Hola a todos, aqui les dejo el nuevo capitulo, disfrutenlo.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer(en su mayoria) la trama es el resultado de un pobre cerebro que pasa mas de diez horas al dia leyendo y escribiendo. :D
Capitulo 6
Más Sorpresas
Tal como les había contado Rosalie, la entrada se fue transformando, pasó en unos segundos, de ser una pequeña roca blanca agujerada, a ser una enorme cueva que se abría hasta un verde bosque. De pronto los cuerpos de las princesas, que ya desfallecían del cansancio, se llenaron de nuevas energías. La energía correspondiente al medio día.
Bella y Alice miraban alrededor con gran interés, nunca habían visto un lugar tan maravilloso. Sus ojos iban y venían por el verdor del lugar, salpicado de los miles y miles de colores de cientos de flores que le daban al bosque un toque imaginario. A su alrededor danzaban cientos de lucecitas, muchas llegando a posarse sobre los hombros y cabezas de las princesas.
— ¿Qué les parece? —pregunto Rose, con una voz tan suave que armonizaba perfecto con el lugar. Sus ojos brillaban ante el escenario tan conocido y a la vez imposible de creer. Quisiera haber podido llorar, pues hacia tanto que no pisaba aquel bosque tan bello y familiar. Pero no podía. Sus lágrimas alegres eran bloqueadas por la angustia de no saber si volvería a su casa.
Inhalo profundamente y no dejo que esos sentimientos encontrados se dejaran ver en su fachada de tranquilidad y seguridad.
Por su parte, las de Celosía disfrutaban el ambiente, cargado por un aire freso y cálido a la vez, e impregnado del delicioso perfume de las flores que crecían allí.
Rosalie se obligo a si misma a mantener la compostura, ya había elegido, ya no había marcha atrás, era Emmett el que estaba en un gran peligro. No podía quedarse sentada mientras el amor de su vida estaba atrapado en aquel lugar "Prefiero morir de pie, que vivir de rodillas" se repetía una y otra vez en su mente. Vivir sin Emmett era eso: vivir de rodillas, rogando a la vida que le devolviera el amor más sincero y maravilloso que había vivido jamás. Rogando a la vida que esto solo fuera un mal sueño y no su realidad.
Caminaron en el más profundo y tranquilo silencio a través del espeso bosque. Cada una pensaba en sus esposos. No podían tener la mente en otra cosa. Era inevitable pensar en el amor de tu vida cuando está en peligro.
El hada las seguía de cerca, descansando ocasionalmente en el hombro de Rosalie, o de Bella, y en una ocasión en la cabeza de Alice.
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Edward se paseaba como león enjaulado por el pequeño espacio de la cueva. Ocasionalmente asomaba la cabeza por la entrada, pero tan solo escuchaba un chillido y era advertencia más que suficiente. Esa enorme criatura no lo dejaría en paz ni cinco segundos.
Su angustia iba creciendo conforme pasaba el tiempo, al saberse solo en ese lugar. Solo a partir de ahora. De repente lo invadía una sensación de gran tristeza y pesar, una sensación tan poderosa que parecía no ser cosa de él, a pesar de que sabía que nunca saldría de allí. Nunca se había sentido tan desolado en su vida y quería creer que de alguna manera, este no era su destino. Aunque todo indicaba que así era.
Tras la noticia de su muerte, desaparición o lo que sea que justificara su ausencia en el mundo real, los reyes Carlisle y Esme, sus padres lo llorarían. Charlie y Reneé probablemente comprometieran nuevamente a su viuda Bella y ella se iría con otro príncipe, tendría hijos con él y continuaría su vida.
Esa idea era tan vivida en su mente que le causaba un gran dolor, como si lo desgarraran. Incluso veía ya con claridad a su preciosa y amada Bella caminando por el pasillo de una iglesia, vestida de un bello color rosa, color que se usaba en las bodas de viudas. Diciendo los mismos votos que dijo en su boda, diciendo la palabra 'acepto' con el mismo fervor con el que la pronuncio al casarse con él. Besando a otro hombre, como lo beso a él.
Esa idea de verdad lo desgarraba y lo hacía sentirse completamente desdichado. Se sentó en el suelo, recargando su espalda en el irregular muro de piedra intentando quitarse la imagen de su esposa, con sus mejillas rosadas, en su boda con otro.
Lo torturaba la certeza de que de ahora en adelante estaba solo, estaba solo a la deriva en su vida, sin saber que sería de él. ¿Qué haría la bruja con él? La certeza de que el resto de su vida estaba destinada a quedarse en esa cueva, era lo único que su clarividencia le mostraba en ese momento. Una vida de soledad y dolor.
