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Capitulo 7: Química: ¿Inconsciente o consiente?
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Mientras se duchaba, Sasuke tomó nota mental de que se las haría pagar caro a Sakura por lo que le había hecho. El agua estaba helada a más no poder y eso solo se debía a que seguramente había dejado los grifos abiertos hasta que se acabase el agua caliente.
Si quería guerra, se la daría.
Y empezaría compartiendo la chuleta de ternera, por muy pequeña que fuera. No le importaba sufrir si ella también sufría.
Al pasar por el estudio vio a Sakura trabajando frente a su computadora portátil, interesado por la ocupación de su rosada inquilina entro al estudio para notar que realmente no estaba trabajando. Tenía unos sándwiches y un vaso de leche y simplemente navegaba en la red.
— ¿Están buenos? —Preguntó cuando la Haruno estaba por darle una mordida a uno de ellos.
— Un poco secos, en realidad. Los tuyos están en la cocina.
— Gracias. ¿Qué estás buscando?
— Un sitio donde vivir —Respondió mientras daba un clic al ratón y salía de internet. Cerró su laptop y lo miró— He comenzado a dejar mi nombre en algunas agencias inmobiliarias.
— ¿Te has decidido a alquilar una casa? —Preguntó sin poder disimular el alivio en su voz.
— No. Ya estoy harta de los caseros difíciles —Dijo mientras tomaba a Ryuji en brazos y se dirigía hacia las escaleras. Sasuke hizo caso omiso de su evidente provocación pero sin embargo no pudo evitar notar que había usado el plural. ¿Qué problemas había tenido en su antiguo alojamiento? El contrato todavía seguía sobre la mesita del vestíbulo, Sasuke notó que lo tomó mientras la seguía a la cocina— He decido que ya es hora de comprarme una casa. Pero el dinero apenas me da para un pequeño cuarto trastero.
— ¿Comprar? ¡Pero eso te llevará más de tres meses!
— ¿Tú crees? ¿Más de tres? —Preguntó mientras miraba el contrato que tenía en la mano.
— Seguramente. A no ser que tengas suerte de conseguir algo de inmediato —Respondió a pesar de la evidente indirecta que le había enviado— ¿Tu contrato admite renovación?
— No. Andrómeda fue muy firme. —Soltó una pequeña risa— Y ahora entiendo porque. ¿Puedes esperar un poco para cenar? Tengo que darle de comer a Ryu.
— Creo que los sándwiches me ayudarán a aguantar.
— Bien —Dijo Sakura, lamentándose de no habérselos dado a los pájaros cuando tuvo la oportunidad. Debía estar drogada cuando ofreció a hacérselos. Era demasiado impulsiva. De pronto se dio cuenta que el plato donde estaban los sándwiches se encontraba en el suelo y ni rastros había del pan o del queso solo estaba Dunkel tumbado a un lado con la expresión de ser un niño bueno pero que realmente sabía que había hecho algo muy malo. Por primera vez Sakura sintió un poco de simpatía por el perro y casi tuvo deseos de abrazarlo. — Vaya —Dijo Sakura mientras Sasuke sacaba a Dunkel al patio y cerraba la puerta— Creo que era el último pan que quedaba y anoche rompiste los huevos...Bueno, realmente acabaste con todo lo comestible aquí.
— Pero yo dejé a Dunkel en el jardín y cerré la puerta —Dijo Sasuke mientras recogía el plato y lo colocaba en el lavabo.
— Te juro que yo no lo dejé entrar.
Sasuke le creyó. Luego de ver su notable fobia era más que obvio que no lo dejaría entrar por gusto.
— A lo mejor no la cerré bien.
— Pues a lo mejor Dunkel es más listo de lo tú crees.
— Dunkel es un perro muy obediente, que haría cualquier cosa por mí. Pero de ahí a poder abrir puertas... —Dijo mientras extendía la mano— Será mejor que me des la lista.
— ¿La lista?
— Si, la lista de compras. Ese era el plan. Tú cocinabas y yo hacia la compra.
— ¿No te apetece la chuleta de ternera, entonces? —Preguntó sin esperar una respuesta ya que arrancó la lista de su cuaderno y se la entregó.
A Sasuke le bastó darle un pequeño vistazo a la lista para darse cuenta que todo lo que había ahí estaba destinado a darle mala fama a la comida vegetariana.
— ¿Esto es todo lo que quieres? —Preguntó inspeccionándola— ¿Nada de chuletas de terneras?
— ¡Ah! Gracias por recordármelo —Dijo, haciendo caso omiso a su notable sarcasmo— Y ya que vas —Le quitó la lista anotando una docena de cosas— Será mejor que dé dinero —Dijo, buscando su bolso con la mirada.
