Capítulo VII
-Honor a quien Honor merece-
"No one knows what it's like
To be the bad man
To be the sad man
Behind blue eyes
And no one knows
What it's like to be hated
To be fated to telling only lies"
Demian ya no se me había cruzado por el pensamiento, y por un momento creí que eso me daba tranquilidad.
Tras tomar un refrescante baño que me despejo la cabeza y los pensamientos suicidas, decidí comenzar a arreglar todo el desorden después de mi trágico comportamiento de anoche. Tome una caja de la cochera y fui de cuarto en cuarto limpiando los destrozos y las cosas tiradas por doquier.
De pronto mi casa era demasiado cálida. Podía notarlo al ver que de las ventanas se colaba la luz a través de las cortinas, haciéndose presente y brindándole a la habitación una calidez bastante cómoda. Deje la caja en el suelo y me senté en el borde de la cama. Por ahora no había ganas de llorar. Solo había un silencio bastante extraño. Era como si mi corazón estuviera en un momento de vacío.
Donde no había dolor.
Ni amargura.
Ni tristeza.
Ahora veía las cosas con una perspectiva un poco más fría. Mire el armario de mis padres y tenía que pensar cómo iba a arreglar las cosas. Aunque nunca habíamos tocado el tema, supuse que mis padres hubiesen gustado donar su ropa para los menos afortunados, y más en vísperas de navidad.
No quería deshacerme de todo, quería guardar unas cosas y empezar por lo más básico: desinfectar la herida.
Me disponía a revisar las cosas y empezar a hacer una lista mental sobre lo que se quedaba y se iba, cuando de pronto escuche que tocaban la puerta.
No esperaba visitas, así que no me causo sorpresa o alegría. Solo fue como un momento donde mi concentración se desviaba hacia otra cosa. Me sentía como un robot.
Creía no tener sentimientos, pero como me equivoque al abrir la puerta.
Fue cuando Demian se me vino a la cabeza.
Un grupo de personas estaban conglomeradas en la puerta, con una sonrisa tan falsa que mi sentimiento de ira y coraje se fue acumulando como un sabor amargo y acido debajo de mi lengua.
- hola Michelle –esa era Candice Marshall. Como le odiaba. Ella era la falsa profeta que pedía a todos ser amables con los pobres y desamparados, pero todos sabíamos que utilizaba esa mascara de amabilidad y bondad solo para ser popular entre los eventos de caridad.
De inmediato recordé las palabras de Demian: "No les creas, todos son mentirosos".
De algún modo el ya sabía que ellos vendrían. Sonreí vagamente. Quería pensar que de algún modo le interesaba y que solo pretendía ser un testarudo y engreído conmigo, pero tampoco quería ser tan crédula como fantasear en cuentos de hadas y novelas estúpidamente románticas.
Ante mi silencio y mi retraso a responder, Candice arqueo suavemente una ceja pero con una sonrisa que escondía perfectamente su impaciencia.
- lamento si hemos venido en mal momento, querida –dijo tranquilamente pero parecía apresurada.
- no se preocupe- finalmente reaccione ampliando mi sonrisa, que seguía perteneciendo al mensaje de Demian- ¿en qué puedo ayudarle, Señora Marshall?
Candice sonrió complacida, como si tuviera el control nuevamente.
- bueno, la comunidad ha venido para ver como estas y si podemos ayudarte con algo-
- bueno…-dije frunciendo el ceño- un luto siempre es difícil, señora Marshall. Pero sin embargo a un trato de mantenerme con vida.
- me alegro, me alegro- dijo ella de inmediato, como si mi respuesta no le hubiera dado importancia- sabes que cuentas con la comunidad para lo que se te ofrezca.
Iba replicar con un "gracias" y terminar esto de una buena vez pero ella se me adelanto.
-cariño… quizás sea muy pronto, pero… ¿ya sabes que harás con las cosas de tus padres y de Mike?
Sonreí por dentro. Así que la víbora ya había por fin mostrado los colmillos. Sentí el veneno de mi rabia correr por mi garganta hasta mi lengua. Quería cerrarle la puerta en la cara y romperle la nariz. Quería decirle lo hipócrita que era y que no usara la buena fe de mis padres y su muerte para cargarse más popularidad. Quería patearla y tirarla al suelo, tomarla por los cabellos y arrastrarla. Quería que vieran como se arrastraba en el suelo como el animal rastrero que era.
Pero solo me contuve y sonreí nuevamente
- yo me hare cargo –dije simple y clara.
-pero cariño, quizás requieras algo de…-
- dije… –esta vez mi tono fue más frio y amargo y mi expresión también cambio-…que yo me hare cargo-
Todas las mujeres detrás de Candice comenzaron a murmurar.