Nunca fue un hombre débil, nunca se conoció de él ninguna debilidad más que Bella. Pero en ese momento, la soledad le pesaba horriblemente. Todas esas certezas en las que iba cayendo poco a poco lo consumían fieramente, como un fuego que lo destrozaba desde adentro, como brasas al rojo vivo que le dolían en lo más profundo de su ser.
En ese momento de dolor y desesperación, le comenzaron a escocer los ojos, por las lágrimas contenidas y las derramó en silencio. Nunca había llorado de esa forma, las lágrimas caían una tras otra, se deslizaban por su mentón y sus mejillas y finalmente saltaban desde su barbilla al suelo, o a su ropa donde se secaban. Llego a pensar que se le secarían los ojos por derramar tantas lágrimas, pero no lo podía evitar, estaba desesperado. El silencioso llanto se vio acompañado pronto de sollozos y gemidos, de aquel dolor fiero que lo desgarraba desde adentro.
Y entonces escucho un horrible sonido de explosión y se vio acompañado de la malvada bruja.
— ¿Por qué lloras mi príncipe? —pregunto, sus labios destilando pura hipocresía.
— ¡Aléjate de mí! — gritó Edward, asustado y enfadado como pocas veces.
— Sshh — lo silencio la bruja—. No creo que quieras alterar a mi grifo.
En ese momento la enorme criatura entro en la cueva, con las alas recogidas y caminando sobre sus felinas patas. El príncipe sintió que la sangre se le helaba en las venas como pocas veces. Aquella criatura tenía un enorme y fortísimo pico de águila, si quería lo podía destrozar en cinco segundos.
— No— respondió Edward con el poco aliento que le quedaba.
— Lo sabia— dijo María. Luego le dirigió una mirada al animal, Edward creyó ver cómo le brillaban los ojos ámbar en la oscuridad, pero no creyó que fuera real. El grifo se encogió estremeciéndose, metió la cola entre las patas y se retiro andando hacia atrás.
Ella volteo su mirada hacia él y exhibió una malévola sonrisa. Sus ojos destellaron, y esta vez Edward estuvo seguro de haberlo visto. La bruja se iba acercando paso a paso y él, instintivamente caminaba hacia atrás, manteniendo la distancia. No contaba con que el espacio en la cueva se terminaba, hasta que su espalda topo contra la roca.
Antes de iniciar un movimiento evasivo, la bruja lo atrapo con un brazo en cada lado. El cobrizo no se atrevía a intentar empujarla o pasar por debajo de los brazos. No por caballerosidad, ya que aquella 'mujer' no merecía sus atenciones, sino por miedo. Si la empujaba, había una gran probabilidad de que lo hiriera con un hechizo. Aun así, esa cercanía no le agradaba en absoluto.
— Hm— suspiro la hechicera—. No me aceptaste en aquel momento, me rechazaste fervientemente. Preferiste a esa simple mortal. Pues ¿qué crees? No la volverás a ver jamás. Estas aquí, a mi merced. Recuérdalo siempre. Nunca saldrás de aquí— esta última frase la escupió entre dientes, y tras una nueva explosión, se desvaneció en el aire.
El príncipe se quedo allí temblando, de rabia, de miedo, de impotencia.
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Esa mañana se mandaron a tocar las campanas del castillo, convocando a todos los habitantes del reino de Gardenia a acudir a un mensaje urgente de su monarca.
Por lo general, esas noticias eran buenas, así que los habitantes no sintieron nada extraño. La gente se comenzó a amontonar en las calles, camino al castillo. Y pronto estuvieron en el gran patio público, frente al gran balcón.
Cuando todo el mundo se hubo silenciado, por el balcón apareció su rubio soberano; Carlisle tenía una mirada perdida, dolida, en sintonía exacta con su corazón de padre destrozado.
Todos los presentes aguardaban expectantes las palabras de su monarca. Carlisle, por el contrario, estaba deseando no tener que dar esta noticia a su pueblo.
— Mi pueblo, desearía con toda mi alma no tener que darles esta noticia, pero es necesario. El día de ayer por la tarde ha llegado una carta del rey Marco de Dalias Rojas, en donde me informa que se ha accidentado un carruaje de Gardenia cerca de su territorio… En dicho carruaje viajaban los príncipes Emmett y Edward… Los príncipes han muerto.
Todo el pueblo contuvo la respiración. El miedo y la incertidumbre salían por el horizonte del reino. Pues todos comprendían lo que significaban aquellas palabras. Se habían quedado sin herederos. ¿Quién gobernaría el reino a la muerte de Carlisle? La dinastía de los Cullen había traído gran paz y prosperidad a Gardenia. Todos temían por lo que ocurriera con el reino ahora. Jamás habría otra familia que gobernara mejor de lo que lo había hecho la familia de su ahora soberano.
