La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la traducción.

CAPÍTULO 7

-¿Tyler? –jadeó.

-¿Caroline? –respondió igual de perplejo-. ¿Qué estás haciendo aquí?

Jeremy apareció detrás de Tyler en las escaleras.

-Hey, he encontrado más vasos en el segund… ¿Caroline?

-¿Jeremy? –exclamó. Lo miraba a él y a Tyler, ninguno de los dos parecía tener una explicación. ¿Qué estaban haciendo ahí? ¿Cómo lo conocían?

Jeremy miró a Tyler-. ¿Qué está pasando?

-Ya me gustaría saber –murmuró Kol, tomando asiento-. Pero juzgando por la cara de Nik, la fiesta solo acaba de empezar.

Una vena latía en el cuello de Klaus, su cara estaba contraída por la furia mientras miraba directamente a Tyler.

Tyler. Nunca había llamado al chico Lockwood por su nombre. De hecho, lo había olvidado completamente. Pero ella le había contado todo sobre su Tyler, el exnovio infiel que justamente estaba en la misma ciudad que él, donde entrenaba al chico Lockwood. ¿Qué probabilidad había de que conociera a más de un Tyler que estudiara en Johannesburgo? ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

También conocía al chico Gilbert. Eso quería decir… ni siquiera podía pensar en lo que eso significaba. Ahora mismo todo lo que sabía era que ese estúpido cachorro con el que había pasado el último año entrenando la había engañado durante todo el tiempo. La francotiradora de Kol, su nombre era algo con H, ¿Heidi? ¿Hadley? Esa chica siempre estaba en la cama de Lockwood, en su apartamento, sentada en la encimera de su cocina sin pantalones, bebiendo de los cartones como si viviera ahí. Todo empezaba a tener sentido, los pequeños detalles que nunca se había molestado en notar. Los pequeños paquetes con cartas que Lockwood siempre apartaba, las llamadas que ignoraba, todo era ella.

Jeremy sacó la botella y las copas de las manos de Tyler para dejarlas en la mesa.

-¿Tyler? ¿La trajiste aquí? –preguntó.

-No… yo… ¿qué está pasando? –tartamudeó Tyler.

Caroline sintió como Klaus le soltaba la mano mientras veía horrorizada como salía disparado hacia Tyler, quien estaba nerviosamente recostado contra el barco hasta que golpeó la barandilla.

El puño de Klaus impactó contra la mejilla de Tyler con la suficiente fuerza para lanzarlo hacia atrás y caer al agua.

Caroline gritó.

Hayley murmuró algo y se apresuró a ir hacia el borde del barco para asegurarse de que estaba consciente.

Tyler salió del agua.

-¿Qué demonios? –tartamudeó, frotándose la mejilla.

-Fantástico –dijo Kol, palmeando a Jeremy en la espalda. Sacó el corcho de una de las botellas de champan y dio un gran sorbo antes de pasársela a Jeremy-. ¿Bebida con el espectáculo?

Jeremy le quitó la botella a Kol y vio extrañado a Klaus mientras tomaba un gran sorbo. El hermano de Kol se veía jodidamente amenazante y no quería ser el que estuviera en su contra.

Caroline pasó por su lado para asomarse al borde del barco. A Tyler le llegaba el agua por el pecho, mirando hacia el barco desde donde lo habían lanzado. Ella miró a Klaus que estaba lleno de rabia.

-No quiero volver a ver tu cara otra vez, gilipollas –gritó Klaus hacia donde estaba Tyler-. Hemos terminado, tan pronto como salgamos de este barco. ¿Me has oído? ¡Hemos terminado! Ahora trabajas para Kol. Aléjate de mi vista o te mataré.

Tyler miró a Caroline, intentando encajar las piezas.

-Caroline, ¿qué está pasando? –preguntó.

-Podría preguntarte lo mismo –tartamudeó.

-¡No! –le gritó Klaus otra vez-. No te atrevas a decir su nombre y no le hables. Ni siquiera la mires.

Tyler asintió lentamente, entendiendo al final la motivación que había detrás del puñetazo.

-Sacadlo –indicó Klaus a otro de los hombres del muelle.

Cogió a Caroline del brazo, arrastrándola hacia la puerta que los llevaría hasta la cubierta de abajo.

Sintió como todo le daba vueltas mientras la llevaban. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué están haciendo ahí?

