Pesadilla.

Maya Pov.

Lo único que escuché era el sonido del disparo, y aunque gritaba nadie me escuchaba, o figían hacerlo. Por mucho que cumplieran mis caprichos, estaba visto que la palabra de mi padre era la que valía por sobre la mía.

¿De qué me servía tener todo esto? No podía proteger lo que amaba, no podía proteger a Marco. Corrí más de prisa, y tiré la puerta abajo, para ver lo que más temía. Si, era a Marco a quien había visto que arrastraban, y era Marco el que estaba ahora, con una bala en el pecho, muerto.

Escuché un grito desgarrador, que me asustó. No me di cuenta de que era yo ya que gritaba.


Ji Hoo sostuvo la mano de Maya mientras ella comenzó a revolverse en la cama. Estaba teniendo una pesadilla, y quedó comprobado cuando la escuchó gritar.

- Marco... no, por favor, no... Marco...

Decidió que sería mejor despertarla ahora, fuera lo que fuera, ese sueño no le hacía nada bien. Ella finalmente abrió los ojos, sólo para empezar a llorar.

- Lo mató... lo mató... no pude hacer nada y él lo mató...

- ¿De qué hablas, Maya? - iba a decir que fue sólo una pesadilla, pero lo dudaba.

- Lo mató por mi culpa, porque lo amaba. Si tan sólo le hubiera escuchado y me hubiera apartado, estaría bien... era yo la testaruda, no él, era yo quien no quería dejarlo...

Maya continuó llorando por un largo rato, incapaz de seguir hablando. Si antes había creído que eso le afectaba, no fue nada comparando con la Maya que vio luego de recibir esa llamada. No quedaba rastros de energía, de alegría, de nada.

Cuando empezó a calmarse, él le pasó una taza de té caliente, que aceptó enseguida.

Ella sabía que debía serenarse y pensar. Vio al hombre sentado cerca de ella, el único durante esos años que la había visto llorar, que conocía lo débil que en realidad era. Yi Hoo tenía una vida tan serena, él era un alma pacífica, no podía involucrarlo a él también. No podía involucrar a esta familia, que parecía casi como su familia, y no podía arruinar de esa forma la boda de Jan Di y Joon Pyo, ni la felicidad del F4. Esos hombres le caían demasiado bien.

Para salvarlos, sólo quedaba una cosa por hacer: marcharse. Y ellos no la dejarían marcharse así como así.

- ¿Quién es Marco?

Al escuchar ese nombre, ella tembló. Pero por algún motivo, sentía que podía, o quería, contárselo todo a él.

- Su padre trabajaba para el mío, éramos amigos desde que yo soy capaz de recordarlo. Pero nos enamoramos, y ése fue nuestro error. - dijo, dejando la taza vacía a un lado, en la mesa de noche – Marco fue mi primer amor, y yo estaba segura que él era mi alma gemela, aunque éramos unos chicos.

La idea de Maya amando era algo que no había contemplado antes.

- Entonces, mi padre lo mató. Y yo huí. Tuve que parecer sumisa durante semanas antes de que confiaran un poco más en mi, cogí dinero, una bolsa de viajero y escapé de casa una madrugada.

Mientras hablaba, miraba fijamente sus uñas. Tenía miedo de cómo la podría mirar Ji Hoo ahora, que conocía su vida. Sentía vergüenza, más que nunca, delante de él, que era todo lo que ella, aunque quisiera, no podía ser. Porque una parte de su corazón aún seguía sumido en oscuridad, en odio, en violencia.

Entonces sintió una mano fría y suave en su rostro, que le hizo levantar la vista.

- Te cuidaré, - dijo él – y nada como eso te sucederá nunca más.


Ji Hoo le preguntó si estaría bien sola por un momento, y ella respondió que sí. Él iba a hablar con su abuelo, y estaba llamando al resto del F4. Maya sabía que sin duda tenía muy buenas intenciones, se estaba portando como un buen amigo.

Pero la vida de los amigos no es algo que se pueda poner en juego, y por esa razón, Maya se puso de pie y empezó a empacar. No llevaba mucho dinero consigo, pero lo suficiente como para comprar un boleto de avión y lo demás, ya luego se las arreglaría.

Se cambió la blusa manchada de sangre por una camisa negra, y salió por la ventana apresurada. Sabía que el abuelo y Ji Hoo se darían cuenta enseguida, pero ella no podía hacer sino correr hasta encontrar la parada de taxi más cercana.