Por su parte Carlisle no pudo decir ni una sola palabra más después de ese anuncio y desapareció por la misma puerta por la que salió a comunicarle a su pueblo la más grande desgracia que había azotado su familia y su reino.
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Caminaban por el bosque, las tres princesas y la pequeña hada, en completo silencio. Alice y Bella no lograban salir de su asombro, veían todo con los ojos bien abiertos, y completamente sonrientes. Rosalie por su parte, estaba completamente alerta. Cada sonido que perturbaba ese silencio la ponía de inmediato preparada para defenderse. Pero hasta el momento ningún sonido le había causado verdadera exaltación.
Faltaba cuando menos una milla para llegar a la cabaña de Amun, pero ya no estaban cansadas como antes. Rose les explico que era por el efecto del bosque, pues allí era alrededor de las siete de la tarde y por la misma magia del bosque, se sentían con la energía de esa hora del día.
Rosalie escucho un sonido extraño proveniente de detrás de un enorme arbusto de flores rosas y lilas. Ese ruido era bastante sospechoso y se aproximaba a ellas. Las tres princesas sacaron a su vez Rosalie su espada, Alice su puñal y Bella arco y flecha. Apuntaron hacia la fuente del sonido y esperaron tensas.
Los arbustos de flores se movieron violentamente, como si algo los empujara y de entre las flores apareció un animal magnifico.
Un caballo blanco, de la punta del hocico hasta el último pelo de la cola. Tan blanco que la nieve podría parecer gris en contraste con él. Los ojos eran azules brillantes. Pero había algo extraño en él. Rosalie fue la primera en envainar su espada, se acerco a esa belleza caminando despacio. Alice abrió los ojos al ver que era lo extraño en aquel precioso animal. Tenía un cuerno en la mitad de la cabeza, un cuerno largo y blanco.
— ¿Un… unicornio…? — pregunto vacilante la pequeña mientras se acercaba. Rosalie ya acariciaba la cabeza de la bella criatura.
— Si —dijo Rose—. Son tan fieles y tranquilos.
— Es precioso— y pensar que unas horas atrás Alice habría pensado que un unicornio solo aparece en los cuentos y las leyendas, o en la mitología griega. Pero ahora tenía uno frente a sus ojos y estaba tocando su sedoso pelaje.
¿Tenía aun capacidad de asombrarse? todas estas cosas eran tan fuera de la realidad, que era lógico que llegara el asombro. Pero estaban apareciendo tan de pronto y a una velocidad que creía no ser capaz de que nada la asombrara de ahora en adelante.
El bello unicornio se dejo acariciar, pero le clavaba la mirada a Bella, que se encontraba unos pasos detrás, sin atreverse a acercarse. Quizá la castaña tuviera la impresión equivocada pero la criatura parecía anhelante. Anhelante de que ella se acercara, anhelante de acercarse a ella.
Luego de dejarse acariciar por un rato, el animal comenzó a caminar hacia Bella. Ella caminaba hacia atrás, manteniendo la distancia entre ambos. Su espalda topó con el tronco de un árbol y se quedo allí. El unicornio siguió acercándose y cuando estuvo a unos pocos centímetros de Bella se detuvo y la miro a los ojos.
Bella alzo una mano titubeante y acaricio la cabeza de el hermoso ser. Poco a poco adquirió mayor confianza y deslizo su mano por la crin y el cuello. El animal se dejo acariciar más y luego en un momento, algo totalmente inesperado ocurrió.
El unicornio bajo la cabeza y, girándose un poco, la apoyo en el vientre de Bella. La castaña se quedo completamente sorprendida y asustada. Alice miraba atónita, intento ir hasta donde estaba su hermana, pero Rosalie la detuvo. La rubia también estaba sorprendida, pero sabía que eso no podía ser malo.
Bree, por su parte, bajo hasta el suelo, volviendo a tomar forma humana y exclamo:
— ¡Bella!
— ¡¿Qué? —pregunto la castaña con los ojos bien abiertos. Asustada.
El hada se acerco hasta la princesa y el unicornio, con los ojos abiertos. Rosalie imito a su amiga y Alice la siguió por atrás.
— ¿Qué ocurre, Bree? —preguntaron al unísono Alice y Rose, la expresión del hada las extrañaba por completo.
— ¿No sabes, Rosalie?
— ¿Qué cosa, Bree?
— La única razón por la que un unicornio se acerca así a una mujer.
— No—dijo la rubia, repasando en su mente sus años de infancia, buscando la respuesta.
— ¿Qué es Bree? —pregunto Alice.
