude hacer fue gruñir y salir. Él me sorprenderá hasta el día en el que finalmente me muera y tome ese bus número nueve directo al infierno. Tengo un asiento reservado, saben.
Cambié la canción en mi mente tan pronto como estuve en la acera en dirección al temido distrito comercial. Música de baile, en su mayoría; ligera y algo burbujeante. Temas banales, ese es Helio. 'Footloose', 'Safety Dance', basura como esa. Sí, me gustan las cosas retro, no puedo soportar la música nueva. Nunca tiene algo que decir, es pura mierda instrumental "expresionista". No es de extrañar que todos escuchen cosas de hace más de cien años. Para cuando llegué a la zona, Helio ya se encontraba bailando al ritmo de la música, meneando y balanceando sus caderas. En serio odiaba sacarlo de la caja.
Dios pero sí que hacía frío esa noche. Bajo el denim roto, bien podría estar completamente desnudo; no hay aislamiento térmico en el spandex en lo absoluto. Estaba jodidamente cerca de temblar para cuando llegué a mi destino.
Me encontré con la Pelirroja bastante rápido. Parecía haber olvidado que a su consideración, era demasiado estúpido para hablarme y me presentó a un par de sus amigas. Permanecí hablando con ellas por un rato. Había cierta seguridad en andar en grupo, en especial cuando no estaba interesado en dejar que alguien me hiciese ofertas.
Me mantuve alerta para ubicar a mi 'amigo' de los matorrales de la noche anterior, no lo vi ni a él ni al tipo de los perros.
La Pelirroja obtuvo una propuesta y se alejó. Su grupo pronto se disolvió, por lo que me puse a caminar otra vez.
La noche dio un giro encantador cuando comenzó a nevar. Maldición, como si no hubiese tenido suficiente frío. Ahora estaba congelado y mojándome. La nieve también pareció ponerle freno a las cosas: la gente comenzó a desaparecer, haciendo conexiones rápidas y yendo a buscar refugio. Me quedé en la calle principal con el resto de los desesperados. Genial, estaba considerando regresar a la casa cuando lo vi venir.
Usaba uno de esos largos y grandes abrigos oscuros, del tipo que llegaba hasta las pantorrillas y hacía lucir a algunos jodidamente geniales y a otros bastante entupidos. Él se veía genial, dando zancadas como un espectro enigmático en la nieve que soplaba. No tuve que simular un escalofrío y me encorvé para protegerme del frío, pretendiendo que no lo veía. Esperé hasta que estuviese casi frente a mí, y entonces giré y deliberadamente me abrí paso directo hacia él. Por supuesto, actué como si no hubiese tenido idea, y aunque estaba preparado para el impacto, reboté como si hubiese golpeado un muro de ladrillos y caí sobre mi trasero en la nieve que rápidamente se acumulaba.
Dejé que mis ojos viajaran a lo largo de su cuerpo hasta que me quedé mirando su rostro agachado hacia mí. Hice que mis ojos se agrandaran y mi boca se abriera y chillé una temblorosa disculpa. No fue muy difícil poner un poco de miedo en mi voz; chocar contra el hombre me había hecho percatarme de lo sólido y fuerte que era. Mi pequeña navaja de repente se veía tristemente inadecuada.
Él sonrió con ligereza ante mi posición y extendió una mano para ayudarme a levantar. Mis ojos fueron de su cara a su mano, y viceversa, como si tuviese miedo de tomarla. Cuando finalmente la alcancé, dejé que mi mano temblara.
Su sonrisa se volvió algo salvaje y supe que lo tenía.
—Deberías mirar por donde vas —dijo con un toque de burla en su voz.
No soltó mi mano incluso después de haberme levantado. Pasé unos cuantos segundos aclarando mi garganta y sonrojándome hasta que por último murmuré otra disculpa.
—Has quedado todo mojado —ronroneó y usó la mano que sostenía para voltearme, restregando la nieve de mi trasero con la que tenía libre.
En mi cabeza, Solo gritaba a todo pulmón: —Corre, ¡maldito idiota! ¡Corre como condenado y no mires atrás!
El escalofrío que me recorrió fue completamente genuino.
Traté de liberar mi mano y dije: —Estoy… bien —pretendiendo sonar a la defensiva.
Mi mano se mantuvo justo donde estaba, y de pronto, él estaba inclinado hacia mí.
—¿Acaso estoy confundiendo por qué estás aquí en una noche como esta?
Negué con la cabeza y le di la impresión de haberme sorprendido. Dejé que mis ojos se pegasen a los suyos y lo vi registrando el color con otra de esas sonrisas engañosas. Sabía que podía asustarme, ahora quería seducirme lo necesario para que accediese a irme con él.
—No estás vestido para este clima —observó con sequedad—. Tengo un lugar cálido… —insinuó con una ceja levantada.
Tragué e hice mi mejor esfuerzo para lucir como alguien tratando de componerse.
