Hola! Aquí va el capítulo 7. Cambié la clasificación del fic a T porque me quedó algo más hot de lo que suponía… No lo digo para justificarme pero no es mi culpa sino de Rio.


CAPÍTULO 7: LA CULPA LA TIENE RIO

-Espero que tengas razón y que Sir Islands y Sir Penwood estén plenamente capacitados para encargarse dela defensa de Inglaterra durante nuestra ausencia –dijo Íntegra preocupada mientras se reacomodaba en la butaca del avión privado que volaba sin escalas a Rio de Janeiro.

-Lo están. Arreglé las cosas para que Ferguson se ocupe sin que se note nuestra ausencia –replicó Alucard-. Acá tenemos la nueva documentación: Somos tres hermanos: los Blenner y venimos de Irlanda… ¿La chica policía sigue durmiendo en su ataúd?

-Sí, odia los aviones; me pidió que la despertara cuando lleguemos. A ver si entendí bien –dijo Íntegra cambiando de tema-: la princesa Serena estaría en algún lugar de Sudamérica custodiada por el padre Anderson, pero su localización exacta sólo la tendremos cuando nos apoderemos de un mapa que está en la caja fuerte del tal Tubalcaín Alhambra.

-Exactamente. El problema es que se me complica obtenerlo…

-De eso me encargo yo, ya te dije que tengo un plan. Lo que no comprendo es por qué el padre Anderson eligió a Tubalcaín Alhambra para que le guardara un plano tan importante. ¿Cómo no se lo dio al arzobispo Enrico Maxwell, el jefe de los Iscariotes?... O a nadie si simplemente quería desaparecer sin dejar rastro.

-No puede "desaparecer"; el Papa tiene que tener un modo de localizarlo en caso de urgencia, y tampoco quería comprometer la vida del Sumo Pontífice dejando el mapa en su poder porque sería convertirlo en un blanco fácil… Como Tubalcaín Alhambra le debe un par de brutos favores a Anderson, está guardando el mapa con la orden de entregarlo exclusivamente al Papa en mano si éste se lo requiriese…. Por otro lado no es extraño que Bayoneta Anderson desconfíe de Maxwell… Lo crió en su orfanatorio, lo capacitó como discípulo y hasta le enseñó su técnica secreta de regeneración… Anderson tiene sus principios y le resulta inadmisible que Maxwell haya usado sus enseñanzas para obtener poder... Íntegra, ahora que tenemos tiempo, explicáme tu plan para obtener el tercer plano.

-Me dijiste que Tubalcaín Alhambra lo tiene en la misma caja fuerte donde guarda sus joyas. Por lo que averigüé es un gran coleccionista de arte y hace poco adquirió una pulsera que había pertenecido a mi familia durante generaciones. Estuvo tras ella mucho tiempo y pagó una fortuna. Lo que Tubalcaín ignora es que dicha pulserita forma parte de un conjunto de alhajas que incluye un anillo, una gargantilla y dos pendientes… Cuando vea el conjunto entero quedará deslumbrado y querrá conseguirlo.

-¿Cómo va a verlo?

-Voy a mostrárselo, claro; y le pediré que me muestre la pulsera… Él abre la caja fuerte y… ¡Listo!, me llevo el mapa.

Silencio.

-¡Así de fácil! –exclamó Alucard asombrado-. Te faltan algunos datos: Tubalcaín Alhambra es uno de los hombres más poderosos del planeta. Maneja las mafias de la prostitución, la droga y el juego en todo el mundo y vos simplemente vas a pedirle que abra su caja fuerte personal y por supuesto él lo va a hacer y vos te vas a ir con el mapita y él va a darte las gracias por las joyitas… ¡Qué bueno! Avisáme por dónde paso a buscar tu cadáver, mi lady.

-Ya sé que no va a ser así de fácil…

-Va a ser muy, pero muy difícil –la interrumpió él. Lo ideal sería que yo me hiciera cargo a mi manera, pero él no va a hacerme el favor de abrirme la caja. Me conoce y no le caigo del todo bien…

-No me extraña.

-Es mutuo, yo tampoco lo soporto.