— Los unicornios son atraídos por la pureza del alma de las personas—explico Bree—, es la razón por la que rara vez se acercan a un hombre. Las mujeres tienen un alma más limpia que la mayoría de ellos. Los únicos más puros que las mujeres son los niños.
— ¿A qué viene eso? —pregunto Rosalie sin saber por dónde iba la explicación.
— ¿No lo ves, Rose? Los unicornios nunca se acercan de esa manera a una mujer, pero si a un niño.
— Pero no hay ningún… — Alice iba a protestar, hasta que se dio cuenta de a donde se atraía el animal.
— ¡Bella! —dijeron al unísono Rose y Alice nuevamente.
— ¿Qué? —volvió a preguntar la castaña.
— Bella estas encinta— dijo Bree.
Bella abrió nuevamente los ojos de par en par, comenzó a contar en su mente hacia atrás. No se había preocupado por eso hasta este momento, pero justo ahora se daba cuenta de que tenía quince días de retraso.
— ¿Estas… completamente segura… de esto, Bree? — pregunto entrecortadamente.
— Si. Date cuenta, Bella, no se aparta de allí.
Y era cierto, allí seguía, pegado al abdomen de Bella, como si intentara escuchar algo dentro de su estomago.
Bella se llevo las manos a su vientre plano, cuando el hermoso caballo se hubo alejado lo suficiente. ¿Embarazada? ¿Ella estaba esperando un bebé? ¿De Edward? Esa idea la hizo sonreír inmediatamente. Siempre había querido tener un hijo de su esposo. Y ahora la noticia era como el rayo de sol que se cuela entre las nubes negras previas a la tormenta, recordándonos que la luz sigue allí, en algún lado.
De pronto las lágrimas aparecieron en sus ojos. Lagrimas de sentimientos encontrados, de alegría, de miedo, de ilusión, de incertidumbre.
— ¿Qué tan seguro es esto? —pregunto Alice, acercándose a su hermana y abrazándola.
— Mucho más que cualquier médico de su mundo—dijo Bree—. No hay forma de que un unicornio se equivoque en esto.
Se miraron las unas a las otras, en una mezcla de alegría y miedo, de esperanza y dolor.
Bella fue la primera en animarse a romper el silencio:
— ¡Sigamos!
— ¿Estás segura de que deseas seguir? — Rosalie imagino que con la noticia, Bella se retractaría. Se iría para no arriesgar a su bebé.
—Por supuesto. No quiero que mi hijo crezca sin su padre.
Y continuaron su camino a través del verde bosque.
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— ¿Estás bien? — el rey Edgar se acerco a su esposa. Suzanne no se había movido ni un solo momento del balcón de la biblioteca. Ese que daba con vista al bosque detrás de su castillo. El rey, de ojos igualmente azules y cabello, que en algún momento fue negro, hoy plateado por las canas, conocía a su esposa perfectamente, y sabía cuando ella sufría, aunque fuera en silencio, aunque nunca desnudara su alma enfrente de los demás. Rodeó la cintura de la soberana con sus brazos. Acababa de leer ambas cartas; la del Rey Marco, de Dalias Rojas, que le informaba la muerte de su hijo y heredero. Y la de Gardenia, del Rey Carlisle, donde le decían que su hija y bella princesa había desaparecido.
Suzanne se volteó en el círculo de sus brazos y hundió su rostro en el pecho de su esposo.
— No—dijo, su voz ahogada en la ropa del rey. Edgar acarició su cabeza, en un gesto de consuelo y entendimiento. Él tampoco podía creer que su hijo estuviera muerto, y su hija desaparecida. Ambas noticias, tan repentinas, tan tristes y tan increíbles a la vez, le resultaban difíciles de aceptar, e incluso imposibles.
— Suzanne, sé que esto es difícil. Pero debemos aceptarlo. Ha sido la voluntad de Dios y así será. No podemos hacer nada en su contra.
Quizá contra la voluntad de Dios no. Pero esto no era voluntad de Dios, era la voluntad de una maldita bruja, una maldita bruja que se había propuesto a destrozar las existencias de todos. Contra eso si se podía luchar, y ahora, su hija, había decidido hacerlo. Lo único que temía era por sus hijos. Ella también había visto a María alguna vez y no era el recuerdo más grato que tenia.
María era la mujer más cruel que existía sobre la faz de la tierra. No se detenía ante nada. Y eso ella lo había presenciado con sus propios ojos. Habían pasado ya, varios años desde ese acontecimiento, pero la reina, lo recordaba como si hubiese sido hacia unas horas.