— No te preocupes —A Sasuke le extraño que aún saliéndose con la suya no pareciera muy feliz. Quizás pensaba que él no era capaz de empujar un carrito de supermercado o tal vez estuviera preocupada por algo. Por su poco fiable contrato de arrendamiento, por ejemplo. Tomó en mano un frasco de comida para bebé vacio y listo para reciclar y encontró una información muy útil en la etiqueta. —Después hacemos cuentas.
— Muy bien. Gracias.
— Anímate. Por lo menos no tendrás que compartir la chuleta.
Sakura sonrió.
— No me hubiera importado.
—Eres una santa —le dijo con sarcasmo—. ¿Hace mucho que eres vegetariana?
— ¿Cómo? —Sakura enrojeció, sin saber qué decir—. Bueno... empecé cuando tenía... quince años.
— ¿Ah, sí? Al haberle dado a Ryuji un tarro de cordero con zanahorias para comer, pensaba que lo habías dicho por decir —le comentó, al tiempo que le enseñaba el tarro vacío, de modo que pudiera ver la etiqueta.
Sin darle oportunidad de réplica, Sasuke se marchó de la cocina, dejando a Sakura con la boca abierta.
X
Andrómeda había conocido chicos guapos en su corto periodo de vida pero tenía que aceptar que no tan guapos como ese muchacho de ojos rojizos que se encontraba sentado frente a ella, haciendo muecas graciosas mientras intentaba ganarle en una partida de Mario Kart al novio de su hermana.
— ¡Hey, Andy!
La rubia dejó su mundo de corazones y fantasías y parpadeo seguidamente al notar un vaso de refresco frente a ella. Mitsuko frunció el ceño ligeramente molesta, si había algo que no toleraba era el ser completamente ignorada.
— Lo siento.
— Entonces ¿Ustedes dos son primas? —Preguntó Hideki a la pelirroja mientras se llevaba un puñado de frituras a la boca.
Hinode asintió.
— Mi papá es el hermano menor de la Tía Temari, la mamá de Mitsuko.
— Y mi papá y Tío Gaara son algo así como mejores amigos del papá de Andy y su tío —Agrego Mitsuko sirviéndose más refresco— Podría decirse que somos como una familia.
— Una familia que está a punto de perder a sus tres hermosas integrantes —Se lamentó Andrómeda mientras seguía pensando en las muchas posibilidades en las que sus padres la torturarían y en la que su tío Sasuke disfrutaría escribiendo sobre su lapida.
— ¿Tú crees que Tía Matsuri pueda hacer algo? —Pregunto Mitsuko a su prima— Ya sabes, si convence a tú papá quizás convence a mis papás ¡Y caso cerrado!
— Ajá —Mencionó Hinode con una mueca— Como si tío Shikamaru fuera a tragarse los dramas de mi madre.
Las tres chicas suspiraron al mismo tiempo que la puerta se abría.
— ¡Llegaron las reservas! —Anunció Odín mientras alzaba las bolsas llenas de sabritas y refrescos— Apresúrate a ganarle a Drew, Cuñado. ¡He estado practicando mis técnicas de conducción!
Asuka entró tras el dejando su bolso en un sillón y dejándose caer pesadamente mientras se desabotonaba los primeros botones de su filipina.
— Solo ustedes tienen demasiadas energías para una maratón de videojuegos.
— ¿Día pesado, Nee-san?
La pelinegra tomó la lata de refresco que su hermana menor le ofrecía.
— Bastante. —Contestó mientras destapaba la coca-cola— Todo el día en la cocina.
Un timbre de celular comenzó a sonar mientras Odín regresaba de la cocina, éste lo sacó de su pantalón y miró por unos segundos la pantalla soltando un suspiro. Salió por una puerta corrediza hacia el balcón.
Asuka lo siguió con la mirada y asentó la lata sobre la mesita.
— Se están acabando las botanas, voy por más —Mencionó mientras se ponía de pie. Se dirigió a la cocina y antes de llegar volteó para ver si alguien la miraba, pero todos estaban entretenidos apoyando a Taichi y Drew. Se desvió de su camino y se asomó por la puerta corrediza ocultándose con las cortinas de tela roja.
Odín estaba en una esquina del balcón y se pasaba la mano por el cabello, ligeramente frustrado.
— Ya te dije que no te preocupes, no se va a enterar... Sí, sí estoy seguro... —Suspiró— Si se entera no va a pasar a mayores, además sabes que el Tío Sasuke me aprecia no creo que él se enoje por algo como esto, que sea como sea también le trae un beneficio a él... Muy bien, no te estreses ¿De acuerdo? Cualquier cosa no dudes en comunicármelo. Sí, bien. Yo igual. Adiós.
Odín suspiró nuevamente.
— Esto es más complicado de lo que planeé al principio. —Murmuró mientras daba vuelta.