Kol se apresuró a seguirlos.

-¿Tu cachorro preferido, Niklaus? ¿Qué hice para merecerlo?

-Solo mantenlo alejado de mí, Kol. Me pasé el último año entrenando a ese pequeño bastardo, odiaría ver que todo se ha fastidiado si lo estrangulo.

-Supongo que no esperaras un intercambio, le tengo afecto al chico Gilbert. Tenemos, lo que tu llamarías un ¿bromance?

-Quédate con tu Gilbert y llévate al chico Lockwood. Solo déjame solo. Tengo que hablar con ella.

Kol asintió y se dio la vuelta para hacer algunos chiste sobre la cara golpeada de Tyler.

Caroline siguió a Klaus por la pequeña escalera debajo de la cubierta. Él encontró una habitación y la metió en ella cerrando la puerta detrás de ellos.

-Siéntate –le señaló la cama.

Se sentó, viendo como daba vueltas alrededor del cuarto.

-Si esperas a que me disculpe, no voy a hacerlo –dijo él.

Quería enfadarse. De verdad que lo quería. A parte de toda la infidelidad, Tyler había sido muy bueno con ella. Le ayudó a sobrevivir. Fue el que disparó a Damon, impidiendo que la matara. Le ayudó a ser la de antes. Tenía tantos buenos recuerdos con él, pero a la vez, le rompió el corazón. Se lo había roto haciendo lo que ella estaba segura de que nunca haría. Era un poco satisfactorio el tener a alguien que le partiera la cara por ello.

-¿Por qué lo hiciste? –preguntó ella.

-Lockwood es el Tyler del que hablabas. El chico que te fue infiel. La razón por la que estabas en el avión.

-Sí.

-Quería lastimarlo. Te lastimó, así que yo lo lastimé. Así es como funciona esto.

-No tienes por qué hacer esto. No tienes por qué lastimar a la gente.

-Por supuesto que sí.

-No hace que me sienta mejor –ofreció. Quizás un poco, pensó.

-Me hace sentir mejor. Tendría que haber hecho más. No voy a sonreírle a la cara sabiendo lo que te hizo.

-¿Por qué está aquí? ¿Qué tiene que ver contigo y con tu hermano? -preguntó-. ¿Y Jeremy?

-Te lo explicaré –dijo él-. Pero primero. Tengo que saber algo.

Estaba formando círculos en la alfombra de las vueltas que daba.

-¿Conociste a Gilbert por Tyler? ¿Eran amigos, y así es como sabias su nombre también?

-No, conozco a Jeremy de toda la vida –dijo-. ¿Por qué?

Sacudió la cabeza. Esto no podía estar pasando. Ella no. Tenía una pequeña esperanza. Solo porque creció con ellos no significaba que ella fuera de una familia fundadora. Quizás no tenía nada que ver con ellos. Y no parecía tener 25 años. Podría ser más joven. Lockwood solo tenía 23 años, y Gilbert era más joven. Tenía que ser más joven. Su discreción era notoria, nunca dejaban que nadie menor a esa edad supiera alguna cosa. Si era menor, no era una espía. Si era menor, lo besó porque ella quería. No porque estuviera intentando acercarse a él para venderlo al consejo.

Acabaría odiándolo en el momento en que lo descubriera. No era una Gilbert ni una Lockwood. Rezó para que no fuera una Fell o una Salvatore, eran los peores.

-¿Creciste en Mystic Falls, Virginia? –preguntó sabiendo ya la respuesta.

Ella asintió.

-Necesito que me cuentes la verdad –dijo tomando sus manos, sus dedos tomando su pulso, un recordatorio de que podía decir cuándo mentía.

El tono había cambiado. No era el Klaus que había besado en la playa o el que juró protegerla. La pequeña amenaza en su voz, la manera en la que la sujetaba le recordaba a la primera vez que hablaron. Era tan peligroso, tan volátil.

Ella asintió otra vez.

-¿Cuál es tu apellido, y cuántos años tienes?

Le dio una mirada confundida. Era extraño lo que le preguntaba.

-Forbes.

-Mierda –susurró.

Su corazón se encogió. Era uno de ellos. Antes ya se había cruzado con Liz Forbes, era mucho más dura de lo que parecía, y ahora vio los rasgos que compartían las dos mujeres. Había sido tan vulnerable, tan personal con ella. ¿La hija de Liz Forbes? ¿Cómo podía ser tan estúpido?