Estaba en el bosque, en un pequeño prado en donde las hadas solían salir a cuidar las flores. Allá lejos, entre los arboles había otro niño. De repente comenzó a soplar un fuerte viento, se escucharon truenos, todas las hadas se quedaron quietas. Hizo acto de presencia una bruja, ataviada en un vestido color purpura, muy ceñido, cabello negro, larguísimo, tez blanca y ojos ámbar, delineados en color negro.
Las lucecitas que sobrevolaban las flores comenzaron a moverse por todos lados. Ella se escondió entre las flores, mientras la hechicera lanzaba conjuros a diestra y siniestra contra las pequeñas lucecitas, las cuales se paralizaban. Luego las atraía hacia sí y, en un acto cruel, les arrancaba les alas y las lanzaba hacia atrás, como un pedazo de papel inservible.
Una pequeña hada cayó cerca de donde ella estaba, y Suzanne la vio ir apagándose hasta morir.
El niño que había visto un momento antes por allí, se acerco corriendo y se lanzo contra ella, valientemente, intentando acabar con la masacre.
La hechicera, sin ningún esfuerzo, tomo a aquel valiente por el cuello y lo elevo. La entonces princesa, vio los labios de la bruja moviéndose, y poco a poco, aquel muchachito se fue volviendo de piedra.
Aun hoy, muchos años después, la soberana de Geranio cerraba los ojos y veía el rostro maligno de aquella despiadada hechicera y el rostro de miedo de aquel niño tan valiente, que su vida termino antes de comenzar.
La rubia reina se aferro a aquel abrazo de su esposo, dejando salir todas las lágrimas contenidas desde la llegada de las cartas. No lloraba la muerte de su hijo, ni la desaparición de su hija. Lloraba por la incertidumbre y el temor, de tener a un hijo en manos de aquel ser perverso y desalmado, y de perder a su hija, quien se ha ido a intentar un rescate.
Desde luego, todos estos pormenores los desconocía el rey de Geranio. Él lo interpreto como un llanto por la pérdida de sus hijos. La abrazo más fuerte y hundió su rostro en el cabello de su mujer. Era maravillosa esa mujer que ahora tenía en sus brazos. Pensar que cuando se conocieron, no le agradaba.
Su matrimonio fue, como la mayoría de los matrimonios dentro de la realeza, arreglado. Cuando se conocieron, le pareció una mujer fría, sin sentimientos, reacia.
Se reusaba a conocerla, pero cuando lo intento y logro abrirse paso a través de esa dura coraza, para encontrar un corazón dulce, bondadoso y hermoso. Fue cuando quedo completamente prendado de ella.
Los únicos que habían sido capaces de abrirse paso hasta su corazón, habían sido él, sus hijos, su yerno, Emmett y su nuera, la pequeña Alice. Por ello, era conocida por su carácter, fortaleza, y las malas leguas la trataban de fría e insensible.
— No puedo creerlo, Edgar, esto me parece imposible. No creo que sea cierto, no puede estar muerto. No puede estar perdida. No mis hijos—dijo en un susurro apenas audible para el rey.
— Tranquila, sé que esto es difícil, pero debemos aceptar la voluntad de Dios.
Ella solo asintió. No podía decirle la verdad, no podía decirle que su hijo en realidad estaba secuestrado por una hechicera en un bosque al que solo tienen acceso niños y mujeres, y que su hija, al igual que su nuera y la hermana de esta, estaban intentando rescatarlo a él y a los otros dos muchachos que ya creían muertos también.
No podía explicarle todo esto, porque era demasiado difícil de creer. En lugar de eso, lloro largamente en brazos de su esposo. Al cielo elevo una silenciosa plegaria, rogando porque sus hijos salieran bien de esto.
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Llegaron a una gran cabaña hecha de troncos, de un aspecto muy rustico y acogedor, ubicada en un claro pequeño en el bosque. Ya había caído la noche, de la chimenea de la cabaña salía un espeso humo que se elevaba al cielo.
Rosalie se acerco a la puerta y la golpeo con los nudillos suavemente. La puerta se abrió y las tres princesas entraron en la cabaña.
— Rosalie, que gusto veros por aquí—se escucho una profunda vos masculina. Vieron ante sí un hombre de cabello negro y tez olivácea, de ojos verdes y sin barba. Vestido con una túnica café, muy sencilla, y un cinturón en el medio.
— Amun— respondió Rosalie con un asentimiento de cabeza—. El placer es mío.
— Altezas de Celosía, Alice e Isabella, bienvenidas a mi humilde morada. He recibido el mensaje de mi hermano y he de decir que me sorprende mucho su decisión. Nunca nadie ha intentado enfrentar a la bruja.
— Lo único que queremos es recuperar a nuestros esposos. No quisiéramos enfrentarla, de ser posible evitarlo.
