Aquí vengo con el séptimo capítulo, como ya sabrán Kishimoto-san es egoísta y no comparte sus personajes, son de su propiedad.


Capítulo 7: Nuestro primer encuentro

La peli azulada salió corriendo de su casa a toda prisa con una sola idea en su cabeza, ver a su caballero, estaba muy emocionada, creía que jamás lo podría llegar a ver pero ahora se le acaba de presentar un increíble oportunidad.

Podría agradecerle cara a cara todo lo que había hecho por ella y con suerte podría averiguar quién es realmente.

Al llegar al parque podía sentir como su corazón palpitaba a mil por hora, pero no sabía si era por lo rápido que había corrido o por los nervios de poder verlo.

Temía que él la hubiera estado esperando, pero por suerte parecía que aún no había llegado.

Sus manos comenzaban a sudar y su corazón no se detenía, seguía bombeando sangre como loco, tenía muchas ganas de verlo.

Tenía una pequeña esperanza de poder convencerlo para que la dejara ver su identidad.

Se sentó en uno de los columpios y se mecía delicadamente, estaba un poco inquieta y pensó que así se podría calmar.

Pero los minutos pasaban y él no aparecía, se estaba comenzando a preocupar e iba a regresar a su casa.

Cuando llegara a su hogar le iba a cantar las cuarenta por gastarle una broma como esa.

De pronto unas enormes manos rodearon sus ojos, era él, lo sabía. No sabía porque pero ese contacto la tranquilizaba.

–¡¿Eres tú, verdad?!–preguntó entusiasmada pero un poco nerviosa por tocar esas varoniles manos.

Ansiaba mucho saber cómo era el sonido de su voz, el color de sus ojos, de su pelo, de su piel.

Esperaba su respuesta pero nunca llegó, pronto esas masculinas manos dejaron su rostro. Ella quería girarse pero él no se lo permitió.

–Si te volteas me voy–definitivamente no lo iba a poner reconocer por el sonido de su voz, la había alterado por ordenador. No entendía por qué llegaba hasta esos extremos para que no descubriera quien era, tampoco sería el fin del mundo.

–Si no te puedo ver a la cara de que me sirve haber venido, además llevo media hora esperándote, merezco que me dejes verte de frente–dijo ella un poco molesta.

–Parece que Hime no tiene vergüenza incluso si estamos cara a cara, me pregunto qué pasaría si descubrieran quien soy, ¿te pondrías roja como antes lo solías hacer?–dijo demasiado cerca de su oído haciendo que por el cuerpo de la Hyuga pasara un escalofrío.

Hinata sentía como le comenzaban a temblar las rodillas, realmente estaba muy nerviosa, él sabía mucho sobre ella.

Ese cálido aliento le resultaba demasiado familiar y aquel contacto que había tenido con sus manos sabía que lo había sentido antes pero no podía recordar claramente donde. Todo le había parecido muy reconfortante, pero no podía evitar sentir un poco de vergüenza por su cercanía.

–De-de-déja-me vol-vol-te-tear-me po-por fa-favor, y-yo, qui-quiero ve-verte–sus mejillas se habían vuelto ligeramente rojas por no haber podido reprimir su tartamudeo.

Esto provocó que una sonrisa que ella no podía ver se formara en los labios de su caballero. Para él ese sonrojo en sus mejillas le parecía realmente dulce.

–Está bien, pero no te voltees hasta que yo te lo diga–dijo él no muy convencido de todo esto, aún tenía dudas de estar haciendo lo correcto. Pero ya no había marcha atrás, ya estaba parado frente a ella y era la única forma de que todo se arregle.

Hinata tenía tantas ganas de voltearse pero si lo hacía él podía molestarse e irse, solo le quedaba esperar. ¿Qué disfraz estará llevando, ira de Batman? Se preguntaba dejando volar su imaginación.

–Ya, está, ya puedes voltearte–dijo con tono electrónico.

Aunque ella sabía perfectamente que esa no era no era su verdadera voz no podía evitar pensar que sonaba muy melodiosa. La peli azulada se dio un golpe mental, en qué tontería estaba pensando.

Cuando lo vio se sorprendió porque que llevaba un abrigo color beige parecido a los que usan los detectives privados en las películas. Un pasamontañas negro de lana que le tapaba hasta la nariz, unas enormes gafas de sol y guantes negros también. En su cabeza llevaba una boina del mismo color que el abrigo. Unos pantalones marrón oscuro y unas zapatillas marca Nike.

Una pequeña risa escapó de sus rosados labios, estaba muy gracioso con ese disfraz. Hacía mucho calor para llevar todo eso, el pobre debía estar asándose.

–Pensaba que vendrías de Batman mi caballero oscuro–se burló ella no pudiendo aguantar las horribles ganas de reír.

–Tan burlona como siempre, pensaba que estarías más nerviosa–bromeó él.

–Ya te lo dije, aunque supiera quien eres te seguiría tratando igual–habló ella mandándole indirectas muy directas.

–No estoy dispuesto a correr ese riesgo mi Hime–dijo él mientras la miraba.