— ¿Y qué planeaste exactamente...eh, Nii-san?
El rubio abrió los ojos sorprendido al ver a su hermana apoyada en la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa que le daba a entender que había escuchado todo.
— Yo... no es nada malo, enserio, Su.
— Bueno, si no es nada malo... —Comenzó a decir mientras cerraba la puerta tras ella, dejándolos a los dos encerrados en el balcón— Entonces, ¿Porqué no me lo cuentas?
Su hermano la miró por unos segundos y suspiró derrotado.
— Está bien.
X
Sasuke se paró delante de la sección de carnes, y escogió unas buenas chuletas de res. Lo prepararía a la parrilla, y lo serviría poco hecho. Si de verdad era vegetariana, cosa que dudaba, sentiría náuseas al verlo, y si no lo era, se moriría de envidia viéndosela comer, mientras ella se tenía que conformar con su chuletita de ternera.
Cualquiera de las dos posibilidades le parecían igual de gratificantes. Se daba cuenta de que no estaba siendo una buena persona, pero tampoco lo había sido ella al pretender someterlo a base de cereales y judías enlatadas.
Echó la carne en el carro, y por si acaso no bastaba con ella, metió también salchichas y tocino para el desayuno, aunque solo pensar en comerse aquello, le hiciera sentir una ligera náusea.
En el hospital no le habían dicho que se acostara al llegar a casa, pero sí había pensado pasarse un día entero en la cama, solo, descansando. Sin duda, estaba teniendo un día demasiado intenso para alguien que había sufrido un fuerte golpe en la cabeza.
Respiró profundamente un par de veces, y después buscó los huevos, las cebollas y las zanahorias en la sección de productos ecológicos, tal y como le había pedido Sakura, y por último el arroz y las judías. Lo que había apuntado en el último momento, habían sido cosas para Ryuji, como polvos de talco y pañales.
De repente, se dio cuenta de que el malestar se intensificaba.
Se quedó frente a la estantería, con la mirada perdida, sumergido en sus recuerdos, hasta que una señora que pasó a su lado, con un niño dentro del carro de la compra, se paró a su lado, y le preguntó si le podía bajar un paquete de pañales de la estantería superior. Sasuke regresó a la realidad, y se lo dio.
— ¿Necesita ayuda? —le preguntó, mientras dejaba los pañales en el carro.
— ¿Ayuda?
— Sí, parece un poco perdido. Acaba de ser padre, ¿verdad? — Afirmó, sin dar tiempo a Sasuke de decir nada— Me parece precioso ver a un hombre comprometido de verdad con su paternidad —le quitó la lista de las manos—. Vamos a ver —dijo, mientras tomaba de las estanterías las cosas que Sakura había apuntado en la lista.
Sin querer le llegó a la mente el recuerdo de que nada más nacer, había puesto a su hija Minako en los brazos de Naoko...
— Es para Ryu —se apresuró a decir.
— ¿Ryu? ¡Qué monada de nombre! ¿De qué es diminutivo? ¿De Ryusuke? ¿de Ryuichi?
— Ryuji —respondió Sasuke secamente para detener el rumbo que comenzaba a tomar esa conversación.
— Bien, me alegro de que usted colabore en la crianza de su hijo. Es muy duro cuando lo tiene que hacer uno solo. Lo sé por experiencia.
— Supongo que sí. Gracias por su ayuda.
Siguió avanzando por el pasillo, y encontró la sección dedicada a los juguetes infantiles. No había cambiado nada. Seguían teniendo los mismos colores alegres de siempre. Tomó uno, y lo echó al carro.
En cuanto llegó a la caja, se dio cuenta de que había cometido un error.
Tomó el alegre mini-celular de juguete en la mano y se quedó mirándolo, mientras la cajera iba haciendo la cuenta del resto de su compra. Siempre se había caracterizado por ser defensor de causas perdidas, y si Sakura Haruno hubiera sido cliente suyo, no habría permitido que nadie la echara de una casa que había alquilado con un contrato que había creído totalmente legal. Quién sabía por lo que habría pasado, y él estaba haciendo todo lo posible por hacerle la vida más difícil, para evitarse sufrir por los recuerdos que ella y su bebé le traían a la cabeza.
Tal vez podrían volver a empezar. No creía que les resultara tan difícil a dos adultos civilizados compartir una casa durante unos días, hasta que ella encontrara otro sitio. Sería solo cuestión de poner cada uno un poco de su parte. Y si él ponía más de lo que ella sabía... Bueno pues era solo asunto suyo.
— ¿Quiere eso también? —le preguntó la cajera.
— ¿Qué? Ah, sí, perdone —pagó todo, y llevó la compra hasta el coche.
No se fue a casa de inmediato. Si Sakura se iba a quedar, pondría él las condiciones. No ella.