- ¡Taxi! - pidió, todavía corriendo, y se subió sin más ante la mirada atónita de un hombre que estaba a punto de subir. - Llévame al aeropuerto lo más rápido posible, por favor.

Cerrando los ojos, y exhalando, con el corazón agitado y latiendo tan fuerte, la única imagen que le llegó a la cabeza fue la de Ji Hoo, diciéndole que la cuidaría.

- Lo siento, Ji Hoo – dijo, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas – no puedo permitir que les suceda nada. No puedo permitir que te suceda nada a ti también.

Lo que Maya no sabía, era que había subestimado la palabra de Ji Hoo. Cuando él entró a la habitación y no la encontró, imaginó de inmediato lo que había hecho. Tomó las llaves del auto y salió de inmediato, llamando a sus amigos en el camino.

En la pantalla, aparecieron los otros tres.

- ¿Alguna novedad, Ji Hoo? - preguntó Yi Jeong.

- Maya escapó.

Woo Bin suspiró.

- Por supuesto que lo hizo. ¿A dónde va a buscarla?

- Al aeropuerto.

- Estaremos allí – dijo Woo Bin – haré todo lo posible para detener los vuelos.

- Gracias.

- Todo saldrá bien, hermano – dijo Joon Pyo en un intento de tranquilizarlo.

Pero entonces, abriéndose paso entre toda la gente, Maya había conseguido el boleto para un vuelo que saldría en quince minutos, y abordaba el avión.


- ¡Les dije que detuvieran el avión! - Woo Bin estaba furioso

- Para cuando llamó, ya no había forma de impedir ese vuelo, jefe – se excusó uno de los hombres – lo sentimos, pero la chica fue muy rápida.

Woo Bin le pegó una patada, pero Ji Hoo le dijo que se detuviera. Eso no ayudaba en nada.

- ¿Sabes algo del padre de Maya?

- Si, hermano. Está en Corea ahora, Maya no se equivocó. Tal vez aparecería de un momento u otro frente a ella.

- Ya sé a dónde se ha ido – dijo Yio Jeong, volviendo de hablar con una encantada mujer que vendía boletos – Washington.

- Y no te preocupes por esperar – dijo Joon Pyo – Un avión te espera ahora mismo en la pista. Y tu chofer te ha traído el equipaje, que ya está allí.

Nadie discutió que sólo Ji Hoo tenía derecho de ir por ella, aunque él no supiera decir por qué. Hacía apenas días que se conocían y aún más pocos días que eran amigos.

- Suerte.

- Y tráela a salvo.

- Gracias – dijo él a todos, y se fue directo hacia donde Joon Pyo señaló que estaba el avión.

Cuando le vieron irse lo suficientemente lejos, Woo Bin dijo:

- Gané. Les dije que iría.

- Oye, Woo Bin, tú que lo sabes todo, ¿para cuándo será la boda? - preguntó Joon Pyo.

- Pues espero que no antes que la mía – contestó Yi Jeong.

Sus amigos le miraron, él simplemente sonrió, y ellos se abalanzaron sobre él para felicitarle.


El hotel en el que se hospedó no era muy bueno. De hecho, era horrible y hace años no estaba en un sitio así. Pero ella quería esconderse, y ésa era la mejor forma. Además, no tenía dinero para más.

Se desvistió y en su lugar se puso una enorme remera blanca, a modo de pijama. Se echó en la pequeña cama, aunque sabía que no dormiría. En su mente se mezclaba imágenes de su padre, de marco, de Ji Hoo. Y éste último, su rostro, su sonrisa y su mirada triste aparecían en su mente con demasiada fuerza. ¿Por qué? Se preguntaba.

Conocía la respuesta, pero no le gustaba. Era demasiado pronto para que él se volviera tan importante para ella, y sin embargo, lo que más le dolía de haber dejado Corea era alejarse de él.

Se quedó dormida después de horas de pensar y atormentarse. Pero apenas se durmió, la pesadilla regresó.

- No... Marco... no, por favor...

No quería que su padre le hiciera nada.

- Por favor... déjalo en paz... Ji Hoo...

Se aferró a la mano que la sostenía con más fuerza.

- … a él no...

El sonido de una bala retumbó en su cabeza y volvió a gritar. Se sentó en la cama, sobresaltada.

- Te dije que no subestimaras mi palabra – escuchar esa voz fue ambos, sueño y pesadilla – Y te di mi palabra de que te cuidaría.

Ji Hoo le miraba con una expresión que ella no podía adivinar. Seguramente estaba enojado, pero ella no lo veía.