—Yo… no vengo gratis —solté, sonando petulante e inexperto.
Sonrió otra vez, desde su gran altura. —No me cabe la menor duda, mascotita.
Preguntó el precio. Sin pensar, lancé el que había estado usando para alejar a la gente.
No parpadeó, sólo dejó que su sonrisa se ampliara y luego, desabrochó su abrigo y me hizo señas para que me moviera lo suficientemente cerca para poder envolverme con éste.
—Nunca compro sin probar la mercancía —susurró a mi oído una vez me tuvo bajo el brazo—. ¿Me dejarás probarte?
Lo vi besar a la chica que eligió la noche anterior, pero no había previsto esto. Me congelé y él usó su mano para levantar mi barbilla y, antes de que pudiera pensar en qué hacer, me estaba besando.
Fue gentil y cálido y… meticuloso. Invadió mi boca con una lengua plácidamente exploradora y mis malditas rodillas se debilitaron. Sabía que era el terciopelo sobre el acero: esto era lo que tenía que atraerme para ir con él a donde las cosas cambiarían a algo… diferente. Le dejé pensar que había sido engañado.
—Oh… —respiró en mi oreja cuando soltó mis labios—. Creo que valdrás bien el dinero.
Había hecho que siguiéramos en movimiento, pero noté que no en la misma dirección por la que había llegado.
—¿Dónde…? —dejé salir, mi voz algo aguda y aclaré mi garganta—. ¿Hacia dónde vamos?
—Tengo un sitio para resguardarnos del frío —me aseguró y tuve que admitir que el tipo era bastante bueno. Si fuera a conocer al hombre en cualquier otra circunstancia, no dudaría en darle la mano y unírmele en conversación.
De verdad deseé haber visto a la chica que… empleó la noche anterior en algún lado, pero nunca la encontré. Y eso que había buscado.
—Uhmmm… —le eché una ojeada—. ¿Cómo debo llamarte? —pregunté e hice un mal trabajo tratando de sonar tímido. Sonó, por supuesto, a falsa valentía.
Rió entre dientes y cuando me miró, sus ojos brillaban extrañamente. —No lo he decidido aún. —Tenía su brazo alrededor de mí, manteniéndome dentro del movimiento de su abrigo—. ¿Cómo debo llamarte a ti?
Abrí la boca para contestarle, pero me detuvo de pronto con un dedo en mis labios.
—No… pensándolo bien, creo que debo decirte a ti cómo debemos llamarte.
Me encogí de hombros y me atreví a mirar para arriba.
—Pajarito… —Suspiró—. Hermoso pajarito… Creo que te llamaré mi pequeño gorrión. —Se inclinó para mordisquearme suavemente la parte superior de la oreja y me estremecí, no premeditadamente esta vez. Rió con suavidad.
Solo me pateó en la memoria y gritó: —¡Y te desplumará como a un maldito pájaro si no te vas antes de que sea demasiado tarde!
Traté de actuar como si de pronto recordara que tenía un trabajo que hacer y me atreví a posar un brazo alrededor de él, dejando que mi cadera se apoyara contra la suya mientras caminábamos.
—¿Por qué nos dirigimos hacia la Quinta Calle? —le fruncí el ceño, aun cuando estaba enviando el mensaje a mi equipo de apoyo—. No hay nada por aquí…
Sonrió y su brazo se apretó contra mi hombro. —Mi… compañía tiene un edificio aquí.
Mi corazón se saltó en un latido. ¿Podría tener esta suerte? El único edificio comercial en este camino era el objetivo B. Caminamos en silencio por un rato más.
—Esas son unas botas geniales —dije al fin, como tratando de cubrir el silencio incómodo—. ¿Dónde las conseguiste? Yo obtuve las mías de una tienda de segunda mano en la Cuarta.
Él rió fugaz y me miró, sus ojos terriblemente divertidos. Mantuve mi interés inocente. Al fin, sonrió y dijo: —Son… de la compañía.
Oh, eso era bueno; la verdad dentro de la mentira. Para empezar, él pensaba que yo era estúpido, y eso estaba bien. Lo siguiente era que prácticamente había admitido que era militar.
¿Podría esto ir mejor? Sí… podría salir del encuentro con el trasero intacto.
Hice todo lo que pude para no alardear a voz viva cuando me guió directo al objetivo B. Me dejó dar un paso atrás mientras buscaba su llave. Recibí varias miradas sobre mi hombro, como si estuviese pensando que escaparía. Sus ojos se estaban volviendo… aterradoramente brillantes mientras más cerca estábamos de nuestro destino. Me hizo pasar.
—¿Aquí? —dije, adelantándome varios pasos mientras él se tomaba un minuto para desactivar el sistema de alarma—. Es un jodido depósito. Aquí no hay nada más que cajones y cajas. ¡Y está helado! ¿Pensé que dijiste que sería cálido? —Deseé atreverme a dar más descripciones para informar a los muchachos, pero sabía que este tipo no era estúpido.