-Y tengo 23 años –añadió.

Él dejó escapar un suspiro aliviado.

No lo sabía.

No era una espía.

Era real.

Lo odiaría en cuanto se lo contara, le suplicara que le soltara. Utilizaría todo lo que sabía contra él. Se echaría a reír con su madre, con todos los Salvatore y los Fell sobre lo estúpido que era, como le había contado todas esas cosas. Pero por un momento, ella había sentido algo. Lo besó en la playa. Deseó poder haberla retenido ahí para siempre.

-¿Klaus que está pasando? ¿Qué tiene que ver mi apellido con todo esto?

Sacudió la cabeza-. No quiero ser el que te lo cuente, me odiarás por ello.

-Hoy salvaste mi vida. Estás manteniendo tus promesas, me mantienes a salvo. Acabas de golpear y lanzar a mi exnovio por la borda por engañarme. No que apoye la violencia ni nada, pero fue bastante alucinante. No creo que pueda odiare.

Él soltó el aire y tomó sus manos.

-Todo lo que dije, es cierto. Me… me importas. Te mantendré a salvo.

Lamentó las palabras tan pronto como las dijo. No porque no fueran ciertas. Porque lo eran, pero no importaría. Cállate, deja de decirlo. Solo se reirá más con ellos. ¿Por qué sigues haciéndole esas promesas? No te querrá. No después de esto.

Ella lo miró, intentando descubrir que era lo que le quería decir.

-¿Puedes besarme una vez más? –pidió-. Antes de que no quieras hacerlo más.

-¿Qué es eso tan malo que no quieres contarme?

-Caroline, por favor.

Ella se acercó a él y lo besó suavemente.

Él la sujetó fuertemente, desesperado para que no acabara, no queriendo encarar el momento cuando ella se apartó.

Él siguió besándola, atrayéndola a él para que estuviera contra él, sus manos se movían por la espalda baja, intentando que recordara. Estás a salvo. No te lastimaré y no te dejaré. Solo quédate aquí conmigo. Cuando sintió que empezaba a separarse, intentó frenéticamente darle algunos besos más, trazando su mandíbula y su cuello, en un último intento. Eso era. Eso era todo lo que conseguiría.

-Cuéntame –dijo apartándose un poco.

Y lo hizo. Le contó todo sobre el consejo, sobre cómo estaban organizados, sobre como sus padres eran parte de ello su familia era su mayor enemigo, otra organización poderosa para destruirlos. Como él sabía más de sus padres que ella. Le contó sobre cómo se acercaban a potenciales miembros del consejo para que se unieran a ellos, como reclutaron a Lockwood y Gilbert. Le contó sobre como la cogerían el día que cumpliera 25 años y se lo revelarían todo, esperando que se uniera. Como a los 30 años sería un miembro, con mas responsabilidades y poder de voto en el consejo.

-30 –susurró ella.

-¿Caroline? –preguntó. Había estado asintiendo de manera calmada mientras él le había estado explicando todo. Estaba esperando a que diera golpes, que le gritara. No había tenido la reacción que esperaba.

-No puedo creer que me mintieran toda mi vida. Pensaba que tenía… ¿30?

-Caroline, ¿qué es 30? –preguntó intentado saber en qué estaba pensando.

-La primera vez que me… hizo algo. Le preparé una fiesta para los 30 años. No la quería. Pensaba que era porque su inapropiada y joven novia le recordaba su edad. Ahora todo tiene sentido. No me pregunto porque estaba tan estresado.

Klaus parpadeo. Había estado tan envuelto en el descubrimiento que ella había hecho del consejo. Que no había pensado en ello desde que volvieron al barco. Había estaba planeando en encontrar una manera de matarlo, aunque tuviera que buscar solo un nombre.

No había encajado las piezas hasta ahora. Por supuesto. Mystic Falls. No era un nombre común. El mismo Damon que la lastimó era el que lo había golpeado años atrás. Tercer miembro en su lista personal para matar después de los hermanos Fell, pero ahora mismo habían cambiado posiciones. Damon Salvatore era ahora mismo el número 1, era hombre muerto.

-¿Damon Salvatore? –preguntó.

La mirada en su cara era toda la confirmación que necesitaba.