-Excelentes razones para que ni se crucen. Como estaremos en terreno ajeno me parece que te tenemos que esconder… ¿Se te ocurre algún buen disfraz? Si fueras mi vampiro te ordenaría que te hagas humo.

-¿Y dejarte sola con "El Dandy"? Ni en sueños; el fulano es todo un Casanova.

-Nunca te tuve miedo a vos, mirá si le voy a tener miedo a un Casanova… Calláte y escucháme, que paso a contarte el plan: Parece que el tal Tubalcaín Alhambra tiene especial debilidad por las mujeres rubias de la alta aristocracia… ¿cierto?

-Cierto, cosa común entre los nuevos ricos como él.

-¿Y qué soy yo sino una rubia de la alta aristocracia?

-¡¡¡No puedo creer que estés pensando en ofrecerte como carnada!!!! –exclamó Alucard indignado.

-No hay problema, puedo sola con él… Decíme, Alucard, ¿para qué me estuviste entrenando todos estos años en un sin fin de técnicas de lucha si no dejás que "me mida" en serio? ¿Por qué no practicar con un miserable hombre baboso?

-Porque Tubalcaín es un baboso muy peligroso… Primero, ¿cómo pensás contactarlo?

-¡Él va a contactarme a mi, por supuesto! Para eso nos alojaremos en su magnífico hotel… ¿O acaso creías que reservé en el Copacabana Palace Hotel para codearme con el jet set de Rio? Por supuesto frecuentaré la pileta y la playa frente al hotel…

-¿Vos? JaJaJa. Si es la primera vez que salís de Inglaterra.

-¿Y qué tiene que ver?

-Que nunca fuiste a una playa tropical… ni siquiera a una playa en Inglaterra… Nunca te vi tomando sol en la mansión Hellsing y hasta la chica policía está más bronceada que vos.

-¡Había cosas más importantes que hacer!... No te preocupés, ya compré mi protección solar 65 para pieles inglesas sensibles al agujero de ozono del hemisferio sur… Pero tengo que ir a la playa y mostrarme para que Tubalcaín note mi presencia y me invite a cenar. Entonces me pongo el conjunto de alhajas…

-Que se da de patadas con tu típico traje negro y corbata moñito color rojo…

-Error. Su Majestad la Reina me pasó el número de su asesor de vestuario…

-Por favor, te ruego no te pongas el típico sombrero ridículo de casa real inglesa.

-¿No me lo pongo?... ¿Te parece que no queda bien?

-Definitivamente no queda bien.

-Entonces sin sombrero. Tengo un vestido largo de noche.

-¡¿Vos en un vestido largo de noche?! JaJaJa, tampoco te imagino.

-Me sentí muy rara probándomelo… Y ni te digo arriba de las sandalias de taco alto.

-Íntegra, tu plan es pésimo. Dejálo de lado y empecemos de nuevo desde cero… Conozco bien a Tubalcaín… torturarlo no sirve, es de los que mueren sin abrir la boca y con el gusto de llevarse un secreto a la tumba… ¡Ya sé! ¿Por qué no mandar a la chica policía con tu vestido, sandalias y joyas?... No deja de ser una vampiresa dura de matar.

-Porque Tubalcaín adora el refinamiento de las mujeres de la alta aristocracia y ella nunca pasaría por tal… Alucard, lo estuve considerando y reconsiderando; le di mil vueltas al asunto… Sé que mi plan es viable. Tubalcaín va a invitarme a cenar con champagne y va a querer mis joyas.

-¿Y qué te hace pensar que te las va a comprar y que luego abrirá su caja fuerte para mostrarte la pulsera y que le robes el mapa…?

-No se las voy a vender. Las voy a apostar con la condición de que gane o pierda me muestra la pulsera faltante para ver el juego completo aunque sea una vez…. Es creíble, Alucard; las joyas son auténticas e irresistibles para él. Se va a tragar el anzuelo como el mejor.

-Si las apostás las vas a perder y él no va a tener que hacer trampa. Sos malísima jugando a las cartas; hasta Sir Penwood te gana.