Vi a Holly, una señora regordeta que solo se encargaba de acabar con la venta de pasteles y comiendo sin parar, quien era aliada de Candice y, tan hipócritas entre ellas, cuando no estaba una de las dos, despotricaban palabras hirientes y venenosas. También estaba Jennifer, o como cariñosamente se decía entre secreto a voces "Jenny piernas bonitas". También miembro de la falsa caridad, se le conocía por su facilidad de hacerse de hombres ricos y guapos, succionarles todo como una sanguijuela y después correrlos de su vida con la excusa "de que no era lo que ella buscaba". Katherine "la viuda negra", que creo que con su apodo se dice todo por sí solo. Ann Luce, la casi mano derecha de Candice y que cada tarde de té, se puede oír sus risas chillonas por todo el pueblo, seleccionando a algún pobre vecino para sacar a la luz todo lo malo que pudiese tener y si no era así, algún defecto le encontrarían, tarde o temprano. Y por ultimo estaba Mary, ella no era mala como las demás, ella era amable y siempre con una sonrisa sencilla y honesta. Nunca comprendía el por qué estaba con ellas, pero quise pensar desde mi interior, que quizá ella les había encontrado algo bueno, que quizás no eran tan malas como yo pensaba. Finalmente, Mary fue la única que no murmuro y hasta me veía con mucha pena. Ella sabía como yo, las verdaderas intenciones de la visita.
Candice seguía callada, pero pude ver en sus ojos destellos de descontento y de enojo. Sus ojos azules se hicieron más intensos y los entrecerró para darme una cara más "dura", donde claro, se reflejaba todo el botox que rellenaba su falsa cara. Sin embargo, como siempre había logrado triunfar en cuanto a poner una expresión sobre otra, su semblante se mostro mas gentil e impasible, como un vendedor que muestra la retirada, pero no la derrota.
- muy bien, supongo que tienes razón –aunque lo intento, su voz ya no era nada encantadora- no te molestaremos mas –pero eso sonó como un "por ahora".
Candice dio media vuelta. Y que cara debía de haber puesto ante las demás, por que como ratas asustadas, se dieron la vuelta y comenzaron a murmurar a su alrededor, como si le dieran ánimos de inventar otra estrategia. Reí un poco al echar mi imaginación a volar y verlas como un grupo de expertos físicos en deporte, alrededor de un campeón de boxeo, empujándole a seguir peleando aun cuando tenía el rostro destrozado por el contrincante.
Quien quedo al pie de las escaleras del pórtico fue Mary. Ella, como yo, soltó una risita que la escondió detrás de una mano y se giro para verme. Su sonrisa me irradio como un sol y de pronto sentí que todo iba estar bien.
- no las culpes por ser así –
Yo solo solté un gruñido
- las personas que son materialistas no tiene de donde más aferrarse, así que utilizan lo que pueden para hacerse de ella –siguió diciendo
Baje dos escalones y seguí viendo como se alejaba el nido de arañas y fruncí el ceño
- ¿Quién le dijo esa gran verdad? –dije con sarcasmo
Mary sonrió mas
- tu madre –
Guarde silencio y me arrepentí al instante. Mi rostro me debió haber delatado por qué Mary siguió hablando
- no tienes por qué sentirte mal –dijo ella con voz melodiosa- cuando se está enojado muchas veces se dicen cosas sin pensar, y más cuando se ha perdido a seres amados- ella guardo silencio y compartimos el mismo dolor
- usted también perdió a alguien –dije afirmándolo, pero no sabía cómo sacarlo a tema- ¿era buena persona?-
- ¿James? –Dijo ella saliendo de sus propios pensamientos- él era un amor –sonrió.
Baje la cabeza avergonzada
- lamento haberle hecho recordar eso.
- no hay cuidado –dijo ella con una tierna risita- recordar es volver a vivir.
Mary me miro con los ojos llenos de esperanza. Me sorprendí el verla como si le esperase un gran futuro, como si la pérdida de su esposo hubiera sido insignificante. Ella me contagio su fuerza de voluntad y algo dentro de mí se irguió como una piedra en espera del siguiente amanecer. Le sonreí y ella a mí. Acto seguido dio media vuelta y se fue caminando con mucha tranquilidad.
Muchas veces me preguntaba si no habría de llegar a casa un día y darse un tiro, pero luego al día siguiente la veía tan viva como siempre se distinguía. Luego desechaba ese pensamiento y me regañaba internamente por tener tan malos deseos. Pero quien sabe. Jamás era capaz de dejar de desechar esa idea.
Cerré la puerta detrás de mí y el silencio se volvió a apoderar del lugar. Aspire largamente y solté un suspiro algo reparador. Imagine a Mike haciendo burlas sobre esas mujeres y diciéndome que todo iba estar bien, que solo tenía que continuar con lo debía de estar haciendo.
Rompí a llorar nuevamente y caí lentamente por la puerta.
No me gustaba estar así y tenía que animarme de algún modo, pero era inevitable sentir aquella opresión en el pecho y pretender que todo iba estar bien. Era la lucha contra mi misma lo que más me pesaba y me cansaba nuevamente.
Toda esa mañana y parte de la tarde me la pase con altas y bajas. Riendo y llorando, mientras tomaba las cajas de la cochera e iba guardando las cosas de mis padres. Yo era muy cercana a mi hermano Mike, así que deshacerme de sus cosas iba ser aun más difícil.
Aun con gran valor, solo pude llegar hasta la puerta de su cuarto. No me atreví a entrar y menos con una caja para guardar sus cosas y regalarlas a alguien que jamás sabría el valor que tenia sobre ese objeto que ahora poseería.
