Notas de autora: 2011-03-26

Y llegamos al último episodio ;_; creí que se extendería más pero... al final se me ocurrió jugar un poco con el texto y... resultó esto =) ¿Quieren un epílogo? XD me encantaría que me lo hicieran saber, aunque la verdad apesto con los epílogos, pero bueno... creo que muchos querrán ver a Inu y Kikyo juntos ¿verdad? Jijiji, no digo más, gracias a todos por su apoyo y sus constantes reviews ^^ aunque esta fuera una historia corta, recibí muchas alertas y lecturas y por ello se los agradezco infinitamente =D ¡Gracias por sus hermosos mensajes!¡Y que disfruten del capítulo!

Disclaimer: Inuyasha y todos sus conceptos y personajes pertenecen a la gran mangaka Rumiko Takahashi, yo no poseo ningún derecho sobre ellos, esta historia está hecha sin fines de lucro, únicamente busco entretener y divertirme escribiendo. Nada aquí me pertenece, salvo la trama.

Sola.

Capítulo Final: Cuando la neblina se levanta.

Siento...

Pesadez. Amargura. Dolor. Sueño. Flojera. Triteza. Nostalgia.

Siento...

Que nada de esto tiene sentido, en realidad. Es como si estuviera viendo todo a través de una espesa neblina, fuera de mí, lejos de mí. Como... casi como...

Como si fuera otra persona.

Se que sigo siendo yo pero... es tan diferente de mí.

Los párpados me pesan, no dejo de escuchar las voces de un hombre exigiéndome tranquilizarme.

Todo se siente tan surreal. ¿Cómo puedo estar en tanto descontrol de mi cuerpo, cuando puedo pensar en cierto modo de esta forma?

Se que estoy luchando, se que intento liberarme del agarre de Sesshomaru, la simple cercanía de cualquier hombre hacia mí me aterra. Maldito Naraku.

Pero, se siente tan lejana esa lucha.

Pesadez. Amargura. Dolor. Sueño. Flojera. Triteza. Nostalgia.

A veces me diera la impresión de que me lo estoy inventando todo, que una vez más he caido en delirios y no estoy haciendo más que fantasear.

Pero el dolor es tan real.

-No quiero seguir sufriendo, no tengo por qué... tengo una buena vida, ¿por qué no se puede quedar así? ¿Qué me está pasando? ¿Qué-...?

-No lo pienses, solo confía en mí, incluso puedo terminar con este dolor si tú quieres. Terminemos con todo de una vez, Kikyo. Puedo llevarte con tus seres queridos, ¿no extrañas a tus abuelitos? ¿tu abuela que tanto te enseñaba? Podemos ir con ellos ahora mismo Kikyo, y te juro que ya nada dolerá.

-Inuyasha...

Su nombre sale de mis labios casi sin desearlo, casi sin pensarlo... y a la vez anhelaba tanto escuchar esas tres sencillas sílabas.

Lo extraño terriblemente.

Lo recuerdo todo. Lo recuerdo perfectamente. Todas y cada una de aquellas nubecillas de vapor que me rodeaban se van distanciando hasta convertirse en nada.

Pero... ¿qué caso tiene?

Han pasado ya cuatro años y sigo sintiendo un terrible dolor por la pérdida de Inuyasha.

Él lo era mi todo, fue mi amigo, mi confidente, mi maestro, mi enseñanza, mi amor, mi vida entera.

¿Qué importa un mundo donde no esté él?

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-Puedo llevarte, no estamos lejos. Kikyo. - escuchó nuevamente esa voz, tan conocida y familiar. Y ahora que la reconozco, escalofriante a la vez.

La voz de Kagome.

Kikyo observó a su alrededor, no había nada en ese lugar, todo era casi como una recámara blanca y brillante. No había ventanas, ni puertas, apenas y podía distinguir los bordes que diferenciaban el piso de la pared y del techo.

-Puedo quedarme aquí y olvidarme de todo...

-Así es, aquí estarás segura, Kikyo, te protegeré, nada malo nos ocurrirá nunca más.

-Estando encerrada para siempre en mi propia mente...

-Estando a salvo.

Kikyo esbozó una leve sonrisa melancólica.