En la agencia inmobiliaria, una mujer de mediana edad le pidió que se sentara con una sonrisa.
— Buenas tardes, señor. ¿En qué puedo ayudarlo?
— Necesito hablar con la persona que hizo el contrato de arrendamiento de la casa de la calle Suna número siete —la mujer frunció el ceño—. Se la alquilaron a Haruno Sakura-San a principios de semana.
— Recuerdo a Haruno-San. Cuando nos llamó estaba muy nerviosa. Mitsuko trató de ayudarla, pero quería algo de inmediato, y no tenemos costumbre de alquilar nada sin comprobar antes las referencias que nos dan.
—Pues alguien lo hizo.
—Nosotros no —dijo tajante—. Además no tenemos ninguna propiedad en la calle que ha mencionado. Ojalá las tuviéramos.
—Entonces, será mejor que le pida a Mitsuko algún tipo de explicaciones.
—Mitsuko ya no trabaja aquí. Solo estuvo un tiempo para obtener algún dinero que le permitiera hacer un viaje por Europa con su mochila. ¡Vaya gustos! —tomó el contrato de las manos de Sasuke, y se puso a mirarlo. Cuando terminó de leerlo, la sonrisa se desvaneció de su rostro, y murmuró una palabra muy poco profesional.
Sasuke meditó unos segundos y entonces, se iluminó.
— Disculpe, ¿Cuál es el nombre completo de esta tal...Mitsuko?
Cuando la encargada le mostro un papel con la solicitud de empleo de aquella muchacha, Sasuke sonrió con ironía.
— No sé porqué no me sorprende.
X
Sakura decidió comportarse como una mujer adulta. No le gustaba demasiado la carne, pero no era vegetariana.
Era verdad que a los quince años había decidido hacerse vegetariana, pero cambió de idea cuando el chico que le gustaba la invitó a una barbacoa.
No era propio de ella comportarse de aquella manera, así que compensaría a Sasuke pidiendo que le trajeran a casa comida de su restaurante italiano favorito. Estaba segura que sería un buen modo de firmar las paces.
Acababa de llamar por teléfono al restaurante, pidiendo que le trajeran la comida para las siete y media, cuando oyó cómo se abría la puerta, y sintió una ráfaga de aire frío en la espalda.
— ¡Pues sí que has sido rápido! —dijo con una sonrisa.
Pero al volverse, se dio cuenta de que no era Sasuke, sino Dunkel, quien la miraba desde la puerta con ojos de querer jugar.
Aquello era malo. Muy malo.
Pero lo que se avecinaba iba a ser peor.
Momo, que se estaba terminando su comida, miró hacia la puerta, y se estremeció.
Por un momento no sucedió nada.
Después, Dunkel meneó su cabeza peluda, y se acercó a oler al gato con curiosidad.
Sakura ahogó un grito y tragó saliva.
— No... Por favor —Es todo lo que alcanzó a decir en un susurro.
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— Pobre Sakura —murmuró Sasuke, mientras conducía camino de casa—, se ha aferrado a su contrato como si fuera su tabla de salvación, y no vale ni el papel en que está escrito.
Una de las amigas de Andrómeda, la hija de Shikamaru y Temari para ser más preciso, se había limitado a hacer una copia del documento estándar, pero carecía de legalidad. Estaba seguro de que Sakura no lo sabía, y se daba cuenta de que se encontraba en desventaja respecto a él. Lo más decente sería olvidarse de la chuleta, y comprar en un restaurante comida para dos. Así nadie tendría que cocinar. Después de todo, ambos habían tenido un día muy duro.
Si era vegetariana, lo mejor sería decantarse por la comida china o india. Con un poco de buena voluntad y un buen vino, solucionarían el problema. Pero bajo sus condiciones. Le dejaría la habitación pequeña y el estudio.
Sonrió mientras entraba en el garaje. Había llamado por teléfono al restaurante más cercano desde su móvil, y pedido comida para dos. Cuando cruzaba el jardín, con las bolsas de la compra, se dio cuenta de que la puerta de la cocina estaba abierta, y no se veía a Dunkel por ninguna parte del jardín.
Dejó caer las bolsas de la compra, sin preocuparse de que se le rompieran los huevos, como tampoco tuvo tiempo de preocuparse de que su valiosa vajilla antigua de porcelana, que antes había estado en un aparador de la cocina, estuviera ahora hecha pedazos por los suelos. De repente, no fue preocupación, sino miedo lo que sintió al ver las sillas caídas y las manchas de sangre en el suelo de la cocina.
— ¡Sakura! —gritó—. ¿Dónde estás?