Vencida por mi propia debilidad, decidí hacerme un poco de chocolate caliente y descansar antes de ponerme a trabajar. Aun tenía la esperanza de pasar una bonita navidad. Pero sabía que me mentía a mí misma. Iba ser la navidad más dura de toda mi vida. Era el evento emblemático que demostraba que no podía estar más sola que en ese momento, cuando todos se daban abrazos de amor y buenos deseos, y yo me encontraba dándome para mi sola, regalos que nunca tendría el gusto de abrir.
Me senté en el sillón individual de la sala, con las piernas en un descansabrazos y el otro como almohada para mi espalda. Acerque la tasa a mi nariz y comencé a sentir el aroma tan delicioso que no paso mucho tiempo para que diera un pequeño sorbo.
Estaba en otro de mis momentos más pacíficos, cuando mis ojos se concentraron en la ventana donde Demian había entrado. Me quede largo rato observándolo y me puse a divagar en un centenar de cuestiones.
Hombres Lobo.
Licántropos, quizá mejor dicho.
Realmente había conocido a uno y después de aquello me encontraba tan tranquila en el sillón. Solo sabía su nombre y en lo que se había transformado, pero nada más. Me preguntaba si las balas de plata le hacían daño. Mi madre tenía cubiertos de plata que le habían regalado en su boda, así que tenia fácil acceso a ellas. Me visualice enterrándole a Demian un cuchillo.
Agite la cabeza.
Deseche la idea de inmediato. Era algo tan asombroso que no me atreviera a lastimarlo siquiera. No sentía nada por él, quizá un poco de rencor y odio por quererse pasar de listo, pero me encontraba en un gran momento –se podría considerar grande si se quita el hecho que desde hace pocos días soy huérfana- la oportunidad de conocer una especie maravillosa.
Primero tengo que confesar que desde que estaba muy pequeña, sentía una gran afección por los lobos. Mi padre, quien en sus tiempos de juventud, fue obligado por mi abuelo a cazar lobos, opto tiempo después un incomprensible respeto por esos animales, tan así, que en medio de una cacería, encontró a uno lastimado y decidió ayudarlo y alejarse de allí de inmediato. Con el tiempo, mi padre solo vagaba en los bosques para verlos de lejos y también tuvo la dicha de encontrar y observar a la distancia una hermosa camada. Había quedado tan maravillado que decidió pasar a sus hijos aquel conocimiento.
Mike también conto con esa suerte cuando era más pequeño, así que yo solo era una bebe para cuando ocurrió aquello. Mi padre no creía en los santuarios para lobos, pues tenía la firme idea de que eran animales que iban de la mano con la libertad. Era tan descriptivo y sus ojos siempre se mostraban maravillados al volver narrar todo, que obviamente tuvo que contagiarme de ese amor por los lobos.
Tan así fue, que una vez, a una corta edad, arme un alboroto en la tienda de juguetes porque quería un lobo de peluche, un guardián y un fiel acompañante. Mi padre, con una sonrisa gustosa, me lo regalo. De hecho, mi cuarto estaba regado de revistas, fotos, posters y toda clase alusivo a ellos. Incluso era feliz en mi ciudad, pues cada tiempo que tenía suerte, se dejaban ver un tanto.
Este invierno era mi tiempo, mi padre me iba llevar a buscar por el bosque y observarlos desde lejos, pero ante su desapego tan apresurado de la vida, ese conocimiento solo quedo en mi hermano.
El solo hecho de visualizar el rostro de mi padre, al narrarle los hechos de lo que me ocurrió, me hubiera creído desde el principio. Como un niño, me hubiese obligado a llevarlo a aquel lugar e investigar todo lo que pudiésemos. Hubiera sido el mejor campamento de padre e hija del mundo.
Para cuando reaccione, me encontraba sonriendo y el olor a chocolate me lleno de nuevo. Tome un largo trago y deje la taza en la mesa que estaba frente al sillón. Ahora me dispondría como meta conocer todo sobre los licántropos. El único problema era que Demian era demasiado escurridizo, no sabía cuando iba y venía, pero al menos el hecho de saber que existía había creado un lazo entre nosotros. Era justo pensar que no debía de saberlo y que algún problema tendría que haber de por medio, pero lo único peligroso que veía es que si Demian se cansaba de mi, podría matarme.
Me senté correctamente en el sillón y pensé de nuevo que ahora debía enfocarme en mantener su atención. No provocar algo que no le simpatizara y por ende que me matara. Sonreí satisfecha. Era un reto bastante estúpido, pero algo había que lo mantenía interesante. Más tarde habría de buscarlo para concertar un especie de trato, aunque con su ya conocido temperamento seguramente se reiría en mi cara. Pero debía intentarlo, no tenía nada que perder, ahora que lo pensaba detenidamente.
El resto de la tarde transcurrió tranquila y podría decirse que aburrida. El empleo de limpiar la nieve de las cocheras me mantenía ocupada, pero no podía evitar mirar de reojo al bosque, y pensar que tal vez Demian me vigilaba de alguna manera.