Daba la casualidad que ella ya había salido con alguien tan homicida como él. El cuerpo de Damon podía competir con el suyo, y su ambición a medida que subía de rango en el consejo había sido proliferado Algunas personas en el consejo tenían tanta sangre en sus manos como el mayor de los hermanos Salvatore, y ninguno de ellos había proliferado tan rápidamente como él.

El pensamiento de ese vil y asqueroso miembro del consejo hizo que sus manos se convirtieran en puños hasta que sus nudillos se agrietaron. De toda la gente en el mundo, ¿tenía que ser él? Sintió como se quedaba quieto, una sensación que siempre tenía cuando iba a causar un gran dolor.

-¿Damon Salvatore? –rugió.

Prácticamente estaba gruñendo mientras daba vueltas por la habitación. Ella estaba empezando a ver el lobo que había en él y le aterrorizó. Parecía estar a punto de destrozar a alguien con sus propias manos.

Ella se apartó, temiendo por la rabia que crecía en él.

Él golpeó la pared, creando un crujido que cortó su mano.

Ella cogió una almohada de la cama y la sujetó delante de ella mientras se movía hacia la pared contraria.

Golpeó la pared una y otra vez, dejando rastros de sangre donde su piel se agrietaba en los nudillos.

Visiones de Damon Salvatore pasaban por su cabeza. Damon Salvatore golpeándola, sujetándola contra el suelo, forzándola, lanzándola a la cuneta y dejándola para que muriera. Hizo que su irritación creciera en su pecho, hizo que lo viera todo rojo. No podía soportar el pensamiento, las imágenes no se iban.

Siguió golpeando y pateando la pared hasta formar un hueco, dejando expuesta la habitación de al lado. No sintió ningún dolor cuando sus manos sangraban por haber golpeado una y otra vez. Todo lo que sentía era furia, rabia flotando por su mente sin poder parar las imágenes. Imágenes de Salvatore infringiéndole dolor y saliéndose con la suya. Quería ahogarlo en su propia sangre, cortarlo por la mitad, alimentar a los tiburones con él. No, eso sería demasiado rápido. Tenía que sufrir, después de lo que le hizo.

-¡Para! –gritó ella.

Él miró hacia abajo, notando la sangre en sus manos y empezó a reírse.

Ella se encogió.

Era una risa escalofriante, desprovista de humor, podía decir que estaba contemplando algo horrible.

Pasó una de sus manos por la cara. Estaba lleno de rabia y a la vez, era como si alguien le hubiera dado un regalo de navidad. había pasado los últimos días soñando con destrozar al Damon que la había violado. ¿Ahora descubría que era un hombre que ya odiaba? Y sabe dónde vive. Fantástico.

-¿Klaus?

-Voy a matarlo –murmuró.

-Eso no es necesario –dijo ella.

-Oh, sí que lo es –él se echó a reír.

Algo pasaba detrás de sus ojos que la aterrorizaba. Se veía peligroso y salvaje. Estaba planeando algo.

-No quiero que hagas esto, por favor –suplicó.

-¿Por qué? –le gritó-. ¿Ahora no es tan malo ya que eres parte de ello como él? ¿Quieres que te lleve de vuelta a Mystic Falls? ¿Para que puedas volver con tus amigos del consejo? ¿Contarles que patético fue el Lobo, salvándote, persiguiéndote, contándote todas esas cosas sobre él? Les encantará. Estoy seguro de que todos os lo pasaréis muy bien.

-No lo entiendo –dijo ella parpadeando para ahuyentar las lágrimas.

-No hay nada que entender. Los vas a escoger a ellos. Serás uno de ellos. Y yo como un tonto, te conté cosas, cosas que nunca le he contado a nadie.

-¡No sabía nada de esto!

-Bueno, ahora lo sabes, ¿qué pasará ahora?

-¿Por qué Tyler y Jeremy trabajan para ti si son de una familia del consejo?

-Nos acercamos a ellos antes de que lo sepan. Una vez que lo entienden deciden quedarse con nosotros.

-¿Por qué? Sus familias…

-Les ofrecemos cosas que sus familias no pueden. No espero que hagas lo mismo.

-¿Por qué tengo que escoger una? Ni siquiera sé que hay entre nosotros, ¿y ahora me cuentas esto? No sé qué hacer.

-¡Habrá una guerra! Yo estoy en un bando, y tus padres en el otro. ¿No lo entiendes? ¡No puedes estar en los dos! No puedes quedarte en medio.