-Ya lo sé tarado; las joyas son una excusa, lo que importa es que abra la caja fuerte para quedarnos con el mapa… El mapa, Alucard, el mapa; concentrémonos en el mapa para rescatar a la Princesa Serena…

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Esa misma tarde la playa de Copacabana se mostraba en todo el esplendor de un caluroso verano tropical. Desde el balcón de una lujosa habitación del Copacabana Palace Hotel Alucard vigilaba atentamente con sus binoculares. Seras Victoria se hallaba tras él, recostada sobre una reposera blanca y bebiendo un suculento licuado de sangre con hielo. Desplegándose desde su pie derecho, una nube en principio amorfa iba tomando consistencia y adquiriendo la fisonomía del capitán Bernardotte. Su alma, que por decisión propia había sido absorbida por Seras, solía salir cada dos por tres del interior de la vampiresa para hablar con ella, aconsejarla en las peleas o, en casos como éste, simplemente para visitar "la ciudad maravillosa".

-¿Te acordás de la última vez que estuvimos en Rio de Janeiro, Mignonette? –preguntó el capitán Bernardotte con cierto aire nostálgico-. Salimos juntos de compras… ¡Cuántos recuerdos!, yo todavía estaba vivo.

-¡Y eso que no pudimos disfrutar de un hotel de lujo como éste! –exclamó Seras contentísima-. ¿Viste el prospecto? Estamos en un edificio emblemático de Río de Janeiro, construido en 1923 y que funcionó como casino… ¿Será por eso que lo adquirió Tubalcaín Alhambra? ¿Quién sabe? ¡Fijáte! Aquí filmaron la escena del baile Fred Astaire y Ginger Rogers en la célebre película "Flying Down to Rio"…. ¿La viste? Bueno, yo no, pero es célebre igual… dicen… Bah, yo qué sé… ¡Ninguna ciudad se le parece a Río! ¡Los morros verdes zambulléndose en la bahía azul!... ¡Su música alegre, su baile colorido, el eterno carnaval… la fiesta constante del espíritu carioca…!

-¡Chica policía, me tenés harto! ¿Te podés callar un rato? –gritó Alucard furioso-... Sí, claro, Río, la humedad pegadiza y el calor sofocante que incita a matar… ¿Qué carajo estoy haciendo yo acá cuando tendría que estar allá? –señaló con un dedo una lona sobre la que Íntegra yacía tomando sol en la playa de enfrente y sin despegar sus ojos de los binoculares continuó diciendo-… Esos tipos que le revolotean alrededor como moscas a la miel… me están dando unas ganas de empalarlos a todos, uno a uno…

-Pip –susurró Seras en su pensamiento al capitán Bernardotte-, vé y habla con él de hombre a hombre antes de que empiece a hacer desastre. No quiero que el encanto de esta apacible tarde sea destruido con una matanza descomunal como la que hizo mi anterior maestro… Mirá que éste no será vampiro pero no se queda atrás; es un descontrolado y está pasando por una etapa terrible de celos... Dále, sé buenito y calmámelo al maestro.

-Haré mi mejor esfuerzo, pero no prometo resultados – le replicó Pip en su mente, y extendiendo la nube que lo conectaba con el cuerpo de Seras, se acercó a Alucard y se detuvo a su lado flotando en el aire cual fantasma-. Señor Alucard, ¿sucede algo con Lady Singhell?, ¿acaso corre ella algún peligro? –preguntó.

-¡Claro que sí! –gritó Alucard amargadísimo-. ¡Mirá, mirá!, ¿hay necesidad de que salga así a la calle? ¡Parece ropa interior para una nochecita inolvidable…!

-¿Se refiere al traje de baño negro de dos piezas que lleva puesto? A mí me parece de lo más recatado.

-¡Entonces explicáme por qué esos tipos se la comen con la mirada!... ¿A vos te parece que no me deje acompañarla? Dice que yo "arruinaría el plan"… ¡Yo!

-Y… arruinarlo, lo arruinaría…

- ¿Tengo que dejársela servidita en bandeja de plata a esos imbéciles y mirar desde acá cómo le hablan, le regalan caipiriñas y la invitan a cenar?... ¡No hay derecho, no puede ir tan desvestida con ese cuerpo!... ¡Y pensar que fui yo quien la incitó a tomar sol en la playa…! ¡Me acabo de recibir de idiota total y con honores!