— No creo que sea posible eso, Rosalie—el hechicero rechazó la idea de la rubia heredera.
— Lo sabemos— dijo Alice.
— Bien. Me dijeron que ya les ha explicado los lugares predilectos de María.
— Si.
— ¿Les explicó mi hermano lo que hacen esos lugares?
— No—dijeron las tres princesas sorprendidas. ¿Había más?
— Ella no ha escogido esos lugares por nada. Están hechizados. Los tres lugares, además de sus alrededores han sido hechizados, cada uno con efectos distintos; La cueva de la Soledad, siempre encierra allí al más valiente, y la razón de ello es que el lugar provoca angustia, miedo, soledad. Esos sentimientos suelen derrumbar hasta al más valeroso, sumiéndolo en una sola certeza, la soledad absoluta. El valor se ve siempre aumentado cuando se tiene apoyo, cuando hay soledad, disminuye, e incluso desaparece.
'' El Claro de la Flor de Fuego, además de ser rodeado por enormes plantas de la flor Llama Viva, que se enciende en llamas con cualquier toque, tiene una peculiaridad. Allí, la fuerza se desvanece. Pero no es algo físico, la mayoría de las maldiciones se rigen sobre las mentes. Esta maldición da la sensación de ausencia de fortaleza. Uno se siente debilitado poco a poco, hasta que resulta incluso imposible mantenerse en pie. — Rosalie trago saliva, ante lo que el mago describía. ¿Emmett? ¿Débil? Eso resultaba imposible de creer—. Y por último, el Faro de la Locura y el Olvido, este lugar está bajo una de las maldiciones más poderosas conocidas.
'' En este lugar las personas pierden la noción de la realidad, reemplazándola por otra. Olvidan todo su pasado, su vida, sus recuerdos, todo. Se borra todo recuerdo. Pero la mente no se queda en blanco, poco a poco, la vida de aquel que este atrapado allí es reemplazada por una sensación de familiaridad, hasta que la única verdad en la mente de aquella persona, es que toda su vida ha sido en ese lugar. Terminan temiendo a cualquier cosa que no esté dentro de las cuatro paredes del faro.
Alice abría los ojos cada vez más, mientras escuchaba al hechicero, no podía pensar que Jasper la olvidaría, no quería pensarlo.
— Seguiremos adelante—dijo Rosalie.
— Necesitaran transportarse más rápido que a pie. Vengan conmigo.
Siguieron a aquel mago por un pasillo en aquella cabaña, que era mucho más grande por dentro, de lo que parecía por fuera. Llegaron a un especie de establo, en el que había cinco caballos; uno era completamente negro, otro era cien por ciento blanco, había uno café chocolate, uno color gris y el ultimo era negro, con una estrella blanca en la frente y la mitad de las patas blancas, sobre el lomo tenía una enorme mancha del mismo color.
Rosalie se emocionó, eran los mismos caballos que en su infancia había montado en algunas de sus excursiones al bosque junto a su hermano. Se acerco al negro y le acaricio:
— Noche, ¿cómo estás preciosa?
Alice leyó encima de cada caballeriza el nombre de los caballos. El negro era Media Noche, el blanco se llamaba Copo de Nieve, el gris era Tornado, el café Terra y el negro con blanco Cielo Nocturno.
Se acerco a Cielo Nocturno, que la miraba desde su cuadra con ojos enigmáticos, como pidiéndole que se acercara. Acarició la cabeza de aquel hermoso caballo. Bella por su parte se acerco a Copo de Nieve.
Escucharon un chasquear de dedos y las puertas de los corrales se abrieron solas. Los caballos salieron cuando estuvieron las puertas abiertas. De pronto ya estaban ensillados y listos para un viaje largo.
¡Magia! Y en el más literal de los sentidos.
— Suerte muchachas. Tengan mucho cuidado.
— Hasta la vista, Amun— se despidió Rosalie antes de salir a galope.
— Adiós, gracias—dijeron Alice y Bella, mientras salían, siguiendo a Rosalie.
— ¿Hacia dónde, Rose?
— Por allá.
Pronto salieron a un terreno despejado de arboles, en el que únicamente había hierba y algunos arbustos.
Cabalgaron velozmente durante varias horas, hasta que se hizo presente el cansancio, mucho más pesado que la noche anterior. Entonces se detuvieron y desmontaron los corceles.
Entre las cosas que les habían dado para el viaje, había unas mantas grises. Cada quien saco una y la acomodó sobre el piso. Rosalie y Alice juntaron bastante madera, mientras Bella busco hojarasca y hierba seca.
Pronto armaron una buena fogata, alrededor estaban colocadas las mantas en las que iban a dormir.