El vestíbulo estaba hecho una pena. Los cuadros estaban ladeados; la mesa dada la vuelta; el teléfono arrancado de la pared y roto. Una planta enorme yacía moribunda en el suelo, y en la tierra que había por todas partes, procedente del tiesto, se veían huellas de patas grandes y pequeñas. No hacía falta traer a un forense para descifrar las pruebas.
— ¡Sakura! —volvió a gritar, y se dirigió al salón, esperando encontrársela allí, encogida de miedo, pero casi se le paró el corazón al ver que estaba intacto, y vacío—. ¡Sakura! —El miedo se le empezaba a notar en la voz—. ¡Sakura, contéstame! ¿Dónde diablos te has metido?
El caos continuaba por toda la escalera, y subió los peldaños de tres en tres hasta pararse al llegar al dormitorio principal. Dunkel estaba subido encima de la cama, enseñando los dientes, y con la nariz ensangrentada, a causa de su pelea con el gato.
— ¡Túmbate, Dunkel! —el perro cayó como una piedra sobre la cama con la cabeza baja, mientras se oía al gato maullar burlón detrás de las cortinas, sintiéndose ya a salvo. Sasuke abrió la puerta del baño, pero no vio a nadie. Aquello era una pesadilla. No la debía haber dejado sola. Sujetando firmemente a Dunkel por el collar, se dispuso a bajar las escaleras, abriendo a su paso todas las puertas que encontraba. Se detuvo en el vestíbulo, pensando que tal vez Sakura hubiera salido corriendo de la casa por la puerta principal cuando, de repente, oyó que alguien pronunciaba su nombre con voz ahogada, y daba golpes. Escuchó atentamente, y se dio cuenta de que los sonidos procedían del armario para guardar los cepillos de limpieza que había debajo de la escalera. Abrió la puerta, y Sakura en posición fetal, con Ryuji apretado contra su pecho, salió del armario seguida de un montón de escobas.
—Creí que no ibas a venir nunca —se lamentó. — ¿No me oíste gritar?
El alivio que sintió al ver que no les había pasado nada a ninguno de los dos, se transformó de repente en enfado.
— ¡Oírte! ¿Acaso crees que me hubiera pasado cinco minutos llamándote, e imaginando lo peor, si te hubiera oído?
—Pues grité con todas mis fuerzas —Sakura se limpió la pelusa que tenía en la cara, y estornudó. Después, mirando nerviosa a Dunkel, preguntó—: ¿Qué ha pasado?
—Es como si hubiera pasado una manada de elefantes —le dijo, señalando los destrozos del vestíbulo. Después sacó a Dunkel al jardín, y cerró la puerta—. Espero que se te ocurra alguna explicación convincente para la aseguradora.
Sakura no podía dar crédito a lo que acababa de oír. Se quedó mirándolo con incredulidad.
— ¿Eso es lo único que te preocupa? ¿Unas cuantas plantas? ¿El desorden que se ha organizado? Te puedo asegurar que tendré algo convincente que decirle a tu compañía de seguros —la voz se le quebró en un sollozo—. A la mierda tu compañía de seguros —le dijo, mientras estrechaba a Ryuji, y le daba besos en la cabeza—, y tus platos. ¿Qué habría hecho yo si le hubiera sucedido algo a Ryu?
— No sigas... —le dijo tendiendo la mano, pero sin tocarla. Sabía que si lo hacía, se disiparían sus últimas defensas, y traicionaría sus queridos recuerdos—... por favor, no...
— Si le hubiera sucedido algo a Ryu por haber sido demasiado estúpida, por haber tenido demasiado miedo... —una lágrima descendió por sus mejillas, y después otra.
— Pero no ha sucedido nada —Sasuke ya no pudo contenerse más, se arrodilló a su lado y la abrazó. Los abrazó a los dos—. No ha sucedido nada, ni sucederá. No ha sido nada —besó la cabeza de Ryuji—. Solo un poco de polvo.
Sakura levantó la mirada. Las lágrimas habían dejado cercos en sus mejillas polvorientas.
— Lo siento —se disculpó.
— No, el que lo siento soy yo. No quería gritarte, pero estaba tan asustado... No te lo puedes ni imaginar —se estremeció—. No debería haberte dejado sola, sabiendo el miedo que te dan los perros. Lo... lo siento, Sakura. Por favor, no llores.
Sakura se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, y lo miró.
— Tú también estás llorando —le rozó la mejilla con la mano, cómo para cerciorarse de que estaba húmeda—. Sasuke, estás temblando —de repente, era ella la que estaba tranquilizándolo a él, abrazada a su cuello, mejilla contra mejilla—. Estamos bien, ¿ves? No nos ha sucedido nada. Tienes razón, si no me hubiera quedado clavada al suelo como una idiota, no habría pasado nada de esto. En realidad no ha sido culpa de Dunkel, sino mía —lo besó en la mejilla, y le supo salada—. Mira —le dijo, obligándolo a mirarla, para que viera que era verdad.