Christine, como siempre, no paraba de preguntarme cosas, mayormente que le dijeran que estaba bien de la cabeza. Su mayor temor era que hiciera alguna estupidez que cobrara mi vida.
Me miro y le sonreí mientras seguía cavando y echando la nieve a un lado.
No la culpaba. Yo era su mejor y única amiga. Era normal que se preocupara si me quería matar ahí mismo o más tarde, pero sus reacciones a veces eran extremadamente exageradas.
Pero había algo más.
Christine estaba enamorada de mi hermano.
Le había dolido mucho su perdida, aunque jamás lo hubiera mencionado, se notaba mucho la tristeza en sus ojos, que como los míos, estaban un poco menos apagados, pero siempre se quedaba callada al ver una foto de mi hermano. Nunca supe si Mike le correspondía por igual, ya que él era algo mayor, pero siempre la trataba con mucho cariño y ella estaba más que satisfecha con eso. Aun cuando mi hermano tuviera una novia por ahí, a ella le bastaba un abrazo de mi hermano para sentirse amada. Quizá Christine solo quería salvarme a mí, como su única amiga y para no sentirse tan culpable por la pérdida de Mike. De alguna forma, probablemente se sentiría amada de nuevo, imaginando que si yo estaba bien, Mike, donde quiera que estuviera, le daba las gracias.
Sonreí ampliamente.
-¿qué te pasa, loca? –Christine me miraba con una mano en su cadera y el cuerpo apoyado ligeramente a la izquierda.
-oh nada –respondí mientras continuaba cavando- solo recordaba cosas.
Christine alzo una ceja y me miro por unos segundos; un obvio signo de su exhaustivo análisis por encontrar algo raro.
Reí un poco.
- no me voy a cortar las venas –dije con sorna
- ¡Nadie dijo eso! –Grito consternada- me preocupa más que consideres ese pensamiento.
- es solo que es obvio que piensas que lo hare… perdí a mi familia y estoy sola –clave la pala en la nieve y me apoye en ella mirando a Christine- mi perfil psicológico encaja perfectamente.
- No creo que seas capaz –dijo palideciendo.
-entonces deja de pensarlo –masculle entrecerrando los ojos con burla- nunca se sabe cuando se me antojara aprender a hacer nudos…
-¡Michelle! –grito mi amiga realmente enfadada y esa fue mi señal para terminar con la broma.
Como Christine y yo habíamos quedado agotadas, terminamos en su casa preparando chocolate caliente y la cena. A sus padres les daría mucho gusto que hubiese regresado y estuviera riendo.
Bromeamos sobre lo que nos esperaba en la escuela, de lo popular que debía ser ahora que no tenía padres. Que quizá pensaran que me haría rebelde y rompería corazones en los pasillos. Realmente no había reído de manera tan sincera. Era como recuperar algo de esa felicidad que había sido absorbida por el funeral. El verdadero motivo por la cual sonreía con más naturalidad, era también el hecho de que me emocionaba saber más sobre Demian y su raza. Era como emprender el viaje que solo Julio Verne podría describir en sus libros. Era alcanzar los confines de la tierra en cuanto a conocimiento.
Entre bromas y más chistes, la cena se hizo más amena y pude disfrutar una cena más "familiar". Por un momento tuve miedo de regresar a casa y encontrarme sola de nuevo, pero el tener cerca a Christine y su familia me daba la seguridad que si yo andaba mal, solo tenía que recurrir a ellos, y el bienestar y las risas volverían en un parpadeo. No paso mucho cuando el tiempo nos apremio y ya eran pasadas de las doce. Me disculpe ante ellos por quitarles el tiempo y ellos agradecieron mi compañía. También me ofrecieron llevarme, pero como el pueblo era muy tranquilo y me apetecía mucho caminar para reflexionar, me acompañaron hasta la puerta y se quedaron ahí hasta que me perdí de vista.
Me encantaba el frio, me fascinaba. No había mejor sensación que sentir el frescor del aire y luego ser custodiado por el calor interno. Era una fortaleza que solo yo podía percibir. Me sentía valiente y tenaz, caminando en la oscuridad, como si estuviera rodeada de enemigos y solo mis pasos despreocupados fueran mi única arma contra ello. Así me sentía los días y noches que estaba relajada. Tal vez así se sentía la seguridad, pero eso era algo que no estaba tan cercano a mí. Ahora mi vida era una lucha día a día por la supervivencia, y tenía una motivación, un amuleto que me mantendría con vida.
Pero ese amuleto, como decía antes, es muy escurridizo.
Cuando entre a casa, no me sorprendió ver a Demian recostado en el sillón. Había dejado la ventana abierta a propósito, tenía que darle una invitación, y nada como la ventana abierta para dejar el paso del aire y de los extraños aventureros.
-Llegas tarde –dijo aun con los ojos cerrados, como si fuera algo que pasara a menudo.
-¿y eso que te importa? –estaba de buen humor, pero su carácter simplemente me apretaba las entrañas.