— Y bien, ¿Cómo la encendemos? —pregunto Bella. Rosalie paseo su mirada por el suelo y tomo un par de rocas. Las golpeo unas contra otras y se encendió una pequeña chispa.
La rubia se acerco a la hoguera y golpeo las rocas entre sí, varias veces, las chispas saltaron hasta la hojarasca, encendiendo algunas brasas. Luego Rose soplo sobre aquellas brasas y pronto se encendió un fuego enorme.
Se sentaron encima de las mantas a observar.
— ¿Cómo sabes hacer eso, Rose? —pregunto Alice, observando la columna de humo.
— Alguna vez fui a una expedición de caza con mi hermano. A escondidas de papa, lógicamente. Fue una de las mejores cosas que he hecho, además de lo que he vivido en este bosque.
— ¿Y cómo fuiste?
— Mi hermano salió, y yo pedí que me ensillaran un caballo después de que él se fue. Nos reunimos en el bosque. Solo él yo y todo el bosque. Fue maravilloso, yo veía como cazaba y él me enseño a acampar. Cuando volvimos mis padres estaban furiosos— la rubia rio al recordar la reacción de su padre.
La rubia saco unas manzanas y le dio una a cada quien. Se comieron las frutas en silencio, mirando aun la hoguera. En cuanto Rosalie se termino la manzana, lanzo por ahí el corazón. No representaba ensuciar, puesto que aquel pedazo de fruta nutriría la tierra al podrirse. Y se recostó en la manta.
— Buenas noches—dijo cubriéndose con la mitad de la gris tela. Las dos princesas hicieron lo mismo.
— Buenas noches— se despidió Bella.
— Buenas noches— repitió Alice con un suspiro.
Lo que le había contado la llevo a recuerdos agridulces. Pues justo antes de que esto pasara, Jasper le había propuesto que armaran una expedición de caza, solo ellos dos. Y la habían programado a su regreso de Gardenia.
Cerró sus ojos y tras sus parpados vio su más alegre recuerdo. Su encuentro en el pueblo de Celosía, aquella vez que ninguno supo quién era el otro, pero pasaron la tarde más bella de sus vidas. Y luego aquel primer encuentro en el catillo de Geranio.
Apretó sus ojos con fuerza y se sumergió en aquel bello recuerdo con todas sus fuerzas. Lo vio como si estuviera pasando en ese momento, pero mirando desde segundo plano en lugar de vivirlo.
— Entonces, ¿Por qué no me dijiste que eras princesa?
— ¿Por qué no me dijiste que eras príncipe?
Se quedan mirando por un momento y luego echan a reír.
— ¡Que gracioso! — comenta él.
— ¿Qué cosa?
— Esta mañana estaba angustiado por mi matrimonio arreglado. No deseaba desposarte y ahora, creo que no puedo esperar más tiempo. Aunque no sabía quién eras, no podía dejar de pensar en ti. — tras la última frase, se ruborizo y bajo la cabeza avergonzado. Alice igual tenía las mejillas incendiadas.
— Confieso—dijo en un murmullo— que esta mañana me veía en una situación similar y, ahora… —se mordió el labio. Luego de un respiro continuó—. Tampoco puedo esperar.
El príncipe le regalo una sonrisa y con la mirada le pidió permiso para acercarse. Se acercaron poco a poco y luego él la tomo en brazos y la hizo girar.
— ¿Y si adelantamos la boda? — pregunto el rubio.
— ¿Se puede?
El recuerdo se iba desvaneciendo poco a poco mientras Alice caía en un profundo y tranquilo sueño.
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Esto era irreal, algo totalmente fuera de la realidad incluso con lo que habían vivido en las últimas horas, esto estaba totalmente fuera de la realidad.
No era solo el hecho de que no conocía el lugar en el que estaba, sino que también su cuerpo se sentía extraño, muy ligero y pesado a la vez. Veía sus manos, pero estaban diferentes, como muy claras, transparentes casi. Su menudo cuerpo también era así. Pero era solo la piel, eran como si la luz, la poca luz que había allí, la atravesara.
Estaba parada en la escalera de caracol de un edificio circular. No sabía dónde estaba, pero sentía la necesidad de seguir subiendo esa escalera. La camino, paso a paso. Llego a una puerta, al lado de ella estaba echado un animal horrible, negro. Era como una cabra, pero también parecía haber allí una enorme serpiente o un dragón, por las membranosas alas que cubrían casi toda la criatura.
No pareció darse cuenta de que estaba allí. Quiso abrir la puerta, pero su mano atravesó la cerradura. Entonces sí era transparente.