Cuando la miró, Sakura rozó los labios de Sasuke con los suyos. Por un momento se quedaron muy quietos, casi sin respirar. Después, él los abrió, y la besó como si quisiera absorber todo el oxígeno de su cuerpo.
Durante varios años había sido un muerto viviente y, de repente, aquella mujer que se había apoderado de su casa, se estaba apoderando de su corazón, y lo estaba devolviendo a la vida, haciéndole sentir, pero también sufrir. No era eso lo que quería. Deseaba que lo dejaran a solas con sus recuerdos, que era lo único que le quedaba. Temía que si no se concentraba en ellos, se le escaparían. Sin embargo, necesitaba imperiosamente sentir la piel de Sakura bajo sus manos, saborear la esencia de su boca sensual. Su beso lo estaba devolviendo a la vida.
— Sakura... no, por favor... —se separó de ella, y se puso en pie, antes de que ella se lo pudiera impedir—. Por cierto, ¿qué hacías en el cuarto de las escobas? —le dijo, bruscamente, distanciándose de ella y de lo que sentía.
— ¿Qué demonios crees que estaba haciendo? —Mientras trataba de ponerse de pie, con Ryuji en los brazos, porque él no se atrevía a tocarla, herida por su súbito cambio de actitud—. Estaba huyendo del perro de los Baskerville...
—Dunkel no es... —se detuvo. Ponerse a discutir sobre el carácter del perro no les llevaría a ninguna parte. Se pasó los dedos por el pelo—. ¿No se te ocurrió salir al vestíbulo, y cerrar la puerta tras de ti?
— La verdad es que no me dio tiempo a pararme a pensar, y decidir qué era lo mejor que podía hacer —le respondió altiva, comportándose como si no hubiera sucedido nada—. Te aseguro que el cuarto de las escobas no habría sido mi elección favorita. Abrí la primera puerta que tenía a mano, y me oculté —estornudó, y Sasuke le tendió un pañuelo. Sakura lo aceptó y volvió a estornudar—. Además —le dijo con los ojos llorosos—, tu perro sabe abrir puertas.
— ¡No digas tonterías!
— Así que tonterías. ¿Cómo te crees entonces que entró?
— El pestillo debe de estar suelto... —se fue a comprobarlo, contento de poner así distancia entre ellos, aunque deseando de inmediato volver a estar de nuevo con ella. Movió el picaporte, y comprobó que iba bien—. A lo mejor no estaba bien cerrada. De todos modos, nada de esto habría pasado, si tu gato no hubiera estado aquí.
— Momo no es mío.
— ¡Pues si tú no hubieras estado aquí, entonces!
— Te equivocas. ¡Nada de esto habría pasado si tú hubieras respetado el contrato, y no estuvieras aquí!
— En cuanto a ese contrato... —empezó a decir, pero ella no lo escuchaba.
— Acababa de hacer una llamada, y me disponía a salir a dar un paseo con Ryuji, cuando oí que se abría la... la puerta —estaba temblando de nuevo, pero no solo por el recuerdo de Dunkel, sino también porque Sasuke la había besado, y no había sido un beso cualquiera, sino el mejor que le habían dado. Uno de esos besos que te pueden cambiar la vida. Y había sido él quién había dejado de besarla. Se había levantado, y apartado de su lado—. Pensé que eras tú, me volví, y...
— Cuidado —Sasuke la sujetó al ver cómo le temblaban las piernas, y la llevó hasta el salón. Una vez que la hubo sentado en una silla, dejó a Ryuji en el suelo, y sirvió a Sakura una copa de brandy—. Toma —le dijo, tendiéndole la copa. Sakura hizo un gesto de desagrado al olerlo, pero Sasuke no estaba dispuesto a admitir una negativa, y le acercó la copa a los labios—. Es buena medicina—le dijo—. Bébetelo —Sakura bebió un poco y tosió, pero el calor del brandy pareció reanimarla.
— Dios mío, esto sabe fatal.
— Cuanto peor sabe, más efecto hace el medicamento —volvió a repetir la dosis, causando el mismo efecto en ella—. Yo no te oí llamarme, pero tú si has debido oírme a mí. ¿Por qué no saliste al darte cuenta de que había llegado a casa?
— No pude. No había picaporte dentro. Grité y golpeé con todas mis fuerzas... —se encogió de hombros.
— ¿No había picaporte? —Sasuke se imaginó su desesperación, y tuvo que hacer un esfuerzo para no sonreír.
— Te busqué por toda la casa... Tenía tanto miedo de que pudieras estar herida.
— ¿Ah, sí? Pues yo pensaba que el récord de miedo lo había conseguido yo.