-No puedes pedirme que te escoja por encima de todo, aunque me hayan mentido. Te acabo de conocer. No puedo darle la espalda a todo por ti. Casi no sé nada de ti.

-¡Deberías haberles dado la espalda hace mucho tiempo! ¡Ellos lo hicieron contigo! No puedo llevarte de vuelta ahí. Esa gente… Caroline, no dejaré que vuelvas ahí. No vas a volver a Mystic Falls. No te dejaré. Ese pueblo es una trampa mortal.

Él se acercó pero ella se alejó de él. Tenía miedo otra vez, como si todo el avance que habían hecho hubiera desaparecido. Sabía que lo odiaba después de lo que le había contado. No era justo. Por una vez que hacía las cosas bien, y era castigado por ello. Quería gritar y lanzar cosas. Le odiaría por ello, por retenerla todo lo que pudiera. Pero no podía dejarla marchar, sabiendo que gente como Damon Salvatore la merodeaban, sabiendo que había dormido en la misma casa que Liz Forbes, alguien que su madre había estado intentando deshacerse durante meses. ¿Y si enviaba una bomba? ¿O un francotirador? No podría soportar el pensamiento de ella caminando por Mystic Falls con un blanco en la espalda.

Ella lo miró fijamente. Era demasiado para no ser una rehén. Ahora descubría que su familia y sus amigos eran parte un club secreto del que no sabía nada. Que eran enemigos. Y ahora él se ha vuelto loco porque se abrió a ella y cree que ella volverá con ellos y les contará todos los detalles con unos cosmos como si fuera un episodio de Sexo en Nueva York. Él pensó que ella se echaría a reír con sus amigos de todas las cosas personales que le había contado, de sus momentos a solas. Pensaba mal de ella. Solo por lo que había descubierto, los sentimientos que tan difícilmente había intentado tener desparecerían. La volvía loca. Ahora iba a estar atrapada, todo por su ego.

-Así que estoy atascada contigo. Es mucho para ser una prisionera.

-Si fuera en algún otro lugar…

Ella lo fulminó con la mirada.

-No eres una prisionera, Caroline. Solo que… no es seguro.

Ella se cruzó de brazos y continuó mirándolo.

Sentía su mirada helada sobre él y miró hacia abajo. ¿Qué esperaba de él? ¿Qué la enviara de vuelta a la guarida del león? ¿Cómo no podía ver que era por su propio bien?

-Te dejaré un tiempo a solas –murmuró.

Vio cómo se iba de la habitación, cerrando fuertemente la puerta detrás de él. Era la primera vez en días que no estaba a su lado.

Esperó a sentirse aliviada de que le hubiera dejado tiempo a solas. Después de todo, ¿no se había pasado los últimos días recordándose a sí misma lo bonito que sería librarse por fin de él? ¿Entonces porque ver como se marchaba le hacía sentir tan vacía?

PROWL

Kol vio a su hermano acercarse, quien estaba dejando un rastro de sangre de sus manos en el lavamanos.

-¿Ya la has matado? –Kol sonrió satisfecho.

Klaus lo fulminó con la mirada.

-¿Eso es un no?

-Déjalo, Kol.

Kol se encogió de hombros y cogió la botella de licor, sirviendo dos vasos. Sujetó la botella para que Klaus la cogiera, esperando.

-Adelante –murmuró Klaus.

Kol lo echó en los cortes y Klaus apretó los dientes por el escozor. Podría subir las escaleras y conseguir un antiséptico real, pero correría el riesgo de encontrarse con ella. No quería encararla, la forma en la que lo miraba, la forma en la que todo se había ido a la mierda después de llegar al barco. Esto era lo mejor por ahora.

Cada uno cogió un vaso. El pequeño ritual vino sin pensarlo. El mismo desde que eran adolescentes. Un golpe en la mesa, chocando los vasos, golpeando la mesa otra vez, y beberlo todo de un sorbo. Kol sirvió otro vaso para cada uno y repitieron los movimientos. Golpe, choque, golpe, sorbo.

Con el segundo vaso ardiendo en su estómago estaba preparado para hablar con su hermano sobre ello.

-Es una Forbes. Solía salir con Lockwood, le estaba engañando con tu francotiradora.

-Que pequeño es el mundo –murmuró Kol-. ¿Quieres que la mate o prefieres hacerlo tú?