Dio un par de pasos y pronto se encontró al otro lado. Lo que encontró allí casi la hace caer de rodillas. Parado a unos metros de ella, dándole la espalda, mirando a través de un enorme ventanal, estaba…
— Jasper—lo llamo, pero no respondió. Camino hasta él. No podía quitarle los ojos de encima, era él, su Jasper, el amor de su vida.
Puso su mano en el hombro del rubio, pero él ni siquiera pestañeó. Tampoco notaba su presencia allí. Pero ella podía sentirlo, podía sentir la tela de su camisa de lino, la piel cálida bajo esta.
Movió la mano hasta su mejilla y la dejo allí. Él siguió sin darse cuenta de su presencia. Alice sintió las lagrimas juntarse en sus ojos. Acaricio la mejilla con dulzura, deseaba saber cómo hacerle sentir su presencia allí. Sintió desesperar.
— Jasper—gimió. Se concentro con fuerza, con mucha fuerza en su primer encuentro. Volvió a acariciar su mejilla.
De repente el parpadeo, y su mano se dirigió hacia donde ella tenía la suya.
Alice alcanzo a escuchar un murmullo lejano, que se iba oyendo más y más fuerte.
— Alice, levántate, Alice— las voces de Rosalie y Bella se hicieron presentes mientras aquel lugar, y su amado desaparecían.
— No. Jasper… —dijo Alice.
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Rosalie y Bella sacudían a Alice quien seguía dormida. Ya se habían asustado, pues ella no respondía, cuando la menuda princesa despertó:
— Jasper, Jasper—dijo aun desorientada.
— Alice—suspiro Bella—. Nos asustaste.
— Bella, estaba con Jasper—gimió la pequeña al darse cuenta de lo que pasaba.
— Alice, soñabas—dijo Rose
— No Rose, te lo juro. Estábamos en ese lugar en el que lo encerró la bruja. Yo lo veía, pero él no a mí. Ni siquiera me sentía como si fuera yo. Me sentía, como si fuera… no se… un fantasma— Bella y Rose no daban crédito a lo que oían—. Incluso atravesé la puerta.
Rosalie frunció el ceño y Bella abrazo a su hermana. La rubia intentaba recordar algo, algo que no recordaba, era algo del bosque, pero ¿Qué?
— Ànimes Gemelas(*)— se escucho una cuarta voz a espaldas de las tres jóvenes, quienes de inmediato voltearon, a la defensiva.
Detrás de ellas había una mujer de ojos grises y cabello rojo, rojo encendido, su piel era blanca y vestía un vestido similar al que le habían visto a María en la torre, pero de color esmeralda. Las uñas las tenía tan largas como la hechicera, pintadas de un verde olivo.
Rosalie se puso más a la defensiva en cuanto vio la gargantilla de oro con un diamante rojo alrededor del cuello de esta desconocida. Esa gema la portaban las hechiceras para aumentar sus poderes.
Pero esta extraña hechicera no hizo ningún movimiento de desafío, en lugar de eso dijo:
— Tranquilas, no les hare ningún daño. Quiero ayudarlas. Yo soy Natasha.
* Notese que se pronuncia animes yemelas. La lengua en la que estan esas dos palabras es Catalán.
Hola, como esta todo el mundo por aca.
Aqui esta este capitulo numero 6, ¡yupi! Y mas largo que los anteriores, al paso que voy el capitulo 12 constara de 50 paginas.
Bien ahora...
¿Que tal? A que no se imaginaban que Natasha aun vivia... yo no lo sabia hasta hace unas horas jejeje XD
Y Rosalie, quien la viera escapandose a una excusrsion de caza con su hermano. Al menos lo que aprendio les sirvio,¿no creen?
¡Bella esta encinta! ¡Esa si que fue una sorpresa! ¿Que opinan? ¿Deberia continuar enserio?
Me encantaria saber que opinan, asi que no se porten mal y usen el lindo recuadrito de abajo, para dejarme un review, aunque sea uno chiquito *Klau pone ojitos de cachorro*
Bueno, mil gracias por los reviews a sweetsugarhoney, a Kriss21, a TattyPatz y a mis lectoras anonimas.
Pasen por mis otros fic tambien, Amor de Pelicula y Vivir una Nueva Vida. Y tambien chequen Amor Real Amor Verdadero de sweetsugarhoney y Amor en el Establo de TattyPatz. Tambien revisen el tumblr, por fin subi el mapa del Bosque, y un par de cosillas mas que encontraran: Ya saben quiten los espacios: klaudia lobitha cullen. tumblr
Y chequen el trailer del fic: www . youtube watch?v =sHOXfpLaYwo &feature=
Ok me despido, espero sus reviews con ansia.
Besos Eternos, nos leemos pronto.
Klau :D