-¿No había quedado claro tu tono de voz? –siguió con el cinismo y despreocupación
- ¿Qué? ¿Este? –Forcé la voz con sarcasmo- yo puedo hablar como me plazca, estoy en mi casa y tu eres un invasor.
Demian se rio burlonamente aun con los parpados cerrados, como si lo que hubiera dicho fuera una reverenda estupidez. Y así lo era, si recapacitaba mi posición.
- escucha –continúe quitándome el abrigo y encaminándome hacia él.
Ya que estaba en el sillón largo y recostado, por un lado estaba la mesa decorativa de la sala. Camine por el pequeño pasillo entre el sillón y la mesa y me senté sobre ella. Mirándolo al rostro.
Demian no se inmuto, al contrario, solo abrió su ojo izquierdo y me miro para comprobar mi posición. Al parecer, no representaba ningún peligro para él, y eso me alegraba. Solo así podía comenzar con la negociación.
-te tengo una propuesta- proseguí con entusiasmo
- no tienes nada que ofrecerme…-guardo silencio- y por ende ni yo nada que ofrecerte.
- puede ser- alegue alzando una ceja- pero te diré que ambos podemos compartir información.
Demian siguió callado y yo me desespere
-¿Por qué estás aquí entonces?-pregunte súbitamente.
Y parece que la pregunta surtió efecto. Demian abrió los ojos y me miro mientras se levanto. Se sentó con las piernas ligeramente entre abiertas y de manera imponente se puso frente a mi; el sentado en el sillón y yo en la mesa.
-¿tú que ganas?- me pregunto- mejor…. ¿Qué gano yo?
Lo mire fijamente a los ojos y pensando que podría ser una pregunta de prueba pensé con cuidado.
- Ambos compartimos una singularidad que nadie más podría percibir…
-Nadie más sabe que estoy aquí –se burlo.
-ambos somos huérfanos, tú no tienes nada que perder…yo tampoco. Solo somos como los niños perdidos de Peter Pan. Estamos en el lugar correcto, solo es cuestión de hablar.
Demian alzo la ceja no muy convencido.
- y si no te convence, puedes matarme –me acerque a él, para hacer la propuesta más apetitosa y mirándolo con una sonrisa.
Demian se quedo callado. Como si hubiera sido algo de mal gusto. Sentí un ligero vacio pero me contuve a mantenerme igual. Apoyo sus manos en el borde del sillón y pude contar que respiro con suma cautela cuatro veces.
Un largo silencio se apodero de nosotros.
Pude notar algo ligero, algo que solo se da cuenta una persona cuando se está lo suficientemente cerca de una persona que parece ser indestructible. Lo delataba su respiración. Una ligera grieta en su espíritu.
Finalmente, Demian lanzo un suspiro y bajo el rostro. Su cabello le cubrió más su frente y de pronto el matiz de todo era abrumador. No tarde en sentirme culpable. Estaba a punto de poner una mano en su hombro, para confortarlo pero el mismo me interrumpió.
- estoy huyendo –dijo en un tono tan bajo, que apenas lo oí, y supuse que esa era la intención.
-¿Por qué? –susurre. Supuse que aquello era el inicio de la entrevista, así que debía ser muy intimo para él. No quería obligarlo a hablar fuerte, tendría que amoldarme a él.
Aun así, Demian negó con la cabeza, y alzo su rostro, para dedicarme sus ojos azules, tan incomprensibles como siempre, pero esa vez no estaban fríos. Eran ojos cansados.
- Fue por eso que viniste aquí –agregue.
- ellos jamás imaginarían que estoy con humanos.
-¿ellos? –Pregunte sorprendida- ¿hay más?
Demian rio y me miro como si fuera una tonta
-¿acaso esperabas que fuera el único?-
-más de uno si –replique- pero siento que lo dijiste como si fueran muchos.
-con unos cuantos basta –agrego apagadamente
No comprendí a que se refería, pero note que cuanto más hablábamos, Demian ya no era tan grande como al principio.
- eventualmente me encontraran –siguió, mientras su mirada se perdía- no podre estar aquí mucho tiempo.
Y sentí otro vuelco en mi corazón. La luz de mi esperanza se extinguía
- No…no…no…no…-dije levantándome de pronto, que causo que Demian me mirara con sorpresa- no puedes rendirte, eres un licántropo- dije casi gritando.
Demian sonrió, pero esta vez me sorprendió que fuera más sincera
-¿y ellos no lo son? –agrego con sarcasmo
- pero eres grande-
-ellos son el doble-
-eres rápido -Demian me respondió con un gesto negativo.
-¿tengo que repetir la frase?-
Me mordí los labios desesperada. Demian solo me miraba con el rostro levantado.
-¿Por qué te importa? –pregunto alzando una ceja mientras yo iba de un lado a otro pensando
-¡Cállate que no me dejas pensar!
Demian entonces alzo ambas cejas con una evidente sonrisa
- Mira que sorpresa –y tras decir esto se echo a reír
-No le veo lo gracioso –dije mirándolo enojada
Demian dejo de reír y aspiro una gran bocanada de aire, lo vi de reojo y vi que se relajaba.