-¿En qué me he convertido? Esta... esta no soy yo. Inuyasha se sentiría muy triste de verme en este estado...

Kikyo se acercó a una pared y puso su mano sobre ella.

Al instante siguiente, un fuerte viento comenzó a sentirse dentro de la habitación. Kikyo, sin mover su mano del lugar observó a su espalda.

Kagome estaba ahí.

-¿Esta es tu solución? - preguntó la muchacha de cabello azabache y fue cuando Kikyo terminó de ensamblar la última pieza del rompecabezas que era su mente.

Claro. Ahora todo tenía muchísimo sentido.

-Comenzaba a parecerme extraño que desde que olvidé a Inuyasha mi vida fuera de lo más normal y monótona posible. Tú eras esa pieza de anormalidad en mí.

Kagome frunció el seño levemente y bajó su mirada.

-Oh sí, claro, ahora resulta que todo es mi culpa, te dí muchas oportunidades Kikyo, hice todo por tí, me aseguré de que jamás, jamás nadie te hiciera daño, ¿y así me lo pagas?

Kikyo cerró sus ojos por unos segundos, para luego observar nuevamente la pared, después siguió hablando, como si no hubiera escuchado ningún reclamo provenir de Kagome... o mejor dicho, de sí misma.

-Ahora entiendo por qué jamás te veía cuando había personas cerca. Ni una sola vez... primero me hice creer a mí misma que Inuyasha era una ilusión, y después me hice creer que una ilusión era una mujer humana real llamada Kagome.

Creada para protegerme cuando estuviera sola, devastada, alterada, estresada o cansada.

Como aquella vez cuando volví a ver a Inuyasha.

Como aquel día en el trabajo que me serví un té para los nervios.

Qué potente e interesante, a la vez de confuso y catastófico, podía resultar ser el cerebro humano.

-¿Y así lo solucionarás? ¿Encerrándome aquí? - se escuchó casi como súplica.

Kikyo abrió sus ojos una vez más, para ver materializada frente a ella una puerta con forma de arco dorado.

-Dejándote donde debes estar. En mi mente y nada más.

Kikyo atravesó el arco, el cual inmediatamente se cerró tras de sí, opacando los gritos de desesperación de Kagome.

Debía aceptar que le dolía descubrir que ese otro punto de apoyo hubiese resultado ser también una vana ilusión creada por ella misma.

Qué agotador era todo.

Pesadez. Amargura. Dolor. Sueño. Flojera. Triteza. Nostalgia.

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Kikyo abrió sus ojos, por la que sintió una enésima vez en el día y observó a su alrededor.

Se encontraba en el consultorio de Sesshomaru, recostada en el sofá.

Sesshomaru se encontraba comiendo tranquilamente, sentado en una silla cerca de ella.

No había ningún rastro visible de Inuyasha en ningún lugar.

Pero no por ello no podía sentirlo.

-Ya despertaste, ¿cómo te encuentras? - preguntó Sesshomaru, acercándose a la joven, cuando ésta se sentó.

-...Agobiada. - soltó finalmente, con una leve sonrisa, que tranquilizó al joven psicólogo.

-...Y sobre el asunto Inuyasha...

-Ya lo recuerdo todo, Sesshomaru. Se que él falleció. Pero él... él aún está aquí.

Kikyo levantó su mano derecha, y tomó una posición curiosa, como si acariciara un rostro en el aire frente a ella.

Fue entonces que la figura de Inuyasha se materializó nuevamente delante de ellos.

-Energía, Inuyasha... - susurró Kikyo, con lágrimas en los ojos, mas sin dejarlas salir.

El joven ante ella lucía igual o más agotado que Kikyo. Pero al menos su mirada no mostraba ningún tormento, o asunto pendiente, algun arrepentimiento. Solo cansancio.

Kikyo se hincó junto a su marido y le abrazó. Todo aconteciendo frente a un mudo espectador, Sesshomaru.

-Lo lamento mucho, no quería olvidarte pero... - Inuyasha acarició sus cabellos, tranquilamente, y le devolvió el abrazo.

-No te preocupes por nada, Kikyo, no me debes ninguna explicación. - fue su respuesta queda, luego de un momento en silencio.

Kikyo esbozó una sonrisa y observó de frente al hombre que, estaba segura, siempre amaría.

