Miró el gran reloj en el comedor de los Malfoy y se sorprendió al darse cuenta de que era casi hora de cenar, debían irse pronto. No quería estar más tiempo allí, la situación le ponía los pelos de punta. Cuando estuvo enamorada de Malfoy este había sido su sueño, ambos jugando con sus hijos como una familia, ahora le causaba repulsión.
Odiaba que fuera atractivo.
Odiaba que tuviera dinero.
Odiaba las miradas lascivas que le dirigía sin disimulo.
Odiaba esa sonrisa torcida.
Odiaba todo de él.
Lo peor de todo, es que no lo odiaba a él. No la malentiendan, le desagradaba muchísimo, pero no lo odiaba con todas las letras. Amaba mucho a sus hijos como para realmente aborrecer a su padre. Necesitaba huir antes de terminar perdonándolo.
-Creo que es hora de irnos – dijo llamando la atención de los tres rubios, que la miraban decepcionados – Es tarde y debo trabajar mañana.
-Pueden cenar aquí – ofreció Malfoy, claramente molesto con la interrupción.
-Si mami – Rose hizo su mejor puchero - ¿Podemos comer con el señor Malfoy?
-No amor, lo siento – acarició suavemente la pequeña cabeza.
Miró a Scorpius que estaba completamente callado, el niño parecía estar meditando algo y eso la preocupó, era demasiado listo para su edad.
-¿Mami? – llamó tan suave que fue casi inaudible - ¿Vamos a ver al señor Malfoy de nuevo?
-Si ustedes quieren, podemos salir a cenar todos juntos mañana – Draco parecía tan orgulloso de sí mismo que Hermione tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no golpearlo.
-Mañana no – cortó tajantemente – Talvez el miércoles.
Los tres Malfoy parecían a punto de renegar, pero una sola mirada suya fue suficiente para detenerlos.
-Está bien, los recogeré en su casa – aceptó el Slytherin molesto – Fue un enorme placer verlos a los tres.
No puedo decir lo mismo hurón.
-Despídanse niños.
Sin previo aviso, Draco atrajo a los dos pequeños a un enorme abrazo que duró más tiempo del necesario. Los niños correspondieron y le dieron las buenas noches con mucho entusiasmo.
Lo que pasó después le despertó instintos asesinos que ni en la guerra había conocido. Malfoy se acercó a ella, le dio un abrazo y luego le dio un beso en la mejilla, mejor dicho un sucio beso en la mandíbula, húmedo y nada amistoso. El maldito egocéntrico se veía complacido por alguna razón.
-Quiero que mis hijos vean lo buenos amigos que somos su madre y yo.
Le dedicó una mirada asesina y entró a la chimenea con sus niños. Era momento de darle una lección a Draco Malfoy.
Hermione Jean Granger no dejó de sonreír mientras preparaba el desayuno para sus niños. Cualquiera pensaría que esto era una buena señal, cualquiera que no la conociera bien. Si le preguntaban a Harry o a Ron, ellos dirían que la sonrisa que adornaba el hermoso rostro era una pesadilla. Normalmente esa expresión facial aparecía cuando la niña buena de Gryffindor decidía darle su merecido a alguien y nadie mejor que la bruja más brillante de su generación para planear una venganza.
Verán, Malfoy había cruzado una línea. Ella sabía que él quería acercarse a sus hijos, pero no dejaría que la usara para lograrlo. No era un objeto del que podían disponer. Por eso tendría que enseñarle una lección.
Preparó un desayuno magnifico con panqueques de banana y tostadas francesa, supervisó a sus hijos mientras se preparaban y los envió con Molly. A penas estuvo sola se preparó para ir a la oficina. Una falda ceñida y una blusa blanca de tela suave que dejaba adivinar el sostén de encaje, unos zapatos de tacón y un poco de maquillaje.
Se admiró en el espejo aún con la escalofriante sonrisa. Fue directo a la chimenea y entró a las llamas verdes con total seguridad.
Llegó diez minutos tarde (odiaba esa parte del plan) y su oficina no estaba vacía, como lo había anticipado, Malfoy ya estaba allí. Él la miró desconcertado por unos minutos y se sintió complacida cuando los ojos grises recorrieron su cuerpo con apreciación.
-Buen día Granger.
-Buen día Malfoy – le dedicó la sonrisa más deslumbrante de su arsenal y se sentó. En el escritorio del rubio. – ¿Tienes el resultado de las pruebas de resistencia de las escamas?
La serpiente sonrió complacido y le pasó un folder. Ella cruzó sus piernas para darle una buena vista de sus muslos. A él no pareció disgustarle.