-Con todo respeto, Señor Alucard, ella no tiene la culpa de ser tan atractiva…

-¡Así que vos también te calentás mirándola, hijo de…!

-¡No, no, no! –lo interrumpió Pip-, usted bien sabe que yo no puedo. Para mi desgracia no tengo cuerpo físico; lo perdí y hoy soy un ser espiritual 100%.

-Mentira, farsante; si la encontrás atractiva es porque tan espiritual no sos. Usás el cuerpo de la chica policía así que no te hagás el inocente...

-¡Pero no ve que estoy metido en un cuerpo femenino! ¡Ya no siento como hombre sino como mujer…! –se lamentó Pip.

-¡Patético lo tuyo! –replicó Alucard conmovido.

-¿Verdad que sí? No se lo diga a su discípula porque es tan susceptible que se va a sentir mal y culpable, pero como se dará cuenta no todo es envidiable en mi situación actual.

Alucard no respondió; continuó observando a Íntegra con sus ojos pegados a los binoculares.

-Ya sé que ella no tiene la culpa… La culpa la tiene Río que nos excita a todos –dijo finalmente Alucard-… No aguanto más; se me hace intolerable y me estoy obsesionando… Mejor dejo de mirarla –y tirando los binoculares por encima de la baranda, abandonó cabizbajo el señorial balcón.

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La habitación a la que la llevó Tubalcaín era un salón tan suntuoso que resultaba agobiante. Arañas de cristal colgaban de los altos techos, alfombras persas sobre los pisos de mármol, muebles dorados a la hoja, espejos biselados, cuadros antiguos, modernos y armas de todo tipo decoraban las paredes… Todo era genuino e increíblemente caro según su dueño, que no escatimaba en dar detalles sobre precios y galerías de arte… Tubalcaín hacía alarde de dónde había conseguido esto o aquello y mencionaba nombres de famosos y contaba sus aventuras en lugares exóticos donde practicaba deportes de alto riesgo por supuesto sólo al alcance de gente muy "exclusiva" como él. El hombre realmente se esforzaba por impresionar a Íntegra y ella hacía su mayor esfuerzo por mostrarse impresionada. Pero ninguno de los dos sonaba genuino y como seguramente eran lo único "falso" en aquel salón, sobresalían por opacos entre tanto brillo y esplendor.

Tubalcaín no podía quitar sus ojos de las joyas. El exquisito trabajo art decó de los orfebres de principios del siglo XX había creado aquella deslumbrante combinatoria de zafiros, brillantes y aguamarinas engarzadas en platino. Pasaba su mirada desde el anillo hasta los pendientes y luego la posaba sobre la gargantilla; trataba de disimular su avidez pero era más fuerte que él y se le notaba. Cabe preguntarse si en algún momento habría discernido cuánto mejor quedaban enmarcando la belleza de Íntegra que en su oscura caja fuerte… Nunca lo sabremos.

-Eres la mujer más hermosa que conozco –comenzó a adularla adquiriendo una pose típica por la que se había ganado el apodo de "El Dandy"-; esos ojos del mismo color que tu vestido y esas joyas al tono...

Efectivamente el azul lavanda del vestido de noche era el tono exacto de los ojos de Íntegra porque el asesor de vestuario de la reina no había descansado hasta dar con dicho matiz. Íntegra se veía deslumbrante: el corsé de gasa natural drapeada dejaba al descubierto sus brazos y hombros desnudos y le ceñía ajustado el torso hasta la cadera. Luego la gasa caía suavemente hasta sus pies siguiendo el contorno de su esbelta silueta.

-Deja que te las quite –continuó Tubalcaín-, aunque no lleves la gargantilla, tu cuello seguirá siendo hermoso.

-Ya sé que aposté y perdí… suele pasarme. Las joyas son tuyas, pero promesas son promesas –le replicó Íntegra-. Antes de despojarme de ellas, préstame la pulsera. Quiero ver el conjunto completo por única vez.