-¿Me esperarás? - preguntó casi en susurro la joven.

-Lo haré, pero no te des prisa en venir. - El cuerpo de Inuyasha, poco a poco, volvía a hacerse translúcido, mas esta vez, también su esencia y presencia iba desapareciendo poco a poco con él. - Prométeme que seguirás tu vida, busca mis papeles, todo debe estar en orden, todo lo que hize, fue por tí, mi amor.

-Lo se... lo se, Inuyasha, lo se. - Finalmente un par de lágrimas resbalaron por las mejillas de Kikyo, a la par que ella se acercaba y daba un casto beso de despedida al joven pelinegro.

-Este 'beso lindo' - dijo Inuyasha, cuando ya su rostro comenzaba a desaparecer también. - Fue el más exquisito de todos.

Kikyo se sonrojó y finalmente dejó caer su mano a su costado, al mismo tiempo que la presencia de Inuyasha desaparecía por completo de la tierra.

Sesshomaru entonces se acercó a Kikyo y se puso de pie junto a ella.

-Se ha ido... - gemía en leves sollozos la joven, a lo cual Sesshomaru asintió. - Esta vez, se fue de verdad... - la profundidad de esa frase fue entendida por el platinado rápidamente.

Ya no había más neblina.

Ya no había otra esencia dentro de sí misma.

Ya no más 'protección'.

Ya no más Inuyasha.

Ya... ya no más Inuyasha...

Solo entonces Sesshomaru se hincó y abrazó a Kikyo, quien comenzó a llorar con gran sentimiento, liberando finalmente todo lo que había acumulado en su interior desde el día de la muerte de Inuyasha hacía casi cuatro años.

Ya todo había terminado.

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-Muchísimas gracias por todo, Sesshomaru.

-Fue un placer, Kikyo. Cuando sientas que te atores o necesites un empujón para seguir adelante, puedes agendar una cita con Rhin.

Kikyo sonrió ante el comentario. Observó a la joven secretaria, que vestía muy limpia y formal. Ella debía estar hecha un desastre. Había pasado casi dos días dentro de la oficina de Sesshomaru, gran parte inconsciente, y muy probablemente su cabello... no... DEFINITIVAMENTE, su cabello EXIGÍA una buena ducha.

Cuando la joven llegó al ascensor al final del pequeño vestíbulo, sintió que era observada y dio la vuelta, para notar que Sesshomaru le miraba fijamente, como queriendo decir algo.

-¿Qué sucede? - preguntó Kikyo, para luego observar cómo Sesshomaru parecía meditar algo importante.

-Mi padre... quiere hacer una reunión para ir a orar por el alma de Inuyasha, ya próximamente se cumplirán los cuatro años de su muerte y... bueno... Izayoi también irá y esperaba que tú...

El hombre guardó silencio repentinamente, no nervioso, solo no sabiendo qué más decir. El tema era delicado, lo sabía, pero era tan bueno mencionarlo ahora como después.

Kikyo, para su alivio, asintió tranquilamente, con una leve sonrisa en su rostro.

-Me encantaría saludar a 'mamá' y a 'papá'... llámame por favor para confirmar dónde y cuándo nos veremos, ¿está bien?

Sesshomaru asintió, cordialmente y dio la vuelta para ingresar a su despacho nuevamente.

-Hasta pronto, cuñado.

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Los perros son tontos, o simplemente el mío ocupa ir con un oculista, urgentemente, en serio. Es decir, ¿cuántos perros se quedan quietos o te ignoran cuando pasas justo a su lado? Definitivamente el mío es uno de ellos.

-¿Ahora tú también comenzarás a ignorarme? Eres un malagradecido, ¿sabías? - hablé, dirigiéndome a mi pequeña mascota, la cual al instante levantó sus orejitas y las dirigió hacia mí, para luego comenzar a correr a mi alrededor como si su vida dependiera de ello.

Bien, probablemente el hecho de que se encontraba dándome la espalda y yo estaba en dirección contraria al viento permitió que no me notara con anterioridad.

Finalmente abrí la reja que llevaba al pequeño jardín frontal de mi casa e ingresé, con mi pequeña mascota trotando tras de mí, meneando su rabito sin control.