Detrás de mí, él rió y el sonido no fue ni cerca de lo agradable que había sido antes.
—De seguro estás acostumbrado a las habitaciones… austeras.
Giré hacia él y adrede lucí confundido, sabiendo que no esperaba que entendiera palabras complicadas.
—¿Qué?
Lució presumido. —No importa —sonrió.
—Escucha… uhmmm… —Ladeé la cabeza y me sonrojé, no era difícil imaginando a Heero y a Quatre sentados allá en la casa escuchándome—. Debo hacer pis… el frío… ¿Hay un baño?
Se echó a reír y apuntó hacia un costado. —Por allí, gorrioncito. —Se acercó un paso hacia mí—. Estaré esperando.
Le di una sonrisa avergonzada y salí al trote a hacer lo mío. Mierda, esperaba poder salir de esto en una pieza.
Tan pronto como cerré la puerta, saqué mi navaja y corté la costura de la camisa donde el transmisor permanecía escondido.
—Escuchen —murmuré manteniendo la voz tan baja como era posible—, intentaré colocarle esta cosa a él. No se alarmen, la situación se pondrá difícil en un minuto, pero creo que puedo salir de aquí.
Dejé el cuchillo y fui a orinar, sólo en caso de ser escuchado. Luego puse el pequeño transmisor en mi mano, aspiré profundo y salí del baño.
En efecto, estaba esperándome sentado en una caja de embalaje con una pierna balanceándose. Le sonreí y fui en su dirección; todavía estaba aparentando ser "amable" y necesitaba ponerle el transmisor antes de que cambiara. Fui derecho hacia él, esperando que creyera que había usado mi tiempo en el baño para prepararme para el trabajo. Puse mis brazos alrededor suyo, enterrando mis dedos en sus bolsillos traseros y frotándome contra él para distraerlo mientras el transmisor del tamaño de un botón, era depositado en uno de sus bolsillos. Soy un excelente carterista y funciona de la misma manera tanto sacando un objeto como dejándolo: la mayoría del asunto es distracción. El resto es velocidad.
Se rió de mí y me envolvió con sus brazos, inclinándose para besarme, pero esta vez fue violento y enérgico. Aquí íbamos, me tenía donde quería y ahora las reglas iban a cambiar; las cosas se tornarían violentas. El sujeto violó mi jodida boca. Le seguí la corriente en todo lo que hacía sin protestar y cuando se apartó de mis labios sangrantes para mirarme, le sonreí.
—Oh… —ronroneé—, no me dijiste que te gustaba a lo salvaje.
No era lo que esperaba o buscaba. Él quería que me resistiera, quería ver miedo en mis ojos. Me frunció el ceño, sin embargo, no le di tiempo de hablar. Me deslicé fuera de su alcance mientras se hallaba ocupado reevaluando la situación. Me desconecté de Duo y dejé que Helio tomara total control, ladeando la cabeza y posando mis manos en las caderas.
—Dulzura, debes decirme lo que quieres —suspiré exasperado—. Pensé que querías lo inocente… ahora me dices que quieres algo más duro. ¿Cuál es tu juego?
Se estaba enojando al darse cuenta que toda la vacilación y el nerviosismo anterior habían sido parte de un acto. Se levantó de la caja tan alto como era, pero no retrocedí ni una pulgada.
—Puedo hacer que te sientas realmente bien si tan sólo me dijeras… — empecé a decir, y vi cómo pasaba de enojado a estar realmente molesto en un santiamén. Notar ese cambio probablemente me salvó el trasero porque fui capaz de rodar un poco con el golpe. Aun así, me pateó el trasero unos buenos diez pies y terminé estrellándome contra unos embalajes. Me levanté instantáneamente y saqué el cuchillo fuera de su funda antes de darle la oportunidad de atraparme. En este punto, sabía que mi sobrevivencia dependía de no mostrarle ni una pizca de miedo.
Tuve tres segundos para registrar lo que salió de la caja cuando caí en ella: unas malditas sofisticadas partes electrónicas. No advirtió que miraba.
—¡Eso es todo! —le gruñí—. No hago sadomasoquismo... de ninguna manera; ¡no, señor! ¡Atrás, idiota! —Quizá podría haber omitido el 'idiota', pero mi boca nunca ha sido de lo más limpia.
—Creo… —Me miró, avanzando lentamente—, qué tú vas a ser…
Lo interrumpí poniendo los ojos en blanco. —Oh, ¡deja esa maldita postura del villano malvado! —refunfuñé—. ¡No hay algo que podrías haberme hecho que no haya sido hecho antes! —dije, logrando que la última parte sonara casi como si me aburriera.
Continué retrocediendo lentamente hacia la puerta y él continuó avanzando hacia mí. Sexualmente, estaba perdiendo cualquier prisa que hubiese tenido de jugar conmigo. Pero todavía estaba molesto y me encontraba seguro de que al menos, tenía en mente propinarme una buena paliza. Si lo lograba, no saldría caminando de aquí.