Le hubiera recriminado, claro, hasta que escuchó a ella llamarlo en sueños. Eso le descolocó, y ya no supo qué decir luego.

- ¿Qué haces aquí?- le preguntó Maya.

- Joon Pyo me prestó su avión privado y vine por ti.

Claro, debió pensarlo. El poder y la influencia del F4.

- Pues hiciste un viaje en vano, Ji Hoo. No necesito que me cuides, estoy a salvo ahora.

- ¿Y por eso te escondes?

Bingo.

- No puedo volver.

- Aquí no tienes a nadie que te ayude. En Corea estamos nosotros.

- ¿Por qué haces esto? ¿Por qué viniste hasta aquí a buscarme? No soy nada en tu vida, Ji Hoo...

Él debía reconocer que era un buen punto. ¿Pero era cierto? No sabía qué era Maya en su vida, pero definitivamente cualquier cosa menos nada, o de otra forma no estaría allí.

- Te daré tiempo para que te cambies y nos iremos a un lugar mejor que éste.

Ella se dio cuenta de que sólo llevaba la camisa de dormir, que se había subido hasta la mitad de su cuerpo. Nunca antes se hubiera sentido avergonzada por eso, pero en ese momento un fuerte rojo cubrió su cara.

- ¡Entonces sal de aquí ahora mismo! - dijo poniéndose de pie y empujándole fuera del cuarto.

Con resignación, Maya aceptó que iría con Ji Hoo no porque él lo dijera, sino porque ella quería. Porque no tenía la suficiente fuerza para huir si él la seguí. ¿Qué era lo que estaba sintiendo, que podía afectar a sus decisiones de esa manera?

Se puso unos vaqueros, unas botas, una polera y una chaqueta negra. Recogió su bolso de viaje y abrió la puerta. Ji Hoo esperaba allí, inmóvil.

- Entonces, ¿cuál es tu plan?

- Volver a Corea. Pero primero, deberíamos cambiar el vendaje de esa mano – dijo, tomando la mano herida entre las suyas.


El abuelo cenaba sólo. El lugar que usualmente ocupaba su nieto, igual que el lugar de Maya, estaba vacío.

Aunque Ji Hoo le hubiera negado estar enamorado de ella, era evidente que algo sentía. ¿Por qué otro motivo se hubiera ido a buscarla? Él también quería ayudar a la joven, pero su intento no llegaría tan lejos como para perseguirla hasta otro país, cuando probablemente ella ya estaría a salvo. Según lo que su nieto dijo, ella ya se había escondido por años, y probablemente pudiera continuar haciéndolo bien.

Maya le agradaba en especial para su nieto. Había visto cómo le hacía reír, cuando últimamente Ji Hoo sólo podía estar serio, distante, sufriendo por la boda de Jan Di y Joon Pyo.

Se preguntó cuánto tardaría su nieto en alcanzar a Maya, y si realmente podría traer a la joven de regreso. Si lo hacía, sería casi una confirmación de que a ella también le importaba algo.

Así que, cuando oyó el sonido de unos pasos acercándose al comedor, y vio a ambos jóvenes entrando, una enorme sonrisa apareció en su rotro. No había esperado que fuera tan pronto.

- Buenas noches, abuelo. - dijeron al unísono.

- Y bien, ¿qué hacen allí parados. Siéntense, que deben tener hambre.

Cenaron en silencio, y luego Maya volvió a su habitación. Quería dar su paseo nocturno por el jardín, pero era probable que encontrara allí a Ji Hoo, y no estaba segura de poder verle. Sin embargo, como no era capaz de dormir, decidió hacerlo.

Antes de abrir la puerta, rezó porque él no estuviera allí. Pero si estaba.

Ji Hoo había salido, seguro de que Maya no evitaría salir como todas las noches. Pero estaba exhausto luego de no haber dormido la noche anterior, y realizar ese largo viaje de ida y vuelta, así que casi de inmediato se quedó dormido.

- Eres un tonto... - susurró Maya.

En lugar de despertarlo, volvió adentro y sacó una manta.

- … mira que quedarse dormido así... - le cubrió con la manta y se quedó mirando el rostro tan sereno y tan... hermoso de Ji Hoo.

Pensando en el apodo de 4 flores, era a primera vez que encontraba a Ji Hoo realmente hermoso. Más que cualquier flor.

- Muchas gracias, Ji Hoo.

Tímidamente, se acercó a él y le dio un beso en los labios.

Sólo por agradecimiento, claro.

A quién iba a engañar... se estaba enamorando de Yoon Ji Hoo.