Tubalcaín se acercó a un cuadro y tras él se ocultaba una gran caja fuerte. Puso la clave digital correcta y la puerta se abrió. Buscó la pulsera entre una gran cantidad de alhajas y se la acercó a Íntegra.

Para su sorpresa ella lo estaba esperando empuñando una de las antiguas espadas que colgaban de la pared. Él metió la mano en un bolsillo probablemente para sacar un arma pero no llegó a tiempo. Alucard había aparecido "de la nada" apoderándose de la genuina katana de samurai que decoraba una mesita rococó… Lo destajó al instante; en un abrir y cerrar de ojos Tubalcaín parecía haber sido un pez convertido en dos filetes simétricos.

-¡Pero qué hiciste! ¡Quedamos en que me lo dejabas a mí! –le increpó Íntegra indignada por la brusca intromisión.

Alucard no respondió. Sacó unos documentos de la caja fuerte y comenzó a revisarlos arrojando al piso lo que no le interesaba. Rápidamente encontró lo que buscaba.

-¡Listo! Éste es el mapa. Vámonos de acá antes de que se den cuenta. ¡Ah! Y lleváte la pulsera, te la merecés.

-Pero…

-¡Nos estamos yendo! –gritó furioso.

Alucard tomó la mano de Íntegra e intentó arrastrarla con fuerza hasta la puerta, pero como ella se resistía, la alzó, la colocó sobre su hombro como si pesara nada y salió del salón dando grandes pasos. Ella no comprendió que él no estaba en su mejor humor; se la pasó pegándole e insultándolo durante todo el trecho hasta las suites interconectadas donde los tres se alojaban. Una vez adentro, Alucard cerró la puerta de una patada y depositó a Íntegra en el piso.

-¿Cómo te atrevés a tratarme así, miserable? -lo increpó ella con el entrecejo fruncido.

-Lo siento pero no tenemos mucho tiempo –explicó Alucard muy serio-. La chica policía está buscando transporte. En cuanto consiga algo nos largamos de acá. Ahí tenés tu traje, en cuanto puedas cámbiate de ropa.

-¿Delante de ti? –preguntó ella aún enojada.

-Si me llamara Tubalcaín Alhambra tal vez lo harías –respondió él mortificado.

-Como evidentemente me has estado siguiendo y espiando, sabés que no me puso un dedo encima. No se lo permití.

-¡Sí, lo sé!

-¿Y entonces por qué estás tan celoso?

-¿Por qué? ¿No adivinás por qué?… ¡Aceptaste su invitación, cenaste con él a la luz de las velas, bebiste champagne, brindaste con él, te enjoyaste para él, te vestiste para él…!

-¡Fue todo un señuelo…!

-¿Y cuándo te vestiste así para mí? ¡Nunca! ¡Hasta tu reina cree que sos mi mujer, pero la verdad es que si no hubiera sido porque ella lo pidió, ni un beso me hubieras dado!... Bah, igual fingís que no tuvo importancia… ¡Para mí sí fue importante!... ¡Y para vos también aunque tu orgullo no te permita aceptarlo! –Alucard vociferaba profundamente dolido y totalmente fuera de sí-… ¡Ni siquiera me decís si vas a aceptar ser mi novia dentro de tres años! ¿No te parece que ya es hora de que te hagas cargo de lo que ocurre entre nosotros? ¡Tu reina tiene razón, ya no sos una nena!...

-Alucard –lo interrumpió Íntegra poniéndose de espalda frente a él-, ¿me desbrochás la gargantilla? Sola no puedo con estos broches antiguos y Seras no está para ayudarme.

Alucard enmudeció al instante. Corrió hacia delante con sus manos el largo y sedoso cabello de Íntegra y lentamente comenzó a desprender el broche. Tardó mucho, todo lo que pudo. Luego depositó la gargantilla sobre la mesita de al lado, la misma donde Íntegra ya había dejado la pulsera rescatada. Ella no se movió y él tampoco cambió de posición pero buscó la mano derecha de ella, quitó el anillo del dedo anular y lo dejó junto a la gargantilla. Siguió el pendiente derecho y luego el izquierdo.