Lancé una mirada por encima de mi hombro, por un lado para localizar la puerta y por otro para ver si él hacía algún movimiento. Lo hizo. Se abalanzó contra mí, pero en su movimiento previó que iría hacia la puerta o me mantendría firme. No esperaba que me moviera hacia él, lo cual hice en el último momento, agachándome bajo su brazo oscilante. Luego de eso, no dudé, sino que me deslicé por el piso del almacén y di directo con una pila de cajas apiladas bajo una ventana.
Ahora, hay algo que la gente asume de mí y es cierto: soy un hijo de puta veloz. En la calle aprendes a correr, correr por tu vida. Tenía la certeza que corría por la mía en ese momento. Podía oírlo detrás de mí maldiciendo en voz baja y arremetí por la primera caja, trepando hacia la cumbre de la pila como si fuera un maldito gato callejero con un perro en la cola. Ni siquiera dudé cuando llegué a la cima sino que me tiré hacia el vidrio, sabiendo que tendría una caída de unos buenos ocho pies de altura. Terminé mi actuación de gato callejero, logré aterrizar sin romperme nada y me largué corriendo tan rápido como pude. Nunca lo oí salir del edificio. Creo que finalmente me volví más problemático de lo que él creía que valía la pena. De algún modo, había mantenido mi puño en el cuchillo pero no pude guardarlo por otras dos cuadras. Esperaba con todas mis fuerzas a que Quatre no hubiese entrado en pánico. Había pasado por muchos problemas para plantar ese transmisor en el Sr. Militar y no quería perder la oportunidad que eso ofrecía.
No corrí directo al refugio, pero tampoco hice la ruta serpenteante de una hora. Me planté en la puerta trasera con un jadeante suspiro de alivio y casi colapsé en el piso al entrar.
Quatre llegó corriendo el minuto en el que me escuchó, ni siquiera desacelerando para asegurarse que era yo. La presencia de Heero tampoco le impidió correr a toda velocidad y lanzar sus brazos alrededor mío.
—¡Duo! —casi lloró—. ¡Estás bien!
Detrás de él, pude ver a Heero con los brazos cruzados sobre su pecho y el ceño fruncido en su rostro.
Le devolví a Quatre su abrazo, quizá un poco más fuerte de lo que debía. —Está bien, hermanito… todo fue acorde al plan —resoplé.
Algo extraño pasó por la cara de Heero y su ceño cambió sutilmente.
—¿Estás herido? —preguntó con un tono de voz imperturbable. Abrí la boca con mi típica súper inteligente respuesta y luego la cerré. ¿No habíamos dejado algo de esto atrás?
—Yo… —parpadeé, pensándolo—, no, no lo creo.
Quatre me soltó y se echó hacia atrás, mirándome dudosamente y sus ojos se abrieron un poco. Sus dedos se elevaron hacia mi cara y vaciló.
—De veras te pegó una buena —murmuró finalmente.
Levanté mis propios dedos y toqué con cuidado alrededor de mi pómulo, haciendo una mueca.
—Creo que sí, ¿huh? —suspiré, y de pronto, el último par de horas se precipitaron y me golpearon en el rostro.
Todo en lo que pude pensar fue en la sensación de la lengua de ese bastardo en mi boca. Aparté a Quatre y me apresuré al baño, cerrando la puerta detrás de mí. Si hubiese comido algo ese día, quizá hubiera sido más fácil, ya que todo lo que pude hacer fue pasar en el inodoro los siguientes cinco minutos con arcadas y escupiendo todo lo que pude. Cuando acabé, me saqué la ropa de Helio tan rápido como me fue posible y la lancé a una esquina. Estaba seguro de que era la última vez que sería capaz de sacar a Helio de su caja. Era lo más lejos que hubiera querido llegar. No logré deshacerme de mi cuchillo, enjuagué mi boca, lavé mi cara y casi pierdo el control cuando repentinamente me di cuenta que ese había sido mi primer beso. Me distraje revisando las heridas, encontrando sólo unos cuantos cortes por el vidrio de la ventana y algunos moretones en mis manos y rodillas. Y, por supuesto, el lado hinchado de mi rostro y mis… labios.
En el pasillo pude escuchar los tenues sonidos de Quatre y Heero discutiendo.
—… dije, dale unos minutos. —La voz de Heero era completamente inflexible.
—Heero —expresó Quatre enfadado—, nos necesita…
—Necesita que dejes de sobreprotegerlo por un minuto. —Estaba sorprendido por su calmado tono de voz.
—Acaba de pasar por algo… horrible —dijo Quatre y pude imaginarme a ambos parados cara a cara en el pasillo. Encontré las ropas de las que me había cambiado antes y comencé a vestirme tan rápido como pude antes de que las cosas escalaran a algo peor.
—Y ya se terminó —contestó Heero, y a continuación, me dejó jodidamente perplejo—: Él no… 'hará de Helio'… otra vez.