- tardaran un tiempo en darse cuenta –
-¿Cómo estas tan seguro?-
Demian giro el rostro y me miro
- confía en mí – dijo sonriendo.
Sus palabras bastaron para que lo hiciera. Sabía que había un plan mas allá de una sonrisa despreocupada.
-Bien, lo hare –dije convencida.
Demian volvió a alzar las cejas.
-¿Por qué ese voto de confianza?-
-Por qué tenemos un trato- ahora la que sonreía era yo
-No –dijo enseguida poniéndose de pie- yo nunca acepte.
-No tienes que aceptar, será como un voto de silencio. Yo no diré que aceptaste, ni tu dirás que yo lo acepte.
-¿Por qué si se supone que es equitativo, estas poniendo los términos tu?-
Lo mire e hice un gesto de reproche con la boca.
-¿Qué quieres? –pregunte con brusquedad.
- nada de ti, eso está claro- dijo alzando una ceja y mirándome con desdén
-por mi parte igual –dije con indiferencia.
- Si duermo afuera, quizás encuentren mi rastro más rápido de lo normal –su sonrisa no disminuyo, pero cambio a modo de travesura.
-¿Qué sugieres?- dije imaginando lo que ya venia
- el sillón me parece cómodo-
-Ni hablar –dije negando con la cabeza
- son mis términos- dijo él, ahora más serio
- si tus amiguitos vienen aquí, seré la primera víctima.
-eso no me importa- dijo el enojado- de todos modos ya eres la victima conmigo, si me aburres puedo acabar contigo en un abrir y cerrar de ojos.
Iba a contradecirle cuando de pronto vi como se transformaba en el enorme Lobo. Por suerte no cayó encima de la mesa y solo se oyó el ruido que la duela de madera hace al resistir objetos pesados. Se acercaba peligrosamente y yo retrocedí un par de pasos nerviosa.
-¡Muy bien! –grite cerrando mis ojos.
Para cuando los abrí, Demian había vuelto a su forma humana y sonreía como un tonto.
-Pero no dormirás en el sillón, si alguien viene de visita, podría verte desde la ventana y eso supondría un problema.
-¿Qué sugieres? –alego encogiéndose de hombros
Y de pronto ambos estábamos a los pies de la cama de mi hermano.
Demian alzo una ceja
-¿bromeas?- se quejo
-disimula al menos ser un humano –dije gruñendo- además…-comencé a mirarlo de arriba abajo.
-¿Qué? –me miro de manera rara, pero enseguida capte que estaba cohibido
-Necesitas ropa nueva
-No –agrego con seriedad- tus términos…mis términos…ya cumplí uno tuyo –dijo apuntando la cama que era de mi hermano-
-¿no me digas que me vas a pedir que te haga de comer?- alce una ceja.
Demian sonrió ampliamente
- tendría que estar enfermo de la cabeza para considerarlo –dijo orgulloso- prefiero cazar, es más seguro…y divertido.
Lo mire con asco
-Que despreciable –dije negando la cabeza.
-No tengo que justificarme contigo –se encogió de hombros- es mi naturaleza
-ahora…sobre eso…-dije mirándolo fijamente- ¿Por qué comen humanos?
Pregunta equivocada. No sé si era demasiado estúpida o curiosa, pero eso hizo que Demian volviera a tener un semblante frio como el hielo. En serio, muchas veces me preguntaba como cambiaba sus facciones tan rápido.
-Solo lo diré una vez –su voz volvió a ser gruesa y mortífera y camino lo suficiente para estar a unos pasos de mi, y de manera amenazadora- Tu jamás me has visto hacer lo que viste aquella vez.
-¿Asesinar a un ser humano? –aunque estaba asustada, eso no impedía que estuviera ofendida por su agresión a mi especie.
Demian se quedo quieto y me miraba bastante enojado, pero yo no cambie mi semblante.
-Comer carne humana- agrego, y lo dijo con mucho esfuerzo, como si le pesara.
Hice un gesto con la boca. Estaba confundida.
-Lo que hiciste… -dije dando un paso hacia el, observando su rostro- ¿no es común entre ustedes?
Demian desvió la mirada avergonzado.
-Dejémoslo con el hecho de que también merecen vivir –agrego en un susurro.
Alce las cejas con sorpresa. También una sonrisa se dejo entrever en mi rostro.
-entonces no puedes chantajearme del todo, ¿o sí? –
Demian se acerco a mí y me tomo de la muñeca. El sonrió como si de un reto se tratara y comenzó a apretar mi mano. El dolor se recorrió por mi mano.
Aun cuando trataba de soportar el dolor, Demian sabía que me estaba lastimando.
El seguía hablando en serio.
- si ellos se llegaran a enterar que tú sabes de nosotros- susurro muy despacio y de forma clara- Yo no sería el único al que perseguirían.
Demian me soltó la mano con brusquedad y sentí que la sangre volvía a correr de forma dolorosa por mi mano.
No está de más decir que yo estaba furiosa. Asustada también, por el hecho de que creía sus palabras. Pero aun así por su falta de sensibilidad.
Era un verdadero salvaje.
El sabía que lo miraba con odio. El sonrió complacido y se cruzo de brazos. Me miro y luego hacia la puerta. Esperando ver cuando me iba de allí.