Íntegra cerró los ojos al percibir la respiración de él en sus hombros, sus dedos acariciándole el cuello y más abajo aún… Se estremeció y cruzó los brazos sobre sus pechos para que él no pudiera tocarlos si seguía bajando. Quiso pensar en distraerlo pero se sorprendió a sí misma cuando escuchó sus propias palabras.

-Alucard –le pidió en tono suplicante-, ¿me bajarías el cierre del vestido?

Sintió los dedos de él desabrochando el cierre, luego la flojedad del vestido que sólo permanecía cubriendo su cuerpo porque ella lo sostenía abrazándose los pechos… Luego los dedos de él recorrieron todo el largo de su espalda, de arriba abajo. Se le puso la piel de gallina.

-¡Ay, Íntegra! -balbuceó Alucard-. ¡No llevás ropa interior!

-El corsé del vestido es armado, no hace falta –intentó explicar ella.

-¿Y abajo? ¿Tampoco llevás nada abajo? –preguntó ilusionado.

-Sí, tonto, claro que llevo… No soy tan desvergonzada como para no llevar esa ropa interior… Ay, Alucard, ¿qué estoy haciendo con vos…?

-Bajá los brazos.

-¿Qué?

-Que bajés los brazos así soltás el vestido…

-¡No! Eso no… ¿Qué me vas a hacer?

-Vamos, dejá que te desvista.

-¡Alucard!

Él metió sus manos dentro el vestido y empezó a acariciarle el vientre.

-No, Alucard, por favor no sigas –le rogó ella sintiéndolo subir.

-Quiero acariciarte… tu piel es tan suave y olés tan bien…

Suavemente la llevó hacia atrás hasta que sus cuerpos se juntaron mientras comenzaba a besarla en los hombros y el cuello toda la delicadeza y devoción de la que era capaz. Percibió el efecto de su estimulación sobre Íntegra, cómo su cuerpo virgen despertaba a sensaciones intensas que se expandían cual ondas y la desbordaban. Descubrir la repercusión de sus caricias en ella lo excitó tanto que no pudo contenerse y le lamió la nuca. Fue demasiado para Íntegra; entró en pánico, se dio vuelta repentinamente y lo increpó.

- ¡Basta! ¡Quita las manos ya!

-¿Por qué? –preguntó Alucardl obedeciendo al instante.

-Porque si seguimos así voy a dejar de ser virgen.

-¿Y si así fuera qué?

-Por favor, respetáme.

-Te respeto… Sos la única persona a la que respeto, Íntegra.

-Entonces entendé que quiero casarme virgen.

-Según tu reina ya estamos casados…

-Pero vos y yo sabemos que no es cierto… Además tenemos que irnos, Seras nos espera y yo todavía no me cambié de ropa… ¡Date vuelta y no me espíes!... Házlo, Alucard.

Lentamente él dio media vuelta y miró hacia el piso. Detrás de sus pies vio caer suavemente el largo vestido de gasa y las elegantes sandalias azules de Íntegra se dirigieron presurosas en dirección de la otra habitación…

Minutos más tarde ella regresó ya cambiada. Encontró a Alucard arrojado sobre un sillón abrazando su vestido.

-¿Qué estás haciendo? –preguntó ella.

-Intentando calmarme –respondió él pausadamente-, pero no va a resultarme fácil… Tendría que meterme media hora bajo la ducha fría pero tenemos que hacer el check out antes de que descubran el cadáver… ¿Qué vas a hacer con este vestido?

-No sé, ¿por qué?

-Porque quiero que te lo pongas cuando te decidas a estar conmigo, lo que seguramente va a suceder después de lo que acaba de pasar... Aunque sería recomendable que reconsideres el tiempo; está claro que no vamos a aguantar tres años sin tocarnos.

-¿"Claro"?... ¡Nada claro! –se ofendió Íntegra, a quien la relación con Alucard le resultaba injustificadamente prohibida como consecuencia residual de su vida anterior-. ¡Por quién me tomaste, sirviente irrespetuoso!... ¡Yo no soy una de esas compañeritas tuyas de Decenium que se te regalan con cualquier excusa…!