Entonces hubo silencio, Quatre parecía no tener una respuesta. Terminé de vestirme y abrí la puerta. Giraron como uno solo y salí bastante firme, pensé, del baño.
—Eso es bueno… —confesé, la sorpresa sin desaparecer aún—, porque no creo que pueda.
Heero me tomó de la cara, volteándola hacia la luz. Me dio ese pequeño gruñido y luego preguntó, su voz toda seria: —¿Ya te evaluaste? ¿Estás herido en otra parte? —Negué con la cabeza y él me dejó ir, volviendo a Quatre—. Pon hielo sobre su hinchazón.
Sin añadir más, se dirigió hacia la sala. Quatre y yo nos quedamos mirándonos por otro minuto.
—Oh, Duo… —suspiró y eso provocó que me punzara la parte trasera de los ojos.
—No —susurré y él vio y entendió, y simplemente se calló.
En la otra habitación, de pronto escuchamos una voz extraña y ambos saltamos. Los ojos de Quatre se abrieron como platos. —¡El transmisor!
Seguimos a Heero a la sala. Quatre me llevó hacia la segunda silla donde se habían sentado y permaneció detrás de mí.
—… demonios has estado? —cuestionó una voz totalmente desconocida.
—¡No es tu maldito asunto! —llegó la respuesta y tuve que suprimir un escalofrío. Era el Sr. Militar.
Quatre puso una mano sobre mi hombro y se inclinó más cerca. —Esto es lo primero que hemos escuchado de cerca en media hora —susurró—. Hubieron bastantes maldiciones y caídas luego de que… escaparas. — Sonrió un poco—, estaba muy enojado; parece que arrojó muchas cosas.
Sonreí, más que feliz de haber frustrado a mi pequeño compañero de juegos.
Me perdí de algo relativamente poco importante, pero ahora el extraño estaba diciendo: —¿No llevaste otra de tus pequeñas "conquistas" hacia la maldita fábrica, verdad?"
Hubo un momento de silencio y entonces un hosco, —¿Y qué si lo hice? — Pude percibir que estaba sorprendido; no sabía que esta otra persona tenía conocimiento de sus hábitos nocturnos.
—¡Maldita sea! —gritó el extraño—. ¡Estás poniendo en peligro esta operación!
—¿Cómo? —preguntó el hombre militar—. No es como si le dijeran a alguien lo que han visto.
En mi hombro, los dedos de Quatre apretaron tan fuerte que casi me sacudí. Puse mi mano sobre la suya y la apreté tranquilizadoramente.
—Está bien, Qat —susurré y sentí ojos sobre mí. Volteé y encontré la mirada evaluadora de Heero; esta vez, fui yo quien apartó la vista primero, observando mis rodillas.
—¡Eres un hijo de perra enfermo! —espetó el hombre extraño—-. ¿Cuantos son hasta ahora ahora? ¿Cuatro? ¿Cinco?
El hombre militar no respondió y yo reí entre dientes. —No está mintiendo si no responde —sonreí ferozmente en apreciación de la táctica. No lo había confirmado, por lo tanto no admitía haber dejado escapar a uno.
—Los suits estarán listos para enviar al final de la semana —el hombre extraño dijo en un peligroso tono de voz y me tuve que preguntar cómo demonios lucía él si no estaba asustado del Sr. Gigante—. Estaré tan contento de alejarme de ti.
Sr. Militar rió entre dientes y hubo un sonido de un portazo no mucho después.
Levanté la mirada. —Cuando esa caja se rompió habían partes electrónicas… partes de mobile suit que nunca había visto. No pude tomar una.
—¿Están construyendo una clase nueva de mobile suit? —preguntó Quatre y me miró.
—No lo sé —admití, virando para devolverle la mirada—, eso sospecho… El edificio tenía una sensación a eso, como si hubiera más de lo que vi. Creo… creo que debe haber mucho más en la parte subterránea.
—No había nadie más allí —Heero intervino.
Algo me golpeó repentinamente y me puse rígido, mirando más allá de Heero sin realmente fijarme en algo. —Hijo de puta —murmuré sin quererlo, poniendo todas las piezas del rompecabezas juntas.
—¿Pasa algo malo, Duo? —Quatre preguntó suavemente.
—Anoche… —solté, un sentimiento de malestar brotó en mi pecho—, cuando pasé por allí y vi las luces y pensé… pensé que había gente trabajando allí…
Ese bastardo había estado en el proceso de torturar y matar a la chica que vi marcharse con él. Estuve a yardas del maldito lugar, recordé mi necesidad insatisfecha de ir a ver el edificio. Levanté mis ojos hacia Quatre y murmuré: —La dejé morir…
No hubo ninguna respuesta a eso. Miré a uno y luego a otro, y ninguno pareció poder hablar.