- Si le haces algo al cuarto de mi hermano, yo misma te mato –
Demian miro hacia otro lugar y pasó su lengua por sus labios, se acerco a mí y quedamos a menos de un palmo.
-me gustaría ver que lo intentaras- susurro mirándome directo a los ojos.
Y con ese sentimiento de impotencia me largue de la habitación. Cerré la puerta de un azote y me fui directo a mi cuarto. Tome una almohada de mi cama y la apreté contra mis labios mientras empezaba a gritas toda clase de incongruencias.
Demian seguramente las oiría. No se necesitaba ser tampoco un lobo para oírlo, pero tenía que descargarlo de algún modo, porque ya tenía la idea de ir por los cubiertos de plata, y no quería hacer alguna estupidez.
-Y por favor deja de hacer ruido- oí que Demian gritaba desde el otro lado de la pared- soy muy sensible del oído.
Yo sabía que se burlaba de mí, que se estaba riendo. Y eso me enfureció más.
-¡Cállate de una buena vez, estúpido perro insensible!- grite descargando mi ira.
Demian solo continuo riendo, lo escuchaba. Él lo sabía, y ese era su propósito.
Yo jamás entendía por qué la necesidad de un carácter tan pesado. Pero de alguna manera pensé, que si Demian no era de esa manera, no seguiría con vida.
Pero aun así, le odiaba.
Y terriblemente.
Para cuando desperté, el nudo de rabia que sentía en el estomago había disminuido considerablemente. Si Demian estaba por ahí, al menos podría verlo a la cara. Podía imaginar que se parecía un poco a mi hermano, pero es el hecho de que todos los hombres son iguales en ciertos aspectos: una vez que encuentran la manera de hacerte enojar, ya nada los detiene.
Me cambie la pijama y salí del cuarto asomando la cabeza. No es que tuviera miedo, pero no tenía nada de malo con ser precavida. Además, el mismo lo había dicho: lo buscaban. No era por ser paranoica, pero una vez hecho el trato, las consecuencias pueden venir directamente de la mano, así que mis actitudes precavidas no tenían nada de malo.
Una vez que no encontré peligro alguno, me dirigí a la habitación de mi hermano y entre sin tocar. No esperaba encontrar nada malo, porque hasta eso creí que Demian podía respetar un poco las cosas, pero me sorprendió el hecho de que nada se había movido de su lugar. Incluso las sabanas estaban bien acomodadas y sin señal de que alguien se hubiera acostado ahí.
Eso solo significaba que Demian no había dormido en la cama.
Salí algo consternada y me dirigí a la cocina para prepararme algo de desayunar, pero me encontré con la sorpresa que Demian estaba en la sala, recostado en el sillón, como ayer.
Me quede de pie observándolo. El solo parecía descansar y de nueva cuenta estaba con los ojos cerrados.
-¿Ahora qué? –dijo él en tono fastidiado.
- Nada –dije dirigiéndome a la cocina a hacer mis cosas
-¿no sigues enojada? –su voz se oyó burlona.
-¿para qué? –Dije encogiéndome de hombros- tarde o temprano lo volverás a hacer
- Que lista –rio un poco
- no es difícil de predecir, actúas igual que mi hermano.
Hubo un silencio y yo lo interprete como el fin de la conversación. Me dirigí al refrigerador y cuando abrí la puerta me cubría la vista de la sala. Saque unas cosas y me di cuenta que algo olía mal y solté un suspiro al darme cuenta que tenía que empezar a limpiar la cocina antes que todo.
Cerré la puerta y me asuste al ver que Demian estaba parado demasiado cerca. Lo había hecho a propósito.
Yo respondí alzando una ceja y tratando de relajar mis asustados latidos.
- Anoche no me dejaste dormir –ahora el me miraba indignado y creí que solo quería molestar
-¿ah sí? –Dije con indiferencia- pues según yo no ronco o algo así.
Me acerque a la barra de la cocina y acomode las cosas para prepararme un sándwich. Demian continuo parado mirándome; no le veía, pero se podía percibir.
- no estabas roncando –dijo él en tono indignado- estabas llorando.
Me quede quieta un segundo y me imagine estar llorando en medio de la noche. No me avergonzaba de ello, se suponía que era algo normal.
-bueno, que quieres…no tengo mucho que estoy sola –replique para defensa propia- además, finalmente te fuiste. Entre al cuarto pero no estabas.
- solo hice una guardia general –agrego encogiéndose de hombros.
-ah –entonces capte que él también se sentía de alguna forma inseguro. No lo culpaba, aunque no me hubiera gustado que me viera asomando la cabeza como un conejo asustado.
-¿ya comiste algo? –pregunte tratando de continuar la conversación.
Demian alzo una ceja
-¿Qué? ¿Acaso me invitaras a comer?- pregunto con sorna.
Yo solo me encogí de hombros, no estaba de humor para enojarme.
-solo se hacer un sándwich –dije ofreciéndole un pan.
Demian se quedo callado y solo me observaba como si de pronto tuviera que ser precavido conmigo.