Ella se sonrojó de golpe, una cosa era leer el apodo que siempre le decía, pero se sentía totalmente diferente cuando se lo decía de frente, la ponía un tanto nerviosa.

–Pero pienso que no estoy del todo mal, creo que parezco todo un detective privado–dijo él haciendo que ella riera.

–Lo que pareces es un exhibicionista, definitivamente no contrataría tus servicios–dijo ella tratando de molestarle.

–Venga ya basta de bromas, de ja de burlarte de mí. Estoy aquí por ti, dime, que pasa con él–cuando ella escucho esas palabras la sonrisa que tenía se convirtió en tristeza y él lo notó rápidamente.

Sabía que era peligroso acercarse demasiado a ella, podía descubrirle pero al verla tan triste no pudo aguantar y le fue a dar un abrazo.

Ella se sorprendió ante ese delicado achuchón, pero en ningún momento lo rechazó, todo lo contrario, solo lo intensificó aferrándose fuertemente de él.

Podía sentir como el corazón de su caballero latía fuertemente, seguro él también estaba avergonzado. Se sentía muy a gusto estando entre sus brazos, como si nada malo le pudiera pasar.

–Gracias, pareces de verdad eres mi caballero. Espero que algún día me puedas decir quién eres–habló ella rompiendo el abrazo y mirando fijamente a sus gafas tratando de imaginar de qué color eran sus ojos.

–Puede que algún día te lo diga, pero todo depende de ti mi Hime–era la primera vez que él había dicho algo sobre eso.

La peli azulada se lanzó otra vez a sus brazos, realmente estaba muy feliz.

Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se apartó rápidamente de él, se sentía muy avergonzada de haber cometido un impulso como ese.

Ella no era así de impulsiva, pero con él… Con él era muy distinto, sentía que podía abrirse totalmente y contarle todo, que no habían barreras y podía dejar que de vez en cuando sus impulsos la mandaran.

–¿Ya te siente mejor? –preguntó mirándola a través de sus gafas.

Ella solo pudo asentir con la cabeza, ya estaba mejor que antes.

–Hime, antes que me vaya te voy a pedir un último favor–dijo él de pronto con un tono serio.

No entendía por qué de pronto parecía que su voz electrónica se notaba más tensa.

–Sí claro lo que tú digas–dijo ella tratando de averiguar el porqué de su cambio.

–Nunca más hables sobre mí, no me menciones, como si nunca me hubieras conocido, pase lo que pase no me menciones. Al menos hasta que yo te vuelva hablar ¿puedes prometérmelo?–Hinata no lo entendía muy bien, pero eso parecía una despedida, no quería, él no la podía dejar, lo necesitaba, era su caballero.

–No lo voy a hacer, que no te nombre, que piense que nunca te he conocido, esto parece una despedida, no quiero eso–dijo con tono triste y con enormes ganas de llorar, él siempre la había apoyado, jamás iba a hacerlo a un lado de su vida, no otra vez.

La otra vez cuando él dejo de hablarle ella no pudo hacer nada más que esperar que él se dignara a responder sus mensajes, pero esta vez era diferente, esta vez sí podía evitar tener que despedirse de él.

–Lo entenderás pronto mi Hime, pronto, solo espera unos minutos–acarició su mejilla y aunque llevaba guantes y ni siquiera podía sentir su tacto a pesar de todo eso, ese contacto parecía tan cálido. –No es una despedida, siempre voy a estar apoyándote mi Hime, solo prométemelo. Es por tu bien, no quiero verte triste–dijo él.

Ella no quería hacerlo pero al final asintió a su propuesta.

Se acercó lentamente a la frente de ella y la besó dulcemente, incluso a través del grueso pasamontañas notaba la calidez de sus labios, logrando que ella se sonrojara y pareciera un tomate maduro.

Nuestra peli azulada podía ver como a la lejos la silueta de su caballero desparecía al voltear por un esquina.

Se quedó allí durante unos minutos, tenía una mescla de extraños sentimientos. Se iba a ir cuando vio la sombra de alguien. ¿Podría ser él? Se preguntó internamente.

Se acercó poco a poco tratando de hacer el menor ruido con la esperanza de que sea él. Pero para su gran sorpresa la persona que está frente a ella no era otro más que Kiba.

No lo entendía, creía que era su caballero, pero era Kiba.

El cerebro de la peli azulada sumó dos más dos. Y lo entendió, entendió por qué se sentía tan a gusto con su contacto, por qué se ganó rápidamente su confianza, por qué se sentía tan segura entre sus brazos.

Como no se había dado cuenta antes, quien más sino él podría ser su caballero, él era el único chico que la conocía a la perfección.

No lo podía creer, ¡su caballero era Kiba! Tenía muchas ganas de preguntarle sobre eso, pero claro ella antes le había prometido que no lo iba a volver a mencionar.

Seguramente le daba vergüenza decirle que él era su caballero y por eso montó toda esa pantomima.

Pues nada, este es el fin. El fin del capítulo. Jajajaja. Espero que les haya gustado, me gusto imaginarme el look detectivesco del caballero. XD


Pues nada, este es el fin. El fin del capítulo. Jajajaja. Espero que les haya gustado, me gusto imaginarme el look detectivesco del caballero. XD