—Estuve allí… si hubiese ido a revisar el lugar…
Una voz inesperada en el receptor nos hizo saltar a los tres. —¿Qué sucede, Jensen? —Era alguien totalmente nuevo y estaba lleno de desagradable diversión—. Actúas un poco… frustrado.
—La entretención de esta noche… no fue… lo satisfactoria que hubiera deseado —dijo irritado el Sr. Militar… no, Jensen. Esos dos eran almas gemelas.
La voz nueva de pronto sonó seria. —No dejaste que uno escapara, ¿verdad?
Hubo un momento de vacilación y si el chico nuevo no supo que Jensen mentía, era un idiota. —¡Por supuesto que no!
Me sacudí bruscamente; esto no nos llevaba a ninguna parte. Ya teníamos la información que necesitamos, ¿para qué demonios estábamos sentados escuchando a un par de pervertidos?
—Qué se pudran —exclamé—. Tenemos que volar esa fábrica y debemos hacerlo ahora. Tarde o temprano, Jensen encontrará el transmisor y sabrán que estamos tras ellos.
Estaba mirando a Heero, porque después de todo era su decisión, y asintió firmemente.
—Empaquen sus cosas —dijo lacónico—, no regresaremos.
Nos pusimos en movimiento para cumplir y estuvimos listos para partir en menos de cinco minutos. Quatre hizo que tomara de vuelta mi suéter negro y estuve agradecido. Me sentía congelado hasta los huesos por andar esencialmente medio desnudo toda la noche.
—Tenemos que hacer el recorrido hacia los Gundams —nos dijo Heero—. No tengo explosivos conmigo. —Se volvió a mí—. Preferiría no usar los Gundams para hacer esto, pero no estoy seguro si tengo suficiente….
Sonreí. —No digas más. Tengo bastante en Deathscythe como para derribar un edificio de diez pisos.
Obtuve un bufido y salimos por la puerta trasera, haciendo las dos millas en el doble de tiempo. Heero tomó la punta mientras yo cerraba la comitiva. La nieve se estaba acumulando, tres o cuatro centímetros ya, pero el viento era lo suficientemente fuerte que cubría nuestro rastro casi tan rápido como lo dejábamos.
Guardamos nuestros equipos y desempacamos los explosivos, dividiéndolos entre los tres. Luego fue el doble de tiempo el regreso a la ciudad. Heero se había quedado con el pequeño receptor e hizo que nos detuviéramos a media cuadra de la fábrica a la que nos encaminábamos agachados en la nieve. Escuchamos para verificar que el transmisor no hubiese sido descubierto; hubo un par de momentos de silencio aterradores antes de escuchar el sonido de un televisor y luego conversaciones masculladas mientras nuestros dos pervertidos discutían sobre qué ver.
Heero lo apagó después de unos cuantos minutos y nos dio la señal con la mano para movernos.
Jensen había hecho un esfuerzo mediocre para entablar la ventana por la que huí. Quatre miró la altura y me dio una mirada apreciativa. Yo sólo sonreí.
Heero llamó mi atención y me preguntó sobre el sistema de alarma. Asentí y fruncí el ceño; mi choque con esa ventana debió haber apagado el sistema y arruinarlo hasta hacer las debidas reparaciones. Golpeé mi pecho e hice un gesto hacia arriba. Quería echar un vistazo más de cerca al daño y a las conexiones. Heero unió sus manos sin dudar y me elevó hasta que pude alcanzar el alféizar de la ventana y subir yo mismo.
Tuve que menear la cabeza. El arrogante hijo de puta simplemente había apagado la alarma en lugar de encargarse de repararlo a las dos de la mañana. Su compañero iba a estar bastante cabreado. Me volví y levanté mis pulgares. Heero levantó a Quatre hacia mí, lo arrastré hacia arriba y guié a través de la ventana y luego me incliné hacia Heero para que saltara con ayuda de mi mano.
Heero dejó que yo guiase el camino ya que había estado allí antes y los dirigí directo a la caja rota. Ahora que tenía algo más de tiempo, revisé el contenido: parecían ser parte de un sistema de dirección. No pude deducir otros detalles sin más observación que esa. Heero hizo que los tres tomásemos una parte; sabía que era en caso de que no todos lográsemos salir.
Nos separamos y comenzamos a buscar lo que tenía la certeza que había: un nivel inferior. Fui yo quien lo ubicó y en definitiva se suponía que no debía ser encontrado porque había un muro falso y un elevador. Les hice señas a los chicos y nos quedamos contemplándolo, pensando en nuestras opciones.
Heero me miró, preguntándome con sus gestos si creía que había un sistema de alarma secundario. Me asombré de que preguntase mi opinión y me dio el incentivo para pensarlo dos veces antes de responder. Al final, negué con la cabeza con una sonrisa torcida y le dejé saber que no estaba seguro al cien por ciento.
Elegimos tomar la oportunidad y el botón para abrir las puertas del elevador fue pulsado. Heero encendió el receptor para ver si había algún alboroto en la base de Oz. Parecía que miraban las noticias.