-Ya comí –dijo con indiferencia- hay muy buena comida allá afuera, no entiendo porque no van a cazar, ustedes los humanos.
-Protección a animales –agregue dando una mordida a mi "magnifica" comida
-¿protección a qué? –alzo una ceja más que sorprendido y comenzó a reír
-Digamos que los humanos nos sentimos culpables por invadir propiedad animal, así que tratamos de no cazarlos…ya sabes…darles su espacio –no era una buena explicación, pero era la mejor que tenia a la mano.
-vaya que sorpresa, humanos que cuidan la naturaleza –dijo entre sorprendido y burlón.
-oye- replique ofendida- acepto que no somos una especie muy respetada, pero algunos queremos ser la excepción.
- sí, se nota que se esfuerzan –dijo con sarcasmo.
-Bueno de que te quejas si estás aquí conmigo, para tu supervivencia tienes que convivir con humanos.
Demian se quedo callado y por su expresión eso le dolió. Yo sonreí en mi interior.
- mira no es por ofender, en serio –dije mirándolo- pero no entiendo muy bien porque huyes
- eso no te importa –respondió mordaz.
- bueno, bueno –dije agitando mi mano mientras daba otra mordida a mi sándwich- si no me quieres decir, está bien, pero no se que harás para defenderte si vienen.
-eso déjamelo a mí –tenía un tono egoísta- deberías preocuparte más por ti.
- no te preocupes –respondí despreocupada- tengo algunos objetos de plata.
Demian guardo silencio consternado.
-¡aja! –grite victoriosa- entonces si les hace daño la plata.
- si tienes un collar de plata, lamento informarte que puedes darte por muerta –sonrió burlón.
- pues para tu información, tengo cuchillos de plata.
Fue entonces que el puso cara de sorpresa.
- incluso puedo defenderme de ti, por lo que veo –agregue orgullosa.
-podemos resistir la plata, y se necesitaría más que eso para derribarme –me miro de arriba abajo- que una humana como tú me gane –soltó un bufido- es estúpido
-tienes demasiado orgullo –agregue ofendida
- las batallas de los licántropos no son con armas –dijo viéndome fijamente- no es como ustedes que se esconden detrás de cosas que esperan que hagan su trabajo. Si de verdad quieren quitar la vida, háganlo ustedes mismos, carguen con la verdadera culpa.
Yo me quede callada, su respuesta tenía mucho sentido.
- la verdadera lucha viene de las ganas de pelear. La fuerza. Una pelea no es solo mordidas y desgarrones. Es tu honor lo que va de por medio. Tienes que ser una verdadera fiera y tener muchas ganas de vivir para poder vencer. Por eso tú no eres siquiera una oponente digna.
Cerré los ojos ignorándolo mientras masticaba mi comida. Trague lentamente y luego le mire.
- bueno, entonces muérdeme y esperemos unos días.
Demian se echo a reír.
- ¿acaso eres tan idiota en creer esas cosas?
- ¿siempre tiendes a ofender cuando se te hace alguna pregunta? –dije tranquila pero ofendida
- solo si son preguntas realmente estúpidas –seguía riendo pero trato de calmarse un poco y me miro más serio- Mira, para ser un hombre lobo, tienes que nacer con ello…no es solamente algo que se da. Tienes que ser digno para ello.
-bueno, entonces solo entre ustedes los licántropos se reproducen –dije viéndolo fijamente.
Demian volvió a guardar silencio
-No, eso es considerado una aberración –su voz volvió a sonar grave.
- muy bien, ahora estoy confundida.
- y te quedaras así, pues no planeo decirte nada más. No soy estúpido, se que provocas las preguntas para que de alguna forma te las responda.
Sonreí dándole la razón.
- entonces es viable que busquen pareja con humanos ¿no es así? –pregunte con una sonrisa de suplica.
Demian se me quedo viendo, sin saber si responder o no.
- así es, es completamente viable –respondió tranquilamente.
Después de eso hubo un gran silencio, y di por terminada la conversación.
- gracias –agregue terminando de comer.
Demian se quedo callado. Me miraba como si intentara buscar alguna mentira. Después solo agito su cabeza y me vio despreocupado pero con ligera curiosidad.
- Te gustan mucho…-yo le mire sin comprender- cuando estuve en tu cuarto…los vi por todos lados…los lobos…-
Había intriga en sus ojos.
Yo solo supe sonreír.
- es un amor que me inculco mi padre. A él también le gustaban.
-por eso me has dejado quedarme. Por eso no me temes.
-¿Por qué habría de temer algo que me fascina desde que tengo memoria?
Demian guardo silencio.
-debería tomarlo como un cumplido.
Yo me encogí de hombros.
- tómalo como quieras –dije en voz baja- solo quiero que sepas que eres una de las criaturas mas maravillosas que he conocido. Tu actitud y tu sarcasmo es parte de tu naturaleza, sin embargo eso no quita que sigas siendo un hombre lobo.
El silencio reino de inmediato.
Después de eso, Demian no volvió a decir nada.
Yo tampoco lo hice, solo me levante y me fui a mi cuarto.
Aun tenía que trabajar y seguir adelante.