-Toca un solo de pelo de su cabeza y haré que supliques por la muerte –gruñó Klaus.

-¿Aun encariñado, Lobito? ¿Aunque sea una chica del consejo? Mantenerla con vida solo complicará más las cosas.

-¿Por qué no me dieron un perfil de ella? Habría reconocido su cara.

-Así que por eso es tan familiar…

-Debes haberla visto cuando estabas reclutando. ¿Por qué no medisteis su perfil?

-Solo tengo perfil de aquellos que pensamos que tienen potencial. Ahora la recuerdo. Era débil, torpe. Siempre en el hospital. Además, parecía ser del tipo superficial e inútil.

Klaus lo fulminó con la mirada-. No lo es. No estabas haciendo bien tu búsqueda. Su foto debería haber estado en mi mesa el año pasado junto a la del chico Lockwood, el joven Salvatore y todos esos Gilberts.

-¿Qué tiene de especial ésta? –preguntó Kol-. No lo veo.

-No voy a volver a advertirte otra vez, Kol.

-Sí, sí, lo entiendo. Me lastimarás mucho. No hay problema. ¿Qué harás con ella?

-No lo sé. Necesita quedarse con nosotros hasta que pueda sorprender a algunas personas con mi resurrección. Después de eso, dependerá de lo que quiera.

-¿Y si quiere unirse al consejo? ¿Contarles todo lo que sabe de nosotros?

-Ya me encargaré de eso. Tú no. Si alguna vez piensas en lastimarla, te juro…

-Vale, lo entiendo. Dios, Niklaus, nunca te había visto tan alterado antes. ¿Me vas a decir que la hace tan especial? Tus mujeres siempre parecen tan… ¿intercambiables? ¿Disponibles?

-Bueno ella no lo es, así que déjalo. Y no hables con ella sobre mis anteriores indiscreciones.

-¿Crees que puedes hacer que se una a nosotros? Sería un soldado terrible, pero supongo que podría hacer de señuelo. Podría utilizar a una distracción rubita para algún trabajo con los rusos.

-No vas a hacer nada de eso. La quiero a salvo.

-Aburrido –murmuró Kol-. ¿Así que quien será el afortunado ser que recibirá la visita de tu fantasma?

-Tengo a algunos en mente.

-Me encanta una buena persecución –Kol sonrió satisfecho.

PROWL

Vacilante Caroline volvió al muelle. Miro a su alrededor pero no vio a Klaus por ningún lado. Por suerte, Tyler y Hayley tampoco estaban por ahí. Solo un montón de hombres siniestros con grandes armas. Y Jeremy.

-¡Jeremy! –saludó.

Él sonrió y cruzó la cubierta para rodearla en un gran abrazo.

-¡Care! ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo has acabado aquí?

-Es una larga historia –suspiro.

-¿Estás… estás saliendo con el jefe?

-¿Klaus? –sacudió la cabeza, pensando en lo que había ocurrido en la habitación, las manos sangrientas-. No, lo acabo de conocer.

-No parecía eso. Se veía muy… protector contigo.

-Hemos congeniado rápidamente. En realidad no lo sé. ¿Cómo estás?

Jeremy se dio cuenta de la forma en la que había contestado a las preguntas sobre Klaus. Se preguntó qué era lo que no estaba contando.

-Oh, bien. Supongo que ahora sabes la verdad.

-Sí, Klaus me lo ha contado. ¿Desde cuándo estás con ellos?

-Casi un año. Igual que Ty supongo.

-Oh.

-Lo siento. No sabía que… lo acabo de descubrir.

-Está bien –dijo encogiéndose de hombros-. Sabes, Elena cree que has vuelto a consumir otra vez. Está muy preocupada por ti.

-Sí, era la forma más fácil de explicar porque siempre estaba fuera, así que seguí con eso. No quería preocuparla.

-Te ves bien, Jere. ¿Estás limpio, verdad?

-Sí. Me siento muy bien. Ya no tomo esas cosas. Esto ha sido realmente bueno para mí.

-¿Eres feliz?

-Sí. No lo sé, parecerá raro, pero esto es bueno para mí. Al principio era una forma para volver con mi familia, pero ahora, es como si hubiera encontrado otra nueva. Una que no siempre me mira como si fuera el jodido hermano pequeño drogadicto. Kol es asombroso. El mejor trabajo que he tenido.