-No sé por qué dudás de mi respeto por ti… Es cierto que te deseo mucho, te aseguro que no puedo evitarlo… Tal vez hoy me haya pasado un poco de la raya, lo acepto, pero no me digas que no te respeto porque eso no es cierto. A decir verdad hasta perdí la cuenta de la cantidad de veces que te pedí ser mi novia…

-¡Pero nunca pediste mi mano! –gritó Íntegra enojada-. "Novia, novia"… ¡A mí no me arreglás con eso! ¡O te casás conmigo o nada!… ¡Desfachatado!

-¿"Pedir tu mano"? –preguntó Alucard que no salía de su asombro-. La verdad, Íntegra, que ni se me hubiera ocurrido… Es una antigüedad total… Una formalidad fuera de época…

-¡Sí! ¡Ya escuchaste a Su Majestad! –le replicó ella-; yo soy así, antigua, formal, conservadora y tradicional… Y te repito que voy a ser virgen hasta que me case, si es que me caso.

-Muy bien, como ordene mi ama –dijo Alucard. Se arrodilló frente a ella y tomando su mano entre las propias imploró-. "Sir Íntegra Fairbrook Wingates Singhell, ¿le otorgaría Usted su mano a este humilde siervo suyo, el conde rumano Alucard Culadra? –levantó la vista hacia ella, besó su mano y en tono cómplice agregó-. ¿Así está mejor?, ¿lo hice bien?... ¿A vos sola debo pedírtelo o también a tu reina?, como no vive tu padre… Díme que sí… Como no te decidías a ser mi novia, pensé que me ibas a mandar a la mierda por desubicado si te pedía que te casaras conmigo… Por eso no te hablé antes, no fue de irrespetuoso…

-Está bien, lo voy a pensar –lo interrumpió Íntegra-. Y nunca más te burles de mí.

-¿Cuándo me burlé de vos?

-"JaJaJa, no te imagino en un vestido largo de noche" –le reprochó Íntegra citando sus palabras en tono jocoso.

-¡Cómo cambian las cosas! –reconoció él-. Ahora que te imagino perfectamente, me parece excelente que vistas solamente trajes y tengas la sana costumbre de no frecuentar playas ni tomar sol.

-Se me ocurrió vagamente que apoyabas la idea de que tome sol y hasta llegué a pensar que querías que saliera de Inglaterra para visitar alguna playa tropical…

-Ya está, ya lo hiciste. La próxima vez te voy a llevar a una playa apartada donde estemos solos los dos y si querés que nademos desnudos, mucho mejor…

-¡Alucard!

-Y en cuanto a ese vestido podés guardármelo bien para la ocasión adecuada aunque a decir verdad no va a durarte puesto mucho tiempo porque pienso quitártelo apenas tenga la oportunidad.

-Estás bastante zafadito hoy –comentó Íntegra riéndose.

-Si lo usás con otro hombre que no sea conmigo, sabé mi lady que estás firmando la sentencia de muerte del tipito porque acabo de descubrir que no soporto que te miren y te deseen… Me he estado cocinando en mi propio veneno de celos desde que llegamos a Rio…

-Basta, Alucard, mejor lo dejamos acá y nos olvidamos de lo que pasó hoy. Vayamos a buscar a Seras que nos está esperando para leer el mapa e ir al rescate de la princesa Serena…

Salieron del hotel y Seras los esperaba impaciente al volante de un camión de transporte de Abacaxi (ananá, piña), entre cuya carga había ocultado su vistoso ataúd. Abandonaron la ciudad a velocidad considerable y en la medida en que se alejaban Íntegra iba cayendo en la cuenta de que no iba a serle tan fácil dejar en el olvido lo que había pasado entre ella y Alucard… El "efecto Río", algo así como un estado de intoxicación tropical no alcohólica, pasaría; de hecho ya comenzaba a hacerlo. Pero las vivencias no iban a desaparecer… Hechos son hechos, el tiempo no es reversible e Íntegra era plenamente consciente de ello.


Espero que les haya gustado y si pueden dejen reviews. Muchas gracias , thank you very much, aritato gozaimas. moito obrigado, vielen dank, mercie beaucoup, etc, etc, etc (no sé más)

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