-Te preguntaría como amaneciste, pero la respuesta es más que obvia – su voz era un poco ronca, las cosas no podían estar saliendo mejor.
-Oh Draco ¿Es ese un cumplido? –puso su mejor voz de inocencia pero se acarició el cuello y se inclinó un poco para darle una mejor visión de sus pechos.
-Lo es – Se acercó un poco más a él, como cualquier hombre con deseos, el rubio acercó su silla a Granger quedando totalmente de frente, admirando mejor el espectáculo – Te ves follable.
Esa era la señal que esperaba, se bajó del escritorio y se sentó en las piernas de Malfoy, él se sorprendió pero no rechazó el avance. No era estúpido.
-¿Sabes algo Malfoy? – su voz parecía un ronroneo y se aseguró de que el rubio pudiera sentir su aliento golpeándole el oído. Bajó una de sus manos y disimuladamente se deshizo de la varita del rubio mientras posaba la otra sobre Draco Junior – No quiero que vuelvas a utilizarme para acercarte a los niños – sin previo apuntó su varita contra él y realizó un pequeño encantamiento no verbal.
-¿Qué mierda me hiciste Granger? – la voz estrangulada le provocó una carcajada -¡Regrésame a la normalidad!
-Lo siento Malfoy, pero este es un hechizo muy especial. No existe contra hechizo, poción o remedio que pueda terminarlo. Debes dejar que el efecto pase.
No es necesario repetir las palabras que Draco utilizó, pero estaba muy molesto.
Al menos así aprendería a no utilizar a las personas. Especialmente no a Hermione Granger.
El martes fue un día muy poco placentero para ambos. Los efectos del maleficio aún no desaparecían por lo que Draco estaba insoportable. Hermione no entendía porque tanto drama, no había sido algo taaaaaan malo.
Estaba muy molesta después de una terrible discusión acerca de unos papeles que habían desaparecido cuando una lechuza entró a la oficina. Sonrió feliz al reconocer al animal.
-Hola – el ave ululó contenta y le tendió la patita. Tomó la nota y le dio al animal un bocadillo.
-¿Es el pergamino de Kingsley? – la voz del rubio sonaba molesta - ¿Ya está listo para aprobar el presupuesto extra?
-No vamos a recibir más dinero hasta el próximo mes – repitió por cuarta vez en dos días – Acéptalo.
-Me comprenderías si supieras lo que es tener dinero – dijo con aire digno - ¿Entonces es el pelirrojo de encantamientos?
-No es él. Se llama Bill, todos tienen su propio nombre ¿Sabes?.
-Me da igual – respondió con hastío - ¿Entonces quien mierda es?
-Es personal.
El estúpido hurón bufó y se volvió a concentrar en el papeleo.
Hermione
Tengo que ir esta semana a Londres para arreglar unos asuntos. Aunque amaría quedarme en la madriguera, sé que hubo un pequeño accidente con unas cajas de sortilegios Weasley y a pesar de que mamá dice que puedo utilizar cualquier otro cuarto, Ron me contó que cada vez que alguien pasa del segundo piso algo sucede. Sería grandioso si pudiera usar tu cuarto de visitas.
Con amor, el tío Charlie.
P.D: incluso si dices que no, llegaré el miércoles a las 7, así que no es necesario que respondas.
-Si sigues sonriendo así, comenzaré a creer que la lunática te contagió su locura – la burla de Malfoy no la afectó para nada.
Maldición, ese día iría con Malfoy a cenar. Tendría que arreglarlo.
-Malfoy creo que tendrás que cambiar tus planes para el miércoles – informó feliz ante la perspectiva.
-Eso no va a pasar, le di mi palabra a mis hijos. – la negativa del Slytherin no la tomó por sorpresa - ¿Pasa algo?
-Tendrás el honor de cenar en mi casa el miércoles.
-¿Por qué? ¿Piensas envenenarme por ser guapo, divertido, inteligente y rico? – fingió terror pero ella podía ver que la curiosidad lo mataba.
-No, pero los chicos y yo recibiremos una visita.
-¿Algún familiar? – era obvio que no. La familia de Hermione no tenía acceso al correo de lechuzas. Sacudió la cabeza como negativa - ¿Entonces quién?
-Charlie Weasly.
Gracias a Todos los que siguen esta historia! Los amo!
Maya: Estoy de acuerdo contigo! No me gusta que se haga la víctima, pero Draco tampoco es un santo. Creo que ambos tienen culpas que deben aceptar.
Bliu Liz: Gracias, tu comentario hizo mi día. Es lindo saber que existen personas que aprecian lo que escribo.
Si quieren saber que le hizo Hermione a Draco, ya saben que hacer (Reviewwwwww)
R&R