Abrí la puerta de entrada e ingresé únicamente para dejar mi bolso y las llaves, tomando luego un paquete de las croquetas de mi pequeño perro de pelaje negro y blanco. Tras servirle de comer me aseguré de que la reja estuviera bien cerrada. Estaba segura, que éste sería el último día en que vería a Tamaki fuera de casa cuando yo regresara.

Pero me aseguraría de sacarlo a pasear de vez en cuando.

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Seis años ya. Llevaba ya viviendo sola en esta pequeña y cómoda casa, que mi adorado esposo, en paz descanse, había logrado comprar para nosotros, aunque ahora tuviera que usarla solo por mi cuenta.

Tenía un trabajo que me permitía subsistir sin problema, sin mencionar todo el dinero que me dejó Inuyasha ahorrado, para cualquier emergencia. Nunca he sido vanidosa ni comenzaré a hacerlo, aunque ahora dicen que luzco más alegre, estoy segura que eso mismo habría alegrado a Inuyasha.

Tengo a mi pequeña mascota que siempre me espera en el jardín de la casa, deseando que yo llegue para darle de comer y luego salir a pasear por un parque que está cerca del barrio y si bien mi vida podría ser catalogada de aburrida... poco a poco me estoy encargando de hacer varias cosas, de variar la rutina y no estar encerrada en mi hogar.

Tras darle de comer y rellenar su plato de agua, tras volver de nuestro paseo, ingresé a mi casa, esta vez para comenzar a preparar cena tanto para mí como para unas amigas que querían ver más a detalle la organización del baby shower de Sango, ¡Gemelos! Eso en verdad es algo hermoso.

Mientras dejaba que el agua hirviera encendí mi computadora y comencé a leer mis correos. No eran muchos, pero todos eran importantes o de la oficina o de mis amigas, invitándome a sus eventos o preguntando cuándo nos podríamos ver.

Generalmente debía agendar mis fines de semana con cuidado, no quería volver a prometer quedar con tres amigas y dejar plantadas a dos.

Tras terminar de revisar mis correos, acudí a atender la puerta, mis amigas habían llegado.

El hecho de que tuviera ya 25 años no me impedía seguir disfrutando mi juventud... a mi manera. Platicando, jugando algún juego de rol en línea, patinando, andando en bicicleta, disfrutando la naturaleza, divirtiéndome sanamente con mis amigas.

Finalmente terminada la cena y cuando ellas se hubieron marchado, me dirigí hacia mi habitación y, tras ponerme mi pijama, prendí por unos momentos la televisión. A veces encontraba alguna buena película para disfrutar antes de dormir.

-¿Un musical? Nunca he visto uno de estos... bueno, a ver qué tal está.

Dejando el control a mi lado me dispuse a acomodarme mejor en la cama. La película terminó y yo tenía ganas de ver algo más. Pero no podía, debía levantarme para ir a trabajar el día siguiente y ya era muy tarde.

- Tamaki - llamé, para luego escuchar a mi perrito correr y atravesar la puertita para perros que había instalado hacia más de un año.

Tras acomodarse cerca de mí, en la cama, la criatura quedó dormida casi inmediatamente.

Tomando el control apagué la televisión, para luego observar hacia el otro lado de mi cama.

Soltando un ligero suspiro tranquilo, comenzé a quedarme dormida, observando el buró, donde tenía una fotografía enmarcada de Inuyasha, sonriendo altaneramente, como solo él sabía hacerlo.

- Mañana comenzará un día más, una nueva aventura, algún nuevo proyecto, algún nuevo camino, quizá tome otra ruta de camión, o incluso me compre mi propio carro. Aunque no estés a mi lado, Inuyasha, no estoy del todo sola, porque me queda este maravilloso mundo que me dejaste.

Lanzando una pequeña oración al cielo, pidiendo por el eterno descanso del alma de su esposo, Kikyo finalmente cerró sus ojos y se dispuso a descansar, con una sonrisa eterna en los labios.

Notas de autora:

;_; no tengo palabras no se de dónde me salió todo este episodio, lo escribí en aproximadamente dos horas TT-TT no puedo creerlo, terminó ='3 muchas gracias de nuevo por todo su apoyo, ¡espero seguirlos leyendo en mis futuros proyectos! ^^ ¡gracias!