-¿Qué tipo de cosas… ¿Qué te hacen hacer?

-Sabes que no puedo hablar de ello. Pero nada que no quiera hacer. Ésta fue mi elección.

Ella asintió. Era mucho para procesar a la vez. Pero estaba aliviada de que Jeremy pareciera estar ahí por decisión propia.

-Care –dijo suavemente-. Sé que es un poco egoísta, pero espero que si decides ser parte de todo esto, pase lo que pase, espero que escojas este bando, no el del consejo

-¿Por qué lo hiciste tú?

-Es más honesto. No fingen ser algo que no son, no te mienten sobre lo que pasa. Y pagan muy bien. Y hay alguna ventaja…

-¿Ventaja?

-Está bien, cuando conocí a Kol estaba buscando a gente que pudiera introducirse en el consejo unos años más tarde. Podría haberme matado, pero en lugar de eso me convenció para que me uniera a él. Vio que valía más vivo que muerto. Es genial, ¿verdad?

-Eres raro, Jere.

-Quizás, pero al menos soy divertido, ¿cierto? ¿Recuerdas las fiestas que solíamos tener en las cascadas?

Ella sonrió ante el recuerdo.

-Sí, Elena terminaba sacándonos arrastras a mí, a ti y a Katherine. La manera en la que me retabas a beber chupitos contigo toda la noche, estábamos tan borrachos que no podíamos ni llegar a casa. Creo que Stefan me tuvo que sacar de una de esas fiestas más de una vez.

-Y tú siempre acababas escapándote con Matt.

-Como si tú no hicieras lo mismo con Vicky. ¿Recuerdas cuando hicimos el paseo de la vergüenza en casa de los Donovan juntos?

-Como cada fin de semana –él se echó a reír.

PROWL

Klaus veía como se reía con el chico Gilbert. Parecía estar rememorar algo. Vio como el chico le codeaba juguetonamente, bromeando sobre algo. Hizo que se pusiera furioso por los celos.

Se veía feliz y relajada. Como si hablar con Gilbert le hiciera olvidar todo sobre los guardias armados del barco, de como le había contado todo sobre los secretos que su familia había estado manteniéndole en secreto. ¿Por qué no podía estar tan relajada con él? ¿Por qué siempre tenía que encogerse? No lo hizo, en la playa. No lo hizo cuando durmió junto a él en la isla, en la cueva. Pero ahora todo era diferente.

Vio cómo se reía sobre algo y le daba un pequeño golpe al chico. Dio un paso hacia delante, queriendo ir hacia ella, pero se detuvo. Estaría más feliz si él se mantuviera alejado. De ninguna manera querría que él estuviera cerca. No después de lo que sabía.

Ella levantó la mirada y lo localizó.

Él vio cómo se excusaba y se acercaba a él. El chico Gilbert asentía brevemente antes de escabullirse para buscar a Kol.

Bien, mantén ocupado a Kol. Pensó. No necesito que meta las narices en esto.

Se acercaba a él con un propósito. Había fuego en sus ojos que le recordó a cuando se despertó por primera vez en la isla. Estaba enfadada. Esperaba que se hubiera calmado después de su última conversación, de que aceptará el hecho de que se quedaría con él un poco más de lo que pensaba, pero parecía como si su enfado continuará creciendo y estuviera a punto de explotar.

Él miró a su alrededor y estaba contento de que los guardias y el chico Gilbert se hubieran ido. Bien. Sabía lo que venía y no sería nada bueno para su reputación que sus empleados vieran como una pequeña chica le reprendía.

Lo empujó lo más fuerte que pudo. Lo cual no fue mucho. No siquiera se tambaleó un poco.

-¡No vuelvas a hacer eso otra vez! –gritó.

Él la miró, confundido. ¿Hacer qué, exactamente? ¿Por qué estaba tan enfadada? Se lo había contado todo.

-¿El qué?

-Ya sabes el que.

-Te lo dije en cuanto supe quien eras –protestó-. Bueno, tuve unas palabras con Lockwood, entonces te lo conté.

-No estoy hablando de eso –gruñó.

-¿Entonces, de qué?

-De esto –dijo tomando una de sus manos.

Él miró los cortes.

-Oh –murmuró.

-¿Eso es todo lo que vas a decir? ¿Oh?

-Puede que me haya pasado un poco. Pagaré a Kol para que arregle la pared.