— De eso nada. Sakura, de verdad —puso una mano sobre la suya—, lo siento. De verdad siento que hayas pasado tanto miedo.
Sakura se preguntó, de repente, si también lamentaría el beso que le había dado.
— Yo también lo siento —le dijo, sin estar segura de cuál de las dos cosas exactamente.
— No te preocupes. Todo tiene solución —le dijo Sasuke, pensando que se refería al estropicio causado por los animales—. Bueno, tal vez excepto lo de la vajilla. Iré a recoger los restos.
— Debería ir yo. Al fin y al cabo ha sido culpa mía...
— ¡No! Nada de esto ha sido culpa tuya. Déjame hacerlo a mí.
En la cocina, Sasuke levantó la silla alta del bebé, y Sakura, que había desobedecido sus instrucciones de quedarse en el salón y lo había seguido, sentó allí a Ryuji.
—Tardaremos menos entre los dos. ¿Era muy valiosa la vajilla? —le preguntó con un trozo de loza en la mano.
— ¿Valiosa? —en la mano sostenía un plato que había sobrevivido al estropicio, y lo daba vueltas, como tratando de encontrar en él una respuesta—. Depende de lo que entiendas por valioso. Esta vajilla la compré para Naoko en una tienda de antigüedades, poco después de casarnos.
— ¿Tu esposa?
— Sí. Cumplía veintiún años. La vimos en una tienda, cuando íbamos camino de un restaurante. Ya no recuerdo cuál. Uno piensa que nunca va a olvidar ese tipo de cosas, pero el tiempo todo lo borra.
— ¿Están divorciados? —le preguntó para hacerle regresar de ese viaje al pasado que parecía hacerle tan infeliz. Además, ya que había sido él quien la había besado primero, tenía derecho a saberlo.
— ¿Divorciados? —Preguntó distraído—. Oh, no.
— Mira —se apresuró a decir Sakura con uno de los platos deteriorados en la mano, para ocultar su consternación— si lo colocas así no se nota que está roto —le aseguró, colocando el plato en el expositor, con la parte estropeada para abajo, oculta tras la barra.
— No, los platos dentados solo sirven para acumular microbios. Naoko solo coleccionaba piezas perfectas —le dijo, y dejó caer el plato en la caja.
Sakura parpadeó asustada, ante la furia con que lo había hecho.
De repente, se dio cuenta de que no lo había abandonado. Podía haberle dejado a su perro, pero no su colección de platos. No estaban divorciados. Su mujer había fallecido.
— Bueno —dijo, insegura—. Si estaban asegurados...
— ¿Asegurados? —Sasuke se quedó mirando el interior de la caja donde había tirado la cerámica rota—. ¿Qué valor le puedes dar al recuerdo de un día pasado junto a la persona que has amado, Sakura? Un momento que nunca se podrá repetir. Dime dónde puedes asegurar los recuerdos para que no se pierdan nunca, o amarilleen como una vieja fotografía.
Sakura tragó saliva, y pensó que debía haberse quedado donde le habían dicho. Pero ahora estaba metida en aquello hasta el fondo. Había sacado a la luz recuerdos muy dolorosos para Sasuke, y no podía huir.
— ¿Qué le sucedió?
Sasuke se volvió hacia ella, y la miró como si fuera la primera vez que alguien se hubiera atrevido a preguntárselo.
— Un conductor ebrio la atropello. Iba a tanta velocidad, que incluso si hubiera visto el semáforo en rojo, no le habría dado tiempo a parar.
— ¿Hace dos años? —Sasuke asintió—. Lo siento mucho —le hubiera gustado acercarse a él, abrazarlo, reconfortarlo, igual que había hecho él con ella poco antes, pero había una cierta rigidez en Sasuke que marcaba las distancias, y se lo impedía—. Lo siento de verdad.
— En la escala de los desastres de la vida, supongo que unos pocos platos rotos no tienen demasiada importancia —afirmó—. Unos cuantos recuerdos rotos...
— Los recuerdos no se rompen, Sasuke —él la miró, y frunció el ceño—. No, si quieres conservarlos —recogió del suelo un trozo de plato que él no había visto—. Estos son simples accesorios, como las fotografías. Te ayudan a recordar, pero si se te pierden unas cuantas fotos, lo único que pierdes son trozos de papel, porque los recuerdos están en tu cabeza, en tu corazón. Solo el dolor se va mitigando, si tú se lo permites, si no te regodeas en él, si empiezas a acumular recuerdos nuevos —le dio el trozo de cerámica—. Por eso el sol siempre brillaba en los veranos de nuestra infancia, y los helados nos sabían mejor.
— ¿Crees que es así?