Resultó no ser tan difícil ya que nuestro buen amigo Jensen fue lo suficientemente amable como para desactivar todas las alarmas para nosotros. Tienes que amar a los perezosos.
Terminaron siendo tres pisos bajo tierra y uno de ellos era una enorme plataforma en donde encontramos un lote de un par de cientos de mobile dolls como nada que hubiésemos visto antes. Quatre tenía una pequeña cámara digital y tomó algunas fotos. Me infiltré en el sistema y descargué lo que pude. Heero atentó a monitorear el transmisor situado junto al trasero de Jensen pero descubrió que el receptor no daba alcance bajo tierra, y entonces se ocupó de poner los explosivos. Cuando Quatre y yo terminamos lo que hacíamos, nos unimos a él. Instalamos suficientes detonantes para hundir todo el lugar lo suficientemente profundo como para acabar en el infierno.
Nos tomó menos de una hora y regresamos arriba sintiéndonos jodidamente seguros. Eso hasta que las puertas del elevador se abrieron y escuchamos voces.
No hay una señal militar para "¡Mierda!", pero debería.
Tuve suficiente tiempo para escuchar: —¡… idiota, Moore! —y a continuación escucharon el ascensor. Nos dispersamos.
—¿Qué demonios? —el compañero pervertido de Jensen bramó y ellos también cubrieron sus espaldas.
Hubo un disparo y no estuve seguro de qué lado. Nadie pareció ser herido ya que no hubo gritos. Me abrí paso hacia la izquierda, deseando saber dónde estaban Quatre y Heero. Tuve la esperanza de que todas las cajas contuviesen partes de suits; eran un escudo bastante efectivo.
Miré a mi reloj y tuve que contener una maldición… de veras necesitábamos salir de allí; no nos quedaba mucho tiempo. Hubo un par de disparos más, pero nada parecía alcanzar su objetivo. Hice una repentina decisión. Sabía a dónde nuestros tres adversarios se dirigían y sólo pude esperar que siguieran en esa área. Necesitaba saber dónde estaban Heero y Quatre. Busqué en mi bolso y saqué uno de los explosivos restantes que tenía. Removí cuidadosamente alrededor de dos tercios de la carga completa, la instalé y grité: —¡Posición! — lo más fuerte que pude. Escuché dos silbidos rápidos en respuesta, suficientemente lejos para que estuvieran a salvo. Lancé la cosa al último lugar en el que había visto a Jensen y me eché a correr.
Hubo un disparo y escuché el sonido de la bala, segundos antes de alguien gritando, "¡Oh mierda!" Y, entonces, el infierno se desató. La conmoción me tiró al suelo y hubo un par de minutos confusos antes de poder moverme otra vez. Entre un minuto y el siguiente, la habitación estaba atestada de escombros en llamas. Me dirigí a la ventana a toda velocidad y al último minuto, vi a Heero situado allí, mitad dentro y mitad fuera. Escalé las cajas hacia él, tenía su mano estirada y grité, —¿Dónde está Quatre?
Él negó con la cabeza y me congelé. ¿Qué demonios?
—Vamos, Duo —gritó—. ¡Ya no nos queda tiempo!
Desperdicié casi tres segundos mirándolo boquiabierto. Uno de los dos silbidos había sido de esa área. Me volví y comencé a bajar hacia donde el segundo había venido.
—¡Duo! —gritó pero yo estaba demasiado molesto para juzgar si había miedo o rabia en su voz.
—¡Nunca dejas a un hombre atrás, bastardo! —grité, pero ni siquiera volteé para ver si me había escuchado.
Al bajar las cajas, casi me caí al final. Corrí en dirección a la puerta y encontré mi camino bloqueado por restos en llamas. Había derrumbado parte del techo con mi explosión y el humo comenzaba a densificarse. En el fondo de mi mente, mi reloj interno me decía cuánto tiempo no tenía. De pronto lo vi, tendido en el suelo, inmóvil. Había una pila de vigas del techo en llamas entre él y yo. Dudé, mirando a lo lejos y mi reloj diciéndome que sólo nos quedaban un par de minutos. Agarré las vigas y comencé a lanzarlas lejos. El dolor era increíble, dejé que me inundara y di rienda suelta con un grito desgarrador: —¡Lo tengo! ¡Saldremos por la puerta!— en la delgada, débil, poco probable eventualidad de que Heero estuviese esperando que regresáramos. Justo cuando me hice paso, vi a Quatre revolverse y agradecí a cualquiera sea el dios que estuviese escuchando, por el pequeño favor de no tener que cargarlo. Barrí con el resto de los escombros y lo agarré por debajo de la axila con la curva de mi codo y lo puse en pie.
—¡Corre! —grité y eso hicimos. No me permití mirarme las manos.