Ella sacudió la cabeza, incapaz de formular las palabras que él no era capaz de entender.

-¿Estás enfadada por la pared?

-Parecías tan atemorizante… pensé… pensé que ibas a…

-Mierda –murmuró entendiéndolo al final.

Había estado tan absorto en su rabia que casi no había notado que estaba en la habitación. Por supuesto. Sabía su historia. Cuando un hombre perdía los estribos cerca de ella significaba que iba a golpearla. Se dejó llevar, se olvidó de quien era, dejó que viera a su lobo interior en lugar de la persona educada y controlada que tan difícilmente intentaba ser para ella. Estaba acostumbrado a que la gente esperara ese comportamiento de él. Estaba acostumbrado a que no le importara si le temían, o si lastimaba a alguien. La culpa lo consumía por hacer que se sintiera amenazada por él, era un nuevo sentimiento. ¿No le gustaba ese miedo la primera vez que la encontró? Había sido divertido. ¿Qué había cambiado?

-Amor…

-No me llames así.

-Caroline –se corrigió a sí mismo-. Lo siento. No quería asustarte.

-Claro. Y lo próximo será "no era por ti" y después de eso será "no deberías haberme provocado" y después ser…

-¡No! –gritó.

Ella dio un paso hacia atrás a la defensiva. Él hizo un gesto de dolor, sabiendo que había empeorado las cosas al levantar otra vez la voz.

-No –dijo, estaba vez con voz más suave-. Nunca ocurrirá eso. Nunca te lastimaré.

-Lastimas a gente todo el tiempo.

-Lo hago. Y voy a hacer mucho más que lastimar a cualquiera que te haya levantado la mano. Lo sabes ¿verdad?

-Estoy esperando a que pase –susurró-. Allí pensé, que ibas a…

Cada vez que su puño golpeaba a pared, se imaginaba que era ella.

-Nunca. Nunca voy a lastimarte. Estás a salvo conmigo. Tienes que creerme.

-Pensaba que sí, pero, viéndote de esa manera… -dijo sin terminar la frase.

Él bajó la mirada. Otra vez, su impulso había sido su perdición.

-¿Qué puedo hacer para cambiarlo? ¿Cómo puedo demostrarte que nunca pasará eso?

-No lo sé –suspiró-. Solo quiero volver a casa.

-Voy a mantenerte a salvo. Estás mejor con nosotros que en Mystic Falls. Allí no estás a salvo.

-Preferiría estar en peligro que ser una rehén.

-¡No eres una rehén? –protestó.

-¿De verdad? Entonces suéltame.

Él sacudió la cabeza, frustrándose más. ¿De verdad valoraba su vida tan poco? ¿O era la perspectiva de pasar más tiempo en su compañía lo que le hacía querer huir a cierto peligro?

Kol apareció de debajo de la cubierta, y dejaron de hablar, ninguno de los dos quería que escuchara.

-Estaremos en el puerto en unos minutos. Te voy a llevar directamente a la jefa para que recibas el más cruel e inusual castigo.

-¿Y que será eso? –se mofó Klaus.

-Ya me gustaría saber. Probablemente sentarte en otro de sus brunches.

-Haz que Lockwood se mantenga fuera de mi vista hasta que lleguemos al coche y nos vayamos. Te lo digo en serio Kol. ¿Haz lo que quieras con él y su entrenamiento mientras no se meta en mi camino.

-No tienes porque… -protestó Caroline.

-Si –le cortó-. Aunque pensándolo mejor, Kol, dile que es libre de acercarse cuando quiera. Vamos a ver qué pasa si lo hace.

-¡Klaus! -protestó ella.

Kol señaló el muelle delante de ellos.

-Casi estamos en casa. Voy a llamarla y le haré saber que estamos de camino.

Klaus gruñó. No quería tener que lidiar con eso. Obviamente se molestaría con él por haberla preocupado, se quejaría y lo cubriría de besos. ¿Pero qué pasaría con Caroline? Sabía que su madre no le daría la bienvenida con los brazos abiertos. Iba a ser una pesadilla.

-¿A dónde nos lleva? –preguntó Caroline.

Él suspiró-. Parece ser que va a conocer a mi madre.

Espero que os haya gustado. A partir de ahora prometo subir cada semana un capítulo de alguna historia porque empiezo otra vez la universidad y no tendré mucho tiempo, así que ¡hasta la semana que viene!