— Espero que sí. Será mejor que acueste a Ryuji —se apresuró a decirle, mientras, nerviosa, peleaba con las correas que sujetaban al niño a la silla—. Iba a... bueno estaba a punto de... cuando... —no terminó la frase—. ¿Estarás bien?
— Sí, Sakura. Estaré bien —se levantó, terminó de desatar a Ryuji, y lo tomó en brazos—. Es un niño precioso.
— Sí que lo es. Espero que no me dé tantos problemas como te está dando a ti Andrómeda.
— Ojalá. De todos modos me consuelo pensando que siempre me queda el recurso de llamar a su padre —le puso en brazos al niño, y se apresuró a marcharse.
— Sasuke, en cuanto a la cena...
— No te preocupes por eso —le dijo.
— No... —empezó a decir ella.
— Ni por cambiarte de casa. Tres meses pasan rápidos. Saldremos adelante.
Nada más decirlo, Sasuke se preguntó cómo podía haber cambiado tanto de idea, si hacía unas horas quería desembarazarse de ella lo antes posible.
El corazón le latía muy deprisa, mientras levantaba la caja del suelo. Estaba seguro de que la compañía de seguros querría ver las pruebas. No sabía cómo reaccionaría. Se apoyó contra la puerta. Temblaba demasiado cómo para seguir adelante. Se había aferrado demasiado a sus amargos recuerdos. Los había usado como excusa para seguir viviendo, temiendo que si los dejaba marchar, no le quedaría nada...
— Sasuke...
— ¿Qué? —miró a Sakura y al bebé que tenía en sus brazos, y detestó detectar cierta compasión en su voz. Sakura pareció darse cuenta, como si su rabia fuera algo físico, porque dio un paso atrás.
—Yo... Parecía como si te fueses a desmayar...
—Estoy bien. Lo siento, no pretendía hablarte con tanta brusquedad —en realidad no era con ella con quien estaba enfadado—. Acuesta a Ryuji, y después hablaremos de cómo podemos repartirnos la casa entre los dos.
Sakura dudó un momento, y después dijo:
—Ya sé que pretendes ser amable, Sasuke, pero los dos sabemos que no funcionará.
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Fin del capítulo 7
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X.x.X
¡Hey, ustedes!
Al fin he regresado de mi corto periodo vacacional (Sensacional, por cierto) y vuelvo a comenzar con mi rutina de actualizaciones. El siguiente en actualizar será el epilogo 4 de Todos se Casan, el viernes. Y el próximo domingo será En Su Lugar. :]
Por cierto, tiempo atrás, algunos de ustedes me habían preguntado por el nombre de los autoras cuyas novelas son la base de algunas de mis historias. Pues bien, ahora que estuve vacacionando con mi familia tuve la oportunidad de buscarlas en la preciosa (y preciada) caja de mi prima repleta de novelas (Créanme, es como un pequeño paraíso cuadrado T_T) y recolecté los nombres.
Y son los siguientes.
Familia Prestada; Está basada (Creo que la definición es medio basada medio adaptada puesto que le cambié varios elementos y parte de la trama pero también conservé algunos de la historia origial) en la novela Liz Fielding titulada Una Familia Prestada.
Todos se casan; Adaptación de la novela homónima de Helen Shelton. Está es una adaptación 100% solamente los epílogos, como explique anteriormente en uno de ellos, son de mi completa autoria.
Padre Por Acuerdo; ésta es un 40% Adaptación 60% basada en la novela homónima de Barbara McMahon puesto que a partir del capítulo 8 (si no mal recuerdo) en adelante todos son de mi completa autoría e imaginación al igual que las siguientes dos temporadas que tengo en proceso.
Algunas están disponibles para descargar en la red. :]
En fin, con atraso, pero espero haber contestado sus dudas.
Por cierto.
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Pregunta curiosi-extraña: Es mi idea o, ¿últimamente hay una incomoda invasión de FanFics de Sasuke y... … … Hinata? (Me rehúso a mencionar el nombre conjugado de la "pareja" así como a ponerlos juntos aunque sea por escrito y separados por una "Y") no se ustedes pero de un tiempo para acá me doy cuenta de que han aumentado las historias sobre ellos y eso es... raro y escalofriante. Claro, sin ofender a quienes les gusta esa (extraña) combinación pero como fiel seguidora del SasuSaku es algo desconcertante.
Digo, si de por si Kishi está haciendo que el SasuSaku sea casi imposible (casi, porque con Road To Ninja me ha devuelto la esperanza) ¿Cómo demonios sería aún más posible la combinación Sasuke….Hinata? O.o
Anyway.
Espero les haya gustado este capítulo, y muchísima suerte a aquellos que han comenzado clases (Esme-chan sigue de vacaciones prolongadas ¡Yupi! :D )
Dios los bendiga.
Un Review es como una sonrisa.
¿Me sonreirías? :]
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