Quatre no parecía estar herido. Estaba desorientado, pero se movía por sí mismo. Nos abalanzamos hacia la puerta, faltando un minuto y comenzamos a correr con todo lo que teníamos. Me encontré bastante aliviado de ver a Heero venir corriendo desde el otro lado del edificio. Se puso al costado de Quatre sin avisar y simplemente nos concentramos en movernos. Estábamos casi a media cuadra de distancia cuando ocurrió la explosión pero incluso así, nos tiró al suelo. Dejé que mis manos se hundieran en la nieve y tragué un grito a medida que el dolor subía a mis brazos.
Heero levantaba a Quatre y mi hermanito parecía estar recuperando la compostura. Me moví con dificultad con mis puños cerrados cubiertos de nieve y los metí a los bolsillos de mi chaqueta mientras ellos estaban ocupados en algo más. No miraría aún… Sabía bastante bien que me había hecho un daño grave y tan pronto como las mirase detenidamente, el dolor me golpearía como una tonelada de ladrillos. No sé si el frío de la nieve lo hizo mejor o peor, pero me hizo sentir como si mi piel ya no estuviese cocinándose.
Empezamos a correr otra vez. Como antes había quedado en la posición de cerrar el grupo, nadie pensó nada de que la tomase de nuevo; de esa forma, no me notarían correr con las manos en los bolsillos. Fue difícil y me estaba quedando atrás, pero me concentré sólo en moverme. Ya me había sido demostrado lo que sucedía cuando un soldado caía en este grupo. Obviamente, Heero no entendía el código de los Marines o de nadie más, en ese aspecto; al parecer, era "sálvese quien pueda". Estaba condenado si iba a recorrer todo el camino sólo para tener a Heero disparándome al final por estar incapacitado.
Ellos alcanzaron el hangar primero, y Quatre volteó para encontrarme, sus ojos abriéndose enormemente cuando notó qué tan retrasado estaba. Se movió para regresar, pero Heero lo llevó adentro y maldito si no comenzaba a regresar él mismo.
—¡Ya voy! —grité—. ¡Adelántense! —No podía permitir que él viera mis manos. Ni siquiera yo estaba listo para verlas. Titubeó, entonces desapareció.
Cuando finalmente me tambaleé en la puerta, encontré a Deathscythe con la escotilla abierta y el cable elevador abajo esperando por mí. Heero y Quatre ya estaban en sus Gundams.
Caí al santuario de mi Deathscythe e hice algo que no hago usualmente; cogí el gancho al extremo del cable en la suela de mi bota, pero debía sacar las manos de los bolsillos para agarrar el cable con un codo. Oh Dios…. Aparté la vista rápidamente e hice mi asenso.
Me precipité a realizar los procedimientos de despegue, sin embargo, no pude mantener los ojos apartados por mucho tiempo y, como fue prometido, el dolor irrumpió tan pronto como mis ojos dejaron que mi mente tomara conciencia de lo que sucedía al final de mis muñecas. OhDiosOhDios OhDiosOhDios…
A la distancia, escuché a Heero gritarme y con voz ronca, di una respuesta.
—¿Recibiste las coordinadas? —espetó y tuve que parpadear hacia las pantallas para enfocarme.
—S… sí, las tengo —pude decir finalmente.
—¿Qué diablos sucede? —demandó y mi estómago se volvió agua.
—¡Nada! —grité de vuelta—. ¡Larguémonos de aquí!
Salió del hangar, Quatre justo detrás de él. Me tomé un segundo para poner mi música y elevé el volumen por lo que tendría algo más que escuchar aparte de mis propios gritos y luego forcé mis manos a cerrarse alrededor de los controles.
Ese vuelo en realidad no lo recuerdo. Me asusta cuando pienso en eso de manera detenida. Aparentemente, poseo un piloto automático interno y ese día debió haber funcionado a su totalidad. Terminé por repetir la "Marcha de Cambreadth" una y otra vez, dejando que la intensa música me inundara, reemplazando cualquier pensamiento racional que haya tenido. Me mantuvo en movimiento; me mantuvo haciendo lo que debía ser hecho. Mi aterrizaje no fue el mejor, pero no atrajo mucha atención. Más tarde me daría cuenta que Nataku y Heavyarms también estaban en el hangar, pero estaba tan ido que ni siquiera los vi. Metí las manos en los bolsillos tan pronto como toqué tierra. Me sentí extrañamente desprendido, era probable que estuviese en estado de shock. Trowa apareció para guiarnos hacia la casa y Quatre estaba, afortunadamente, ocupado en otros asuntos, como siempre lo estaba cuando Trowa se hallaba presente. Trowa hizo partícipe a Heero de la conversación bastante rápido, haciéndole preguntas sobre la misión. Heero estaba retraído, pero sirvió para mantener su atención alejada de mí. Necesitaba llegar a un lugar tranquilo y privado donde pudiese lidiar con esto. Nadie me prestó atención alguna mientras caminaba atrás.
CONTINUARÁ
(1) DOS (disk operating system) es una familia de sistemas operativos para PC.
